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viernes, 16 de agosto de 2019

Cómo Pedro llegó a conocer a Jesús

Pedro, Jesús, Iglesia de Dios Todopoderoso

Cómo Pedro llegó a conocer a Jesús

En el tiempo que Pedro pasó con Jesús, vio muchas características encantadoras en Jesús, muchos aspectos dignos de emulación y muchos que lo alimentaron. Aunque Pedro vio el ser de Dios en Jesús de muchas maneras, y vio muchas cualidades encantadoras, al principio no conocía a Jesús. Pedro comenzó a seguir a Jesús cuando tenía 20 años de edad y siguió haciéndolo durante seis años. Durante ese tiempo, nunca llegó a conocer a Jesús, pero estuvo dispuesto a seguirlo sólo por la admiración que sentía por Él. Cuando Jesús lo llamó a las orillas del Mar de Galilea, le preguntó: “Simón, hijo de Jonás, ¿me seguirás?”. Pedro le dijo: “Debo seguir a aquel a quien el Padre celestial ha enviado. Debo reconocer al que el Espíritu Santo ha escogido. Te seguiré”. En aquel entonces, Pedro había escuchado hablar de un hombre llamado Jesús, el más grande de los profetas, el Hijo amado de Dios, y Pedro constantemente esperaba encontrarlo, esperando una oportunidad para verlo (porque así fue como el Espíritu Santo lo guio). Aunque nunca le había visto y sólo había escuchado rumores acerca de Él, poco a poco en su corazón creció un anhelo y una adoración por Jesús y frecuentemente anhelaba mirar a Jesús algún día. ¿Y cómo llamó Jesús a Pedro? Él también había escuchado hablar de un hombre llamado Pedro y no fue porque el Espíritu Santo lo instruyera: “Ve al Mar de Galilea donde hay uno llamado Simón, hijo de Jonás”. Jesús escuchó que alguien decía que había uno llamado Simón, hijo de Jonás, y que la gente había escuchado su sermón, que él también predicaba el evangelio del reino de los cielos y que la gente que lo escuchaba se conmovía hasta el llanto. Después de escuchar esto, Jesús siguió a esa persona y partió rumbo al Mar de Galilea; cuando Pedro aceptó el llamado de Jesús, lo siguió.
Durante el tiempo en el que siguió a Jesús, Pedro tuvo muchas opiniones acerca de Él y siempre lo juzgaba desde su propia perspectiva. Aunque tenía un cierto grado de comprensión del Espíritu, Pedro no era muy iluminado, de ahí sus palabras cuando dijo: “Debo seguir a aquel a quien el Padre celestial ha enviado. Debo reconocer al que el Espíritu Santo ha escogido”. No entendía las cosas que Jesús hizo y no recibió la iluminación acerca de ellas. Después de seguirlo por algún tiempo se interesó más en lo que Él hacía y decía y en Jesús mismo. Llegó a sentir que Jesús inspiraba tanto afecto como respeto; le gustaba asociarse con Él y estar a Su lado y escuchar las palabras de Jesús le daba alimento y ayuda. En el tiempo en que siguió a Jesús, Pedro observó y llevó a su corazón todo acerca de Su vida: Sus acciones, palabras, movimientos y expresiones. Adquirió un entendimiento profundo de que Jesús no era como los hombres ordinarios. Aunque Su apariencia humana era muy ordinaria, estaba lleno de amor, compasión y tolerancia hacia el hombre. Todo lo que hacía y decía era de mucha ayuda para los demás y a Su lado Pedro vio y aprendió cosas que nunca antes había visto o tenido. Vio que aunque Jesús no tenía una gran estatura ni una humanidad inusual, tenía un aire verdaderamente extraordinario y poco común. Aunque Pedro no podía explicarlo plenamente, podía ver que Jesús actuaba diferente a todos los demás, porque hacía cosas muy diferentes a las que hacía el hombre ordinario. Del tiempo que estuvo en contacto con Jesús, Pedro también se dio cuenta de que Su personalidad era diferente a la de un hombre común. Siempre actuaba con firmeza y nunca con prisa; nunca exageraba ni le restaba importancia a un tema y conducía Su vida de una forma que era tanto normal como admirable. En la conversación, Jesús era elegante y grácil; era abierto y alegre pero sereno, y nunca perdía Su dignidad al llevar a cabo Su obra. Pedro vio que Jesús algunas veces era taciturno pero que, otras, hablaba sin cesar. A veces estaba tan contento que se volvía ágil y vivaz como una paloma y, sin embargo, otras veces estaba tan triste que no hablaba para nada, como una madre abatida por el tiempo. A veces estaba lleno de ira como un soldado valiente que sale corriendo para matar a los enemigos y otras veces, incluso, como un león rugiente. Algunas veces reía; otras veces oraba y lloraba. No importa cómo actuara Jesús, Pedro llegó a tener un amor y respeto sin límites por Él. La risa de Jesús lo llenaba de alegría, Su tristeza lo hundía en la pena y Su ira lo atemorizaba, mientras que Su misericordia, perdón y severidad lo hacían llegar a amar a Jesús de verdad, llegando a tener verdadera veneración y verdadero anhelo por Él. Por supuesto, Pedro sólo llegó a darse cuenta de todo esto gradualmente, una vez que ya había vivido junto a Jesús durante algunos años.
Pedro era un hombre particularmente razonable, dotado con una inteligencia natural; sin embargo, había hecho muchas cosas insensatas cuando seguía a Jesús. Al principio tenía algunas nociones acerca de Jesús. Le preguntó: “La gente dice que Tú eres un profeta; entonces, cuando tenías ocho años y eras lo suficientemente grande para entender las cosas, ¿sabías que eras Dios? ¿Sabías que fuiste concebido por el Espíritu Santo?”. Jesús le contestó: “No, no lo sabía. ¿No te parezco una persona muy ordinaria? Soy igual que cualquier otro. La persona que el Padre envía es una persona normal, no una extraordinaria. Y aunque la obra que Yo hago representa a Mi Padre celestial, Mi imagen, Mi persona y Mi carne no pueden representar completamente a Mi Padre celestial; sólo una parte de Él. Aunque vengo del Espíritu, sigo siendo una persona normal y Mi Padre me envió a la tierra como una persona normal, no como una extraordinaria”. Sólo cuando Pedro escuchó esto logró tener un ligero entendimiento de Jesús. Y fue sólo después de haber pasado por incontables horas de la obra de Jesús, de Su enseñanza, de Su pastoreo y de Su sustento, que alcanzó un entendimiento mucho más profundo. En Su trigésimo año, Jesús le habló a Pedro de Su próxima crucifixión, que había venido a hacer la obra de la crucifixión para redimir a toda la humanidad. También le dijo que tres días después de la crucifixión, el Hijo del Hombre resucitaría y una vez resucitado aparecería a las personas durante 40 días. Al escuchar estas palabras, llevó Sus palabras a su corazón; desde entonces, cada vez se acercó más a Jesús. Después de experimentar durante algún tiempo, Pedro llegó a darse cuenta de que todo lo que Jesús hacía era del ser de Dios y llegó a pensar que Jesús era excepcionalmente encantador. Sólo cuando logró tener esta comprensión, el Espíritu Santo lo esclareció desde dentro. Después Jesús se volvió a Sus discípulos y a otros seguidores y les preguntó: “Juan, ¿quién dices tú que soy Yo?”. Juan le contestó: “Tú eres Moisés”. Se volvió a Lucas: “Y tú, Lucas, ¿quién dices tú que soy Yo?”. Lucas le contestó: “Eres el más grande de los profetas”. Después le preguntó a una hermana, y le contestó: “Tú eres el más grande de los profetas que hablas muchas palabras desde siempre y para siempre. Las profecías de ninguno son tan grandes como las tuyas ni la sabiduría de ninguno es más profunda; Tú eres un profeta”. Después Jesús se volvió a Pedro y le preguntó: “Pedro, ¿quién dices tú que soy Yo?”. Pedro le contestó: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Tú vienes del cielo, Tú no eres de la tierra, Tú no eres igual que la creación de Dios. Nosotros estamos en la tierra y Tú estás aquí con nosotros, pero Tú eres del cielo, Tú no eres del mundo y Tú no eres de la tierra”. Fue a través de su experiencia que el Espíritu Santo lo esclareció y lo cual le permitió llegar a este entendimiento. Después de este esclarecimiento, admiró aún más todo lo que Jesús había hecho, pensó que Él incluso era aún más encantador, y en su corazón siempre estaba renuente a separarse de Jesús. Así que la primera vez que Jesús se reveló a Pedro después de que fue crucificado y resucitado, Pedro clamó con felicidad excepcional: “¡Señor! ¡Has resucitado!”. Después, llorando, pescó un pez extremadamente grande, lo cocinó y se lo sirvió a Jesús. Jesús sonrió pero no habló. Aunque Pedro sabía que Jesús había resucitado no entendía el misterio de esto. Cuando le dio a Jesús el pez para que lo comiera, Jesús no se negó y tampoco habló o se sentó a comer, sino que en lugar de eso de repente desapareció. Este fue un enorme susto para Pedro y sólo entonces entendió que el Jesús resucitado era diferente al Jesús de antes. Una vez que se dio cuenta de esto, Pedro se entristeció, pero también obtuvo consuelo al saber que el Señor había completado Su obra. Sabía que Jesús había completado Su obra, que Su tiempo de estar con el hombre había acabado y que el hombre tendría que caminar su propio camino a partir de entonces. Jesús le había dicho una vez: “Tú también debes tomar de la copa amarga que Yo he bebido (esto es lo que Él le dijo después de la resurrección), tú también debes caminar el camino que Yo he caminado y debes dar tu vida por Mí”. A diferencia de hoy, la obra en ese tiempo no tomaba la forma de una conversación cara a cara. Durante la Era de la Gracia, la obra del Espíritu Santo estaba muy escondida y Pedro sufrió muchas dificultades y algunas veces llegó al punto de exclamar: “¡Dios! No tengo nada más que esta vida. Aunque para Ti no es muy valiosa, yo deseo dedicártela a Ti. Aunque los hombres son indignos de amarte, y su amor y su corazón son insignificantes, yo creo que puedes ver las intenciones en el corazón de los hombres. Y aunque el cuerpo de los hombres no cuenta con Tu aceptación, yo deseo que Tú aceptes mi corazón”. Después de pronunciar estas oraciones se sentía animado, sobre todo cuando oraba: “Estoy dispuesto a dedicar por completo mi corazón a Dios. Aunque soy incapaz de hacer algo por Dios, estoy dispuesto a satisfacer lealmente a Dios y me voy a consagrar a Él con todo el corazón. Creo que Dios debe mirar mi corazón”. Él dijo: “No pido nada para mi vida; sólo que mis pensamientos de amor por Dios y el deseo de mi corazón sean aceptados por Dios. Estuve con el Señor Jesús por mucho tiempo, pero nunca lo amé; esta es mi mayor deuda. Aunque me quedé con Él, no lo conocí y hasta hablé palabras irreverentes a Sus espaldas. Pensar en esas cosas me hace sentir aún más en deuda con el Señor Jesús”. Él siempre oró de esta manera. Dijo: “Soy menos que el polvo. No puedo hacer nada sino dedicar este leal corazón a Dios”.
Hubo un clímax en las experiencias de Pedro, cuando su cuerpo estaba casi totalmente quebrado, pero Jesús lo alentó desde dentro. Y se le apareció una vez. Cuando Pedro estaba en un sufrimiento tremendo y su corazón estaba roto, Jesús lo instruyó: “Estuviste conmigo en la tierra y Yo estuve aquí contigo. Y aunque antes estuvimos juntos en el cielo, esto pertenece, después de todo, al mundo espiritual. Ahora Yo he regresado al mundo espiritual y tú estás en la tierra. Porque Yo no soy de la tierra y aunque tú tampoco eres de la tierra, has de cumplir tu función en la tierra. Ya que eres un siervo, debes cumplir tu deber en la mejor medida de tu capacidad”. Pedro se consoló al escuchar que podía regresar al lado de Dios. Cuando Pedro estaba en semejante agonía que estaba casi postrado en cama, sintió remordimiento hasta el punto de decir: “Soy tan pervertido, no soy capaz de satisfacer a Dios”. Jesús se le apareció y le dijo: “Pedro, ¿puede ser que hayas olvidado la decisión que una vez tomaste ante Mí? ¿Realmente has olvidado todo lo que dije? ¿Has olvidado el compromiso que me hiciste?”. Pedro vio que era Jesús y se levantó de la cama y Jesús lo consoló: “Yo no soy de la tierra, ya te lo he dicho, esto debes entender pero, ¿has olvidado algo más que te dije? ‘Tú tampoco eres de la tierra ni del mundo’. Justo ahora hay una obra que necesitas hacer, no puedes estar así de apenado, no puedes sufrir así. Aunque los hombres y Dios no pueden coexistir en el mismo mundo, Yo tengo Mi obra y tú tienes la tuya, y un día cuando tu labor esté terminada, estaremos juntos en un reino y Yo te voy a guiar para que estés conmigo para siempre”. Pedro se consoló y se tranquilizó después de escuchar estas palabras. Sabía que este sufrimiento era algo que tenía que soportar y experimentar y se inspiró a partir de entonces. Jesús se le apareció de manera especial a él en cada momento clave, dándole un esclarecimiento y un guiamiento especiales y haciendo mucha obra en él. ¿Y qué es lo que más lamentaba Pedro? Jesús le hizo otra pregunta a Pedro (aunque no está registrada en la Biblia de esta manera) no mucho después de que Pedro había dicho, “Tú eres el Hijo del Dios viviente”, y esa pregunta fue: “¡Pedro! ¿Alguna vez me has amado?”