martes, 3 de julio de 2018

La obra de Dios y la práctica del hombre

    La obra que Dios hace entre los hombres es inseparable del hombre porque el hombre es el objeto de esta obra y la única criatura hecha por Dios que puede dar testimonio de Dios.

La esencia de la carne habitada por Dios

    El primer Dios encarnado vivió sobre la tierra durante treinta y tres años y medio, pero desarrolló Su ministerio sólo durante tres años y medio.

lunes, 2 de julio de 2018

La humanidad corrupta está más necesitada de la salvación del Dios hecho carne

    Dios se hizo carne porque el objeto de Su obra no es el espíritu de Satanás o de cualquier cosa incorpórea, sino el hombre que es de la carne y a quien Satanás ha corrompido.

domingo, 1 de julio de 2018

Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios

    La obra de gestionar a la humanidad se divide en tres etapas, lo que significa que la obra de salvar a la humanidad se divide en tres etapas.

La obra de Dios y la obra del hombre

     ¿Qué tanto de la obra del hombre es la obra del Espíritu Santo y qué tanto es la experiencia del hombre? Incluso el día de hoy se puede decir que las personas todavía no entienden estas preguntas, todo porque no entienden los principios de la obra del Espíritu Santo.

El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine

    La mayoría de las personas creen en Dios por el bien de su destino futuro o por un disfrute temporal. Para aquellas personas que no se han sometido a ningún trato, creer en Dios es por el bien de entrar al cielo, y obtener recompensas. No es con el fin de ser perfeccionadas ni de cumplir con el deber de una criatura de Dios. Es decir, la mayoría de las personas no creen en Dios para cumplir con sus responsabilidades o completar su deber. Raramente creen las personas en Dios con el fin de vivir vidas significativas ni tampoco están las que creen que como el hombre está vivo, debe amar a Dios porque así lo afirma la ley del Cielo y el principio de la tierra; además, es la vocación natural del hombre. De esta forma, aunque cada persona diferente busca sus propios objetivos, la meta de su búsqueda y la motivación subyacente son parecidas; aún más, para la mayoría de ellas, los objetos de su adoración son, en gran parte, los mismos. Durante los últimos miles de años, muchos creyentes han muerto y otros han muerto y nacido de nuevo. No son sólo una o dos personas las que buscan a Dios, ni siquiera mil o dos mil; sin embargo, la búsqueda de la mayoría de estas personas es por el bien de sus propias expectativas o de sus esperanzas gloriosas para el futuro. Los fieles a Cristo son escasos y aislados. Muchos creyentes devotos han muerto atrapados en sus propias redes y el número de personas que han conseguido el éxito es, además, insignificantemente pequeño. Hasta este día, las razones por las que fracasan las personas, o los secretos de su éxito, siguen siendo desconocidos. Aquellos que están obsesionados en buscar a Cristo siguen sin haber tenido su momento de percepción repentina, no han llegado al fondo de estos misterios, porque simplemente no saben. Aunque hacen esfuerzos concienzudos en su búsqueda, la senda por la que caminan estas personas es la del fracaso que ya transitaron sus predecesores y no es la del éxito. De esta forma, al margen de cómo busquen, ¿no andan ellas por la senda que lleva a las tinieblas? ¿Acaso lo que obtienen no es un fruto amargo? Es bastante difícil predecir si las personas que emulan a los que tuvieron éxito en tiempos pasados llegarán finalmente a la bendición o a la calamidad. ¿Cuán peores son las probabilidades, pues, para quienes buscan siguiendo los pasos de los que fracasaron? ¿No están ante una posibilidad incluso mayor de fracasar? ¿Qué valor hay en la senda que siguen? ¿No están perdiendo su tiempo? Independientemente de que las personas tengan éxito o fracasen en su búsqueda, existe, en pocas palabras, una razón por la que lo hacen, y no es el caso de que su éxito o fracaso esté determinado por buscar como les plazca.

    El requisito primordial de la creencia del hombre en Dios es que tenga un corazón sincero, que se entregue por completo y que obedezca realmente. Lo más difícil para el hombre es entregar toda su vida a cambio de una creencia verdadera, a través de la cual puede obtener toda la verdad y cumplir con su deber como criatura de Dios. Esto es inalcanzable para aquellos que fracasan y lo es incluso más para quienes no pueden encontrar a Cristo. Como el hombre no es bueno para entregarse totalmente a Dios, como no está dispuesto a cumplir con su deber para con el Creador, como ha visto la verdad pero la evita y camina por su propia senda, como siempre busca siguiendo la senda de los que han fracasado y como siempre desafía al cielo, por eso es que él siempre fracasa y cae en las artimañas de Satanás, atrapado en su propia red. Como el hombre no conoce a Cristo, como no es experto en el entendimiento y la experiencia de la verdad, como es demasiado respetuoso de Pablo y demasiado codicioso del cielo, como siempre está exigiendo que Cristo le obedezca y está dándole órdenes a Dios, por eso es que esas grandes figuras y aquellos que han experimentado las vicisitudes del mundo siguen siendo mortales y siguen muriendo en medio del castigo de Dios. Todo lo que puedo decir de tales personas es que tienen una muerte trágica y que la consecuencia para ellas —su muerte— no se produce sin justificación. ¿No es su fracaso aún más intolerable para la ley del cielo? La verdad viene del mundo del hombre, pero la verdad entre los hombres es transmitida por Cristo. Se origina en Cristo, es decir, en Dios mismo, y es inalcanzable para el hombre. Sin embargo, Cristo sólo provee la verdad; Él no viene a decidir si el hombre tendrá éxito en su búsqueda de la verdad. Por tanto, se deduce que el éxito o el fracaso en la verdad se reduce a la búsqueda del hombre. El éxito o fracaso del hombre sobre la verdad nunca ha tenido nada que ver con Cristo, sino que viene determinado por su búsqueda. El destino del hombre y su éxito o fracaso no pueden achacarse a Dios, haciendo que Él mismo cargue con ello, porque este no es un asunto de Dios mismo, sino que está directamente relacionado con el deber que las criaturas de Dios deben cumplir. La mayoría de las personas tienen un poco de conocimiento sobre la búsqueda y el destino de Pablo y Pedro, pero sólo conocen el desenlace para Pedro y Pablo e ignoran el secreto subyacente al éxito de Pedro o las deficiencias que llevaron al fracaso de Pablo. Y así, si sois completamente incapaces de percibir la esencia de su búsqueda, la de la mayoría de vosotros seguirá fracasando y aunque un pequeño número de vosotros tenga éxito, seguiréis sin ser iguales a Pedro. Si la senda de tu búsqueda es la correcta, tendrás una esperanza de éxito; si la senda que recorres en busca de la verdad es la errónea, siempre serás incapaz de tener éxito, y tendrás el mismo final que Pablo.

    Pedro fue un hombre que fue perfeccionado. Sólo después de experimentar el castigo y el juicio y obteniendo, por tanto, un amor puro hacia Dios, fue cuando él estuvo totalmente perfeccionado; la senda por la que él caminó fue la del perfeccionamiento. Es decir que desde el principio, Pedro transitó por la senda correcta y su motivación para creer en Dios fue la adecuada y, por tanto, pasó a ser alguien que fue perfeccionado. Pedro anduvo por una nueva senda por la que el hombre nunca había caminado, mientras que Pablo caminó desde el principio por el camino de la oposición a Cristo, y sólo pudo obrar para Cristo durante varias décadas, gracias a que el Espíritu Santo quiso usarlo y aprovechar sus dones y todos sus méritos para Su obra. Fue simplemente alguien utilizado por el Espíritu Santo; no fue usado porque Jesús viera su humanidad con buenos ojos, sino debido a sus dones. Pablo pudo trabajar para Jesús porque fue derribado, no porque él se sintiera feliz de hacerlo. El esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo hicieron posible que él realizara dicha obra, la cual no representa en absoluto su búsqueda ni su humanidad. La obra de Pablo representa la de un siervo, es decir, la de un apóstol. Pedro, sin embargo, fue diferente: él también hizo alguna obra, pero no tan grande como la de Pablo; Pedro trabajó en medio de la búsqueda de su propia entrada y su obra fue distinta a la de Pablo. La obra de Pedro fue el cumplimiento del deber de una criatura de Dios. Él no obró en el rol de apóstol, sino en el transcurso de su propia búsqueda del amor a Dios. El curso de la obra de Pablo también contenía su búsqueda personal, pero esta sólo era por el bien de sus esperanzas para el futuro y su deseo de un buen destino. Él no aceptó el refinamiento durante su obra ni tampoco aceptó poda ni trato. Él creía que mientras la obra que él llevaba a cabo satisficiera el deseo de Dios y que mientras todo lo que hacía le agradara a Dios, finalmente le esperaría una recompensa. No hubo experiencias personales en su obra; todo fue por causa de la obra y no se llevó a cabo en medio de su búsqueda de un cambio. Todo en su obra fue una transacción, no contenía nada sobre el deber ni la sumisión de una criatura de Dios. Durante el transcurso de su obra no se produjeron cambios en el viejo carácter de Pablo. Su obra fue, sencillamente, de servicio a los demás y fue incapaz de producir cambios en su carácter. Pablo llevó a cabo su obra de forma directa sin haber sido perfeccionamiento ni tratado y su motivación era la recompensa. Pedro fue diferente: había pasado por la poda, el trato y el refinamiento. El objetivo y la motivación de su obra fueron fundamentalmente diferentes a los de Pablo. Aunque Pedro no realizó una gran cantidad de obra, su carácter sufrió muchos cambios y lo que buscaba era la verdad y un cambio real. No llevaba a cabo su obra tan sólo por el bien de la obra misma. Aunque Pablo realizó mucha obra, fue toda del Espíritu Santo y aunque él colaboró con su realización, no la experimentó. Que Pedro haya obrado menos, sólo se debió a que el Espíritu Santo no realizó tanta obra a través de él.

