domingo, 24 de junio de 2018

La diferencia esencial entre el Dios encarnado y la gente que Dios usa

    Durante muchos años el Espíritu de Dios ha estado buscando sin parar mientras Él lleva a cabo Su obra en la tierra. A través de las edades Dios ha usado a muchísima gente para realizar Su obra. Sin embargo, el Espíritu de Dios todavía no tiene un lugar de descanso adecuado. Así que Dios se mueve a través de diferentes personas al hacer Su obra y en buena parte usa a la gente para llevarla a cabo. Es decir, en todos estos años, la obra de Dios nunca se ha detenido. Continúa llevándose adelante en el hombre de forma continua hasta nuestros días. Aunque Dios ha dicho mucho y hecho mucho, el hombre todavía no conoce a Dios, debido a que Dios nunca se le ha aparecido al hombre, ya que Él no tiene forma. Así que Dios tiene que llevar a cabo esta obra, haciendo que todos los hombres conozcan el significado práctico del Dios práctico. Para este propósito, Dios debe mostrar Su Espíritu a la gente de manera tangible y trabajar en medio de ellos. Sólo cuando el Espíritu de Dios asume forma física, cobra carne y hueso, y camina visiblemente entre la gente, acompañándolos en sus vidas, a veces mostrándose y a veces escondiéndose, que la gente es capaz de entenderlo a profundidad. De Dios haberse mantenido siempre en la carne, no habría podido completar Su obra a cabalidad. Después de trabajar en la carne por un período de tiempo, llevando a cabo el ministerio que requiere ser cumplido en la carne, Dios debe abandonar la carne y trabajar en el ámbito espiritual en la imagen de la carne, tal como Jesús lo hizo después de trabajar durante un período de tiempo en humanidad normal y completar todo el trabajo que Él tenía que completar. Vosotros podréis recordar esto de “La senda… (5)”: “Recuerdo a Mi padre que me decía: ‘En la tierra, sólo lleva a cabo Mi voluntad y completa Mi mandato. Nada más es de tu incumbencia’”. ¿Qué veis en este pasaje? Cuando Dios viene a la tierra, Él sólo lleva a cabo el trabajo de la divinidad. Esta es la comisión del Espíritu celestial para el Dios encarnado. Él ha venido solamente para ir a todas partes y hablar, para emitir Su voz usando diferentes métodos y desde diferentes perspectivas. Sus principales objetivos de trabajo son el proveer para el hombre, y enseñarle. Él no se preocupa por cosas tales como relaciones interpersonales u otros detalles referidos a la vida de las personas. Su ministerio principal es hablar por el Espíritu. Cuando el Espíritu de Dios aparece en la carne de manera tangible, Él sólo provee para la vida del hombre y emite la verdad. Él no se involucra en el trabajo del hombre, es decir, que no participa en la obra de la humanidad. Los seres humanos no pueden realizar ninguna obra divina, y Dios no participa en la obra humana. En todos los años desde que Dios vino a esta tierra a llevar a cabo Su obra, Él siempre ha utilizado a la gente para llevar a cabo Su obra. Pero estas personas no pueden ser consideradas Dios encarnado; sólo pueden ser consideradas personas utilizadas por Dios. Pero el Dios de hoy puede hablar directamente desde la perspectiva de la divinidad, enviar la voz del Espíritu, y trabajar en nombre del Espíritu. Todas esas personas a las que Dios ha usado a través de las eras, igualmente son ejemplos del Espíritu de Dios obrando en un cuerpo carnal, así que, ¿por qué no pueden ser llamados Dios? El Dios de hoy es el Espíritu de Dios trabajando directamente en la carne, y Jesús también fue el Espíritu de Dios trabajando en la carne. Estos dos últimos son llamados Dios. Entonces, ¿cuál es la diferencia? A través del tiempo, todas las personas a las que Dios