jueves, 21 de junio de 2018

Dios Todopoderoso | La verdadera experiencia de un pastor recibiendo al Señor "El último tren" | Tráiler oficial

Dios Todopoderoso | La verdadera experiencia de un pastor recibiendo al Señor "El último tren" | Tráiler oficial

   
    Chen Peng era pastor en una iglesia clandestina. Siempre había servido al Señor con pasión y a menudo trabajaba como predicador, ayudando a sus seguidores, y asumía grandes cargas por la iglesia. Sin embargo, en los últimos años, la iglesia se fue quedando cada vez más vacía. Los creyentes estaban débiles de espíritu e inactivos, y faltaban a una reunión tras otra. Así, incluso el pastor Chen notaba que una oscuridad le invadía el alma, como si el pozo de su espíritu se hubiera secado, y ya no sentía la presencia del Señor. En las reuniones descubrió que no tenía nada que predicar... Hizo todo lo que se le ocurrió para revitalizar la iglesia, pero todos sus esfuerzos fueron en vano... Chen Peng estaba triste, perdido, y no entendía por qué su iglesia se estaba quedando tan desolada ni por qué había perdido la presencia del Señor.

miércoles, 20 de junio de 2018

Los que aman a Dios vivirán siempre en Su luz

    La esencia de la creencia en Dios de la mayoría de las personas es la convicción religiosa: son incapaces de amarle, y sólo pueden seguirle como un robot, incapaces de anhelarle sinceramente y adorarle. Simplemente lo siguen en silencio. Muchas personas creen en Dios, pero muy pocas lo aman; sólo lo veneran, porque tienen miedo de la catástrofe, o lo admiran porque es alto y poderoso, pero en su reverencia y su admiración no hay amor ni anhelo sincero. En sus experiencias buscan las pequeñeces de la verdad o algunos misterios insignificantes. La mayor parte de las personas simplemente siguen, pescan en aguas turbias sólo para recibir bendiciones; no buscan la verdad ni obedecen sinceramente a Dios con el fin de recibir Sus bendiciones. La vida de la creencia de todas las personas en Él no tiene sentido, no tiene valor, y en ella se encuentran sus consideraciones y búsquedas personales; no creen en Dios con el fin de amarlo, sino para ser bendecidos. Muchas personas actúan como les place, hacen lo que quieren y nunca consideran los intereses de Dios o si lo que hacen es acorde con Su voluntad. Tales personas ni siquiera pueden lograr la creencia verdadera, y mucho menos el amor de Dios. El hombre no sólo tiene que creer en la esencia de Dios; además, debe amarla. Pero muchos de los que creen en Dios son incapaces de descubrir este “secreto”. Las personas no se atreven a amarlo ni tratan de hacerlo. Ellas nunca han descubierto que, en Dios, hay mucho para amar, que Él es el Dios que ama al hombre, el Dios que está ahí para que este lo ame. La hermosura de Dios se expresa en Su obra: sólo cuando experimentan Su obra pueden las personas descubrir Su hermosura; sólo en sus experiencias prácticas pueden apreciarla y, sin observarla en la vida práctica, nadie puede descubrirla. Hay mucho que amar en Dios, pero sin ponerse en contacto con Él realmente, las personas son incapaces de descubrirlo. Es decir, si Dios no se hubiera hecho carne, las personas serían incapaces de ponerse en contacto con Él verdaderamente, y al ser incapaces de contactarlo de verdad, tampoco podrían experimentar Su obra; por tanto, su amor a Dios estaría manchado de mucha falsedad e imaginación. El amor de Dios en el cielo no es tan real como en la tierra, porque las personas construyen su conocimiento de Dios en el cielo sobre sus imaginaciones, y no sobre lo que han visto con sus propios ojos y lo que han experimentado. Cuando Dios viene a la tierra, las personas pueden ver Sus hechos reales, Su hermosura y todo Su carácter práctico y normal, y esto es miles de veces más real que el conocimiento del Dios del cielo. Independientemente de cuánto amen las personas al Dios del cielo, no hay nada real en este amor, y está lleno de ideas humanas. Por muy pequeño que sea su amor por el Dios de la tierra, sí es real; aun siendo poco, sigue siendo real. Dios hace que las personas lo conozcan a través de una obra real y obtiene su amor por medio de este conocimiento. Es como Pedro: si no hubiera vivido con Jesús, le habría resultado imposible adorarlo. Por tanto, su lealtad hacia Jesús también se edifica sobre su compromiso con Él. Para hacer que el hombre lo ame, Dios ha venido en medio del hombre y vive junto a él, y todo lo que Él hace que el hombre vea y experimente es la realidad de Dios.

    Dios usa la realidad y la llegada de los hechos para perfeccionar a las personas; Sus palabras cumplen parte de este perfeccionamiento de las personas, y esta es la obra de dirección y de apertura del camino. Es decir, en las palabras de Dios debes encontrar la senda de la práctica, así como el conocimiento de las visiones. Al entender estas cosas, las personas tendrán una senda y visiones cuando practiquen realmente, y serán capaz de ser esclarecidas por medio de las palabras de Dios, de entender que estas cosas proceden de Él y de discernir mucho. Después de entender, deben entrar inmediatamente en esta realidad y deben usar Sus palabras para satisfacerlo en su vida práctica. Él te guiará entonces en todas las cosas, te dará una senda de práctica, te hará sentir que Dios es hermoso y te permitirá ver que cada paso de la obra de Dios en ti tiene como fin perfeccionarte. Si deseas ver el amor de Dios, experimentarlo verdaderamente, debes profundizar en la realidad, en la vida actual, y ver que todo lo que Dios hace es amor y salvación, de forma que las personas puedan dejar atrás lo que es impuro, con el fin de refinar las cosas en su interior que no pueden satisfacer la voluntad de Dios. Él usa palabras para proveer al hombre mientras también crea entornos en la vida práctica que permiten a las personas experimentar; si estas comen y beben muchas de las palabras de Dios, cuando las pongan realmente en práctica, pueden resolver todas las dificultades en sus vidas usándolas. Es decir, debes tener las palabras de Dios con el fin de profundizar en la realidad; si no las comes y bebes, y si no tienes la obra de Dios, no tendrás senda en la vida práctica. Si nunca comes o bebes las palabras de Dios, te frustrarás cuando te pase algo. Sólo sabes amar a Dios, y eres incapaz de hacer cualquier diferenciación; no tienes una senda de práctica; estás confundido, confuso y, en ocasiones, crees incluso que satisfaciendo a la carne estás haciendo lo propio con Dios. Todo esto es la consecuencia de no comer y beber las palabras de Dios, es decir, si no tienes la ayuda de Sus palabras y sólo vas a tientas en la realidad, eres fundamentalmente incapaz de encontrar la senda de la práctica. Personas así no entienden lo que significa creer en Dios, y mucho menos amarlo. Si, usando el esclarecimiento y la dirección de las palabras de Dios, oras a menudo, exploras y buscas, llegando a descubrir por este medio aquello que deberías poner en práctica, encuentras oportunidades para la obra del Espíritu Santo, cooperas realmente con Dios sin estar confundido y confuso, entonces tendrás una senda en la vida práctica y lo vas a satisfacer de verdad. Una vez hayas satisfecho a Dios, Su dirección estará dentro de ti y Él te bendecirá especialmente, lo que te dará una sensación de disfrute: te sentirás especialmente honrado por haber satisfecho a Dios, te sentirás especialmente radiante por dentro y, en tu corazón, estarás despejado y tranquilo, tu conciencia estará tranquila y libre de acusaciones, y tendrás una sensación agradable en tu interior cuando veas a tus hermanos y hermanas. Esto es lo que significa disfrutar del amor de Dios, y sólo esto es disfrutar verdaderamente de Dios. Las personas alcanzan el complacerse en el amor de Dios por medio de la experiencia: pasando dificultades y poniendo en práctica la verdad, obtienen las bendiciones de Dios. Si sólo dices que Él te ama realmente, que Él ha pagado un alto precio por las personas, que Él ha hablado muchas palabras con paciencia y bondad, y que siempre salva a las personas, entonces tu declaración de estas palabras es sólo un lado del disfrute de Dios. Otro disfrute más real sería que tú pusieras en práctica la verdad en tu vida real, tras lo cual estarás tranquilo y despejado en tu corazón, te sentirás muy conmovidos, sentirás que Dios es adorable y que el precio que has pagado merece mucho la pena. Habiendo pagado un alto precio en tus esfuerzos, estarás especialmente radiante en tu interior: sentirás que estás disfrutando realmente el amor de Dios y entenderás que Él ha hecho la obra de salvación en las personas, que Su refinamiento de las personas tiene el fin de purificarlas y que Él pone a prueba a las personas para comprobar si le aman con sinceridad. Si siempre pones en práctica la verdad de esta forma, desarrollarás gradualmente un conocimiento claro de gran parte de la obra de Dios, y en ese momento sentirás siempre que Sus palabras delante de ti son transparentes como el cristal. Si puedes entender con claridad muchas verdades, sentirás que todos los temas son fáciles de poner en práctica, que puedes superar este asunto y esa tentación, y verás que nada es un problema para ti; esto te hará libre y te liberará. En ese momento estarás disfrutando del amor de Dios y Su verdadero amor habrá venido sobre ti. Dios bendice a aquellos que tienen visiones, la verdad, el conocimiento, y que lo aman sinceramente. Si las personas desean ver el amor de Dios, deben poner en práctica la verdad en la vida real, deben estar dispuestas a soportar el dolor y dejar lo que aman para satisfacer a Dios; y a pesar de las lágrimas en sus ojos, deben seguir siendo capaces de satisfacer el corazón de Dios. De esta forma, Él te bendecirá sin duda, y si soportas una dificultad así, vendrá seguida por la obra del Espíritu Santo. A través de la vida real y de la experiencia de las palabras de Dios, las personas son capaces de ver la hermosura de Dios, y sólo si han probado Su amor pueden amarlo sinceramente.

    Mientras más pongas en práctica la verdad, más la poseerás, más tendrás el amor de Dios y más te bendecirá Él. Si siempre practicas de esta forma, verás gradualmente el amor de Dios en ti y lo conocerás como lo hizo Pedro: Pedro dijo que Dios no sólo tiene la sabiduría para crear los cielos, la tierra y todas las cosas, sino que, además, también para hacer una obra real en las personas. Pedro dijo que Él no sólo es digno del amor de las personas por Su creación de los cielos, la tierra y todas las cosas, sino, además, por Su capacidad de crear, salvar, perfeccionar al hombre y transmitirle Su amor. Así, Pedro también dijo que hay mucho en Él digno del amor del hombre. Pedro dijo a Jesús: “¿Acaso no eres Tú merecedor del amor de las personas por mucho más que crear los cielos, la tierra y todas las cosas? Hay más cosas adorables en ti, actúas y te mueves en la vida real, Tu Espíritu me toca en mi interior, me disciplinas, me reprendes, estas cosas son más dignas del amor de las personas”. Si deseas ver y experimentar el amor de Dios, debes explorar y buscar en la vida real, y debes estar dispuesto a dejar de lado tu carne. Debes tomar esta determinación: tú debes ser alguien resuelto, capaz de satisfacer a Dios en todas las cosas, sin ser perezoso, ni codiciar los disfrutes de la carne, ni vivir para esta sino para Dios. Puede haber momentos en los que no satisfagas a Dios. Eso se debe a que no entiendes Su voluntad; la próxima vez, aunque requerirá más esfuerzo, debes satisfacerlo a Él y no a la carne. Cuando experimentes de esta forma, habrás llegado a conocer a Dios. Verás que Él creó los cielos, la tierra y todas las cosas en ellos, que Él se ha hecho carne para que las personas puedan verlo de forma práctica, y se pongan en contacto con Él de forma práctica, que Él es capaz de caminar en medio del hombre, que Su Espíritu puede perfeccionar a las personas en la vida real, permitiéndoles ver Su hermosura y experimentar Su disciplina, Su castigo y Sus bendiciones. Si siempre experimentas de esta forma, en la vida real serás inseparable de Dios, y si un día tu relación con Él deja de ser normal, podrás sufrir reproches y sentir remordimientos. Cuando tienes una relación normal con Dios, nunca deseas dejarlo y, si un día Él dice que te dejará, tendrás miedo y dirás que preferirías morir antes que ser abandonado por Él. Tan pronto como tengas estas emociones, sentirás que eres incapaz de abandonar a Dios, y de esta forma tendrás un fundamento y disfrutarás realmente de Su amor.

