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martes, 17 de diciembre de 2019

Palabra de vida eterna | Dios mismo, el único (I) La autoridad de Dios (I) Parte 1


 Palabra de vida eterna | Dios mismo, el único (I) La autoridad de Dios (I) Parte 1
Las palabras de Dios del vídeo son del libro “La Palabra manifestada en carne”.
El contenido del vídeo: En el primer día, el día y la noche de la humanidad nacen y permanecen gracias a la autoridad de Dios
En el segundo día, la autoridad de Dios organiza las aguas, hace el firmamento, y aparece un espacio para la supervivencia humana más básica
En el tercer día, las palabras de Dios dan origen a la tierra y los mares, y la autoridad de Dios provoca que el mundo rebose de vida


martes, 15 de octubre de 2019

Palabras de Dios | El suspiro del Todopoderoso


Palabras de Dios | El suspiro del Todopoderoso


Dios Todopoderoso dice: "La humanidad que abandonó el suministro de vida del Todopoderoso, no sabe por qué existe, y sin embargo teme a la muerte. Sin apoyo ni ayuda, pero la humanidad continúa siendo renuente a cerrar sus ojos, desafiando todo, arrastrando una existencia innoble en este mundo, en cuerpos que no tienen conciencia de las almas. Tú vives así, sin esperanza; él existe de esta manera, sin ningún objetivo. Sólo existe el Santo de la leyenda que vendrá a salvar a los que gimen en el sufrimiento y que anhelan desesperadamente Su llegada. Esta creencia no puede ser concientizada hasta ahora en la gente que permanece inconsciente. Sin embargo, la gente todavía anhela que así sea. El Todopoderoso tiene piedad de esta gente que sufre profundamente. Al mismo tiempo, Él está harto de esa gente que no tiene conciencia, porque Él tiene que esperar demasiado tiempo la respuesta de los humanos. Él desea buscar, encontrar tu corazón y tu espíritu. Él quiere darte alimento y agua y despertarte, para que ya no tengas sed, ya no tengas hambre. Cuando estés cansado y comiences a sentir la desolación de este mundo, no te sientas perplejo, no llores. Dios Todopoderoso, el Velador, acogerá tu llegada en cualquier momento". 

lunes, 7 de octubre de 2019

Palabras de Dios | “Dios preside el destino de toda la humanidad” Las palabras del Espíritu Santo


Palabras de Dios | “Dios preside el destino de toda la humanidad” Las palabras del Espíritu Santo


Dios Todopoderoso dice: "Dios creó este mundo, creó a esta humanidad, y además fue el arquitecto de la antigua cultura griega y la civilización humana. Sólo Dios consuela a esta humanidad, y sólo Él cuida de ella noche y día. El desarrollo y el progreso humanos son inseparables de la soberanía de Dios, y la historia y el futuro de la humanidad son inextricables de los designios de Dios. Si eres un cristiano verdadero, creerás sin duda que el auge y la caída de cualquier país o nación ocurren de acuerdo con los designios de Dios. Sólo Él conoce el destino de un país o nación, y sólo Él controla el curso de esta humanidad. Si esta desea tener un buen destino, si un país desea un buen destino, entonces el hombre debe postrarse a Dios para adorarle, arrepentirse y confesar delante de Él, si no, la suerte y el destino del hombre acabarán inevitablemente en catástrofe".

lunes, 30 de septiembre de 2019

Una juventud que no se lamenta

Xiaowen    Ciudad de Chongqing


“‘El amor’ se refiere a una emoción pura e inmaculada, usáis vuestros corazones para amar, sentir y ser considerados. En el amor no hay condiciones, barreras ni distancias. En el amor no hay sospechas, no hay engaños, no hay negociaciones ni especulaciones. En el amor no hay opción ni nada impuro” (‘Amor puro e inmaculado’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Este himno de la palabra de Dios alguna vez me ayudó a sobrellevar el dolor de un largo período de mi vida en prisión que duró siete años y cuatro meses. Aunque el gobierno del Partido Comunista Chino me privó de los años más hermosos de mi juventud, obtuve la verdad más preciada y verdadera de Dios Todopoderoso y, por lo tanto, no tengo quejas ni lamentos.

En 1996, recibí la exaltación de Dios y acepté la salvación de Dios Todopoderoso de los últimos días. Por medio de la lectura de las palabras de Dios y de encuentros de enseñanza, resolví que todo lo que había dicho Dios era la verdad, lo que se contrapone completamente con todo el conocimiento y las teorías de este mundo maligno. La palabra de Dios Todopoderoso es la regla más elevada para la vida. Lo que más me emocionó fue que podía ser simple y abierta y que podía hablar libremente sobre cualquier tema con los hermanos y hermanas. No tuve la mínima necesidad de protegerme contra cuestionamientos o ante las posibles burlas de las personas que interactuaban conmigo. Sentí un consuelo y una felicidad que nunca había sentido antes. Realmente me gustaba esta familia. No obstante, no pasó mucho tiempo hasta que me enteré de que el país no permitía que la gente creyera en Dios Todopoderoso. Esta situación hizo que no supiera qué hacer, porque Su palabra les permitía a las personas adorar a Dios y andar por el camino correcto de la vida. Les permitía a las personas ser sinceras. Si todos creyeran en Dios Todopoderoso, el mundo estaría en paz. Realmente, no lo comprendía: creer en Dios era la tarea más justa. ¿Por qué el gobierno del Partido Comunista quería perseguir y oponerse a quienes creían en Dios Todopoderoso hasta el punto en que arrestaba a Sus creyentes? Pensé: ¡no importa cómo nos persiga el gobierno ni la envergadura de la opinión pública, he decidido que este es el camino correcto de la vida y que por cierto lo transitaré hasta el final!

Después, comencé a hacer mi deber en la iglesia, que consistía en distribuir libros que contenían la palabra de Dios. Sabía que hacer este deber en un país que se resistía a Dios era muy peligroso y que podían arrestarme en cualquier momento. Pero también sabía que, como parte de toda la creación, mi misión en la vida era darlo todo por Dios y hacer mi deber. Era una responsabilidad que no podía eludir. Justo cuando estaba comenzando a cooperar con Dios con confianza, un día de septiembre de 2003, iba camino a entregarles libros de la palabra de Dios a algunos hermanos y hermanas y fui arrestada por personas de la Dirección de Seguridad Nacional de la ciudad.

En la Dirección de Seguridad Nacional, fui interrogada una y otra vez, sin saber qué responder. Con urgencia, clamé a Dios: “Oh, Dios Todopoderoso, te pido que me brindes Tu sabiduría y que me otorgues las palabras que debo decir para no traicionarte y para poder dar testimonio de Ti”. Durante ese lapso, clamaba a Dios a diario, no me atrevía a abandonarlo, sólo le pedía que me otorgara la inteligencia y la sabiduría para poder tratar con la policía malvada. Alabado sea Dios por cuidarme y protegerme; todas las veces que me interrogaban, escupía, o tenía un hipo incesante y no podía hablar. Al ver la obra maravillosa de Dios, resolví firmemente: ¡No diré nada! ¡Pueden llevarse mi cabeza, pueden tomar mi vida, pero de ninguna manera me harán traicionar a Dios! Cuando tomé la determinación de que preferiría arriesgar mi vida antes de traicionar a Dios como lo hizo Judas, Dios me dio “luz verde” en todos los aspectos: cada vez que me interrogaban, Dios me protegía y me permitía atravesar el calvario en paz. Si bien yo no dije nada, el gobierno me acusó de “usar un culto maléfico para destruir la implementación de la ley” ¡y me sentenció a nueve años de prisión! Cuando oí la sentencia del tribunal, no me puse triste gracias a la protección de Dios, ni tampoco les tuve miedo. En cambio, los desprecié. Cuando esas personas pronunciaron la sentencia, dije en voz baja: “¡Esta es la prueba de que el gobierno está contra Dios!”. Posteriormente, los oficiales de seguridad pública vinieron a espiar cuál era mi actitud y yo les dije con calma: “¿qué son nueve años? Cuando llegue el momento de salir en libertad, seguiré siendo miembro de la Iglesia de Dios Todopoderoso; si no me creéis, ¡esperad y veréis! ¡Pero debéis recordar que este caso estuvo una vez en vuestras manos!”. Mi actitud realmente los sorprendió. Levantaron sus pulgares y dijeron repetidas veces: “¡Cuán admirable! ¡Eres más la Hermana Jiang que la propia Hermana Jiang! ¡Cuando salgas en libertad, nos volveremos a encontrar y tú serás nuestra invitada!”. En ese momento, sentí que Dios había obtenido la gloria y mi corazón se alegró. Cuando fui sentenciada, sólo tenía treinta y un años.

