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domingo, 10 de noviembre de 2019

II Palabras clásicas sobre la obra de juicio y castigo de Dios en los últimos días

1. Dios realiza la obra de juicio y castigo para que el hombre pueda conocerle, y por amor a Su testimonio. Sin Su juicio sobre el carácter corrupto del ser humano, el hombre no conocería Su carácter justo que no permite ofensa alguna, y no podría apartarse de su viejo conocimiento de Dios para adoptar el nuevo. Por amor a Su testimonio y a Su gestión, Él hace pública Su totalidad, capacitando así al hombre para lograr el conocimiento de Dios, cambiar su carácter y dar un resonante testimonio de Él por medio de Su aparición pública. El cambio se logra en el carácter del hombre a través de distintos tipos de la obra de Dios; sin estos cambios en el carácter del hombre, este sería incapaz de dar testimonio de Dios y no podría ser conforme a Su corazón. Los cambios en el carácter del hombre significan que se ha liberado de la atadura de Satanás, de la influencia de la oscuridad, y que se ha convertido de verdad en un modelo y una muestra de la obra de Dios, que de verdad ha llegado a ser un testigo suyo y alguien que es conforme a Su corazón. Hoy, el Dios encarnado ha venido a hacer Su obra en la tierra, y exige que el hombre logre conocerle, obedecerle, y dé testimonio de Él; que conozca Su obra práctica y normal, que obedezca todas Sus palabras y Su obra que no concuerdan con los conceptos del hombre, y dé testimonio de toda Su obra de salvación del hombre, y todos los hechos que Él hace y que vencen al hombre. Los que dan testimonio de Dios tienen que poseer un conocimiento de Él; sólo este tipo de testimonio es preciso, práctico y el único que puede avergonzar a Satanás. Dios usa a aquellos que han llegado a conocerle pasando por Su juicio y Su castigo, por Su trato y Su poda, para que lleven testimonio de Él; Él usa a los que han sido corrompidos por Satanás para que den testimonio de Él; así también usa a aquellos cuyo carácter ha cambiado y que se han ganado, así, Sus bendiciones, para que den testimonio de Él. No necesita que el hombre lo alabe sólo de palabras ni la alabanza y el testimonio del tipo de Satanás, que no ha sido salvada por Él. Sólo aquellos que conocen a Dios, y cuyo carácter ha cambiado, están cualificados para dar testimonio de Él, y Él no permitirá que el hombre acarree vergüenza deliberadamente sobre Su nombre.

de ‘Sólo aquellos que conocen a Dios pueden dar testimonio de Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

2. Deberéis ver que la voluntad y la obra de Dios no son tan simples como la creación de los cielos y la tierra y de todas las cosas. Porque la obra del presente es transformar a los que han sido corrompidos, a los que han llegado a ser extremadamente insensibles, y purificar a los que fueron creados y luego trabajados por Satanás; no es crear a Adán y a Eva, y mucho menos tiene que ver con crear la luz o crear todo tipo de plantas y animales. Su obra en el presente es purificar todo lo que ha sido corrompido por Satanás a fin de poderlo rescatar y convertirlo en Su posesión y Su gloria. Dicha obra no es tan sencilla como el hombre imagina la creación de la existencia de los cielos y la tierra y de todas las cosas, y no es similar a la obra de maldecir a Satanás y enviarlo al abismo, como el hombre imagina. Más bien, tiene que ver con transformar al hombre, con transformar lo que es negativo en positivo, y obtener posesión sobre aquello que no le pertenece. Esta es la historia que yace dentro de esta etapa de la obra de Dios. Debéis daros cuenta de ello, y no debéis simplificar las cosas. La obra de Dios no es como ninguna obra ordinaria. Su maravilla no puede ser concebida por la mente del hombre, y Su sabiduría no puede ser alcanzada por el hombre. Dios no está creando todas las cosas, y tampoco las está destruyendo. Más bien, Él está cambiando toda Su creación y purificando todas las cosas que han sido contaminadas por Satanás. Por lo tanto, Dios iniciará una obra de gran magnitud, y este es el significado total de la obra de Dios. Después de leer estas palabras, ¿crees que la obra de Dios es tan sencilla?

de ‘¿Es la obra de Dios tan sencilla como el hombre imagina?’ en “La Palabra manifestada en carne”

3. La obra de los últimos días es separar a todos según su tipo, concluir el plan de gestión de Dios, porque el tiempo está cerca y el día de Dios ha llegado. Dios trae a todos los que han entrado en Su reino, es decir, a todos los que le han sido leales hasta el final, a la era de Dios mismo. Sin embargo, hasta la llegada de la era de Dios mismo la obra que Dios debe hacer no es la de observar las acciones del hombre ni indagar sobre la vida del hombre, sino juzgar su rebelión, porque Dios purificará a todos los que vengan ante Su trono. Todos los que han seguido los pasos de Dios hasta el día de hoy son los que han venido ante el trono de Dios, y siendo esto así, cada persona que acepta la obra de Dios en su fase final es el objeto de la purificación de Dios. En otras palabras, todo el que acepta la obra de Dios en su fase final es el objeto del juicio de Dios.

de ‘Cristo hace la obra de juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

4. La obra de juicio es la propia obra de Dios, por lo que, naturalmente, debe ser hecha por Dios mismo; no puede ser hecha por el hombre en Su lugar. Puesto que el juicio es la conquista de la raza humana por medio de la verdad, es incuestionable que Dios todavía aparezca como la imagen encarnada para hacer esta obra entre los hombres. Es decir, en los últimos días Cristo usará la verdad para enseñar a los hombres alrededor de la tierra y hacer que todas las verdades sean conocidas por ellos. Esta es la obra de juicio de Dios.

de ‘Cristo hace la obra de juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

5. Cuando Dios se hace carne esta vez, Su obra es expresar Su carácter, principalmente por medio del castigo y el juicio. Usando esto como el fundamento, trae más verdad al hombre, muestra más formas de práctica, y por tanto logra Su objetivo de conquistar al hombre y salvarlo de su carácter corrupto. Esto es lo que hay detrás de la obra de Dios en la Era del Reino.

de ‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”

6. En los últimos días Cristo usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la esencia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tal como: el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como también la sabiduría y el carácter de Dios, y así sucesivamente. Todas estas palabras son dirigidas a la esencia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios con relación a cómo el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra de juicio, Dios no deja simplemente en claro la naturaleza del hombre con sólo unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Estos métodos de exposición, de trato y poda, no pueden ser sustituidos con palabras ordinarias, sino con la verdad que el hombre no posee en absoluto. Sólo los métodos de este tipo se consideran juicio; sólo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido de la sumisión a Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra de juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra de juicio realizada por Dios.

de ‘Cristo hace la obra de juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

7. La obra de juicio es representativa y no se lleva a cabo especialmente para una cierta persona, más bien, es la obra en la que un grupo de personas es juzgado con el fin de representar el juicio de toda la humanidad. Al llevar a cabo personalmente Su obra en un grupo de personas, Dios en la carne usa Su obra para representar la obra de toda la humanidad, después de lo cual se extiende gradualmente. La obra de juicio también es así. Dios no juzga a una cierta clase de persona o a un cierto grupo de personas, sino que juzga la injusticia de toda la humanidad, la oposición del hombre a Dios, por ejemplo, o la irreverencia del hombre contra Él o la interferencia a la obra de Dios, etc. Lo que se juzga es la esencia de la humanidad en su oposición a Dios y esta obra es la obra de conquista de los últimos días. La obra y la palabra del Dios encarnado de las que el hombre es testigo, son la obra de juicio ante el gran trono blanco durante los últimos días, que el hombre concibió durante el tiempo pasado. La obra que actualmente está haciendo el Dios encarnado es exactamente el juicio ante el gran trono blanco.

de ‘La humanidad corrupta está más necesitada de la salvación del Dios hecho carne’ en “La Palabra manifestada en carne”

8. La humanidad, muy profundamente corrompida por Satanás, no sabe que hay un Dios y ha dejado de adorarlo. En el principio, cuando Adán y Eva fueron creados, la gloria de Jehová y Su testimonio siempre estaban presentes. Pero después de corromperse, el hombre perdió la gloria y el testimonio porque todos se rebelaron contra Dios y dejaron de venerarlo totalmente. La obra de conquista de hoy es para recuperar todo el testimonio y toda la gloria, y que todos los hombres adoren a Dios, de forma que haya testimonio entre los creados. Esto es lo que se debe hacer en esta etapa de la obra. ¿Cómo debe conquistarse exactamente la humanidad? Se hará usando esta obra de palabras para convencer totalmente al hombre; usando la revelación, el juicio, el castigo, y la maldición inmisericorde para someterlo totalmente; y revelando la rebeldía del hombre y juzgando su resistencia de forma que pueda conocer la injusticia y la inmundicia de la humanidad, que se usarán para destacar el carácter justo de Dios. Principalmente, será el uso de estas palabras lo que conquiste al hombre y lo convenza totalmente. Las palabras son los medios para la conquista definitiva de la humanidad, y todos los que aceptan la conquista deben aceptar los golpes y el juicio de las palabras.

