miércoles, 27 de junio de 2018

¿Existe la Trinidad?

    Fue sólo después de que la verdad de Jesús hecho carne se materializara que el hombre se dio cuenta de esto: que no es sólo el Padre en el cielo, sino también el Hijo e incluso el Espíritu. Esta es la noción convencional que tiene el hombre, que hay un Dios así en el cielo: una Trinidad que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, todos en uno. Toda la humanidad tiene esta noción: Dios es un Dios, pero se compone de tres partes, lo que todos aquellos fuertemente afianzados en las nociones convencionales consideran como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Sólo esas tres partes hechas una son la totalidad de Dios. Sin el Padre Santo, Dios no sería completo. De igual manera, tampoco lo sería sin el Hijo o el Espíritu Santo. En sus nociones creen que ni el Padre solo ni el Hijo solo pueden considerarse Dios. Sólo el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo juntos pueden ser considerados Dios mismo. Ahora, todos los creyentes religiosos, incluidos todos y cada uno de los seguidores entre vosotros, mantienen esta creencia. Sin embargo, nadie puede explicar si es correcta, porque siempre estáis en una niebla de confusión sobre los asuntos de Dios mismo. Aunque se trata de nociones, no sabéis si son correctas o erróneas, porque estáis gravemente infectados de nociones religiosas. Habéis aceptado con demasiada firmeza estas nociones convencionales de la religión y este veneno se ha infiltrado a demasiada profundidad en vosotros. Por tanto, también en este asunto habéis sucumbido a esta influencia perniciosa, porque la Trinidad sencillamente no existe. Me refiero a la Trinidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Son nociones convencionales del hombre y sus falaces creencias. A lo largo de muchos siglos, el hombre ha creído en esta Trinidad, evocada por las nociones en la mente del hombre, fabricada por el hombre y que nunca antes él ha visto. A lo largo de todos estos años, han existido muchos grandes espirituales que han explicado el “verdadero significado” de la Trinidad; sin embargo, las explicaciones de esta como tres personas consustanciales distintas han sido vagas y poco claras, y se han confundido todas con la “construcción” de Dios. Ningún gran hombre ha sido capaz de ofrecer una explicación profunda; la mayoría de las explicaciones cumplen con los requisitos en términos de razonamiento y por escrito, pero ningún hombre tiene un entendimiento claro de su significado. Esto se debe a que esta gran Trinidad que el hombre tiene en su corazón simplemente no existe. Porque nadie ha visto nunca el verdadero rostro de Dios ni ha sido lo suficientemente afortunado como para ascender a Su morada para una visita y comprobar qué elementos están presentes donde Él se encuentra, para determinar exactamente cuántas decenas o centenas de millones de generaciones están en la “casa de Dios” o para investigar simplemente cuántas partes componen la construcción inherente de Dios. Lo que debe examinarse principalmente es: la edad del Padre y del Hijo, así como la del Espíritu Santo; las respectivas apariencias de cada persona; exactamente cómo es que se dividen, y cómo es que se hacen uno. Por desgracia, en todos estos muchos años, ni un solo hombre ha sido capaz de determinar la verdad de estos asuntos. Se limitan todos a hacer conjeturas, porque ni un solo hombre ha ascendido alguna vez al cielo para hacer una visita y regresar con un “informe de investigación” para toda la humanidad, con el fin de informar sobre la verdad del asunto a todos los fervientes y devotos creyentes religiosos preocupados por la Trinidad. Por supuesto, no se puede culpar al hombre por formarse tales nociones, ya que ¿por qué no hizo Jehová el Padre que Jesús el Hijo lo acompañara cuando creó a la humanidad? Si en el principio todo se hubiera hecho en el nombre de Jehová, habría sido mejor. Si hay que culpar a alguien, que sea al error momentáneo de Jehová Dios, que no hizo comparecer al Hijo y al Espíritu Santo en el momento de la creación, sino que llevó a cabo Su obra Él solo. Si hubieran obrado todos simultáneamente, ¿no se habrían hecho uno? Si, desde el mismo principio hasta el final, sólo hubiese estado el nombre de Jehová y no el de Jesús de la Era de la Gracia, o si aún entonces se le hubiese seguido llamando Jehová, ¿acaso no se habría librado Dios del sufrimiento de esta división por parte de la humanidad? Sin lugar a dudas, no se puede culpar a Jehová de todo esto; de tener que hallar un culpable, sería el Espíritu Santo, que durante miles de años continuó Su obra con el nombre de Jehová, de Jesús, e incluso del Espíritu Santo, aturdiendo y confundiendo al hombre de forma que este no podía saber quién era Dios exactamente. Si el propio Espíritu Santo hubiera obrado sin forma ni imagen y, además, sin un nombre como el de Jesús, y el hombre no hubiera podido tocarlo o verlo, sino solamente oír los sonidos del trueno, ¿no habría sido este tipo de obra más beneficiosa para la humanidad? ¿Qué puede hacerse, pues, ahora? Las nociones del hombre se han amontonado tan altas como una montaña y tan anchas como el mar, hasta el punto de que el Dios del día presente ya no puede soportarlas más y está completamente desconcertado. En el pasado, cuando sólo estaban Jehová, Jesús y, en medio de los dos, el Espíritu Santo, el hombre ya estaba confundido en cuanto a cómo arreglárselas, y ahora se suma el Todopoderoso, del que se dice que también es una parte de Dios. ¿Quién sabe quién es Él y en qué persona de la Trinidad se ha entremezclado o escondido durante tantos años? ¿Cómo puede el hombre soportar esto? Por si sola, la Trinidad bastaba para que el hombre invirtiera una vida en explicarla, pero ahora hay “un Dios en cuatro personas”. ¿Cómo puede explicarse esto? ¿Puedes hacerlo? ¡Hermanos y hermanas! ¿Cómo habéis creído en un Dios así hasta hoy? Me quito el sombrero ante vosotros. Con la Trinidad ya era bastante, pero ahora seguís teniendo esa fe inquebrantable en este Dios en cuatro personas. Se os ha instado a salir de ello, pero os negáis. ¡Esto es inconcebible! ¡Realmente me sorprendéis! En realidad una persona puede llegar a creer en cuatro Dioses y no hacer ni caso a ninguno; ¿no os parece esto un milagro? ¡No podría decirse que seáis capaces de obrar un milagro tan grande! Dejadme deciros que, en verdad, la Trinidad no existe en ningún lugar de este universo. Dios no tiene Padre ni Hijo y mucho menos existe el concepto de un instrumento usado conjuntamente por el Padre y el Hijo: el Espíritu Santo. ¡Todo esto es la falacia más grande y sencillamente no existe en este mundo! Sin embargo, incluso esta falacia tiene su origen y no carece totalmente de base, porque vuestras mentes no son tan simples y vuestros pensamientos no carecen de razón. Más bien, son bastante apropiados e ingeniosos, tanto que son inexpugnables incluso para cualquier Satanás. ¡La pena es que estos pensamientos son falacias y sencillamente no existen! No habéis visto en absoluto la verdad real; estáis haciendo meras conjeturas y imaginaciones, fabricando después con ellas una historia para ganaros engañosamente la confianza de otros y dominar a los hombres más insensatos sin sensatez o razón, de forma que crean en vuestras grandes y renombradas “enseñanzas expertas”. ¿Es esto la verdad? ¿Es este el camino de vida que el hombre debería recibir? ¡Todo eso es una tontería! ¡Ni una sola palabra es apropiada! A lo largo de todos estos años, habéis dividido a Dios de esta forma, en cada vez más partes con cada generación, hasta el punto de que un Dios ha sido dividido abiertamente en tres Dioses. ¡Y ahora es simplemente imposible para el hombre unir de nuevo a Dios en uno solo, porque lo habéis dividido en demasiadas partes! ¡De no ser por Mi oportuna obra antes de que fuera demasiado tarde, resulta difícil decir cuánto tiempo habríais seguido descaradamente de esta forma! Si seguís dividiendo a Dios así, ¿cómo puede Él seguir siendo vuestro Dios? ¿Seguiríais reconociendo a Dios? ¿Seguiríais volviendo a Él? Si Yo hubiera llegado más tarde, es probable que hubierais enviado al “Padre y el Hijo”, Jehová y Jesús, de vuelta a Israel y declarado que vosotros mismos sois una parte de Dios. Afortunadamente, ya son los últimos días. Finalmente, este día que tanto he esperado ha llegado y es sólo después de llevar a cabo esta etapa de la obra por Mi propia mano que se ha detenido vuestra división de Dios mismo. De no ser por esto, os habríais intensificado, colocando incluso a todos los Satanáses entre vosotros en altares para adorarlos. ¡Este es vuestro artificio! ¡Vuestros medios para dividir a Dios! ¿Continuaréis haciéndolo ahora? Dejadme preguntaros: ¿Cuántos Dioses hay? ¿Cuál Dios os traerá la salvación? ¿A cuál oráis siempre, al primer Dios, al segundo o al tercero? ¿En cuál de ellos creéis siempre? ¿En el Padre? ¿En el Hijo? ¿O en el Espíritu Santo? Dime en quién crees. Aunque con cada palabra decís que creéis en Dios, ¡en lo que creéis realmente es en vuestro propio cerebro! ¡Simplemente no tenéis a Dios en vuestros corazones! ¡Y sin embargo en vuestras mentes hay numerosas “Trinidades” como esas! ¿No estáis de acuerdo?