    Las personas a menudo hablan de permitir que Dios sea su vida, pero aún tienen que experimentar hasta ese punto. Estás simplemente diciendo que Dios es tu vida, que Él te guía cada día, que comes y bebes Sus palabras cada día, y que oras a Él cada día, y por tanto Él ha pasado a ser tu vida. El conocimiento de los que dicen esto es muy superficial. En muchas personas no hay fundamento; las palabras de Dios se han plantado en ellos, pero aún tienen que germinar, ni siquiera han dado fruto. Hoy, ¿hasta qué punto has experimentado? Sólo ahora, después de que Dios te haya obligado a ir tan lejos, sientes que no puedes abandonarlo. Un día, cuando hayas experimentado hasta cierto punto, si Dios tuviera que hacerte abandonar, no serías capaz de hacerlo. Siempre sientes que no puedes estar sin Dios en tu interior; puedes estar sin marido, esposa o hijos, sin familia, madre o padre, sin los disfrutes de la carne, pero no puedes estar sin Dios. Estar sin Él será como perder tu vida, no serías capaz de vivir sin Él. Cuando has experimentado hasta este punto, habrás alcanzado el objetivo en tu fe en Dios y, de esta forma, Él se habrá convertido en tu vida, en el fundamento de tu existencia, y nunca más podrás abandonarlo. Cuando hayas experimentado hasta este punto, habrás disfrutado realmente del amor de Dios, tu relación con Él será muy estrecha, Él será tu vida, tu amor, y en ese momento orarás a Él y dirás: ¡Oh Dios! No puedo dejarte, eres mi vida, puedo seguir adelante sin cualquier otra cosa, pero sin Ti no puedo seguir viviendo. Esta es la verdadera estatura de las personas; es la vida real. Algunas personas se han visto obligadas a llegar tan lejos como lo han hecho: tienen que seguir adelante lo quieran o no, y siempre sienten como si estuvieran entre la espada y la pared. Debes experimentar de forma que Dios sea tu vida, que si te lo quitan sea como perder tu vida; Él debe ser tu vida y tienes que ser incapaz de abandonarlo. De esta forma, lo habrás experimentado realmente; en este momento, cuando lo ames de nuevo, lo harás sinceramente y será un amor puro, singular. Un día, cuando tus experiencias sean tales que tu vida haya alcanzado un determinado punto, orarás a Dios, comerás y beberás Sus palabras, y serás incapaz en tu interior de dejarlo; aunque quisieras, no podrías olvidarlo. Él se habrá convertido en tu vida; puedes olvidar al mundo, a tu esposa y a tus hijos, pero tendrás problemas para olvidar a Dios. Es imposible, esta es tu vida real y tu amor sincero por Dios. Cuando el amor de las personas hacia Él ha alcanzado cierto punto, nada de lo que aman es igual a su amor a Dios, Él es su amor número uno, y así son capaces de entregar todo lo demás. Están dispuestos a aceptar todo tratamiento y poda por parte de Él. Cuando hayas conseguido un amor a Dios que sobrepase a todo lo demás, vivirás en la realidad y en el amor de Dios.

    Tan pronto como Dios pasa a ser la vida en las personas, estas se vuelven incapaces de dejarlo. ¿No es esto un hecho de Dios? ¡No hay un testimonio mayor! Dios ha obrado hasta un cierto punto; ha dicho que las personas hagan servicios, que sean castigadas o que mueran, y ellas no se han retirado, lo que muestra que ellas han sido conquistadas por Dios. Las personas que tienen la verdad son aquellas que, en sus experiencias reales, pueden mantenerse firmes en su testimonio, en su posición, permanecer en el lado de Dios, sin retirarse nunca, y pueden tener una relación normal con las personas que aman a Dios, que, cuando les acontecen cosas, son capaces de obedecer totalmente a Dios y pueden hacerlo hasta la muerte. Tu práctica y tus revelaciones en la vida real son el testimonio de Dios, forman parte del vivir del hombre y del testimonio de Dios, y esto es disfrutar verdaderamente de Su amor; cuando hayas experimentado hasta este punto, el efecto esperado sería alcanzado. Estarás poseido de vivir realmente y cada una de tus acciones será vista por otros con admiración. Tu apariencia es ordinaria, pero vives una vida de piedad total, y cuando comunicas las palabras de Dios, eres guiado y esclarecido por Él. Eres capaz de transmitir la voluntad de Dios a través de tus palabras, de comunicar la realidad, y entiendes mucho sobre servir en espíritu. Hablas con sinceridad, eres decente y recto; no buscas confrontaciones y eres decoroso; eres capaz de obedecer los arreglos de Dios y de mantenerte firme en tu testimonio cuando te ocurren cosas, y te sientes tranquilo y sereno, independientemente de aquello con lo que estés lidiando. Este tipo de persona en verdad ha visto el amor de Dios. Algunas personas aún son jóvenes, pero actúan como si fueran de mediana edad; son maduras, poseen la verdad y otros las admiran. Estas son las personas que tienen testimonio, y que son la manifestación de Dios. Es decir, cuando hayan experimentado hasta cierto punto, tendrán en su interior una percepción de Él y, por tanto, su carácter externo también se estabilizará. Muchas personas no ponen en práctica la verdad ni se mantienen firmes en su testimonio. En tales personas no hay amor de Dios ni testimonio de Dios y son las que Dios aborrece más. Comen y beben Sus palabras, pero lo que expresan es a Satanás, y permiten que este envilezca las palabras de Dios. En personas como estas no hay señal del amor de Dios; todo lo que expresan es de Satanás. Si tu corazón está siempre en paz delante de Dios; si siempre prestas atención a las personas y a las cosas que te rodean, así como a lo que está aconteciendo a tu alrededor; si eres consciente de la carga de Dios y siempre tienes un corazón que lo venere, entonces Él te esclarecerá a menudo en tu interior. En la iglesia hay personas que son “supervisores”, miran específicamente los errores de los demás y después los copian e imitan. Son incapaces de diferenciar, no odian el pecado, no aborrecen las cosas de Satanás ni estas les repugnan. Estas personas están llenas de las cosas de Satanás y Dios las abandonará por completo al final. Tu corazón siempre debe ser reverente delante de Dios, debes ser moderado en tus palabras y acciones y nunca desear oponerte o molestar a Dios. Nunca debes estar dispuesto a que la obra de Dios en ti no haya servido de nada ni permitir que todas las dificultades que has sufrido y todo lo que has puesto en práctica sean en vano. Debes estar dispuesto a trabajar con mayor esfuerzo y a amar más a Dios en el camino que tienes por delante. Estas son las personas que tienen una visión como su fundamento. Estas son las personas que buscan progresar.

    Si las personas creen en Dios y experimentan Sus palabras con un corazón que le teme, puede verse en ellas la salvación de Dios y Su amor. Estas personas pueden testificar de Dios, vivir la verdad y lo que testifican es también la verdad, lo que Dios es, Su carácter, y viven en medio del amor de Dios y han visto Su amor. Si las personas desean amar a Dios, deben probar Su encanto y verlo; sólo entonces puede despertarse en ellas un corazón que ame a Dios y que esté dispuesto a gastarse fielmente para Él. Dios no hace que las personas lo amen por medio de palabras y expresiones, o de su imaginación, y no obliga a las personas a amarlo. En su lugar, hace que lo amen por su propia voluntad, y que vean Su encanto en Su obra y declaraciones, tras lo cual nace en ellos el amor de Dios. Sólo de esta forma pueden las personas dar verdaderamente testimonio de Dios. Las personas no aman a Dios porque otros las hayan instado a ello ni por un impulso emocional momentáneo. Aman a Dios porque han visto Su encanto, han visto que hay mucho de Él digno del amor de las personas, porque han visto la salvación, la sabiduría y los maravillosos hechos de Dios; en consecuencia, lo alaban con sinceridad, lo anhelan de verdad y se despierta en ellas tal pasión que no podrían sobrevivir sin ganar a Dios. La razón por la que quienes testifican realmente de Dios son capaces de dar un testimonio rotundo de Él es que su testimonio se basa en el fundamento del verdadero conocimiento y anhelo de Dios. Este no es acorde a un impulso emocional, sino al conocimiento de Dios y Su carácter. Como han llegado a conocer a Dios, sienten que deben testificar sin duda de Él; hacen que todos lo que lo anhelan lo conozcan y sean conscientes de Su encanto y de Su realidad. Como el amor de las personas por Dios, su testimonio es espontáneo, real, y tiene un sentido y una valía reales. No es pasivo, vacío o sin sentido. La razón por la que sólo aquellos que aman sinceramente a Dios tienen el mayor valor y sentido en sus vidas, y por la que sólo ellos creen realmente en Él, es que estas personas viven en Su luz, son capaces de vivir para Su obra y gestión. No viven en las tinieblas, sino en la luz; no viven vidas sin sentido, sino bendecidas por Dios. Sólo aquellos que aman a Dios pueden testificar de Él, sólo ellos son Sus testigos, Dios sólo los bendice a ellos y sólo ellos pueden recibir Sus promesas. Los que aman a Dios y son Sus íntimos, son aquellos a quien Dios ama y pueden disfrutar de las bendiciones junto a Él. Sólo personas así vivirán eternamente, y sólo ellas vivirán para siempre bajo el cuidado y la protección de Dios. Dios está para que las personas lo amen y Él es digno del amor de todas las personas, sin embargo, no todas son capaces de amar a Dios ni todas pueden testificar ni tener el poder con Él. Como son capaces de testificar de Dios y de dedicar todos sus esfuerzos a Su obra, las que lo aman sinceramente pueden caminar por cualquier lugar bajo los cielos sin que nadie se atreva a oponerse a ellas, y pueden blandir el poder en la tierra y gobernar a todo el pueblo de Dios. Estas personas se han juntado desde todo el mundo, hablan idiomas diferentes y tienen un color de piel diferente, pero su existencia tiene el mismo sentido, todas tienen un corazón que ama a Dios, todas llevan el mismo testimonio, y tienen la misma determinación y el mismo deseo. Las que aman a Dios pueden caminar libremente por todo el mundo, las que testifican de Él pueden viajar por todo el universo. Dios ama a estas personas, las bendice y ellas siempre vivirán en Su luz.