    La cantidad de obra que ambos realizaron no determinó su perfeccionamiento; la búsqueda de uno fue para recibir recompensas y la del otro fue para lograr un amor supremo a Dios y cumplir con su deber como criatura de Dios, hasta el punto de poder vivir una imagen hermosa que satisficiera el deseo de Dios. Externamente eran diferentes, y también lo eran sus esencias. No puedes determinar cuál de ellos fue perfeccionado en base a la cantidad de obra que realizaron. Pedro buscó vivir la imagen de alguien que ama a Dios, ser alguien que obedecía a Dios, ser alguien que aceptaba el trato y la poda y ser alguien que cumplía con su deber como criatura de Dios. Él fue capaz de entregarse a Dios, de poner todo su ser en Sus manos y de obedecerle hasta la muerte. Eso fue lo que él decidió a hacer y, además, fue lo que logró. Esta es la razón fundamental por la que su final fue diferente al de Pablo. La obra que el Espíritu Santo llevó a cabo en Pedro fue la de perfeccionarlo y la obra que el Espíritu Santo realizó en Pablo fue la de usarlo. Esto se debe a que sus naturalezas y sus opiniones respecto a la búsqueda no eran las mismas. Ambos tuvieron la obra del Espíritu Santo. Pedro aplicó esta obra en sí mismo y también la proveyó a otros; Pablo, entretanto, sólo proveyó la totalidad de la obra del Espíritu Santo a otros y no obtuvo nada de la misma para sí mismo. De esta forma, después de haber experimentado la obra del Espíritu Santo durante tantos años, los cambios en Pablo fueron casi inexistentes. Él siguió prácticamente en su estado natural y continuó siendo el Pablo de antes. Fue tan sólo después de haber soportado las dificultades de muchos años de obra, había aprendido cómo trabajar, y a resistir, pero su vieja naturaleza —su naturaleza altamente competitiva y mercenaria— siguió siendo la misma. Después de haber obrado durante tantos años, no conoció su carácter corrupto ni se había librado de su viejo carácter, algo que seguía siendo claramente visible en su obra. En él sólo había más experiencia de obrar, pero esa poca experiencia fue incapaz de cambiarlo por sí sola y no pudo alterar sus opiniones sobre la existencia o el sentido de su búsqueda. Aunque trabajó muchos años para Cristo y nunca más persiguió al Señor Jesús, en su corazón no hubo cambio alguno en su conocimiento de Dios. Lo que significa que él no obró con el fin de entregarse a Dios, sino que, en su lugar, se vio obligado a hacerlo en aras de su destino futuro. Y es que, al principio, persiguió a Cristo y no se sometió a Él; inherentemente él era un rebelde que se opuso deliberadamente a Cristo y alguien sin conocimiento de la obra del Espíritu Santo. Al concluir su obra, seguía sin conocerla y se limitaba a actuar por su propia cuenta según su propia naturaleza, sin prestar la más mínima atención a la voluntad del Espíritu Santo. Así pues, su naturaleza estaba enemistada con Cristo y no obedecía la verdad. ¿Cómo podría ser salvado alguien como él, abandonado por la obra del Espíritu Santo, que no conocía la obra del Espíritu Santo y que, además, se oponía a Cristo? Si una persona puede o no ser salvada no depende de cuánta obra realice ni de cuánto se entregue, más bien está determinado por su conocimiento o desconocimiento de la obra del Espíritu Santo, por si pone o no en práctica la verdad y por si sus opiniones respecto a la búsqueda están en conformidad con la verdad. Aunque las revelaciones naturales tuvieron lugar después de que Pedro comenzara a seguir a Jesús, desde el principio él era, en su naturaleza, alguien dispuesto a someterse al Espíritu Santo y a buscar a Cristo. Su obediencia al Espíritu Santo era pura; no buscaba fama y fortuna, sino que le motivaba la obediencia a la verdad. Aunque Pedro negó en tres ocasiones conocer a Cristo y aunque tentó al Señor Jesús, esas pequeñas debilidades humanas no tuvieron relación con su naturaleza ni afectaron su búsqueda futura; tampoco puede demostrar suficientemente que su tentación fuera un acto de anticristo. La debilidad humana normal es algo que comparten todas las personas del mundo. ¿Cuentas con que Pedro sea diferente? ¿No tienen las personas ciertas opiniones acerca de Pedro porque cometió varios errores insensatos? ¿Y no adoran las personas a Pablo por toda la obra que realizó y todas las epístolas que escribió? ¿Cómo podría ser una persona capaz de percibir la esencia del hombre? ¿Acaso pueden ver algo de tanta insignificancia los que de verdad tienen sentido común?

    Aunque los muchos años de dolorosas experiencias de Pedro no se registran en la Biblia, esto no prueba que él no tuviera experiencias reales o que no hubiera sido perfeccionado. ¿Cómo puede la obra de Dios ser comprendida completamente por el hombre? Jesús no seleccionó personalmente los relatos incluidos en la Biblia, sino que estos fueron recopilados por generaciones posteriores. De esta forma, ¿no se escogió todo lo registrado en la Biblia de acuerdo a las ideas del hombre? Además, el final de Pedro y el de Pablo no se declara expresamente en las epístolas, por lo que el hombre los juzga a ambos según sus propias percepciones y preferencias. Y como Pablo llevó a cabo tanta obra y como sus “contribuciones” fueron tan grandes, se ganó la confianza de las masas. ¿No se concentra la gente únicamente en superficialidades? ¿Cómo podían las personas ser capaces de percibir la esencia del hombre? Por no hablar de que, habiendo sido Pablo objeto de adoración durante miles de años, ¿quién se atrevería a negar precipitadamente su obra? Pedro era sólo un pescador, así que ¿cómo podía ser su contribución tan grande como la de Pablo? Si uno se basa en la contribución de cada uno, Pablo tendría que haber sido recompensado antes que Pedro y debería haber sido el que estaba mejor calificado para obtener la aprobación de Dios. Quién habría imaginado que, en Su trato con Pablo, Dios se limitara a hacerle trabajar a través de sus dones, mientras que Él perfeccionó a Pedro. No se trata, en modo alguno, de que el Señor Jesús hiciera planes para Pedro y Pablo desde el principio; más bien se les perfeccionó o se les puso a obrar según su naturaleza inherente. Por tanto, lo que las personas ven no son más que las contribuciones externas del hombre, mientras que lo que Dios ve es la esencia del hombre, así como la senda que él busca desde el principio y la motivación subyacente a su búsqueda. Las personas miden al hombre de acuerdo a sus nociones y a sus propias percepciones, pero el final de una persona no se determina según sus externalidades. Por esto digo que si la senda que tomas desde el principio es la del éxito y tu punto de vista respecto a la búsqueda es el correcto desde el inicio, entonces eres como Pedro; si la senda que transitas es la del fracaso, entonces cualquiera que sea el precio que pagues, tu final será el mismo que el de Pablo. Cualquiera que sea el caso, tu destino, tu éxito o tu fracaso están determinados por el hecho de que la senda que buscas sea o no la correcta, y no por tu devoción ni por el precio que pagas. Las esencias de Pedro y de Pablo y los objetivos que buscaban, eran diferentes; el hombre es incapaz de descubrir estas cosas y sólo Dios puede conocerlas en su totalidad. Y es que Dios ve la esencia misma del hombre, mientras que el hombre no conoce nada sobre su propia esencia. El ser humano es incapaz de observar la esencia del hombre o su estatura real y por tanto es incapaz de identificar las razones del fracaso y del éxito de Pablo y Pedro. La razón por la que la mayoría de las personas adora a Pablo y no a Pedro es porque Pablo fue usado para obrar públicamente, la cual la gente puede percibir, así que las personas reconocen los “logros” de Pablo. Entretanto, las experiencias de Pedro son invisibles para el hombre, y lo que él buscó es inalcanzable por el hombre, por tanto, este no tiene interés en Pedro.

    Pedro fue perfeccionado por medio de la experiencia del trato y del refinamiento. Él dijo: “Debo satisfacer el deseo de Dios en todo momento. En todo lo que hago sólo busco satisfacer el deseo de Dios y si soy castigado o juzgado, me sigo sintiendo feliz de hacerlo”. Pedro entregó su todo a Dios, y su obra, sus palabras y toda su vida fueron para amar a Dios. Él buscaba la santidad y cuanto más experimentaba, mayor era su amor por Dios en lo profundo de su corazón. Mientras que Pablo sólo llevó a cabo una obra externa y, aunque trabajó duro, sus esfuerzos eran en aras de realizar su obra adecuadamente y obtener así una recompensa. De haber sabido que no recibiría recompensa, habría abandonado su obra. Pedro se preocupaba por el amor verdadero en su corazón, por lo que era actual y podía lograrse. No le preocupaba recibir una recompensa, sino si su carácter podía cambiar. Pablo se preocupaba de trabajar más duro, por el trabajo exterior y por la devoción, y por las doctrinas que las personas corrientes no experimentaban. No le importaban en absoluto los cambios en su interior ni el amor verdadero por Dios. Las experiencias de Pedro fueron con el fin de lograr un amor verdadero y un conocimiento verdadero. Sus experiencias tenían la finalidad de lograr una relación más estrecha con Dios y vivir una vida práctica. La obra de Pablo tuvo lugar por lo que Jesús le confió y con el fin de obtener aquello que anhelaba, pero esto no guardaba relación con el conocimiento de sí mismo y de Dios. Su obra fue únicamente en aras de escapar del castigo y del juicio. Pedro buscaba el amor puro y Pablo la corona de justicia. Pedro experimentó muchos años de la obra del Espíritu Santo y tenía un conocimiento práctico de Cristo, así como un profundo conocimiento de sí mismo. Por tanto, su amor a Dios era puro. Muchos años de refinamiento habían elevado su conocimiento de Jesús y de la vida, y su amor era un amor incondicional, era un amor espontáneo, y él no pidió nada a cambio ni esperó beneficio alguno. Pablo obró por muchos años, pero no poseía un gran conocimiento de Cristo y su conocimiento de sí mismo era lastimosamente pequeño. Él simplemente no sentía amor por Cristo, y su obra y su recorrido tenían como fin obtener los laureles finales. Él buscaba la mejor corona, no el amor más puro. No buscaba de forma activa, sino pasiva; no estaba cumpliendo con su deber, sino que se vio obligado en su búsqueda tras haber sido capturado por la obra del Espíritu Santo. Así pues, su búsqueda no demuestra que fuera una criatura calificada de Dios; Pedro era una criatura calificada de Dios que cumplía con su deber. La gente piensa que todos aquellos que hacen una contribución a Dios deben recibir una recompensa y cuanto mayor sea la contribución, más dan por hecho que deben recibir el favor de Dios. La esencia del punto de vista del hombre es transaccional y él no busca activamente cumplir con su deber como criatura de Dios. Para Él, cuánto más busquen las personas un amor verdadero y una obediencia total a Dios, lo que también significa procurar cumplir con sus deberes como criaturas de Dios, más capaces serán de obtener Su aprobación. El punto de vista de Dios es exigir que las personas recuperen sus deberes y sus estaturas originales. El hombre es una criatura de Dios y, por tanto, no debe excederse haciéndole exigencias a Dios y debe limitarse a cumplir con su deber como criatura de Dios. Los destinos de Pablo y Pedro se midieron de acuerdo a la capacidad de cada uno para cumplir con su deber como criatura de Dios y no según el tamaño de su contribución; sus destinos se determinaron de acuerdo a lo que buscaron desde el principio y no según la cantidad de obra que llevaron a cabo ni de acuerdo a la estimación que otras personas sentían por ellos. Por tanto, buscar activamente cumplir con el propio deber como criatura de Dios es la senda hacia el éxito; buscar la senda de un amor verdadero a Dios es la senda más correcta; buscar cambios en el viejo carácter propio y un amor puro a Dios, es la senda hacia el éxito. Esa senda hacia el éxito es la senda de la recuperación del deber original y de la apariencia original de una criatura de Dios. Es la senda de la recuperación y también el objetivo de toda la obra de Dios de principio a fin. Si la búsqueda del hombre está manchada con exigencias personales extravagantes y anhelos irracionales, entonces el efecto que se obtenga no será el cambio en el carácter del hombre. Esto entra en conflicto con la obra de recuperación. Indudablemente no es una obra del Espíritu Santo y demuestra que Dios no aprueba este tipo de búsqueda. ¿Qué sentido tiene una búsqueda que Dios no ha aprobado?