    Si estas tres etapas de la obra se evaluaran según este concepto de la Trinidad, entonces debe haber tres Dioses ya que la obra llevada a cabo por cada uno de ellos no es la misma. Si alguien entre vosotros dice que la Trinidad en verdad existe, entonces explica qué es exactamente este Dios único en tres personas. ¿Qué es el Padre Santo? ¿Qué es el Hijo? ¿Qué es el Espíritu Santo? ¿Es Jehová el Padre Santo? ¿Es Jesús el Hijo? ¿Qué es entonces el Espíritu Santo? ¿No es el Padre un Espíritu? ¿No es la esencia del Hijo también un Espíritu? ¿No fue la obra de Jesús la obra del Espíritu Santo? ¿No fue la obra de Jehová llevada a cabo en ese momento por un Espíritu, la misma que la de Jesús? ¿Cuántos Espíritus puede tener Dios? Según tu explicación, las tres personas del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una; de ser así, hay tres Espíritus, pero tener tres Espíritus significa que hay tres Dioses. Esto significa que no hay un único Dios verdadero; ¿cómo puede esta clase de Dios seguir teniendo la esencia inherente de Dios? Si aceptas que sólo hay un Dios, entonces ¿cómo puede Él tener un hijo y ser un padre? ¿No son todas estas simplemente tus nociones? Sólo hay un Dios, sólo hay una persona en este Dios y sólo un Espíritu de Dios, así como está escrito en la Biblia que “sólo hay un único Espíritu Santo y un único Dios”. Independientemente de que el Padre y el Hijo de los que hablas existan, sólo hay un Dios después de todo y la esencia del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en los que creéis es la del Espíritu Santo. En otras palabras, Dios es un Espíritu, pero es capaz de hacerse carne y vivir entre los hombres, así como estar sobre todas las cosas. Su Espíritu lo incluye todo y es omnipresente. Él puede estar simultáneamente en la carne y por todo el universo. Como todas las personas dicen que Dios es el único Dios verdadero, ¡sólo hay un Dios y nadie lo puede dividir a voluntad! Dios es sólo un Espíritu y sólo una persona; y ese es el Espíritu de Dios. Si es como tú dices, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, ¿no son, pues, tres Dioses? El Espíritu Santo es una cuestión, el Hijo otra y el Padre otra. Son personas distintas de esencias diferentes, ¿cómo puede ser cada uno parte de un solo Dios? El Espíritu Santo es un Espíritu; esto es fácil de entender para el hombre. De ser así, entonces el Padre es aún más un Espíritu. Él nunca ha descendido a la tierra y nunca se ha hecho carne; Él es Jehová Dios en el corazón del hombre y, sin duda, también es un Espíritu. ¿Cuál es entonces la relación entre Él y el Espíritu Santo? ¿Es la relación entre el Padre y el Hijo? ¿O es la relación entre el Espíritu Santo y el Espíritu del Padre? ¿Es la esencia de cada Espíritu la misma? ¿O es el Espíritu Santo un instrumento del Padre? ¿Cómo puede explicarse esto? ¿Y cuál es entonces la relación entre el Hijo y el Espíritu Santo? ¿Es una relación entre dos Espíritus o entre un hombre y un Espíritu? ¡Todos estos son asuntos que no pueden tener explicación! Si son todos un Espíritu, entonces no puede hablarse de tres personas, porque Ellos poseen un solo Espíritu. Si fueran personas distintas, Sus Espíritus variarían en fuerza y simplemente no podrían ser un solo Espíritu. ¡Este concepto del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es de lo más absurdo! Esto segmenta a Dios y lo divide en tres personas, cada una de ellas con un estatus y un Espíritu; ¿cómo puede entonces seguir siendo un Espíritu y un Dios? Dime, ¿quién creó los cielos y la tierra y todas las cosas, el Padre, el Hijo o el Espíritu Santo? Algunos dicen que ellos lo crearon juntos. ¿Quién redimió entonces a la humanidad? ¿Fue el Espíritu Santo, el Hijo o el Padre? Algunos dicen que fue el Hijo quien redimió a la humanidad. ¿Quién es entonces el Hijo en esencia? ¿Acaso no es Él la encarnación del Espíritu de Dios? La encarnación llama a Dios en el cielo por el nombre de Padre, desde la perspectiva de un hombre creado. ¿No eres consciente de que Jesús nació de la concepción por medio del Espíritu Santo? Dentro de Él está el Espíritu Santo; digas lo que digas, Él sigue siendo uno con Dios en el cielo, porque Él es la encarnación del Espíritu de Dios. Esta idea del Hijo es simplemente falsa. Es un Espíritu el que lleva a cabo toda la obra; sólo Dios mismo, es decir, el Espíritu de Dios, realiza Su obra. ¿Quién es el Espíritu de Dios? ¿No es el Espíritu Santo? ¿Acaso no es el Espíritu Santo que obra en Jesús? Si la obra no hubiera sido realizada por el Espíritu Santo (es decir, el Espíritu de Dios), ¿podría representar, entonces, Su obra a Dios mismo? Cuando Jesús llamaba a Dios en el cielo por el nombre de Padre al orar, sólo lo hacía desde la perspectiva de un hombre creado, sólo porque el Espíritu de Dios se había vestido como un hombre ordinario y normal y tenía el envoltorio exterior de un ser creado. Incluso si dentro de Él estaba el Espíritu de Dios, Su apariencia externa seguía siendo la de un hombre ordinario; en otras palabras, había pasado a ser el “Hijo del Hombre” del que todos los hombres, incluido el propio Jesús, hablaban. Dado que es llamado el Hijo del Hombre, Él es una persona (sea hombre o mujer, en cualquier caso una con el caparazón corporal de un ser humano) nacida en una familia normal de personas ordinarias. Por tanto, que Jesús llamara a Dios en el cielo por el nombre de Padre era lo mismo que cuando vosotros lo llamasteis Padre al principio; Él lo hizo desde la perspectiva de un hombre de la creación. ¿Recordáis todavía la oración del Señor que Jesús os enseñó para memorizar? “Padre nuestro que estás en los cielos…”. Él pidió a todos los hombres que llamaran a Dios en el cielo por el nombre de Padre. Y como Él también lo llamaba Padre, lo hacía desde la perspectiva de uno que está en igualdad de condiciones con todos vosotros. Como llamasteis a Dios en el cielo por el nombre de Padre, esto muestra que Jesús se consideraba estar en igualdad de condiciones con todos vosotros, como un hombre escogido por Dios (es decir, el Hijo de Dios) sobre la tierra. Si llamáis a Dios “Padre”, ¿no es porque sois un ser creado? Por muy grande que fuera la autoridad de Jesús en la tierra, antes de la crucifixión, Él era simplemente un Hijo del Hombre, dominado por el Espíritu Santo (es decir, Dios), y uno de los seres creados de la tierra, porque aún tenía que completar Su obra. Así pues, que llamara Padre a Dios en el cielo, era simplemente por Su humildad y obediencia. Que se dirigiera a Dios (es decir, al Espíritu en el cielo) de esa manera no demuestra, sin embargo, que Él sea el Hijo del Espíritu de Dios en el cielo. Más bien, Su perspectiva es diferente y no es que Él sea una persona distinta. ¡La existencia de personas diferentes es una falacia! Antes de Su crucifixión, Jesús era un Hijo del Hombre sujeto a las limitaciones de la carne, y Él no poseía la plena autoridad del Espíritu. Por esta razón, Él sólo podía buscar la voluntad de Dios Padre desde la perspectiva de un ser creado. Es como cuando oró tres veces en Getsemaní: “No sea Mi voluntad, sino la tuya”. Antes de que lo pusieran en la cruz, Él no era más que el Rey de los judíos; Él era Cristo, el Hijo del Hombre, y no un cuerpo de gloria. Esa es la razón por la que, desde el punto de vista de un ser creado, llamaba Padre a Dios. Ahora bien, no puedes decir que todo el que llame Padre a Dios sea el Hijo. De ser esto así, ¿no os habríais convertido todos en el Hijo cuando Jesús os enseñó la Oración del Señor? Si aún no estáis convencidos, entonces decidme, ¿quién es aquel a quien llamáis Padre? Si os estáis refiriendo a Jesús, entonces ¿quién es para vosotros Su Padre? Después de que Jesús partiera, esta idea del Padre y el Hijo desapareció; sólo fue apropiada para los años en los que Jesús se hizo carne. Bajo todas las demás circunstancias, cuando llamáis Padre a Dios, es una relación entre el Señor de la creación y un ser creado. No hay un momento en el que la idea de la Trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo pueda sostenerse; ¡es una falacia que rara vez se ve a lo largo de las eras y no existe!

    Esto puede traer a la mente de la mayoría de las personas las palabras de Dios en Génesis: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza”. Dado que Dios dice “hagamos” al hombre a “nuestra” imagen, “nuestra” indica dos o más; como dijo “nuestra”, entonces no hay sólo un Dios. De esta forma, el hombre comenzó a pensar en el abstracto de personas distintas y, a partir de estas palabras, surgió la idea del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. ¿Cómo es entonces el Padre?, ¿cómo es el Hijo? y ¿cómo es el Espíritu Santo? ¿Podría ser que la humanidad de hoy fuera hecha a imagen de alguien unido de tres? Entonces, ¿es la imagen del hombre como la del Padre, la del Hijo o la del Espíritu Santo? ¿De cuál de las personas de Dios es la imagen del hombre? ¡Esta idea del hombre es simplemente incorrecta y sin sentido! Sólo puede dividir a un Dios en varios. La época en que Moisés escribió Génesis fue posterior a que la humanidad fuera creada tras la creación del mundo. Al principio, cuando el mundo empezó, Moisés no existía y no fue hasta mucho después cuando él escribió la Biblia; así que ¿cómo podía saber él lo que Dios habló en el cielo? No tenía ni idea de cómo creó Dios el mundo. En el Antiguo Testamento de la Biblia no se hace mención del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sino tan sólo del único Dios verdadero, Jehová, llevando a cabo Su obra en Israel. Se le llama con nombres diferentes conforme cambia la era, pero esto no puede demostrar que cada nombre se refiera a una persona diferente. De ser así, ¿no habría, pues, innumerables personas en Dios? Lo escrito en el Antiguo Testamento es la obra de Jehová, una etapa de la obra de Dios mismo para el comienzo de la Era de la Ley. Fue la obra de Dios, en la que como Él hablaba, así era, y como Él ordenaba, así ocurría. En ningún momento dijo Jehová que Él fuera el Padre que vino a llevar a cabo la obra ni profetizó nunca la venida del Hijo para redimir a la humanidad. En cuanto a la época de Jesús, sólo se dijo que Dios se había hecho carne para redimir a toda la humanidad, no que fuera el Hijo quien había venido. Como las eras no son iguales y la obra que Dios mismo hace también difiere, Él debe llevar a cabo Su obra en diferentes ámbitos. De esta forma, la identidad que Él representa también difiere. El hombre cree que Jehová es el Padre de Jesús, pero esto nunca lo reconoció Jesús realmente, pues dijo: “Nunca se nos distinguió como Padre e Hijo; Yo y el Padre en el cielo somos uno. El Padre está en Mí y Yo estoy en el Padre; cuando el hombre ve al Hijo, está viendo al Padre celestial”. Cuando se haya dicho todo, sea el Padre o el Hijo, Ellos son un Espíritu, no dividido en personas separadas. Una vez que el hombre intenta explicar esto, el asunto se complica con la idea de personas distintas, así como con la relación entre Padre, Hijo y Espíritu. Cuando el hombre habla de personas separadas, ¿no materializa esto a Dios? Incluso clasifica a las personas como primera, segunda y tercera; estas no son más que imaginaciones del hombre, que no son dignas de referencia, ¡y son totalmente ilusorias! Si le preguntaras: “¿Cuántos Dioses hay?”, él diría que Dios es la Trinidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: el único Dios verdadero. Si le preguntaras de nuevo: “¿Quién es el Padre?”, él diría: “El Padre es el Espíritu de Dios en el cielo; Él está a cargo de todo y es el Amo del cielo”. “¿Es Jehová entonces el Espíritu?”. Él diría: “¡Sí!”. Si le preguntaras entonces: “¿Quién es el Hijo?”, diría que Jesús es el Hijo, por supuesto. “¿Cuál es entonces la historia de Jesús? ¿De dónde vino Él?”. Él diría: “Jesús nació de María, por medio de la concepción del Espíritu Santo”. “¿No es, pues, Su esencia la del Espíritu también? ¿No es Su obra también una representación del Espíritu Santo? Jehová es el Espíritu, y también lo es la esencia de Jesús. Ahora, en los últimos días, sobra decir que el Espíritu sigue obrando;[a] ¿cómo podrían ser Ellos personas diferentes? ¿Acaso no es simplemente el Espíritu de Dios llevando a cabo la obra del Espíritu desde perspectivas diferentes?”. Como tales, no hay distinción entre personas. Jesús fue concebido por el Espíritu Santo e, indudablemente, Su obra fue precisamente la del Espíritu Santo. En la primera etapa de la obra llevada a cabo por Jehová, Él no se hizo carne ni se apareció al hombre. Así pues, este nunca vio Su apariencia. Independientemente de cuán grande y alto fuera, Él seguía siendo el Espíritu, Dios mismo quien creó primero al hombre. Es decir, Él era el Espíritu de Dios. Cuando habló al hombre desde las nubes, Él era simplemente un Espíritu. Nadie presenció Su apariencia; sólo fue en la Era de la Gracia, cuando el Espíritu de Dios vino en la carne y se encarnó en Judea, que el hombre vio por primera vez la imagen de la encarnación como un judío. El sentimiento de Jehová no podía sentirse. Sin embargo, fue concebido por el Espíritu Santo, es decir, por el Espíritu del propio Jehová, y Jesús nació como la personificación del Espíritu de Dios. Lo que el hombre vio primero fue el Espíritu Santo descendiendo como una paloma sobre Jesús; no fue el Espíritu exclusivo de Jesús, sino más bien el Espíritu Santo. ¿Puede separarse entonces el Espíritu de Jesús del Espíritu Santo? Si Jesús es Jesús, el Hijo, y el Espíritu Santo es el Espíritu Santo, entonces ¿cómo podían ser uno? De ser así, la obra no se hubiese podido llevar a cabo. El Espíritu en Jesús, el Espíritu en el cielo y el Espíritu de Jehová son todos uno. Se le puede llamar el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, el Espíritu intensificado siete veces y el Espíritu que todo lo incluye. Sólo el Espíritu de Dios puede llevar a cabo tanta obra. Él es capaz de crear el mundo y destruirlo inundando la tierra; puede redimir a toda la humanidad y, además, conquistarla y destruirla. Dios mismo lleva a cabo esta obra y ninguna otra de Sus personas puede hacerlo en Su lugar. Su Espíritu puede llamarse por el nombre de Jehová y Jesús, así como el Todopoderoso. Él es el Señor y Cristo. También puede convertirse en el Hijo del Hombre. Él está en los cielos y también en la tierra; Él está en lo alto sobre los universos y entre la multitud. ¡Él es el único Señor de los cielos y la tierra! Desde la época de la creación hasta ahora, el Espíritu de Dios mismo ha llevado a cabo esta obra. Sea la obra en los cielos o en la carne, todo lo realiza Su propio Espíritu. Todas las criaturas, tanto en el cielo como en la tierra, están en la palma de Su mano todopoderosa; todo esto es la obra de Dios mismo y nadie más puede realizarla en Su lugar. En los cielos, Él es el Espíritu pero también es Dios mismo; entre los hombres, Él es carne pero sigue siendo Dios mismo. Aunque se le pueda llamar por cientos de miles de nombres, Él sigue siendo Él mismo, y toda la obra[b] es la expresión directa de Su Espíritu. La redención de toda la humanidad a través de Su crucifixión fue la obra directa de Su Espíritu y también lo es la proclamación a todas las naciones y tierras durante los últimos días. En todas las épocas, sólo se puede llamar a Dios el Dios verdadero y todopoderoso, el Dios mismo que todo lo incluye. Las distintas personas no existen, ¡mucho menos esta idea del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo! ¡Sólo hay un Dios en el cielo y en la tierra!