Las cárceles de China son el infierno en la tierra, y la vida de muchos años en prisión me hizo ver, en su totalidad, la falta de humanidad de Satanás y su esencia diabólica que se ha convertido en enemiga de Dios. La policía china no sigue la norma de la ley, sino la de la maldad. En la prisión, la policía no trata personalmente con las personas, sino que incita a los prisioneros a la violencia hacia los demás reclusos. La policía malvada también utiliza todo tipo de métodos para reprimir los pensamientos de las personas; por ejemplo, cada persona que ingresa debe vestir los mismos uniformes de prisionero con un número de serie especial, debe cortarse el cabello de acuerdo a los requisitos de la cárcel, debe usar zapatos aprobados por la prisión, debe caminar a lo largo de los senderos permitidos por ellos y debe marchar al ritmo que le ordenan. Ya fuera primavera, verano, otoño o invierno, si llovía o estaba soleado, o si era un día sumamente frío, todos los prisioneros debían hacer tal como se les ordenaba sin poder elegir. Cada día, se nos exigía que nos reuniéramos durante por lo menos quince veces para contarnos y cantar cinco veces alabanzas al gobierno comunista. También teníamos tareas políticas, es decir, nos hacían estudiar las leyes de la prisión y la Constitución, y teníamos que dar un examen cada seis meses. El objetivo era lavarnos el cerebro. También comprobaban de manera aleatoria nuestro conocimiento de las disciplinas y las normas de la prisión. La policía carcelaria no sólo nos perseguía mentalmente, sino que también nos atacaba físicamente de manera salvaje con una total falta de humanidad. Tenía que hacer trabajos forzados durante más de diez horas por día, en medio de una multitud de varios cientos de otras personas en una fábrica angosta realizando labores manuales. Puesto que había tanta gente en un espacio tan pequeño, y debido a que el fuerte ruido de la maquinaria se oía en todas partes, sin importar cuán sana estaba una persona, sus cuerpos sufrían graves discapacidades si permanecían allí durante un tiempo. Detrás de mí había una máquina de hacer ojales y todos los días funcionaba sin cesar. El sonido retumbante que transmitía era insoportable y al cabo de varios años, sufrí una seria pérdida de la audición. Incluso hasta ahora no me he recuperado. Lo que era aún más dañino era el polvo y la contaminación en la fábrica. Luego de ser examinadas, se descubrió que muchas personas habían contraído tuberculosis y faringitis. Además, debido a los largos períodos en que permanecíamos sentadas allí haciendo trabajos manuales, era imposible salir y muchas personas presentaron casos serios de hemorroides. El gobierno del Partido Comunista trataba a los prisioneros como máquinas para fabricar dinero. No tenían el mínimo interés por si alguien vivía o moría. Hacían que la gente trabajara desde temprano en la mañana hasta tarde por la noche. Yo estaba con frecuencia tan agotada que mi físico no daba más. Y no era solamente eso. También debía exponerme a todo tipo de exámenes aleatorios además de mis tareas políticas semanales, mi trabajo manual, mis tareas públicas, etc. Por lo tanto, cada día sentía un elevado grado de ansiedad. Mi estado mental era el de estar constantemente bajo tensión, y me sentía sumamente nerviosa, tanto que no podía ponerme al día si me atrasaba, y entonces la policía carcelaria me castigaba. En ese tipo de ambiente, llegar al fin del día sana y salva no era algo fácil de lograr.

Cuando acababa de comenzar a cumplir mi sentencia, no podía manejar este tipo de trato cruel y devastador por parte de la policía de la prisión. Todo tipo de trabajo manual intenso y de presión ideológica hacía que me costara respirar, sin mencionar que tenía que tener todo tipo de contacto con las prisioneras. También debía soportar el mal trato y los insultos de la diabólica policía de la prisión y de las prisioneras… Con frecuencia me persiguieron y me pusieron entre la espada y la pared. Varias veces, me hundí en la desesperación, especialmente cuando pensaba en cuán larga era mi sentencia de nueve años. Sentí una gran desolación y un enorme desamparo y no sabía cuántas veces había llorado, hasta el punto en que pensé en el suicidio para liberarme del dolor que sentía. Cada vez que me hundía en una angustia terrible y no podía brindarme apoyo a mí misma, oraba y clamaba a Dios con urgencia y Dios me esclarecía y me guiaba: “No puedes morir aún. Debes apretar los puños y continuar viviendo resueltamente; debes vivir una vida para Dios. Cuando las personas poseen la verdad en ellas tienen esta resolución y nunca más desean morir; cuando la muerte te amenace, dirás: ‘Oh Dios, no estoy dispuesto a morir; sigo sin conocerte. Aún no he devuelto Tu amor. […] Debo dar buen testimonio de Dios. Debo devolver Su amor. Después de eso, no importa cómo muera. Entonces habré vivido una vida satisfactoria. Independientemente de quién más esté muriendo, no moriré ahora; debo seguir viviendo con tenacidad’” (‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Las palabras de Dios fueron como la tierna y agradable visión de mi madre aplacando mi solitario corazón. También fueron como mi padre usando ambas manos para suave y delicadamente secar las lágrimas de mi rostro. De inmediato, sentí una corriente cálida y un poder que recorría mi corazón. Aunque estaba sufriendo físicamente en la prisión oscura, intentar suicidarme no era la voluntad de Dios. No iba a poder dar testimonio de Él y hubiera formado parte de los chistes de Satanás. Sería un testimonio si lograba salir viva de esta prisión demoníaca al cabo de nueve años. Las palabras de Dios me dieron la valentía para seguir con vida y tomé una determinación en mi corazón: sin importar qué dificultades me esperen en el futuro, seguiré viviendo diligentemente, viviré con valentía y fuerza y por cierto daré testimonio para la satisfacción de Dios.

Año tras año, la sobrecarga de trabajo hizo que mi cuerpo se debilitara progresivamente. Después de estar sentada durante largos períodos en la fábrica comencé a transpirar profusamente y mis hemorroides sangraban volviéndose cada vez más severas. Debido a mi anemia grave, me mareaba con frecuencia. Pero en la prisión, consultar al médico no era algo sencillo. Si la policía carcelaria estaba de buen humor, me daban algún medicamento barato. Si no lo estaba, decían que estaba simulando estar enferma para no trabajar. Tuve que soportar el tormento de esta enfermedad y tragarme las lágrimas. Después de un día de trabajo, terminaba completamente exhausta. Arrastraba mi cuerpo agotado a mi celda y quería descansar un poco, pero no podía conciliar el sueño: o me llamaba la policía de la prisión en medio de la noche o bien me despertaba el ruido tremendo que hacían… Con frecuencia se divertían conmigo y sufría más allá de las palabras. Además, debía tolerar un tratamiento inhumano por parte de la policía carcelaria. Era como una refugiada que dormía en el piso o en los corredores, o incluso cerca del baño. La ropa que lavaba no se secaba, sino que se juntaba con las otras prisioneras para secarse. Lavar ropa en invierno era especialmente frustrante y muchas personas sufrían de artritis por usar ropa húmeda durante períodos prolongados. En la prisión, no se requería demasiado tiempo para que las personas sanas se volvieran apagadas y lentas, físicamente débiles o enfermas. Con frecuencia comíamos verduras viejas y secas de fuera de temporada. Si uno quería comer algo mejor, debía comprar alimentos caros en la prisión. Aunque a las personas se les hacía estudiar leyes en la cárcel, allí la ley no existía. La policía de la prisión era la ley y si alguien hacía algo que no les gustaba, encontraban un motivo para castigarla, incluso hasta el punto de que podían hacerlo sin motivo alguno. Aún más despreciable era el hecho de que consideraban que los creyentes en Dios Todopoderoso eran delincuentes políticos, y decían que nuestros delitos eran más graves que el homicidio y el incendio intencional. Por lo tanto, me odiaban particularmente, me controlaban estrictamente, y me perseguían con mayor salvajismo. ¡Este tipo de comportamiento maligno es una prueba férrea de la conducta perversa de los dictadores, de su oposición al Cielo, y de su enemistad con Dios! Habiendo soportado el tormento cruel de la prisión, mi corazón a menudo se llenaba de una indignación justa: ¿Qué ley viola el hecho de creer y adorar a Dios? ¿Qué delito consiste en seguir a Dios y andar por el sendero correcto de la vida? Los seres humanos fueron creados por las manos de Dios y creer en Dios y adorarlo es la ley del cielo y de la tierra; ¿qué motivo tiene el gobierno del Partido Comunista para reprimirlos y perseguirlos violentamente? Claramente se debe a su conducta perversa y a su oposición al Cielo. Se está oponiendo a Dios en todos los aspectos, les pone una etiqueta de reaccionarios a los creyentes en Dios Todopoderoso y nos persigue y devasta severamente. Intenta eliminar a todos los creyentes en Dios Todopoderoso de un plumazo. ¿No es esto cambiar negro por blanco y ser profundamente reaccionario? Se resiste frenéticamente al Cielo y es hostil con Dios: ¡al final deberá sufrir el justo castigo de Dios! En todas partes donde hay corrupción, debe haber juicio: en todas partes donde hay pecado, debe haber castigo. Esta es la ley predestinada del cielo, nadie puede escapar a ella. Los maléficos crímenes del gobierno del Partido Comunista han llegado hasta el cielo, y ellos sufrirán la destrucción de Dios. Tal como dijo Dios: “Hace mucho que Dios aborrece a esta oscura sociedad con todas Sus fuerzas. Rechina los dientes, desesperado por plantar Sus pies sobre esta perversa y odiosa serpiente antigua, para que nunca más se levante y no vuelva a maltratar más al hombre. No disculpará sus actos del pasado, no tolerará que engañe al hombre, ajustará cuentas por cada uno de sus pecados a lo largo de los siglos; Dios no será benévolo en lo más mínimo hacia este cabecilla de todo mal;[1] lo destruirá por completo” (‘Obra y entrada (8)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En esta prisión demoníaca, yo era menos que un perro vagabundo ante los ojos de la malvada policía; no sólo me golpeaban y me reprimían, sino que con frecuencia y repentinamente entraban a empujones y deshacían mi cama y desordenaban todas mis pertenencias. Además, cada vez que sucedía algún tipo de revuelta en el mundo exterior, la gente de la prisión a cargo de los asuntos políticos me buscaba y trataba de averiguar mis opiniones respecto de estos eventos y me gritaba constantemente por qué caminaba por el sendero de creer en Dios. Cada vez que me sometía a este tipo de interrogatorio, tenía el corazón en la boca, porque no sabía qué plan malvado tenían en mente para mí. Mi corazón siempre le oraba con urgencia a Dios y yo lloraba pidiéndole ayuda y guía para atravesar esta crisis. Día tras día, año tras año, el maltrato, la explotación y la represión me atormentaron con un sufrimiento indescriptible: cada día estaba sobrecargada de trabajo manual y de responsabilidades políticas aburridas y tediosas. También me atormentaba mi enfermedad, y, para colmo, estaba deprimida mentalmente. Esto me llevó al borde del colapso. Especialmente cuando vi a una prisionera de mediana edad que se colgó de la ventana en medio de la noche porque ya no podía soportar el tormento inhumano de la malvada policía, y a otra prisionera morir debido a la demora en el tratamiento de su enfermedad. Entonces me hundí en la misma asfixiante situación desesperada y nuevamente comencé a pensar en el suicidio. Creía que la muerte era el mejor alivio. Pero sabía que eso sería traicionar a Dios y que no podía hacerlo. No tenía otra opción que soportar todo el dolor y someterme a los designios de Dios. Pero tan pronto como pensaba en mi larga sentencia, y me daba cuenta de cuánto faltaba para quedar libre, sentía que no había palabras que pudieran describir mi dolor y mi desesperación. Pensaba que no podía continuar soportando eso y que no sabía cuánto más podría seguir así. ¿Cuántas veces más podría no hacer otra cosa que cubrirme con mi cobija al caer la noche y llorar, orando y suplicándole a Dios Todopoderoso, contándole acerca de todo el pesar que había en mi mente? En el momento de mi mayor dolor y desamparo, pensé: estoy sufriendo hoy para poder separarme de la corrupción y recibir la salvación de Dios. Estas dificultades son lo que debo padecer, y lo que tengo que sufrir. Tan pronto como pensé en esto, ya no sentí más amargura; en cambio, sentí que estaba obligada a estar presa debido a mi creencia en Dios, y que sufrir dificultades para ir en busca de la salvación era lo que tenía mayor valor y relevancia; ¡que este sufrimiento era muy valioso! Inesperadamente, la angustia de mi corazón se transformó en gozo y no pude contener mis emociones: comencé a canturrear un himno de experiencia que era conocido para mi corazón llamado “No vivir en vano”: “no vivir en vano, a pesar de las dificultades, hay un significado; no vivir en vano, no retrocederé ante las dificultades; no vivir en vano, obtenemos oportunidades para conocer a Dios; no vivir en vano, nos entregamos por el Dios Altísimo. ¿Quién es más bendecido que nosotros? ¿Quién es más afortunado que nosotros? Lo que Dios nos ha dado supera a todas las generaciones pasadas; debemos vivir para Dios, debemos devolverle Su gran amor”. Repetí el himno en mi corazón, y cuanto más lo cantaba, más me alentaba; cuanto más lo cantaba, más poder y gozo sentía. No pude evitar hacer un juramento ante la presencia de Dios: “Oh, Dios Todopoderoso, te agradezco por Tu consuelo y Tu aliento que me ha hecho, una vez más, tener la fe y la valentía para seguir viviendo. Tú me has permitido sentir que de hecho eres el Señor y el poder de mi vida. Aunque estoy presa en este agujero del infierno, no estoy sola, porque siempre has estado conmigo en todos estos días oscuros; Tú me has dado fe una y otra vez y me has brindado la motivación para continuar. Oh Dios, si algún día puedo salir de aquí y vivir en libertad, haré mis tareas y ya no lastimaré Tu corazón ni haré planes para mí misma. ¡Oh Dios, sin importar cuán arduos o difíciles sean los días por venir, estoy dispuesta a confiar en Ti para seguir viviendo con fortaleza!”.