    La obra realizada por Pablo se exhibió ante el hombre, pero cuán puro era su amor por Dios, cuánto era su amor por Dios en lo profundo de su corazón, es invisible para el ser humano. El hombre sólo puede observar la obra efectuada y, a partir de esto, él sabe que el Espíritu Santo lo ha usado, sin duda, y por ello deduce que Pablo fue mejor que Pedro, que su obra fue más grande, porque fue capaz de proveer a las iglesias. Pedro sólo se fijaba en sus experiencias personales y ganó muy pocas personas durante su obra ocasional. Existen unas pocas epístolas suyas poco conocidas, pero ¿quién sabe cuán grande era su amor por Dios en lo profundo de su corazón? Día tras día, Pablo obraba para Dios; mientras hubiera trabajo que hacer, él lo hacía. Sentía que de esta forma sería capaz de obtener la corona y que podría satisfacer a Dios, pero no buscó maneras de cambiar él mismo por medio de su obra. Cualquier cosa en la vida de Pedro que no satisfacía el deseo de Dios hacía que se sintiera incómodo. Si no colmaba el deseo de Dios se sentía lleno de remordimiento y buscaba una forma adecuada de esforzarse para satisfacer el corazón de Dios. Incluso en los aspectos más pequeños e irrelevantes de su vida, seguía exigiéndose satisfacer el deseo de Dios. No era menos severo cuando se trataba de su viejo carácter, siempre riguroso en sus exigencias a sí mismo para progresar más profundamente en la verdad. Pablo sólo buscaba la reputación y el estatus superficiales. Buscaba exhibirse delante de la gente y no hacer progresos más profundos en la entrada a la vida. Lo que le preocupaba era la doctrina, no la realidad. Algunas personas dicen: “Pablo realizó tanta obra para Dios, ¿por qué Él no lo conmemoró? Pedro llevó a cabo poca obra para Dios y no hizo una gran contribución para las iglesias; entonces, ¿por qué fue perfeccionado?”. Pedro amaba a Dios hasta el punto que Él lo requería; sólo las personas así tienen testimonio. ¿Y qué hay de Pablo? ¿Sabes hasta qué punto amó él a Dios? ¿En aras de qué fue la obra de Pablo? ¿Y en aras de qué fue la de Pedro? Pedro no realizó mucha obra, pero ¿sabes lo que había en lo profundo de su corazón? La obra de Pablo concierne a la provisión de las iglesias y al sustento de las mismas. Pedro experimentó cambios en su carácter vital, experimentó el amor de Dios. Ahora que sabes las diferencias entre sus esencias, puedes ver quién, en última instancia, creía en Dios verdaderamente y quién no; uno de ellos amaba a Dios de verdad y el otro no; uno pasó por cambios en su carácter y el otro no; uno recibió la adoración de las personas y tuvo una gran imagen, y el otro sirvió con humildad y las personas no reparaban mucho en él; uno buscaba la santidad y el otro no, y aunque no era impuro, tampoco poseía un amor puro; uno poseía humanidad verdadera y el otro no; uno poseía el sentido de la criatura de Dios y el otro no. Esas son las diferencias entre la esencia de Pablo y la de Pedro. La senda por la que Pedro caminó es la del éxito, que es también la senda de lograr la recuperación de la humanidad normal y del deber de una criatura de Dios. Pedro representa a todos aquellos que tienen éxito. La senda transitada por Pablo es la del fracaso y él representa a todos los que sólo se someten y se entregan superficialmente y a los que no aman a Dios genuinamente. Pablo representa a todos los que no poseen la verdad. En su creencia en Dios, Pedro buscó satisfacerle en todas las cosas y obedecer todo lo que viniera de Él. Sin la más mínima queja, fue capaz de aceptar el castigo y el juicio, así como el refinamiento, la tribulación y las carencias en su vida, nada de lo cual pudo alterar su amor a Dios. ¿No es este el máximo amor a Dios? ¿No es esto el cumplimiento del deber de una criatura de Dios? Castigo, juicio, tribulación; eres capaz de lograr la obediencia hasta la muerte y esto es lo que debe conseguir una criatura de Dios, esta es la pureza del amor a Dios. Si el hombre puede conseguir un tanto así, es una criatura de Dios calificada y no hay nada que satisfaga más el deseo del Creador. Imagina que eres capaz de obrar para Dios, pero no le obedeces y eres incapaz de amarle verdaderamente. De esta forma, no sólo no habrás cumplido el deber de una criatura de Dios, sino que Él también te condenará, porque no posees la verdad, eres incapaz de obedecerle y eres desobediente a Dios. Sólo te preocupas de obrar para Dios y no de poner en práctica la verdad ni de conocerte a ti mismo. No entiendes ni conoces al Creador y no le obedeces ni le amas. Tu desobediencia a Dios es innata y el Creador no ama a tales personas.

    Algunas personas afirman: “Pablo hizo una cantidad tremenda de obra, llevó muchas cargas por las iglesias y contribuyó mucho a ellas. Las trece epístolas de Pablo ratificaron 2.000 años de la Era de la Gracia y sólo las superan los Cuatro Evangelios. ¿Quién puede compararse con él? Nadie puede descifrar el Apocalipsis de Juan, mientras que las epístolas de Pablo proveen vida y la obra que realizó fue beneficiosa para las iglesias. ¿Quién más pudo haber logrado tales cosas? ¿Y cuál fue la obra de Pedro?”. Cuando el hombre mide a otros, lo hace según sus contribuciones. Cuando Dios evalúa al hombre, lo hace de acuerdo con su naturaleza. Entre los que buscan vida, Pablo fue alguien que desconocía su propia esencia. No era en absoluto humilde ni obediente, ni conocía su esencia, la cual se oponía a Dios. Por tanto, era alguien que no había pasado por experiencias detalladas ni puso en práctica la verdad. Pedro era diferente. Conocía sus imperfecciones, sus debilidades y su carácter corrupto como una criatura de Dios y, por tanto, tenía una senda de práctica por medio de la cual cambiar su carácter; no era uno de esos que sólo tenía doctrina, pero no realidad. Las que cambian son personas nuevas que han sido salvadas, son las calificadas para la búsqueda de la verdad. Las que no lo hacen pertenecen a aquellas que son obsoletas por naturaleza; son las que no se han salvado, es decir, aquellas a las que Dios ha detestado y rechazado. Ellas no serán conmemoradas por Dios, por muy grande que haya sido su obra. Cuando comparas esto con tu propia búsqueda, debe ser evidente si eres finalmente un tipo de persona como Pedro o como Pablo. Si aún no hay verdad en lo que buscas, y si todavía hoy sigues siendo tan soberbio e insolente como Pablo, y te elogias a ti mismo con tanta elocuencia como él, sin duda eres un degenerado que fracasa. Si buscas lo mismo que Pedro, si procuras prácticas y cambios verdaderos y no eres arrogante ni obstinado, sino que buscas cumplir con tu deber, serás una criatura de Dios que puede lograr la victoria. Pablo no conocía su propia esencia o corrupción y, mucho menos, su propia desobediencia. Nunca mencionó su desafío despreciable hacia Cristo ni se arrepintió demasiado. Sólo ofreció una breve explicación y, en lo profundo de su corazón, no se sometió totalmente a Dios. Aunque cayó en el camino de Damasco, no miró en lo profundo de su ser. Se contentó con seguir obrando simplemente y no consideró que conocerse y cambiar su viejo carácter fueran los asuntos más cruciales. Se satisfacía con simplemente hablar la verdad, con proveer para otros como un bálsamo para su propia conciencia y con no perseguir más a los discípulos de Jesús para consolarse y perdonarse por sus pecados pasados. La meta que perseguía no era otra que una corona futura y una obra transitoria, la meta que perseguía era la gracia abundante. No buscaba suficiente verdad ni buscaba progresar más profundamente en la verdad, la cual no había entendido previamente. Por consiguiente, se puede decir que su conocimiento de sí mismo era falso y que no aceptaba el castigo ni el juicio. Que fuera capaz de obrar no significa que poseyera un conocimiento de su propia naturaleza o de su esencia; él sólo se centraba en las prácticas externas. Además, no se esforzaba por el cambio, sino por el conocimiento. Su obra fue, por completo, el resultado de la aparición de Jesús en el camino a Damasco. No fue algo que él hubiera decidido hacer en un principio ni fue una obra que ocurriera después de que aceptase la poda de su viejo carácter. Independientemente de cómo obrara, su viejo carácter no cambió y, por tanto, su obra no expió sus pecados pasados, más bien desempeñó cierto papel entre las iglesias de la época. Alguien como él, cuyo viejo carácter no cambió —es decir, que no obtuvo la salvación y que, además, no tenía la verdad— era absolutamente incapaz de llegar a ser uno de los aceptados por el Señor Jesús. No era alguien lleno de amor y reverencia a Jesucristo ni alguien experto en buscar la verdad y, mucho menos, alguien que buscara el misterio de la encarnación. Era simplemente una persona habilidosa en la sofistería, que no cedería ante cualquiera más elevado que él o que poseyera la verdad. Envidiaba a las personas y las verdades contrarias a él, o enemistadas con él, prefiriendo a las que tenían dones, presentaban una gran imagen y poseían un conocimiento profundo. No le gustaba interactuar con los pobres que buscaban el camino verdadero y que no se preocupaban por otra cosa que no fuera la verdad; él se relacionaba, más bien, con figuras superiores de organizaciones religiosas que sólo hablaban de doctrinas y que poseían un conocimiento abundante. No sentía ningún amor por la obra nueva del Espíritu Santo ni se preocupaba por el movimiento de la misma, sino que prefería esas regulaciones y doctrinas que fueran más elevadas que las verdades generales. En su esencia innata y en la totalidad de lo que buscaba, no merece ser llamado un cristiano que buscara la verdad y, menos aún, un siervo fiel en la casa de Dios, porque su hipocresía era demasiada y su desobediencia demasiado grande. Aunque se le conoce como un siervo del Señor Jesús, no fue en absoluto adecuado para entrar por la puerta del reino de los cielos, porque sus acciones de principio a fin no pueden definirse como justas. Simplemente se le puede ver como una persona hipócrita, que hizo injusticias, pero que también obró para Cristo. Aunque no se le puede adecuadamente calificar de malvado, se le puede definir como un hombre que hizo cosas injustas. Llevó a cabo mucha obra, pero no se le debe juzgar por la cantidad de obras que realizó, sino sólo por su calidad y esencia. Sólo así es posible llegar al fondo del asunto. Él siempre creyó: soy capaz de obrar, soy mejor que la mayoría de las personas; soy considerado con la carga del Señor como nadie más y nadie se arrepiente tan profundamente como yo, porque la gran luz resplandeció sobre mí y la he visto; por tanto, mi arrepentimiento es más profundo que cualquier otro. En ese momento, esto es lo que él pensaba en su corazón. Al final de su obra, Pablo dijo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, y me está guardada la corona de justicia”. Su lucha, su obra y su carrera fueron enteramente en aras de la corona de justicia y él no avanzó de forma activa; aunque no fue superficial en su obra, puede decirse que la realizó simplemente con el fin de compensar sus errores y las acusaciones de su conciencia. Él sólo esperaba completar su obra, terminar su carrera y pelear su batalla lo más pronto posible, de forma que pudiese obtener la tan anhelada corona de justicia cuanto antes. Lo que él anhelaba no era reunirse con el Señor Jesús con sus experiencias y su conocimiento verdaderos, sino terminar su obra lo antes posible con el fin de recibir las recompensas que esta le había ganado cuando se encontró con el Señor Jesús. Él usó su obra para consolarse y para hacer un trato de intercambio por una corona futura. Lo que buscaba no era la verdad ni a Dios, sino sólo la corona. ¿Cómo puede una búsqueda así cumplir con el estándar? Su motivación, su obra, el precio que pagó y todos sus esfuerzos, sus maravillosas fantasías lo impregnaron todo, y él trabajó en total acuerdo con sus propios deseos. En la totalidad de su obra, no hubo la más mínima disposición en el precio que pagó; simplemente estaba cerrando un trato. No hizo sus esfuerzos voluntariamente para cumplir con su deber, sino para conseguir el objetivo del trato. ¿Hay algún valor en tales esfuerzos? ¿Quién elogiaría sus esfuerzos impuros? ¿Quién tiene algún interés en ellos? Su obra estaba llena de sueños para el futuro, de planes maravillosos y no contenía una senda para cambiar el carácter humano. Así pues, gran parte de su benevolencia era fingida; su obra no proveía vida, sino que era un simulacro de civismo; era el cumplimiento de un trato. ¿Cómo puede una obra así llevar al hombre a la senda de la recuperación de su deber original?