de ‘La verdad interna de la obra de conquista (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

9. El mayor problema del hombre es que sólo piensa en su destino y sus perspectivas, que los idolatra. El hombre busca a Dios por el bien de estas cosas; no le adora porque le ame. Por tanto, en la conquista del hombre, el egoísmo y la avaricia de este, así como las cosas que más obstruyen su adoración a Dios deben ser eliminados. Al hacerlo se conseguirán los efectos de la conquista del hombre. Como resultado, en los albores de esta es necesario purgar, en primer lugar, las ambiciones salvajes y las debilidades más dolorosas del ser humano y, a través de esto, revelar el amor del hombre hacia Dios y cambiar su conocimiento de la vida humana, su opinión de Dios y el significado de su existencia. De esta forma, el amor del hombre por Dios se purifica, y esto significa que su corazón está conquistado. Sin embargo, en Su actitud hacia todas las criaturas, Dios no sólo conquista por la conquista en sí, sino que lo hace para ganar al hombre, por el bien de Su propia gloria y con el fin de recuperar la semejanza primera y original del ser humano. Si sólo tuviera que conquistar por conquistar, se perdería la relevancia de la obra de conquista. Es decir que si después de conquistar al hombre, Dios se lavara las manos y ya no prestara atención a la vida o la muerte del hombre, esto no sería gestión de la humanidad ni la conquista de este sería por el bien de su salvación. Sólo ganar al hombre tras su conquista y su llegada, en última instancia, a un destino maravilloso es lo único que se halla en el corazón de toda la obra de salvación, y sólo esto puede lograr el objetivo de la salvación del hombre. En otras palabras, sólo la llegada del hombre al hermoso destino y su entrada en el reposo es la perspectiva que todas las criaturas deberían tener, y es la obra que el Creador debería hacer.

de ‘Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”

10. El resultado a conseguir de la obra de conquista es principalmente que la carne del hombre deje de rebelarse, esto es, que su mente obtenga un nuevo entendimiento de Dios, que su corazón le obedezca totalmente a Él, y que tome la determinación de ser para Él. La forma en que cambie el temperamento o la carne de una persona no determina si esta ha sido conquistada. Más bien, Dios te ha conquistado cuando tu pensamiento, tu consciencia y tu sentido cambian, es decir, cuando toda tu actitud mental cambia. Cuando has decidido obedecer y has adoptado una nueva mentalidad, cuando ya no traes más ninguna de tus propios conceptos o intenciones a las palabras y la obra de Dios, y cuando tu cerebro puede pensar con normalidad, es decir, cuando puedes entregarte para Él con todo tu corazón, esta clase de persona es alguien totalmente conquistado.

de ‘La verdad interna de la obra de conquista (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

11. La etapa final de la conquista tiene el propósito de salvar a las personas y también de revelar los finales de las personas. Es revelar la degeneración de ellas por medio del juicio y de esta forma hacer que se arrepientan, se levanten, y busquen la vida y la senda correcta de la vida humana. Es despertar los corazones de las personas adormecidas y obtusas y mostrar, a través del juicio, su rebeldía interior. Sin embargo, si las personas siguen siendo incapaces de arrepentirse, de buscar el camino correcto de la vida humana y de abandonar estas corrupciones, entonces pasarán a ser objetos imposibles de rescatar que Satanás se tragará. Este es el sentido de la conquista, para salvar a las personas y también para mostrar sus finales. Buenos finales, malos finales, la obra de conquista los revela todos. Si las personas se salvarán o serán malditas, se revela todo durante la obra de conquista.

de ‘La verdad interna de la obra de conquista (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

12. La obra de conquista hecha en vosotros es de la más profunda importancia: por un lado, el propósito de esta obra es perfeccionar a un grupo de personas, esto es, hacer de ellos un grupo de vencedores, como el primer grupo de personas hechas completas, las primicias. Por otro lado, es permitir que los seres creados disfruten del amor de Dios, reciban la mayor salvación de Dios y la salvación plena de Dios, permitir al hombre disfrutar no sólo de la misericordia y la amorosa bondad, sino, lo que es más importante, el castigo y el juicio. Desde la creación del mundo hasta ahora, todo lo que Dios ha hecho en Su obra es amor, sin ningún odio hacia el hombre. Incluso el castigo y el juicio que has visto son también amor, un amor más verdadero y real; este amor lleva a las personas al camino correcto de la vida humana. Por un tercer lado, es dar testimonio delante de Satanás. Y por un cuarto lado, es establecer un fundamento para extender la obra futura del evangelio. Toda la obra que Él ha hecho tiene el propósito de llevar a las personas al camino correcto de la vida humana, de forma que puedan tener la vida normal de la humanidad, porque el hombre no sabe cómo llevar una vida. Sin esa dirección, sólo serías capaz de vivir una vida vacía, inútil y sin sentido, y no sabrías en absoluto cómo ser una persona normal. Este es el sentido más profundo de la conquista del hombre.

de ‘La verdad interna de la obra de conquista (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”

13. ¿A través de qué se alcanza la perfección que Dios tiene para el hombre? A través de Su justo carácter. El carácter de Dios consiste principalmente de la justicia, la ira, la majestad, el juicio y la maldición y Su perfección para el hombre es principalmente por medio del juicio. Algunas personas no entienden y preguntan por qué es que Dios sólo puede perfeccionar al hombre por medio del juicio y la maldición. Dicen: “Si Dios maldijera al hombre, ¿no moriría el hombre? Si Dios juzgara al hombre, ¿el hombre no sería condenado? Entonces, ¿cómo puede todavía ser perfeccionado?”. Esas son las palabras de la gente que no conoce la obra de Dios. Lo que Dios maldice es la desobediencia del hombre y lo que Él juzga son los pecados del hombre. Aunque Él habla severamente y sin la menor sensibilidad, Él revela todo lo que hay dentro del hombre y a través de estas palabras severas revela lo que es esencial dentro del hombre pero a través de ese juicio le da al hombre un conocimiento profundo de la esencia de la carne y, por lo tanto, el hombre se somete a la obediencia frente a Dios. La carne del hombre es de pecado y de Satanás, es desobediente y el objeto del castigo de Dios, en consecuencia, para permitirle al hombre que se conozca, las palabras del juicio de Dios le deben suceder y todo tipo de refinamiento se debe emplear; sólo entonces puede ser efectiva la obra de Dios.

de ‘Sólo al experimentar pruebas dolorosas puedes conocer el encanto de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

14. Dios usa Su juicio para hacer perfecto al hombre, ha estado amando al hombre y salvando al hombre, pero, ¿cuánto está comprendido en Su amor? Hay juicio, majestad, ira y maldición. Aunque Dios maldijo al hombre en el pasado, no echó por completo al hombre en el abismo, sino que usó ese medio para refinar la fe del hombre; no hizo morir al hombre, sino que actuó con la intención de hacer perfecto al hombre. La esencia de la carne es aquello que es de Satanás, Dios lo dijo exactamente bien, pero los hechos que Dios lleva a cabo no se completan de acuerdo a Sus palabras. Te maldice para que lo ames y para que conozcas la esencia de la carne; te castiga con el propósito de que despiertes, para permitirte que conozcas las deficiencias que hay dentro de ti y para que conozcas la total indignidad del hombre. Por consiguiente, las maldiciones de Dios, Su juicio y Su majestad e ira, todo es con el fin de hacer perfecto al hombre. Todo lo que Dios hace en la actualidad, y el justo carácter que deja claro dentro de vosotros, todo es con el fin de hacer perfecto al hombre y ese es el amor de Dios.

de ‘Sólo al experimentar pruebas dolorosas puedes conocer el encanto de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

15. Hoy Dios os juzga y os castiga y os condena, pero sabe que tu condenación es para que te puedas conocer a ti mismo. Condenación, maldición, juicio, castigo, todos estos son para que te puedas conocer a ti mismo para que tu carácter pueda cambiar y, sobre todo, para que puedas conocer tu valía y ver que todas las acciones de Dios son justas y de acuerdo con Su carácter y las necesidades de Su obra que Él obra de acuerdo con Su plan para la salvación del hombre y que Él es el Dios justo que ama al hombre y salva al hombre y quien juzga y castiga al hombre. Si sólo sabe que eres de un estatus humilde y que estás corrompido y que eres desobediente, pero no sabes que Dios quiere poner en claro Su salvación por medio del juicio y el castigo que Él hace en ti hoy, entonces no tienes manera de experimentar, ni mucho menos puedes seguir adelante. Dios no ha venido a matar ni a destruir sino a juzgar, maldecir, castigar y salvar. Antes de la terminación de Su plan de gestión de 6.000 años —antes de que haga manifiesto el fin de cada categoría del hombre— la obra de Dios en la tierra es en aras de la salvación, todo es con el fin de hacer totalmente completos a aquellos que lo aman y someterlos a Su dominio.