En prisión, recordaba con frecuencia los días que pasé con mis hermanos y hermanas, ¡había sido una época tan hermosa! Todos vitoreaban y reían, y también teníamos discusiones, pero todas se convirtieron en buenos recuerdos. Cada vez que pensaba en las épocas en que hacía mis deberes con indiferencia, me sentía sumamente culpable y en deuda. Pensaba en las discusiones que tuve con los hermanos y hermanas debido a mi carácter arrogante. Me sentía especialmente incómoda y llena de remordimientos. Cada vez que sucedía esto, rompía en llanto y cantaba en silencio dentro de mi corazón un himno que me era conocido. “Lamento verdaderamente cuántos buenos momentos se perdieron, el tiempo se fue y no volverá, todo lo que queda es remordimiento. […] Compensaré mis fallas del pasado, llena de fe y lista para comenzar de nuevo; Dios me concede oportunidades y me vuelve a perdonar. Estoy dispuesta a optar de nuevo. Valorar el hoy, sacrificarlo todo, satisfaré a Dios por última vez. Dios está ansioso. Dios está esperando, no puedo volver a fallar a Dios” (‘Me arrepiento de verdad’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). En mi dolor y auto-culpa, con frecuencia oré a Dios en mi corazón: “¡Oh Dios! Realmente no estuve muchas veces a Tu altura; si me lo permites, estoy dispuesta a buscar amarte. ¡Cuando salga en libertad, seguiré deseando hacer mis deberes y querré comenzar de nuevo! ¡Compensaré mis faltas del pasado!”. Durante el tiempo que estuve en prisión, extrañé en especial a aquellos hermanos y hermanas con los que estuve en contacto mañana y noche. Realmente quería verlos, pero en esta cárcel demoníaca en la que me mantenían cautiva, este deseo era un imposible. Sin embargo, con frecuencia los veía en sueños. Soñaba que estábamos leyendo juntos la palabra de Dios y comunicando la verdad juntos. Éramos felices y estábamos contentos.

Durante el gran terremoto de Wenchuan de 2008, la prisión en la que estábamos encerradas fue sacudida y yo fui la última persona en ser evacuada. En esos días hubo réplicas continuas. Tanto las prisioneras como la policía carcelaria estaban tan alarmadas y ansiosas que no daban más. Pero mi corazón estaba especialmente imperturbable y firme, porque sabía que esta era la palabra de Dios cumplida, era la llegada de la ira feroz de Dios. Durante ese terremoto, que fue el único en cien años, la palabra de Dios protegió mi corazón. Creo que la vida y la muerte del hombre están en manos de Dios. Independientemente de cómo lo hace Dios, estoy dispuesta a someterme a Sus designios. Sin embargo, lo único que me entristecía era que si moría, ya no iba a tener la oportunidad de hacer mi deber para el Señor de las creaciones, que ya no iba a tener la oportunidad de devolverle amor a Dios, y que ya no podría ver a mis hermanos y hermanas. Pero, mi ansiedad era superflua; Dios estaba siempre conmigo y me daba la máxima protección, ¡la que me permitió sobrevivir al terremoto y atravesarlo en paz!

En enero de 2011, fui liberada antes de cumplir mi sentencia, lo que significó el fin de mi vida de esclavitud en la cárcel. Al obtener mi libertad, me sentí profundamente emocionada: ¡puedo regresar a la iglesia! ¡Puedo estar con mis hermanos y mis hermanas! No había palabras para describir mi espíritu y mis emociones. Lo que no esperaba era que después de regresar a casa, mi hija me ignorara y que mi familia y mis amigos me miraran de modo peculiar. Todos se alejaron de mí y no interactuaban conmigo. Las personas que me rodeaban no me comprendían ni me aceptaban. En ese momento, aunque ya no estaba en prisión, maltratada y atormentada, las miradas frías, las expresiones de desdén y el abandono me resultaban difíciles de soportar. Me volví débil y negativa. No pude evitar recordar los días pasados y reflexionar sobre ellos: cuando sucedió el hecho, tenía solamente treinta y un años. Cuando salí de la cárcel habían transcurrido ocho inviernos y siete veranos. ¿Cuántas veces en mi soledad y desamparo Dios había arreglado a las personas, los asuntos y las cosas para que me ayudaran? ¿Cuántas veces en mi dolor y mi desesperación me consolaron las palabras de Dios? ¿Cuántas veces, cuando quería morir, Dios me otorgó el poder para tener la valentía de seguir viviendo?… Durante esos largos y penosos años, fue Dios el que me condujo paso a paso fuera del valle de sombra de muerte para seguir viviendo con tenacidad. Al enfrentar ahora este momento difícil, me volví negativa y débil y entristecía Dios. ¡Era una persona cobarde e incompetente que había mordido la mano de quién me daba de comer! Al pensar en esto, mi corazón fue firmemente condenado. No pude evitar pensar en el juramento que había hecho a Dios mientras estaba en prisión: “si algún día puedo salir de aquí y vivir en libertad, haré mis tareas y ya no lastimaré el corazón de Dios ni haré planes para mí misma”. Medité sobre este juramento y reflexioné sobre la circunstancia en la que me encontraba cuando presté este juramento a Dios. Las lágrimas nublaron mis ojos y lentamente canté un himno de la palabra de Dios: “‘He ido en busca de Dios y lo he seguido por mi propia voluntad. Ahora, si Dios desea expulsarme, de todos modos lo seguiré. Independientemente de que Dios me quiera o no, aún buscaré amarlo; al final deberé obtenerlo y ofrecer la energía de mi vida a Dios. Deseo que la voluntad de Dios triunfe, deseo ofrecer mi corazón a Dios. Sin importar qué haga Él, lo seguiré toda mi vida y nunca cejaré hasta que obtenga a Dios’. Si quieres mantenerte firme en el futuro, y poner todo de tu parte para satisfacer a Dios, y poder seguirlo hasta el final del camino, debes crear ahora una base firme, debes poner en práctica la verdad en todo para satisfacer a Dios y ser considerado con el corazón de Dios. Al poner en práctica continuamente de esta manera, habrá un fundamento interior; Dios provocará tu corazón para que lo ames. Un día, cuando se produzcan las pruebas, podrías aceptar algunas dificultades, podrías sentirte acongojado hasta cierto punto, y podrías experimentar angustia y pesar. Querrás dar la vida en aras de amar a Dios; sin importar a qué pruebas te someta Él, no considerarás tu propia vida, estarás dispuesto a dejar todo de lado por Dios, y a soportar todo por Él” (‘Nunca me rendiré hasta obtener a Dios’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”).

Luego de un período de devociones espirituales y de adaptación, rápidamente salí de mi estado de negatividad bajo el esclarecimiento de Dios y volví a hacer mis deberes.

Si bien los mejores años de mi juventud los pasé en prisión, durante esos siete años y cuatro meses sufrí mucho debido a mi creencia en Dios. Pero no tengo quejas ni lamentos, porque comprendo algo de la verdad y he experimentado el amor de Dios. Siento que hay un significado y valor en mi sufrimiento, que esta es una excepción de exaltación y gracia que Dios ha hecho por mí. ¡Este es mi privilegio! Aunque mi familia y mis amigos no me comprendan, e incluso mi hija me ignore, ninguna persona, ningún asunto ni cosa podrá separarme de mi relación con Dios. Incluso si muero, no podré abandonar a Dios.