. Pedro entendió lo que Él quería decir y le dijo: “¡Señor! Una vez amé al Padre que está en el cielo, pero admito que nunca te he amado a Ti”. Jesús entonces le dijo: “Si la gente no ama al Padre que está en el cielo, ¿cómo puede amar al Hijo que está en la tierra? Y si la gente no ama al Hijo que envió Dios el Padre, ¿cómo puede amar al Padre que está en el cielo? Si la gente verdaderamente ama al Hijo que está en la tierra, entonces en verdad ama al Padre que está en el cielo”. Cuando Pedro escuchó estas palabras se dio cuenta de su carencia. Siempre sintió remordimiento hasta el punto del llanto por sus palabras, “Una vez amé al Padre que está en el cielo, pero nunca te he amado a Ti”. Después de la resurrección y ascensión de Jesús sintió aún más remordimiento y dolor por ellas. Al recordar su obra pasada y su estatura presente, a menudo iba a Jesús en oración, siempre sintiendo pesar y una deuda debido a que no había satisfecho el deseo de Dios y no había estado a la altura de los estándares de Dios. Estos problemas se convirtieron en su mayor carga. Él dijo: “Un día voy a dedicarte todo lo que tengo y todo lo que soy, te voy a dar lo que sea más valioso”. Él dijo: “¡Dios! Sólo tengo una fe y sólo tengo un amor. Mi vida no vale nada y mi cuerpo no vale nada. Sólo tengo una fe y sólo tengo un amor. En mi mente tengo fe en Ti y amor por Ti en mi corazón; sólo tengo estas dos cosas para darte y nada más”. Las palabras de Jesús alentaron mucho a Pedro, porque antes de que Jesús fuera crucificado, Él le había dicho: “No soy de este mundo y tú tampoco eres de este mundo”. Después, cuando Pedro llegó a un punto de gran dolor, Jesús le recordó: “Pedro, ¿lo has olvidado? Yo no soy del mundo y sólo fue por Mi obra que me fui antes. Tú tampoco eres del mundo, ¿lo has olvidado? Te lo he dicho dos veces, ¿no lo recuerdas?”. Pedro lo escuchó y dijo: “¡No lo he olvidado!”. Entonces Jesús le dijo: “Una vez pasaste un tiempo feliz junto a Mí en el cielo y un periodo de tiempo a Mi lado. Me extrañas y Yo te extraño. Aunque las criaturas no son dignas de mencionarse a Mis ojos, ¿cómo puedo no amar a uno que es inocente y encantador? ¿Has olvidado Mi promesa? Debes aceptar Mi comisión en la tierra; debes cumplir la tarea que te encomendé. Un día sin duda te llevaré para que estés a Mi lado”. Después de escuchar esto, Pedro se alentó todavía más y recibió una inspiración todavía mayor, tal que cuando estaba en la cruz pudo decir: “¡Dios! ¡No te puedo amar lo suficiente! Incluso si me pidieras que muriera, ¡todavía no te puedo amar lo suficiente! A donde quiera que envíes mi alma, cumplas o no Tus promesas, lo que sea que hagas después, te amo y creo en Ti”. A lo que se aferró fue a su fe y a su amor verdadero.
Una noche, varios de los discípulos, incluyendo Pedro, estaban en el bote pesquero. Todos estaban juntos con Jesús y Pedro le hizo a Jesús una pregunta muy ingenua: “¡Señor! Hay una pregunta que por mucho tiempo he querido hacerte”. Jesús le contestó: “Entonces, ¡por favor pregunta!”. Pedro entonces le preguntó: “¿La obra hecha durante la Era de la Ley fue Tu labor?”. Jesús sonrió, como si estuviera diciendo, “Este niño, ¡qué ingenuo es!”. Luego continuó con el propósito: “No era mía, era la labor de Jehová y de Moisés”. Pedro escuchó esto y exclamó: “¡Oh! Así que no era Tu labor”. Cuando Pedro dijo esto, Jesús ya no habló. Pedro pensó dentro de sí: “No fuiste Tú quien la hiciste así que no es de extrañar que hayas venido a destruir la ley, ya que no fue Tu obra”. Su corazón también se calmó. Luego, Jesús se dio cuenta de que Pedro era bastante ingenuo, pero porque no tenía ningún conocimiento en ese momento, Jesús no dijo nada más ni lo refutó directamente. Una vez que Jesús dio un sermón en una sinagoga en la que muchas personas estuvieron presentes, incluyendo Pedro. Jesús dijo: “Aquel que vendrá desde siempre y para siempre, hará la obra de redención durante la Era de la Gracia, para redimir a toda la humanidad del pecado, pero no se verá limitado por ninguna regla para sacar al hombre del pecado. Él abandonará la ley y entrará a la Era de la Gracia. Redimirá a toda la humanidad. Avanzará a pasos agigantados de la Era de la Ley a la de la Gracia, sin embargo, nadie lo conocerá, a Él que vino de Jehová. La obra que Moisés hizo, fue concedida por Jehová; Moisés redactó la ley gracias a la obra que Jehová había hecho”. Una vez que esto se dijo, Él prosiguió: “Aquellos que abolen los mandamientos de la Era de la Gracia durante la Era de la Gracia se encontrarán con la calamidad. Deben estar en el templo y recibir la destrucción de Dios y el fuego vendrá sobre ellos”. Cuando Pedro había terminado de escuchar esto, tuvo algún tipo de reacción y durante un periodo de su experiencia, Jesús pastoreó y nutrió a Pedro, hablando de corazón a corazón con él, lo que le permitió a Pedro tener una comprensión un poco mejor de Jesús. Mientras Pedro pensaba en la predicación de Jesús de aquel día y luego en la pregunta que le había hecho cuando estaban en el bote y la respuesta que Jesús le había dado, así como la forma en la que Él se había reído, fue que entendió todo. Más tarde, el Espíritu Santo esclareció a Pedro y sólo a través de esto entendió que Jesús era el Hijo del Dios viviente. La comprensión de Pedro vino del esclarecimiento del Espíritu Santo, pero hubo un proceso para su entendimiento. Fue por medio de hacer preguntas, escuchar predicar a Jesús, después a través de recibir la enseñanza especial de Jesús y Su pastoreo especial, fue que Pedro llegó a darse cuenta de que Jesús era el Hijo del Dios viviente. Esto no se logró de un día para otro; fue un proceso, y esto se convirtió en una ayuda para él en sus experiencias posteriores. ¿Por qué Jesús no hizo la obra de perfección en otras personas sino sólo en Pedro? Porque sólo Pedro entendió que Jesús era el Hijo del Dios viviente y ningún otro lo sabía. Aunque había muchos discípulos que sabían mucho en el tiempo en que siguieron a Jesús, su conocimiento era superficial. Este es el porqué Jesús escogió a Pedro como el ejemplo para ser perfeccionado. Lo que Jesús le dijo a Pedro en ese entonces es lo que Él les dice a las personas hoy, cuyo conocimiento y entrada de vida deben alcanzar los de Pedro. Es de acuerdo con este requisito y esta senda que Dios va a perfeccionar a todos. ¿Por qué a las personas el día de hoy se les exige tener una fe real y un amor verdadero? Lo que Pedro experimentó vosotros también lo debéis experimentar, los frutos que Pedro ganó de sus experiencias también deben ser manifiestos en vosotros y el dolor que Pedro sufrió, con toda seguridad vosotros también lo debéis sufrir. El camino que camináis es el mismo que Pedro caminó. El dolor que sufrís es el dolor que Pedro sufrió. Cuando recibáis la gloria y cuando viváis una vida real, entonces viváis la imagen de Pedro. La senda es la misma y, de acuerdo con esto, uno es perfeccionado. Sin embargo, vuestro calibre es un poco deficiente en comparación con el de Pedro, porque los tiempos se han transformado, y también lo ha hecho el grado de perversión. Y también por Judea que era un reino de mucho tiempo atrás con una cultura antigua. Así que debéis tratar de mejorar vuestro calibre.
Pedro era una persona muy razonable, astuto en todo lo que hacía y también era extremadamente honesto. Sufrió muchos reveses. Entró en contacto con la sociedad a la edad de 14 años, al ir a la escuela, y además, a menudo también a la sinagoga. Tenía mucho entusiasmo y siempre estaba dispuesto a asistir a las reuniones. En ese tiempo, Jesús no había todavía comenzado de manera oficial Su obra; esto era sólo el inicio de la Era de la Gracia. Pedro comenzó a entrar en contacto con las figuras religiosas cuando tenía 14 años; para cuando tenía 18, estaba en contacto con la élite religiosa, pero después de haber visto el caos religioso tras de escenas, se fue. Al ver qué taimados, astutos y forjados por los conflictos eran estas personas, se disgustó en extremo (así fue como el Espíritu Santo obraba en ese tiempo, para perfeccionarlo. Él lo movió de manera especial e hizo una obra especial en él) y así él se retiró de la sinagoga a la edad de 18 años. Sus padres lo persiguieron y no lo dejaban creer (ellos le pertenecían al diablo y no tenían fe). Por último, Pedro dejó su hogar y viajó a voluntad, pescando y predicando por dos años, tiempo durante el cual también guio a bastantes personas. Ahora deberías poder ver con claridad el camino que Pedro tomó. Si has visto esto con claridad, entonces habrás determinado la obra que se está haciendo hoy en día, y no te quejes o seas pasivo o anheles algo. Debes experimentar el ánimo de Pedro en ese momento: la tristeza lo golpeó; ya no pedía por un futuro ni ninguna bendición. No buscaba el lucro, la felicidad, la fama o la fortuna del mundo, sólo buscaba vivir una vida con un mayor significado, el cual era para retribuir el amor de Dios y dedicar lo más precioso que tenía a Dios. Entonces estaría satisfecho en su corazón. Muchas veces oró a Jesús con las palabras: “Señor Jesucristo, una vez te amé, pero no te amé sinceramente. Aunque dije que tenía fe en Ti, nunca te amé con un corazón sincero. Sólo alzaba la vista a Ti, te adoraba y te extrañaba, pero nunca te amé o tuve verdadera fe en Ti”. Él siempre oró para tomar su decisión firme, las palabras de Jesús[a] constantemente lo alentaban y las convertía en motivación. Más tarde, después de un periodo de experiencia, Jesús lo probó, provocándolo a que lo anhelara más. Él dijo: “¡Señor Jesucristo! Cuánto te extraño, y cuánto anhelo verte. Tengo muchas carencias y no puedo compensar Tu amor. Te suplico que me lleves pronto. ¿Cuándo me necesitarás? ¿Cuándo me llevarás? ¿Cuándo veré otra vez Tu rostro? Ya no deseo vivir más en este cuerpo, seguir volviéndome perverso, y tampoco quiero rebelarme más. Estoy listo para dedicarte todo lo que tengo tan pronto como pueda y ya no te quiero entristecer más”. Así es cómo él oraba, pero en ese momento no sabía lo que Jesús perfeccionaría en él. Durante la agonía de su prueba, Jesús se le apareció otra vez y le dijo: “Pedro, deseo hacerte perfecto, de tal manera que te conviertas en una pieza del fruto, uno que es la cristalización de Mi perfección en ti y de la cual gozaré. ¿Puedes realmente dar testimonio por Mí? ¿Has hecho lo que te pedí que hicieras? ¿Has vivido las palabras que he hablado? Una vez me amaste, pero aunque me amaste, ¿me has vivido? ¿Qué has hecho por Mí? Reconoces que no eres digno de Mi amor pero, ¿qué has hecho por Mí?”. Pedro vio que no había hecho nada por Jesús y recordó su promesa anterior de dar su vida por Dios. Y de esta manera, ya no se quejó y sus oraciones después prosperaron mucho mejor. Oró diciendo: “¡Señor Jesucristo! Una vez te dejé y Tú también una vez me dejaste. Hemos pasado tiempo separados y tiempo juntos en compañía. Sin embargo, me amas más que a todo lo demás. En repetidas ocasiones me he rebelado en contra tuya y en repetidas ocasiones te he afligido. ¿Cómo puedo olvidar tales cosas? Siempre tengo en mente la obra que has hecho en mí y lo que me has confiado, nunca lo olvido. Con la obra que has hecho en mí, he hecho mi mejor esfuerzo. Sabes lo que puedo hacer y también sabes qué papel puedo desempeñar. Tu deseo es mi orden y voy a dedicarte todo lo que tengo. Sólo Tú sabes lo que puedo hacer por Ti. Aunque Satanás me engañó tanto y me rebelé contra Ti, creo que Tú no te acuerdas de mí por esas transgresiones, que Tú no me tratas basándote en ellas. Deseo dedicarte toda mi vida. No pido nada y tampoco tengo otras esperanzas o planes; sólo deseo actuar de acuerdo a Tu designio y hacer Tu voluntad. Beberé de Tu amarga copa y estoy a Tus órdenes”.
Vosotros debéis tener claro la senda que camináis; debéis tener claro la senda que tomaréis en el futuro, qué es lo que Dios perfeccionará y qué os ha sido confiado. Un día, tal vez, seréis probado y si entonces sois capaces de que las experiencias de Pedro os inspiren, esto mostrará que verdaderamente estáis caminando la senda de Pedro. Dios elogió a Pedro por su fe y amor verdaderos y por su lealtad a Dios. Y fue por su honestidad y su deseo de Dios en su corazón que Dios lo perfeccionó. Si tú verdaderamente tienes el mismo amor y fe que Pedro, entonces Jesús con toda seguridad te perfeccionará.
Nota al pie:
a. El texto original dice “por estas palabras”.