Sólo aquellos que conocen a Dios pueden dar testimonio de Él

    Creer en Dios y conocerle es ley del Cielo y principio de la tierra y, hoy, durante una era en la que el Dios encarnado hace personalmente Su obra, es un momento oportuno para conocer a Dios. Satisfacerle es algo que se consigue sobre el fundamento de entender Su voluntad y, para ello, es necesario conocerle. Este conocimiento de Dios es la visión que el creyente debe tener; es la base de la creencia del hombre en Dios. Si no posee este conocimiento, su creencia en Dios es imprecisa y se basa en una teoría vacía. Aunque este tipo de persona está decidida a seguirle, no consigue nada. Todos aquellos que no logran nada por este camino son los que serán eliminados, y son personas que se limitan a hacer estrictamente lo mínimo. Cualquiera que sea el paso de la obra de Dios que experimentes, debería acompañarte una poderosa visión. Sin ella, te resultaría difícil aceptar cada paso de la nueva obra, porque el hombre es incapaz de imaginarla, es algo que supera su mente. Por tanto, sin un pastor que lo apaciente, que comparta sobre las visiones, el ser humano es incapaz de aceptar esta nueva obra. Si el hombre no puede recibir las visiones, no podrá recibir la nueva obra de Dios, y si no puede obedecerla, será incapaz de entender Su voluntad y su conocimiento de Él equivale a nada. Antes de que el hombre obedezca las palabras de Dios, debe conocerlas, es decir, comprender Su voluntad; sólo así podrá llevar a cabo lo que Él le pide con precisión y según Su corazón. Todo aquel que busca la verdad debe poseer esto, y es el proceso que todo el que procura conocer a Dios debe experimentar. El proceso de conocer las palabras de Dios es el de conocerle a Él, y también el de conocer Su obra. Por tanto, conocer las visiones no sólo alude a conocer la humanidad del Dios encarnado, sino que también incluye conocer las palabras y la obra de Dios. De Sus palabras, las personas llegan a entender Su voluntad y, a partir de la obra de Dios, a conocer Su carácter y lo que Él es. Creer en Dios es el primer paso para conocerle. El proceso de avanzar desde la creencia inicial en Dios hasta llegar a una más profunda es el proceso de conocerle y de experimentar Su obra. Si te limitas a creen en Él por creer, y no lo haces para conocerle, no habrá realidad en tu creencia, que no podrá llegar a ser pura; de esto no cabe la menor duda. Si, durante el proceso por el cual experimenta a Dios, el hombre llega progresivamente a conocer a Dios, su carácter irá cambiando de igual modo y su creencia será cada vez más verdadera. De este modo, cuando el hombre logra el éxito en su creencia en Dios, le habrá ganado por completo. Dios llegó a tales extremos que se hizo carne por segunda vez y llevó a cabo Su obra de forma personal, para que el hombre fuera capaz de conocerle y de verle. Conocer a Dios [a] es el efecto final que debe lograrse al final de Su obra; es el requisito final de Dios para la humanidad. Lo hace por amor a Su testimonio final y para que el hombre pueda, por fin y por completo, volverse a Él. El ser humano sólo puede amar a Dios conociéndolo, y para amarle debe conocerle. Independientemente de cómo lo busque, o de lo que procure ganar, debe ser capaz de obtener el conocimiento de Dios. Sólo así puede satisfacer Su corazón. Sólo conociendo a Dios puede el hombre creer de verdad en Él, reverenciarlo y obedecerle de verdad. Los que no conocen a Dios no le obedecerán nunca de verdad ni lo reverenciarán. Conocer a Dios incluye conocer Su carácter, entender Su voluntad y saber lo que Él es. A pesar de ello, cualquiera que sea el aspecto de conocer a Dios, cada uno de ellos requiere que el hombre pague un precio y exige la voluntad de obedecer, sin la cual nadie sería capaz de seguir hasta el final. La obra de Dios es demasiado incompatible con los conceptos humanos; el carácter de Dios y lo que Él es, son cosas demasiado difíciles para la capacidad del hombre, y todo lo que Dios dice y hace le resulta incomprensible por demás al ser humano; si el hombre desea seguir a Dios, pero no está dispuesto a obedecerlo, no conseguirá nada. Desde la creación del mundo hasta hoy, Dios ha realizado mucha obra que es incomprensible para el hombre y que le ha resultado difícil aceptar, y Dios ha dicho muchas cosas que hacen que sus conceptos sean complicados de sanar. Con todo, las muchas dificultades que representa Su obra para el hombre, Él no la ha dejado nunca, sino que ha seguido obrando y hablando; y aunque un gran número de “guerreros” han ido cayendo a los lados del camino, Él sigue realizando Su obra y sigue escogiendo a un grupo de personas tras otro que esté dispuesto a obedecer Su nueva obra. No se compadece de esos “héroes” caídos, sino que atesora a aquellos que aceptan Su nueva obra y Sus palabras. ¿Pero con qué fin obra de esta forma, paso a paso? ¿Por qué está siempre eliminando y escogiendo a personas? ¿Por qué emplea siempre un método así? El objetivo de Su obra es que el hombre le conozca y, así, poder ganarlo. El principio de Su obra es trabajar en aquellos que son capaces de obedecer la obra que Él hace hoy, y no obra en los que obedecieron Su obra pasada y se oponen a la presente. Esta es la exactamente la razón por la que ha eliminado a tantas personas.

    Los efectos de la lección de conocer a Dios no pueden obtenerse en uno o dos días: el hombre tiene que acumular experiencias, soportar sufrimiento y tener una obediencia verdadera. Lo primero es empezar desde la obra y las palabras de Dios. Debes entender lo que incluye conocer a Dios, cómo lograr el conocimiento de Él y cómo verle durante tus experiencias. Esto es lo que todos deben hacer cuando todavía tienen que conocer a Dios. Nadie comprende la obra y las palabras de Dios al momento, y nadie logra el conocimiento de la totalidad de Dios en un tiempo breve. Lo que se requiere es el proceso necesario de la experiencia, sin el cual nadie sería capaz de conocer a Dios y seguirle de verdad. Cuanta más obra realiza Dios, más conoce el hombre de Él. Cuanto más en desacuerdo esté la obra de Dios con los conceptos humanos, más renovado y profundo será el conocimiento que el hombre tenga de Él. Si la obra de Dios tuviera que permanecer inmutable para siempre, el hombre sólo tendría un pequeño conocimiento de Él. Desde la creación del mundo hasta nuestros días, debéis conocer con claridad las visiones de lo que Dios hizo durante la Era de la Ley, durante la Era de la Gracia y lo que ahora está haciendo durante la Era del Reino. Debéis conocer la obra de Dios. Sólo después de seguir a Jesús fue conociendo Pedro, poco a poco, gran parte de la obra que el Espíritu hizo en Él. Declaró: “Apoyarse en las experiencias del hombre no basta para conseguir un conocimiento completo de Dios; tiene que haber muchas cosas nuevas en la obra de Dios que nos ayuden a conocerle”. Al principio, Pedro creyó que Jesús fue enviado por Dios, como apóstol, y no le vio como el Cristo. Aunque fue llamado a seguirle[b], Jesús le preguntó: “Simón, hijo de Jonás, ¿me seguirás?”. Pedro le respondió: “Debo seguir a aquel que es enviado por el Padre celestial. Debo reconocer a aquel que el Espíritu Santo ha escogido. Te seguiré”. Por sus palabras se puede ver que, sencillamente, Pedro no poseía conocimiento alguno de Jesús; había experimentado las palabras de Dios, había tratado consigo mismo, y había sufrido dificultades por Dios, pero no conocía Su obra. Tras un periodo de experiencia, Pedro vio en Jesús muchas de las obras de Dios, vio la hermosura de Dios y vio mucho del ser de Dios en Jesús. Por consiguiente, también vio que las palabras de Jesús no podían ser palabras de hombre, y que la obra que Él hizo no podría haberla realizado un hombre. En las palabras y los hechos de Jesús, Pedro vio además gran parte de la visión de Dios y mucha obra divina. Durante sus experiencias, no llegó simplemente a conocerse a sí mismo, sino que también se centró en observar las acciones de Jesús, de las que descubrió muchas cosas nuevas; es decir, que eran muchas expresiones del Dios práctico en la obra que Él hizo por medio de Jesús, y que las palabras y los actos de este, las formas en que pastoreó a las iglesias y la obra que realizó diferían de los de un hombre corriente. Así, de Jesús aprendió muchas lecciones que se suponía que debía de aprender y para cuando Jesús estaba a punto de ser clavado en la cruz, había obtenido algún conocimiento de Él, un conocimiento que fue la base de su lealtad de por vida a Él, y de su crucifixión boca abajo por amor a Él. Algunos conceptos se apoderaron de él y, al principio, no tenía un conocimiento claro de Jesús, pero esas cosas son inevitables en el hombre corrupto. Cuando estaba a punto de partir, Jesús le dijo a Pedro que Su crucifixión era la obra que había venido a realizar; aquella era tenía que renegar de Él, aquella era impura tenía que clavarlo en la cruz y Él había venido a completar la obra de la redención; una vez acabada, Su ministerio llegaría a su fin. Cuando Pedro oyó esto, la tristeza lo embargó y sintió aún más devoción por Jesús. Cuando fue crucificado, Pedro lloró amargamente en privado. Antes de esto, le había preguntado a Jesús: “¡Mi Señor! Dices que vas a ser crucificado. Después de irte, ¿cuándo volveremos a verte?”. ¿Acaso no hay mezcla en las palabras que pronunció? ¿No son sus propios conceptos? En su corazón sabía que Jesús había venido a acabar parte de la obra de Dios y que después de Su partida el Espíritu estaría con él; aunque fuera crucificado y ascendiera al cielo, el Espíritu de Dios estaría con él. En aquel momento poseía cierto conocimiento de Jesús y sabía que había sido enviado por el Espíritu de Dios y que este estaba en Él, que Jesús era Dios mismo, que era el Cristo. A pesar de su amor por Jesús y a causa de la debilidad del hombre, Pedro dijo aún estas palabras. Si puedes observar y pasar por experiencias meticulosas en cada paso de la obra de Dios, serás capaz de ir descubriendo poco a poco la hermosura de Dios. ¿Y cuál fue la visión de Pablo? Cuando Jesús se le apareció, preguntó: “¡Señor mío! ¿Quién eres?”. Jesús respondió: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. Esta fue la visión de Pablo. Pedro usó la resurrección de Jesús y Sus apariciones durante 40 días, y Sus enseñanzas durante el tiempo que Él vivió, como visión hasta que llegó al final de su viaje.