de ‘Deberías desechar las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para la salvación del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

16. Todos vosotros vivís en un lugar de pecado y libertinaje; todos sois personas libertinas y pecadoras. Hoy no sólo podéis ver a Dios, sino lo que es más importante, habéis recibido castigo y juicio, la más profunda salvación, es decir, el amor más grande de Dios. Todo lo que Él hace es amor verdadero por vosotros; no tiene malas intenciones. Él os juzga por vuestros pecados, para que os examinéis y recibáis esta tremenda salvación. Todo esto se hace para obrar al hombre. De principio a fin, Dios ha hecho todo lo posible para salvar al hombre, y sin duda no está dispuesto a destruir completamente al hombre que creó con Sus propias manos. Ahora, Él ha venido entre vosotros para obrar; ¿no es esto aún más salvación? Si Él os odiara, ¿seguiría haciendo una obra de tal magnitud para guiaros personalmente? ¿Por qué iba a sufrir así? Dios no os odia ni tiene ninguna mala intención hacia vosotros. Deberíais saber que el amor de Dios es el más verdadero de todos. Es sólo por culpa de la desobediencia de las personas que Él tiene que salvarlas por medio del juicio; de lo contrario, no se salvarían. Como no sabéis cómo llevar una vida o cómo vivir, vivís en este lugar libertino y pecador, y sois diablos libertinos e inmundos, Él no soporta dejar que os volváis aún más depravados; tampoco soporta veros vivir en un lugar inmundo como este, pisoteados por Satanás a su antojo, o para dejaros caer en el Hades. Él sólo quiere ganar a este grupo de vosotros y salvaros totalmente. Este es el propósito principal de hacer la obra de conquista en vosotros, es sólo para salvación.

de ‘La verdad interna de la obra de conquista (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”

17. Dios ha venido para obrar en la tierra con el fin de salvar a la humanidad corrupta, no hay falsedad en esto; si no, Él ciertamente no vendría a hacer Su obra en persona. En el pasado, Su medio de salvación fue mostrando el máximo amor y compasión, tal que le dio Su todo a Satanás a cambio de toda la humanidad. Hoy nada es como en el pasado: hoy, vuestra salvación ocurre en el tiempo de los últimos días, durante la clasificación de cada uno de acuerdo a su especie; el medio de vuestra salvación no es amor ni compasión, sino castigo y juicio con el fin de que el hombre pueda ser salvado plenamente. Así, todo lo que recibís es castigo, juicio y golpes despiadados, pero sabed que en este golpe cruel no hay el más mínimo castigo, sabed que independientemente de qué tan severas sean Mis palabras, lo que os ocurre sólo son unas cuantas palabras que os parecen totalmente desalmadas y sabed que, independientemente de qué tan grande sea Mi ira, lo que viene sobre vosotros todavía son palabras de enseñanza y no tengo la intención de lastimaros o haceros morir. ¿No es todo esto un hecho? Sabed eso hoy, ya sea un juicio justo o un refinamiento y castigo crueles, todo es en aras de la salvación. Independientemente de si hoy existe la clasificación de cada uno de acuerdo con su especie, o el dejar al descubierto las categorías del hombre, todas las declaraciones y la obra de Dios son con el fin de salvar a aquellos que verdaderamente aman a Dios. El juicio justo es con el fin de purificar al hombre, el refinamiento cruel es con el fin de limpiar al hombre, las palabras severas o el castigo, todo es con el fin de purificar y en aras de la salvación.

de ‘Deberías desechar las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para la salvación del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

18. La obra que se está haciendo ahora es para que la gente abandone a Satanás, para que abandone a su antiguo antepasado. Todos los juicios por la palabra tienen como meta exponer el carácter corrupto de la humanidad y permitirle a la gente entender la esencia de la vida. Todos estos juicios repetidos atraviesan los corazones de la gente. Cada juicio impacta de manera directa su destino y tiene la intención de herir sus corazones para que ellos pudiesen soltar todas esas cosas y de esta manera llegar a conocer la vida, conocer este mundo inmundo y también conocer la sabiduría y omnipotencia de Dios y conocer a esta humanidad corrupta por Satanás. Cuanto más haya este tipo de castigo y juicio, más se puede herir el corazón del hombre y más se puede despertar su espíritu. Despertar los espíritus de la gente extremadamente corrupta y más profundamente engañada es la meta de esta clase de juicio. El hombre no tiene espíritu, es decir, su espíritu murió hace mucho y no sabe que hay un cielo, no sabe que hay un Dios y ciertamente no sabe que está luchando en el abismo de la muerte: ¿cómo sería posible ser capaz de saber que está viviendo en este infierno malvado en la tierra? ¿Cómo sería posible ser capaz de saber que este cadáver podrido suyo, por la corrupción de Satanás, ha caído en el Hades de la muerte? ¿Cómo sería posible ser capaz de saber que todo en la tierra hace mucho ha sido arruinado más allá de ser reparado por la humanidad? ¿Y cómo sería posible ser capaz de saber que el Creador ha venido a la tierra hoy y está buscando un grupo de gente corrupta a quien Él pueda salvar? Incluso después de que el hombre experimente cada refinamiento y juicio posibles, su conciencia oscurecida apenas si se conmueve y es virtualmente insensible. ¡La humanidad está tan degenerada! Aunque esta clase de juicio es como el cruel granizo que cae del cielo, esto es de gran beneficio para el hombre. Si no fuera porque se juzga a la gente de esta manera, no habría ningún resultado y sería absolutamente imposible salvar a la gente del abismo de la miseria. Si no fuera por esta obra, sería muy difícil que las personas salieran del Hades porque sus corazones hace mucho que murieron y sus espíritus hace mucho tiempo que fueron pisoteados por Satanás. Para salvaros a vosotros que os habíais hundido en lo más hondo de las profundidades de la degeneración requiere llamaros enérgicamente, juzgaros enérgicamente y sólo entonces esos vuestros corazones fríos como el hielo serían despertados.

de ‘Sólo los perfeccionados pueden vivir una vida significativa’ en “La Palabra manifestada en carne”

19. Aunque el castigo y el juicio son refinamientos y revelaciones inmisericordes al hombre, cuyo propósito es castigar sus pecados y a su carne, nada de esta obra tiene la intención de condenar y extinguir su carne. Las duras revelaciones de la palabra tienen, todas, el propósito de guiarte por la senda correcta. Habéis experimentado personalmente mucho de esta obra y, claramente, ¡no os ha llevado a una senda mala! Todo esto es para permitirte vivir una humanidad normal; todo ello es algo que tu humanidad normal puede lograr. Cada paso de la obra se realiza con base en tus necesidades, según tus debilidades, y según tu estatura real, y no se os coloca ninguna carga insoportable. Aunque eres incapaz de ver esto claramente ahora y sientes que estoy siendo duro contigo, aunque sigues pensando que la razón por la que te castigo y juzgo cada día y te reprendo cada día es que te odio, y aunque lo que recibes es castigo y juicio, en realidad es todo amor por ti, también una gran protección para ti.

de ‘La verdad interna de la obra de conquista (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”

20. Deberías saber que el que Dios perfeccione a los hombres, complete a los hombres y gane a los hombres no ha traído nada sino espadas y golpes para su carne y ha traído sufrimiento sin fin, el fuego ardiente, juicio sin misericordia, castigo sin misericordia y maldición sin misericordia, así como pruebas sin límite. Tal es la historia interna y la verdad de la obra de gestionar al hombre. Sin embargo, todas estas cosas están dirigidas contra la carne del hombre y todas las puntas de lanza de hostilidad se dirigen hacia la carne del hombre sin piedad (porque el hombre originalmente era inocente). Todo eso es por el bien de Su gloria y testimonio y para Su gestión. Esto se debe a que Su obra no es solamente por el bien de la humanidad, sino que es para todo el plan y para cumplir Su voluntad original cuando Él creó a la humanidad. Por lo tanto, tal vez noventa por ciento de lo que las personas experimentan son sufrimientos y pruebas de fuego, pero hay muy pocos días dulces y felices, o ni siquiera los hay, que la carne del hombre haya anhelado, y son aún más incapaces de disfrutar momentos felices en la carne pasando preciosos momentos con Dios. La carne es inmunda así que lo que la carne del hombre ve o disfruta no es nada sino el castigo de Dios que no es favorecido por el hombre y es como si le faltara la razón normal. Esto porque Él manifestará Su carácter justo que no es favorecido por el hombre, no tolera las ofensas del hombre y abomina a los enemigos. Dios abiertamente revela todo Su carácter a través de cualquier medio necesario, concluyendo así la obra de Su batalla de seis mil años con Satanás, ¡la obra de la salvación de toda la humanidad y la destrucción del viejo Satanás!

de ‘El propósito de gestionar a la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