ha usado poseen pensamiento y razonamiento normal. Todos ellos saben cómo comportarse y manejar los asuntos de la vida. Todos poseen una noción humana normal y tienen todas las cosas que las personas normales deberían tener. La mayoría de ellos tienen un talento excepcional y una inteligencia innata. Al trabajar a través de estas personas, el Espíritu de Dios aprovecha sus talentos, los cuales son sus dones dados por Dios. Es el Espíritu de Dios el que hace entrar en juego sus talentos, utilizando sus fortalezas para prestar servicio a Dios. Sin embargo, la esencia de Dios está libre de noción y libre de pensamiento. No incorpora las ideas humanas e incluso carece de lo que normalmente los seres humanos tienen. Es decir, Él ni siquiera está familiarizado con los principios de la conducta humana. Así es como son las cosas cuando el Dios de hoy viene a la tierra. Él trabaja y habla sin incorporar las ideas humanas o el pensamiento humano, sino que revela directamente las intenciones originales del Espíritu y trabaja directamente en nombre de Dios. Esto significa que el Espíritu se presenta a trabajar, sin incorporar en lo más mínimo las ideas del hombre. Es decir, el Dios encarnado personifica directamente la divinidad, no posee pensamiento o noción del hombre, y no tiene ninguna comprensión de los principios de la conducta humana. Si sólo se tratara de una obra divina (es decir, si no fuera más que Dios mismo haciendo el trabajo), la obra de Dios no se podría llevar a cabo en la tierra. Así que cuando Dios viene a la tierra, Él tiene que tener unas cuantas personas que utiliza para llevar a cabo Su trabajo en la humanidad, conjuntamente con Su obra en la divinidad. En otras palabras, Él usa el trabajo humano para apoyar Su obra divina. De lo contrario, el hombre sería incapaz de entrar en contacto directo con la obra divina. Así fueron las cosas con Jesús y Sus discípulos. Durante Su vida, Jesús abolió las leyes antiguas y estableció nuevos mandamientos. También habló mucho. Todo esto se hizo en la divinidad. Sus discípulos, como Pedro, Pablo y Juan, apoyaron su trabajo subsecuente sobre las palabras de Jesús como su fundamento. Es decir, que Dios estaba lanzando Su trabajo en esa época, marcando el comienzo de la Era de la Gracia. Él trajo una nueva era, aboliendo la vieja, e hizo que las palabras “Dios es el principio y el fin” se hicieran realidad. En otras palabras, el hombre tiene que llevar a cabo el trabajo humano fundamentado sobre la obra divina. Después de que Jesús dijo todo lo que tenía que decir y terminó Su trabajo en la tierra, Él dejó al hombre. Y las personas que vinieron tras Él trabajaron de acuerdo con los principios emitidos por Sus palabras y practicaron de acuerdo con las verdades que habló. Todas estas fueron personas que trabajaron para Jesús. Si Jesús hubiese estado haciendo el trabajo Él solo, no importa cuánto hablara, la gente todavía no sería capaz de ponerse en contacto con Su palabra, porque Él trabajaría en la divinidad y sólo podría hablar un discurso divino. Era imposible para Él explicar las cosas de manera tal que la gente normal entendiera Su palabra. Así que Él tuvo que tener a los apóstoles y profetas que vinieron después de Él para complementar Su trabajo. Este es el principio de cómo funciona el Dios encarnado, usando la carne encarnada para hablar y actuar con el fin de completar la obra de la divinidad, y luego usando unas pocas personas o más, que fueran conformes con el corazón de Dios para complementar el trabajo de Dios. Es decir, Dios usa a gente que se conforma a Su corazón para que pastoreen y den agua a la humanidad a fin de que cada persona pueda recibir la verdad.