Amor puro e inmaculado es el himno que más me gustaba cantar en la cárcel. ¡Ahora, quiero usar mis acciones reales para ofrecer el amor más puro a Dios! 

viernes, 27 de septiembre de 2019

Dios no quiso dejarme caer en el inframundo

Dios no quiso dejarme caer en el inframundo

Cómo una comisaría local del Departamento de Seguridad Pública fue conquistada por las palabras de Dios

Zhang Jun, provincia de Sichuan
Dios Todopoderoso dice: “Echa un vistazo a la época del arca de Noé: la humanidad era profundamente corrupta, se había desviado de la bendición de Dios, Él ya no cuidaba más de ella, y había perdido Sus promesas. Vivía en las tinieblas, sin la luz de Dios. Así pues, los hombres se volvieron licenciosos por naturaleza, abandonados a sí mismos a una depravación horrible. Tales hombres ya no podían recibir la promesa de Dios; no eran dignos de ver el rostro de Dios, ni de oír Su voz, porque lo habían abandonado, habían dejado de lado todo lo que Él les había concedido, y se habían olvidado de las enseñanzas de Dios. Su corazón se apartaba más y más de Dios, y conforme lo hacía, se volvieron depravados más allá de toda razón y humanidad, y cada vez más malvados. Así pues, cada vez se acercaron más a la muerte, y cayeron bajo la ira y el castigo de Dios. Sólo Noé adoró a Dios y se apartó del mal, y por eso fue capaz de oír Su voz, y Sus instrucciones. Él construyó el arca siguiendo las instrucciones de la palabra de Dios, y reunió a toda forma de criaturas vivientes. Y de esta manera, una vez que todo se había preparado, Dios desató Su destrucción sobre el mundo. Sólo Noé y los siete miembros de su familia sobrevivieron a la destrucción, porque Noé adoró a Jehová y se apartó del mal” (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después de leer este pasaje de las palabras de Dios, caí en un estado de profunda contemplación…
Mis padres son ambos cristianos y yo fui bautizado y hecho seguidor del Señor Jesús a una edad muy temprana. En ese momento, mi espíritu siempre se volvía hacia la alegría y la bondad. Cuando la Revolución Cultural golpeó a China, mi padre fue enviado a un lugar remoto en las montañas para “reformarse por medio del trabajo” y después de eso nunca más tuvimos noticias de él. Mi madre fue catalogada como uno de los “cuatro elementos malos” y, como también era cristiana, fue catalogada como “contrarrevolucionaria”. Yo tampoco pude escapar del daño causado a mi familia: cuando llegué a la edad escolar, no hubo ninguna escuela dispuesta a aceptar al hijo de una “contrarrevolucionaria” y, cuando tuve edad de trabajar, ninguna unidad de trabajo quería contratarme. No pude conseguir un trabajo hasta que tuve 20 años. Había sufrido opresión durante mucho tiempo y estaba harto del dolor y el sufrimiento, así que cuando empecé a trabajar, me decidí a hacerlo tan duro como pudiera y a confiar sólo en mí mismo. Hubo algunos momentos en los que tuve que esforzarme muchísimo, pero finalmente ascendí de oficial de policía común a jefe de la comisaría local del Departamento de Seguridad Pública (DSP).
En ese tiempo, me congratulaba en secreto de haber ascendido en el escalafón y nunca me imaginé, ni por un sólo momento, que detrás de esta buena fortuna, se escondía una terrible oscuridad que iba a engullirme. Era como si un par de manos oscuras y sin forma me arrastraran a las profundidades del pecado. Para ser honestos, poco después de convertirme en oficial de policía, comencé a sentir que los policías no éramos muy distintos de los bandidos o ladrones. Nuestro trabajo no era capturar criminales o mantener la ley y el orden: era ganar dinero bajo cuerda. Incluso ordenábamos a prostitutas que fueran y sedujeran a hombres, de forma que pudiéramos arrestarlos en el acto e imponerles una multa. Siempre que arrestábamos a alguien, intentábamos extorsionarlo a través de la mentira, las lisonjas o la estafa. Hay innumerables ejemplos de este tipo de conducta, una conducta extendida por todas las fuerzas policiales. Clubes nocturnos, salones de baile, etc., todos tenían que darnos discretamente algunos miles de yuanes o más cada mes en “honorarios por protección”, o de lo contrario les haríamos la vida difícil. Estábamos listos para tomar medidas severas contra ellos en cualquier momento. Las prostitutas que trabajaban en las casas de citas nos tenían mucho miedo y no sólo se lanzaban a nuestros brazos, sino que incluso nos daban dinero. Había un chico en nuestra comisaría que, con el pretexto de ser su novio, se las arregló para obtener fraudulentamente dinero y sexo de más de cien mujeres. Yo no conocía a un solo oficial de policía que no estuviera involucrado con prostitutas y yo también quedé tan profundamente atrapado en ese mundo que no podía liberarme, aunque quería hacerlo.
Como oficiales de policía, teníamos muchas oportunidades de ganar dinero y lo único que necesitábamos para conseguirlo era un poco de picardía. Por ejemplo, si una compañía o agencia de construcción quería construir algunas casas, dejábamos que los mafiosos locales pusieran barricadas junto a los lugares de construcción. Naturalmente, los constructores nos llamaban y nos presentábamos para resolver engañosamente el asunto echando a los “gamberros”. Las compañías o agencias de construcción —sin ser conscientes del engaño— estaban por supuesto muy agradecidas a nosotros y felizmente dispuestas a darnos algo de dinero cada mes. Pero este dinero era sólo una pequeña parte. Lo que queríamos conseguir realmente al causar problemas a los hombres de negocios era obtener lotes de participaciones gratuitas en sus compañías. Con este fin, llevábamos a cabo comprobaciones de los antecedentes del jefe de la compañía seleccionada y si él no satisfacía nuestras exigencias, hacíamos nuestro movimiento. En el caso de los jefes mujeriegos, enviábamos prostitutas para que los sedujeran. Después, los seguíamos hasta el motel o a donde fueran para sorprenderlos en el acto y coaccionarlos. En el caso de los jefes a quienes les gustaba el juego, hacíamos que pagaran grandes multas. Si alguno de ellos no cooperaba, enviábamos a los mafiosos para que los obligaran a dejar el negocio y marcharse de nuestro territorio. Los ciudadanos de a pie decían a menudo cosas como: “los policías y los ladrones son simplemente una gran familia” o “los policías y los mafiosos son tan íntimos como los peces y el agua”, y lo que dicen es cierto. Cuando empecé a hacer estos actos malvados, siempre me sentía incómodo con el pensamiento de estar ganando dinero sucio a través de medios injustos. Pero, cada vez que mis colegas me enganchaban en ello, me sentía incapaz de negarme, y después de algunos años ya no sentía el menor remordimiento. Estaba atascado en un agujero oscuro y no podía salir de él; pero no me importaba, mientras hubiera dinero por ganar. Me duele mucho recordar las veces en que eché por la fuerza de sus casas a ciudadanos de a pie para que las mismas pudieran ser derribadas en favor de proyectos de reurbanización. Eran situaciones llenas de corrupción, engaño, fraude y toda clase de malicia. Los oficiales del Departamento de Tierra y Recursos, y las unidades locales de demolición unían sus fuerzas para engañar y acosar a los residentes locales con el único fin de ganar dinero. Por ejemplo, los constructores contaban las casas que había en la zona que querían reurbanizar y le daban al gobierno local una estimación de la compensación que podían dar a los residentes por demoler sus casas y reubicarlos. Si la compensación era de un millón de yuanes por casa, los oficiales del gobierno local trabajaban con los del DSP para coaccionar a los residentes con el fin de que aceptaran una compensación menor y quedarse ellos con la diferencia. En general, el gobierno local quería proteger su imagen en tales casos, por lo que no trataba directamente con los residentes, sino que se lo encomendaba al DSP. En cuanto a esos residentes que se negaban a aceptar la compensación que se les ofrecía, la policía tenía numerosas formas diferentes de tratar con ellos: algunos eran detenidos por la fuerza; a otros se les notificaba simplemente que debían marcharse, se les demolía la casa y no recibían ninguna compensación; algunas casas se calificaban como construcciones ilegales no elegibles para la compensación; otras simplemente se demolían inmediatamente con retroexcavadoras; a algunos residentes se les daba un poco de dinero; a otros simplemente se les hacía una promesa de pago que nunca se cumplía. En resumen, usábamos cada sucia artimaña del repertorio para sacar dinero a las personas. Recuerdo una ocasión en la que estábamos bebiendo con un oficial del DSP de otro municipio. Él alardeaba de que una vez había demolido una casa de tres pisos, pero sólo había compensado al dueño por dos, aduciendo que el tercer piso era ilegal. El día de la demolición, el dueño se negó a salir y armó un gran escándalo, así que la policía llamó a sus amigos mafiosos, que —ante una multitud de personas— sacaron sus navajas y le cortaron los tendones de Aquiles. Fue algo terrible de ver y muchas personas de la multitud tomaron fotografías con sus teléfonos móviles, los cuales fueron inmediatamente confiscados por los oficiales de policía presentes. Alguien de la multitud también comenzó a gritar sobre la injusticia que se estaba cometiendo con el dueño de la casa. Lo invitaron amablemente a declarar en la comisaría. Una vez ahí, fue apresado. Incluso hubo un incidente en una zona rural cuando el dueño de una casa se negó a cooperar durante una demolición. El jefe de la compañía constructora consultó el asunto con la policía y después indicó al conductor de la excavadora que lo atropellara. Todos los demás granjeros se enfurecieron cuando vieron a uno de sus vecinos morir aplastado, agarraron al conductor de la excavadora y comenzaron a golpearlo. Entonces la policía rodeó a los 20 o 30 granjeros y se los llevó a la comisaría del DSP. Una vez allí, los golpearon y encerraron y, a los más reacios les inyectaron una droga que estimula el sistema nervioso central. Los que recibieron la droga manifestaron los mismos síntomas que alguien con una conmoción cerebral. Parecían aturdidos y aterrorizados, y no se atrevían a hablar. Ante fuerzas de seguridad como estas, las personas comunes no podían recurrir a la justicia independientemente de a quién apelasen. Para los ciudadanos que desgraciadamente tenían que enfrentarse al Gobierno o al DSP era como lanzar huevos contra una roca. De hecho, muchos de los formalismos usados en la expropiación de tierra y la demolición eran ilegales. Todos se apoyaban en una ocupación forzosa de la tierra, demoliciones y mudanzas forzosas, y en muchos lugares se usaban políticas obsoletas del gobierno como pretexto para engañar y confundir a los residentes locales con el fin de sacarles la mayor cantidad de dinero posible. Otro método era expropiar más tierra de la aprobada oficialmente. Por ejemplo, el nivel superior del Gobierno podía autorizar la expropiación de 8 hectáreas para la construcción de un puente y después el gobierno local usaría medios ilegales para apropiarse de otras 16. Las 16 hectáreas después se dividían entre los oficiales del gobierno local, oficiales de policía y mafiosos para venderlo a desarrolladores urbanos obteniendo inmensos beneficios. ¡Incluso escuché una vez que el jefe de una comisaría ganó más de 10 millones de yuanes al vender una parcela de tierra obtenida ilegalmente!
Al haber cometido estos actos malvados, totalmente desprovistos de humanidad (aunque en algunos de ellos no fui más que un participante pasivo), sentía que me había vuelto tóxico, cruel y despiadado. La oscuridad estaba extendiéndose por mi corazón y me estaba apartando de todo lo que era luminoso y bueno. Mi vida familiar iba de mal en peor: mi esposa pasaba sus días jugando al mahjong —ganaba o perdía miles de yuanes diariamente y llegaba tarde a casa—, nadie cuidaba de los niños y las tareas de la casa no se hacían. Mi casa era un caos y mi relación con mi mujer también. Empezamos a odiarnos el uno al otro, discutíamos airadamente con frecuencia y nos amenazamos con el divorcio en muchas ocasiones. Al final, simplemente dejamos que el otro tuviera lo que quería: mi mujer tenía su mahjong y yo mis devaneos amorosos con otras mujeres. Empecé a gastar dinero como si fuera agua, bebía y cantaba en los bares todas las noches, siempre acompañado por mujeres. Mi esposa se convirtió en una extraña para mí y nuestra familia era una sombra de lo que había sido. Fue ahí donde empecé a sentir que, aunque estaba ganando mucho dinero, mi vida era miserable. Yo era como un zombi, incapaz de tener un pensamiento racional y carecía de alma. Estaba permitiendo que Satanás corrompiera mi carne y viviendo una vida maldita.