De "La Palabra manifestada en carne"

lunes, 12 de agosto de 2019

Himno cristiano 2019 | El signifcado del nombre de Dios


Himno cristiano 2019 | El signifcado del nombre de Dios

I En todas las eras, en cada etapa de Su obra,
Cada uno de Sus nombres refleja una era.
pesa el nombre de Dios, no suena vacío.
pero sólo representan las eras de Su gestión, no Su totalidad.
Jehová, Jesús y el Mesías representan el Espíritu de Dios, Los nombres con que la gente le llama
Y cuando llegue la era final, los últimos días,
no expresan todo Su carácter, no expresan todo lo que es. Son nombres de Dios en diferentes eras. cambiará de nuevo el nombre de Dios,
Con ese nombre acabará la era, acabará la era.
cambiará de nuevo el nombre de Dios. No será Jehová ni Jesús, no será el Mesías. Será poderoso Dios Todopoderoso. II Dios fue una vez Jehová, fue una vez el Mesías.
que acabará esta era.
Por amor y respeto, lo llamaron también Jesús el Salvador. Hoy Él no es Jehová ni Jesús, que la gente conoció en el pasado. Es el Dios que ha vuelto en los últimos días,
Y cuando llegue la era final, los últimos días,
Repleto de todo Su carácter, lleno de autoridad, honor y gloria, Él es el Dios, el Dios mismo, que se eleva en los confines de la tierra, que se eleva en los confines de la tierra. cambiará de nuevo el nombre de Dios,
serán bendecidas por las palabras de Dios,
cambiará de nuevo el nombre de Dios. No será Jehová ni Jesús, no será el Mesías. Será poderoso Dios Todopoderoso. Con ese nombre acabará la era, acabará la era. III Al final, las naciones del mundo y por ellas también serán quebrantadas.
En los últimos días, Él es el fuego del sol que todo lo quema,
El pueblo de los últimos días verá que Dios el Salvador ha vuelto. Es el poderoso Dios Todopoderoso que conquista a la humanidad. La gente verá que una vez fue la ofrenda por el pecado del hombre. y es el sol de justicia que todo revela.
Será poderoso Dios Todopoderoso.
Esta es la obra de Dios en los últimos días. Esta es la obra de Dios. Y cuando llegue la era final, los últimos días, cambiará de nuevo el nombre de Dios, cambiará de nuevo el nombre de Dios. No será Jehová ni Jesús, no será el Mesías. Con ese nombre acabará la era, acabará la era.
De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”




jueves, 23 de mayo de 2019

Las palabras del Espíritu Santo | Debes buscar el camino de la compatibilidad con Cristo (Fragmento)


Dios Todopoderoso dice: “Las personas, las cuales han sido corrompidas, todas viven en la trampa de Satanás, viven en la carne, viven en los deseos egoístas y ni una sola entre ellas es compatible conmigo. Están las que dicen que son compatibles conmigo pero que adoran ídolos vagos. Aunque reconocen que Mi nombre es santo, pisan un camino que va en contra de Mí y sus palabras están llenas de arrogancia y autoconfianza porque, en la raíz, todos están en contra mía y son incompatibles conmigo. […] Lo que buscan no es el camino de la compatibilidad conmigo, o el camino de la compatibilidad con la verdad, sino el camino de la compatibilidad con las palabras de la Biblia, y creen que cualquier cosa que no se ciña a la Biblia, sin excepción, no es Mi obra. ¿No son esas personas los descendientes sumisos de los fariseos? Los fariseos judíos usaron la ley de Moisés para condenar a Jesús. No buscaron la compatibilidad con el Jesús de ese tiempo, sino que diligentemente siguieron la ley al pie de la letra, hasta el grado de que finalmente clavaron en la cruz al Jesús inocente, habiéndolo acusado de no seguir la ley del Antiguo Testamento y de no ser el Mesías. ¿Cuál era su esencia? ¿No era que no buscaban el camino de la compatibilidad con la verdad?”.

viernes, 5 de abril de 2019

¿Qué es ser salvado? ¿Qué es salvación?

Versículo(s) bíblico(s) para referencia:
“El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado” (Marcos 16:16).
“porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados” (Mateo 26:28).
“No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).

martes, 2 de abril de 2019

Qué es la salvación – ¿Una vez salvado significa ser salvos para siempre?

¿Es correcta la palabra “Una vez salvado, lo es para siempre”?
Creo que muchos hermanos y hermanas en el Señor están familiarizados con la palabra “salvación” y quieren ser salvados al creer en el Señor. Además, todos predican estas palabras: “una vez salvado, lo es para siempre”. Entonces, ¿una vez salvado significa ser salvos para siempre? Si queremos resolver esta pregunta, primero debemos saber si estas palabras son correctas y si hay alguna referencia en la palabra del Señor. Independientemente de las opiniones que tengamos, no confiaremos en nuestras propias nociones e imaginaciones. Solo si encontramos las bases de la palabra de Dios, podemos actuar en armonía con la voluntad de Dios.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

131-A5 Comunicación y predicación sobre la palabra de Dios “Los Verdaderamente Obedientes Seguramente Serán Ganados por Dios”



    No importa cómo se las trate, las personas que realmente obedecen a Dios no serán eliminadas por Dios. Quienes no obedecen a Dios, quienes ni siquiera buscan la verdad en lo más mínimo, aunque no hayan pasado por ningún trato ni poda significativos, en cuanto sea posible serán eliminadas. Si se consideran malvadas, serán eliminadas. Aquí hay una diferencia. Esto se conoce como “llevar los asuntos de acuerdo con unos principios”.

jueves, 22 de noviembre de 2018

martes, 20 de noviembre de 2018

martes, 13 de noviembre de 2018

Sólo el que experimenta la obra de Dios verdaderamente cree en Dios (Selección)

    Hoy, Dios tiene nueva obra. Puede que no aceptes estas palabras; tal vez te parezcan extrañas, pero te aconsejo que no reveles tu naturalidad, porque sólo aquellos que tienen verdaderamente hambre y sed de justicia delante de Dios pueden obtener la verdad.

viernes, 19 de octubre de 2018

ANHELO

El mundo es oscuro,
el demonio reina.
La noche más larga
se prolonga.
La senda para creer
en el verdadero Dios
y buscar vida es difícil.

viernes, 31 de agosto de 2018

La mejor canción cristiana | Cómo comprender la apariencia y la obra de Cristo de los últimos días


Su encarnación personifica Su esencia y expresión.

Y cuando se haga carne Dios traerá la obra que debe hacer
para expresar lo que Él es, traer la verdad a los hombres,
les da vida y les muestra el camino.
Cualquier carne que no incorpore Su esencia,
ciertamente no es Dios encarnado.

viernes, 6 de julio de 2018

Dios te habla | Contemplando la aparición de Dios en Su juicio y Su castigo


    Dios Todopoderoso dice: “Nadie excepto Él puede saber todos nuestros pensamientos, o tener tal conocimiento de nuestra naturaleza y esencia, o juzgar la rebeldía y corrupción de la humanidad, o hablarnos y obrar entre nosotros como lo puede este en nombre del Dios del cielo.

jueves, 5 de julio de 2018

El hombre sólo puede salvarse en medio de la gestión de Dios

    Todo el mundo siente que la gestión de Dios es extraña, porque las personas piensan que la misma no está en absoluto relacionada con el hombre.

miércoles, 4 de julio de 2018

martes, 3 de julio de 2018

La esencia de Cristo es la obediencia a la voluntad del Padre celestial

    El Dios encarnado se llama Cristo y Cristo es la carne que se viste con el Espíritu de Dios. Esta carne es diferente de cualquier hombre que es de la carne. La diferencia es porque Cristo no es de carne y sangre, sino que es la personificación del Espíritu.

La esencia de la carne habitada por Dios

    El primer Dios encarnado vivió sobre la tierra durante treinta y tres años y medio, pero desarrolló Su ministerio sólo durante tres años y medio.

lunes, 2 de julio de 2018

La humanidad corrupta está más necesitada de la salvación del Dios hecho carne

    Dios se hizo carne porque el objeto de Su obra no es el espíritu de Satanás o de cualquier cosa incorpórea, sino el hombre que es de la carne y a quien Satanás ha corrompido.