    El hombre experimenta a Dios, se conoce a sí mismo, se despoja de su carácter corrupto y busca el crecimiento en la vida, todo ello por conocer a Dios. Si sólo buscas conocerte a ti mismo y tratar con tu propio carácter corrupto, sin tener conocimiento de la obra que Dios hace en el hombre, de lo grande que es Su salvación o de cómo experimentas a Dios y das testimonio de Sus hechos, tu experiencia es absurda. Si crees que ser capaz de poner la verdad en práctica y que ser capaz de soportar significa que la vida propia ha crecido, esto indica que sigues sin comprender el verdadero sentido de la vida y que todavía no entiendes el propósito de que Dios obre en el hombre. Un día, cuando estés en las iglesias religiosas, entre miembros de la Iglesia del Arrepentimiento o la Iglesia de la Vida, encontrarás a muchos devotos cuyas oraciones contienen visiones y que se sienten tocados y tienen palabras que los guían en su búsqueda de vida. Y, lo que es más, en muchos asuntos son capaces de soportar y renunciar a sí mismos, y no son guiados por la carne. En ese tiempo no serás capaz de ver la diferencia: creerás que todo lo que hacen es correcto, que es la expresión natural de la vida, y qué pena que crean en el nombre equivocado. ¿No son necias tales creencias? ¿Por qué se dice que muchas personas no tienen vida? Porque no conocen a Dios, y por ello se dice que no tienen a Dios ni tienen vida. Si tu creencia en Dios ha alcanzado un cierto punto en el que eres capaz de conocer a conciencia los hechos de Dios, Su realidad y cada fase de Su obra, entonces la verdad te ha poseído. Si desconoces la obra y el carácter de Dios, tu experiencia sigue siendo carente. La forma en que Jesús llevó a cabo aquella etapa de Su obra, cómo se está realizando esta fase, cómo hizo Dios Su obra en la Era de la Gracia, qué obra se hizo, cuál se está haciendo en esta fase, si no posees un conocimiento profundo de estas cosas, jamás te sentirás persuadido ni seguro. Si tras un periodo de experiencia eres capaz de conocer la obra hecha por Dios y cada etapa de Su obra, y posees un conocimiento concienzudo de los objetivos de las palabras de Dios y de por qué tantas palabras que Él pronunció no se han cumplido, puedes estar tranquilo y perseguir con valentía el camino que tienes por delante, libre de preocupación o refinamiento. Deberíais ver lo que Dios usa para realizar tan gran parte de Su obra. Usa las palabras que Él pronuncia, refina al hombre y trasforma sus conceptos por medio de muchas clases de palabras. Todo el sufrimiento que habéis soportado, todo el refinamiento que habéis experimentado, el trato que habéis aceptado en vuestro interior, el esclarecimiento que habéis percibido, todo ello se ha logrado mediante el uso de las palabras pronunciadas por Dios. ¿Por qué sigue el hombre a Dios? ¡Por Sus palabras! Las palabras de Dios son profundamente misteriosas, y pueden tocar el corazón del hombre, revelar cosas profundas dentro de su corazón, hacerle saber cosas que ocurrieron en el pasado y permitirle ver en el futuro. Y el hombre soporta el sufrimiento por las palabras divinas, y estas lo perfeccionan; sólo entonces sigue el hombre a Dios. Lo que el hombre debería hacer en esta fase es aceptar las palabras de Dios, e independientemente de que sea perfeccionado o refinado, la clave está en las palabras de Dios; esta es Su obra y la visión que el hombre debería conocer hoy.
    ¿Cómo perfecciona Dios al hombre? ¿Cuál es el carácter de Dios? ¿Y qué está contenido dentro de Su carácter? Todo esto debe entenderse; es la propagación del nombre de Dios, dar testimonio de Él y exaltar; el hombre logrará, en última instancia, cambios en el carácter de su vida sobre el cimiento del conocimiento de Dios. Cuanto más trato y refinamiento supere el hombre, mayor será su fuerza; y cuanto más numerosos sean los pasos de la obra de Dios, más perfeccionado será el hombre. Hoy, en la experiencia del hombre, cada paso de la obra de Dios contraataca los conceptos del hombre y cada paso es inimaginable para el intelecto humano y supera sus expectativas. Dios provee todo lo que el ser humano necesita, y en todos los sentidos está en desacuerdo con los conceptos del hombre; y cuando eres débil, Dios pronuncia Sus palabras. Sólo así puede proveerte vida. Contraatacando tus conceptos, llegas a aceptar el trato de Dios, y sólo así puedes despojarte de tu corrupción. Hoy, en un aspecto, las obras del Dios encarnado obra en divinidad, y en otro lo hace en humanidad normal. No deberías negar ninguna de las obras que Dios realiza y deberías obedecer cualquier cosa que Él diga o haga en humanidad normal; independientemente de lo normal que Él sea, deberías obedecer y entender. Sólo cuando tengas una experiencia práctica podrás saber con seguridad que Él es Dios, y entonces dejarás de producir conceptos y le seguirás hasta el final. En la obra de Dios hay sabiduría, y Él sabe cómo el hombre constituye un testimonio. Sabe dónde está su debilidad vital y las palabras que Él habla pueden golpearte justo ahí, pero también usa Sus palabras majestuosas y sabias para que seas un testimonio de Él. Así de milagrosos son los hechos de Dios. La obra que Él realiza es inimaginable para el intelecto del hombre. El juicio de Dios revela las clases de corrupción que poseen al hombre, siendo carne, y las cosas que conforman su esencia y lo dejan sin un lugar donde esconderse de su vergüenza.

    Dios realiza la obra de juicio y castigo para que el hombre pueda conocerle, y por amor a Su testimonio. Sin Su juicio sobre el carácter corrupto del ser humano, el hombre no conocería Su carácter justo que no permite ofensa alguna, y no podría apartarse de su viejo conocimiento de Dios para adoptar el nuevo. Por amor a Su testimonio y a Su gestión, Él hace pública Su totalidad, capacitando así al hombre para lograr el conocimiento de Dios, cambiar su carácter y dar un resonante testimonio de Él por medio de Su aparición pública. El cambio se logra en el carácter del hombre a través de distintos tipos de la obra de Dios; sin estos cambios en el carácter del hombre, este sería incapaz de dar testimonio de Dios y no podría ser conforme a Su corazón. Los cambios en el carácter del hombre significan que se ha liberado de la atadura de Satanás, de la influencia de la oscuridad, y que se ha convertido de verdad en un modelo y una muestra de la obra de Dios, que de verdad ha llegado a ser un testigo suyo y alguien que es conforme a Su corazón. Hoy, el Dios encarnado ha venido a hacer Su obra en la tierra, y exige que el hombre logre conocerle, obedecerle, y dé testimonio de Él; que conozca Su obra práctica y normal, que obedezca todas Sus palabras y Su obra que no concuerdan con los conceptos del hombre, y dé testimonio de toda Su obra de salvación del hombre, y todos los hechos que Él hace y que vencen al hombre. Los que dan testimonio de Dios tienen que poseer un conocimiento de Él; sólo este tipo de testimonio es preciso, práctico y el único que puede avergonzar a Satanás. Dios usa a aquellos que han llegado a conocerle pasando por Su juicio y Su castigo, por Su trato y Su poda, para que lleven testimonio de Él; Él usa a los que han sido corrompido por Satanás para que den testimonio de Él; así también usa a aquellos cuyo carácter ha cambiado y que se han ganado, así, Sus bendiciones, para que den testimonio de Él. No necesita que el hombre lo alabe sólo de palabras ni la alabanza y el testimonio del tipo de Satanás, que no ha sido salvada por Él. Sólo aquellos que conocen a Dios, y cuyo carácter ha cambiado, están cualificados para dar testimonio de Él, y Él no permitirá que el hombre acarree vergüenza deliberadamente sobre Su nombre.

Notas al pie:

a. El texto original dice: “La obra de conocer a Dios”.

b. El texto original dice “estaba siguiendo”.

Breve charla sobre “El Reino Milenario ha llegado”

    ¿Cómo percibís la visión del Reino Milenario? Algunas personas piensan mucho en ello, y afirman que durará mil años sobre la tierra, de modo que si los miembros más viejos de la iglesia no están casados ¿tienen que contraer matrimonio? Mi familia no tiene dinero, ¿debería yo empezar a ganar dinero?… ¿Qué es el Reino Milenario? ¿Lo sabéis? Las personas están cegatas y sufren una dura experiencia. En realidad, el Reino Milenario tiene que llegar aún de forma oficial. Durante la etapa en que las personas son perfeccionadas, se trata de un mero microcosmos; en el tiempo del Reino Milenario del que Dios habló, el hombre habrá sido perfeccionado. Con anterioridad se dijo que las personas serían como santos y que permanecerían firmes en la tierra de Sinim. Sólo cuando los seres humanos sean hechos perfectos, cuando se conviertan en los santos de los que Dios habló, habrá llegado el Reino Milenario. Cuando Dios hace a los hombres perfectos, los purifica; y cuanto más puros son, más los ha perfeccionado Dios. Cuando la impureza, la rebeldía, la oposición y las cosas de la carne dentro de ti sean expulsadas de ti, cuando hayas sido purificado, serás amado por Dios (y, en otras palabras, serás un santo); cuando Dios te haya hecho perfecto y te hayas convertido en un santo, estarás en el Reino Milenario. Ahora es la Era del Reino, en la Era del Reino Milenario las personas dependerán de las palabras de Dios para vivir, y todas las naciones vendrán a estar bajo el nombre de Dios, y todos vendrán a leer las palabras de Dios. En ese momento algunos llamarán por teléfono, algunos enviarán un fax… emplearán todos los medios para acceder a las palabras de Dios, y vosotros también estaréis bajo Sus palabras. Todo esto es lo que ocurre después de que las personas son hechas perfectas. Hoy, los seres humanos son perfeccionados, refinados, esclarecidos y guiados a través de las palabras; es la Era del Reino, es la etapa en que las personas son hechas perfectas, y esto no tiene relación con la Era del Reino Milenario. Durante esa era, las personas ya habrán sido perfeccionadas y el carácter corrupto habría sido purificado en ellos. En ese tiempo, las palabras pronunciadas por Dios dirigirán a las personas paso a paso, y revelarán todos los misterios de la obra de Dios desde el tiempo de la creación hasta hoy; Sus palabras contarán a las personas los hechos de Dios en cada era y cada día, cómo guía al pueblo dentro, la obra que Él realiza en la esfera espiritual y le hablarán al hombre de la dinámica de esta. Sólo entonces será real la Era de la Palabra; ahora sólo es un microcosmos. Si las personas no son perfeccionadas y purificadas, no tendrán manera de vivir mil años en la tierra y su carne decaerá inevitablemente; si las personas son purificadas por dentro y ya no le pertenecen a Satanás ni a la carne, permanecerán vivas en la tierra. En esta etapa seguís estando ciegos y lo único que experimentáis es amar a Dios y dar testimonio de Él cada día que vivís en la tierra.

    “El Reino Milenario ha llegado” es una profecía, es análogo al presagio de un profeta, en el que Dios anuncia lo que sucederá en el futuro. Las palabras que Dios habla en el futuro y las que habla hoy no son las mismas: las del futuro guiarán la era, mientras que las palabras que pronuncia hoy perfeccionan a las personas, las refinan y tratan con ellas. La Era de la Palabra en el futuro es distinta a la Era de la Palabra hoy. En la actualidad, todas las palabras pronunciadas por Dios —independientemente del medio por el que lo haga— son, en resumen, para perfeccionar a las personas, para purificar lo que está sucio dentro de ellas y hacerlas santas y justas delante de Dios. Las palabras proferidas hoy y las que se hablen en el futuro son dos cosas aparte. Las que se pronuncian en la Era del Reino son para hacer que las personas entren en todo el entrenamiento, para llevarlas al camino correcto en todo, para expulsar todo lo que es impuro en ellas. Así es lo que Dios hace en esta era: crea un fundamento de Sus palabras en cada persona, convierte Sus palabras en la vida de cada persona y usa Sus palabras para esclarecerlas y guiarlas interiormente en todo momento; y cuando no tienen en cuenta la voluntad de Dios, Sus palabras estarán dentro de ellas para hacerles reproches y disciplinarlas. Las palabras de hoy deben ser la vida del hombre, proveen directamente todo lo que el hombre necesita, y las palabras de Dios proporcionan todo aquello de lo que carece en tu interior. Todos los que acepten las palabras de Dios son esclarecidos comiendo y bebiendo ellas. Las palabras habladas por Dios en el futuro guían a las personas de todo el universo; hoy, esas palabras sólo se pronuncian en China, y no representan a aquellas que se profieren en todo el universo. Dios sólo le hablará a todo el universo cuando llegue el Reino Milenario. Tienes que saber que todas las palabras habladas hoy por Dios son para perfeccionar a las personas; lo que Dios dice durante esta etapa tiene el propósito de proveer para las necesidades de las personas y no son para permitirte conocer los misterios o ver los milagros de Dios. Que Él hable a través de muchos medios es para suplir las necesidades de las personas. La Era del Reino Milenario tiene que llegar aún; esta era de la que se habla es el día de la gloria de Dios. Después de que hubo acabado la obra de Jesús en Judea, Dios transfirió Su obra a China continental y creó otro plan. Está realizando otra parte de Su obra en vosotros; es la obra de perfeccionar a las personas con palabras que Él usa para hacer que el ser humano sufra mucho dolor a la vez que obtienen mucha gracia de Dios. Esta etapa de la obra creará a un grupo de vencedores y, una vez formado este grupo, ellos serán capaces de testificar de Sus hechos, serán capaces de vivir la realidad, satisfacerle de verdad y ser leales a Él hasta la muerte; de esta forma, Dios será glorificado. Cuando Él es glorificado, cuando Él haya hecho perfecto a este grupo de personas, será la Era del Reino Milenario.