    El plan de gestión de Dios abarca seis mil años y se divide en tres eras basadas en las diferencias en Su obra: la primera es la Era de la Ley del Antiguo Testamento; la segunda es la Era de la Gracia; y la tercera es la que pertenece a los últimos días, la Era del Reino. En cada era se representa una identidad diferente. Esto sólo se debe a la diferencia en la obra, es decir, a los requisitos de la obra. La primera etapa de la obra se llevó a cabo en Israel y la segunda etapa de conclusión de la obra de redención se realizó en Judea. Para la obra de redención, Jesús nació de la concepción por medio del Espíritu Santo y como el único Hijo. Todo esto se debió a los requisitos de la obra. En los últimos días, Dios desea expandir Su obra por las naciones gentiles y conquistar a las personas allí, de forma que Su nombre pueda ser grande entre ellas. Él desea guiar al hombre en el entendimiento de todos los caminos correctos de la vida humana, así como de toda la verdad y el camino de la vida. Un Espíritu lleva a cabo toda la obra. Aunque Él pueda hacerlo desde diferentes puntos de vista, la naturaleza y los principios de la obra siguen siendo los mismos. Una vez que observas los principios y la naturaleza de la obra que Ellos han realizado, entonces sabrás que toda ella ha sido llevada a cabo por la mano de un solo Espíritu. Aun así, algunos pueden decir: El Padre es el Padre; el Hijo es el Hijo; el Espíritu Santo es el Espíritu Santo y, al final, Ellos serán hechos uno. Entonces ¿cómo los deberías hacer uno? ¿Cómo pueden ser hechos uno el Padre y el Espíritu Santo? Si Ellos fueran inherentemente dos, entonces sin importar cómo se unan, ¿no seguirían siendo dos partes? Cuando dices hacerlos uno, ¿no consiste simplemente en unir dos partes separadas para conformar un todo? Pero ¿no eran dos partes antes de ser hechas un todo? Cada Espíritu tiene una esencia distinta y dos Espíritus no pueden ser convertidos en uno. El Espíritu no es un objeto material y es diferente a cualquier otra cosa en el mundo material. Tal como lo ve el hombre, el Padre es un Espíritu, el Hijo otro y el Espíritu Santo otro, y después los tres Espíritus se mezclan como tres vasos de agua en un todo. ¿Acaso no es esto hacer de los tres uno? ¡Esta explicación es errónea! ¿No es esto dividir a Dios? ¿Cómo pueden ser hechos uno el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo? ¿No son Ellos tres partes con una naturaleza diferente cada una? Todavía están los que dicen: ¿No declaró Dios expresamente que Jesús era Su Hijo amado? “Jesús es el Hijo amado de Dios, en quién Él se regocija grandemente” ciertamente fue dicho por Dios mismo. Eso fue Dios dando testimonio de sí mismo, pero simplemente desde una perspectiva diferente, la del Espíritu en el cielo dando testimonio de Su propia encarnación. Jesús es Su encarnación, no Su Hijo en el cielo. ¿Entiendes? ¿No indican las palabras de Jesús, “el Padre está en Mí y Yo estoy en el Padre” que Ellos son un Espíritu? ¿Y acaso no se debe a la encarnación que Ellos fueran separados entre el cielo y la tierra? En realidad, siguen siendo uno; sin importar lo que digan, es simplemente Dios dando testimonio de sí mismo. Debido al cambio en las eras, a los requisitos de la obra y a las diferentes etapas de Su plan de gestión, el nombre por el que el hombre llama a Dios también difiere. Cuando Él vino a llevar a cabo la primera etapa de la obra, sólo se le podía llamar Jehová, pastor de los israelitas. En la segunda etapa, el Dios encarnado sólo podía ser llamado Señor y Cristo. Pero en esos tiempos, el Espíritu en el cielo sólo declaró que Él era el Hijo amado de Dios, y no mencionó que fuese el único Hijo de Dios. Esto simplemente no ocurrió. ¿Cómo podría Dios tener un único hijo? Entonces ¿no se habría hecho hombre Dios? Como Él era la encarnación, se le llamó el Hijo amado de Dios y, a partir de esto, llegó la relación entre Padre e Hijo. Se debió sencillamente a la separación entre el cielo y la tierra. Jesús oró desde la perspectiva de la carne. Como se había revestido de una carne de humanidad normal, fue desde la perspectiva de la carne desde donde Él dijo: Mi caparazón corporal es el de un ser creado. Como me revestí de carne para venir a la tierra, ahora estoy lejos, muy lejos del cielo. Por esta razón, Él sólo podía orar a Dios Padre desde la perspectiva de la carne. Este era Su deber y aquello con lo que el Espíritu encarnado de Dios debía estar equipado. No puede decirse que Él no es Dios simplemente porque oraba al Padre desde la perspectiva de la carne. Aunque se le llama el Hijo amado de Dios, sigue siendo Dios mismo, porque Él no es sino la encarnación del Espíritu y Su esencia sigue siendo el Espíritu. Tal como lo ve el hombre, se pregunta por qué ora Él si es Dios mismo. Esto se debe a que Él es el Dios encarnado, Dios viviendo en la carne, y no el Espíritu en el cielo. Tal como el hombre lo ve, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son todos Dios. Sólo los tres hechos uno puede considerarse el único Dios verdadero y, de esta forma, Su poder es excepcionalmente grande. Siguen estando aquellos que dicen que sólo de esta forma es Él el Espíritu siete veces intensificado. Cuando el Hijo oró después de Su venida, lo hizo al Espíritu. En realidad, estaba orando desde la perspectiva de un ser creado. Y es que la carne no es completa; Él no era completo y tenía muchas debilidades cuando vino en la carne. Por tanto, sufrió mucha turbación mientras llevaba a cabo Su obra en la carne. Por esta razón fue que oró tres veces a Dios Padre antes de Su crucifixión y otras muchas veces antes de ella. Él oró entre Sus discípulos, oró solo en lo alto de un monte, oró a bordo del barco de pesca, oró entre una multitud de personas, oró cuando partió el pan y oró cuando bendijo a otros. ¿Por qué lo hizo? Fue el Espíritu a quien oró, Él estaba orando al Espíritu, a Dios en el cielo, desde la perspectiva de la carne. Por tanto, desde el punto de vista del hombre, Jesús pasó a ser el Hijo en esa etapa de la obra. Sin embargo, en la etapa actual, Él no ora. ¿Por qué ocurre esto? Se debe a que lo que Él trae es la obra de la palabra, así como el juicio y el castigo de la misma. No tiene necesidad de oraciones, porque Su ministerio consiste en hablar. No lo ponen en la cruz y el hombre no lo entrega a los que están en el poder. Él simplemente lleva a cabo Su obra y todo está establecido. En el momento en que Jesús oraba, lo hacía a Dios Padre por el descenso del reino del cielo, para que se cumpliera la voluntad del Padre y por la obra venidera. En esta etapa, el reino del cielo ya ha descendido, ¿sigue teniendo, pues, necesidad de orar? Su obra es poner fin a la era y no hay más eras nuevas; ¿hay, pues, necesidad de orar por la siguiente etapa? ¡Me temo que no!

    Existen muchas contradicciones en las explicaciones del hombre. De hecho, todas estas son nociones del hombre; sin más escrutinio, todos vosotros creeríais que son correctas. ¿No sabéis que esta idea de Dios como una Trinidad no es sino la noción del hombre? Ningún conocimiento del hombre es completo y profundo. Siempre hay impurezas y el hombre tiene demasiadas ideas; esto demuestra que un ser creado simplemente no puede explicar la obra de Dios. Hay demasiado en la mente del hombre, todo procedente de la lógica y el pensamiento, que entra en conflicto con la verdad. ¿Puede tu lógica diseccionar exhaustivamente la obra de Dios? ¿Puedes obtener un entendimiento profundo de toda la obra de Jehová? ¿Eres tú como hombre quien puede ver a través de todo o es Dios mismo el que es capaz de ver desde la eternidad hasta la eternidad? ¿Eres tú quien puede ver desde la eternidad mucho tiempo atrás hasta la eternidad venidera o es Dios quien puede hacerlo? ¿Qué dices? ¿Cómo eres digno de explicar a Dios? ¿Sobre qué base es tu explicación? ¿Eres Dios? Los cielos y la tierra y todas las cosas en ellos fueron creados por Dios mismo. No fuiste tú quien lo hizo, así que ¿por qué estás dando explicaciones incorrectas? Ahora, ¿sigues creyendo en la Trinidad? ¿No crees que es demasiado complicado de esta forma? Sería mejor para ti creer en un Dios, no en tres. Es mejor ser ligero, porque “la carga del Señor es ligera”.

Notas al pie:

a. El texto original omite “sigue obrando”.

b. El texto original omite “la obra”.                    

Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio

    Cuando Dios lo estaba castigando, Pedro oró, “¡Oh Dios! Mi carne es desobediente y Tú me castigas y me juzgas. Me gozo en Tu castigo y en Tu juicio, e incluso si no me quieres, en Tu juicio contemplo Tu justo y santo carácter. Cuando me juzgas para que los demás puedan contemplar Tu justo carácter en Tu juicio, me siento contento. Si esto puede manifestar Tu carácter y permitir que Tu justo carácter lo vean todas las criaturas, y si esto puede hacer que mi amor por Ti sea más puro, para que pueda alcanzar la imagen de uno que es justo, entonces Tu juicio es bueno porque así es Tu voluntad misericordiosa. Sé que todavía hay mucha rebeldía en mí y que todavía no soy digno de venir delante de Ti. Quiero que me juzgues aún más, ya sea a través de un ambiente hostil o de grandes tribulaciones; no importa cómo me juzgues, para mí es precioso. Tu amor es tan profundo y estoy dispuesto a ponerme a merced Tuya sin la más mínima queja”. Este es el conocimiento que Pedro tiene después de haber experimentado la obra de Dios, y también es un testimonio de su amor por Dios. En la actualidad, vosotros ya habéis sido conquistados pero, ¿cómo se expresa esta conquista en vosotros? Algunas personas dicen, “Mi conquista es la gracia y la exaltación supremas de Dios. Sólo ahora me doy cuenta que la vida del hombre es hueca y sin sentido. Vivir es tan inútil que preferiría estar muerto. Aunque el hombre pasa su vida corriendo por todas partes, engendrando y criando hijos generación tras generación, al final al hombre no le queda nada. En la actualidad, después de que Dios me conquistó, he visto que no tiene valor vivir de esta manera; realmente es una vida sin sentido. ¡Será mejor morir y terminar con esto!” ¿Puede ganar Dios a las personas que han sido conquistadas? ¿Se pueden convertir en especímenes y modelos? ¡Tales personas son una lección de pasividad; no tienen aspiraciones y no luchan por ser mejores! Aunque cuentan por haber sido conquistadas, tales personas pasivas no pueden ser perfeccionadas. Al final de su vida, después de haber sido perfeccionado, Pedro dijo, “¡Oh Dios! Si viviera unos cuantos años, me gustaría alcanzar un amor más puro y más profundo por Ti”. Cuando estaba a punto de ser clavado en la cruz, en su corazón oró, “¡Oh Dios! Tu tiempo ha llegado ahora; el tiempo que Tú preparaste para mí ha llegado. Debo ser crucificado por Ti, debo dar testimonio de Ti, y espero que mi amor pueda satisfacer Tus exigencias y que se pueda hacer más puro. Para mí hoy, poder morir por Ti y ser clavado en la cruz por Ti, es consolador y reconfortante, porque nada me es más grato que poder ser crucificado por Ti y satisfacer Tus deseos, y poder darme a Ti, poder ofrecerte mi vida. ¡Oh Dios! ¡Eres tan amoroso! Si me permitieras vivir, estaría aún más dispuesto a amarte. Mientras esté vivo, te amaré. Quisiera amarte con mayor profundidad. Me juzgas y me castigas y me pruebas porque no soy justo, porque he pecado. Y Tu justo carácter se me hace más evidente. Esto es una bendición para mí porque puedo amarte con mayor profundidad, y estoy dispuesto a amarte de esta manera incluso si Tú no me amaras. Estoy dispuesto a contemplar Tu justo carácter porque esto me capacita más para vivir una vida que tenga sentido. Siento que mi vida es ahora más significativa porque soy crucificado por Tu causa, y es valioso morir por Ti. Pero todavía no me siento satisfecho porque sé muy poco de Ti, sé que no puedo cumplir por completo Tus deseos y te he retribuido demasiado poco. En mi vida no he sido capaz de regresarte mi todo; estoy lejos de eso. Al mirar hacia atrás en este momento, me siento tan en deuda contigo, y sólo tengo este momento para compensar todos mis errores y todo el amor que no te he retribuido.