domingo, 1 de julio de 2018

Dios es el Señor de toda la creación

    Una etapa de la obra de las dos eras anteriores tuvo lugar en Israel; la otra en Judea. En general, ninguna etapa de esta obra abandonó Israel; fueron las etapas de la obra llevadas a cabo entre el pueblo escogido inicial. Así pues, en la opinión de los israelitas, Jehová Dios sólo es el Dios de los israelitas. Debido a la obra de Jesús en Judea, y debido a Su terminación de la obra de la crucifixión, desde la perspectiva de los judíos, Jesús es el Redentor del pueblo judío. Él es únicamente el Rey de los judíos y de ningún otro pueblo; Él no es el Señor que redime a los ingleses, o a los americanos, sino el que redime a los israelitas, y en Israel redime a los judíos. Realmente, Dios es el Señor de todas las cosas. Él es el Dios de toda creación. No es tan sólo el Dios de los israelitas ni el de los judíos; es el Dios de toda la creación. Las dos etapas anteriores de Su obra tuvieron lugar en Israel y, por ello, las personas han dado forma a ciertos conceptos. Algunos piensan que Jehová estuvo obrando en Israel y que Jesús mismo llevó a cabo Su obra en Judea, adicionalmente, fue por medio de la encarnación que obró en Judea, y cualquiera que sea el caso, esta obra no se extendió más allá de Israel. Él no obró con los egipcios; no obró con los indios; sólo lo hizo con los israelitas. Las personas se forman así diversos conceptos; además, planifican la obra de Dios con una perspectiva determinada. Dicen que cuando Dios está obrando, debe hacerlo en medio del pueblo escogido y en Israel; salvo los israelitas, Dios no tiene otros destinatarios para Su obra, ni tiene ningún otro alcance para la misma; son particularmente estrictos al “disciplinar” al Dios encarnado, no permitiéndole moverse más allá del ámbito de Israel. ¿No son todos estos conceptos humanos? Dios hizo los cielos, la tierra y todas las cosas, toda la creación; ¿cómo podía limitar Su obra únicamente a Israel? En ese caso, ¿qué uso tendría para Él hacer la totalidad de Su creación? Él creó el mundo entero; ha llevado a cabo Su plan de gestión de seis mil años no sólo en Israel sino también en cada persona del universo. Independientemente de si vive en China, los Estados Unidos, el Reino Unido o Rusia, cada persona es un descendiente de Adán; Dios las ha hecho a todas. Ni una sola persona puede escaparse del ámbito de la creación de Dios, y ninguna puede quitarse la etiqueta de “descendiente de Adán”. Todas son la creación de Dios, y todas son descendientes de Adán; también lo son de los corruptos Adán y Eva. No sólo los israelitas son la creación de Dios, sino todas las personas; sin embargo, entre esa creación, algunos han sido maldecidos, y otros bendecidos. Hay muchas cosas deseables acerca de los israelitas; Dios obró inicialmente con ellos porque eran el pueblo menos corrupto. Los chinos palidecen en comparación con ellos, y ni siquiera pueden esperar equipararse a ellos; así pues, Dios obró inicialmente entre el pueblo de Israel, y la segunda etapa de Su obra sólo se llevó a cabo en Judea. Como consecuencia de esto, las personas se forman muchos conceptos y normas. Realmente, si Él tuviera que actuar de acuerdo a conceptos humanos, Dios sólo sería el Dios de los israelitas; de esta forma sería incapaz de expandir Su obra en las naciones gentiles, porque sólo sería el Dios de los israelitas en lugar del Dios de toda la creación. Las profecías dijeron que el nombre de Jehová sería grande en las naciones gentiles y que se difundiría en ellas, ¿por qué dirían esto? Si Dios fuera sólo el Dios de los israelitas, sólo obraría en Israel. Además, no expandiría esta obra, y no haría esta profecía. Como la hizo, necesitaría extender Su obra a las naciones gentiles y a cada nación y lugar. Como afirmó esto, lo haría por tanto así. Este es Su plan, porque Él es el Señor que creó los cielos y la tierra y todas las cosas, y el Dios de toda creación. Independientemente de si está obrando con los israelitas o en toda Judea, la obra que hace es la de todo el universo y toda la humanidad. La obra que hace hoy en la nación del gran dragón rojo —en una nación gentil— sigue siendo la de toda la humanidad. Israel puede ser la base para Su obra en la tierra; de igual forma, China puede también serlo para Su obra entre las naciones gentiles. ¿No ha cumplido ahora la profecía de que “el nombre de Jehová será grande en las naciones gentiles”? El primer paso de Su obra entre las naciones gentiles se refiere a esta obra que Él está haciendo en la nación del gran dragón rojo. Que el Dios encarnado esté obrando en esta tierra y entre estas personas malditas contradice particularmente los conceptos humanos; estas personas son las más humildes y no valen nada. Son todas personas a las que Jehová abandonó inicialmente. Las personas pueden ser abandonadas por otras personas, pero si lo son por Dios, no tendrán estatus, y tendrán el menor valor. Como parte de la creación, estar ocupado por Satanás o ser abandonado por otras personas son cosas dolorosas, pero si una parte de la creación lo es por el Señor de la creación, esto significa que su estatus es absolutamente bajo. Los descendientes de Moab fueron malditos, y nacieron en ese país subdesarrollado; sin duda, los descendientes de Moab son las personas con estatus más bajo bajo la influencia de las tinieblas. Como estas personas poseían el estatus más bajo en el pasado, la obra realizada entre ellas es muy capaz de destruir los conceptos humanos, y es también la obra más beneficiosa para todo este plan de gestión de seis mil años. Que Él obre entre estas personas es la acción más capaz de destruir conceptos humanos; con esto Él lanza una era; con esto destruye todas las nociones humanas; con esto termina la obra de toda la Era de la Gracia. Su obra inicial se llevó a cabo en Judea, dentro del ámbito de Israel; en las naciones gentiles no hizo en absoluto ninguna obra de lanzamiento de una era. La etapa final de Su obra no sólo se lleva a cabo entre el pueblo de las naciones gentiles; más aún, se realiza entre esas personas malditas. Este punto es la evidencia más capaz de humillar a Satanás; así pues, Dios “se vuelve” el Dios de toda la creación en el universo y el Señor de todas las cosas, el objeto de adoración para todo lo que tenga vida.

    Hay actualmente algunas personas que siguen sin entender qué tipo de obra nueva ha lanzado Dios. Él ha hecho un nuevo comienzo en las naciones gentiles y ha empezado otra era y lanzado otra obra, y está obrando entre los descendientes de Moab. ¿No es esta Su obra más nueva? Nadie ha experimentado esta obra a lo largo de las eras, ni nadie ha oído de ella, mucho menos la aprecia. La sabiduría, lo maravilloso, lo insondable, la grandeza, la santidad de Dios se apoyan en esta etapa de la obra en los últimos días, para emerger claramente. ¿No es esto una obra nueva que está destruyendo los conceptos humanos? Siguen estando los que piensan así: “Si Dios maldijo a Moab y dijo que abandonaría a sus descendientes, ¿cómo podría salvarlos ahora?”. Son aquellas personas de las naciones gentiles que fueron malditas y expulsadas de Israel; los israelitas las llamaban “perros gentiles”. En la opinión de todos, no son sólo perros gentiles, sino aun peor, los hijos de destrucción; en otras palabras, no son el pueblo escogido de Dios. Aunque nacieron originalmente dentro del ámbito de Israel, no forman parte de su pueblo; también fueron expulsados a naciones gentiles. Son las personas más bajas. Precisamente porque son los más bajos entre la humanidad, Dios lleva a cabo Su obra de lanzar una nueva era entre ellos. Como representan a la humanidad corrupta y la obra de Dios no carece de selectividad o propósito, la obra que Él lleva a cabo entre estas personas hoy es también obra realizada en medio de la creación. Noé fue parte de la creación, así como sus descendientes. Cualquiera en el mundo con carne y sangre es parte de la misma. La obra de Dios va dirigida a toda la creación; no se lleva a cabo de acuerdo a si uno ha sido maldito después de haber sido creado. Su obra de gestión se dirige a toda la creación, no a esas personas escogidas que no han sido malditas. Como Dios desea llevar a cabo Su obra en medio de Su creación, Él lo hará sin duda hasta su terminación exitosa; Él obrará entre esas personas que son beneficiosas para Su obra. Por tanto, destruye todas las convenciones al obrar entre personas; ¡para Él, las palabras “maldito”, “castigado” y “bendito” no tienen sentido! El pueblo judío es bastante bueno, y el pueblo escogido de Israel tampoco es malo; son personas de un buen calibre y humanidad. Jehová lanzó inicialmente Su obra entre ellos y llevó a cabo Su obra inicial, pero no tendría sentido que fuera a usarlos como destinatarios de Su obra de conquista actual. Aunque también forman parte de la creación y tienen muchos aspectos positivos, no tendría sentido llevar a cabo esta etapa de la obra entre ellos. Él sería incapaz de conquistar a alguien, ni podría convencer a toda la creación. Este es el sentido de la transferencia de Su obra desde estas personas a la nación del gran dragón rojo. El sentido más profundo aquí está en Su lanzamiento de una era, en Su destrucción de todas las normas y todos los conceptos humanos y también en Su finalización de la obra de toda la Era de la Gracia. Si Su obra actual se llevara a cabo entre los israelitas, cuando Su plan de gestión de seis mil años llegara a su fin, todos creerían que Dios es sólo el Dios de los israelitas, que sólo estos son el pueblo escogido de Dios, que sólo ellos merecen heredar la bendición y la promesa de Dios. Durante los últimos días, Dios se hace carne en la nación gentil del gran dragón rojo; Él ha cumplido Su obra como el Dios de toda la creación; ha completado toda Su obra de gestión, y acabará la parte central de Su obra en la nación del gran dragón rojo. El núcleo de estas tres etapas de obra es la salvación del hombre, concretamente, hacer que toda la creación adore al Señor de la misma. Por tanto, cada etapa de esta obra tiene mucho sentido; Dios no hará nada en absoluto sin sentido o valor. Por un lado, esta etapa de la obra consiste en lanzar una era y terminar las dos anteriores; por otro, consiste en destruir todos los conceptos humanos y todas las viejas formas de creencia y conocimiento humanos. La obra de las dos eras anteriores se llevó a cabo de acuerdo a conceptos humanos diferentes; esta etapa, sin embargo, elimina completamente los mismos, conquistando de esta forma totalmente a la humanidad. Usando la conquista de los descendientes de Moab y la obra llevada a cabo entre ellos, Dios conquistará a toda la humanidad en todo el universo. Este es el sentido más profundo de esta etapa de Su obra, y el aspecto más valioso de la misma. Aunque sepas que tu propio estatus es bajo y que vales poco, seguirás sintiendo que te has encontrado con la cosa más gozosa: has heredado una gran bendición, obtenido una gran promesa, y puedes completar esta gran obra de Dios, y puedes ver Su verdadero rostro, conocer Su carácter inherente, y llevar a cabo Su voluntad. Las dos etapas anteriores de la obra de Dios se llevaron a cabo en Israel. Si esta etapa de Su obra durante los últimos días siguiera llevándose a cabo entre los israelitas, no sólo toda la creación creería que sólo estos eran el pueblo escogido de Dios, sino que todo el plan de gestión de Dios tampoco alcanzaría su efecto deseado. Durante el período en el que las dos etapas de Su obra se llevaron a cabo en Israel, no se realizó ninguna obra nueva ni ningún lanzamiento de era por parte de Dios en las naciones gentiles. Esta etapa de obra de lanzamiento de una era se lleva a cabo primero en las naciones gentiles, y adicionalmente, se realiza primero entre los descendientes de Moab; esto ha lanzado toda la era. Dios ha destruido cualquier conocimiento contenido en los conceptos humanos y no ha permitido que ninguno de ellos siga existiendo. En Su obra de conquista ha destruido los conceptos humanos, esas formas viejas y anteriores de conocimiento humano. Deja que las personas vean que con Dios no hay reglas, que no hay nada viejo en Él, que la obra que hace está totalmente liberada, es totalmente libre, que Él acierta en todo lo que hace. Debes someterte completamente a cualquier obra que Él haga en medio de la creación. Cualquier obra que haga tiene sentido y se hace de acuerdo a Su propia opinión y sabiduría, y no según las elecciones y los conceptos humanos. Él hace aquello que es beneficioso para Su obra; si algo no lo es, no lo hará, ¡por muy bueno que sea! Él obra y selecciona el destinatario y el lugar para Su obra de acuerdo al sentido y el propósito de Su obra. Él no se ciñe a normas pasadas, ni sigue viejas fórmulas; en su lugar, planifica Su obra según el significado de la misma; al final quiere alcanzar su verdadero efecto y su propósito anticipado. Si no entiendes estas cosas ahora, esta obra no tendrá ningún efecto sobre ti.