    Jesús estuvo en la tierra treinta y tres años y medio; vino a realizar la obra de la crucifixión y, a través de ella, Dios consiguió una parte de gloria. Cuando Él vino en la carne fue capaz de humillarse y esconderse, y pudo soportar un sufrimiento tremendo. Aunque era Dios mismo, aguantó cada humillación, cada maledicencia, y soportó gran dolor al ser clavado en la cruz para completar la obra de la redención. Una vez concluida esta etapa de la obra, aunque las personas vieron que Dios había logrado gran gloria, esta no era la totalidad de Su gloria; sólo era una parte de ella, que obtuvo de Jesús. Aunque Jesús fue capaz de resistir cada dificultad, humillarse y ocultarse, ser crucificado para Dios, este sólo logró una parte de Su gloria, y fue en Israel. Dios tiene todavía otra parte de gloria: venir a la tierra a obrar de verdad y perfeccionar a un grupo de personas. Durante la etapa de la obra de Jesús, hizo algunas cosas sobrenaturales, pero esta etapa de la obra no fue en modo alguno solamente para realizar señales y prodigios. Fue, principalmente, para demostrar que Jesús podía sufrir y ser crucificado para Dios, que era capaz de soportar un dolor tremendo porque amaba a Dios y que, aunque Dios lo abandonó, Él seguía dispuesto a sacrificar Su vida por la voluntad divina. Después de que Dios hubiera acabado Su obra en Israel y que Jesús fuera clavado en la cruz, Dios fue glorificado y dio testimonio delante de Satanás. Vosotros no sabéis ni habéis visto cómo Dios se ha encarnado en China; ¿cómo podéis, pues, ver que Dios ha sido glorificado? Cuando Dios hace mucha obra de conquista en vosotros, y permanecéis firmes, esta obra suya tiene éxito y es parte de Su gloria. Vosotros sólo veis esto, y todavía tenéis que ser perfeccionados por Dios, todavía tenéis que entregar vuestro corazón por completo a Dios. Todavía tenéis que ver esta gloria por completo; sólo veis que Dios ya ha conquistado vuestro corazón, que nunca podrás abandonarle y que le seguiréis hasta el final y vuestro corazón no cambiará. Así es la gloria de Dios. ¿En qué se ve la gloria de Dios? En los efectos de Su obra en las personas. Estas ven que Dios es tan amoroso, lo tienen en su corazón y no están dispuestas a abandonarle; esto es la gloria de Dios. Cuando la fuerza de los hermanos y hermanas de las iglesias se levanta, y pueden amar a Dios desde el corazón, y ven el poder supremo de la obra realizada por Dios, el poder incomparable de Sus palabras; cuando ven que Sus palabras tienen autoridad y que Él puede embarcarse en Su obra en la ciudad fantasma de la China continental; cuando, aunque las personas sean débiles, sus corazones se inclinan delante de Dios y están dispuestas a aceptar Sus palabras; y cuando, aunque sean débiles e inadecuadas, son capaces de ver que las palabras de Dios son tan adorables y tan dignas de su aprecio, esta es la gloria de Dios. Cuando llega el día en que las personas son perfeccionadas por Dios y son capaces de rendirse ante Él y obedecerle por completo, y dejar sus perspectivas y su destino en las manos de Dios, la segunda parte de la gloria de Dios se habrá conseguido por completo. Esto quiere decir que, cuando la obra del Dios práctico haya acabado del todo, Su obra en la China continental llegará a su fin; dicho de otro modo, cuando los que fueron predestinados y escogidos por Dios hayan sido perfeccionados, Dios será glorificado. Dios dijo que Él ha traído la segunda parte de Su gloria al Este, aunque esto es invisible al ojo desnudo. Dios ha traído Su obra al Este: ya ha llegado al Este y esta es Su gloria. Hoy, aunque Su obra tenga que completarse aún, se llevará a cabo sin la menor duda, porque Dios ha decidido obrar. Él ha decidido que acabará esta obra en China y ha decidido perfeccionaros. Por tanto, no os deja escapatoria: Él ya ha conquistado vuestros corazones y tenéis que seguir adelante lo queráis o no; cuando sois ganados por Dios, Él es glorificado. Hoy, Dios todavía tiene que ser glorificado por completo, porque todavía tenéis que ser hechos perfectos y, aunque vuestros corazones hayan regresado a Dios, sigue habiendo muchas debilidades en vuestra carne, sois incapaces de satisfacer a Dios, de tener en cuenta Su voluntad y hay muchas cosas negativas de las que debéis deshaceros.

¿Es la obra de Dios tan sencilla como el hombre imagina?

    Como alguien que cree en Dios, debes entender que, en la actualidad, al recibir la obra de Dios en los últimos días y toda la obra del plan de Dios en ti, en verdad has recibido una inmensa exaltación y la salvación de Dios. Toda la obra de Dios en el universo entero se ha centrado en este grupo de personas. Él ha dedicado todos Sus esfuerzos a vosotros y ha sacrificado todo por vosotros; Él ha reclamado y os ha dado toda la obra del Espíritu sobre todo el universo. Por eso es que os digo que sois afortunados. Más aún, Él ha desplazado Su gloria de Israel, Su pueblo elegido, a vosotros, con el fin de lograr que el propósito de Su plan se manifieste completamente a través de vuestro grupo de personas. Por lo tanto, vosotros sois los que vais a recibir la herencia de Dios, y aún más, vosotros sois los herederos de la gloria de Dios. Tal vez vosotros recordáis estas palabras: “Porque esta pequeña aflicción, que es momentánea, obra en nosotros un peso de gloria que sobrepasa todo y que es eterno”. En el pasado, vosotros habéis oído esta sentencia, sin embargo, nadie comprendió su verdadero significado. Hoy en día, vosotros conocéis bien el verdadero significado que ellas poseen. Estas palabras reflejan lo que Dios logrará en los últimos días. Y serán cumplidas sobre aquellos cruelmente afligidos por el gran dragón rojo en la tierra donde se encuentra. El gran dragón rojo persigue a Dios y es el enemigo de Dios, por lo que, en esta tierra, los que creen en Dios son sometidos a humillación y persecución. Es por ello que estas palabras se volverán ciertas en vuestro grupo de personas. A medida que la obra se lleva a cabo en una tierra que se opone a Dios, toda Su obra se encuentra con un obstáculo desmesurado, y muchas de Sus palabras no pueden cumplirse en el momento oportuno; por lo que la gente es refinada a causa de las palabras de Dios. Esto también es un elemento de sufrimiento. Es muy arduo para Dios llevar a cabo Su obra en la tierra del gran dragón rojo, pero es a través de esta dificultad que Dios realiza una etapa de Su obra para manifestar Su sabiduría y acciones maravillosas. Dios aprovecha esta oportunidad para hacer que este grupo de personas sean completadas. Debido al sufrimiento de la gente, su calibre, y todo el carácter satánico de la gente en esta tierra impura, Dios lleva a cabo Su obra de purificación y conquista, de manera que, al hacerlo así, Él pueda obtener la gloria y ganarse a los que dan el testimonio de Sus obras. Este es el significado completo de todos los sacrificios que Dios ha hecho para este grupo de personas. Es decir, Dios hace la obra de conquista sólo a través de los que se oponen a Él. Por tanto, sólo al hacerlo de esta manera, el gran poder de Dios puede manifestarse. En otras palabras, sólo los que están en la tierra impura son dignos de heredar la gloria de Dios, y sólo esto puede dar prominencia al gran poder de Dios. Por eso digo que la gloria de Dios se obtiene en la tierra impura y de aquellos que viven en su interior. Esta es la voluntad de Dios. Esto es igual a la etapa de la obra de Jesús; Él solamente podía ser glorificado entre aquellos fariseos que lo persiguieron. Si no hubiese sido por dicha persecución y por la traición de Judas, Jesús no habría sido ridiculizado o calumniado, ni mucho menos crucificado, y por tanto nunca hubiese obtenido la gloria. Dondequiera que Dios obra en cada era, y dondequiera que Él realiza Su obra en la carne, Él obtiene la gloria allí y allí también se gana a quienes Él tiene la intención de ganar. Este es el plan de la obra de Dios, y esta es Su gestión.