    Todo lo que Pedro buscó estaba conforme al corazón de Dios. Buscó cumplir Su deseo, e independientemente del sufrimiento y la adversidad, siguió dispuesto a hacerlo. No hay búsqueda mayor para un creyente en Dios. Lo que Pablo buscó estaba manchado por su propia carne, por sus propias nociones y por sus propios planes y maniobras. No fue en absoluto una criatura calificada de Dios ni fue alguien que buscara cumplir el deseo de Dios. Pedro buscó someterse a orquestaciones de Dios y, aunque la obra que realizó no fue grande, la motivación subyacente a su búsqueda y la senda por la que caminó fueron correctas; aunque no fue capaz de ganar a muchas personas, sí fue capaz de buscar el camino de la verdad. Por esto se puede afirmar que él fue una criatura calificada de Dios. Hoy, aunque no seas un obrero, debes ser capaz de cumplir con el deber de una criatura de Dios y buscar someterte a todas Sus orquestaciones. Debes ser capaz de obedecer lo que Dios dice y experimentar toda forma de tribulaciones y refinamiento; y aun siendo débil, en tu corazón debes seguir siendo capaz de amar a Dios. Las personas que asumen la responsabilidad de su propia vida están dispuestas a cumplir con el deber de una criatura de Dios y el punto de vista de esas personas respecto a la búsqueda es el correcto. Estas son las personas que Dios necesita. Si has realizado mucha obra y otras personas adquirieron tus enseñanzas, pero tú mismo no has cambiado ni has dado testimonio alguno, ni has tenido una experiencia verdadera, de tal forma que al final de tu vida nada de lo que hayas hecho da testimonio, entonces ¿eres tú alguien que ha cambiado? ¿Eres alguien que busca la verdad? En ese momento, el Espíritu Santo te usó, pero cuando lo hizo, utilizó la parte de ti que podía obrar y no usó esa parte de ti que no podía obrar. Si buscaras cambiar, entonces serías perfeccionado gradualmente durante el proceso de ser usado. No obstante, el Espíritu Santo no asume la responsabilidad respecto a si al final serás ganado o no; esto depende de tu forma de buscar. Si no hay cambios en tu carácter personal, se debe a que tu punto de vista sobre la búsqueda es erróneo. Si no se te ha otorgado una recompensa, eso es problema tuyo; se debe a que tú mismo no has puesto en práctica la verdad y a que eres incapaz de cumplir el deseo de Dios. Nada es, pues, más importante que tus experiencias personales, ¡y nada es más crítico que tu entrada personal! Algunas personas acabarán diciendo: “He realizado muchas obras para Ti y aunque tal vez no hayan sido logros celebrados, de todos modos he sido diligente en mis esfuerzos. ¿No puedes sencillamente dejarme entrar al cielo para comer el fruto de la vida?”. Debes saber qué tipo de personas deseo; los impuros no tienen permitido entrar en el reino, no pueden mancillar el suelo santo. Aunque puedas haber realizado muchas obras y hayas obrado durante muchos años, si al final sigues siendo deplorablemente inmundo, ¡es intolerable para la ley del cielo que desees entrar en Mi reino! Desde la fundación del mundo hasta hoy, nunca he ofrecido acceso fácil a Mi reino a cualquiera que se congracia conmigo. Esta es una norma celestial ¡y nadie puede quebrantarla! Debes buscar vida. Hoy, las personas que serán perfeccionadas son del mismo tipo que Pedro; son las que buscan cambios en su carácter y están dispuestas a dar testimonio de Dios y a cumplir con su deber como criatura de Dios. Sólo las personas así serán perfeccionadas. Si sólo esperas recompensas y no buscas cambiar tu propio carácter vital, entonces todos tus esfuerzos serán en vano. ¡Y esta verdad es inalterable!

    ¡A partir de la diferencia entre las esencias de Pedro y Pablo deberías entender que todos aquellos que no buscan la vida trabajan en vano! Crees en Dios y lo sigues y, por tanto, en tu corazón debes amarlo. Debes apartar tu carácter corrupto, buscar cumplir el deseo de Dios y debes cumplir con el deber de una criatura de Dios. Como crees en Dios y lo sigues, debes ofrecerle todo a Él y no hacer elecciones o exigencias personales; debes lograr el cumplimiento del deseo de Dios. Como fuiste creado, debes obedecer al Señor que te creó, porque inherentemente no tienes dominio sobre ti mismo ni capacidad para controlar tu destino. Como eres una persona que cree en Dios, debes buscar la santidad y el cambio. Como eres una criatura de Dios, debes ceñirte a tu deber, mantener tu lugar y no excederte en tus deberes. Esto no es para limitarte ni para reprimirte por medio de la doctrina, sino que es la senda por la que puedes cumplir con tu deber, que es el que pueden lograr —y deben lograr— todas las personas que actúan con justicia. Si comparas la esencia de Pedro y la de Pablo, sabrás cómo debes buscar. De las sendas por las que ellos caminaron, una es la senda del perfeccionamiento, y la otra es la senda de la eliminación; Pedro y Pablo representan dos sendas diferentes. Aunque cada uno recibió la obra del Espíritu Santo, y cada uno obtuvo esclarecimiento e iluminación del Espíritu Santo, y cada uno aceptó lo que el Señor Jesús les había confiado, el fruto que cada uno de ellos produjo no fue el mismo: uno llevó fruto de verdad, y el otro no. A partir de sus esencias, de la obra que realizaron, de lo que ellos expresaron exteriormente y de sus finales, debes entender qué senda tomar, cuál senda debes elegir para transitar. Ellos anduvieron por dos sendas claramente diferentes. Pablo y Pedro eran la personificación de cada senda y desde el principio se recurrió a ellos para tipificar estas dos sendas. ¿Cuáles son los puntos clave de las experiencias de Pablo y por qué no lo consiguió? ¿Cuáles son los puntos clave de las experiencias de Pedro y cómo experimentó el ser perfeccionado? Si comparas lo que preocupaba a cada uno de ellos, sabrás qué tipo exacto de persona requiere Dios, cuál es Su voluntad, cuál es Su carácter, qué tipo de persona será perfeccionada en última instancia y también qué tipo de persona no lo será, cuál es el carácter de las que serán perfeccionadas, y cuál el de las que no lo serán; estos temas sobre la esencia pueden verse en las experiencias de Pedro y de Pablo. Dios creó todas las cosas y por ende hace que toda la creación venga bajo Su dominio y se someta al mismo; Él ordenará todas las cosas para que todas estén en Sus manos. Toda la creación de Dios, incluyendo los animales, las plantas, la humanidad, las montañas, los ríos y los lagos, todo debe venir bajo Su dominio. Todas las cosas en los cielos y sobre la tierra deben venir bajo su dominio. No pueden tener ninguna elección y deben someterse todas a Sus orquestaciones. Esto fue decretado por Dios y es Su autoridad. Dios lo comanda todo y ordena y clasifica todas las cosas, cada una catalogada según su clase con su propia posición asignada, de acuerdo a la voluntad de Dios. Por muy grande que sea, ninguna cosa puede sobrepasar a Dios y todas las cosas sirven a la humanidad creada por Dios; ninguna cosa se atreve a desobedecer a Dios o a imponerle exigencias. Y así, el hombre como criatura de Dios, debe cumplir también con su deber. Independientemente de que sea el señor o el gobernador de todas las cosas, por muy alto que sea el estatus del hombre entre todas las cosas, sigue siendo un ser humano insignificante bajo el dominio de Dios, sólo un ser humano insignificante, una criatura de Dios, y nunca estará por encima de Dios. Como criatura de Dios, el hombre debe procurar cumplir con el deber de una criatura de Dios y buscar amar a Dios sin hacer otras elecciones, porque Dios es digno del amor del hombre. Quienes buscan amar a Dios no deben buscar ningún beneficio personal ni aquello que anhelan personalmente; esta es la forma más correcta de búsqueda. Si lo que buscas es la verdad, lo que pones en práctica es la verdad y lo que obtienes es un cambio en tu carácter, entonces, la senda que transitas es la correcta. Si lo que buscas son las bendiciones de la carne, si lo que pones en práctica es la verdad de tus propias nociones y no hay un cambio en tu carácter ni eres en absoluto obediente a Dios en la carne, sino que sigues viviendo en la ambigüedad, entonces lo que buscas te llevará sin duda al infierno, porque la senda por la que caminas es la del fracaso. Que seas perfeccionado o eliminado depende de tu propia búsqueda, lo que equivale a decir que el éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine.