21. Aquellos que puedan permanecer firmes durante la obra del juicio y el castigo de Dios durante los últimos días, es decir, durante la obra final de purificación, serán los que entrarán en el reposo final con Dios; por lo tanto, todos los que entran en el reposo se habrán librado de la influencia de Satanás y Dios los habrá adquirido sólo después de que hayan pasado Su obra final de purificación. Estas personas a las que Dios finalmente haya adquirido entrarán en el reposo final. La esencia de la obra del castigo y el juicio de Dios es purificar a la humanidad y es para el día del reposo final. De lo contrario, toda la humanidad no podrá seguir a los de su propia especie o entrar en el reposo. Esta obra es el único camino de la humanidad para entrar en el reposo. Sólo la obra de purificación de Dios purificará a la humanidad de su injusticia y sólo Su obra de castigo y juicio traerá a la luz aquellas cosas rebeldes entre la humanidad, separando de ese modo a los que pueden ser salvos de los que no pueden, y aquellos que permanecerán de los que no. Cuando Su obra termine, aquellas personas que permanezcan serán purificadas y gozarán sobre la tierra una segunda vida humana más maravillosa mientras entran en un reino más alto para la humanidad; es decir, entrarán en el día del reposo de la humanidad y vivirán junto con Dios. Después de que aquellos que no pueden permanecer hayan sufrido el castigo y el juicio, sus formas originales se revelarán por completo; después de esto todos serán destruidos y, al igual que Satanás, ya no se les permitirá sobrevivir sobre la tierra. La humanidad del futuro no tendrá ya ninguna de esta clase de gente; esta gente no es apta para entrar a la tierra del último reposo ni tampoco es apta para entrar en el día del reposo que Dios y el hombre compartirán, porque ella es el blanco del castigo, es malvada y no es gente justa. Fue redimida una vez y también fue juzgada y castigada; también le rindió servicio a Dios una vez, pero cuando el día final venga, será eliminada y destruida debido a su propia maldad y debido a su propia desobediencia y condición de no redención. Ya no va a existir en el mundo del futuro y tampoco va a existir entre la raza humana del futuro.

de ‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”

martes, 5 de noviembre de 2019

2. ¿Qué es la encarnación? ¿Cuál es la esencia de la encarnación?

   

¿Qué es la encarnación? ¿Cuál es la esencia de la encarnación?