    En el plan de Dios por varios miles de años, la obra realizada en la carne es en dos partes: en primer lugar está la obra de la crucifixión, por la cual Él es glorificado; la otra es la obra de la conquista y la perfección en los últimos días, por medio de la cual Él obtendrá gloria. Esta es la gestión de Dios. Por tanto, no consideréis demasiado de sencilla la obra de Dios o la tarea que Dios os ha ordenado. Todos vosotros sois herederos del peso de gloria que sobrepasa todo y que es eterno, y esto fue especialmente ordenado por Dios. De las dos partes de Su gloria, una se revela en vosotros; la totalidad de una de las partes de la gloria de Dios es conferida a vosotros para que pueda ser vuestra heredad. Esta es la exaltación de Dios y Su plan predeterminado desde hace mucho tiempo. Dada la magnitud de la obra que Dios ha hecho en la tierra en la que habita el gran dragón rojo, esta obra, si se traslada a otra parte, hace mucho tiempo que hubiese dado grandes frutos y que hubiese sido aceptada fácilmente por el hombre. Y tal trabajo sería demasiado fácil de aceptar para los clérigos de Occidente que creen en Dios, porque la etapa de la obra de Jesús sirve como precedente. Es por esto que Él no puede alcanzar esta etapa de la obra de glorificación en otro lugar; es decir, mientras haya apoyo de todos los hombres y el reconocimiento de todas las naciones, no hay lugar donde la gloria de Dios repose. Y esta es, precisamente, el extraordinario significado que esta etapa de la obra mantiene en esta tierra. Entre vosotros, no hay un solo hombre que reciba la protección de la ley; más bien, estáis penalizados por la ley, y la mayor dificultad es que ningún hombre os comprende, ya sea vuestros familiares, vuestros padres, vuestros amigos o vuestros colegas. Nadie os comprende. Cuando Dios os rechaza, no hay manera de que continuéis viviendo en la tierra. Pero, aun así, la gente no puede soportar dejar a Dios; este es el significado de la conquista de Dios sobre la gente, y esto es la gloria de Dios. Lo que habéis heredado en el presente supera lo heredado por todos los antiguos apóstoles y profetas, y es incluso más grande que lo heredado por Moisés y Pedro. Las bendiciones no pueden ser recibidas en un día o dos; deben ser ganadas por medio de mucho sacrificio. Es decir, debéis poseer un amor refinado, una gran fe, y las muchas verdades que Dios os pide que alcancéis. Además, debéis ser capaces de dirigir vuestro rostro hacia la justicia y nunca dejaros intimidar o ser sometidos, y debéis mantener un amor constante e inquebrantable por Dios. Se os exige resolución, como también un cambio en vuestro carácter de la vida; vuestra corrupción debe ser curada, y debéis aceptar toda la orquestación de Dios sin quejaros, e incluso ser obediente hasta la muerte. Esto es lo que debéis lograr. Este es el objetivo final de Dios y las exigencias que Dios pide a este grupo de personas. A medida que Él os confiere, también Él debe pediros cosas a cambio y haceros las exigencias apropiadas. Por tanto, toda la obra de Dios no es sin razón, y desde allí puede verse por qué Dios, una y otra vez, realiza una obra de altos estándares y requisitos estrictos. Es por ello que vosotros debéis estar llenos de fe en Dios. En resumen, todo el trabajo de Dios es hecho por vuestro bien, para que seáis dignos de recibir Su heredad. Esto no es tanto por el bien de la propia gloria de Dios, sino por el bien de vuestra salvación y para el perfeccionamiento de este grupo de personas que sufren profundamente en la tierra impura. Debéis comprender la voluntad de Dios. Y por eso exhorto a los muchos ignorantes sin ninguna visión o sentido: No pongáis a Dios a prueba y no os resistáis más. Dios ya ha soportado todo el sufrimiento que el hombre nunca ha soportado, y hace mucho que ha sufrido demasiada humillación en lugar del hombre. ¿Qué hay que no podáis abandonar? ¿Qué podría ser más importante que la voluntad de Dios? ¿Qué podría estar por encima del amor de Dios? De por sí, ya es una tarea doblemente ardua para Dios el llevar a cabo Su obra en esta tierra impura. Si el hombre a sabiendas e intencionalmente transgrede, la obra de Dios tendrá que ser extendida. En cualquier caso, esto no es conveniente para nadie, y no beneficia a nadie. Dios no está limitado por el tiempo; Su obra y Su gloria están en primer lugar. Por tanto, no importa el tiempo que se lleve, Él no escatimará ningún sacrificio si se trata de Su obra. Este es el carácter de Dios: Él no descansará hasta que Su obra sea completada. Es sólo cuando llegue el momento en que Él obtenga la segunda parte de Su gloria que podrá Su trabajo ser concluido. Si no le es posible a Dios terminar por todo el universo la obra de la segunda parte de Su glorificación, Su día nunca llegará, Su mano nunca se apartará de Sus elegidos, Su gloria nunca llegará a Israel, y Su plan nunca concluirá. Deberéis ver que la voluntad y la obra de Dios no son tan simples como la creación de los cielos y de la tierra y de todas las cosas. Porque la obra del presente es transformar a los que han sido corrompidos, a los que han llegado a ser extremadamente insensibles, y purificar a los que fueron creados y luego procesados por Satanás; no es crear a Adán y a Eva, y mucho menos tiene que ver con crear la luz o crear todo tipo de plantas y animales. Su obra en el presente es purificar todo lo que ha sido corrompido por Satanás a fin de poderlo rescatar y convertirlo en Su posesión y Su gloria. Dicha obra no es tan sencilla como el hombre imagina la creación de los cielos y la tierra y de todas las cosas, y no es equivalente a la obra de maldecir a Satanás y enviarlo al abismo, como el hombre imagina. Más bien, tiene que ver con transformar al hombre, con volver lo que es negativo en positivo, y obtener posesión sobre aquello que no le pertenece. Esta es la historia que yace dentro de esta etapa de la obra de Dios. Debéis daros cuenta de ello, y no debéis simplificar las cosas. La obra de Dios no es como ninguna obra ordinaria. Su maravilla no puede ser concebida por la mente del hombre, y su sabiduría no puede ser alcanzada por el hombre. Dios no está creando todas las cosas, y tampoco las está destruyendo. Más bien, Él está cambiando toda Su creación y purificando todas las cosas que han sido contaminadas por Satanás. Por lo tanto, Dios iniciará una obra de gran magnitud, y este es el significado total de la obra de Dios. De estas palabras, ¿crees que la obra de Dios es tan sencilla?

Conocer la obra de Dios hoy

    Conocer la obra de Dios en estos tiempos es, en su mayor parte, conocer al Dios encarnado de los últimos días, cuál es Su ministerio principal, y qué ha venido a hacer en la tierra. He mencionado anteriormente en Mis palabras que Dios ha venido a la tierra (durante los últimos días) para establecer un ejemplo antes de partir. ¿Cómo establece Él este ejemplo? Hablando palabras, obrando y hablando a lo largo de la tierra. Esta es la obra de Dios durante los últimos días; Él sólo habla, de forma que la tierra pasa a ser un mundo de palabras, Sus palabras proveen para cada persona y la esclarecen, y el espíritu del hombre es despertado y tiene claras las visiones. Durante los últimos días, Dios encarnado ha venido a la tierra principalmente con el fin de hablar palabras. Cuando Jesús vino, difundió el evangelio del reino de los cielos y cumplió la obra de redención de la crucifixión. Puso fin a la Era de la Ley, y abolió todas las cosas viejas. La llegada de Jesús terminó la Era de la Ley y dio entrada a la Era de la Gracia. La llegada del Dios encarnado de los últimos días ha puesto fin a la Era de la Gracia. Él ha venido principalmente a hablar Sus palabras, a usar palabras para perfeccionar al hombre, para iluminarlo y esclarecerlo, y eliminar el lugar del Dios vago en su corazón. Esta no es la etapa de la obra que Jesús realizó cuando vino. Cuando Él vino, hizo muchos milagros, sanó a los enfermos y echó fuera demonios, y realizó la obra de redención de la crucifixión. Como consecuencia, en sus conceptos, el hombre cree que así es como Dios debería ser. Porque cuando Jesús vino, no llevó a cabo la obra de eliminar la imagen del Dios vago del corazón del hombre; cuando vino, fue crucificado, sanó a los enfermos y echó fuera demonios, y difundió el evangelio del reino de los cielos. En un aspecto, la encarnación de Dios durante los últimos días elimina el lugar ocupado por el Dios vago en los conceptos del hombre, de tal forma que la imagen del mismo ya no está más en su corazón. Por medio de Sus palabras y Su obra reales, de Su movimiento por todas las tierras, y de la obra excepcionalmente real y normal que realiza entre los hombres, Él hace que estos lleguen a conocer la realidad de Dios y elimina el lugar del Dios vago en el corazón de los hombres. En otro aspecto, Dios usa las palabras habladas por Su carne para hacer completo al hombre, y cumplir todas las cosas. Esta es la obra que Dios cumplirá durante los últimos días.

Lo que debéis saber:

1. La obra de Dios no es sobrenatural, y no debéis albergar conceptos sobre eso.

2. Debéis entender la obra principal que Dios encarnado ha venido a llevar a cabo esta vez.

    Él no ha venido a sanar a los enfermos, o a echar fuera demonios, o a realizar milagros, y no ha venido a difundir el evangelio del arrepentimiento, o a conceder la redención al hombre. Eso se debe a que Jesús ya ha realizado esta obra, y Dios no repite la misma obra. Hoy, Dios ha venido a poner fin a la Era de la Gracia y echar fuera todas las prácticas de la misma. El Dios práctico ha venido principalmente a mostrar que es real. Cuando Jesús vino, habló pocas palabras; principalmente, exhibió milagros, llevó a cabo señales y maravillas, sanó a los enfermos y echó fuera demonios, o bien habló profecías con el fin de convencer al hombre, y hacerle ver que Él era realmente Dios, y un Dios imparcial. En última instancia, completó la obra de la crucifixión. El Dios de hoy no exhibe señales y maravillas, ni sana a los enfermos y echa fuera demonios. Cuando Jesús vino, la obra que realizó representaba una parte de Dios, pero esta vez, Dios ha venido a realizar la etapa de la obra que queda pendiente, porque Él no repite la misma obra; Él es el Dios siempre nuevo y nunca viejo, y por tanto todo lo que ves hoy son las palabras y la obra del Dios práctico.

    El Dios encarnado de los últimos días ha venido principalmente con el fin de hablar Sus palabras, a explicar todo lo necesario para la vida del hombre, a señalar aquello en lo que este debería entrar, a mostrar al hombre los hechos de Dios, así como Su sabiduría, Su omnipotencia y lo maravilloso que es. A través de las muchas formas en las que Dios habla, el hombre ve Su supremacía, Su magnitud y, además, la humildad y lo escondido de Dios. El hombre ve que Él es supremo, pero humilde y que está escondido, y puede convertirse en el menor de todos. Algunas de Sus palabras se pronuncian directamente desde la perspectiva del Espíritu, otras desde la del hombre, y otras desde la de la tercera persona. En esto puede verse que la forma de la obra de Dios varía grandemente y es por medio de las palabras que Él permite que el hombre lo vea. La obra de Dios durante los últimos días es tanto normal como práctica y, por consiguiente, el grupo de personas de esos días están sometidas a la mayor de todas las pruebas. Debido a la normalidad y la realidad de Dios, todas las personas han entrado en esas pruebas; que el hombre haya descendido a las pruebas de Dios se debe a la normalidad y la realidad de este. Durante la era de Jesús, no hubo conceptos o pruebas. Como la mayor parte de la obra realizada por Jesús estaba de acuerdo con los conceptos del hombre, las personas le seguían, y no tenía ningún concepto sobre Él. Las pruebas de hoy son las mayores afrontadas nunca por el hombre, y cuando se dice que estas personas han salido de la gran tribulación, esta es la tribulación a la que se hace referencia.

    Hoy, Dios habla para crear fe, amor, tolerancia y obediencia en estas personas. Las palabras habladas por el Dios encarnado de los últimos días son acordes con la esencia de la naturaleza del hombre, con el comportamiento de este, y con aquello en lo que el hombre debería entrar hoy. Su método de hablar[a] es tanto real como normal: Él no habla del mañana ni mira atrás al ayer; sólo habla de aquello en lo que se debería entrar, ponerse en práctica y entenderse hoy. Si durante el día presente, emerge una persona capaz de exhibir señales y maravillas, y puede echar fuera demonios, sanar a los enfermos, y llevar a cabo muchos milagros, y si esta persona declara ser Jesús que ha venido, sería una falsificación de espíritus malos, y su imitación de Jesús. ¡Recuerda esto! Dios no repite la misma obra. La etapa de la obra de Jesús ya ha sido completada, y Dios nunca más la acometerá. La obra de Dios es irreconciliable con los conceptos del hombre; por ejemplo, el Antiguo Testamento predijo la venida de un Mesías, pero resultó que vino Jesús, por lo que sería erróneo que viniera otro Mesías de nuevo. Jesús ya ha venido una vez, y sería incorrecto que Él viniera de nuevo en esta ocasión. Hay un nombre para cada era, y cada nombre se caracteriza por una era. En los conceptos del hombre, Dios siempre debe hacer señales y maravillas, siempre debe sanar a los enfermos y echar fuera demonios, y siempre debe ser como Jesús, pero esta vez Dios no es así en absoluto. Si durante los últimos días, Dios siguiera exhibiendo señales y maravillas, echara fuera demonios y sanara a los enfermos —si hiciera exactamente lo mismo que Jesús—, Dios estaría repitiendo la misma obra, y la de Jesús no tendría significado ni valor. Así pues, Dios lleva a cabo una etapa de la obra en cada era. Una vez completada cada etapa de la obra, los espíritus malignos la imitan pronto, y después de que Satanás empiece a pisarle los talones a Dios, este cambia a un método diferente; una vez que Dios ha completado una etapa de Su obra, los espíritus malignos la imitan. Debéis tener claras estas cosas. ¿Por qué es diferente hoy la obra de Dios de la de Jesús? ¿Por qué no exhibe Dios hoy señales y maravillas, no echa fuera demonios, y no sana a los enfermos? Si la obra de Jesús fuera la misma que la realizada durante la Era de la Ley, ¿podría Él haber representado al Dios de la Era de la Gracia? ¿Podría Jesús haber completado la obra de la crucifixión? Si como en la Era de la Ley, Jesús hubiera entrado en el templo y observado el día de reposo, nadie lo habría perseguido y todos lo habrían aceptado. Si esto fuera así, ¿podría haber sido crucificado? ¿Podría haber completado la obra de redención? ¿Cuál sería la razón de que el Dios encarnado de los últimos días exhibiese señales y maravillas, como Jesús? Sólo si Dios realiza otra parte de Su obra durante los últimos días, una que represente parte de Su plan de gestión, puede el hombre obtener un conocimiento más profundo de Dios, y sólo entonces puede completarse dicho plan de gestión.