    Si Dios sólo viene en carne y lleva a cabo el trabajo de la divinidad sin tener unas cuantas personas adicionales conformes al corazón de Dios cooperando con Él, entonces el hombre sería incapaz de comprender la voluntad de Dios y no podría estar en contacto con Dios. Dios tiene que usar a las personas normales que sean conformes a Su corazón para completar esta obra, para cuidar y pastorear iglesias, para que el pensamiento y el cerebro del hombre sean capaces de imaginar la obra de Dios. En otras palabras, Dios usa unas cuantas personas que son conformes a Su corazón para “traducir” Su trabajo en la divinidad, para revelarlo, es decir, para transformar el lenguaje divino en lenguaje humano, para que toda la gente pueda comprenderlo, para que todos lo entiendan. Si Dios no lo hiciera de esta manera, nadie podría entender el lenguaje divino de Dios, debido a que el número de personas conformes al corazón de Dios, después de todo, es bajo, y la capacidad del hombre para comprender es débil. Es por eso que Dios elige este método cuando Él trabaja a través de la encarnación. Si sólo hubiese obra divina, el hombre sería incapaz de conocer a Dios o de estar en contacto con Dios, porque el hombre no entiende el lenguaje de Dios. El hombre es capaz de entender este lenguaje sólo a través del uso de las personas que son conformes al corazón de Dios y que son capaces de aclarar Sus palabras. Sin embargo, si sólo este tipo de personas estuviesen trabajando en la humanidad, sólo serían capaces de mantener la vida normal del hombre; no serían capaces de transformar el carácter del hombre. La obra de Dios no sería capaz de tener un nuevo comienzo; sólo persistirían las mismas viejas canciones, los mismos viejos clichés. Es sólo por medio del Dios encarnado, diciendo todo lo que necesita ser dicho y haciendo todo lo que necesita ser hecho a nivel de la carne, y la gente que lo sigue trabajando y experimentando de acuerdo a Sus palabras, que su carácter de vida será capaz de cambiar y serán capaces de transitar con los tiempos. El que trabaja en la divinidad representa a Dios, mientras que los que trabajan en la humanidad son personas usadas ​​por Dios. Es decir, el Dios encarnado es esencialmente diferente de la gente utilizada por Dios. El Dios encarnado puede hacer la obra de la divinidad, pero la gente utilizada por Dios no puede. Al inicio de cada era, el Espíritu de Dios habla personalmente para iniciar la nueva era y llevar al hombre a un nuevo comienzo. Cuando termina de hablar, significa que la obra de Dios en la divinidad ha sido hecha. A partir de entonces, toda la gente sigue el ejemplo de los que son usados por Dios para entrar en la experiencia de vida. Del mismo modo, en esta etapa Dios lleva al hombre a la nueva era y da a cada uno un nuevo comienzo. Con esto, la obra de Dios en la carne concluye.

    Dios no viene a la tierra para perfeccionar Su humanidad normal. Él no viene a hacer el trabajo de la humanidad normal, sino sólo para llevar a cabo el trabajo de la divinidad dentro de la humanidad normal. Lo que Dios considera humanidad normal no es lo que el hombre se imagina. El hombre define la “humanidad normal” como tener una esposa o un esposo, hijos e hijas. Estas son pruebas de que alguien es una persona normal. Pero Dios no lo ve de esta manera. Él concibe la humanidad normal como tener pensamientos humanos y vidas normales y haber nacido de gente normal. Pero su normalidad no incluye tener una esposa o un marido, e hijos, tal y como el hombre entiende la normalidad. Es decir, para el hombre, la humanidad normal de la que Dios habla se refiere a lo que el hombre podría considerar ausencia de humanidad, casi carente de sentimientos y supuestamente libre de necesidades carnales, al igual que Jesús, quien sólo tenía el exterior de una persona normal y que asumió la apariencia de una persona corriente, pero en esencia no poseía enteramente lo que una persona normal posee. De aquí se puede ver que la esencia del Dios encarnado no abarca la totalidad de la humanidad normal, sino sólo una parte de las cosas que las personas deberían tener para mantener las normas de la vida humana normal y el sentido humano normal. Pero estas cosas no tienen nada que ver con lo que el hombre considera humanidad normal. Ellas son lo que el Dios encarnado debe poseer. Algunas personas dicen, sin embargo, que puede decirse que Dios encarnado posee una humanidad normal sólo si tiene una esposa, hijos e hijas, una familia. Sin estas cosas, dicen ellos, Él no es una persona normal. Entonces te pregunto, ¿tiene Dios una esposa? ¿Es posible que Dios tenga un marido? ¿Puede Dios tener