    El hombre debe buscar vivir una vida que tenga sentido y no debe estar satisfecho con sus circunstancias actuales. Para vivir la imagen de Pedro, debe tener el conocimiento y las experiencias de Pedro. El hombre debe buscar las cosas que son más elevadas y más profundas. Debe buscar un amor más profundo y más puro por Dios, y una vida que tenga valor y sentido. Sólo esto es vida; sólo entonces el hombre será igual a Pedro. Te debes enfocar en ser proactivo hacia tu entrada en el lado positivo, y no debes permitirte de una manera sumisa recaer en aras de la facilidad momentánea mientras ignoras verdades más profundas, más específicas y más prácticas. Tu amor debe ser práctico, y debes encontrar maneras para liberarte de esta vida depravada y despreocupada que no es diferente a la de un animal. Debes vivir una vida que tenga sentido, una vida que tenga valor, y no debes engañarte a ti mismo o tratar tu vida como un juguete con el que juegas. Para cualquiera que aspire a amar a Dios, no hay verdades imposibles de conseguir, y ninguna justicia por la que no puedan permanecer firmes. ¿Cómo debes vivir tu vida? ¿Cómo debes amar a Dios y usar este amor para satisfacer Su deseo? No hay asunto mayor en tu vida. Sobre todo, debes tener este tipo de aspiraciones y perseverancia, y no debes ser como esos peleles y sin agallas. Debes aprender cómo experimentar una vida que tenga sentido y cómo experimentar verdades valiosas, y de esa manera no debes tratarte a la ligera. Sin que te des cuenta, tu vida te pasará por alto; y después de eso, ¿tendrás otra oportunidad para amar a Dios? ¿Puede el hombre amar a Dios una vez haya muerto? Debes tener las mismas aspiraciones y conciencia que Pedro; tu vida debe tener sentido ¡y no debes jugar juegos contigo mismo! Como ser humano, y como una persona que busca a Dios, tienes que considerar cuidadosamente cómo tratas tu vida, cómo te ofreces a Dios, cómo debes tener una fe más valiosa en Dios y cómo, ya que amas a Dios, lo debes amar de una manera que sea más pura, más hermosa y mejor. No puedes sólo estar contento hoy con cómo eres conquistado, sino que también debes considerar el camino que vas a caminar en el futuro. Debes tener aspiraciones y el valor para ser perfeccionado, y no debes estar pensando siempre que no eres capaz. ¿Tiene la verdad favoritos? ¿Puede la verdad oponerse de manera deliberada a las personas? Si buscas la verdad, ¿te puede abrumar? Si permaneces firme por la justicia, ¿te derribará? Si tu aspiración realmente es buscar la vida, ¿puede la vida eludirte? Si no tienes la verdad, no es porque la verdad no te reconozca, sino porque te mantienes alejado de la verdad; si no puedes mantenerte firme por la justicia, no es porque haya algo malo con la justicia, sino porque crees que no coincide con los hechos; si no has obtenido la vida después de buscarla por muchos años, no es porque la vida no tenga conciencia de ti, sino porque tú no tienes conciencia de la vida y la has ahuyentado; si vives en medio de la luz, y no has sido capaz de obtener la luz, no es porque sea imposible que la luz brille sobre ti, sino porque no has puesto atención a la existencia de la luz, y por eso la luz se ha apartado de ti en silencio. Si no buscas, entonces sólo se puede decir que eres una basura despreciable, y que no tienes coraje en la vida, y que no tienes el espíritu para resistir las fuerzas de la oscuridad. ¡Eres demasiado débil! No eres capaz de escapar de las fuerzas de Satanás que ponen sitio contra ti, y sólo estás dispuesto a llevar esta clase de vida segura y protegida, y morir en ignorancia. Lo que debes lograr es tu búsqueda de ser conquistado; este es tu deber ineludible. Si te conformas con ser conquistado, entonces expulsarás la existencia de la luz. Debes sufrir adversidades por la verdad, debes entregarte a la verdad, debes soportar humillación por la verdad y, para obtener más de la verdad, debes padecer más sufrimiento. Esto es lo que debes hacer. No debes desechar la verdad en beneficio de una vida familiar pacífica, y no debes perder la dignidad e integridad de tu vida por el bien de un gozo momentáneo. Debes buscar todo lo que es hermoso y bueno, y debes buscar un camino en la vida que sea de mayor significado. Si llevas una vida tan vulgar y no buscas ningún objetivo, ¿no estás malgastando tu vida? ¿Qué puedes obtener de una vida así? Debes abandonar todos los placeres de la carne en aras de la verdad, y no debes desechar verdad alguna en aras de un pequeño placer. Personas como estas no tienen integridad o dignidad; ¡su existencia no tiene sentido!

    Dios castiga y juzga al hombre porque Su obra así lo exige y, más aún, porque el hombre lo necesita. El hombre necesita ser castigado y juzgado porque sólo entonces puede alcanzar el amor de Dios. Hoy habéis sido completamente convencidos, pero cuando os encontréis con el menor contratiempo estaréis en problemas; vuestra estatura todavía es demasiado pequeña, y todavía necesitáis experimentar más de este tipo de castigo y juicio con el fin de adquirir un conocimiento más profundo. Hoy tenéis alguna reverencia por Dios, y teméis a Dios, y sabéis que Él es el Dios verdadero, pero no tenéis un gran amor por Él, y mucho menos habéis alcanzado un amor puro; vuestro conocimiento es demasiado superficial, y vuestra estatura todavía es insuficiente. Cuando realmente os enfrentéis con un entorno, todavía no habréis dado testimonio; muy poco de vuestra entrada será proactiva y no tendréis idea de cómo practicar. La mayoría de las personas son pasivas e inactivas; sólo aman a Dios en secreto en sus corazones, pero no tienen un camino de práctica ni tampoco son claras en cuanto a cuáles son sus metas. Los que han sido perfeccionados no sólo poseen una humanidad normal, sino que son poseídos por verdades que exceden las medidas de la conciencia y que son más elevadas que los estándares de la conciencia; no sólo usan su conciencia para retribuir al amor de Dios, sino que, más que eso, han conocido a Dios y han visto que Dios es amoroso y digno del amor del hombre, y que hay tanto que amar en Dios que el hombre no puede evitar amarlo. El amor por Dios que tienen los que han sido perfeccionados es con el fin de cumplir sus propias aspiraciones personales. El suyo es un amor espontáneo, un amor que no pide nada a cambio, pero que no es un trueque. Aman a Dios por ninguna otra razón que para conocerlo. A esas personas no les importa si Dios otorga gracias sobre ellos, y están contentas sólo con satisfacer a Dios. No regatean con Dios ni tampoco miden su amor por Dios por la conciencia: Tú me has dado a mí, así que a cambio yo te amo a Ti; si Tú no me das, entonces no tengo nada que darte a cambio. Los que han sido perfeccionados, siempre creen que Dios es el Creador, que Él lleva a cabo Su obra en ellos, y que, ya que ellos tienen esta oportunidad, condición y cualidad para poder ser perfeccionados, su búsqueda debe ser vivir una vida que tenga sentido, y lo deben satisfacer a Él. Es justo como lo que Pedro experimentó, cuando él se encontraba en su punto más débil, oró a Dios y dijo: “¡Oh Dios! Independientemente del tiempo o el lugar, Tú sabes que siempre me acuerdo de Ti. Sin importar el tiempo o el lugar, sabes que quiero amarte, pero mi estatura es demasiado pequeña y soy demasiado débil e impotente, mi amor es demasiado limitado, y mi sinceridad hacia Ti es muy precaria. Comparado con Tu amor, simplemente no soy apto para vivir. Sólo quiero que mi vida no sea en vano y que pueda, no sólo devolverte Tu amor, sino, lo que es más, que pueda dedicarte todo lo que tengo. Si te puedo satisfacer, entonces, como criatura, tendré tranquilidad y no pediré nada más. Aunque soy débil e impotente ahora, no olvidaré Tus exhortaciones, y no olvidaré Tu amor. Ahora no estoy haciendo otra cosa que retribuirte por Tu amor. ¡Oh Dios, me siento muy mal! ¿Cómo puedo reciprocar el amor por Ti que hay en mi corazón; cómo puedo hacer todo lo que pueda, y poder cumplir Tus deseos, y poderte ofrecer todo lo que tengo? Conoces la debilidad del hombre; ¿cómo puedo ser digno de tu amor? ¡Oh Dios! Sabes que soy de pequeña estatura, y que mi amor es muy escaso. ¿Cómo puedo hacer lo mejor que pueda en esta clase de ambiente? Sé que debo retribuir Tu amor; sé que debo darte todo lo que tengo, pero hoy mi estatura es muy pequeña. Te pido que me des fuerza, y me des confianza, a fin de que sea más capaz de tener un amor puro para dedicarme a Ti, y que sea más capaz de dedicarte todo lo que tengo; y no sólo para poder retribuirte por Tu amor, sino para poder experimentar Tu castigo, juicio y pruebas y hasta maldiciones más severas. Me has permitido contemplar Tu amor, y no puedo no amarte, y aunque soy débil e impotente hoy, ¿cómo podría olvidarte? Tu amor, castigo y juicio, todos me han hecho conocerte, pero también me siento incapaz de satisfacer Tu amor, ya que eres tan grandioso. ¿Cómo puedo dedicar todo lo que tengo al Creador?” Esa fue la petición de Pedro, pero su estatura era demasiado inadecuada. En ese momento se sentía como si un cuchillo se le retorciera en el corazón y estuviera agonizando; no sabía qué hacer bajo tales condiciones. Sin embargo, siguió orando: “¡Oh Dios! El hombre es de una estatura infantil, su conciencia es débil, y lo único que logro es retribuirte por Tu amor. Hoy, no sé cómo satisfacer Tus deseos, ni hacer todo lo que pueda ni dar todo lo que tengo, ni cómo dedicarte todo lo que tengo. Independientemente de Tu juicio, independientemente de Tu castigo, independientemente de lo que me otorgues, independientemente de lo que me quites, libérame de la más leve queja contra Ti. Muchas veces, cuando me castigaste y me juzgaste, me quejé conmigo mismo y fui incapaz de alcanzar la pureza o de cumplir Tus deseos. Mi retribución por Tu amor nació de la obligación, y en este momento me odio aún más”. Pedro oró de esta manera porque buscó tener un amor más puro por Dios. Estaba buscando y rogando y, más aún, se estaba recriminando y le estaba confesando sus pecados a Dios. Se sentía en deuda con Dios, y sentía odio por él, aunque también estaba algo triste y pasivo. Siempre se sintió así, como si no fuera lo suficientemente bueno para los deseos de Dios, y como si fuera incapaz de hacer su mejor esfuerzo. Bajo tales condiciones, Pedro siguió buscando la fe de Job. Vio qué tan grande había sido la fe de Job, porque Job había visto que todo se lo había otorgado Dios, por lo que era natural que Dios le quitara todo, que Dios se lo diera a quien Él quisiera, así fue el justo carácter de Dios. Job no se quejó y todavía pudo alabar a Dios. Pedro también se conocía, y en su corazón oró, “Hoy no voy a estar contento con retribuirte por Tu amor usando mi conciencia, y con cuánto amor te retribuya, porque mis pensamientos son muy corruptos, y porque no puedo verte como el Creador. Porque todavía no soy lo suficiente para amarte, debo alcanzar la habilidad de dedicarte todo lo que tengo, y que lo haga de buena gana. Debo saber todo lo que has hecho; no tengo opción; y debo contemplar Tu amor y ser capaz de hablar Tus alabanzas y ensalzar Tu santo nombre, para que puedas obtener gran gloria a través de mí. Estoy dispuesto a mantenerme firme en este testimonio de Ti. ¡Oh Dios! Tu amor es tan precioso y hermoso, ¿cómo podría querer vivir en las manos del maligno? ¿No fui hecho por Ti? ¿Cómo podría vivir bajo el dominio de Satanás? Preferiría que todo mi ser viviera en medio de Tu castigo. No estoy dispuesto a vivir bajo el dominio del maligno. Si puedo ser hecho puro, si puedo dedicar mi todo a Ti, estoy dispuesto a ofrecer mi cuerpo y mi mente a Tu juicio y castigo, porque detesto a Satanás, y no estoy dispuesto a vivir bajo su dominio. A través de Tu juicio sobre mí, muestras Tu justo carácter; estoy feliz, no tengo la más mínima queja. Si puedo desempeñar el deber de una criatura, estoy dispuesto a que mi vida entera esté acompañada de Tu juicio, a través del cual llegaré a conocer Tu justo carácter y me desharé de la influencia del maligno”. Pedro siempre oró así, siempre buscó así, y alcanzó un reino más alto. No sólo pudo retribuir al amor Dios, sino que, lo más importante, también cumplió su deber como criatura. No sólo su conciencia no lo acusó, sino que también pudo trascender los estándares de la conciencia. Sus oraciones siguieron ascendiendo delante de Dios de tal manera que sus aspiraciones cada vez fueron más elevadas y su amor por Dios cada vez fue mayor. Aunque sufrió un dolor agonizante, con todo no se olvidó de amar a Dios, y además buscó adquirir la habilidad par