Dios es el Señor de toda la creación

    Una etapa de la obra de las dos eras anteriores tuvo lugar en Israel; la otra en Judea. En general, ninguna etapa de esta obra abandonó Israel; fueron las etapas de la obra llevadas a cabo entre el pueblo escogido inicial. Así pues, en la opinión de los israelitas, Jehová Dios sólo es el Dios de los israelitas. Debido a la obra de Jesús en Judea, y debido a Su terminación de la obra de la crucifixión, desde la perspectiva de los judíos, Jesús es el Redentor del pueblo judío. Él es únicamente el Rey de los judíos y de ningún otro pueblo; Él no es el Señor que redime a los ingleses, o a los americanos, sino el que redime a los israelitas, y en Israel redime a los judíos. Realmente, Dios es el Señor de todas las cosas. Él es el Dios de toda creación. No es tan sólo el Dios de los israelitas ni el de los judíos; es el Dios de toda la creación. Las dos etapas anteriores de Su obra tuvieron lugar en Israel y, por ello, las personas han dado forma a ciertos conceptos. Algunos piensan que Jehová estuvo obrando en Israel y que Jesús mismo llevó a cabo Su obra en Judea, adicionalmente, fue por medio de la encarnación que obró en Judea, y cualquiera que sea el caso, esta obra no se extendió más allá de Israel. Él no obró con los egipcios; no obró con los indios; sólo lo hizo con los israelitas. Las personas se forman así diversos conceptos; además, planifican la obra de Dios con una perspectiva determinada. Dicen que cuando Dios está obrando, debe hacerlo en medio del pueblo escogido y en Israel; salvo los israelitas, Dios no tiene otros destinatarios para Su obra, ni tiene ningún otro alcance para la misma; son particularmente estrictos al “disciplinar” al Dios encarnado, no permitiéndole moverse más allá del ámbito de Israel. ¿No son todos estos conceptos humanos? Dios hizo los cielos, la tierra y todas las cosas, toda la creación; ¿cómo podía limitar Su obra únicamente a Israel? En ese caso, ¿qué uso tendría para Él hacer la totalidad de Su creación? Él creó el mundo entero; ha llevado a cabo Su plan de gestión de seis mil años no sólo en Israel sino también en cada persona del universo. Independientemente de si vive en China, los Estados Unidos, el Reino Unido o Rusia, cada persona es un descendiente de Adán; Dios las ha hecho a todas. Ni una sola persona puede escaparse del ámbito de la creación de Dios, y ninguna puede quitarse la etiqueta de “descendiente de Adán”. Todas son la creación de Dios, y todas son descendientes de Adán; también lo son de los corruptos Adán y Eva. No sólo los israelitas son la creación de Dios, sino todas las personas; sin embargo, entre esa creación, algunos han sido maldecidos, y otros bendecidos. Hay muchas cosas deseables acerca de los israelitas; Dios obró inicialmente con ellos porque eran el pueblo menos corrupto. Los chinos palidecen en comparación con ellos, y ni siquiera pueden esperar equipararse a ellos; así pues, Dios obró inicialmente entre el pueblo de Israel, y la segunda etapa de Su obra sólo se llevó a cabo en Judea. Como consecuencia de esto, las personas se forman muchos conceptos y normas. Realmente, si Él tuviera que actuar de acuerdo a conceptos humanos, Dios sólo sería el Dios de los israelitas; de esta forma sería incapaz de expandir Su obra en las naciones gentiles, porque sólo sería el Dios de los israelitas en lugar del Dios de toda la creación. Las profecías dijeron que el nombre de Jehová sería grande en las naciones gentiles y que se difundiría en ellas, ¿por qué dirían esto? Si Dios fuera sólo el Dios de los israelitas, sólo obraría en Israel. Además, no expandiría esta obra, y no haría esta profecía. Como la hizo, necesitaría extender Su obra a las naciones gentiles y a cada nación y lugar. Como afirmó esto, lo haría por tanto así. Este es Su plan, porque Él es el Señor que creó los cielos y la tierra y todas las cosas, y el Dios de toda creación. Independientemente de si está obrando con los israelitas o en toda Judea, la obra que hace es la de todo el universo y toda la humanidad. La obra que hace hoy en la nación del gran dragón rojo —en una nación gentil— sigue siendo la de toda la humanidad. Israel puede ser la base para Su obra en la tierra; de igual forma, China puede también serlo para Su obra entre las naciones gentiles. ¿No ha cumplido ahora la profecía de que “el nombre de Jehová será grande en las naciones gentiles”? El primer paso de Su obra entre las naciones gentiles se refiere a esta obra que Él está haciendo en la nación del gran dragón rojo. Que el Dios encarnado esté obrando en esta tierra y entre estas personas malditas contradice particularmente los conceptos humanos; estas personas son las más humildes y no valen nada. Son todas personas a las que Jehová abandonó inicialmente. Las personas pueden ser abandonadas por otras personas, pero si lo son por Dios, no tendrán estatus, y tendrán el menor valor. Como parte de la creación, estar ocupado por Satanás o ser abandonado por otras personas son cosas dolorosas, pero si una parte de la creación lo es por el Señor de la creación, esto significa que su estatus es absolutamente bajo. Los descendientes de Moab fueron malditos, y nacieron en ese país subdesarrollado; sin duda, los descendientes de Moab son las personas con estatus más bajo bajo la influencia de las tinieblas. Como estas personas poseían el estatus más bajo en el pasado, la obra realizada entre ellas es muy capaz de destruir los conceptos humanos, y es también la obra más beneficiosa para todo este plan de gestión de seis mil años. Que Él obre entre estas personas es la acción más capaz de destruir conceptos humanos; con esto Él lanza una era; con esto destruye todas las nociones humanas; con esto termina la obra de toda la Era de la Gracia. Su obra inicial se llevó a cabo en Judea, dentro del ámbito de Israel; en las naciones gentiles no hizo en absoluto ninguna obra de lanzamiento de una era. La etapa final de Su obra no sólo se lleva a cabo entre el pueblo de las naciones gentiles; más aún, se realiza entre esas personas malditas. Este punto es la evidencia más capaz de humillar a Satanás; así pues, Dios “se vuelve” el Dios de toda la creación en el universo y el Señor de todas las cosas, el objeto de adoración para todo lo que tenga vida.

    Hay actualmente algunas personas que siguen sin entender qué tipo de obra nueva ha lanzado Dios. Él ha hecho un nuevo comienzo en las naciones gentiles y ha empezado otra era y lanzado otra obra, y está obrando entre los descendientes de Moab. ¿No es esta Su obra más nueva? Nadie ha experimentado esta obra a lo largo de las eras, ni nadie ha oído de ella, mucho menos la aprecia. La sabiduría, lo maravilloso, lo insondable, la grandeza, la santidad de Dios se apoyan en esta etapa de la obra en los últimos días, para emerger claramente. ¿No es esto una obra nueva que está destruyendo los conceptos humanos? Siguen estando los que piensan así: “Si Dios maldijo a Moab y dijo que abandonaría a sus descendientes, ¿cómo podría salvarlos ahora?”. Son aquellas personas de las naciones gentiles que fueron malditas y expulsadas de Israel; los israelitas las llamaban “perros gentiles”. En la opinión de todos, no son sólo perros gentiles, sino aun peor, los hijos de destrucción; en otras palabras, no son el pueblo escogido de Dios. Aunque nacieron originalmente dentro del ámbito de Israel, no forman parte de su pueblo; también fueron expulsados a naciones gentiles. Son las personas más bajas. Precisamente porque son los más bajos entre la humanidad, Dios lleva a cabo Su obra de lanzar una nueva era entre ellos. Como representan a la humanidad corrupta y la obra de Dios no carece de selectividad o propósito, la obra que Él lleva a cabo entre estas personas hoy es también obra realizada en medio de la creación. Noé fue parte de la creación, así como sus descendientes. Cualquiera en el mundo con carne y sangre es parte de la misma. La obra de Dios va dirigida a toda la creación; no se lleva a cabo de acuerdo a si uno ha sido maldito después de haber sido creado. Su obra de gestión se dirige a toda la creación, no a esas personas escogidas que no han sido malditas. Como Dios desea llevar a cabo Su obra en medio de Su creación, Él lo hará sin duda hasta su terminación exitosa; Él obrará entre esas personas que son beneficiosas para Su obra. Por tanto, destruye todas las convenciones al obrar entre personas; ¡para Él, las palabras “maldito”, “castigado” y “bendito” no tienen sentido! El pueblo judío es bastante bueno, y el pueblo escogido de Israel tampoco es malo; son personas de un buen calibre y humanidad. Jehová lanzó inicialmente Su obra entre ellos y llevó a cabo Su obra inicial, pero no tendría sentido que fuera a usarlos como destinatarios de Su obra de conquista actual. Aunque también forman parte de la creación y tienen muchos aspectos positivos, no tendría sentido llevar a cabo esta etapa de la obra entre ellos. Él sería incapaz de conquistar a alguien, ni podría convencer a toda la creación. Este es el sentido de la transferencia de Su obra desde estas personas a la nación del gran dragón rojo. El sentido más profundo aquí está en Su lanzamiento de una era, en Su destrucción de todas las normas y todos los conceptos humanos y también en Su finalización de la obra de toda la Era de la Gracia. Si Su obra actual se llevara a cabo entre los israelitas, cuando Su plan de gestión de seis mil años llegara a su fin, todos creerían que Dios es sólo el Dios de los israelitas, que sólo estos son el pueblo escogido de Dios, que sólo ellos merecen heredar la bendición y la promesa de Dios. Durante los últimos días, Dios se hace carne en la nación gentil del gran dragón rojo; Él ha cumplido Su obra como el Dios de toda la creación; ha completado toda Su obra de gestión, y acabará la parte central de Su obra en la nación del gran dragón rojo. El núcleo de estas tres etapas de obra es la salvación del hombre, concretamente, hacer que toda la creación adore al Señor de la misma. Por tanto, cada etapa de esta obra tiene mucho sentido; Dios no hará nada en absoluto sin sentido o valor. Por un lado, esta etapa de la obra consiste en lanzar una era y terminar las dos anteriores; por otro, consiste en destruir todos los conceptos humanos y todas las viejas formas de creencia y conocimiento humanos. La obra de las dos eras anteriores se llevó a cabo de acuerdo a conceptos humanos diferentes; esta etapa, sin embargo, elimina completamente los mismos, conquistando de esta forma totalmente a la humanidad. Usando la conquista de los descendientes de Moab y la obra llevada a cabo entre ellos, Dios conquistará a toda la humanidad en todo el universo. Este es el sentido más profundo de esta etapa de Su obra, y el aspecto más valioso de la misma. Aunque sepas que tu propio estatus es bajo y que vales poco, seguirás sintiendo que te has encontrado con la cosa más gozosa: has heredado una gran bendición, obtenido una gran promesa, y puedes completar esta gran obra de Dios, y puedes ver Su verdadero rostro, conocer Su carácter inherente, y llevar a cabo Su voluntad. Las dos etapas anteriores de la obra de Dios se llevaron a cabo en Israel. Si esta etapa de Su obra durante los últimos días siguiera llevándose a cabo entre los israelitas, no sólo toda la creación creería que sólo estos eran el pueblo escogido de Dios, sino que todo el plan de gestión de Dios tampoco alcanzaría su efecto deseado. Durante el período en el que las dos etapas de Su obra se llevaron a cabo en Israel, no se realizó ninguna obra nueva ni ningún lanzamiento de era por parte de Dios en las naciones gentiles. Esta etapa de obra de lanzamiento de una era se lleva a cabo primero en las naciones gentiles, y adicionalmente, se realiza primero entre los descendientes de Moab; esto ha lanzado toda la era. Dios ha destruido cualquier conocimiento contenido en los conceptos humanos y no ha permitido que ninguno de ellos siga existiendo. En Su obra de conquista ha destruido los conceptos humanos, esas formas viejas y anteriores de conocimiento humano. Deja que las personas vean que con Dios no hay reglas, que no hay nada viejo en Él, que la obra que hace está totalmente liberada, es totalmente libre, que Él acierta en todo lo que hace. Debes someterte completamente a cualquier obra que Él haga en medio de la creación. Cualquier obra que haga tiene sentido y se hace de acuerdo a Su propia opinión y sabiduría, y no según las elecciones y los conceptos humanos. Él hace aquello que es beneficioso para Su obra; si algo no lo es, no lo hará, ¡por muy bueno que sea! Él obra y selecciona el destinatario y el lugar para Su obra de acuerdo al sentido y el propósito de Su obra. Él no se ciñe a normas pasadas, ni sigue viejas fórmulas; en su lugar, planifica Su obra según el significado de la misma; al final quiere alcanzar su verdadero efecto y su propósito anticipado. Si no entiendes estas cosas ahora, esta obra no tendrá ningún efecto sobre ti.