La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre

    Vosotros debéis llegar a conocer la visión de la obra de Dios y captar la dirección general de Su obra. Esta es la entrada de una manera positiva. Cuando domines con precisión las verdades de la visión, tu entrada estará segura; no importa cómo cambie Su obra, vas a permanecer firme en tu corazón, estarás seguro de la visión y tendrás una meta para tu entrada y tu búsqueda. De esta manera, toda la experiencia y el conocimiento que haya dentro de ti irán profundizando más y se volverán más refinados. Una vez que hayas captado el panorama general en su totalidad, no sufrirás pérdida en la vida y ni te perderás. Si no llegas a conocer estos pasos de la obra, sufrirás pérdida en cada uno de ellos. No podrás dar la vuelta en pocos días, y no podrás emprender el camino correcto ni siquiera en unas cuantas semanas. ¿No te está retrasando esto? Mucho hay acerca de la entrada de una manera positiva y de esas prácticas que debéis dominar, y también debes captar varios puntos de la visión de Su obra, tales como la relevancia de Su obra de conquista, el camino para ser perfeccionado en el futuro, lo que se debe alcanzar a través de la experiencia de las pruebas y las tribulaciones, la relevancia del juicio y del castigo, los principios de la obra del Espíritu Santo, y los principios de la perfección y de la conquista. Todas estas son las verdades de la visión. El resto son las tres etapas de la obra de la Era de la Ley, la Era de la Gracia y la Era del Reino, así como el testimonio futuro. Estas también son las verdades que pertenecen a la visión y que son las más fundamentales así como las más cruciales. En el presente, hay demasiado que debéis entrar y practicar. Y ahora está más detallado y más estratificado. Si no tienes conocimiento de estas verdades, es prueba de que todavía no has entrado. La mayor parte del tiempo, el conocimiento que el hombre tiene de la verdad es demasiado hueco; el hombre no puede poner en práctica ciertas verdades básicas y no sabe cómo manejar hasta los asuntos triviales. La razón de que el hombre no pueda practicar la verdad es por causa de su carácter de rebeldía, y porque su conocimiento de la obra de la actualidad es demasiado superficial y unilateral. Así, no es una tarea fácil para el hombre ser perfeccionado. Tu rebeldía es demasiado grande y retienes demasiado de tu antiguo yo; no puedes permanecer del lado de la verdad y no puedes practicar ni siquiera la más evidente de las verdades. Tales hombres no pueden ser salvados y son los que no han sido conquistados. Si tu entrada no tiene ni detalles ni objetivos, el crecimiento te llegará lento. Si tu entrada no tiene lo más mínimo de la realidad, entonces tu búsqueda será en vano. Si no eres consciente de la esencia de la verdad, permanecerás sin cambios. El crecimiento en la vida del hombre y los cambios en su carácter se logran entrando en la realidad y, además, entrando en las experiencias detalladas. Si tienes muchas experiencias detalladas durante tu entrada, y tienes mucho conocimiento y entrada reales, tu carácter cambiará con rapidez. Incluso si en el presente no estás muy iluminado en la práctica, debes por lo menos ser iluminado acerca de la visión de la obra. Si no, no podrás entrar, y no podrás hacerlo así a menos que primero tengas el conocimiento de la verdad. Sólo si el Espíritu Santo te esclarece en tu experiencia obtendrás una comprensión más profunda de la verdad y entrarás más profundamente. Debéis llegar a conocer la obra de Dios.

    Después de la creación de la humanidad en el principio, fueron los israelitas los que sirvieron como la base de la obra, y todo Israel fue la base de la obra que Jehová hizo en la tierra. La obra de Jehová fue dirigir y pastorear de una manera directa al hombre por medio de presentar las leyes para que el hombre pudiera vivir una vida normal y adorar a Jehová de una manera normal en la tierra. Dios, en la Era de la Ley, era alguien que el hombre no podía ver ni tocar. Él sólo estaba guiando a los primeros hombres que Satanás corrompió y estaba ahí para instruir y pastorear a estos hombres, así que las palabras que habló fueron sólo estatutos, ordenanzas y un conocimiento común para vivir la vida como un hombre, y de ninguna forma las verdades que suplen la vida del hombre. Los israelitas bajo Su liderazgo no fueron los que antes Satanás había corrompido profundamente. Su obra de la ley era sólo la primera etapa de la obra de salvación, el mismo principio de la obra de salvación, y prácticamente no tenía nada que ver con los cambios en el carácter de la vida del hombre. Por lo tanto, al principio de la obra de salvación no había necesidad de que Él asumiera una carne para hacer Su obra en Israel. Es por esto que Él necesitaba un medio, es decir, una herramienta por medio de la cual tener contacto con el hombre. Así surgieron entre los seres creados los que hablaban y obraban en nombre de Jehová, y es así como los hijos de los hombres y los profetas llegaron a obrar entre los hombres. Los hijos de los hombres obraban entre los hombres en nombre de Jehová. Que Él los llamara así quiere decir que esos hombres expusieron las leyes en nombre de Jehová y también fueron sacerdotes entre el pueblo de Israel; tales hombres eran sacerdotes que Jehová vigilaba y protegía, y obraban por el Espíritu de Jehová; eran líderes entre el pueblo y servían directamente a Jehová. Los profetas, por el otro lado, eran los que se dedicaban a hablar, en nombre de Jehová, a los hombres de todas las naciones y tribus. También eran los que profetizaban la obra de Jehová. Ya fueran los hijos de los hombres o los profetas, a todos el Espíritu de Jehová los levantaba personalmente y tenían en ellos la obra de Jehová. Entre el pueblo, ellos eran los que directamente representaban a Jehová; eran los que obraban sólo porque Jehová los había levantado y no porque fueran la carne en la que se encarnó el mismo Espíritu Santo. Por lo tanto, aunque de manera similar hablaban y obraban en nombre de Dios, esos hijos de los hombres y profetas en la Era de la Ley no eran la carne del Dios encarnado. Esto fue precisamente lo opuesto en la Era de la Gracia y en la última etapa, porque la obra de salvación y el juicio de los hombres, ambos los hizo Dios encarnado y, por lo tanto, no hubo necesidad de otra vez levantar a los profetas e hijos de los hombres para obrar en Su nombre. A los ojos del hombre, no hay diferencias sustanciales entre la esencia y los medios de su obra. Y es por esta razón que el hombre siempre confunde la obra del Dios encarnado con la de los profetas y los hijos de los hombres. La apariencia del Dios encarnado fue básicamente la misma que la de los profetas y los hijos de los hombres. Y el Dios encarnado era todavía más ordinario y más real que los profetas. Por consiguiente, el hombre es completamente incapaz de distinguir entre ellos. El hombre sólo se enfoca en las apariencias, y es completamente inconsciente de que, aunque ambos obran y hablan, hay una diferencia sustancial. Como la habilidad de discernimiento del hombre es muy pobre, el hombre no puede discernir las cuestiones básicas y todavía es menos capaz de distinguir algo tan complejo. Las palabras y la obra de los profetas y los que el Espíritu Santo usaba estaban cumpliendo con el deber del hombre, llevando a cabo su función como un ser creado y haciendo lo que el hombre debe hacer. Sin embargo, las palabras y la obra de Dios encarnado fueron para llevar a cabo Su ministerio. Aunque Su forma externa era la de un ser creado, Su obra no era llevar a cabo Su función sino Su ministerio. El término “deber” se usa con relación a los seres creados, mientras que “ministerio” se usa con relación a la carne de Dios encarnado. Hay una diferencia esencial entre los dos, y los dos no son intercambiables. La obra del hombre sólo es cumplir con su deber, mientras que la obra de Dios es gestionar y llevar a cabo Su ministerio. Por lo tanto, aunque el Espíritu Santo usó a muchos apóstoles y muchos profetas fueron llenos de Él, su obra y palabras fueron sólo para cumplir con su deber como seres creados. Aunque sus profecías pudieran ser mayores que el camino de vida del que habló el Dios encarnado, y que incluso su humanidad fuera más trascendente que la del Dios encarnado, seguían cumpliendo su deber y no cumpliendo su ministerio. El deber del hombre se refiere a la función del hombre, y es algo que el hombre puede alcanzar. Sin embargo, el ministerio que llevó a cabo el Dios encarnado se relaciona con Su gestión y es inalcanzable para el hombre. Ya sea que el Dios encarnado hable, obre, o manifieste maravillas, está haciendo la gran obra dentro de Su gestión, y tal obra no la puede hacer el hombre en Su lugar. La obra del hombre sólo es cumplir con su deber como un ser creado en una etapa dada de la obra de gestión de Dios. Sin tal gestión, es decir, si el ministerio de Dios encarnado se pierde, también se pierde el deber de un ser creado. La obra de Dios en cumplir con Su ministerio es gestionar al hombre, mientras que el hombre cumpliendo con su deber es el desempeño de sus propias obligaciones para cumplir las demandas del Creador, y de ninguna manera se puede considerar que está cumpliendo con el ministerio de alguien. Para la esencia inherente de Dios, es decir, el Espíritu, la obra de Dios es Su gestión, pero para Dios encarnado, usando la forma externa de un ser creado, Su obra es el cumplimiento de Su ministerio. Cualquiera que sea la obra que Él haga, es la de cumplir con Su ministerio, y el hombre sólo puede hacer lo mejor que pueda dentro del campo de acción de Su gestión y bajo Su liderazgo.