    a entender la voluntad de Dios. En sus oraciones, pronunció las siguientes palabras: “No he alcanzado nada más que la retribución por tu amor. No he dado testimonio de Ti delante de Satanás, no me he liberado de la influencia de Satanás, y todavía vivo en medio de la carne. Quiero usar mi amor para derrotar a Satanás y avergonzarlo, y así satisfacer Tu deseo. Quiero darte mi todo, no darle a Satanás lo más mínimo de mí, porque Satanás es Tu enemigo”. Entre más buscó en esta dirección, más fue adelantado, y más elevado fue su conocimiento de estos asuntos. Sin darse cuenta, llegó a conocer que se debía liberar de la influencia de Satanás, y que debía regresar por completo a Dios. Esa fue la esfera que él alcanzó. Estaba trascendiendo la influencia de Satanás y deshaciéndose de los placeres y deleites de la carne, y estaba dispuesto a experimentar con mayor profundidad tanto el castigo de Dios como Su juicio. Él dijo, “Aunque vivo en medio de Tu castigo y en medio de Tu juicio, sin importar la dificultad que eso conlleve, aún así no estoy dispuesto a vivir bajo el reino de Satanás, ni tampoco estoy dispuesto a sufrir el engaño de Satanás. Me gozo de vivir en medio de Tus maldiciones, y me duele vivir en medio de las bendiciones de Satanás. Te amo porque vivo en medio de Tu juicio y esto me produce gran gozo. Tu castigo y Tu juicio son justos y santos; son con el fin de limpiarme y, más aún, de salvarme. Preferiría pasar toda mi vida en medio de Tu castigo para estar bajo Tu cuidado. No estoy dispuesto a vivir bajo el dominio de Satanás ni por un solo momento; quiero que me limpies, y sufrir dificultades, y no estoy dispuesto a que Satanás me explote y me engañe. A mí, esta criatura, Tú la debes usar, poseer, juzgar y castigar. Hasta me debes maldecir. Mi corazón se goza cuando estás dispuesto a bendecirme, porque he visto Tu amor. Tú eres el Creador y yo soy una criatura: no debo traicionarte y vivir bajo el dominio de Satanás, ni tampoco Satanás me debe explotar. Debo ser tu caballo, o buey, en vez de vivir para Satanás. Preferiría vivir en medio de Tu castigo, sin dicha física, y esto me daría gozo incluso si se me privara de Tu gracia. Aunque Tu gracia no esté conmigo, gozo que Tú me castigues y me juzgues; esta es Tu mejor bendición, Tu mayor gracia. Aunque siempre eres majestuoso y siempre estás lleno de ira hacia mí, sigo sin poder dejarte, y sigo sin poder amarte lo suficiente. Preferiría vivir en Tu casa, preferiría ser maldecido, castigado y golpeado por ti, pues que no estoy dispuesto a vivir bajo el dominio de Satanás, ni tampoco estoy dispuesto a apurarme ni a ajetrearme sólo por la carne, mucho menos estoy dispuesto a vivir para la carne”. El amor de Pedro era un amor puro. Esta es la experiencia de ser perfeccionado, y esta es la esfera más elevada de ser perfeccionado, y no hay una vida que tenga más sentido. Aceptó el castigo y el juicio de Dios, atesoró el justo carácter de Dios, y ninguna otra cosa de Pedro era más preciosa. Él dijo, “Satanás me da placeres materiales, pero no los atesoro. El juicio y el castigo de Dios vienen sobre mí, en esto soy honrado, en esto encuentro gozo, y en esto soy bendecido. Si no fuera por el juicio de Dios, nunca amaría a Dios; todavía viviría bajo el dominio de Satanás, y todavía me controlaría y me mandaría. Si ese fuera el caso, nunca me haría un verdadero ser humano, puesto que sería incapaz de satisfacer a Dios, y no le habría dedicado mi todo a Dios. Aunque Dios no me bendijera, dejándome sin consuelo por dentro, como si un fuego me estuviera quemando por dentro, y me dejara sin paz o gozo, y aunque el castigo y la disciplina de Dios nunca se apartaran de mí, en el castigo y el juicio de Dios puedo contemplar Su justo carácter. Me deleito en esto; no hay cosa más valiosa o que tenga tanto sentido en la vida. Aunque Su protección y cuidado se hayan vuelto castigos, juicios, maldiciones y golpizas despiadadas, todavía me gozo en estas cosas porque me pueden limpiar mejor, me pueden cambiar, me pueden acercar más a Dios, me pueden capacitar más para amar a Dios, y pueden hacer que mi amor por Dios sea más puro. Esto me capacita para cumplir mi deber como criatura, y me lleva ante Dios y lejos de la influencia de Satanás, para que ya no sirva a Satanás. Cuando no vivo bajo el dominio de Satanás, y puedo dedicar todo lo que tengo y todo lo que puedo hacer a Dios, sin retener nada, ahí será cuando esté completamente satisfecho. Lo que me ha salvado es el castigo y el juicio de Dios, y mi vida es inseparable del castigo y del juicio de Dios. Mi vida en la tierra está bajo el dominio de Satanás, y si no fuera por el cuidado y la protección del castigo y el juicio de Dios, siempre habría vivido bajo el dominio de Satanás y, todavía más, no hubiera tenido la oportunidad o los medios para vivir una vida que tuviera sentido. Sólo si el castigo y el juicio de Dios nunca me dejan, Dios me podrá limpiar. Sólo con las palabras duras y el justo carácter de Dios, y el majestuoso juicio de Dios, he obtenido la protección suprema, y he vivido en la luz, y he obtenido las bendiciones de Dios. Poder ser limpiado, y librarme de Satanás, y vivir bajo el dominio de Dios, esta es la mayor bendición de mi vida hoy”. Esta es la más alta esfera que Pedro experimentó.

    Tales son las condiciones que el hombre debe alcanzar antes de ser perfeccionado. Si no puedes lograr todo esto, entonces no puedes vivir una vida que tenga sentido. El hombre vive en medio de la carne, lo que quiere decir que vive en un infierno humano, y sin el juicio y el castigo de Dios, el hombre es tan inmundo como Satanás. ¿Cómo puede el hombre ser santo? Pedro creía que el castigo y el juicio de Dios eran la mejor protección del hombre y la mayor gracia. Sólo a través del castigo y el juicio de Dios el hombre podía ser despertado, y odiar la carne y odiar a Satanás. La disciplina estricta de Dios libera al hombre de la influencia de Satanás; lo libera de su propio y pequeño mundo, y le permite vivir a la luz de la presencia de Dios. ¡No hay mejor salvación que el castigo y el juicio! Pedro oró, “¡Oh Dios! Siempre que me castigues y me juzgues, sabré que no me has abandonado. Aunque no me des gozo y paz, y me hagas vivir en sufrimiento, y me inflijas castigos sin número, mientras que no me dejes mi corazón estará tranquilo. Hoy, Tu castigo y juicio se han vuelto mi mejor protección y mi mayor bendición. La gracia que me das me protege. La gracia que me otorgas hoy es una manifestación de Tu justo carácter, y es castigo y juicio; más aún, es una prueba y, más que eso, es una vida de sufrimiento”. Pedro pudo hacer a un lado los placeres de la carne y buscar un amor más profundo y una protección mayor debido a que había ganado del castigo y del juicio de Dios gracia en demasía. En su vida, si el hombre quiere ser limpiado y lograr cambios en su carácter, si quiere vivir una vida que tenga sentido y cumplir su deber como criatura, entonces debe aceptar el castigo y el juicio de Dios, y no debe dejar que se aparten de él la disciplina de Dios ni los golpes de Dios, para que se pueda liberar de la manipulación y la influencia de Satanás, y pueda vivir en la luz de Dios. Sabe que el castigo y el juicio de Dios son la luz, y la luz de la salvación del hombre, y que no hay mejor bendición, gracia o protección para el hombre. El hombre vive bajo la influencia de Satanás, y existe en la carne; si no es limpiado y no recibe la protección de Dios, entonces el hombre se hará cada vez más depravado. Si quiere amar a Dios, entonces debe ser limpiado y salvado. Pedro oró, “Dios, cuando me tratas benignamente me deleito y siento consuelo; cuando me castigas, siento mayor consuelo y gozo. Aunque soy débil y soporto un sufrimiento incalculable, aunque hay lágrimas y tristeza, sabes que esta tristeza se debe a mi desobediencia y a mi debilidad. Lloro porque no puedo satisfacer Tus deseos, siento pena y dolor porque soy insuficiente para Tus exigencias, pero estoy dispuesto a alcanzar esta esfera; estoy dispuesto a hacer todo lo que pueda para satisfacerte. Tu castigo me ha traído protección y me ha dado la mejor salvación; Tu juicio eclipsa Tu tolerancia y paciencia. Sin Tu castigo y juicio, no gozaría de Tu misericordia y piedad amorosa. Hoy veo cada vez más que Tu amor ha trascendido los cielos y lo ha superado todo. Tu amor no sólo es misericordia y piedad amorosa; es más que eso, es castigo y juicio. Tu castigo y juicio me han dado tanto. Sin Tu castigo y juicio, ni una sola persona sería limpiada, y ni una sola persona podría experimentar el amor del Creador. Aunque he soportado cientos de pruebas y tribulaciones y me he acercado más a la muerte, tal sufrimiento[a] me ha permitido conocerte realmente y obtener la salvación suprema. Si Tu castigo, juicio y disciplina se apartaran de mí, entonces viviría en la oscuridad, bajo el ámbito de Satanás. ¿Qué beneficios tiene la carne del hombre? Si Tu castigo y juicio me dejaran, sería como si Tu Espíritu me hubiera abandonado, como si ya no estuvieras conmigo. Si eso fuera así, ¿cómo podría seguir viviendo? Si me enfermas y me quitas mi libertad, puedo seguir viviendo, pero si Tu castigo y juicio me dejaran, no tendría manera de seguir viviendo. Si estuviera sin Tu castigo y juicio, habría perdido Tu amor, un amor que es demasiado profundo para que lo exprese con palabras. Sin Tu amor viviría bajo el dominio de Satanás y no podría ver Tu glorioso rostro. ¿Cómo decir que yo podría seguir viviendo? Tal oscuridad, tal vida, no la podría soportar. Tenerte conmigo es como verte, así que, ¿cómo podría dejarte? Te suplico, te imploro que no me quitas mi mayor consuelo, incluso si sólo son unas pocas palabras de tranquilidad. He gozado Tu amor y hoy no puedo estar lejos de Ti; ¿cómo decir que no podría amarte? He derramado mis lágrimas de tristeza por Tu amor, pero siempre he sentido que una vida como esta tiene más sentido, que puede enriquecerme más, que puede cambiarme más, y que puede permitirme más alcanzar la verdad que todas las criaturas deben poseer”.

    Toda la vida del hombre se vive bajo el dominio de Satanás, y no hay ni una sola persona que por su cuenta se pueda liberar de la influencia de Satanás. Todas viven en un mundo asqueroso, en corrupción y vacío, sin el menor sentido o valor; viven unas vidas tan despreocupadas para la carne, para la lujuria y para Satanás. No le dan a su existencia el más mínimo valor. El hombre es incapaz de encontrar la verdad que lo libere de la influencia de Satanás. Aunque el hombre crea en Dios y lea la Biblia, no entiende cómo liberarse del control de la influencia de Satanás. A través de las edades, muy pocas personas han descubierto este secreto, y muy pocas han hecho referencia a él. Como tal, aunque el hombre detesta a Satanás y detesta la carne, no sabe cómo deshacerse de la influencia intrigante de Satanás. En la actualidad, ¿no estáis todavía bajo el dominio de Satanás? No te lamentas de tus actos desobedientes, mucho menos sientes que eres sucio o desobediente. Después de oponerte a Dios, hasta tienes paz en tu conciencia y sientes una gran tranquilidad. ¿No es tu tranquilidad porque eres corrupto? ¿No proviene esta paz en tu conciencia de tu desobediencia? El hombre vive en un infierno humano; vive bajo la oscura influencia de Satanás; por todo el país los fantasmas viven con el hombre, invadiendo la carne del hombre. En la tierra no vives en un hermoso paraíso. El lugar en el que estás es la esfera del diablo, un infierno humano, un inframundo. Si el hombre no es limpiado, entonces es de la inmundicia; si Dios no lo protege y lo cuida, entonces todavía es un cautivo de Satanás; si no es juzgado y castigado, entonces no tendrá los medios para escapar de la opresión de la oscura influencia de Satanás. El carácter corrupto que manifiestas, y el comportamiento desobediente que vives, son suficientes para probar que todavía estás viviendo bajo el dominio de Satanás. Si tu mente y tus pensamientos no han sido limpiados, y tu carácter no ha sido juzgado y castigado, entonces a todo tu ser todavía lo controla el ámbito de Satanás, tu mente la controla Satanás, tus pensamientos los manipula Satanás, y todo tu ser lo controlan las manos de Satanás. ¿Sabes qué tan lejos estás ahora de los estándares de Pedro? ¿Eres de calibre? ¿Qué tanto sabes del castigo y del juicio en la actualidad? ¿Qué tanto posees de eso que Pedro llegó a saber? Si hoy no sabes, ¿podrás lograr este conocimiento en el futuro? Alguien tan flojo y tan cobarde como tú, sencillamente es incapaz de conocer el castigo y el juicio de Dios. Si buscas la paz de la carne y los placeres de la carne, entonces no tendrás los medios para ser limpiado, y al final regresarás a Satanás, porque lo que vives es Satanás y la carne. Como las cosas están hoy, muchas personas no buscan la vida, lo que quiere decir que no se preocupan por ser limpiadas o por entrar en una experiencia de vida más profunda. Y entonces, ¿cómo pueden ser perfeccionadas? Los que no buscan la vida no tienen oportunidad de ser perfeccionados, y los que no buscan el conocimiento de Dios y no buscan los cambios en su carácter, son incapaces de escapar de la oscura influencia de Satanás. Con relación a su conocimiento de Dios y su entrada en los cambios en su carácter, no existe seriedad acerca de ellos, como los que sólo creen en la religión y que meramente siguen la ceremonia en su adoración. ¿No es eso una pérdida de tiempo? Si, en su creencia en Dios, el hombre no es serio acerca de los asuntos de la vida, no busca la entrada a la verdad, no busca los cambios en su carácter, y mucho menos busca tener un conocimiento de la obra de Dios, entonces no puede ser perfeccionado. Si tú quieres ser perfeccionado, debes entender el significado de la obra de Dios. En particular, debes entender el significado de Su castigo y juicio, y porqué se cumplen en el hombre. ¿Los puedes aceptar? Durante el castigo de este tipo, ¿puedes alcanzar las mismas experiencias y conocimiento que Pedro? Si buscas tener un conocimiento de Dios y de la obra del Espíritu Santo, y buscas cambios en tu carácter, entonces tienes la oportunidad de ser perfeccionado. Para los que van a ser perfeccionados, es indispensable este paso de la obra de ser conquistados; sólo cuando el hombre ha sido conquistado puede experimentar la obra de ser perfeccionado. No hay gran valor en sólo desempeñar el papel de ser conquistado, ya que no te hará apto para que Dios te use. No vas a tener los medios para jugar tu parte de esparcir el evangelio porque no buscas la vida, y no buscas los cambios y la renovación de ti mismo, y por eso no tienes una experiencia actual de vida. Durante esta obra paso a paso, hubo una vez que actuaste como un hacedor de servicio, y como un complemento, pero si últimamente no buscas ser Pedro, y tu búsqueda no es de acuerdo al camino por el cual Pedro fue perfeccionado, entonces, naturalmente, no experimentarás cambios en tu carácter. Si eres alguien que buscas ser perfeccionado, entonces habrás dado testimonio, y dirás: “En esta obra paso a paso de Dios, he aceptado la obra de Dios del castigo y el juicio, y aunque he soportado gran sufrimiento, he llegado a conocer cómo Dios me perfecciona, he obtenido la obra que Dios hace, he adquirido el conocimiento de la justicia de Dios, y Su castigo me ha salvado. Su justo carácter ha venido sobre mí, y me ha traído bendiciones y gracia, y Su juicio y castigo me han protegido y purificado. Si Dios no me hubiera castigado y juzgado, y si las palabras duras de Dios no hubieran venido sobre mí, no hubiera llegado a conocer a Dios ni tampoco hubiera sido salvado. Hoy veo que, como criatura, no sólo uno se goza de todas las cosas que el Creador hizo, sino que, lo más importante, todas las criaturas deben gozar el justo carácter de Dios, y gozar Su justo juicio, porque el carácter de Dios es digno de que el hombre lo goce. Como una criatura a la que Satanás ha corrompido, uno debe gozar el justo carácter de Dios. En Su justo carácter hay castigo y juicio y, lo que es más, hay mucho amor. Aunque soy incapaz de obtener completamente el amor de Dios hoy, he tenido la buena fortuna de verlo, y en esto he sido bendecido”. Esta es la senda que caminan los que experimentan ser perfeccionados, y el conocimiento del que hablan. Tales personas son las mismas que Pedro; tienen las mismas experiencias que Pedro. Tales personas son también las que han ganado la vida, y las que poseen la verdad. Si el hombre experimenta hasta el final, durante el juicio de Dios se librará, de una manera inevitable y completa, de la influencia de Satanás, y Dios lo ganará.