Sin embargo, había una cosa que nunca olvidé: soy cristiano y no debo ofender a Dios. Hace unos diez años, el PCCh había emitido un importante edicto cuya principal declaración era que todos los creyentes en Dios debían ser arrestados y detenidos durante 15 días bajo la acusación de “alterar el orden público”. En realidad, la razón para arrestar a los creyentes era conseguir dinero multándolos y, por tanto, se nos ordenó arrestar únicamente a los que tuvieran dinero, porque nadie pagaría por la manutención de los creyentes pobres mientras estuvieran detenidos. No obstante, cada vez que un cristiano era detenido, yo me quedaba en un segundo plano porque sabía que eso era una ofensa a Dios y que cualquiera que ofendiera a Dios sufriría un castigo. Personalmente, vi a muchos de mis colegas que detuvieron y golpearon cruelmente a cristianos, llegar a sufrir el castigo de Dios. Algunos de ellos tuvieron una muerte dolorosa o trágica.
Sin embargo, frente a esas fuerzas oscuras, yo era incapaz de resistirme o de marcar alguna diferencia significativa como individuo. Lo único que podía hacer era seguir la corriente. Con el fin de aliviar un poco del sufrimiento de mi espíritu, empecé a asistir regularmente a la iglesia; pero descubrí que los pastores de mi iglesia ya no eran creyentes verdaderamente piadosos. En realidad, todos se habían convertido simplemente en oficiales más corruptos: el presidente del Comité del Movimiento Patriótico de las Tres Autonomías vendió todas las casas pertenecientes a la iglesia y se quedó con la mayor parte del dinero; el director de la Administración para Asuntos Religiosos, Li X, se confabuló con el presidente del Comité del Movimiento Patriótico de las Tres Autonomías (Wang XX) para usar los donativos de los creyentes como capital para su negocio de venta de automóviles y ambos fueron despedidos del oficio tras ser descubiertos; el siguiente presidente del mismo comité, Hao XX, malversó dinero de la iglesia que debía usarse para comprar muebles y también fue despedido. Después estaba el pastor Zhang, que usó una casa perteneciente a la iglesia como aval para pedir prestada una gran cantidad de dinero con la cual compró un automóvil para él y otro para el director de la Administración para Asuntos Religiosos. También mantenía relaciones sexuales con una monja y fue finalmente condenado a tres años de cárcel. No obstante, el director de la Administración para Asuntos Religiosos intentó exonerarlo de su responsabilidad diciendo a los feligreses: “El pastor Zhang se ha marchado a los Estados Unidos a estudiar durante tres años”. Yo veía que la comunidad religiosa estaba tan corrompida como mi mundo y supe que cada uno de esos falsos pastores fue finalmente castigado por Dios. Me ponía enfermo saber lo que estaba ocurriendo detrás de la oscura cortina en esos casos y me impactó descubrir que la corrupción y la oscuridad estaban desenfrenadas en todos los niveles de la sociedad de China. No podía encontrar ni un rayo de luz, por lo que perdí toda esperanza y me deprimí tanto que dejé la iglesia.
En 2001, unos amigos de mi ciudad natal me hablaron de la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días; pero en ese momento yo era extremadamente arrogante y no les mostré el respeto ni les presté la atención que merecían. Durante ese período me trasladaban a menudo a otros lugares como parte de mi trabajo, pero en cada lugar al que iba siempre había alguien preparado para compartir conmigo la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Sin embargo, siempre me negaba a profundizar en ello (ahora sé que todo eso formaba parte de los arreglos de Dios) porque simplemente no creía que Dios hubiera vuelto. No supe sino hasta 2005 que muchos de los amigos de la iglesia de mi madre habían aceptado la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Entonces empecé a tener mi primera percepción de la verdad cuando comencé a pensar: “¿Ha vuelto Dios realmente?”. No mucho después, mi esposa también aceptó la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días y, cuando ella compartió el evangelio conmigo, decidí leer algunos de los libros de las palabras de Dios para tratar de comprender todo a fondo. Sin embargo, en las reuniones de los meses siguientes, mi corazón seguía estando lleno de dudas sobre Dios. También solía estar muy cansado al tener que trabajar horas extra, por lo que dormitaba a menudo durante las reuniones. Como consecuencia, incluso después de algunos meses de reuniones, seguía sin entender nada, por lo que decidí buscar una excusa para escaparme de la iglesia y seguir ganando dinero.
Yo estaba planeando aceptar un puesto en Chongqing y, al oírlo, uno de los hermanos me pidió: “Hagas lo que hagas, no dejes a Dios. ¡Y no andes persiguiendo riquezas ilícitas o de lo contrario, por muchas riquezas que consigas, a partir de ahora las perderás todas!”. No creí una sola palabra de lo que él dijo y a los pocos días de llegar a Chongqing ya había ganado 30.000 yuanes. Al mismo tiempo, un colega me habló sobre un coche robado que estaba a la venta por sólo 28.000 yuanes. Decidimos capturar al ladrón; pero, si el coche estaba en buenas condiciones, lo compraríamos y revenderíamos para ganar más dinero. El automóvil estaba casi nuevo y tenía un valor nominal de más de 300.000 yuanes, por lo que decidí comprarlo allí mismo. Transferí 28.000 yuanes a la cuenta bancaria que el ladrón de coches indicó; pero tan pronto como el dinero llegó a su cuenta negó que me lo había vendido. Me acusó de habérselo robado e incluso me denunció a la policía. Así que acabamos todos en la comisaría de policía, donde el ladrón de coches recibió una fuerte paliza. Sin embargo, seguía sin admitir su crimen y dijo que quería hablar primero con su jefe. Hizo una llamada y poco después ocho tipos fornidos y con la cabeza rapada llegaron a la comisaría con todos los documentos para demostrar que el coche era un taxi. No tuvimos otra opción que dejar ir al delincuente. Más adelante llegué a sentir que Dios me había quitado realmente mis ganancias ilícitas. Estaba un poco aturdido y pensé: “¡Este es realmente el Dios verdadero!”. Después de ese incidente, siempre que no estaba trabajando, iba a las reuniones de la iglesia. Sin embargo, no tenía realmente mucha entrada en la vida, ya que seguía prefiriendo mantenerme a la deriva en el mundo de la maldad. Aún no había lugar para Dios en mi corazón, pero afortunadamente Dios no había renunciado a mi salvación.
En otoño, un colega y yo teníamos que ir a otro lugar a localizar un dinero que era parte del caso en que estábamos trabajando. Aunque seguía sin haber empezado a buscar la verdad desde que creía en Dios Todopoderoso, me mantenía lejos de las tentaciones porque sabía que la promiscuidad era uno de los vicios que Dios más odiaba. No obstante, mi colega insistía en que fuéramos a que nos dieran un masaje y fui incapaz de resistir la tentación. Después de recibir nuestros masajes, aún eran sólo las 2:00 de la tarde y, por tanto, decidimos ir a un motel. Mi colega llamó a dos señoritas de compañía, estudiantes, para que se unieran a nosotros; pero antes de que empezáramos a hacer algo, sonó el teléfono. Era mi mujer: “Acaban de darte un masaje y ahora te vas a un motel. ¡Estás cometiendo un error y Dios va a castigarte!”. Yo estaba estupefacto, ¿cómo lo supo? Toda una serie de dudas y sospechas surgió en mi mente e hizo que me sintiera incómodo. Le dije a mi colega que yo creía en Dios y que Él podía verlo todo, por lo que no me atrevía a hacer nada con las chicas. Él no me creía y me quitó el teléfono móvil. Mi mujer habló con él y también lo reprendió con dureza. Entonces mi colega me dijo repetidamente: “Tu Dios debe de ser realmente Dios para ser tan asombroso. El equipo de seguimiento que nosotros los policías usamos, sólo funciona cuando hay un dispositivo de localización en la ropa del sospechoso; sin embargo, aquí estamos sentados desnudos en este motel. Por lo visto, la tecnología de vuestro Dios es mucho más avanzada que la nuestra”. Más tarde, cuando fui a hacer una llamada telefónica, descubrí que sin darme cuenta el teléfono le había marcado a mi mujer tres horas antes de que ella me llamara. En otras palabras, todo el tiempo que estuvimos en el salón de masaje y después en el motel, ella pudo escuchar nuestras conversaciones. Sin embargo, lo que me desconcertaba totalmente era que mi teléfono estaba configurado para bloquearse automáticamente cuando no lo estaba usando. ¿Pudo haber sido Dios el causante de que mi teléfono hiciera esa llamada? Empecé a sentirme muy incómodo y mi colega y yo decidimos despedir mejor a las dos señoritas de compañía. No obstante, las dos chicas se negaron a marcharse y no nos dejarían solos. De repente, el lado derecho del pecho empezó a dolerme y mi colega tuvo un dolor terrible en la parte superior de la frente. Ambos sentíamos que esto no era una buena señal, pero seguíamos siendo incapaces de resistirnos a la seducción de las dos chicas. Después de que se fueron, mi colega dijo: “Nos quedan algunos días más con el caso por aquí. ¿Por qué no buscamos un par de chicas para que nos acompañen? No creo que eso nos pueda hacer daño”. Yo tenía un lío en la cabeza, así que simplemente me fui con él y encontró rápidamente otras dos chicas. Alrededor de las 6:00 de la tarde, los cuatro íbamos en la carretera y, mientras mi colega conducía, me quedé dormido. Dos veces soñé que el coche se quedaba sin dirección y frenos. Como consecuencia, mi colega casi se había estrellado una vez empezado el viaje y después estuvimos a punto de caer por un barranco. Yo estaba muy nervioso, así que decidí ponerme al volante. Cuando estábamos atravesando una zona montañosa de Guizhou y llegamos a una curva cerrada (con un gran barranco por delante) sentí de repente que era justo como la escena de mi pesadilla y que el coche no tenía dirección ni frenos. De repente, un rayo de luz brilló sobre mí y vi que íbamos directos al barranco. Giré el volante bruscamente y chocamos contra una gran piedra. El impacto fue violento y quedé inconsciente. Cuando recuperé gradualmente la conciencia, vi que un policía de tráfico estaba cortando el volante, que me presionaba con fuerza el lado derecho del pecho y me tenía sujeto al asiento. Desperté totalmente y fui consciente del intenso dolor en el lado derecho de mi pecho, tan atroz que pensaba que me iba a morir cada vez que respiraba. Levanté la cabeza y vi que mi colega había salido despedido del coche y que yacía varios metros delante de mí, sobre una gran piedra. Estaba de cara a mí y pude ver una gran herida que se extendía por toda la parte superior de su frente y su rostro estaba cubierto de sangre. Pensé que estaba muerto y toda la escena hizo que me estremeciera. Entonces giré la cabeza y vi a las dos chicas bañadas en sangre en el asiento trasero. Tampoco se movían y el hecho de que el policía estuviera tratando de salvarme a mí, me hizo pensar que probablemente también estaban muertas. Cuando me levantaron sobre la camilla, caí nuevamente inconsciente y recuperé la conciencia a la hora del almuerzo del día siguiente. Mi esposa estaba sentada a mi lado y le pregunté inmediatamente por los otros tres. Me dijo que todos seguían vivos. Me emocioné mucho y empecé a llorar. Cuando lloraba, oré a Dios: “¡Oh, gracias, gracias Dios! ¡Tú me salvaste! ¡De no ser por ti habría muerto hace mucho tiempo! Esta es Tu forma de castigarme y también es Tu amor. A partir de ahora, no haré nunca más estas cosas malvadas. ¡Sé que me he equivocado!”. En una fecha posterior, leí estas palabras de Dios: “Como no sabéis cómo llevar una vida o cómo vivir, vivís en este lugar libertino y pecador, y sois diablos libertinos e inmundos, Él no soporta dejar que os volváis aún más depravados; tampoco soporta veros vivir en un lugar inmundo como este, pisoteados por Satanás a su antojo, o para dejaros caer en el Hades. Él sólo quiere ganar a este grupo de vosotros y salvaros totalmente. Este es el propósito principal de hacer la obra de conquista en vosotros, es sólo para salvación” (‘La verdad interna de la obra de conquista (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me ayudaron a entender Sus propósitos: aunque el accidente de tráfico pareció ser algo malo a simple vista, estaba claro que oculto en él se encontraba el esfuerzo de Dios por salvarme. Él había empleado un método muy poco habitual para salvarme del borde de la destrucción y apartarme del rastreo de Satanás, de forma que pudiera obtener Su cuidado y protección. Yo podía sentir realmente el amor de Dios y este fue el acontecimiento que me hizo estar seguro de Dios.