    Durante los últimos días Dios ha venido principalmente con el fin de hablar Sus palabras. Él habla desde la perspectiva del Espíritu, del hombre, y de la tercera persona; habla de diferentes formas, usando una forma para un período de tiempo, y usa las formas de hablar para cambiar los conceptos del hombre y eliminar la imagen del Dios vago del corazón del hombre. Esta es la principal obra realizada por Dios. Como el hombre cree que Dios ha venido a sanar a los enfermos, a echar fuera demonios, a llevar a cabo milagros, y a concederle bendiciones materiales, Él lleva a cabo esta etapa de la obra —la obra de castigo y juicio— con el fin de eliminar esas cosas de los conceptos del hombre, de forma que este pueda conocer la realidad y la normalidad de Dios, y que la imagen de Jesús pueda eliminarse de su corazón y sustituirse por una nueva imagen de Dios. Tan pronto como la imagen de Dios en el hombre se haga vieja, pasa a ser un ídolo. Cuando Jesús vino y llevó a cabo esa etapa de la obra, no representó la totalidad de Dios. Llevó a cabo algunas señales y maravillas, habló algunas palabras, fue finalmente crucificado, y representó una parte de Dios. No podía representar todo lo que es de Dios, sino que lo representó realizando una parte de Su obra. Eso se debe a que Dios es muy grande, maravilloso e insondable, y sólo realiza una parte de Su obra en cada era. La obra llevada a cabo por Dios durante esta era es principalmente la provisión de las palabras para la vida del hombre, la revelación de la esencia de la naturaleza del hombre y el carácter corrupto de este, la eliminación de los conceptos religiosos, del pensamiento feudal, del pensamiento obsoleto, así como del conocimiento y la cultura del hombre. Todo esto debe ponerse en evidencia y purificarse por medio de las palabras de Dios. En los últimos días, Él usa palabras, y no señales y maravillas, para perfeccionar al hombre. Usa Sus palabras para descubrir, juzgar, castigar y perfeccionar al hombre, de forma que en las mismas este llegue a ver la sabiduría y la belleza de Dios, y a entender Su carácter, y así, a través de las palabras de Dios, el hombre vea Sus hechos. Durante la Era de la Ley, Jehová guió a Moisés fuera de Egipto con Sus palabras, y habló algunas otras a los israelitas; en ese momento, parte de los hechos de Dios quedaron claros, pero debido a que el calibre del hombre era limitado y nada podía completar su conocimiento, Él siguió hablando y obrando. En la Era de la Gracia, el hombre vio una vez más parte de los hechos de Dios. Jesús fue capaz de mostrar señales y maravillas, de sanar a los enfermos y echar fuera demonios, y ser crucificado, tres días después de lo cual resucitó y se apareció en la carne ante el hombre. Este sólo conocía esto de Dios. Conoce tanto como Él le muestra, y si Él no le mostrara nada más, esa sería la medida de la delimitación de Dios por parte del hombre. Así pues, Dios continúa obrando, de manera que el conocimiento que el hombre tiene de Él pueda volverse más profundo, y que pueda llegar a conocer gradualmente la esencia de Dios. Él usa Sus palabras para hacer perfecto al hombre. Las palabras de Dios revelan tu carácter corrupto y Su realidad sustituye tus conceptos religiosos. El Dios encarnado de los últimos días ha venido principalmente a cumplir las palabras: “La Palabra se hace carne, la Palabra viene en la carne, y la Palabra aparece en la carne”, y si no tienes un conocimiento exhaustivo de esto, seguirás siendo incapaz de mantenerte firme; durante los últimos días, Dios pretende principalmente cumplir una etapa de la obra en la que la Palabra aparece en la carne, y esta es una parte del plan de gestión de Dios. Por tanto, vuestro conocimiento debe ser claro; independientemente de cómo obre Dios, Él no permite que el hombre lo delimite. Si Dios no hiciera esta obra durante los últimos días, el conocimiento que el hombre tiene de Él no podría ir más lejos. Sólo sabrías que Dios puede ser crucificado, que puede destruir Sodoma, que Jesús puede resucitar de los muertos y aparecerse a Pedro… Pero nunca dirías que las palabras de Dios pueden cumplirlo todo, y conquistar al hombre. Sólo a través de la experiencia de las palabras de Dios puedes hablar de tal conocimiento, y cuanto más experimentas de Su obra, más exhaustivo será tu conocimiento de Él. Sólo entonces cesarás de delimitar a Dios en tus propios conceptos. El hombre llega a conocer a Dios experimentando Su obra, y no hay otra forma correcta de conocerlo. Hoy, existen muchas personas que no hacen nada sino que esperan a fin de ver señales, maravillas y el tiempo de la catástrofe. ¿Crees en Dios, o en la catástrofe? Si esperas hasta esta última será demasiado tarde, y si Dios no la envía, ¿ya no será Dios? ¿Crees en señales y maravillas, o en Dios mismo? Jesús no exhibió señales y maravillas cuando otros se burlaron de Él; ¿no era Dios? ¿Crees en señales y prodigios, o en la esencia de Dios? ¡Las opiniones del hombre sobre la creencia en Dios son erróneas! Jehová habló muchas palabras durante la Era de la Ley, pero hasta hoy algunas de ellas no se han cumplido. ¿Puedes decir que Jehová no era Dios?

    Hoy, debería quedar claro para todos vosotros que, en los últimos días, Dios cumple principalmente la realidad de “la Palabra se hace carne”. A través de Su obra práctica en la tierra, hace que el hombre lo conozca, y trate con Él, y vea Sus hechos prácticos. Hace que el hombre vea claramente que Él es capaz de exhibir señales y maravillas, y también hay momentos en los que es incapaz de hacerlo, y esto depende de la era. A partir de esto puedes ver que Dios no es incapaz de mostrar señales y prodigios, sino que cambia Su operativa de acuerdo a Su obra y a la era. En la etapa actual de la obra, Él no muestra señales y maravillas; que lo hiciera en la era de Jesús se debió a que Su obra en esa era fue diferente. Dios no hace esa obra hoy, y algunas personas creen que es incapaz de exhibir señales y maravillas, o piensan que si no lo hace, no es Dios. ¿No es esto una falacia? Dios es capaz de mostrar señales y maravillas, pero está obrando en una era diferente, y por eso no hace esa obra. Como es una era diferente, y una etapa distinta de la obra de Dios, los hechos que Dios deja claros también lo son. La creencia del hombre en Dios no es la creencia en señales y maravillas ni en milagros, sino en Su obra real durante la nueva era. El hombre llega a conocer a Dios a través de la manera en que Él obra, y este conocimiento produce en él la creencia en Dios, es decir, la creencia en la obra y los hechos de Dios. En esta etapa de la obra, Él principalmente habla. No esperes a ver señales y maravillas; ¡no las verás! Porque no naciste durante la Era de la Gracia. De haberlo hecho, podrías haberlas visto, pero naciste durante los últimos días, y por eso sólo puedes ver la realidad y la normalidad de Dios. No esperes ver al Jesús sobrenatural durante los últimos días. Sólo eres capaz de ver al Dios encarnado práctico, que no es diferente de cualquier otro hombre normal. En cada era, Dios deja claros diferentes hechos. En cada era, Él deja claros parte de Sus hechos, y la obra de cada era representa una parte del carácter de Dios, y representa una parte de los hechos de Dios. Los hechos que Él deja claros varían con la era en la que obra, pero todos dan al hombre un conocimiento de Él que es más profundo, una creencia en Dios más centrada, y más sincera. El hombre cree en Dios por todos Sus hechos, y porque Él es maravilloso, muy grande, porque es todopoderoso, e insondable. Si crees en Dios porque es capaz de llevar a cabo señales y maravillas y puede sanar a los enfermos y echar fuera demonios, tu opinión es errónea, y algunas personas te dirán: “¿No pueden también los espíritus malignos hacer estas cosas?”. ¿No es esto confundir la imagen de Dios con la de Satanás? Hoy, la creencia del hombre en Dios se debe a Sus muchos hechos y a las muchas formas en las que Él obra y habla. Dios usa Sus declaraciones para conquistar al hombre y perfeccionarlo. El hombre cree en Dios por Sus muchos hechos, no porque pueda mostrar señales y maravillas, y sólo lo entiende porque ve Sus hechos. Sólo conociendo los hechos prácticos de Dios, cómo obra, los medios por los que emplea Su sabiduría, cómo habla, y cómo perfecciona al hombre —sólo conociendo estos aspectos— puedes comprender la realidad de Dios y entender Su carácter. Lo que le gusta, lo que aborrece, cómo obra en el hombre; entendiendo lo que le gusta y lo que no, puedes diferenciar entre lo positivo y lo negativo, y a través de tu conocimiento de Dios hay progreso en tu vida. En resumen, debes obtener un conocimiento de la obra de Dios, y debes rectificar tus opiniones acerca de la creencia en Dios.
Nota al pie:
a. El texto original dice “Eso”.

Deberías saber que el Dios práctico es Dios mismo

    ¿Qué deberías saber acerca del Dios práctico? El Espíritu, la Persona, y la Palabra forman el Dios mismo práctico, y este es el verdadero significado del Dios mismo práctico. Si sólo conoces la Persona, si conoces Sus hábitos y Su personalidad, pero no conoces la obra del Espíritu, lo que hace en la carne, y sólo prestas atención al Espíritu, a la Palabra, limitándote a orar delante de Él, sin conocer la obra del Espíritu de Dios en el Dios práctico, esto demuestra que no le conoces. Conocerle implica saber y experimentar Sus palabras, así como comprender las normas y los principios de la obra del Espíritu Santo, y cómo obra Él en la carne, también incluye saber que el Espíritu gobierna toda acción de Dios en la carne, y que las palabras que pronuncia son la expresión directa del Espíritu. Por tanto, si deseas conocer al Dios práctico, debes saber principalmente cómo obra Él en la humanidad y en la divinidad; esto, a su vez, concierne a las expresiones del Espíritu, con las que todas las personas tienen contacto.