    Después de que han sido conquistadas, las personas no tienen un testimonio rotundo. Sólo han avergonzado a Satanás, pero no han vivido la realidad de las palabras de Dios. No has ganado la segunda salvación; sólo has ganado una ofrenda por el pecado, pero no has sido perfeccionado, y qué gran pérdida es esto. Vosotros debéis entender a qué debéis entrar, y qué debéis vivir, y debéis entrar en ellos. Si al final no logras ser perfeccionado, entonces no serás un verdadero ser humano y estarás lleno de pesar. Adán y Eva, a quienes Dios creó en el principio, eran personas santas, es decir, que mientras estuvieron en el jardín del Edén fueron santos; no estaban manchados con la inmundicia. También eran fieles a Jehová, y no sabían nada de la traición a Jehová. Esto era así porque no tenían la perturbación de la influencia de Satanás; no tenían el veneno de Satanás, y eran los más puros de toda la humanidad. Vivían en el jardín del Edén, sin mancha alguna de inmundicia, sin estar poseídos por la carne, viviendo en reverencia a Jehová. Después, cuando Satanás los tentó, tuvieron el veneno de la serpiente y el deseo de traicionar a Jehová, y vivieron bajo la influencia de Satanás. Al principio, eran santos y reverenciaban a Jehová; sólo así eran humanos. Más tarde, después que Satanás los tentó, comieron el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, y vivieron bajo la influencia de Satanás. Poco a poco Satanás los corrompió, y perdieron la imagen original del hombre. Al principio, el hombre tenía el aliento de Jehová, y no era en lo más mínimo desobediente, y no tenía maldad en su corazón. En ese tiempo, el hombre era verdaderamente humano. Después de que Satanás lo corrompió, el hombre se volvió una bestia: sus pensamientos se llenaron con el mal y la inmundicia, sin el bien o la santidad. ¿No es esto Satanás? Has experimentado mucho de la obra de Dios, pero no has cambiado o no has sido limpiado. Todavía vives bajo el dominio de Satanás, y todavía no te sometes a Dios. Así es alguien que ha sido conquistado pero que no ha sido perfeccionado. ¿Y por qué se dice que tal persona no ha sido perfeccionada? Porque esta persona no busca la vida o un conocimiento de la obra de Dios, y nada codicia más que los placeres de la carne y un consuelo momentáneo. Como resultado, no hay cambios en su carácter de vida, y no ha vuelto a obtener su apariencia original de hombre como Dios lo creó. ¡Tales personas son los cadáveres vivientes, son los muertos que no tienen espíritu! Los que no buscan tener un conocimiento de los asuntos del espíritu, que no buscan la santidad y que no buscan vivir la verdad, que están contentos sólo con ser conquistados en el lado negativo, que no son capaces de vivir y manifestar la verdad y hacerse parte del pueblo santo, ellos son personas que no han sido salvadas. Porque si no tiene la verdad, el hombre es incapaz de mantenerse firme durante las pruebas de Dios; sólo los que pueden mantenerse firmes durante las pruebas de Dios, son los que han sido salvados. Lo que quiero son personas como Pedro, personas que buscan ser perfeccionadas. La verdad hoy se les da a los que la anhelan y la buscan. Esta salvación se les otorga a los que anhelan que Dios los salve, y no sólo está destinada a que vosotros la adquiráis, sino que también es para que Dios os pueda ganar. Ganas a Dios con el fin de que Dios te pueda ganar. Hoy te he hablado estas palabras y tú las has escuchado y debes practicar de acuerdo a estas palabras. Al final, cuando pongas en práctica estas palabras, será cuando Yo te haya ganado por medio de estas palabras; al mismo tiempo, tú también habrás ganado estas palabras, es decir, habrás ganado esta salvación suprema. Una vez que hayas sido limpiado, serás un verdadero ser humano. Si no eres capaz de vivir la verdad, o de vivir la semejanza de uno que ha sido perfeccionado, entonces se puede decir que no eres un humano; eres como un cadáver viviente, una bestia, porque no tienes la verdad, ¡lo que quiere decir que estás sin el aliento de Jehová, y por eso eres una persona muerta que no tiene espíritu! Aunque es posible dar testimonio después de haber sido conquistado, lo que ganas es sólo una pequeña salvación, y no te has vuelto un ser viviente que posee un espíritu. Aunque has experimentado el castigo y el juicio, tu carácter no se ha renovado ni cambiado como resultado; sigues siendo tu antiguo yo, todavía le perteneces a Satanás, y no eres alguien que ha sido limpiado. Sólo los que han sido perfeccionados son de valor, y sólo personas como estas han ganado una verdadera vida. Un día alguien te dirá, “Tú has experimentado la obra de Dios, así que habla un poco acerca de cómo es Su obra. David experimentó la obra de Dios, y contempló los hechos de Jehová; Moisés también contempló los hechos de Jehová, y los dos pudieron describir los hechos de Jehová, y pudieron hablar de las maravillas de Jehová. Vosotros habéis contemplado la obra que hizo Dios encarnado; ¿puedes hablar de Su sabiduría? ¿Puedes hablar de lo maravilloso de Su obra? ¿Qué demandas os hizo Dios y cómo las experimentasteis? Habéis experimentado la obra de Dios durante los últimos días, ¿cuál es vuestra mayor visión? ¿Podéis hablar de esto? ¿Podéis hablar del justo carácter de Dios?” ¿Cómo contestarás cuando te enfrentes con estas preguntas? Si puedes decir, “Dios es justo, Él nos castiga y nos juzga, y nos expone implacablemente. El justo carácter de Dios realmente no tolera la ofensa del hombre. Después de experimentar la obra de Dios, he llegado a conocer nuestra propia bestialidad, y he realmente contemplado el justo carácter de Dios”, entonces la otra persona seguirá preguntándote, “¿Qué más sabes de Dios? ¿Cómo entra uno a la vida? ¿Tienes algunas aspiraciones personales?” Y puede que le contestes, “Después de que Satanás las corrompiera, las criaturas de Dios se volvieron bestias y no eran diferentes de los burros. Hoy vivo en las manos de Dios, así que debo satisfacer los deseos del Creador y obedecer lo que Él enseñe. No tengo otra opción”. Pero si sólo hablas con estas generalidades, esa persona no entenderá lo que estás diciendo. Cuando te preguntan qué conocimiento tienes de la obra de Dios, se están refiriendo a tus experiencias personales. Te están inquiriendo qué conocimiento tienes del castigo y el juicio de Dios después de experimentarlo, y con esto se están refiriendo a tus experiencias personales, y pidiéndote que hables de tu conocimiento de la verdad. Si no puedes hablar de esas cosas, esto prueba que no sabes nada de la obra en la actualidad. Tú siempre hablas palabras que son plausibles o que se conocen universalmente; no tienes experiencias específicas, mucho menos hay esencia en tu conocimiento y no tienes testimonios verdaderos, así que no convences a los demás. No seas un seguidor pasivo de Dios, y no busques lo que es curioso. Al no ser ni frío ni caliente, tú mismo te castigarás y retrasarás tu vida. Te debes deshacer de esa pasividad e inactividad, y volverte adepto de buscar las cosas positivas, y vencer tu propia debilidad para que puedas ganar la verdad y vivir la verdad. No hay nada temible en tu debilidad, y tus deficiencias no son tu mayor problema. Tu mayor problema y tu mayor deficiencia son que no eres ni caliente ni frío, y tu falta de deseo por buscar la verdad. El mayor problema con todos vosotros es una mentalidad cobarde por la cual estáis felices con las cosas como están y esperáis pasivamente. Este es vuestro mayor obstáculo, y el mayor enemigo en vuestra búsqueda de la verdad. Si obedeces sólo porque las palabras que Yo hablo son tan profundas, entonces realmente no posees el conocimiento ni atesoras la verdad. Una obediencia como la tuya no cuenta como testimonio, y Yo no apruebo tal obediencia. Alguien puede preguntarte, “¿De dónde exactamente viene tu Dios? ¿Cuál es la esencia de este Dios tuyo?” Tú contestarás, “Su esencia es el castigo y el juicio”. “¿No es Dios compasivo y am

    oroso con el hombre? ¿Sabes esto?” Tú dirás, “Ese es el Dios de los demás. Es el Dios en el que las personas de la religión creen; no es nuestro Dios”. Cuando personas como tú esparcen el evangelio, distorsionas el camino verdadero, ¿y para qué sirves? ¿Cómo pueden los demás obtener de ti el verdadero camino? No tienes la verdad y no puedes hablar nada de la verdad, ni menos aún puedes vivir la verdad. ¿Qué te califica para vivir delante de Dios? Cuando esparces el evangelio a los demás, y cuando hablas de la verdad y das testimonio de Dios, si no eres capaz de ganarlos, ellos refutarán tus palabras. ¿No eres un desperdicio de espacio? Has experimentado tanto de la obra de Dios, pero cuando hablas de la verdad no eres coherente. ¿Acaso no eres un inútil? ¿Para qué sirves? ¿Cómo podéis haber experimentado tanto de la obra de Dios, pero sin tener el más mínimo conocimiento de Él? Cuando preguntan qué conocimiento real tienes de Dios, no puedes pensar en algo qué decir o contestas con algo irrelevante, diciendo que Dios es poderoso, que las grandes bendiciones que has recibido son verdaderamente la exaltación de Dios, y que no hay mayor privilegio que poder contemplar a Dios en persona. ¿Qué valor hay en decir esto? ¡Son palabras inútiles y vacías! Habiendo experimentado tanto de la obra de Dios, ¿sólo sabes que la exaltación de Dios es la verdad? Debes conocer la obra de Dios, y sólo entonces darás un verdadero testimonio de Dios. ¿Cómo pueden los que no han obtenido la verdad dar testimonio de Dios?