Conforme pasaba el tiempo, empecé a aprender más sobre el carácter justo de Dios. En el pasado gané mucho dinero de forma ilícita, lo cual me había proporcionado un estilo de vida lujoso y muchos placeres materiales. Sin embargo, yo había cometido tantísimos pecados y crímenes que estaba viviendo en un estado de ansiedad permanente y me encontraba con un infortunio tras otro, o problemas en el hogar o una variedad de accidentes y contratiempos. Vivía todos los días con un gran nerviosismo y sabía que la mayoría de mis colegas también sufrían con frecuencia diversos infortunios. En ese momento leí estas palabras de Dios: “Los malvados deben ser castigados” y ahí fue donde entendí que ningún hombre o mujer puede ofender el carácter de Dios. ¡Si hacemos algo malo, sufriremos retribución por ello! A partir de ahí, decidí que no haría nada que fuera en contra de mi conciencia y que sólo recibiría mi salario y me contentaría con él. Aunque mis ingresos decrecieron mucho, sentía mucha más paz y alivio. En ese momento, me preocupaba no ganar suficiente dinero y caer finalmente en la pobreza. Sin embargo, las experiencias me mostraban una y otra vez que Dios lo gobierna todo y que lo único que tenemos que hacer es someternos a Él de forma sincera y seremos bien recompensados con Sus bendiciones. Para ser honesto, cuando dejé de hacer cosas malas, la economía de la familia se vio gravemente afectada. En una ocasión, mis hijos necesitaban 12.000 yuanes para pagar las tasas escolares. Iba a intentar pedir prestado el dinero a alguien, pero simplemente no era capaz de preguntar, lo cual me dejó preocupado durante un tiempo. Quién hubiera pensado que, por la mañana temprano del día siguiente, una de mis vecinas llamaría a mi puerta para decirme que su marido me conocía y que ella tenía una casa que había estado tratando de vender sin éxito durante un tiempo. Resultó que la noche anterior ella había tenido un sueño y la persona que aparecía en el mismo le dijo que yo podía ayudarla a vender la casa y que yo era la única persona que podía hacerlo. En consecuencia, me dijo que tenía que ayudarla, ¡sí o sí! No podía negarme, así que salí de mi bloque de apartamentos, busqué a un agente inmobiliario cercano y le di todos los detalles necesarios. Por alguna extraña coincidencia, justo en ese momento había un comprador potencial en la oficina del agente y en dos días la casa estaba vendida. El agente me dio 10.000 yuanes de comisión y la vecina otros 2.000, lo cual solucionaba el problema de la matrícula de mis hijos. Al ayudarme a resolver este problema urgente, Dios me mostró cómo obra Él. En otra ocasión, otra persona me pidió ayuda para vender una casa y como la misma se vendió por un buen precio, pude ganar decenas de miles de yuanes en un mes o así. Después de experimentar hechos maravillosos de Dios, llegué a entender que mientras cumpliera las exigencias de Dios, Él siempre abriría un camino delante de mí. Saber que las manos de Dios lo arreglan todo me permitió dejar de buscar dinero turbio, el cual era fuente de una gran ansiedad para mí. También pude ver claramente todas las bendiciones que Dios había concedido a mi familia: después de creer en Dios, mi esposa pudo vencer su adicción de diez años de jugar al mahjong y su enfermedad estomacal, así como su reumatismo graves desaparecieron como por arte de magia, dejándola con un aspecto y sintiéndose muchos años más joven; y yo me sentía libre y con más energía después abandonar los actos malvados. Nuestra relación se volvió amable y armoniosa. Por primera vez, sentí verdadera alegría.
Después de experimentar el amor y la salvación de Dios, a la par que disfrutaba de una paz y un alivio espirituales recién encontrados, descubrí que cada vez más luz estaba llegando a los recovecos más profundos de mi corazón. Era como si hubiera redescubierto la fe y la confianza en Dios que había tenido de niño. Ya no estaba dispuesto a cometer ningún pecado y, por tanto, después de mucho pensarlo, decidí renunciar a mi trabajo y no volver nunca al trabajo policial. Sin embargo, tan pronto como me decidí a dejar atrás el pecado, Satanás empezó a ponerme a prueba de nuevo: mi jefe me dijo que quería ascenderme y no sólo me prometió un aumento de sueldo, sino que también me iba a asignar un Audi para mis desplazamientos. El pensamiento de conseguir esos beneficios me entusiasmó de nuevo y no dormí nada esa noche. Así que oré a Dios: “Oh Dios, realmente no sé si renunciar o no a este trabajo. Me encantan los Audis. He querido uno desde que era niño”. Justo cuando estaba vacilando así, recibí una llamada inesperada de mi mujer: “¿Cómo es que no estás aún en casa?”. Le dije la razón y ella contestó: “¿No quieres renunciar a ese trabajo? ¡Entonces morirás en un Audi!”. Ahí fue cuando me di cuenta de que la llamada repentina de mi mujer formaba parte de los arreglos de Dios y por tanto decidí en ese mismo momento dejar mi trabajo. Un mes después, el 12 de mayo de 2008, tuvo lugar el primer y devastador terremoto de Sichuan. El día después del temblor, recibí una llamada de la mujer de un antiguo subordinado: “Tienes que venir a Wenchuan tan pronto como puedas. ¡Mi marido ha muerto!” (él iba conduciendo por Wenchuan, el epicentro del seísmo, camino de una reunión). Cuando llegué, vi que el Audi en el que se encontraba mi antiguo colega había sido aplastado por una roca gigante y tanto él como los otros pasajeros habían muerto. Sólo su mujer había sobrevivido porque había salido anteriormente del coche para ir al baño. Cuando vi la forma tan horrible en que mi antiguo colega había muerto dentro de ese Audi, lloré intensamente; pero también hice una oración de agradecimiento a Dios: “Gracias, Dios. Gracias por salvarme de nuevo. ¡Yo debía ser uno de los que murieron en ese Audi!”. Más tarde, su esposa me preguntó: “¿Por qué renunciaste? Mi marido quiso tu trabajo durante mucho tiempo. Tú lo tratabas bien, ¡pero él sólo quería hacerte caer tan pronto como pudiera!”. Le dije: “Renuncié porque ahora creo en Dios Todopoderoso”. Y también le conté todas las cosas que habían ocurrido desde que empecé a creer en Dios. Y así, ella también llegó a aceptar a Dios Todopoderoso más adelante.
Las palabras de Dios dicen: “Echa un vistazo a la época del arca de Noé: la humanidad era profundamente corrupta, se había desviado de la bendición de Dios, Él ya no cuidaba más de ella, y había perdido Sus promesas. Vivía en las tinieblas, sin la luz de Dios. Así pues, los hombres se volvieron licenciosos por naturaleza, abandonados a sí mismos a una depravación horrible. Tales hombres ya no podían recibir la promesa de Dios; no eran dignos de ver el rostro de Dios, ni de oír Su voz, porque lo habían abandonado, habían dejado de lado todo lo que Él les había concedido, y se habían olvidado de las enseñanzas de Dios. Su corazón se apartaba más y más de Dios, y conforme lo hacía, se volvieron depravados más allá de toda razón y humanidad, y cada vez más malvados. Así pues, cada vez se acercaron más a la muerte, y cayeron bajo la ira y el castigo de Dios” (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me conmovieron mucho. Recordé que convertirme en oficial de la administración del PCCh fue como caer en un gran contenedor de pecado y hundirme cada vez a más profundidad con cada paso que daba. Recordé todas las trampas que utilizaba para ganar dinero, cómo usé mi posición para enriquecerme, la buena vida y las comidas exquisitas, así como cuán degradado y degenerado llegué a ser. Estaba viviendo una existencia infrahumana y todo eso sucedió porque me aparté de Dios y me relacioné con demonios malvados. Mi aprieto había sido totalmente una consecuencia de mi relación con Satanás y los demonios, y si Dios no me hubiera salvado, mi destino habría sido el mismo que el de esas personas que traicionaron a Dios en la época de Noé: ¡la ira y el castigo de Dios me habrían sobrevenido y yo habría muerto como mi colega! Hoy en día, Dios se ha encarnado en forma humana para expresar verdades con el fin de purificar y salvar a las personas. Ha venido para despertar nuestros corazones y espíritus, para ayudarnos a dejar atrás el pecado y obtener Su cuidado y protección. La obra de Dios es extremadamente práctica y Su amor extremadamente real. Cuando me volví a Dios y empecé a vivir mi vida conforme a Sus palabras, Él no sólo me salvó del pecado y me bendijo, ¡también me salvó la vida! Eso me hizo entender a qué se refería Dios cuando dijo: “Sólo Noé adoró a Dios y se apartó del mal, y por eso fue capaz de oír Su voz, y Sus instrucciones. Él construyó el arca siguiendo las instrucciones de la palabra de Dios, y reunió a toda forma de criaturas vivientes. Y de esta manera, una vez que todo se había preparado, Dios desató Su destrucción sobre el mundo. Sólo Noé y los siete miembros de su familia sobrevivieron a la destrucción, porque Noé adoró a Jehová y se apartó del mal”. Dios nos está diciendo que Noé obtuvo las bendiciones de Dios y sobrevivió porque escuchó a Dios, lo hizo todo conforme a las palabras de Dios, adoró a Dios y se mantuvo apartado del pecado. En estos tiempos modernos, nosotros también debemos llevar nuestra vida conforme a las palabras de Dios. Por muy malos o corruptos que hayamos sido, mientras podamos aceptar verdades, arrepentirnos verdaderamente y poner en práctica las palabras de Dios, también obtendremos la salvación y la gracia de Dios. ¡Estoy seguro de que cualquiera que oiga cómo obró Dios en mí, podrá entender que Él emplea todos los medios cuando se trata de salvar a las personas y que no dejará que una sola alma inocente caiga en el inframundo!
A todos mis hermanos de armas en las fuerzas policiales del DSP que llegan a todos, les digo que todas las palabras anteriores proceden directamente de mi corazón. Sé que todos han tenido muchas experiencias amargas de las que les resulta difícil hablar y que deben hacer muchas cosas que no quieren hacer; pero hagan lo que hagan no se dejen engañar por el PCCh ni luchen más contra Dios Todopoderoso. Los invito a todos a que se concedan a sí mismos algún espacio para retroceder o de lo contrario se verán en el camino a la condenación. ¡Tan pronto como alguien hace algo que ofende a Dios, está fuera de la redención porque blasfemar o resistirse a Dios es un pecado que no puede perdonarse en esta vida ni en el más allá! Justo como Ren Changxia, una jefa de policía de la provincia de Henan que usó su posición para tomar medidas drásticas contra la Iglesia de Dios Todopoderoso y arrestar a sus miembros: sufrió una muerte terrible en un accidente de tráfico. Eso confirma completamente lo que Dios Todopoderoso ha dicho: “Los malvados deben ser castigados”. “Quien resiste la obra de Dios será enviado al infierno”. ¿Cómo pueden luchar contra Dios los mortales comunes? Asimismo, mi propia experiencia debe de ser suficiente para mostrales cómo Dios no lleva la cuenta de nuestras transgresiones, así que, mientras renuncien a sus caminos malvados y empiecen a hacer el bien, se arrepientan ante Dios y vuelvan a Él, ¡ustedes también podrán disfrutar de la paz y la felicidad!