    El hombre cumpliendo con su deber es, en la realidad, el logro de todo lo que es inherente dentro del hombre, es decir, lo que es posible para el hombre. Es entonces que su deber se cumple. Los defectos del hombre durante el servicio del hombre se reducen gradualmente a través de la experiencia progresiva y del proceso de su experiencia del juicio; no obstaculizan ni afectan el deber del hombre. Los que dejan de servir o ceden y retroceden por temor a los defectos que puedan existir en el servicio son los más cobardes de todos los hombres. Si el hombre no puede expresar lo que debe expresar durante el servicio, o lograr lo que por naturaleza es posible para él, y en cambio se hace el tonto y lo hace mecánicamente sin mostrar ningún interés, ha perdido la función que un ser creado debe tener. Esta clase de hombre se considera un mediocre cero a la izquierda y un inútil desperdicio de espacio; ¿cómo puede alguien así ser dignificado con el título de un ser creado? ¿No son entes de corrupción que brillan por fuera pero que están podridos por dentro? Si un hombre se llama a sí mismo Dios, pero no es capaz de expresar el ser de la divinidad, ni hacer la obra de Dios mismo, ni representar a Dios, sin duda no es Dios, porque no tiene la esencia de Dios, y lo que Dios puede por Su naturaleza lograr no existe dentro de él. Si el hombre pierde lo que por su naturaleza es alcanzable, ya no se puede considerar un hombre, y no es digno de permanecer como un ser creado o de venir delante de Dios y servirlo. Además, no es digno de recibir la gracia de Dios ni de que Dios lo cuide, lo proteja y lo perfeccione. Muchos que han perdido la confianza de Dios pasan a perder la gracia de Dios. No sólo no desprecian sus fechorías, sino que con descaro propagan la idea de que el camino de Dios no es correcto. Y esos rebeldes incluso niegan la existencia de Dios; ¿cómo puede esa clase de hombre con tal rebeldía tener el privilegio de gozar la gracia de Dios? Los hombres que no han cumplido su deber han sido muy rebeldes contra Dios y le deben mucho a Él, pero se dan la vuelta y critican severamente que Dios está equivocado. ¿Cómo podría esa clase de hombre ser digno de ser perfeccionado? ¿No es esto el precursor para que sean eliminados y castigados? Un hombre que no cumple con su deber delante de Dios ya es culpable de los crímenes más atroces para los que hasta la muerte es un castigo insuficiente, pero el hombre tiene el descaro de discutir con Dios y enfrentarse a Él. ¿Cuál es el valor de perfeccionar a esa clase de hombre? Si el hombre no cumple su deber, se debe sentir culpable y en deuda; debe despreciar su debilidad e inutilidad, su rebelión y corrupción, y también debe sacrificar su vida y sangre para Dios. Sólo entonces será un ser creado que verdaderamente ama a Dios, y sólo esa clase de hombre es digno de disfrutar las bendiciones y la promesa de Dios y de que Él lo perfeccione. ¿Y qué pasa con la mayoría de vosotros? ¿Cómo tratáis al Dios que vive entre vosotros? ¿Cómo habéis cumplido vuestro deber delante de Él? ¿Habéis hecho todo lo que fuisteis llamados a hacer, incluso a expensas de vuestra propia vida? ¿Qué habéis sacrificado? ¿No habéis recibido mucho de Mí? ¿Podéis hacer la distinción? ¿Qué tan leales me sois? ¿Cómo me habéis servido? ¿Y qué pasa con todo lo que os he otorgado y he hecho por vosotros? ¿Habéis tomado medida de todo esto? ¿Habéis juzgado y comparado esto con la poca conciencia que tenéis dentro de vosotros? ¿A quién podéis hacer el bien con vuestras palabras y acciones? ¿Podría ser que ese minúsculo sacrificio vuestro es digno de todo lo que os he otorgado? No tengo otra opción y me he dedicado a vosotros con todo el corazón, pero albergáis malvados recelos contra Mí y sois indiferentes. Este es el alcance de vuestro deber, vuestra única función. ¿No es así? ¿No sabéis que para nada habéis cumplido el deber de un ser creado? ¿Cómo podéis ser considerados un ser creado? ¿No sabéis con claridad qué es lo que estáis expresando y viviendo? No habéis cumplido con vuestro deber, pero buscáis obtener la misericordia y la gracia abundante de Dios. Esa gracia no ha sido preparada para unos tan inútiles y viles como vosotros, sino para los que no piden nada y se sacrifican con gusto. Tales hombres como vosotros, tales mediocres ceros a la izquierda, para nada sois dignos de disfrutar la gracia del cielo. ¡Sólo las dificultades y el interminable castigo acompañarán vuestros días! Si no me podéis ser fieles, vuestro destino será uno de sufrimiento. Si no podéis ser responsables ante Mis palabras y Mi obra, vuestra suerte será una de castigo. Ninguna gracia, bendiciones y vida maravillosa en el reino tendrán nada que ver con vosotros. ¡Este es el fin que merecéis y una consecuencia de vuestro propio esfuerzo! Esos hombres necios y arrogantes no sólo no han hecho su mejor esfuerzo o no han cumplido con su deber, sino que en cambio tienen las manos extendidas para recibir la gracia como si merecieran lo que piden. Y si no obtienen lo que piden, cada vez se hacen más infieles. ¿Cómo pueden esos hombres ser considerados sensatos? Sois de bajo calibre y estáis desprovistos de la razón, completamente incapaces de cumplir el deber que debéis cumplir durante la obra de gestión. Vuestro valor ya ha caído precipitosamente. Vuestro fracaso en recompensarme por mostraros ese favor ya es un acto de extrema rebeldía, suficiente para condenaros y demostrar vuestra cobardía, incompetencia, vileza e indignidad. ¿Cómo podríais todavía estar calificados para mantener vuestras manos extendidas? No sois capaces de ser de la menor ayuda a Mi obra, no sois capaces de comprometeros con vuestra fe ni de dar testimonio de Mí. Estas ya son vuestras fechorías y fracasos, pero en cambio me atacáis, decís mentiras de Mí y os quejáis de que soy injusto. ¿Es esto lo que contribuye a vuestra lealtad? ¿Es esto lo que constituye a vuestro amor? ¿Qué otra obra podéis hacer más allá de esta? ¿Cómo habéis contribuido a toda la obra que se ha hecho? ¿Qué tanto habéis gastado? Ya es un acto de gran misericordia que no ponga ninguna culpa sobre vosotros, pero vosotros todavía con desvergüenza me dais excusas y os quejáis de Mí en privado. ¿Tenéis un mínimo tinte de humanidad? Aunque el deber del hombre esté manchado por la mente del hombre y sus nociones, debes cumplir con tu deber y comprometerte con tu fe. Las impurezas en la obra del hombre son un problema de su calibre, mientras que, si el hombre no cumple con su deber, ello muestra su rebeldía. No hay correlación entre el deber del hombre y si es bendito o maldito. El deber es lo que el hombre debe cumplir; es su deber ineludible y no debe depender de las recompensas, condiciones o razones. Sólo entonces eso es cumplir con su deber. Un hombre que es bendito goza de bondad tras ser perfeccionado después del juicio. Un hombre que es maldito recibe el castigo cuando su carácter no cambia después del castigo y el juicio, es decir, no ha sido perfeccionado. Como un ser creado, el hombre debe cumplir su deber, hacer lo que debe hacer, y hacer lo que es capaz de hacer, independientemente de si será bendecido o maldecido. Esta es la condición más básica para el hombre, como de uno que está en busca de Dios. No debes cumplir con tu deber sólo para ser bendecido y no te debes negar a actuar por temor a ser maldecido. Dejadme deciros una cosa: Si el hombre es capaz de cumplir con su deber, esto quiere decir que desempeña lo que debe hacer. Si el hombre no es capaz de cumplir con su deber, esto muestra la rebeldía del hombre. Siempre es por medio del proceso de cumplir con su deber que el hombre es cambiado gradualmente, y es por medio de este proceso que demuestra su lealtad. Como tal, entre más puedas cumplir con tu deber, más verdades recibirás y así también tu expresión se volverá más real. Los que sólo cumplen con su deber por inercia y no buscan la verdad, al final serán eliminados, porque tales hombres no cumplen con su deber en la práctica de la verdad, y no practican la verdad en el cumplimiento de su deber. Tales hombres son los que permanecen sin cambios y van a ser malditos. No sólo sus expresiones son impuras, sino que lo que expresan no es otra cosa que maldad.

    En la Era de la Gracia, Jesús también habló mucho y trabajó mucho. ¿En qué fue diferente de Isaías? ¿En qué fue diferente de Daniel? ¿Fue un profeta? ¿Por qué se dice que Él es Cristo? ¿Cuáles son las diferencias entre ellos? Todos fueron hombres que hablaron palabras y sus palabras les parecían más o menos iguales a los hombres. Todos hablaron y obraron. Los profetas del Antiguo Testamento hicieron profecías y, de manera similar, también Jesús. ¿Por qué es así? La distinción aquí se basa en la naturaleza de la obra. Con el fin de discernir este asunto, no puedes considerar la naturaleza de la carne y no debes considerar la profundidad o la superficialidad de las palabras de alguien. Siempre debes considerar primero su obra y los resultados que su obra logra en el hombre. Las profecías de las que habló Isaías en ese tiempo no suplían la vida del hombre, y los mensajes que recibían aquellos como Daniel eran sólo profecías y no el camino de vida. Si no fuera por la revelación directa de Jehová, nadie hubiera hecho esa obra porque es imposible para los mortales. Jesús también habló mucho, pero esas palabras eran el camino de vida del cual el hombre podía encontrar una vía a la práctica. Es decir, en primer lugar, Él podía suplir la vida del hombre porque Jesús es vida; en segundo lugar, Él podía revertir las desviaciones del hombre; en tercer lugar, Su obra podía suceder a la de Jehová con el fin de seguir adelante con la era; en cuarto lugar, podía captar las necesidades internas del hombre y entender lo que al hombre le falta; en quinto lugar, podía marcar el comienzo de una nueva era y dar por terminada la vieja. Es por esto que se llama Dios y Cristo; no sólo es diferente de Isaías, sino que también de todos los otros profetas. Considera a Isaías como una comparación de la obra de los profetas. En primer lugar, no podía suplir la vida del hombre; en segundo, no podía marcar el comienzo de una nueva época. Estaba trabajando bajo el liderazgo de Jehová y no para marcar el comienzo de una nueva época. Tercero, lo que habló estaba más allá de su comprensión. Estaba recibiendo revelaciones directamente del Espíritu de Dios y los demás no entenderían incluso si las hubieran escuchado. Sólo estas cuantas cosas son suficientes para probar que sus palabras no eran más que profecías, no más que un aspecto de la obra hecha en lugar de Jehová. Sin embargo, no podía representar complemente a Jehová. Era el siervo de Jehová, un instrumento en la obra de Jehová. Sólo estaba haciendo la obra dentro de la Era de la Ley y dentro del campo de acción de la obra de Jehová; no obró más allá de la Era de la Ley. Por el contrario, la obra de Jesús era distinta. Él superó el campo de acción de la obra de Jehová; obró como el Dios encarnado y padeció la crucifixión con el fin de redimir a toda la humanidad. Es decir, llevó a cabo una nueva obra fuera de la obra que Jehová había hecho. Esto marcó el comienzo de una nueva era. Otra condición es que podía hablar de lo que el hombre no podía lograr. Su obra fue una obra dentro de la gestión de Dios e involucraba a toda la humanidad. No obró en sólo unos cuantos hombres, ni Su obra fue guiar a un número limitado de hombres. En cuanto a cómo Dios se hizo carne para ser un hombre, cómo el Espíritu dio las revelaciones en aquel momento, y cómo el Espíritu descendió sobre un hombre para hacer la obra, estos son asuntos que el hombre no puede ver o tocar. Es completamente imposible que estas verdades sirvan como una prueba de que Él es el Dios encarnado. Como tal, sólo se puede hacer distinción en las palabras y la obra de Dios, que son tangibles para el hombre. Sólo esto es real. Esto es así porque los asuntos del Espíritu no son visibles para ti y sólo Dios mismo los sabe con claridad, y ni siquiera la carne encarnada de Dios lo sabe todo; sólo puedes verificar si Él es Dios[a] por la obra que ha hecho. De Su obra se puede ver que, en primer lugar, Él puede abrir una nueva era; segundo, puede suplir la vida del hombre y mostrarle al hombre el camino a seguir. Esto es suficiente para establecer que Él es Dios mismo. Por lo menos, la obra que Él hace puede representar completamente al Espíritu de Dios, y de tal obra se puede ver que el Espíritu de Dios está dentro de Él. Ya que la obra que hizo el Dios encarnado fue principalmente para marcar el comienzo de una nueva era, guiar una nueva obra, inaugurar nuevas circunstancias, estas cuantas condiciones por sí solas son suficientes para establecer que Él es Dios mismo. Esto lo diferencia de Isaías, Daniel y los otros grandes profetas. Isaías, Daniel y todos los demás eran de una clase de hombres muy educados y cultos; fueron hombres extraordinarios bajo el liderazgo de Jehová. La carne de Dios encarnado también tenía conocimiento y no carecía de intelecto, pero Su humanidad era particularmente normal. Él era un hombre ordinario y a simple vista no se podía discernir ninguna humanidad especial acerca de Él o detectar nada en Su humanidad que fuera diferente a la de los demás. Él no era sobrenatural o único, y no poseía ninguna alta educación, conocimiento o teoría superior. La vida de la que habló y el camino que guio no se ganaron por medio de la teoría, por medio del conocimiento, por medio de la experiencia de la vida o por medio de la educación familiar. Más bien, fueron la obra directa del Espíritu y de la carne. Esto se debe a que el hombre tiene grandes nociones de Dios, y particularmente porque estas nociones constan de muchos elementos de vaguedad y de lo sobrenatural que, a los ojos del hombre, un Dios ordinario con debilidad humana, que no puede obrar señales y prodigios, seguramente no es Dios. ¿No son estas las nociones erróneas del hombre? Si la carne de Dios encarnado no era un hombre normal, ¿entonces cómo se podía decir que se hizo carne? Ser de la carne es ser un hombre ordinario y normal; si hubiera sido un ser trascendente, entonces no hubiera sido de la carne. Para probar que Él es de la carne, Dios encarnado tenía que poseer una carne normal. Esto era sólo para completar la relevancia de la encarnación. Sin embargo, este no fue el caso para los profetas y los hijos de los hombres. Fueron hombres dotados y que el Espíritu Santo usó; a los ojos del hombre, su humanidad era particularmente grandiosa y desempeñaban muchos actos que superaban la humanidad normal. Por esta razón, el hombre los veía como Dios. Ahora todos vosotros debéis ver esto con claridad, porque ha sido el tema que con mayor facilidad han confundido todos los hombres en las épocas pasadas. Además, la encarnación es la más misteriosa de todas las cosas y lo más difícil que el hombre puede aceptar es Dios encarnado. Lo que digo es propicio para cumplir vuestra función y vuestro entendimiento del misterio de la encarnación. Todo esto se relaciona con la gestión de Dios, con la visión. Vuestra comprensión de esto va a ser más beneficiosa para obtener conocimiento de la visión, es decir, la obra de gestión. De esta manera, también obtendréis mucha comprensión del deber que las diferentes clases de hombre deben desempeñar. Aunque estas palabras no os muestran directamente el camino, siguen siendo de gran ayuda para vuestra entrada, porque a vuestras vidas al presente les falta mucha visión, y esto se volverá un obstáculo importante que impida vuestra entrada. Si no habéis podido entender estas cuestiones, entonces no habrá ninguna motivación que conduzca vuestra entrada. ¿Y cómo puede dicha búsqueda permitiros cumplir mejor vuestro deber?