Versículos bíblicos como referencia:
En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios (Juan 1:1).
Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14).
Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo he estado con vosotros, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que hace las obras. Creedme que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí; y si no, creed por las obras mismas (Juan 14:9-11).
Yo y el Padre somos uno (Juan 10:30).
Palabras relevantes de Dios:
El significado de la encarnación es que Dios aparece en la carne y Él viene a obrar en medio del hombre de Su creación bajo una imagen de carne. Por tanto, para que Dios se encarne, primero debe ser carne, una carne con una humanidad normal; esto, como mínimo, debe ser verdad. De hecho, la implicación de la encarnación de Dios es que Él vive y obra en la carne; Dios se hace carne en Su misma esencia, se hace hombre.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”
El Cristo con humanidad normal es una carne en la que el Espíritu se materializa, que posee una humanidad, un sentido y un pensamiento normales. “Materializarse” significa que Dios se hace hombre, que el Espíritu se hace carne; dicho claramente, es cuando Dios mismo habita en la carne con una humanidad normal y expresa Su obra divina a través de ello. Esto es lo que significa materializarse o encarnarse.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne
El significado de la encarnación es que un hombre ordinario y normal lleve a cabo la obra de Dios mismo; es decir, que Dios lleva a cabo Su obra divina en la humanidad y vence de este modo a Satanás. La encarnación significa que el Espíritu de Dios se hace carne, es decir, que Dios se hace carne; la obra que Él realiza en la carne es la obra del Espíritu, la cual se materializa en la carne y es expresada por la carne. Nadie, excepto la carne de Dios, puede cumplir con el ministerio del Dios encarnado; es decir, que sólo la carne encarnada de Dios, esta humanidad normal —y nadie más— puede expresar la obra divina. Si durante Su primera venida Dios no hubiera tenido una humanidad normal antes de los veintinueve años de edad, si al nacer Él hubiera podido obrar milagros, si nada más aprender a hablar Él hubiera podido hablar el lenguaje del cielo, si al momento en que puso Su pie sobre la tierra por primera vez Él hubiera podido comprender todos los asuntos mundanos, discernir todos los pensamientos y las intenciones de cada persona, entonces no se le habría podido haber llamado un hombre normal y Su carne no podría haberse llamado carne humana. Si este hubiera sido el caso con Cristo, entonces el sentido y la esencia de la encarnación de Dios se habrían perdido. Que poseyera una humanidad normal demuestra que Él era Dios encarnado en la carne; que pasase por un proceso de crecimiento humano normal demuestra aún más que Él era una carne normal y, además, Su obra es prueba suficiente de que Él era la Palabra de Dios, el Espíritu de Dios hecho carne. Dios se hace carne por las necesidades de la obra; en otras palabras, esta etapa de la obra debe hacerse en la carne, en una humanidad normal. Este es el requisito previo para que “el Verbo se haga carne”, para que “la Palabra aparezca en la carne”, y es la verdadera historia detrás de las dos encarnaciones de Dios.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”
Su vida y Su obra encarnadas pueden dividirse en dos etapas. Primero es la vida que vive antes de desempeñar Su ministerio. Él vive en una familia humana ordinaria, en una humanidad totalmente normal, obedeciendo la moral y las leyes normales de la vida humana, con necesidades humanas normales (comida, vestido, refugio, descanso), debilidades humanas normales y emociones humanas normales. En otras palabras, durante esta primera etapa Él vive en una humanidad no divina y completamente normal, y se involucra en todas las actividades humanas normales. La segunda etapa es la vida que vive después de empezar a desarrollar Su ministerio. Sigue morando en la humanidad ordinaria con un caparazón humano normal, sin mostrar señal externa alguna de lo sobrenatural. No obstante, Él vive puramente por el bien de Su ministerio y durante este tiempo Su humanidad normal existe enteramente al servicio de la obra normal de Su divinidad; y es que, para entonces, Su humanidad normal ha madurado hasta el punto de ser capaz de desempeñar Su ministerio. Por tanto, la segunda etapa de Su vida consiste en llevar a cabo Su ministerio en Su humanidad normal; es una vida tanto de humanidad normal como de divinidad completa. La razón por la que durante la primera etapa de Su vida Él vive en una humanidad completamente ordinaria es que Su humanidad no equivale aún a la totalidad de la obra divina, todavía no está madura; sólo después de que Su humanidad madura y es capaz de cargar con Su ministerio, es cuando Él puede ponerse a realizarlo. Como Él, siendo carne, necesita crecer y madurar, la primera etapa de Su vida es la de una humanidad normal, mientras que en la segunda, al ser capaz Su humanidad de acometer Su obra y llevar a cabo Su ministerio, la vida que el Dios encarnado vive durante ese periodo es una tanto de humanidad como de divinidad completa. Si el Dios encarnado hubiera comenzado Su ministerio formal desde el momento de Su nacimiento, realizando señales sobrenaturales y maravillas, entonces Él no tendría una esencia corpórea. Por tanto, Su humanidad existe por el bien de Su esencia corpórea; no puede haber carne sin humanidad y una persona sin humanidad no es un ser humano. De esta forma, la humanidad de la carne de Dios es una propiedad intrínseca de la carne encarnada de Dios. Decir que “cuando Dios se hace carne es totalmente divino, no es en absoluto humano”, es una blasfemia, porque esta es una postura imposible de adoptar y que viola el principio de la encarnación. Incluso después de empezar a llevar a cabo Su ministerio, Su divinidad sigue habitando Su caparazón humano externo cuando Él realiza Su obra; sólo que en ese momento, Su humanidad tiene el único propósito de permitirle a Su divinidad desempeñar la obra en la carne normal. Así pues, el agente de la obra es la divinidad habitando en Su humanidad. Es Su divinidad, no Su humanidad, la que obra, pero es una divinidad escondida dentro de Su humanidad; Su divinidad completa, no Su humanidad, es la que, en esencia, lleva a cabo Su obra. Pero el actor de la obra es Su carne. Se podría decir que Él es un hombre, pero que también es Dios, porque Dios se convierte en un Dios que vive en la carne, con un caparazón y una esencia humanos, pero también con la esencia de Dios.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”
[…] el Hijo del Hombre quien, encarnado, expresaba la divinidad de Dios a través de Su humanidad y le transmitía Su voluntad a la humanidad. A través de la expresión de la voluntad y del carácter de Dios, también le reveló al Dios que no puede verse ni tocarse en la esfera espiritual. Lo que las personas vieron era Dios mismo, tangible y de carne y hueso. Así, el Hijo del Hombre encarnado concretizó y humanizó cosas como la identidad, el estatus, la imagen, el carácter de Dios, y lo que Él tiene y es. Aunque Su aspecto externo tenía algunas limitaciones respecto a la imagen de Dios, Su esencia y lo que Él tiene y es, eran totalmente capaces de representar Su propia identidad y estatus; sencillamente existían algunas diferencias en la forma de expresión. Independientemente de la humanidad del Hijo del Hombre o de Su divinidad, no podemos negar que Él representaba la identidad y el estatus de Dios. Sin embargo, durante este tiempo, Dios obró a través de la carne, habló desde esa perspectiva, y se presentó ante la humanidad con la identidad y el estatus del Hijo del Hombre, y esto les proporcionó a las personas la oportunidad de encontrar y experimentar las palabras y la obra prácticas de Dios en medio de la humanidad. También les permitió tener una perspectiva de Su divinidad y de Su grandeza en medio de la humildad, así como obtener un entendimiento y una definición preliminares de la autenticidad y la realidad de Dios.
de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”
Aunque el aspecto del Dios encarnado sea exactamente igual al de un ser humano, Él aprende el conocimiento humano, habla el lenguaje humano y, en ocasiones, hasta expresa Sus ideas a través de los medios o las expresiones del hombre, Su modo de ver a los seres humanos y la esencia de las cosas es absolutamente distinto a como las personas corruptas ven estas mismas cosas. Su perspectiva y la altura en la que se halla es algo inalcanzable para una persona corrupta. Esto se debe a que Dios es la verdad, Su carne también posee la esencia de Dios, y Sus pensamientos así como lo que expresa Su humanidad también son la verdad. […] Independientemente de lo corriente, normal y humilde que sea la carne del Dios encarnado, o de la cantidad de desprecio con que lo mire la gente, Sus pensamientos y Su actitud hacia la humanidad son cosas que ningún hombre podría poseer ni imitar. Él siempre observará a la humanidad desde la perspectiva de la divinidad, desde la altura de Su posición como Creador. Siempre la contemplará a través de la esencia y de la mentalidad de Dios. No puede verla en absoluto desde la altura de una persona normal ni desde la perspectiva de una corrupta. Cuando las personas miran a la humanidad, lo hacen con una visión humana, y usan cosas como el conocimiento, las normas y las teorías humanos como punto de referencia. Esto se halla dentro del ámbito de lo que las personas pueden ver con sus ojos, de lo que unos seres corruptos pueden lograr. Cuando Dios mira a la humanidad, lo hace con visión divina; usa como medida Su esencia y lo que Él tiene y es. Este ámbito incluye cosas que las personas no pueden ver, y en esto es en lo que Dios encarnado y los humanos corruptos son totalmente diferentes. Esta divergencia viene determinada por la esencia de los seres humanos que es distinta a la de Dios y que determina las identidades y las posiciones, así como la perspectiva y la altura desde la que ven las cosas.
de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”
Al ser un hombre con la esencia de Dios, Él está por encima de cualquiera de los humanos creados y de cualquier hombre que pueda desarrollar la obra de Dios. Por tanto, entre todos los que tienen un caparazón humano como el suyo, entre todos los que poseen humanidad, sólo Él es el Dios mismo encarnado, todos los demás son humanos creados. Aunque todos poseen humanidad, los humanos creados no son sino humanos, mientras que Dios encarnado es diferente. En Su carne, no sólo tiene humanidad sino que, más importante aún, también tiene divinidad. Su humanidad puede verse en la apariencia externa de Su carne y en Su vida cotidiana, pero Su divinidad es difícil de percibir. Como Su divinidad se expresa únicamente cuando Él tiene humanidad y no es tan sobrenatural como las personas lo imaginan, verla es extremadamente difícil para las personas. Incluso hoy es muy difícil que la gente pueda comprender la verdadera esencia del Dios encarnado. De hecho, incluso después de haber hablado tanto sobre ello, supongo que sigue siendo un misterio para la mayoría de vosotros. Este asunto es muy simple: como Dios se hace carne, Su esencia es una combinación de humanidad y divinidad. Esta combinación se llama Dios mismo, Dios mismo en la tierra.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”
El Dios encarnado se llama Cristo y Cristo es la carne que se viste con el Espíritu de Dios. Esta carne es diferente de cualquier hombre que es de la carne. La diferencia es porque Cristo no es de carne y sangre, sino que es la personificación del Espíritu. Tiene tanto una humanidad normal como una divinidad completa. Su divinidad no la posee ningún hombre. Su humanidad normal sustenta todas Sus actividades normales en la carne mientras que Su divinidad lleva a cabo la obra de Dios mismo. Sea Su humanidad o Su divinidad, ambas se someten a la voluntad del Padre celestial. La esencia de Cristo es el Espíritu, es decir, la divinidad. Por lo tanto, Su esencia es la de Dios mismo; esta esencia no interrumpirá Su propia obra y Él no podría hacer nada que destruyera Su propia obra ni tampoco pronunciaría ninguna palabra que fuera en contra de Su propia voluntad. Por lo tanto, el Dios encarnado nunca haría alguna obra que interrumpiera Su propia gestión. Esto es lo que todos los hombres deben entender. La esencia de la obra del Espíritu Santo es salvar al hombre y es por el bien de la propia gestión de Dios. De manera similar, la obra de Cristo es salvar a los hombres, y lo es por causa de la voluntad de Dios. Dado que Dios se hace carne, Él realiza Su esencia dentro de Su carne de tal manera que Su carne es suficiente para emprender Su obra. Por lo tanto, toda la obra del Espíritu de Dios la reemplaza la obra de Cristo durante el tiempo de la encarnación y en el corazón de toda la obra a través del tiempo de la encarnación está la obra de Cristo. No se puede mezclar con la obra de ninguna otra era. Y ya que Dios se hace carne, obra en la identidad de Su carne; ya que viene en la carne, entonces termina en la carne la obra que debía hacer. Ya sea el Espíritu de Dios o Cristo, ambos son Dios mismo y hace la obra que debe hacer y desempeña el ministerio que debe desempeñar.
La esencia de Dios en sí misma ejerce autoridad, pero es capaz de someterse por completo a la autoridad que proviene de Él. Sea la obra del Espíritu o la obra de la carne, ninguna entra en conflicto con la otra. El Espíritu de Dios es la autoridad sobre toda la creación. La carne con la esencia de Dios también posee autoridad, pero Dios en la carne puede hacer toda la obra que obedece la voluntad del Padre celestial. Esto no lo puede alcanzar o concebir ningún hombre. Dios mismo es la autoridad, pero Su carne puede someterse a Su autoridad. Este es el significado interno de las palabras: “Cristo obedece la voluntad de Dios el Padre”. Dios es un Espíritu y puede hacer la obra de salvación, de la misma manera que lo puede hacer Dios hecho hombre. De cualquier manera, Dios mismo hace Su propia obra; Él ni interrumpe ni interfiere, mucho menos lleva a cabo una obra que sea mutuamente contradictoria, porque la esencia de la obra que hace el Espíritu y la carne son iguales. Sea el Espíritu o la carne, ambos obran para cumplir una voluntad y para gestionar la misma obra. Aunque el Espíritu y la carne tienen dos cualidades dispares, sus esencias son las mismas; ambas tienen la esencia de Dios mismo y la identidad de Dios mismo.
de ‘La esencia de Cristo es la obediencia a la voluntad del Padre celestial’ en “La Palabra manifestada en carne”
La carne vestida por el Espíritu de Dios es la propia carne de Dios. El Espíritu de Dios es supremo; Él es todopoderoso, santo y justo. Así, de igual forma, Su carne también es suprema, todopoderosa, santa y justa. Carne como esa sólo es capaz de hacer lo que es justo y beneficioso para la humanidad, lo que es santo, glorioso y poderoso, y es incapaz de hacer cualquier cosa que viole la verdad o la moralidad y la justicia, mucho menos cualquier cosa que traicione al Espíritu de Dios.
de ‘Un problema muy serio: la traición (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”
Esta carne es hombre y también es Dios, es un hombre que posee una humanidad normal y también es Dios que posee una divinidad completa. Y entonces, aunque esta carne no es el Espíritu de Dios, y difiere grandemente del Espíritu, todavía es el mismo Dios encarnado que salva a los hombres, que es el Espíritu y también la carne. No importa cómo se le llame, al final de cuentas es todavía Dios mismo que salva a la humanidad. Porque el Espíritu de Dios es indivisible de la carne y la obra de la carne también es la obra del Espíritu de Dios; es sólo que esta obra no se hace usando la identidad del Espíritu sino que se hace usando la identidad de la carne.
de ‘La humanidad corrupta está más necesitada de la salvación del Dios hecho carne’ en “La Palabra manifestada en carne”

lunes, 30 de septiembre de 2019

Una juventud que no se lamenta

Xiaowen    Ciudad de Chongqing


“‘El amor’ se refiere a una emoción pura e inmaculada, usáis vuestros corazones para amar, sentir y ser considerados. En el amor no hay condiciones, barreras ni distancias. En el amor no hay sospechas, no hay engaños, no hay negociaciones ni especulaciones. En el amor no hay opción ni nada impuro” (‘Amor puro e inmaculado’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Este himno de la palabra de Dios alguna vez me ayudó a sobrellevar el dolor de un largo período de mi vida en prisión que duró siete años y cuatro meses. Aunque el gobierno del Partido Comunista Chino me privó de los años más hermosos de mi juventud, obtuve la verdad más preciada y verdadera de Dios Todopoderoso y, por lo tanto, no tengo quejas ni lamentos.