jueves, 26 de septiembre de 2019

Película cristiana en español | "Rompe las cadenas y corre" El Señor es mi pastor y mi fuerza"

   


  Película cristiana en español | "Rompe las cadenas y corre" El Señor es mi pastor y mi fuerza


Lee Chungmin era anciano de una iglesia de Seúl (Corea del Sur). Durante más de veinte años, sirvió fervientemente al Señor y se concentró por completo en el estudio bíblico. Siguiendo el ejemplo de sus líderes religiosos, pensaba que creer en el Señor era creer en la Biblia y que tener fe en la Biblia era precisamente lo mismo que tener fe en el Señor. Creía que, mientras se aferrara a la Biblia, podría ser arrebatado al reino de los cielos. Estas concepciones lo limitaban como unas cadenas y le impedían creer en Dios y seguir Sus pasos. Como consecuencia, Lee Chungmin nunca pensó en investigar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días...

Un día, por pura casualidad, vio unos vídeos de himnos en la web de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Sus emotivas letras y sus elegantes melodías lo conmovieron profundamente y lo inspiraron a investigar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Tras una serie de debates sobre la verdad, comprendió la verdad interna de la Biblia gracias a las palabras de Dios Todopoderoso, y entendió claramente los verdaderos hechos de la situación: los fariseos del mundo religioso se oponen a la aparición de Dios, la condenan y obran bajo el pretexto de que exaltan la Biblia. Al final, logró liberarse del control y las limitaciones de los fariseos religiosos y seguir las huellas de Dios...