Nota al pie:

a. El texto original omite “si Él es Dios”.

sábado, 30 de junio de 2018

Sólo los que conocen a Dios y Su obra pueden satisfacer a Dios

    La obra de Dios encarnado incluye dos partes. La primera vez que Él se hizo carne, la gente no creía en Él, ni lo conocían, y clavaron a Jesús en la cruz. De igual manera, la segunda vez la gente tampoco creyó en Él, y mucho menos lo conocieron, y una vez más clavaron a Cristo en la cruz. ¿No es acaso el hombre el enemigo de Dios? Si el hombre no lo conoce, ¿cómo puede el hombre ser íntimo con Dios? ¿Y cómo podría estar calificado para dar testimonio de Dios? Amar a Dios, servir a Dios, glorificar a Dios, ¿no son estas mentiras engañosas? Si tú dedicas tu vida a estas cosas poco prácticas e irrealistas, ¿acaso no estarás trabajando en vano? ¿Cómo puedes ser un íntimo de Dios cuando ni siquiera sabes quién es Dios? ¿Acaso no es tal búsqueda vaga y abstracta? ¿Acaso no es engañosa? ¿Cómo puede ser alguien un íntimo de Dios? ¿Cuál es el significado práctico de ser un íntimo de Dios? ¿Puedes ser un íntimo del Espíritu de Dios? ¿Puedes ver cuán grande y exaltado es el Espíritu? Ser el íntimo de un Dios invisible e intangible, ¿no es eso algo vago y abstracto? ¿Cuál es el significado práctico de dicha búsqueda? ¿No son todas mentiras engañosas? Lo que tú persigues es convertirte en un íntimo de Dios, mas, de hecho, eres el perro faldero de Satanás ya que no conoces a Dios, y buscas a un inexistente “Dios de todas las cosas”, que es invisible, intangible y de acuerdo a tus propias nociones. Hablando vagamente, un “Dios” como este es Satanás, y prácticamente hablando, eres tú mismo. Buscas ser tu propio íntimo y aun así insistes en que buscas ser el íntimo de Dios, ¿acaso no es esto blasfemia? ¿Cuál es el valor de dicha búsqueda? Si el Espíritu de Dios no se hace carne, entonces la esencia de Dios no es más que un Espíritu invisible, intangible de la vida, sin forma y amorfo, algo no material, inaccesible e incomprensible para el hombre. ¿Cómo podría ser el hombre íntimo de un espíritu incorpóreo, asombroso, insondable como este? ¿Acaso no es esto un chiste? Tal razonamiento es inválido e impráctico. El hombre creado es inherentemente de una especie diferente a la del Espíritu de Dios, entonces ¿cómo podrían ambos ser íntimos? Si el Espíritu de Dios no se hubiese manifestado en la carne, si Dios no se hubiese convertido en carne y se hubiese humillado al convertirse en una criatura, el hombre creado no tendría ni calificación ni capacitación para ser Su íntimo, y aparte de esos devotos creyentes que podrían tener la oportunidad de ser íntimos de Dios después de que sus almas hayan entrado al cielo, la mayoría de la gente sería incapaz de convertirse en íntimos del Espíritu de Dios. Y si el hombre desea convertirse en íntimo de Dios en el cielo bajo la guía de Dios encarnado, ¿acaso no es un no humano asombrosamente necio? El hombre simplemente busca la “fidelidad” a un Dios invisible, y no presta la más mínima atención al Dios que se puede ver, debido a que es tan fácil buscar a un Dios invisible, el hombre puede hacerlo de la forma que quiera. Pero la búsqueda del Dios visible no es tan fácil. El hombre que busca un Dios difuso es absolutamente incapaz de ganar a Dios, porque las cosas que son difusas y abstractas son todas imaginadas por el hombre, e incapaces de ser adquirida por el hombre. Si el Dios que vino entre vosotros fuese un Dios elevado y exaltado que fuese inaccesible para vosotros, entonces, ¿cómo podéis buscar Su voluntad? ¿Y cómo podéis conocerlo y comprenderlo? Si Él sólo hubiese realizado Su obra, y no hubiese tenido ningún contacto normal con el hombre, o hubiese estado poseído de una humanidad fuera de lo normal y hubiese sido inaccesible para los meros mortales, entonces aun cuando Él hiciera mucho trabajo por vosotros, pero vosotros no tuvieseis contacto con Él, y no lo hubieseis podido ver, ¿cómo podéis saber quién es Él? Si no fuera por esta carne poseída de la humanidad normal, el hombre no tuviese manera de conocer a Dios; es sólo gracias a la encarnación de Dios que el hombre está calificado para ser el íntimo de este Dios en la carne. El hombre se vuelve íntimo de Dios, porque el hombre entra en contacto con Él, porque el hombre vive junto a Él y lo acompaña, y así poco a poco llega a conocerlo. Si no fuera así, ¿no sería la búsqueda del hombre en vano? Es decir, no es a causa de la obra de Dios que el hombre es capaz de volverse íntimo de Dios, sino por la realidad y la normalidad de Dios encarnado. Es sólo porque Dios se hace carne que el hombre tiene la oportunidad de cumplir con su deber, y la oportunidad de adorar al Dios verdadero. ¿Acaso no es esta la más actual y práctica verdad? Ahora bien, ¿todavía deseas ser un íntimo de Dios en el cielo? Sólo cuando Dios se humilla hasta cierto punto, es decir, sólo cuando Dios se hace carne, el hombre puede ser Su íntimo y confidente. Dios es del Espíritu: ¿Cómo es el hombre calificado para ser el íntimo de este Espíritu, que es tan elevado e insondable? Sólo cuando el Espíritu de Dios desciende en la carne y se convierte en una criatura con la misma apariencia externa del hombre, es cuando el hombre podrá entender Su voluntad y de hecho ser ganado por Él. Él habla y obra en la carne, comparte en las alegrías, penurias y tribulaciones del hombre, vive en el mismo mundo que el hombre, protege al hombre y lo guía, y a través de esto Él purifica al hombre, y permite al hombre obtener Su salvación y Su bendición. Habiendo obtenido todas estas cosas, el hombre en verdad llega a comprender la voluntad de Dios, y sólo entonces puede ser un íntimo de Dios. Sólo esto es práctico. Si Dios fuera invisible e intangible para el hombre, ¿cómo podría el hombre ser Su íntimo? ¿No es esto acaso doctrina vacía?

    En su creencia en Dios hoy en día, muchas personas todavía persiguen lo que es vago y abstracto. No tienen ninguna comprensión de la realidad de la obra de Dios en el presente, y aún viven entre letras y doctrinas. Más aún, la mayoría todavía tienen que entrar en la realidad de las nuevas frases tales como: la “nueva generación de los que aman a Dios”, el “íntimo de Dios”, el “ejemplar y modelo del amor de Dios”, el “estilo de Pedro”; en cambio, su búsqueda sigue siendo vaga y abstracta, todavía deambulan a tientas en torno a la doctrina, y no tienen la comprensión de la realidad de estas palabras. Cuando el Espíritu de Dios se hace carne, tú puedes ver y tocar Su obra en la carne. Sin embargo, si continúas siendo incapaz de convertirte en Su íntimo, si aún eres incapaz de ser Su confidente, entonces, ¿cómo podrías ser el confidente del Espíritu de Dios? Si no conoces al Dios de hoy, ¿cómo puedes pertenecer a la nueva generación de los que aman a Dios? ¿Acaso no son estas las letras y doctrinas vacías? ¿Eres capaz de ver el Espíritu y presentir Su voluntad? ¿No son estas palabras vacías? No es suficiente para ti el que sencillamente pronuncies estas frases y términos, ni tampoco puedes lograr la satisfacción de Dios sólo por medio de la resolución. Te sientes satisfecho sólo con pronunciar estas palabras, y lo haces para satisfacer tus propios deseos, para satisfacer tus propios ideales irrealistas, y para satisfacer tus propias nociones y forma de pensar. Si no conoces al Dios de hoy, entonces, independientemente de lo que hagas, no serás capaz de satisfacer el deseo del corazón de Dios. ¿Qué significa ser confidente de Dios? ¿Todavía no entiendes esto? En vista de que el íntimo de Dios es el hombre, así Dios es también hombre, es decir, Dios se ha hecho carne, se ha convertido en hombre. Sólo aquellos que son de la misma especie pueden llamarse confidentes los unos a los otros, sólo entonces podrán ser considerados íntimos. Si Dios fuera del Espíritu, ¿cómo podría el hombre creado ser Su íntimo?

    Tu creencia en Dios, tu búsqueda de la verdad, e incluso la forma en que te comportas, todo ello debe basarse en la actualidad: todo lo que haces debe ser práctico, y no debes buscar cosas ilusorias y fantasiosas. No hay ningún valor en comportarse de esta manera, y, por otra parte, una vida así no tiene significado alguno. Debido a que tu búsqueda y tu vida la gastas en nada más que la mentira y el engaño, y que no buscas las cosas que tienen valor y significado, lo único que obtienes es un razonamiento absurdo y una doctrina absurda que no provienen de la verdad. Este tipo de cosas no guardan relación con el significado y el valor de tu existencia, y sólo puede llevaros a un mundo hueco. De esta manera, toda tu vida no tendría ningún valor o significado, y si no buscas una vida significativa, entonces podrás vivir cien años y todo no te serviría para nada. ¿Cómo podría eso llamarse una vida humana? ¿Acaso no es esa en realidad la vida de un animal? Del mismo modo, si vosotros intentáis seguir el camino de la creencia en Dios, pero no intentáis encontrar al Dios que puede ser visto, y en su lugar adoráis a un Dios invisible e intangible, entonces ¿no sería tal búsqueda aún más inútil? Al final, tu búsqueda se volvería un montón de ruinas. ¿Qué provecho te brindaría tal búsqueda? El mayor problema del hombre es que a él sólo le gustan las cosas que no puede ver ni tocar, las cosas que son supremamente misteriosas y asombrosas, que son inimaginables por el hombre y que son inalcanzables por simples mortales. Cuanto más irrealistas sean estas cosas, más las analiza el hombre, que incluso las persigue haciendo caso omiso de todo lo demás, y se engaña a sí mismo pensando que es capaz de obtenerlas. Cuanto más irrealista sean estas, más las somete a escrutinio y las analiza el hombre, incluso yendo tan lejos como crear sus propias exhaustivas ideas sobre ellas. Por el contrario, mientras más realistas sean las cosas, más las desdeña el hombre; simplemente las mira con altivez, y hasta es despectivo hacia ellas. ¿No es esta precisamente vuestra actitud hacia el trabajo realista que Yo realizo hoy? Mientras más realistas sean las cosas, más prejuiciosos sois contra de ellas. Vosotros no escatimáis tiempo en examinarlas, sino que sencillamente las ignoráis; miráis con altivez estos requisitos realistas y claros, e incluso albergáis numerosas nociones acerca de este Dios que es muy práctico, y simplemente sois incapaces de aceptar Su realidad y normalidad. De esta manera, ¿no giran vuestras creencias en torno a la vaguedad? Vosotros mantenéis una creencia inquebrantable en el Dios vago de los tiempos pasados, y no tenéis interés en el Dios práctico de hoy. ¿No se debe esto a que el Dios de ayer y el Dios de hoy corresponden a dos épocas diferentes? ¿No es también debido a que el Dios de ayer es el Dios exaltado de los cielos, mientras que el Dios de hoy es un hombre pequeño en la tierra? ¿No es, por otra parte, porque el Dios adorado por el hombre es producto de sus nociones, mientras que el Dios de hoy es verdadera carne hecha sobre la tierra? Cuando todo esté dicho y hecho, ¿no lo será porque el Dios de hoy es tan real que el hombre no lo busca? Porque lo que el Dios de hoy pide del hombre es precisamente lo que el hombre está menos dispuesto a hacer, y que le produce vergüenza. ¿No es esto hacer las cosas más difíciles para el hombre? ¿No pone esto en evidencia sus cicatrices? De esta manera, muchos de los que no buscan la actualidad se vuelven enemigos de Dios encarnado, se convierten en anticristos. ¿No es esto un hecho evidente? En el pasado, cuando Dios aún no se había hecho carne, quizá vosotros erais una figura religiosa, o un creyente devoto. Después que Dios se hizo carne, muchos de estos devotos creyentes, sin saberlo, se convirtieron en anticristos. ¿Sabes tú lo que está pasando aquí? En tu creencia en Dios, no te concentras en la actualidad o en la búsqueda de la verdad, sino que en cambio te obsesionas con falsedades. ¿No es esto la fuente más clara de tu enemistad con Dios encarnado? Dios encarnado es llamado Cristo, así que ¿no son todos los que no creen en Dios encarnado, anticristos? ¿Y ese en el cual crees y al cual amas el verdadero Dios hecho carne? ¿Es en verdad ese el Dios vivo que respira y que es muy actual y extraordinariamente normal? ¿Cuál es exactamente el objetivo de tu búsqueda? ¿Está en el cielo o en la tierra? ¿Es una noción o es la verdad? ¿Es Dios o es un ser sobrenatural? De hecho, la verdad es el más real de los aforismos de la vida, y el más alto de tales aforismos en toda la humanidad. Debido a que es el requisito que Dios hace al hombre, y es la obra realizada personalmente por Dios, que esta es la razón por la que se llama el aforismo de la vida. No es un aforismo que se resume de algo, ni tampoco es una famosa cita de una gran figura; sino que es la declaración del Soberano de los cielos y la tierra y de todas las cosas, a la humanidad, y no algunas palabras resumidas por el hombre, sino que es la vida inherente de Dios. Y por ello es que se le llama el más alto de los aforismos de la vida. La búsqueda del hombre por llevar a la práctica la verdad, es el desempeño de su deber, es decir, la búsqueda de la satisfacción de los requerimientos de Dios. La esencia de este requisito es la más actual de todas las verdades, en lugar de una doctrina vacía alcanzable por ningún hombre. Si tu búsqueda no es más que la doctrina y no contiene ninguna realidad, ¿no te estás acaso rebelando contra la verdad? ¿No eres alguien que ataca a la verdad? ¿Cómo puede una persona así buscar amar a Dios? ¡Las personas que no tienen una realidad son las que traicionan la verdad, y son inherentemente rebeldes!