La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre

    Vosotros debéis llegar a conocer la visión de la obra de Dios y captar la dirección general de Su obra. Esta es la entrada de una manera positiva. Cuando domines con precisión las verdades de la visión, tu entrada estará segura; no importa cómo cambie Su obra, vas a permanecer firme en tu corazón, estarás seguro de la visión y tendrás una meta para tu entrada y tu búsqueda. De esta manera, toda la experiencia y el conocimiento que haya dentro de ti irán profundizando más y se volverán más refinados. Una vez que hayas captado el panorama general en su totalidad, no sufrirás pérdida en la vida y ni te perderás. Si no llegas a conocer estos pasos de la obra, sufrirás pérdida en cada uno de ellos. No podrás dar la vuelta en pocos días, y no podrás emprender el camino correcto ni siquiera en unas cuantas semanas. ¿No te está retrasando esto? Mucho hay acerca de la entrada de una manera positiva y de esas prácticas que debéis dominar, y también debes captar varios puntos de la visión de Su obra, tales como la relevancia de Su obra de conquista, el camino para ser perfeccionado en el futuro, lo que se debe alcanzar a través de la experiencia de las pruebas y las tribulaciones, la relevancia del juicio y del castigo, los principios de la obra del Espíritu Santo, y los principios de la perfección y de la conquista. Todas estas son las verdades de la visión. El resto son las tres etapas de la obra de la Era de la Ley, la Era de la Gracia y la Era del Reino, así como el testimonio futuro. Estas también son las verdades que pertenecen a la visión y que son las más fundamentales así como las más cruciales. En el presente, hay demasiado que debéis entrar y practicar. Y ahora está más detallado y más estratificado. Si no tienes conocimiento de estas verdades, es prueba de que todavía no has entrado. La mayor parte del tiempo, el conocimiento que el hombre tiene de la verdad es demasiado hueco; el hombre no puede poner en práctica ciertas verdades básicas y no sabe cómo manejar hasta los asuntos triviales. La razón de que el hombre no pueda practicar la verdad es por causa de su carácter de rebeldía, y porque su conocimiento de la obra de la actualidad es demasiado superficial y unilateral. Así, no es una tarea fácil para el hombre ser perfeccionado. Tu rebeldía es demasiado grande y retienes demasiado de tu antiguo yo; no puedes permanecer del lado de la verdad y no puedes practicar ni siquiera la más evidente de las verdades. Tales hombres no pueden ser salvados y son los que no han sido conquistados. Si tu entrada no tiene ni detalles ni objetivos, el crecimiento te llegará lento. Si tu entrada no tiene lo más mínimo de la realidad, entonces tu búsqueda será en vano. Si no eres consciente de la esencia de la verdad, permanecerás sin cambios. El crecimiento en la vida del hombre y los cambios en su carácter se logran entrando en la realidad y, además, entrando en las experiencias detalladas. Si tienes muchas experiencias detalladas durante tu entrada, y tienes mucho conocimiento y entrada reales, tu carácter cambiará con rapidez. Incluso si en el presente no estás muy iluminado en la práctica, debes por lo menos ser iluminado acerca de la visión de la obra. Si no, no podrás entrar, y no podrás hacerlo así a menos que primero tengas el conocimiento de la verdad. Sólo si el Espíritu Santo te esclarece en tu experiencia obtendrás una comprensión más profunda de la verdad y entrarás más profundamente. Debéis llegar a conocer la obra de Dios.

    Después de la creación de la humanidad en el principio, fueron los israelitas los que sirvieron como la base de la obra, y todo Israel fue la base de la obra que Jehová hizo en la tierra. La obra de Jehová fue dirigir y pastorear de una manera directa al hombre por medio de presentar las leyes para que el hombre pudiera vivir una vida normal y adorar a Jehová de una manera normal en la tierra. Dios, en la Era de la Ley, era alguien que el hombre no podía ver ni tocar. Él sólo estaba guiando a los primeros hombres que Satanás corrompió y estaba ahí para instruir y pastorear a estos hombres, así que las palabras que habló fueron sólo estatutos, ordenanzas y un conocimiento común para vivir la vida como un hombre, y de ninguna forma las verdades que suplen la vida del hombre. Los israelitas bajo Su liderazgo no fueron los que antes Satanás había corrompido profundamente. Su obra de la ley era sólo la primera etapa de la obra de salvación, el mismo principio de la obra de salvación, y prácticamente no tenía nada que ver con los cambios en el carácter de la vida del hombre. Por lo tanto, al principio de la obra de salvación no había necesidad de que Él asumiera una carne para hacer Su obra en Israel. Es por esto que Él necesitaba un medio, es decir, una herramienta por medio de la cual tener contacto con el hombre. Así surgieron entre los seres creados los que hablaban y obraban en nombre de Jehová, y es así como los hijos de los hombres y los profetas llegaron a obrar entre los hombres. Los hijos de los hombres obraban entre los hombres en nombre de Jehová. Que Él los llamara así quiere decir que esos hombres expusieron las leyes en nombre de Jehová y también fueron sacerdotes entre el pueblo de Israel; tales hombres eran sacerdotes que Jehová vigilaba y protegía, y obraban por el Espíritu de Jehová; eran líderes entre el pueblo y servían directamente a Jehová. Los profetas, por el otro lado, eran los que se dedicaban a hablar, en nombre de Jehová, a los hombres de todas las naciones y tribus. También eran los que profetizaban la obra de Jehová. Ya fueran los hijos de los hombres o los profetas, a todos el Espíritu de Jehová los levantaba personalmente y tenían en ellos la obra de Jehová. Entre el pueblo, ellos eran los que directamente representaban a Jehová; eran los que obraban sólo porque Jehová los había levantado y no porque fueran la carne en la que se encarnó el mismo Espíritu Santo. Por lo tanto, aunque de manera similar hablaban y obraban en nombre de Dios, esos hijos de los hombres y profetas en la Era de la Ley no eran la carne del Dios encarnado. Esto fue precisamente lo opuesto en la Era de la Gracia y en la última etapa, porque la obra de salvación y el juicio de los hombres, ambos los hizo Dios encarnado y, por lo tanto, no hubo necesidad de otra vez levantar a los profetas e hijos de los hombres para obrar en Su nombre. A los ojos del hombre, no hay diferencias sustanciales entre la esencia y los medios de su obra. Y es por esta razón que el hombre siempre confunde la obra del Dios encarnado con la de los profetas y los hijos de los hombres. La apariencia del Dios encarnado fue básicamente la misma que la de los profetas y los hijos de los hombres. Y el Dios encarnado era todavía más ordinario y más real que los profetas. Por consiguiente, el hombre es completamente incapaz de distinguir entre ellos. El hombre sólo se enfoca en las apariencias, y es completamente inconsciente de que, aunque ambos obran y hablan, hay una diferencia sustancial. Como la habilidad de discernimiento del hombre es muy pobre, el hombre no puede discernir las cuestiones básicas y todavía es menos capaz de distinguir algo tan complejo. Las palabras y la obra de los profetas y los que el Espíritu Santo usaba estaban cumpliendo con el deber del hombre, llevando a cabo su función como un ser creado y haciendo lo que el hombre debe hacer. Sin embargo, las palabras y la obra de Dios encarnado fueron para llevar a cabo Su ministerio. Aunque Su forma externa era la de un ser creado, Su obra no era llevar a cabo Su función sino Su ministerio. El término “deber” se usa con relación a los seres creados, mientras que “ministerio” se usa con relación a la carne de Dios encarnado. Hay una diferencia esencial entre los dos, y los dos no son intercambiables. La obra del hombre sólo es cumplir con su deber, mientras que la obra de Dios es gestionar y llevar a cabo Su ministerio. Por lo tanto, aunque el Espíritu Santo usó a muchos apóstoles y muchos profetas fueron llenos de Él, su obra y palabras fueron sólo para cumplir con su deber como seres creados. Aunque sus profecías pudieran ser mayores que el camino de vida del que habló el Dios encarnado, y que incluso su humanidad fuera más trascendente que la del Dios encarnado, seguían cumpliendo su deber y no cumpliendo su ministerio. El deber del hombre se refiere a la función del hombre, y es algo que el hombre puede alcanzar. Sin embargo, el ministerio que llevó a cabo el Dios encarnado se relaciona con Su gestión y es inalcanzable para el hombre. Ya sea que el Dios encarnado hable, obre, o manifieste maravillas, está haciendo la gran obra dentro de Su gestión, y tal obra no la puede hacer el hombre en Su lugar. La obra del hombre sólo es cumplir con su deber como un ser creado en una etapa dada de la obra de gestión de Dios. Sin tal gestión, es decir, si el ministerio de Dios encarnado se pierde, también se pierde el deber de un ser creado. La obra de Dios en cumplir con Su ministerio es gestionar al hombre, mientras que el hombre cumpliendo con su deber es el desempeño de sus propias obligaciones para cumplir las demandas del Creador, y de ninguna manera se puede considerar que está cumpliendo con el ministerio de alguien. Para la esencia inherente de Dios, es decir, el Espíritu, la obra de Dios es Su gestión, pero para Dios encarnado, usando la forma externa de un ser creado, Su obra es el cumplimiento de Su ministerio. Cualquiera que sea la obra que Él haga, es la de cumplir con Su ministerio, y el hombre sólo puede hacer lo mejor que pueda dentro del campo de acción de Su gestión y bajo Su liderazgo.