    Si tanta obra y tantas palabras no han tenido efecto en ti, entonces cuando llegue el tiempo de esparcir la obra de Dios no vas a poder desempeñar tu deber, y vas a ser avergonzado y humillado. En ese momento vas a sentir que le debes tanto a Dios, y que tu conocimiento de Dios es tan superficial. Si no buscas el conocimiento de Dios hoy, mientras Él está obrando, entonces después será demasiado tarde. Al final no tendrás ningún conocimiento del que hablar, te quedarás vacío, sin nada. ¿Qué, entonces, usarás para dar cuenta a Dios? ¿Tienes las agallas para mirar a Dios? Debes trabajar duro en tu búsqueda justo ahora, para que al final, como Pedro, sepas cuán benéfico es el castigo y el juicio de Dios para el hombre, y que sin Su castigo y juicio el hombre no puede ser salvado, y que sólo se puede hundir cada vez más profundo en esta tierra mugrienta, cada vez más profundo en el lodo. Satanás ha corrompido a los hombres, ellos han conspirado uno contra el otro, han hecho caso omiso uno del otro, han perdido su temor de Dios y su desobediencia es demasiado grande, sus nociones son demasiadas, y todos le pertenecen a Satanás. Sin el castigo y el juicio de Dios, el carácter corrupto del hombre no se puede limpiar, y no puede ser salvado. Lo que expresa la obra en la carne de Dios encarnado es precisamente aquello que expresa el Espíritu, y la obra que hace la lleva a cabo de acuerdo a aquello que el Espíritu hace. En la actualidad, si no tienes conocimiento de esta obra, ¡entonces eres demasiado necio y has perdido demasiado! Si no has obtenido la salvación de Dios, entonces tu creencia es una fe religiosa, y eres un cristiano que es de la religión. Porque te aferras a la doctrina muerta, has perdido la nueva obra del Espíritu Santo; los demás, que buscan el amor de Dios, pueden adquirir la verdad y la vida, mientras que tu fe es incapaz de ganar la aprobación de Dios. Antes bien, te has vuelto un hacedor de maldad, alguien que comete actos ruines y odiosos; te has vuelto el blanco de los chistes de Satanás y un cautivo de Satanás. El hombre no debe creer en Dios, sino que el hombre lo debe amar, buscar y adorar. Si no buscas hoy, entonces llegará el día en que digas, “Si sólo hubiera seguido a Dios correctamente, y lo hubiera satisfecho correctamente. Si sólo hubiera buscado los cambios en el carácter de mi vida. Cómo lamento no haber sido capaz de someterme a Dios en ese tiempo, y no buscar el conocimiento de la palabra de Dios. Dios dijo tanto en aquel momento; ¿cómo no busqué? ¡Fui tan estúpido!” Te vas a odiar hasta cierto punto. Hoy, no crees las palabras que digo ni les pones atención; cuando el día venga para que esta obra se esparza, y veas la totalidad de ella, lo vas a lamentar, y en ese momento te vas a quedar boquiabierto. Existen bendiciones, pero no sabes cómo disfrutarlas; y existe la verdad, pero no la buscas. ¿No atraes menosprecio sobre ti? En la actualidad, aunque el siguiente paso de la obra de Dios todavía está por comenzar, no hay nada excepcional acerca de las demandas que se te hacen y lo que se te pide vivir. Hay tanta obra y tantas verdades; ¿no son dignas de que las conozcas? ¿Son el juicio y el castigo de Dios incapaces de despertar tu espíritu? ¿Son el castigo y el juicio de Dios incapaces de hacer que te odies? ¿Estás contento de vivir bajo la influencia de Satanás, con paz y gozo y un poco de comodidad carnal? ¿No eres la más vil de todas las personas? Nadie es más necio que los que han contemplado la salvación, pero no buscan ganarla: son personas que se atiborran de la carne y gozan a Satanás. Esperas que tu fe en Dios no acarree ningún reto o tribulación o la más mínima dificultad. Siempre buscas aquellas cosas que no tienen valor, y no le fijas ningún valor a la vida, poniendo en cambio tus propios pensamientos extravagantes antes que la verdad. ¡Eres tan despreciable! Vives como un cerdo, ¿qué diferencia hay entre ti y los cerdos y los perros? ¿No son todos los que no buscan la verdad, y en cambio aman la carne, unas bestias? ¿No son todos esos muertos sin espíritus los cadáveres vivientes? ¿Cuántas palabras habéis hablado entre vosotros? ¿Se habrá hecho sólo poco de obra entre vosotros? ¿Cuánto he provisto entre vosotros? ¿Y por qué no lo has obtenido? ¿De qué tienes que quejarte? ¿No es el caso de que no has obtenido nada porque estás demasiado enamorado de la carne? ¿Y no es porque tus pensamientos son muy extravagantes? ¿No es porque eres muy estúpido? Si no puedes obtener estas bendiciones, ¿puedes culpar a Dios por no salvarte? Lo que buscas es poder ganar la paz después de creer en Dios, que tus hijos no se enfermen, que tu esposo tenga un buen trabajo, que tu hijo encuentre una buena esposa, que tu hija encuentre un esposo decente, que tu buey y tus caballos aren bien la tierra, que tengas un año de buen clima para tus cosechas. Esto es lo que buscas. Tu búsqueda es sólo para vivir en la comodidad, para que a tu familia no le sucedan accidentes, para que los vientos te pasen de largo, para que el polvillo no toque tu cara, para que las cosechas de tu familia no se inunden, para que no te afecte ningún desastre, para vivir en el abrazo de Dios, para vivir en un nido acogedor. Un cobarde como tú, que siempre busca la carne, ¿tienes corazón, tienes espíritu? ¿No eres una bestia? Yo te doy el camino verdadero sin pedirte nada a cambio, pero no buscas. ¿Eres uno de los que creen en Dios? Te otorgo la vida humana real, pero no la buscas. ¿Es que no puedes ser diferente a un cerdo o a un perro? Los cerdos no buscan la vida del hombre, no buscan ser limpiados y no entienden lo que es la vida. Cada día, después de hartarse de comer, simplemente se duermen. Te he dado el camino verdadero, pero no lo has obtenido: tienes las manos vacías. ¿Estás dispuesto a seguir en esta vida la vida de un cerdo? ¿Qué significado tiene la vida de tales personas? Tu vida es despreciable y vil, vives en medio de la inmundicia y el libertinaje y no persigues ninguna meta; ¿no es tu vida la más innoble de todas? ¿Tienes las agallas para mirar a Dios? Si sigues teniendo esa clase de experiencia ¿vas a conseguir algo? El camino verdadero se te ha dado, pero que al final puedas o no ganarlo depende de tu propia búsqueda personal. La gente dice que Dios es un Dios justo, y en tanto que el hombre lo siga hasta el final, Él seguramente será imparcial hacia el hombre porque Él es muy justo. Si un hombre lo sigue hasta el final, ¿lo podría desechar? Soy imparcial con todos los hombres, y juzgo a todos los hombres con Mi justo carácter, sin embargo, hay condiciones adecuadas para las exigencias que le hago al hombre, y lo que Yo exijo todos los hombres lo deben cumplir, sin importar quiénes sean. No me importa qué tan amplias o venerables sean tus aptitudes; sólo me importa si caminas en Mi camino y si tienes o no amor y sed por la verdad. Si careces de la verdad y más bien traes vergüenza sobre Mi nombre, y no actúas de acuerdo a Mi camino, y sólo lo sigues sin cuidado o interés, entonces en ese momento te voy a derribar y te voy a castigar por tu maldad y ¿qué tendrás que decir entonces? ¿Podrás decir que Dios no es justo? Hoy, si has cumplido con las palabras que he hablado, entonces eres la clase de persona que apruebo. Dices que siempre has sufrido mientras sigues a Dios, que lo has seguido contra viento y marea, y que has compartido con Él los buenos y los malos tiempos, pero no has vivido las palabras que Dios habló; sólo quieres ir de un lado a otro detrás de Dios todos los días, y nunca has pensado vivir una vida que tenga sentido. Dices que, en cualquier caso, crees que Dios es justo: has sufrido por Él, has ido de un lado a otro por Él, y te has dedicado a Él y has trabajado duro a pesar de no recibir ningún reconocimiento; seguro se debe acordar de ti. Es verdad que Dios es justo, pero Su justicia no está manchada con ninguna impureza: no contiene voluntad humana, y no está manchada por la carne o por las transacciones humanas. Todos los que son rebeldes y están en oposición, y no están en conformidad con Su camino, serán castigados; ¡ninguno será perdonado y ninguno será salvado! Algunas personas dicen, “Hoy voy de aquí para allá por Ti; cuando llegue el fin, ¿me puedes dar una pequeña bendición?” Así que te pregunto, “¿Has cumplido Mis palabras?” La justicia de la que hablas se basa en una transacción. Tú sólo piensas que Yo soy justo e imparcial con todos los hombres, y que todos los que me siguen hasta el final están seguros de ser salvos y ganar Mis bendiciones. Hay un significado interno en Mis palabras de que “todos los que me siguen hasta el final están seguros de ser salvos”: los que me siguen hasta el final son a los que Yo ganaré íntegramente; son los que, después de que los haya conquistado, buscan la verdad y son perfeccionados. ¿Qué condiciones has alcanzado? Sólo has conseguido seguirme hasta el final, pero ¿qué más? ¿Has cumplido Mis palabras? Has alcanzado uno de Mis cinco requisitos, pero no tienes la intención de cumplir los cuatro restantes. Sencillamente has encontrado el camino más sencillo y fácil, y lo has seguido pensando que eres afortunado. Hacia una persona como tú, Mi justo carácter es uno de castigo y juicio, es una de retribución justa, y es el castigo justo de todos los hacedores de maldad; todos los que no caminan en Mi camino con toda seguridad van a ser castigados, incluso si siguen hasta el final. Esta es la justicia de Dios. Cuando este justo carácter se exprese en el castigo del hombre, el hombre se quedará boquiabierto y lamentará que, mientras seguía a Dios, no caminó en Su camino. En ese momento sólo sufrió un poco mientras seguía a Dios, pero no caminó en el camino de Dios. ¿Qué excusas hay? ¡No hay opción sino la de ser castigado! Pero en su mente está pensando, “De todos modos, he seguido hasta el final, por lo que incluso si me castigas, no puede ser un castigo demasiado severo, y después de imponer este castigo todavía me vas a querer. Sé que Tú eres justo, y que no me vas a tratar de esa manera para siempre. Después de todo, no soy como los que van a ser exterminados; los que son exterminados recibirán un fuerte castigo, mientras que mi castigo será más leve”. El justo carácter de Dios no es como dices. No es el caso de que los que son buenos para confesar sus pecados son tratados con indulgencia. La justicia es santidad, y es un carácter que no tolera que el hombre ofenda, y todo lo que es inmundicia y que no ha cambiado, es el blanco de la indignación de Dios. El justo carácter de Dios no es una ley sino un decreto administrativo: es un decreto administrativo dentro del reino, y este decreto administrativo es el castigo justo para cualquiera que no posee la verdad y no ha cambiado, y no hay margen para la salvación. Porque cuando cada uno sea clasificado de acuerdo a su especie, los buenos serán recompensados y los malos serán castigados. Es cuando el destino del hombre se aclarará; es el momento en que la obra de salvación llegará a su fin; la obra de salvar al hombre ya no se hará y la retribución vendrá sobre todos los que hicieron el mal. Algunas personas dicen, “Dios recuerda a cada uno de los que a menudo están de Su lado. Yo soy uno de esos hermanos y hermanas, y Dios no podría olvidarnos a ninguno de nosotros. Dios nos ha garantizado ser perfeccionados. Él no recordará a ninguno de los que están debajo de nosotros; a los que entre ellos serán perfeccionados se les garantiza ser menos que nosotros, que con frecuencia nos encontramos con Dios; entre nosotros a ninguno Dios lo ha olvidado; a todos Dios nos ha aprobado, y Dios nos ha garantizado ser perfeccionados”. Todos vosotros tenéis tales nociones; ¿es esto justicia? ¿Has puesto en práctica la verdad o no? En realidad, difundes rumores como estos, ¡no tienes vergüenza!

    En la actualidad algunas personas buscan que Dios las use, pero después de ser conquistadas no se les puede usar de un modo directo. En cuanto a las palabras que se hablaron hoy, si, cuando Dios usa a las personas, todavía no eres capaz de alcanzarlas, entonces no has sido perfeccionado. En otras palabras, la llegada del fin del periodo cuando el hombre sea perfeccionado determinará si Dios elimina o usa al hombre. Los que han sido conquistados no son nada más que ejemplos de pasividad y negatividad; son especímenes y modelos, pero no son nada más que un contrapunto. Sólo cuando el hombre tenga vida, y haya cambiado su carácter y haya logrado los cambios por dentro y por fuera, habrá sido perfeccionado por completo. Hoy, ¿qué quieres, ser conquistado o ser perfeccionado? ¿Cuál quieres lograr? ¿Cuántas de las condiciones para ser perfeccionado has cumplido? ¿Cuáles no has cumplido? ¿Cómo debes equiparte y cómo debes compensar tus deficiencias? ¿Cómo debes entrar en el camino para ser perfeccionado? ¿Cómo te debes someter por completo? Pediste ser perfeccionado, así que, ¿buscas la santidad? ¿Buscas el castigo y el juicio para que Dios te pueda proteger? Buscas ser limpiado, así que, ¿estás dispuesto a aceptar el castigo y el juicio? Pides conocer a Dios, pero, ¿tienes un conocimiento de Su castigo y de Su juicio? Hoy, la mayor parte de la obra que Él hace en ti es castigo y juicio; ¿qué conocimiento tienes de esta obra que se ha llevado a cabo en ti? ¿Te han limpiado el castigo y el juicio que has experimentado? ¿Te han cambiado? ¿Han tenido algún efecto en ti? ¿Estás muy cansado de tanta obra hoy, maldiciones, juicios y revelaciones, o crees que son de gran beneficio para ti? Amas a Dios, pero, ¿debido a qué lo amas? ¿Amas a Dios porque has recibido sólo un poco de gracia, o amas a Dios después de haber obtenido la paz y el gozo? ¿O amas a Dios después de que Su castigo y juicio te limpiaron? ¿Qué exactamente te hace amar a Dios? ¿Qué condiciones cumplió Pedro con el fin de ser perfeccionado? Después de que fue perfeccionado, ¿cuál fue la forma crucial en la que lo expresó? ¿Amó al Señor Jesús porque lo anhelaba, o porque no lo podía ver, o porque había sido reprochado? ¿O amó al Señor Jesús aún más porque había aceptado el sufrimiento de las tribulaciones, y había llegado a conocer su propia inmundicia y desobediencia, y había llegado a conocer la santidad del Señor? ¿Se hizo más puro su amor por Dios por el castigo y juicio de Dios o por algo más? ¿Por cuál? Tú amas a Dios por la gracia de Dios, y porque te ha dado hoy alguna pequeña bendición. ¿Es esto verdadero amor? ¿Cómo debes amar a Dios? ¿Debes aceptar Su castigo y juicio y, después de contemplar Su justo carácter, poder amarlo verdaderamente, al punto de que estés completamente convencido y tengas un conocimiento de Él? Como Pedro, ¿puedes decir que nunca puedes amar a Dios lo suficiente? ¿Lo que buscas es ser conquistado después del castigo y el juicio, o ser limpiado, protegido y cuidado después del castigo y el juicio? ¿Cuál de esos buscas? ¿Es tu vida una vida que tiene sentido, o es inútil y no tiene valor? ¿Quieres la carne o quieres la verdad? ¿Quieres el juicio o la comodidad? Habiendo experimentado tanto de la obra de Dios, y habiendo contemplado la santidad y la justicia de Dios, ¿cómo debes buscar? ¿Cómo debes caminar esta senda? ¿Cómo debes poner en práctica tu amor por Dios? ¿Han logrado el castigo y el juicio de Dios algún efecto en ti? ¡Sea que tengas un conocimiento del castigo y el juicio de Dios o no, depende de lo que vivas y hasta qué punto ames a Dios! Tus labios dicen que amas a Dios, pero lo que vives es el carácter antiguo y corrupto; no tienes temor de Dios, mucho menos tienes una conciencia. ¿Aman tales personas a Dios? ¿Son leales esas personas a Dios? ¿Son las que aceptan el castigo y el juicio de Dios? Dices que amas a Dios y que crees en Él, pero no te desprendes de tus nociones. En tu obra, en tu entrada, en las palabras que hablas y en tu vida, no hay manifestación de tu amor por Dios y no hay reverencia por Dios. ¿Es acaso así alguien que ha alcanzado el castigo y el juicio? ¿Podría ser Pedro alguien así? ¿Tienen los que son como Pedro sólo el conocimiento, pero no la vivencia? En la actualidad, ¿cuál es la condición que exige que el hombre viva una vida real? ¿Fueron las oraciones de Pedro nada más que palabras que salieron de su boca? ¿No fueron acaso palabras que salieron de lo profundo de su corazón? ¿Oró sólo Pedro sin poner en práctica la verdad? ¿Por el bien de quién es tu búsqueda? ¿Cómo te debiste haber protegido y limpiado durante el castigo y el juicio de Dios? ¿No son el castigo y el juicio de Dios de beneficio alguno para el hombre? ¿Es todo juicio un castigo? ¿Será que sólo la paz y el gozo, que sólo las bendiciones materiales y la comodidad momentánea, puedan ser benéficas para la vida del hombre? Si el hombre vive en un ambiente agradable y cómodo, sin una vida de juicio, ¿podría ser limpiado? Si el hombre quiere cambiar y ser limpiado ¿cómo debe aceptar ser perfeccionado? ¿Qué camino escogerás hoy?