    ¿Qué abarcan las expresiones del Espíritu? En unas ocasiones, el Dios práctico obra en humanidad, y otras veces lo hace en divinidad; pero sobre todo, en ambos casos, el Espíritu está al mando. Según sea el espíritu dentro de las personas, así es su expresión externa. El Espíritu obra de un modo normal, pero existen dos partes en Su dirección: una parte es Su obra en humanidad, y la otra es Su obra a través de la divinidad. Deberías saber esto claramente. La obra del Espíritu varía de acuerdo con las circunstancias: cuando se requiere Su obra humana, Él dirige esta obra humana, y cuando se necesita Su obra divina, la divinidad aparece directamente para llevarla a cabo. Como Dios obra y aparece en la carne, lo hace tanto en humanidad como en divinidad. El Espíritu dirige Su obra en humanidad con el fin de satisfacer las necesidades carnales de las personas, facilitar su contacto con Él, permitirles ver Su realidad y Su normalidad, y que Su Espíritu ha venido en carne, está en medio del hombre, vive junto a él y tiene contacto con él. Su obra en divinidad tiene lugar con el fin de proveer para la vida de las personas, y guiarlas en todo desde el lado positivo, cambiando su carácter y permitiéndoles contemplar realmente la aparición del Espíritu en la carne. En general, el crecimiento en la vida del hombre se consigue directamente por medio de la obra y las palabras de Dios en divinidad. Sólo si las personas aceptan la obra de Dios en divinidad pueden conseguir cambios en su carácter; sólo entonces pueden ser saciados en su espíritu. Las personas sólo pueden satisfacer la voluntad de Dios si a esto se añade la obra en humanidad: el pastoreo, el sustento, y la provisión de Dios en humanidad. Si son capaces de permanecer en los mandamientos, las personas deberían como mínimo conocer sin confusión al Dios práctico que aparece en la carne. En otras palabras, deberían captar los principios de permanecer en los mandamientos. Permanecer en los mandamientos no significa seguirlos caprichosa o arbitrariamente, sino ceñirse a ellos con una base, un objetivo y principios. Lo primero que debes conseguir es que tus visiones sean claras. El Dios mismo práctico del que se habla hoy obra tanto en humanidad como en divinidad. Mediante Su aparición se cumplen Su obra y Su vida humanas normales, así como Su obra completamente divina. Su humanidad y Su divinidad se combinan en una sola, y la obra de ambas[a] se logra por medio de las palabras; tanto en humanidad como en divinidad, Él hace declaraciones. Cuando Dios obra en humanidad, habla el lenguaje de la humanidad, de forma que las personas puedan tener contacto y entender. Habla Sus palabras claramente, y estas son fáciles de entender, de forma que pueden proveerse a todas las personas; independientemente de si estas personas poseen conocimiento o tienen una educación deficiente, todas pueden recibir las palabras de Dios. La obra de Dios en divinidad también se lleva a cabo por medio de palabras, pero está llena de provisión, de vida, no está manchada por la idea humana, no implica preferencias humanas, no tiene límites humanos, está fuera de los límites de cualquier humanidad normal; también se lleva a cabo en la carne, pero es la expresión directa del Espíritu. Si las personas sólo aceptan la obra de Dios en humanidad, se confinarán dentro de cierto ámbito, y necesitarán un tratamiento, una poda y una disciplina perennes a fin de que se produzca un mínimo cambio en ellas. Sin la obra o la presencia del Espíritu Santo, siempre recurrirán a sus viejos caminos; sólo a través de la obra de la divinidad pueden rectificarse estos males y deficiencias. Sólo entonces pueden las personas ser completadas. En lugar de un tratamiento y una poda sostenidos, lo que se requiere es una provisión positiva, usando palabras para compensar todas las faltas, para revelar cada estado de las personas, para dirigir sus vidas, todos sus dichos, todos sus actos, y dejar al descubierto sus propósitos y motivaciones; esta es la obra práctica del Dios práctico. Y así, en tu actitud hacia Él, deberías someterte a Su humanidad, admitiéndolo y reconociéndolo y, además, aceptar y obedecer la obra y las palabras divinas. La aparición de Dios en la carne significa que toda la obra y las palabras del Espíritu de Dios se llevan a cabo a través de Su humanidad normal, y de Su carne encarnada. En otras palabras, el Espíritu de Dios dirige Su obra humana y lleva a cabo la obra de la divinidad en la carne, y en Dios encarnado puedes ver Su obra en humanidad y Su obra completamente divina; este es el sentido práctico de la aparición del Dios práctico en la carne. Si puedes ver esto claramente, serás capaz de conectar todas las diferentes partes de Dios, y dejarás de dar demasiada importancia a Su obra en la divinidad, y de despreciar Su obra en humanidad; no te irás a los extremos, ni tomarás ningún desvío. En general, el sentido del Dios práctico es que la obra de Su humanidad y Su divinidad, dirigida por el Espíritu, se expresa por medio de Su carne, de forma que las personas puedan ver que Él es vívido y natural, verdadero y real.

    La obra del Espíritu de Dios en humanidad tiene fases de transición. Haciendo perfecta a la humanidad, permite que Su humanidad reciba la dirección del Espíritu, después de lo cual esta puede proveer para las iglesias y pastorearlas. Es una expresión de la obra normal de Dios. Por tanto, si puedes ver claramente los principios de la obra de Dios en humanidad, será improbable que tengas conceptos sobre la misma. Independientemente de cualquier otra cosa, el Espíritu de Dios no puede estar equivocado. Está en lo correcto, y sin error; no haría nada de manera incorrecta. La obra divina es la expresión directa de la voluntad de Dios, sin la interferencia de la humanidad. No pasa por la perfección, sino que viene directamente del Espíritu. Sin embargo, que Él pueda obrar en divinidad se debe a Su humanidad normal; no es sobrenatural en lo más mínimo, y parece que una persona normal lo lleva a cabo; Dios vino del cielo a la tierra principalmente con el fin de expresar las palabras de Dios a través de la carne, para completar la obra del Espíritu de Dios usando la carne.

    Hoy, el conocimiento de las personas del Dios práctico sigue siendo demasiado parcial, y su entendimiento del sentido de la encarnación demasiado insignificante. Cuando se trata de la carne de Dios, las personas ven a través de Su obra y Sus palabras que el Espíritu de Dios incluye muchas cosas, que Él es muy rico. No obstante, en cualquier caso, el testimonio de Dios viene en última instancia de Su Espíritu: lo que Dios hace en la carne, por medio de qué principios obra, qué hace en humanidad y qué hace en divinidad. Hoy puedes adorar a esta persona, pero en realidad estás adorando al Espíritu. Es lo mínimo que debería conseguirse en el conocimiento del Dios encarnado por parte de las personas: conocer la esencia del Espíritu por medio de la carne, la obra divina del Espíritu en la carne y la obra humana en la carne, aceptar todas las palabras y declaraciones del Espíritu en la carne, y ver cómo el Espíritu de Dios dirige la carne y demuestra Su poder en la misma. Es decir, el hombre llega a conocer el Espíritu del cielo a través de la carne; la aparición del Dios mismo práctico en medio del hombre ha disipado al Dios mismo confuso en los conceptos de la gente; la adoración del Dios mismo práctico por parte de las personas ha incrementado su obediencia a Dios; y a través de la obra divina del Espíritu de Dios en la carne, y la obra humana en la carne, el hombre recibe revelación y pastoreo, y en su carácter vital se producen cambios. Sólo este es el significado práctico de la llegada del Espíritu en la carne, y es así principalmente para que las personas puedan tener contacto con Dios, confiar en Él, y alcanzar el conocimiento de Dios.

    En general, ¿qué actitud deberían adoptar las personas hacia el Dios práctico? ¿Qué sabes de la encarnación, de la aparición de la Palabra en la carne, de la aparición de Dios en la carne, de los hechos del Dios práctico? ¿Y de qué se habla hoy principalmente? La encarnación, la llegada de la Palabra en la carne, y la aparición de Dios en la carne, todo esto debe entenderse. En base a vuestra estatura y a la era, debéis llegar gradualmente a entender estos asuntos; durante vuestras experiencias vitales, debéis llegar gradualmente a entender estos asuntos, y debéis tener un conocimiento claro. El proceso por el cual las personas experimentan las palabras de Dios es el mismo que aquel por el que conocen la aparición de las mismas en la carne. Cuanto más experimentan las personas las palabras de Dios, más conocen Su Espíritu; por medio de la experiencia de las palabras de Dios, las personas comprenden los principios de la obra del Espíritu y llegan a conocer al Dios mismo práctico. En realidad, cuando Dios perfecciona a las personas y las gana, está haciendo que conozcan los hechos del Dios práctico; está usando Su obra para mostrar a las personas el sentido práctico de la encarnación, y que el Espíritu de Dios ha aparecido realmente delante del hombre. Cuando Dios ha ganado a las personas y las ha perfeccionado, las expresiones del Dios práctico las han conquistado, Sus palabras las han cambiado, y Él les ha dado Su vida en su interior, llenándolas con lo que Él es (ya sea lo que Él es humanamente o lo que Él es divinamente), llenándolas con la esencia de Sus palabras, y haciendo que las personas vivan Sus palabras. Cuando Dios gana personas, lo hace principalmente usando las palabras y las declaraciones del Dios práctico con el fin de ocuparse de las deficiencias de estas personas, así como de juzgar y revelar su carácter rebelde, haciendo que obtengan lo que necesitan, y mostrándoles que Dios ha venido en medio del hombre. Lo más importante es que la obra realizada por el Dios práctico consiste en salvar a cada persona de la influencia de Satanás, sacándola de la tierra de la inmundicia, y disipando su carácter corrupto. El sentido más profundo de ser ganado por el Dios práctico es ser capaz de tomarlo como un ejemplo, como un modelo, y vivir una humanidad normal, ser capaz de practicar según Sus palabras y Sus exigencias, sin la más mínima desviación o alteración, practicando como Él dice, y siendo capaz de alcanzar lo que Él pide. De esta forma, Dios te habrá ganado. Cuando esto ocurre no sólo posees la obra del Espíritu Santo; principalmente, eres capaz de vivir las exigencias del Dios práctico. Tener simplemente la obra del Espíritu no significa que tengas vida. Lo fundamental es si eres capaz de actuar según los requisitos del Dios práctico para ti, y esto guarda relación con que puedas ser ganado por Dios. Estas cosas son el mayor significado de la obra del Dios práctico en la carne. Es decir, Él gana a un grupo de personas apareciendo real y auténticamente en la carne, siendo vívido y natural, visto por ellas, haciendo realmente la obra del Espíritu en la carne, y actuando como un ejemplo para las personas en la carne. La llegada de Dios en la carne tiene lugar principalmente para permitir a las personas ver Sus hechos reales, para materializar el Espíritu sin forma en la carne, y permitir que las personas lo vean y lo toquen. De esta forma, aquellos a los que Él ya ha hecho completos harán de Él una realidad; Él los ganará, y serán conforme a Su corazón. Si Dios sólo hablara en el cielo, y no viniera realmente a la tierra, las personas seguirían siendo incapaces de conocerle; sólo podrían predicar Sus hechos usando teoría vacía, y no tendrían Sus palabras como una realidad. Dios ha venido a la tierra principalmente para actuar como un ejemplo y un modelo para aquellos a quienes Él debe ganar; sólo de esta forma pueden las personas conocer realmente a Dios, tocarlo y verlo, y sólo entonces puede Dios ganarlos de verdad.
Nota al pie:
a. El texto original dice “y ambas se logran”.