domingo, 7 de octubre de 2018

DESPERTAR GRACIAS AL JUICIO

Creer en Dios
y obtener la verdad y la vida
no es fácil.
Es fútil proclamar
doctrinas vacías
y no practicar la verdad.

Es hipócrita
no haber cambiado el carácter
tras trabajar durante
muchos años.
Dios mira en lo más recóndito
del corazón del hombre
y no permite que lo engañen.
Sólo gracias al juicio de Dios
puedo ver que soy
feo e indigno.
Proclamo doctrinas
con elegancia
para engrandecerme
en todos lados.
Me decoro con doctrinas,
sólo para engañar
a otros y a mí mismo.
Sigo el camino
de los fariseos,
sin embargo,
creo que estoy siendo fiel.
Vivo sin la realidad
y no
me parezco a un ser humano.
Aferrarse a la tradición
religiosa y a las fórmulas
heredadas
no es alabar a Dios,
no es alabar a Dios.
Si no acepto el juicio
de las palabras de Dios,
mi fe siempre estará vacía,
mi fe siempre estará vacía.
II
Es tan difícil ver a través
de mi naturaleza satánica.
No lo conseguiré
sin ser podado,
tratado,
sin pruebas y revelaciones.
La humanidad
está tan profundamente
corrompida,
y no se purificará
sin pasar
por el juicio de Dios,
que me permite ver la verdad
de la corrupción del hombre.
Vivo sin la realidad
de las palabras de Dios,
y no
me parezco a un ser humano.
Aferrarse a la tradición
religiosa y a las fórmulas
heredadas
no es alabar a Dios,
no es alabar a Dios.
Si no acepto el juicio
de las palabras de Dios,
mi fe siempre estará vacía,
mi fe siempre estará vacía.
III
El carácter justo de Dios
se revela por completo
en Su juicio.
Significa tanto para Dios
utilizar el juicio y castigo
para salvar al hombre.
Sólo tras pasar por el juicio
y entender la verdad
puede el hombre vivir una vida
humana genuina.
Dios pone a prueba
la obra del hombre para ver
si posee la verdad o no.
Si no la posee,
no importa cuánto sufra,
no significa nada.
Es el juicio de Dios
lo que me salva
y despierta mi corazón.
Buscaré la verdad,
viviré la realidad
y daré lo mejor de mí
para satisfacer a Dios.
Y daré lo mejor de mí
para satisfacer a Dios.
Y daré lo mejor de mí
para satisfacer a Dios.

De "Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos"

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