Nota al pie:

a. El texto original dice “eso”.

Los mandamientos de la nueva era

    A vosotros os han dicho que debéis equiparos con las palabras de Dios, que independientemente de lo que haya sido dispuesto para vosotros, todo está orquestado por la propia mano de Dios, y que no hay necesidad de vuestras fervientes oraciones o súplicas, estas son inútiles. Sin embargo, en cuanto a la situación presente, los problemas actuales que vosotros enfrentáis son inimaginables para vosotros. Si vosotros simplemente esperáis las disposiciones de Dios, vuestro progreso será muy lento, y para aquellos que no saben cómo experimentarlo, habrá considerable pasividad. Por ello, si eres incapaz de ver enteramente a través de estas cosas, entonces permaneces confuso y tonto en tu experiencia. Si no tienes realidades sino sólo palabras, ¿no es esto señal de desviaciones y errores? Hay muchas desviaciones y errores visibles en vosotros, en este grupo. Hoy en día, sois incapaces de lograr tales pruebas como “hacedores de servicio”, ni tampoco sois capaces de imaginar o de lograr otro refinamiento relacionado con las palabras de Dios. Vosotros debéis adheriros a las muchas cosas que se os requieren poner en práctica. Es decir, las personas deben apegarse a los muchos deberes que deben desempeñar. Esto es a lo que la gente debe apegarse, y lo que deben llevar a cabo. Permitid que el Espíritu Santo haga lo que debe ser hecho por el Espíritu Santo; el hombre no puede tener parte en ello. El hombre debe apegarse a lo que debe ser hecho por el hombre, lo cual no guarda relación alguna con el Espíritu Santo. Nada más que eso es lo que debería ser hecho por el hombre, y debe estar apegado a ello de acuerdo al mandamiento, al igual que la adhesión a la ley del Antiguo Testamento. A pesar de que no estamos en la Era de la Ley, todavía hay muchas palabras relacionadas con la Era de la Ley que deben ser cumplidas, y las mismas no se llevan a cabo simplemente confiando en ser tocados por el Espíritu Santo, sino que es deber del hombre apegarse a ellas. Por ejemplo: no debes emitir juicio sobre la obra del Dios práctico. No debes oponerte al hombre por quien Dios ha testificado. Ante Dios, debes guardar compostura y no debes ser disoluto. Debes ser moderado en tu discurso, y tus palabras y acciones deben seguir las disposiciones del hombre por quien Dios ha testificado. Debes reverenciar el testimonio de Dios. No debes ignorar la obra de Dios ni las palabras de Su boca. No debes imitar el tono y los objetivos de las declaraciones de Dios. Externamente, no debes hacer nada que se oponga de manera manifiesta al hombre que ha sido testificado por Dios. Esto, y más, es a lo que cada persona debe apegarse. En cada era, Dios especifica muchas reglas que son afines con las leyes y el hombre debe apegarse a ellas. Por medio de esto, Él refrena el carácter del hombre, y detecta su sinceridad. Por ejemplo, tomad las palabras “Honra a tu padre y a tu madre” de la Era del Antiguo Testamento. Estas palabras no se aplican hoy en día; en aquellos tiempos, simplemente refrenaban ciertas disposiciones externas del hombre, eran utilizadas para demostrar la sinceridad de la creencia del hombre en Dios, y eran un signo de los que creían en Dios. Aunque ahora es la Era del Reino, todavía hay muchas reglas a las que el hombre debe apegarse. Las reglas del pasado no aplican; hoy en día, existen muchas y más apropiadas prácticas a ser llevadas a cabo por el hombre, y que son necesarias. No involucran la obra del Espíritu Santo y deben ser hechas por el hombre.

    En la Era de la Gracia, muchas de las prácticas de la Era de la Ley fueron descartadas debido a que estas leyes no eran particularmente efectivas para la obra en esta era. Después que fueron descartadas, se establecieron muchas prácticas que fueron adecuadas para esta Era y que se han convertido en muchas de las reglas de hoy. Cuando llegó el Dios de hoy, estas reglas fueron dejadas de lado, y ya no necesitaron ser cumplidas, y se establecieron muchas prácticas adecuadas para la obra del presente. Hoy en día, estas prácticas no son reglas, sino que están orientadas a lograr un resultado; son apropiadas para el presente, y en el mañana, tal vez se conviertan en reglas. En resumen, te debes adherir a lo que es fructífero para la obra del presente. No hagas caso del mañana: lo que sea hecho en el presente es por razón del presente. Quizá mañana habrá mejores prácticas que se te requerirá que lleves a cabo, pero no prestes demasiada atención a eso; apégate a lo que debes apegarte el día de hoy a fin de que evites oponerte a Dios. Hoy en día, no hay nada más crucial para el hombre que apegarse a lo siguiente: no debes engañar u ocultar cualquier cosa de Dios que esté frente a tus ojos. No pronunciarás palabras inmundas ni arrogantes delante de Dios que está frente a ti. No debes engañar al Dios delante de tus ojos con palabras suaves y lisonjeras con el fin de ganar Su confianza. No debes actuar irreverentemente ante Dios. Debes obedecer todo lo que sea pronunciado de la boca de Dios, y no debes resistir, oponerte o cuestionar Sus palabras. No debes interpretar como mejor te parezca las palabras pronunciadas por la boca de Dios. Debes refrenar tu lengua para evitar que ella te convierta en presa de los esquemas engañosos del malvado. Debes proteger tus pasos para evitar transgredir los límites que Dios ha establecido para ti. Si lo haces, esto hará que pronuncies palabras pomposas y presumidas desde la perspectiva de Dios, y te volverás detestable para Dios. No debes repetir con descuido las palabras pronunciadas por la boca de Dios, no sea que otros se burlen de ti y los demonios hagan de ti un tonto. Debes obedecer toda la obra de Dios del presente. Incluso si no la entiendes, no debes emitir juicio alguno sobre ella; todo lo que puedes hacer es buscar y vivir en comunidad. Ninguna persona podrá transgredir el lugar original de Dios. No puedes hacer nada más que servir al Dios de hoy desde la postura del hombre. No puedes enseñar al Dios de hoy desde la postura del hombre, hacerlo es desacertado. Nadie puede levantarse delante del hombre por quien Dios ha testificado; en tus palabras, acciones y pensamientos más íntimos, te paras en la posición del hombre. Esto debe ser respetado, es responsabilidad del hombre, no puede ser alterado por nadie, y de hacerlo se violarían los decretos administrativos. Todos deben recordar esto.

    El largo tiempo que Dios ha estado hablando y pronunciando Sus palabras ha causado que el hombre considere como tarea principal, el leer y memorizar las palabras de Dios. Nadie presta atención a la práctica, y aun aquellas cosas que vosotros debéis cumplir, no las hacéis, lo que ha traído muchas dificultades y problemas a vuestro servicio. Si, antes de practicar las palabras de Dios, no te has apegado a lo que debes apegarte, entonces eres uno de los que será detestado y rechazado por Dios. Al apegarte a estas prácticas, debes ser dedicado y sincero. No debes considerarlas como grilletes, sino apegarte a ellas como mandamientos. Hoy en día, no debes preocuparte con los efectos que se vayan a alcanzar; en pocas palabras, así es cómo el Espíritu Santo trabaja, y cualquiera que cometa ofensa debe morir. El Espíritu Santo no tiene emociones, y no pone cuidado a tu entendimiento actual. Si lo ofendes hoy, entonces Él te castigará. Si lo ofendes dentro del marco de Su jurisdicción, entonces no te perdonará. A Él no le importa cuán serio seas en tu apego a las palabras de Jesús. Hoy en día, si haces el mal serás sentenciado a la pena de muerte. ¿Cómo no podrás aceptar cumplir? Debes cumplir, ¡aun si ello significa sufrir un poco de dolor! Independientemente de qué denominación, sector, nación o secta se trate, en el futuro, todas ellas deben apegarse a estas prácticas. ¡Ninguno está exento, y ninguno será perdonado! Porque ellas son lo que el Espíritu Santo hará hoy, y nadie puede violarlas. A pesar de que no son gran cosa, deben ser realizadas por cada persona, y son los mandamientos establecidos para el hombre por Jesús, quien fue resucitado y ascendió al cielo. ¿Acaso no dice “La senda… (7)” que la definición de Jesús sobre si eres justo o pecador se basa en tu actitud hacia Dios en el presente? Nadie debe pasar por alto este punto. En el Antiguo Testamento, una generación tras otra de fariseos creyó en Dios, pero con la llegada de la Era de la Gracia no conocieron a Jesús, y se opusieron a Él. Así fue como todo lo que hicieron quedó en la nada, y fue en vano, y Dios no lo aceptó. Si puedes ver a través de esto, entonces no se te hará fácil pecar. Muchas personas, quizá se han medido a sí mismos contra Dios. ¿A qué sabe oponerse a Dios, es amargo o dulce? Debes comprender esto, no finjas que no sabes. En sus corazones, tal vez algunas personas no estén convencidas. Pero Yo te recomiendo que pruebes y veas, ve a qué sabe eso. Esto evitará que muchas personas tengan sospecha acerca de ello. Mucha gente lee las palabras de Dios, pero en secreto se oponen a Él en sus corazones. Después de oponerte a Él de esta manera, ¿acaso no sientes como si un cuchillo fuese torcido dentro de tu corazón? Si no se trata de desarmonía familiar, se trata de un malestar físico, o de las aflicciones de hijos e hijas. Aunque tu carne se salve de la muerte, la mano de Dios nunca se retirará de ti. ¿Crees que podría ser tan simple? En particular, es aún más necesario que los muchos que están cerca de Dios se enfoquen en esto. A medida que pase el tiempo, se te olvidará, y, sin darte cuenta, estarás sumergido en la tentación, te volverás descuidado a todo, y esto será el comienzo de tus pecados. ¿Te parece que esto es trivial? Si puedes hacer esto bien, entonces tendrás la oportunidad de ser perfeccionado, de recibir orientación directamente de la propia boca de Dios, en presencia de Dios. Si consideras que esto no es tan importante, entonces estarás en problemas, estarás desafiando a Dios, tus palabras y acciones serán disolutas, y tarde o temprano serás arrastrado por grandes vendavales y fuertes olas. Estas cosas deben tenerse en cuenta por cada uno de vosotros. El hombre que ha sido testificado por Dios no te podrá condenar, pero el Espíritu de Dios no ha terminado contigo, Él no te escatimará. ¿Crees que tienes lo que se necesita para cometer ofensas? Entonces, no importa lo que Dios diga, debes poner en práctica Sus palabras, y debes apegarte a ellas por cualquier medio que puedas. ¡Esto no es un asunto sencillo!