En 1996, recibí la exaltación de Dios y acepté la salvación de Dios Todopoderoso de los últimos días. Por medio de la lectura de las palabras de Dios y de encuentros de enseñanza, resolví que todo lo que había dicho Dios era la verdad, lo que se contrapone completamente con todo el conocimiento y las teorías de este mundo maligno. La palabra de Dios Todopoderoso es la regla más elevada para la vida. Lo que más me emocionó fue que podía ser simple y abierta y que podía hablar libremente sobre cualquier tema con los hermanos y hermanas. No tuve la mínima necesidad de protegerme contra cuestionamientos o ante las posibles burlas de las personas que interactuaban conmigo. Sentí un consuelo y una felicidad que nunca había sentido antes. Realmente me gustaba esta familia. No obstante, no pasó mucho tiempo hasta que me enteré de que el país no permitía que la gente creyera en Dios Todopoderoso. Esta situación hizo que no supiera qué hacer, porque Su palabra les permitía a las personas adorar a Dios y andar por el camino correcto de la vida. Les permitía a las personas ser sinceras. Si todos creyeran en Dios Todopoderoso, el mundo estaría en paz. Realmente, no lo comprendía: creer en Dios era la tarea más justa. ¿Por qué el gobierno del Partido Comunista quería perseguir y oponerse a quienes creían en Dios Todopoderoso hasta el punto en que arrestaba a Sus creyentes? Pensé: ¡no importa cómo nos persiga el gobierno ni la envergadura de la opinión pública, he decidido que este es el camino correcto de la vida y que por cierto lo transitaré hasta el final!

Después, comencé a hacer mi deber en la iglesia, que consistía en distribuir libros que contenían la palabra de Dios. Sabía que hacer este deber en un país que se resistía a Dios era muy peligroso y que podían arrestarme en cualquier momento. Pero también sabía que, como parte de toda la creación, mi misión en la vida era darlo todo por Dios y hacer mi deber. Era una responsabilidad que no podía eludir. Justo cuando estaba comenzando a cooperar con Dios con confianza, un día de septiembre de 2003, iba camino a entregarles libros de la palabra de Dios a algunos hermanos y hermanas y fui arrestada por personas de la Dirección de Seguridad Nacional de la ciudad.

En la Dirección de Seguridad Nacional, fui interrogada una y otra vez, sin saber qué responder. Con urgencia, clamé a Dios: “Oh, Dios Todopoderoso, te pido que me brindes Tu sabiduría y que me otorgues las palabras que debo decir para no traicionarte y para poder dar testimonio de Ti”. Durante ese lapso, clamaba a Dios a diario, no me atrevía a abandonarlo, sólo le pedía que me otorgara la inteligencia y la sabiduría para poder tratar con la policía malvada. Alabado sea Dios por cuidarme y protegerme; todas las veces que me interrogaban, escupía, o tenía un hipo incesante y no podía hablar. Al ver la obra maravillosa de Dios, resolví firmemente: ¡No diré nada! ¡Pueden llevarse mi cabeza, pueden tomar mi vida, pero de ninguna manera me harán traicionar a Dios! Cuando tomé la determinación de que preferiría arriesgar mi vida antes de traicionar a Dios como lo hizo Judas, Dios me dio “luz verde” en todos los aspectos: cada vez que me interrogaban, Dios me protegía y me permitía atravesar el calvario en paz. Si bien yo no dije nada, el gobierno me acusó de “usar un culto maléfico para destruir la implementación de la ley” ¡y me sentenció a nueve años de prisión! Cuando oí la sentencia del tribunal, no me puse triste gracias a la protección de Dios, ni tampoco les tuve miedo. En cambio, los desprecié. Cuando esas personas pronunciaron la sentencia, dije en voz baja: “¡Esta es la prueba de que el gobierno está contra Dios!”. Posteriormente, los oficiales de seguridad pública vinieron a espiar cuál era mi actitud y yo les dije con calma: “¿qué son nueve años? Cuando llegue el momento de salir en libertad, seguiré siendo miembro de la Iglesia de Dios Todopoderoso; si no me creéis, ¡esperad y veréis! ¡Pero debéis recordar que este caso estuvo una vez en vuestras manos!”. Mi actitud realmente los sorprendió. Levantaron sus pulgares y dijeron repetidas veces: “¡Cuán admirable! ¡Eres más la Hermana Jiang que la propia Hermana Jiang! ¡Cuando salgas en libertad, nos volveremos a encontrar y tú serás nuestra invitada!”. En ese momento, sentí que Dios había obtenido la gloria y mi corazón se alegró. Cuando fui sentenciada, sólo tenía treinta y un años.

Las cárceles de China son el infierno en la tierra, y la vida de muchos años en prisión me hizo ver, en su totalidad, la falta de humanidad de Satanás y su esencia diabólica que se ha convertido en enemiga de Dios. La policía china no sigue la norma de la ley, sino la de la maldad. En la prisión, la policía no trata personalmente con las personas, sino que incita a los prisioneros a la violencia hacia los demás reclusos. La policía malvada también utiliza todo tipo de métodos para reprimir los pensamientos de las personas; por ejemplo, cada persona que ingresa debe vestir los mismos uniformes de prisionero con un número de serie especial, debe cortarse el cabello de acuerdo a los requisitos de la cárcel, debe usar zapatos aprobados por la prisión, debe caminar a lo largo de los senderos permitidos por ellos y debe marchar al ritmo que le ordenan. Ya fuera primavera, verano, otoño o invierno, si llovía o estaba soleado, o si era un día sumamente frío, todos los prisioneros debían hacer tal como se les ordenaba sin poder elegir. Cada día, se nos exigía que nos reuniéramos durante por lo menos quince veces para contarnos y cantar cinco veces alabanzas al gobierno comunista. También teníamos tareas políticas, es decir, nos hacían estudiar las leyes de la prisión y la Constitución, y teníamos que dar un examen cada seis meses. El objetivo era lavarnos el cerebro. También comprobaban de manera aleatoria nuestro conocimiento de las disciplinas y las normas de la prisión. La policía carcelaria no sólo nos perseguía mentalmente, sino que también nos atacaba físicamente de manera salvaje con una total falta de humanidad. Tenía que hacer trabajos forzados durante más de diez horas por día, en medio de una multitud de varios cientos de otras personas en una fábrica angosta realizando labores manuales. Puesto que había tanta gente en un espacio tan pequeño, y debido a que el fuerte ruido de la maquinaria se oía en todas partes, sin importar cuán sana estaba una persona, sus cuerpos sufrían graves discapacidades si permanecían allí durante un tiempo. Detrás de mí había una máquina de hacer ojales y todos los días funcionaba sin cesar. El sonido retumbante que transmitía era insoportable y al cabo de varios años, sufrí una seria pérdida de la audición. Incluso hasta ahora no me he recuperado. Lo que era aún más dañino era el polvo y la contaminación en la fábrica. Luego de ser examinadas, se descubrió que muchas personas habían contraído tuberculosis y faringitis. Además, debido a los largos períodos en que permanecíamos sentadas allí haciendo trabajos manuales, era imposible salir y muchas personas presentaron casos serios de hemorroides. El gobierno del Partido Comunista trataba a los prisioneros como máquinas para fabricar dinero. No tenían el mínimo interés por si alguien vivía o moría. Hacían que la gente trabajara desde temprano en la mañana hasta tarde por la noche. Yo estaba con frecuencia tan agotada que mi físico no daba más. Y no era solamente eso. También debía exponerme a todo tipo de exámenes aleatorios además de mis tareas políticas semanales, mi trabajo manual, mis tareas públicas, etc. Por lo tanto, cada día sentía un elevado grado de ansiedad. Mi estado mental era el de estar constantemente bajo tensión, y me sentía sumamente nerviosa, tanto que no podía ponerme al día si me atrasaba, y entonces la policía carcelaria me castigaba. En ese tipo de ambiente, llegar al fin del día sana y salva no era algo fácil de lograr.