    El hombre cumpliendo con su deber es, en la realidad, el logro de todo lo que es inherente dentro del hombre, es decir, lo que es posible para el hombre. Es entonces que su deber se cumple. Los defectos del hombre durante el servicio del hombre se reducen gradualmente a través de la experiencia progresiva y del proceso de su experiencia del juicio; no obstaculizan ni afectan el deber del hombre. Los que dejan de servir o ceden y retroceden por temor a los defectos que puedan existir en el servicio son los más cobardes de todos los hombres. Si el hombre no puede expresar lo que debe expresar durante el servicio, o lograr lo que por naturaleza es posible para él, y en cambio se hace el tonto y lo hace mecánicamente sin mostrar ningún interés, ha perdido la función que un ser creado debe tener. Esta clase de hombre se considera un mediocre cero a la izquierda y un inútil desperdicio de espacio; ¿cómo puede alguien así ser dignificado con el título de un ser creado? ¿No son entes de corrupción que brillan por fuera pero que están podridos por dentro? Si un hombre se llama a sí mismo Dios, pero no es capaz de expresar el ser de la divinidad, ni hacer la obra de Dios mismo, ni representar a Dios, sin duda no es Dios, porque no tiene la esencia de Dios, y lo que Dios puede por Su naturaleza lograr no existe dentro de él. Si el hombre pierde lo que por su naturaleza es alcanzable, ya no se puede considerar un hombre, y no es digno de permanecer como un ser creado o de venir delante de Dios y servirlo. Además, no es digno de recibir la gracia de Dios ni de que Dios lo cuide, lo proteja y lo perfeccione. Muchos que han perdido la confianza de Dios pasan a perder la gracia de Dios. No sólo no desprecian sus fechorías, sino que con descaro propagan la idea de que el camino de Dios no es correcto. Y esos rebeldes incluso niegan la existencia de Dios; ¿cómo puede esa clase de hombre con tal rebeldía tener el privilegio de gozar la gracia de Dios? Los hombres que no han cumplido su deber han sido muy rebeldes contra Dios y le deben mucho a Él, pero se dan la vuelta y critican severamente que Dios está equivocado. ¿Cómo podría esa clase de hombre ser digno de ser perfeccionado? ¿No es esto el precursor para que sean eliminados y castigados? Un hombre que no cumple con su deber delante de Dios ya es culpable de los crímenes más atroces para los que hasta la muerte es un castigo insuficiente, pero el hombre tiene el descaro de discutir con Dios y enfrentarse a Él. ¿Cuál es el valor de perfeccionar a esa clase de hombre? Si el hombre no cumple su deber, se debe sentir culpable y en deuda; debe despreciar su debilidad e inutilidad, su rebelión y corrupción, y también debe sacrificar su vida y sangre para Dios. Sólo entonces será un ser creado que verdaderamente ama a Dios, y sólo esa clase de hombre es digno de disfrutar las bendiciones y la promesa de Dios y de que Él lo perfeccione. ¿Y qué pasa con la mayoría de vosotros? ¿Cómo tratáis al Dios que vive entre vosotros? ¿Cómo habéis cumplido vuestro deber delante de Él? ¿Habéis hecho todo lo que fuisteis llamados a hacer, incluso a expensas de vuestra propia vida? ¿Qué habéis sacrificado? ¿No habéis recibido mucho de Mí? ¿Podéis hacer la distinción? ¿Qué tan leales me sois? ¿Cómo me habéis servido? ¿Y qué pasa con todo lo que os he otorgado y he hecho por vosotros? ¿Habéis tomado medida de todo esto? ¿Habéis juzgado y comparado esto con la poca conciencia que tenéis dentro de vosotros? ¿A quién podéis hacer el bien con vuestras palabras y acciones? ¿Podría ser que ese minúsculo sacrificio vuestro es digno de todo lo que os he otorgado? No tengo otra opción y me he dedicado a vosotros con todo el corazón, pero albergáis malvados recelos contra Mí y sois indiferentes. Este es el alcance de vuestro deber, vuestra única función. ¿No es así? ¿No sabéis que para nada habéis cumplido el deber de un ser creado? ¿Cómo podéis ser considerados un ser creado? ¿No sabéis con claridad qué es lo que estáis expresando y viviendo? No habéis cumplido con vuestro deber, pero buscáis obtener la misericordia y la gracia abundante de Dios. Esa gracia no ha sido preparada para unos tan inútiles y viles como vosotros, sino para los que no piden nada y se sacrifican con gusto. Tales hombres como vosotros, tales mediocres ceros a la izquierda, para nada sois dignos de disfrutar la gracia del cielo. ¡Sólo las dificultades y el interminable castigo acompañarán vuestros días! Si no me podéis ser fieles, vuestro destino será uno de sufrimiento. Si no podéis ser responsables ante Mis palabras y Mi obra, vuestra suerte será una de castigo. Ninguna gracia, bendiciones y vida maravillosa en el reino tendrán nada que ver con vosotros. ¡Este es el fin que merecéis y una consecuencia de vuestro propio esfuerzo! Esos hombres necios y arrogantes no sólo no han hecho su mejor esfuerzo o no han cumplido con su deber, sino que en cambio tienen las manos extendidas para recibir la gracia como si merecieran lo que piden. Y si no obtienen lo que piden, cada vez se hacen más infieles. ¿Cómo pueden esos hombres ser considerados sensatos? Sois de bajo calibre y estáis desprovistos de la razón, completamente incapaces de cumplir el deber que debéis cumplir durante la obra de gestión. Vuestro valor ya ha caído precipitosamente. Vuestro fracaso en recompensarme por mostraros ese favor ya es un acto de extrema rebeldía, suficiente para condenaros y demostrar vuestra cobardía, incompetencia, vileza e indignidad. ¿Cómo podríais todavía estar calificados para mantener vuestras manos extendidas? No sois capaces de ser de la menor ayuda a Mi obra, no sois capaces de comprometeros con vuestra fe ni de dar testimonio de Mí. Estas ya son vuestras fechorías y fracasos, pero en cambio me atacáis, decís mentiras de Mí y os quejáis de que soy injusto. ¿Es esto lo que contribuye a vuestra lealtad? ¿Es esto lo que constituye a vuestro amor? ¿Qué otra obra podéis hacer más allá de esta? ¿Cómo habéis contribuido a toda la obra que se ha hecho? ¿Qué tanto habéis gastado? Ya es un acto de gran misericordia que no ponga ninguna culpa sobre vosotros, pero vosotros todavía con desvergüenza me dais excusas y os quejáis de Mí en privado. ¿Tenéis un mínimo tinte de humanidad? Aunque el deber del hombre esté manchado por la mente del hombre y sus nociones, debes cumplir con tu deber y comprometerte con tu fe. Las impurezas en la obra del hombre son un problema de su calibre, mientras que, si el hombre no cumple con su deber, ello muestra su rebeldía. No hay correlación entre el deber del hombre y si es bendito o maldito. El deber es lo que el hombre debe cumplir; es su deber ineludible y no debe depender de las recompensas, condiciones o razones. Sólo entonces eso es cumplir con su deber. Un hombre que es bendito goza de bondad tras ser perfeccionado después del juicio. Un hombre que es maldito recibe el castigo cuando su carácter no cambia después del castigo y el juicio, es decir, no ha sido perfeccionado. Como un ser creado, el hombre debe cumplir su deber, hacer lo que debe hacer, y hacer lo que es capaz de hacer, independientemente de si será bendecido o maldecido. Esta es la condición más básica para el hombre, como de uno que está en busca de Dios. No debes cumplir con tu deber sólo para ser bendecido y no te debes negar a actuar por temor a ser maldecido. Dejadme deciros una cosa: Si el hombre es capaz de cumplir con su deber, esto quiere decir que desempeña lo que debe hacer. Si el hombre no es capaz de cumplir con su deber, esto muestra la rebeldía del hombre. Siempre es por medio del proceso de cumplir con su deber que el hombre es cambiado gradualmente, y es por medio de este proceso que demuestra su lealtad. Como tal, entre más puedas cumplir con tu deber, más verdades recibirás y así también tu expresión se volverá más real. Los que sólo cumplen con su deber por inercia y no buscan la verdad, al final serán eliminados, porque tales hombres no cumplen con su deber en la práctica de la verdad, y no practican la verdad en el cumplimiento de su deber. Tales hombres son los que permanecen sin cambios y van a ser malditos. No sólo sus expresiones son impuras, sino que lo que expresan no es otra cosa que maldad.