    Independientemente de cómo haces tú búsqueda, debes, sobre todo, comprender la obra que Dios hace en la actualidad, y debes conocer el significado de este trabajo. Debes entender y saber qué trabajo es el que Dios traerá cuando Él venga en los últimos días, qué carácter Él tendrá, y lo que se perfeccionará en el hombre. Si tú no conoces o no comprendes el trabajo que Él ha venido a hacer en la carne, entonces ¿cómo puedes buscar Su voluntad, y cómo puedes llegar a ser Su íntimo? De hecho, ser íntimo de Dios no es complicado, pero tampoco es sencillo. Si el hombre puede percibir, entonces él puede implementar, por lo que no es complicado; si el hombre no puede percibir, entonces es mucho más difícil, y, más aún, el hombre se vuelve propenso a buscar en medio de la vaguedad. Si, en la búsqueda de Dios, el hombre no tiene su propia postura que defender, y no sabe cuál es la verdad a la que debe apegarse, entonces significa que no tiene bases, por lo que no le será fácil mantenerse firme. Actualmente hay muchos que no entienden la verdad, que no pueden distinguir entre el bien y el mal o saber lo que deben amar u odiar. Tales personas apenas pueden mantenerse firmes. Clave en la creencia en Dios es ser capaz de poner en práctica la verdad, preocuparse por la voluntad de Dios, conocer la obra de Dios en el hombre cuando Él venga en la carne y los principios por los que Él habla; no sigas a las masas, y debes tener principios en cuanto a en qué debes entrar, y debes apegarte a ellos. Manteniéndote firme a esas cosas dentro de ti esclarecido por Dios, será de ayuda para ti. Si no lo haces, hoy vas a desviarte hacia un camino, mañana te desviarás hacia otro, y nunca obtendrás nada verdadero. Ser así no beneficiará tu propia vida. Aquellos que no entienden la verdad siempre siguen a los demás: si la gente dice que esta es la obra del Espíritu Santo, entonces, también tú dirás que es la obra del Espíritu Santo; si la gente dice que es la obra de un espíritu maligno, entonces, también te volverás dudoso, o también dirás que es la obra de un espíritu maligno. Siempre repetirás como loro las palabras de los demás, y serás incapaz de distinguir nada por ti mismo, ni serás capaz de pensar por ti mismo. Esto sería alguien sin una posición, que es incapaz de diferenciar, ¡tal persona es un ser despreciable sin valor! Esta clase de personas siempre repiten las palabras de los demás: hoy se dice que esta es la obra del Espíritu Santo, pero es probable que un día alguien diga que no es la obra del Espíritu Santo, sino nada más que obras del hombre, sin embargo, tú no puedes ver a través de esto, y cuando eres testigo de que otros lo dicen, tú repites lo mismo. En realidad, es la obra del Espíritu Santo, pero tú dices que es la obra del hombre; ¿acaso no te has convertido en uno de los que blasfeman contra la obra del Espíritu Santo? Y al hacerlo, ¿acaso no te opones a Dios porque no eres capaz de diferenciar? Quién sabe, quizás algún día aparezca algún imbécil que diga que “este es el trabajo de un espíritu maligno”, y cuando escuches estas palabras te habrás confundido, y una vez más estarás atado por las palabras de otros. Cada vez que alguien crea perturbación eres incapaz de defender tu posición, y esto es todo debido a que no posees la verdad. Creer en Dios y buscar el conocimiento de Dios no es un asunto sencillo. Esto no puede lograrse simplemente reuniéndose y escuchando prédicas, y tú no puedes ser perfeccionado sólo por la pasión. Debes experimentar y conocer, y tener principios en tus acciones, y debes obtener la obra del Espíritu Santo. Cuando hayas sufrido experiencias, serás capaz de diferenciar muchas cosas, serás capaz de distinguir entre el bien y el mal, entre la rectitud y la maldad, entre lo que es de carne y hueso y lo que es de la verdad. Tú debes ser capaz de distinguir entre todas estas cosas, y al hacerlo, sin importar las circunstancias, nunca te perderás. Sólo esto es tu verdadera estatura. El conocimiento de la obra de Dios no es una cuestión simple: debes tener estándares y un objetivo de tu búsqueda, debes saber cómo se busca el camino verdadero, cómo medir si es o no es el camino verdadero, y si es o no es la obra de Dios. ¿Cuál es el principio más fundamental en la búsqueda del camino verdadero? Tienes que ver si es o no la obra del Espíritu Santo, si estas palabras son la expresión de la verdad, a quién han sido testificadas, y lo que pueden traerte. Distinguir entre el camino verdadero y el falso requiere de varios aspectos de los conocimientos fundamentales, el más fundamental de los cuales es decir si existe o no la obra del Espíritu Santo. Porque la esencia de la creencia del hombre en Dios es la creencia en el Espíritu de Dios, e incluso su creencia en Dios encarnado se debe a que esta carne es la personificación del Espíritu de Dios, lo que significa que tal creencia sigue siendo la creencia en el Espíritu. Existen diferencias entre el espíritu y la carne, pero debido a que esta carne proviene del Espíritu, y es la Palabra hecha carne, entonces en lo que el hombre cree sigue siendo la esencia inherente de Dios. Y, por ende, al diferenciar si este es o no el camino verdadero, por sobre todo se tiene que observar si es o no la obra del Espíritu Santo, después de lo cual se debe ver si existe o no verdad en este camino. Esta verdad es el carácter de vida de la humanidad normal, es decir, lo que fue requerido del hombre cuando Dios lo creó en el principio, a saber: toda la humanidad normal (incluyendo el sentido humano, la percepción, la sabiduría y el conocimiento básico de ser hombre). Es decir, se necesita analizar si este camino lleva o no al hombre a una vida de humanidad normal, si la verdad dicha es o no requerida de acuerdo con la realidad de la humanidad normal, si esta verdad es o no práctica y actual, y si es o no es muy oportuna. Si existe verdad en ello, entonces será capaz de llevar al hombre a experiencias normales y prácticas; el hombre, por otra parte, se hace cada vez más normal, el sentido humano del hombre se vuelve cada vez más completo, la vida del hombre en la carne y la vida espiritual se vuelven cada vez más ordenadas, y las emociones del hombre se hacen cada vez más normales. Este es el segundo principio. Hay otro principio, que se refiere a si el hombre tiene o no un conocimiento cada vez mayor de Dios, si el que experimente este tipo de obra y verdad puede inspirar el amor de Dios en él y acercarlo cada vez más a Dios. En esto se puede medir si este es o no el camino verdadero. Lo más fundamental es si este camino es más realista que sobrenatural, y si es o no capaz de proporcionar vida al hombre. Si se ajusta a estos principios, puede llegarse a la conclusión de que este camino es el camino verdadero. Digo estas palabras no para obligaros a aceptar otras formas en vuestras futuras experiencias, ni tampoco como una predicción de que habrá el trabajo de otra nueva era en el futuro. Yo las digo para que vosotros podáis estar seguros de que el camino de hoy es el camino verdadero, de modo que vosotros no sólo estéis medio-seguros en cuanto a vuestras creencias sobre el trabajo de hoy y seáis incapaces de profundizar en él. Incluso hay muchos que, a pesar de sentirse seguros, aún son seguidores en confusión; tal certeza no contiene un principio, y debe ser eliminada tarde o temprano. Incluso aquellos que son especialmente ardientes seguidores, son tres partes seguros y cinco partes inseguros, lo que demuestra que no tienen ningunas bases. Debido a que vuestro calibre es demasiado pobre y vuestra base demasiado superficial, vosotros no tenéis ninguna comprensión de la diferenciación. Dios no repite Su obra, Él no hace trabajos que no sean realistas, Él no hace exigencias excesivas al hombre, y Él no hace el trabajo que vaya más allá del sentido del hombre. Todo el trabajo que hace está dentro del ámbito del sentido normal del hombre, y no supera el sentido de la humanidad normal, y Su obra está de acuerdo a las necesidades normales del hombre. Si se trata de la obra del Espíritu Santo, el hombre se hace cada vez más normal, y su humanidad se vuelve cada vez más normal. El hombre tiene un conocimiento cada vez mayor de su carácter, que ha sido corrompido por Satanás, y de la esencia del hombre, y él tiene un anhelo cada vez creciente por la verdad. Es decir, la vida del hombre crece y crece, y el carácter corrupto del hombre llega a ser capaz de más y más cambios, todo lo cual es el significado de Dios que se convierte en la vida del hombre. Si un camino es incapaz de revelar aquellas cosas que son la esencia del hombre, es incapaz de cambiar el carácter del hombre y, más aún, es incapaz de traerlo a Dios o de proporcionarle una verdadera comprensión de Dios, e incluso hace que su humanidad se vuelva cada vez más precaria y su sentido cada vez más anormal, entonces este no debe ser el camino verdadero, y puede que sea obra de un espíritu maligno, o de la manera antigua. En pocas palabras, no puede pertenecer a la presente obra del Espíritu Santo. Vosotros habéis creído en Dios por todos estos años, sin embargo, no tenéis la menor idea de los principios para diferenciar entre el camino verdadero y el camino falso o de buscar el camino verdadero. La mayoría de las personas ni siquiera están interesadas ​​en estos asuntos; ellos simplemente van donde la mayoría va, y repiten lo que la mayoría dice. ¿Cómo puede ser esta una persona que busca el camino verdadero? ¿Y cómo pueden estas personas encontrar el camino verdadero? Si captas estos principios clave, entonces no importa lo que pase, no serás engañado. En la actualidad es crucial que el hombre sea capaz de hacer distinciones; esto es lo que debe ser poseído por la humanidad normal y lo que el hombre debe poseer en su experiencia. Si, aún hoy en día, el hombre continúa sin distinguir nada como seguidor, y su sentido humano todavía no ha crecido, entonces el hombre es demasiado necio, y su búsqueda es equivocada y desviada. No existe la más mínima diferencia en tu búsqueda actual, y si bien es cierto, como tú dices, que has encontrado el camino verdadero, ¿lo has ganado? ¿Has sido capaz de distinguir algo? ¿Cuál es la esencia del camino verdadero? En el camino verdadero, no has adquirido el camino verdadero, no has ganado nada de la verdad, lo que quiere decir que no has logrado lo que Dios requiere de ti, y por tanto no ha habido ningún cambio en tu corrupción. Si continúas tu búsqueda por este camino, finalmente serás eliminado. Después de haber seguido hasta el día de hoy, debes estar seguro de que el camino que has tomado es el camino correcto, y no deberías tener más dudas. Muchas personas son siempre inciertas y dejan de buscar la verdad a causa de algunos asuntos insignificantes. Tales personas son los que no tienen conocimiento de la obra de Dios, son los que siguen a Dios en confusión. Las personas que no conocen la obra de Dios no son capaces de ser Sus íntimos, o de dar testimonio de Él. Aconsejo a los que sólo buscan bendiciones y a quienes buscan solamente lo que es vago y abstracto, que busquen la verdad tan pronto como sea posible, para que su vida pueda tener significado. ¡Ya no te engañes más!