Cuando acababa de comenzar a cumplir mi sentencia, no podía manejar este tipo de trato cruel y devastador por parte de la policía de la prisión. Todo tipo de trabajo manual intenso y de presión ideológica hacía que me costara respirar, sin mencionar que tenía que tener todo tipo de contacto con las prisioneras. También debía soportar el mal trato y los insultos de la diabólica policía de la prisión y de las prisioneras… Con frecuencia me persiguieron y me pusieron entre la espada y la pared. Varias veces, me hundí en la desesperación, especialmente cuando pensaba en cuán larga era mi sentencia de nueve años. Sentí una gran desolación y un enorme desamparo y no sabía cuántas veces había llorado, hasta el punto en que pensé en el suicidio para liberarme del dolor que sentía. Cada vez que me hundía en una angustia terrible y no podía brindarme apoyo a mí misma, oraba y clamaba a Dios con urgencia y Dios me esclarecía y me guiaba: “No puedes morir aún. Debes apretar los puños y continuar viviendo resueltamente; debes vivir una vida para Dios. Cuando las personas poseen la verdad en ellas tienen esta resolución y nunca más desean morir; cuando la muerte te amenace, dirás: ‘Oh Dios, no estoy dispuesto a morir; sigo sin conocerte. Aún no he devuelto Tu amor. […] Debo dar buen testimonio de Dios. Debo devolver Su amor. Después de eso, no importa cómo muera. Entonces habré vivido una vida satisfactoria. Independientemente de quién más esté muriendo, no moriré ahora; debo seguir viviendo con tenacidad’” (‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Las palabras de Dios fueron como la tierna y agradable visión de mi madre aplacando mi solitario corazón. También fueron como mi padre usando ambas manos para suave y delicadamente secar las lágrimas de mi rostro. De inmediato, sentí una corriente cálida y un poder que recorría mi corazón. Aunque estaba sufriendo físicamente en la prisión oscura, intentar suicidarme no era la voluntad de Dios. No iba a poder dar testimonio de Él y hubiera formado parte de los chistes de Satanás. Sería un testimonio si lograba salir viva de esta prisión demoníaca al cabo de nueve años. Las palabras de Dios me dieron la valentía para seguir con vida y tomé una determinación en mi corazón: sin importar qué dificultades me esperen en el futuro, seguiré viviendo diligentemente, viviré con valentía y fuerza y por cierto daré testimonio para la satisfacción de Dios.

Año tras año, la sobrecarga de trabajo hizo que mi cuerpo se debilitara progresivamente. Después de estar sentada durante largos períodos en la fábrica comencé a transpirar profusamente y mis hemorroides sangraban volviéndose cada vez más severas. Debido a mi anemia grave, me mareaba con frecuencia. Pero en la prisión, consultar al médico no era algo sencillo. Si la policía carcelaria estaba de buen humor, me daban algún medicamento barato. Si no lo estaba, decían que estaba simulando estar enferma para no trabajar. Tuve que soportar el tormento de esta enfermedad y tragarme las lágrimas. Después de un día de trabajo, terminaba completamente exhausta. Arrastraba mi cuerpo agotado a mi celda y quería descansar un poco, pero no podía conciliar el sueño: o me llamaba la policía de la prisión en medio de la noche o bien me despertaba el ruido tremendo que hacían… Con frecuencia se divertían conmigo y sufría más allá de las palabras. Además, debía tolerar un tratamiento inhumano por parte de la policía carcelaria. Era como una refugiada que dormía en el piso o en los corredores, o incluso cerca del baño. La ropa que lavaba no se secaba, sino que se juntaba con las otras prisioneras para secarse. Lavar ropa en invierno era especialmente frustrante y muchas personas sufrían de artritis por usar ropa húmeda durante períodos prolongados. En la prisión, no se requería demasiado tiempo para que las personas sanas se volvieran apagadas y lentas, físicamente débiles o enfermas. Con frecuencia comíamos verduras viejas y secas de fuera de temporada. Si uno quería comer algo mejor, debía comprar alimentos caros en la prisión. Aunque a las personas se les hacía estudiar leyes en la cárcel, allí la ley no existía. La policía de la prisión era la ley y si alguien hacía algo que no les gustaba, encontraban un motivo para castigarla, incluso hasta el punto de que podían hacerlo sin motivo alguno. Aún más despreciable era el hecho de que consideraban que los creyentes en Dios Todopoderoso eran delincuentes políticos, y decían que nuestros delitos eran más graves que el homicidio y el incendio intencional. Por lo tanto, me odiaban particularmente, me controlaban estrictamente, y me perseguían con mayor salvajismo. ¡Este tipo de comportamiento maligno es una prueba férrea de la conducta perversa de los dictadores, de su oposición al Cielo, y de su enemistad con Dios! Habiendo soportado el tormento cruel de la prisión, mi corazón a menudo se llenaba de una indignación justa: ¿Qué ley viola el hecho de creer y adorar a Dios? ¿Qué delito consiste en seguir a Dios y andar por el sendero correcto de la vida? Los seres humanos fueron creados por las manos de Dios y creer en Dios y adorarlo es la ley del cielo y de la tierra; ¿qué motivo tiene el gobierno del Partido Comunista para reprimirlos y perseguirlos violentamente? Claramente se debe a su conducta perversa y a su oposición al Cielo. Se está oponiendo a Dios en todos los aspectos, les pone una etiqueta de reaccionarios a los creyentes en Dios Todopoderoso y nos persigue y devasta severamente. Intenta eliminar a todos los creyentes en Dios Todopoderoso de un plumazo. ¿No es esto cambiar negro por blanco y ser profundamente reaccionario? Se resiste frenéticamente al Cielo y es hostil con Dios: ¡al final deberá sufrir el justo castigo de Dios! En todas partes donde hay corrupción, debe haber juicio: en todas partes donde hay pecado, debe haber castigo. Esta es la ley predestinada del cielo, nadie puede escapar a ella. Los maléficos crímenes del gobierno del Partido Comunista han llegado hasta el cielo, y ellos sufrirán la destrucción de Dios. Tal como dijo Dios: “Hace mucho que Dios aborrece a esta oscura sociedad con todas Sus fuerzas. Rechina los dientes, desesperado por plantar Sus pies sobre esta perversa y odiosa serpiente antigua, para que nunca más se levante y no vuelva a maltratar más al hombre. No disculpará sus actos del pasado, no tolerará que engañe al hombre, ajustará cuentas por cada uno de sus pecados a lo largo de los siglos; Dios no será benévolo en lo más mínimo hacia este cabecilla de todo mal;[1] lo destruirá por completo” (‘Obra y entrada (8)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En esta prisión demoníaca, yo era menos que un perro vagabundo ante los ojos de la malvada policía; no sólo me golpeaban y me reprimían, sino que con frecuencia y repentinamente entraban a empujones y deshacían mi cama y desordenaban todas mis pertenencias. Además, cada vez que sucedía algún tipo de revuelta en el mundo exterior, la gente de la prisión a cargo de los asuntos políticos me buscaba y trataba de averiguar mis opiniones respecto de estos eventos y me gritaba constantemente por qué caminaba por el sendero de creer en Dios. Cada vez que me sometía a este tipo de interrogatorio, tenía el corazón en la boca, porque no sabía qué plan malvado tenían en mente para mí. Mi corazón siempre le oraba con urgencia a Dios y yo lloraba pidiéndole ayuda y guía para atravesar esta crisis. Día tras día, año tras año, el maltrato, la explotación y la represión me atormentaron con un sufrimiento indescriptible: cada día estaba sobrecargada de trabajo manual y de responsabilidades políticas aburridas y tediosas. También me atormentaba mi enfermedad, y, para colmo, estaba deprimida mentalmente. Esto me llevó al borde del colapso. Especialmente cuando vi a una prisionera de mediana edad que se colgó de la ventana en medio de la noche porque ya no podía soportar el tormento inhumano de la malvada policía, y a otra prisionera morir debido a la demora en el tratamiento de su enfermedad. Entonces me hundí en la misma asfixiante situación desesperada y nuevamente comencé a pensar en el suicidio. Creía que la muerte era el mejor alivio. Pero sabía que eso sería traicionar a Dios y que no podía hacerlo. No tenía otra opción que soportar todo el dolor y someterme a los designios de Dios. Pero tan pronto como pensaba en mi larga sentencia, y me daba cuenta de cuánto faltaba para quedar libre, sentía que no había palabras que pudieran describir mi dolor y mi desesperación. Pensaba que no podía continuar soportando eso y que no sabía cuánto más podría seguir así. ¿Cuántas veces más podría no hacer otra cosa que cubrirme con mi cobija al caer la noche y llorar, orando y suplicándole a Dios Todopoderoso, contándole acerca de todo el pesar que había en mi mente? En el momento de mi mayor dolor y desamparo, pensé: estoy sufriendo hoy para poder separarme de la corrupción y recibir la salvación de Dios. Estas dificultades son lo que debo padecer, y lo que tengo que sufrir. Tan pronto como pensé en esto, ya no sentí más amargura; en cambio, sentí que estaba obligada a estar presa debido a mi creencia en Dios, y que sufrir dificultades para ir en busca de la salvación era lo que tenía mayor valor y relevancia; ¡que este sufrimiento era muy valioso! Inesperadamente, la angustia de mi corazón se transformó en gozo y no pude contener mis emociones: comencé a canturrear un himno de experiencia que era conocido para mi corazón llamado “No vivir en vano”: “no vivir en vano, a pesar de las dificultades, hay un significado; no vivir en vano, no retrocederé ante las dificultades; no vivir en vano, obtenemos oportunidades para conocer a Dios; no vivir en vano, nos entregamos por el Dios Altísimo. ¿Quién es más bendecido que nosotros? ¿Quién es más afortunado que nosotros? Lo que Dios nos ha dado supera a todas las generaciones pasadas; debemos vivir para Dios, debemos devolverle Su gran amor”. Repetí el himno en mi corazón, y cuanto más lo cantaba, más me alentaba; cuanto más lo cantaba, más poder y gozo sentía. No pude evitar hacer un juramento ante la presencia de Dios: “Oh, Dios Todopoderoso, te agradezco por Tu consuelo y Tu aliento que me ha hecho, una vez más, tener la fe y la valentía para seguir viviendo. Tú me has permitido sentir que de hecho eres el Señor y el poder de mi vida. Aunque estoy presa en este agujero del infierno, no estoy sola, porque siempre has estado conmigo en todos estos días oscuros; Tú me has dado fe una y otra vez y me has brindado la motivación para continuar. Oh Dios, si algún día puedo salir de aquí y vivir en libertad, haré mis tareas y ya no lastimaré Tu corazón ni haré planes para mí misma. ¡Oh Dios, sin importar cuán arduos o difíciles sean los días por venir, estoy dispuesta a confiar en Ti para seguir viviendo con fortaleza!”.