    En la Era de la Gracia, Jesús también habló mucho y trabajó mucho. ¿En qué fue diferente de Isaías? ¿En qué fue diferente de Daniel? ¿Fue un profeta? ¿Por qué se dice que Él es Cristo? ¿Cuáles son las diferencias entre ellos? Todos fueron hombres que hablaron palabras y sus palabras les parecían más o menos iguales a los hombres. Todos hablaron y obraron. Los profetas del Antiguo Testamento hicieron profecías y, de manera similar, también Jesús. ¿Por qué es así? La distinción aquí se basa en la naturaleza de la obra. Con el fin de discernir este asunto, no puedes considerar la naturaleza de la carne y no debes considerar la profundidad o la superficialidad de las palabras de alguien. Siempre debes considerar primero su obra y los resultados que su obra logra en el hombre. Las profecías de las que habló Isaías en ese tiempo no suplían la vida del hombre, y los mensajes que recibían aquellos como Daniel eran sólo profecías y no el camino de vida. Si no fuera por la revelación directa de Jehová, nadie hubiera hecho esa obra porque es imposible para los mortales. Jesús también habló mucho, pero esas palabras eran el camino de vida del cual el hombre podía encontrar una vía a la práctica. Es decir, en primer lugar, Él podía suplir la vida del hombre porque Jesús es vida; en segundo lugar, Él podía revertir las desviaciones del hombre; en tercer lugar, Su obra podía suceder a la de Jehová con el fin de seguir adelante con la era; en cuarto lugar, podía captar las necesidades internas del hombre y entender lo que al hombre le falta; en quinto lugar, podía marcar el comienzo de una nueva era y dar por terminada la vieja. Es por esto que se llama Dios y Cristo; no sólo es diferente de Isaías, sino que también de todos los otros profetas. Considera a Isaías como una comparación de la obra de los profetas. En primer lugar, no podía suplir la vida del hombre; en segundo, no podía marcar el comienzo de una nueva época. Estaba trabajando bajo el liderazgo de Jehová y no para marcar el comienzo de una nueva época. Tercero, lo que habló estaba más allá de su comprensión. Estaba recibiendo revelaciones directamente del Espíritu de Dios y los demás no entenderían incluso si las hubieran escuchado. Sólo estas cuantas cosas son suficientes para probar que sus palabras no eran más que profecías, no más que un aspecto de la obra hecha en lugar de Jehová. Sin embargo, no podía representar complemente a Jehová. Era el siervo de Jehová, un instrumento en la obra de Jehová. Sólo estaba haciendo la obra dentro de la Era de la Ley y dentro del campo de acción de la obra de Jehová; no obró más allá de la Era de la Ley. Por el contrario, la obra de Jesús era distinta. Él superó el campo de acción de la obra de Jehová; obró como el Dios encarnado y padeció la crucifixión con el fin de redimir a toda la humanidad. Es decir, llevó a cabo una nueva obra fuera de la obra que Jehová había hecho. Esto marcó el comienzo de una nueva era. Otra condición es que podía hablar de lo que el hombre no podía lograr. Su obra fue una obra dentro de la gestión de Dios e involucraba a toda la humanidad. No obró en sólo unos cuantos hombres, ni Su obra fue guiar a un número limitado de hombres. En cuanto a cómo Dios se hizo carne para ser un hombre, cómo el Espíritu dio las revelaciones en aquel momento, y cómo el Espíritu descendió sobre un hombre para hacer la obra, estos son asuntos que el hombre no puede ver o tocar. Es completamente imposible que estas verdades sirvan como una prueba de que Él es el Dios encarnado. Como tal, sólo se puede hacer distinción en las palabras y la obra de Dios, que son tangibles para el hombre. Sólo esto es real. Esto es así porque los asuntos del Espíritu no son visibles para ti y sólo Dios mismo los sabe con claridad, y ni siquiera la carne encarnada de Dios lo sabe todo; sólo puedes verificar si Él es Dios[a] por la obra que ha hecho. De Su obra se puede ver que, en primer lugar, Él puede abrir una nueva era; segundo, puede suplir la vida del hombre y mostrarle al hombre el camino a seguir. Esto es suficiente para establecer que Él es Dios mismo. Por lo menos, la obra que Él hace puede representar completamente al Espíritu de Dios, y de tal obra se puede ver que el Espíritu de Dios está dentro de Él. Ya que la obra que hizo el Dios encarnado fue principalmente para marcar el comienzo de una nueva era, guiar una nueva obra, inaugurar nuevas circunstancias, estas cuantas condiciones por sí solas son suficientes para establecer que Él es Dios mismo. Esto lo diferencia de Isaías, Daniel y los otros grandes profetas. Isaías, Daniel y todos los demás eran de una clase de hombres muy educados y cultos; fueron hombres extraordinarios bajo el liderazgo de Jehová. La carne de Dios encarnado también tenía conocimiento y no carecía de intelecto, pero Su humanidad era particularmente normal. Él era un hombre ordinario y a simple vista no se podía discernir ninguna humanidad especial acerca de Él o detectar nada en Su humanidad que fuera diferente a la de los demás. Él no era sobrenatural o único, y no poseía ninguna alta educación, conocimiento o teoría superior. La vida de la que habló y el camino que guio no se ganaron por medio de la teoría, por medio del conocimiento, por medio de la experiencia de la vida o por medio de la educación familiar. Más bien, fueron la obra directa del Espíritu y de la carne. Esto se debe a que el hombre tiene grandes nociones de Dios, y particularmente porque estas nociones constan de muchos elementos de vaguedad y de lo sobrenatural que, a los ojos del hombre, un Dios ordinario con debilidad humana, que no puede obrar señales y prodigios, seguramente no es Dios. ¿No son estas las nociones erróneas del hombre? Si la carne de Dios encarnado no era un hombre normal, ¿entonces cómo se podía decir que se hizo carne? Ser de la carne es ser un hombre ordinario y normal; si hubiera sido un ser trascendente, entonces no hubiera sido de la carne. Para probar que Él es de la carne, Dios encarnado tenía que poseer una carne normal. Esto era sólo para completar la relevancia de la encarnación. Sin embargo, este no fue el caso para los profetas y los hijos de los hombres. Fueron hombres dotados y que el Espíritu Santo usó; a los ojos del hombre, su humanidad era particularmente grandiosa y desempeñaban muchos actos que superaban la humanidad normal. Por esta razón, el hombre los veía como Dios. Ahora todos vosotros debéis ver esto con claridad, porque ha sido el tema que con mayor facilidad han confundido todos los hombres en las épocas pasadas. Además, la encarnación es la más misteriosa de todas las cosas y lo más difícil que el hombre puede aceptar es Dios encarnado. Lo que digo es propicio para cumplir vuestra función y vuestro entendimiento del misterio de la encarnación. Todo esto se relaciona con la gestión de Dios, con la visión. Vuestra comprensión de esto va a ser más beneficiosa para obtener conocimiento de la visión, es decir, la obra de gestión. De esta manera, también obtendréis mucha comprensión del deber que las diferentes clases de hombre deben desempeñar. Aunque estas palabras no os muestran directamente el camino, siguen siendo de gran ayuda para vuestra entrada, porque a vuestras vidas al presente les falta mucha visión, y esto se volverá un obstáculo importante que impida vuestra entrada. Si no habéis podido entender estas cuestiones, entonces no habrá ninguna motivación que conduzca vuestra entrada. ¿Y cómo puede dicha búsqueda permitiros cumplir mejor vuestro deber?

Nota al pie:

a. El texto original omite “si Él es Dios”.

¿Cómo reciben las vírgenes prudentes al novio?


    ¡Hola, hermanos y hermanas! Ahora que se aproxima el final de los últimos días, el Señor se aparecerá para llevar a cabo Su obra. Todos esperamos recibir al esposo como las vírgenes prudentes. En cierta ocasión, el Señor Jesús profetizó: "Pero a medianoche se oyó un clamor: '¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo'" (Mateo 25:6). Así pues, ¿cómo reciben las vírgenes prudentes al esposo? ¿Y de qué modo son llevadas al trono de Dios? El programa de hoy os ayudará a buscar las huellas de Dios y a recibir el regreso del Señor. Por favor, estad muy atentos.
Scripture quotations taken from http://www.LBLA.com
Lista de programas:
1 Himno de la palabra de Dios: Cómo buscar las huellas de Dios
2 Clip de película evangélica: Esperando (I) - ¿Cómo debemos “vigilar y esperar” la segunda venida del Señor?
3 Clip de película evangélica: “Desde el trono fluye el agua de la vida” (III) - Investigar el regreso del Señor deber escuchar la voz de Dios
4 Lectura de la palabra de Dios: ¿Sabes? Dios ha hecho algo grande entre los hombres
5 Himno de la palabra de Dios: Dios llega calladamente entre nosotros
6 Clip de película evangélica: “El momento de la transformación” (I) - ¿Cómo son arrebatadas las vírgenes prudentes?
7 Clip de película evangélica: "El despertar del sueño" (IV) - Aceptar al Cristo de los últimos días y ser arrebatado al reino de los cielos
8 Himno de la palabra de Dios: Dos mil años de espera·

Música alabanza y adoración | "Testimonio de vida" Los cristianos aman a Dios hasta la muerte


    El PCCh podría perseguirme y detenerme cualquier día,
pero ese sufrimiento es en aras de la justicia, que bien conozco en mi corazón.
Si mi vida se apaga como una chispa en un abrir y cerrar de ojos,
seguiré afirmando orgulloso que he aceptado a Cristo de los últimos días.
Si no puedo ver el gran acontecimiento de la expansión del evangelio del reino,
seguiré ofreciendo los deseos más hermosos.
Si no puedo presenciar el día en que el reino se lleve a cabo,
pero puedo avergonzar hoy a Satanás, entonces mi corazón se llenará de paz y gozo.
Las palabras de Dios se expanden por el mundo entero, la luz ha aparecido entre los hombres.
El reino de Cristo surge y se establece entre tanta adversidad.
La oscuridad está a punto de desaparecer; un amanecer justo ha llegado.
El tiempo y la realidad han dado testimonio de Dios.


    Si me convierto en un mártir y ya no puedo dar testimonio de Dios,
el evangelio del reino se seguirá extendiendo como el fuego gracias a innumerables creyentes.
Aunque desconozco hasta dónde llegaré en este accidentado camino,
seguiré ofreciendo mi gran amor hacia Dios.
Dar testimonio de Su obra de los últimos días y llevar a cabo Su voluntad en la tierra
es un honor al que nos entregamos para difundir la verdad.
Impertérritos ante la adversidad, como oro puro forjado en el horno,
de la influencia de Satanás emerge un grupo de soldados victoriosos.
Las palabras de Dios se expanden por el mundo entero, la luz ha aparecido entre los hombres.
El reino de Cristo surge y se establece entre tanta adversidad.
La oscuridad está a punto de desaparecer; un amanecer justo ha llegado.
El tiempo y la realidad han dado testimonio de Dios.
Las palabras de Dios se expanden por el mundo entero, la luz ha aparecido entre los hombres.
El reino de Cristo surge y se establece entre tanta adversidad.
La oscuridad está a punto de desaparecer; un amanecer justo ha llegado.
El tiempo y la realidad han dado testimonio de Dios.
Las palabras de Dios se expanden por el mundo entero, la luz ha aparecido entre los hombres.
El reino de Cristo surge y se establece entre tanta adversidad.
La oscuridad está a punto de desaparecer; un amanecer justo ha llegado.
El tiempo y la realidad han dado testimonio de Dios.
El tiempo y la realidad han dado testimonio de Dios.
De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

Música cristiana 2018 | Alabanza y adoración "El amor de Dios nos une"


    A pesar de los innumerables mares y montañas que nos separan,
somos un solo pueblo, sin fronteras entre nosotros,
con diferentes colores de piel y diferentes lenguas.
Las palabras de Dios Todopoderoso nos invocan,
por eso somos elevados ante el trono de Dios.
A pesar de los innumerables mares y montañas que nos separan,
somos un solo pueblo, sin fronteras entre nosotros,
con diferentes colores de piel y diferentes lenguas.
Las palabras de Dios Todopoderoso nos invocan,
por eso somos elevados ante el trono de Dios.
Hay ancianos de pelo cano,
y jóvenes alegres y radiantes.
Todos de la mano, hombro con hombro,
caminamos juntos contra viento y marea, nos animamos mutuamente en la adversidad.
Con un mismo pensamiento, cumplimos nuestro deber.
Nuestros corazones están unidos, confiamos en la vida.
El amor de Dios nos une.
Las palabras de Dios son el manantial de agua viva.
Al gozar de las palabras de Dios, nuestros corazones se colman de dulzura.
El castigo de Sus palabras, el juicio de Sus palabras,
purifican nuestro carácter corrupto.
Sólo mediante la poda y el trato adoptamos apariencia humana.
Ante la negatividad y la debilidad, nos apoyamos los unos a los otros.
Estamos juntos ante la adversidad.
Somos testimonio y derrotamos a Satanás.
Escapamos de la oscuridad y vivimos en la luz.
Fieles y obedientes, somos la manifestación de la gloria de Dios.
Conocemos la justicia y belleza de Dios.
Experimentamos las innumerables maneras en que Dios nos ama.
Acurrucados en el regazo de Dios, nuestras vidas en la tierra son como en el cielo.
Sólo con Dios existe el amor, sólo con amor existe la familia.
Todos los que aman a Dios son una familia.
El amor de Dios nos une.
Las palabras de Dios nos acompañan mientras crecemos.
Al vivir en el hermoso reino,
alabamos a Dios Todopoderoso por siempre.
La la la … La la la … La la la …
La la la … La la la … La la la …
Sólo con Dios existe el amor, sólo con amor existe la familia.
Todos los que aman a Dios son una familia.
El amor de Dios nos une.
Las palabras de Dios nos acompañan mientras crecemos.
Al vivir en el hermoso reino,
alabamos a Dios Todopoderoso por siempre.
alabamos a Dios Todopoderoso por siempre.
alabamos a Dios Todopoderoso por siempre.
De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”