domingo, 22 de septiembre de 2019

Deberías obedecer a Dios al creer en Dios

  Deberías obedecer a Dios al creer en Dios


Dios Todopoderoso dice: ¿Por qué crees en Dios? La mayoría de las personas se confunden con esta pregunta. Siempre tienen dos puntos de vista completamente diferentes acerca del Dios práctico y del Dios que está en el cielo, lo que demuestra que creen en Dios, no con el fin de obedecerlo, sino para recibir ciertos beneficios o para escapar de sufrir el desastre. Sólo entonces son algo obedientes, pero su obediencia es condicional, es por el bien de sus propias perspectivas personales, y se les impone. Así que, ¿por qué crees en Dios? Si sólo es por el bien de tus perspectivas y de tu destino, entonces sería mejor que no creyeras. Una creencia como esta es autoengaño, autoconsuelo y autoapreciación. Si tu fe no se construye sobre el fundamento de la obediencia a Dios, entonces al final serás castigado como resultado de oponerte a Dios. Todos los que no buscan la obediencia a Dios en su fe están en contra de Dios. Dios pide que las personas busquen la verdad, que tengan sed de las palabras de Dios, que coman y beban las palabras de Dios y que las pongan en práctica para que puedan lograr la obediencia a Dios. Si tus motivos son realmente así, entonces con toda seguridad Dios te levantará y con toda seguridad será misericordioso contigo. Nadie puede dudar esto, y nadie lo puede cambiar. Si tus motivos no son en aras de obedecer a Dios, y si tienes otras metas, entonces todo lo que digas y hagas, tus oraciones ante Dios e incluso cada una de tus acciones, estará en contra de Dios. Puedes ser de voz suave y de trato afable, cada una de tus acciones y expresiones pueden parecer correctas, puedes parecer alguien que obedece, pero cuando se trata de tus motivos y tus puntos de vista acerca de la fe en Dios, todo lo que haces está en contra de Dios y es malo. Las personas que parecen tan obedientes como corderos, pero cuyo corazón alberga malas intenciones, son lobos con piel de cordero, ofenden directamente a Dios y Dios no perdonará a ni una sola de ellas. El Espíritu Santo pondrá de manifiesto a cada una de ellas para que todos puedan ver que cada una de esas personas que son hipócritas, el Espíritu Santo seguramente las aborrecerá y las rechazará. No te preocupes: Dios ajustará cuentas y resolverá a cada una de ellas, una por una. 
 Si no puedes aceptar la nueva luz de Dios, y no puedes entender todo lo que Dios hace hoy, y no lo buscas o bien dudas de él, lo juzgas o lo estudias y lo analizas, entonces es que no tienes la menor intención de obedecer a Dios. Si, cuando la luz del aquí y ahora aparezca, todavía atesoras la luz de ayer y te opones a la nueva obra de Dios, entonces no eres más que un chiste, eres uno de los que están en contra de Dios de manera deliberada. Un elemento clave para obedecer a Dios es apreciar la nueva luz y ser capaz de aceptarla y ponerla en práctica. Sólo esto es la verdadera obediencia. Los que no tienen la voluntad de tener sed de Dios son incapaces de tener una mente que obedezca a Dios, y sólo se pueden oponer a Dios como resultado de su satisfacción con el estatus quo. Que el hombre no pueda obedecer a Dios se debe a que lo posee lo que antes fue. Las cosas que fueron antes les han dado a las personas todo tipo de nociones e ilusiones acerca de Dios que se han convertido en la imagen de Dios que tienen en su mente. Por lo tanto, en lo que creen es en sus propias nociones y en los estándares de su propia imaginación. Si mides al Dios que hace una obra real el día de hoy contra el Dios de tu propia imaginación, entonces tu fe proviene de Satanás y va de acuerdo con tus propias preferencias y Dios no quiere una fe como esta. Independientemente de lo elevadas que sean sus credenciales e independientemente de su entrega, incluso si han dedicado toda una vida de esfuerzos a Su obra y se han martirizado, Dios no aprueba a nadie que tenga una fe como esta. Él sólo les muestra un poco de gracia y les permite disfrutarla por un tiempo. Personas como estas no pueden poner en práctica la verdad, el Espíritu Santo no obra en su interior y Dios las eliminará a cada una de ellas, una por una. Independientemente de si son viejos o jóvenes, los que no obedecen a Dios en su fe y tienen los motivos equivocados son los que se oponen a la obra de Dios y la interrumpen, y Dios eliminará indiscutiblemente a esas personas. Los que no tienen la más mínima obediencia a Dios, que sólo reconocen el nombre de Dios y tienen cierta idea del afecto y hermosura, pero que no mantienen el ritmo de los pasos del Espíritu Santo, y no obedecen la obra y las palabras presentes del Espíritu Santo, esas personas viven en medio de la gracia de Dios y Dios ni las ganará ni las perfeccionará. Dios hace perfectas a las personas por medio de su obediencia, por medio de su comer, beber y disfrutar las palabras de Dios y por medio del sufrimiento y refinamiento en sus vidas. Sólo por medio de una fe como esta el carácter de las personas puede cambiar, sólo entonces pueden poseer el conocimiento verdadero de Dios. No estar satisfechos con vivir en medio de las gracias de Dios, tener sed de un modo activo de la verdad, buscar la verdad y buscar ser ganados por Dios, esto es lo que quiere decir obedecer conscientemente a Dios; esta es precisamente la clase de fe que Dios quiere. Las personas que no hacen nada más que disfrutar las gracias de Dios no pueden ser perfeccionadas o cambiadas, y su obediencia, su piedad, su amor y su paciencia, todo es superficial. Las que sólo disfrutan las gracias de Dios no pueden conocer a Dios realmente, e incluso cuando conocen a Dios, su conocimiento es superficial, y dicen cosas como que Dios ama al hombre o que Dios es compasivo con el hombre. Esto no representa la vida del hombre y no demuestra que las personas conozcan verdaderamente a Dios. Si, cuando las palabras de Dios las refinan, o cuando Sus pruebas vienen sobre ellas, las personas no pueden obedecer a Dios —si, en cambio, se vuelven indecisas y caen— entonces no son obedientes en lo más mínimo. Dentro de ellas hay muchas reglas y restricciones acerca de la fe en Dios, viejas experiencias que son el resultado de muchos años de fe o varias doctrinas que se basan en la Biblia. ¿Personas como estas podrían obedecer a Dios? Estas personas están llenas de cosas humanas, ¿cómo podrían obedecer a Dios? Todas obedecen de acuerdo a sus preferencias personales, ¿anhelaría Dios una obediencia como esa? Esto no es obedecer a Dios, sino ateniéndote a la doctrina, es satisfacerte y consolarte a ti mismo. Si dices que esto es obediencia a Dios, ¿acaso no blasfemas contra Él? Eres un faraón egipcio, haces maldad y expresamente te comprometes en la obra de oponerte a Dios, ¿podría Dios querer un servicio como este? Sería mejor que te apuraras y te arrepintieras y tuvieras algo de conciencia de ti mismo. Si no, sería mejor que te fueras a casa: eso te haría más bien que tu servicio a Dios, no interrumpirías ni molestarías, sabrías cuál es tu lugar y vivirías bien, ¿y no sería eso mejor? ¡De esa manera evitarías estar en contra de Dios y ser castigado!  

  De "La Palabra manifestada en carne"

viernes, 20 de septiembre de 2019

Películas cristianas en español | "Esperando" Cómo esperar vigilante el regreso del Señor



  Películas cristianas en español | "Esperando" Cómo esperar vigilante el regreso del Señor



Yang Hou'en es un pastor de una iglesia clandestina en China. Junto a su padre, Yang Shoudao, han esperado a que el Señor Jesús descienda sobre las nubes y los lleve al reino de los cielos. Para ello, trabajaron diligentemente para el Señor, se aferraron a Su nombre y creyeron que cualquiera que no fuese el Señor Jesús descendiendo sobre las nubes era un falso Cristo. Así pues, cuando oyeron las noticias de la segunda venida del Señor, no las escucharon ni las aceptaron. Creyeron que era mejor vigilar y esperar. … Mientras ellos esperaban impasiblemente, Li Jiayin, prima de Yang Hou’en, aceptó la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días y les difundió el evangelio. Tras varias discusiones intensas, Yang Hou’en entendió finalmente el verdadero significado de “vigilar y esperar”, y pudo ver que las palabras de Dios Todopoderoso son la verdad, el camino y la vida, y que estas son la voz del Señor, y que Dios Todopoderoso es la segunda venida del Señor Jesús que estuvieron esperando durante tantos años…

domingo, 8 de septiembre de 2019

Reflexión cristiana|"La bendición más maravillosa" Una reconstrucción narrada de una historia real


Reflexión cristiana|"La bendición más maravillosa" Una reconstrucción narrada de una historia real


La obra teatral “La bendición más maravillosa” es la historia de un predicador de una iglesia clandestina. Creía que con sólo abandonar su hogar y su empleo, aparte de trabajar y predicar el evangelio, podría recibir la bendición de Dios. Tras aceptar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, siguió como de costumbre y, como líder de la iglesia, únicamente se ocupaba de trabajar mucho mientras descuidaba la práctica de las palabras de Dios. En sus asuntos solía apoyarse en su carácter corrupto. A Dios le disgustaba esto y él perdió la obra del Espíritu Santo. Después de perder su puesto de líder, durante un tiempo estuvo negativo y se opuso a Dios, pero lo despertó el juicio de Sus palabras. Se dio cuenta de que la bendición más maravillosa de Dios a la humanidad es Su juicio y castigo…

martes, 20 de agosto de 2019

Película cristiana completa en español | "¿17? ¡Anda ya!" Dios es mi fortaleza



Película cristiana completa en español | "¿17? ¡Anda ya!" Dios es mi fortaleza

"¡Muchacho! ¿Sabes que el Partido Comunista es ateo y contrario a la fe en Dios? ¿En qué Dios se puede creer en China? ¿Dónde está ese Dios tuyo?". "¡No des por hecho que tendremos clemencia contigo porque eres joven! ¡Acabarás muerto si sigues creyendo en Dios!". Portando porras eléctricas, la policía comunista china se abalanza sobre este joven, que está todo magullado. Este joven se llama Gao Liang y entonces tenía 17 años. La policía comunista china lo detuvo cuando volvía a casa tras haber predicado el evangelio con un hermano más mayor. La policía no le dio de comer ni lo dejó dormir durante tres días y tres noches. Lo interrogaron, trataron de sonsacarle una confesión y lo sometieron a una cruel tortura. Incluso emplearon porras eléctricas para sacudirle en la barbilla, en ambas manos y en sus partes. Con chantajes, trataron de obligarlo a traicionar a Dios y a que les diera información sobre los líderes y los recursos económicos de la iglesia. Esto supuso que lo amenazaran con detener a sus padres y con hacer que lo expulsaran del colegio. Incapaz de alcanzar sus objetivos, el Gobierno comunista chino lo condenó a un año de reeducación por medio del trabajo. Mientras estaba en la cárcel, Gao Liang no sólo soportó unas exigencias excesivas en el trabajo, sino que también lo humillaron y mortificaron. Gao Liang vivió en la cárcel lo que únicamente puede denominarse un infierno en la tierra. Durante este doloroso refinamiento, Gao Liang oró a Dios y confió en Él. Las palabras de Dios Todopoderoso lo iluminaron para que entendiera los designios de Dios. Le dieron fe y fuerzas y lo guiaron para que pudiera sobrevivir al año que pasó en la cárcel. Gao Liang lleva grabadas en el corazón la persecución y la detención del Gobierno comunista chino. Ve con claridad y sufrió intensamente la malvada esencia del Gobierno comunista chino y su antagonismo hacia Dios. En este mundo gobernado por las fuerzas de Satanás, sólo Dios ama al hombre al máximo. Solamente Dios puede salvar al hombre. La fe y la determinación de Gao Liang de seguir a Dios se reafirmaron incluso más. Gao Liang dice que estas pruebas y tribulaciones son valiosos tesoros para madurar y evolucionar en la vida. Fue un regalo especial que Dios le hizo en su 17 cumpleaños […].

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