En prisión, recordaba con frecuencia los días que pasé con mis hermanos y hermanas, ¡había sido una época tan hermosa! Todos vitoreaban y reían, y también teníamos discusiones, pero todas se convirtieron en buenos recuerdos. Cada vez que pensaba en las épocas en que hacía mis deberes con indiferencia, me sentía sumamente culpable y en deuda. Pensaba en las discusiones que tuve con los hermanos y hermanas debido a mi carácter arrogante. Me sentía especialmente incómoda y llena de remordimientos. Cada vez que sucedía esto, rompía en llanto y cantaba en silencio dentro de mi corazón un himno que me era conocido. “Lamento verdaderamente cuántos buenos momentos se perdieron, el tiempo se fue y no volverá, todo lo que queda es remordimiento. […] Compensaré mis fallas del pasado, llena de fe y lista para comenzar de nuevo; Dios me concede oportunidades y me vuelve a perdonar. Estoy dispuesta a optar de nuevo. Valorar el hoy, sacrificarlo todo, satisfaré a Dios por última vez. Dios está ansioso. Dios está esperando, no puedo volver a fallar a Dios” (‘Me arrepiento de verdad’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). En mi dolor y auto-culpa, con frecuencia oré a Dios en mi corazón: “¡Oh Dios! Realmente no estuve muchas veces a Tu altura; si me lo permites, estoy dispuesta a buscar amarte. ¡Cuando salga en libertad, seguiré deseando hacer mis deberes y querré comenzar de nuevo! ¡Compensaré mis faltas del pasado!”. Durante el tiempo que estuve en prisión, extrañé en especial a aquellos hermanos y hermanas con los que estuve en contacto mañana y noche. Realmente quería verlos, pero en esta cárcel demoníaca en la que me mantenían cautiva, este deseo era un imposible. Sin embargo, con frecuencia los veía en sueños. Soñaba que estábamos leyendo juntos la palabra de Dios y comunicando la verdad juntos. Éramos felices y estábamos contentos.

Durante el gran terremoto de Wenchuan de 2008, la prisión en la que estábamos encerradas fue sacudida y yo fui la última persona en ser evacuada. En esos días hubo réplicas continuas. Tanto las prisioneras como la policía carcelaria estaban tan alarmadas y ansiosas que no daban más. Pero mi corazón estaba especialmente imperturbable y firme, porque sabía que esta era la palabra de Dios cumplida, era la llegada de la ira feroz de Dios. Durante ese terremoto, que fue el único en cien años, la palabra de Dios protegió mi corazón. Creo que la vida y la muerte del hombre están en manos de Dios. Independientemente de cómo lo hace Dios, estoy dispuesta a someterme a Sus designios. Sin embargo, lo único que me entristecía era que si moría, ya no iba a tener la oportunidad de hacer mi deber para el Señor de las creaciones, que ya no iba a tener la oportunidad de devolverle amor a Dios, y que ya no podría ver a mis hermanos y hermanas. Pero, mi ansiedad era superflua; Dios estaba siempre conmigo y me daba la máxima protección, ¡la que me permitió sobrevivir al terremoto y atravesarlo en paz!

En enero de 2011, fui liberada antes de cumplir mi sentencia, lo que significó el fin de mi vida de esclavitud en la cárcel. Al obtener mi libertad, me sentí profundamente emocionada: ¡puedo regresar a la iglesia! ¡Puedo estar con mis hermanos y mis hermanas! No había palabras para describir mi espíritu y mis emociones. Lo que no esperaba era que después de regresar a casa, mi hija me ignorara y que mi familia y mis amigos me miraran de modo peculiar. Todos se alejaron de mí y no interactuaban conmigo. Las personas que me rodeaban no me comprendían ni me aceptaban. En ese momento, aunque ya no estaba en prisión, maltratada y atormentada, las miradas frías, las expresiones de desdén y el abandono me resultaban difíciles de soportar. Me volví débil y negativa. No pude evitar recordar los días pasados y reflexionar sobre ellos: cuando sucedió el hecho, tenía solamente treinta y un años. Cuando salí de la cárcel habían transcurrido ocho inviernos y siete veranos. ¿Cuántas veces en mi soledad y desamparo Dios había arreglado a las personas, los asuntos y las cosas para que me ayudaran? ¿Cuántas veces en mi dolor y mi desesperación me consolaron las palabras de Dios? ¿Cuántas veces, cuando quería morir, Dios me otorgó el poder para tener la valentía de seguir viviendo?… Durante esos largos y penosos años, fue Dios el que me condujo paso a paso fuera del valle de sombra de muerte para seguir viviendo con tenacidad. Al enfrentar ahora este momento difícil, me volví negativa y débil y entristecía Dios. ¡Era una persona cobarde e incompetente que había mordido la mano de quién me daba de comer! Al pensar en esto, mi corazón fue firmemente condenado. No pude evitar pensar en el juramento que había hecho a Dios mientras estaba en prisión: “si algún día puedo salir de aquí y vivir en libertad, haré mis tareas y ya no lastimaré el corazón de Dios ni haré planes para mí misma”. Medité sobre este juramento y reflexioné sobre la circunstancia en la que me encontraba cuando presté este juramento a Dios. Las lágrimas nublaron mis ojos y lentamente canté un himno de la palabra de Dios: “‘He ido en busca de Dios y lo he seguido por mi propia voluntad. Ahora, si Dios desea expulsarme, de todos modos lo seguiré. Independientemente de que Dios me quiera o no, aún buscaré amarlo; al final deberé obtenerlo y ofrecer la energía de mi vida a Dios. Deseo que la voluntad de Dios triunfe, deseo ofrecer mi corazón a Dios. Sin importar qué haga Él, lo seguiré toda mi vida y nunca cejaré hasta que obtenga a Dios’. Si quieres mantenerte firme en el futuro, y poner todo de tu parte para satisfacer a Dios, y poder seguirlo hasta el final del camino, debes crear ahora una base firme, debes poner en práctica la verdad en todo para satisfacer a Dios y ser considerado con el corazón de Dios. Al poner en práctica continuamente de esta manera, habrá un fundamento interior; Dios provocará tu corazón para que lo ames. Un día, cuando se produzcan las pruebas, podrías aceptar algunas dificultades, podrías sentirte acongojado hasta cierto punto, y podrías experimentar angustia y pesar. Querrás dar la vida en aras de amar a Dios; sin importar a qué pruebas te someta Él, no considerarás tu propia vida, estarás dispuesto a dejar todo de lado por Dios, y a soportar todo por Él” (‘Nunca me rendiré hasta obtener a Dios’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”).

Luego de un período de devociones espirituales y de adaptación, rápidamente salí de mi estado de negatividad bajo el esclarecimiento de Dios y volví a hacer mis deberes.

Si bien los mejores años de mi juventud los pasé en prisión, durante esos siete años y cuatro meses sufrí mucho debido a mi creencia en Dios. Pero no tengo quejas ni lamentos, porque comprendo algo de la verdad y he experimentado el amor de Dios. Siento que hay un significado y valor en mi sufrimiento, que esta es una excepción de exaltación y gracia que Dios ha hecho por mí. ¡Este es mi privilegio! Aunque mi familia y mis amigos no me comprendan, e incluso mi hija me ignore, ninguna persona, ningún asunto ni cosa podrá separarme de mi relación con Dios. Incluso si muero, no podré abandonar a Dios.

Amor puro e inmaculado es el himno que más me gustaba cantar en la cárcel. ¡Ahora, quiero usar mis acciones reales para ofrecer el amor más puro a Dios!