hijos? ¿Acaso no son estas falacias? Sin embargo, el Dios encarnado no puede surgir de grietas entre las rocas o caer desde el cielo. Él sólo puede nacer en una familia humana normal. Es por eso que Él tiene padres y hermanas. Estas son las cosas que la humanidad normal del Dios encarnado debe tener. Este fue el caso con Jesús. Jesús tuvo un padre, una madre, hermanas y hermanos. Todo esto fue normal. Pero si Él hubiese tenido una esposa, hijos e hijas, entonces Su humanidad normal no hubiese sido la que Dios quería en el Dios encarnado. De haber sido así, Él no habría sido capaz de representar la divinidad en Su obra. Fue porque no tuvo una esposa o hijos, sino que nació de gente normal en una familia normal, que Él pudo llevar a cabo el trabajo de la divinidad. Para aclarar, lo que Dios considera una persona normal es una persona nacida en una familia normal. Sólo una persona como esta está calificada para realizar una obra divina. Si, por otra parte, una persona tiene una esposa, hijos, o un marido, esta persona no sería capaz de hacer el trabajo divino porque poseería solamente la humanidad normal que los seres humanos requieren, pero no la humanidad normal que Dios requiere. Lo que Dios considera ser y lo que las personas entienden, a menudo son enormemente diferentes y se encuentran a leguas de distancia. En esta etapa de la obra de Dios, hay muchas cosas que van en contra y que difieren enormemente de las nociones de la gente. Se puede decir que esta etapa de la obra de Dios consiste por completo de que la divinidad obre activamente, con la humanidad jugando un rol de apoyo. Debido a que Dios viene a la tierra para llevar a cabo Su obra por sí mismo, en vez de permitir al hombre que le eche mano a ella, es la razón por la cual Él se encarna en la carne (en una persona normal incompleta) para llevar a cabo Su obra. Él usa esta encarnación para presentar a la humanidad una era nueva, para hablarle a la humanidad sobre el siguiente paso de Su obra, a fin de que ellos puedan actuar de acuerdo al camino descrito por Su palabra. Con eso, Dios concluye Su obra en la carne. Él necesita dejar la humanidad, y ya no seguir habitando en la carne de la humanidad normal, sino más bien alejándose del hombre para realizar otra parte de Su obra. Luego Él utiliza a los hombres que son conformes a Su corazón para continuar Su trabajo en la tierra entre este grupo de personas, pero en la humanidad.

    El Dios encarnado no puede permanecer con el hombre para siempre, porque Dios tiene mucho más trabajo por hacer. Él no puede estar sujeto a la carne; Él tiene que despojarse de la carne para hacer el trabajo que tiene que hacer, si bien Él hace ese trabajo en la imagen de la carne. Cuando Dios viene a la tierra, Él no espera hasta haber alcanzado la forma que una persona normal debe alcanzar antes de morir y dejar la humanidad. No importa cuán vieja sea Su carne, cuando Su trabajo ha terminado, Él se va y deja al hombre. No existe tal cosa como la edad para Él, Él no cuenta Sus días según el tiempo de vida del hombre; en vez de ello, Él termina Su vida en la carne de acuerdo con los pasos en Su obra. Algunas personas pueden sentir que Dios, que viene y entra en la carne, debe desarrollarse hasta una cierta etapa, llegar a ser adulto, alcanzar la vejez, e irse sólo cuando ese cuerpo falle. Esto es lo que el hombre imagina; Dios no funciona de esa manera. Él entra en la carne sólo para hacer el trabajo que se supone que haga, y no para vivir la vida del hombre de nacer de unos padres, crecer, formar una familia y comenzar una carrera, tener hijos, o experimentar los altibajos de la vida, todas las actividades de la vida normal. La venida de Dios a la tierra es el Espíritu de Dios que es traído a la carne, venido en la carne, pero Dios no vive una vida humana normal. Él sólo viene a lograr una parte de Su plan de gestión. Después de eso, Él dejará la humanidad. Cuando Él entra en la carne, el Espíritu de Dios no perfecciona la humanidad normal de la carne. Más bien, en un momento predeterminado por Dios, la divinidad hace el trabajo directamente. Luego, después de hacer todo lo que Él tiene que hacer y completar plenamente Su ministerio, la obra del Espíritu de Dios en esta etapa estará completada, punto en el cual la vida del Dios encarnado también terminará, independientemente de si Su cuerpo carnal ya ha vivido su tiempo de longevidad. Es decir, cualquiera sea la etapa de la vida a la cual llegue el cuerpo carnal, no importa cual sea el tiempo que este viva en la tierra, todo se decide por la obra del Espíritu. No tiene nada que ver con lo que el hombre considera que es la humanidad normal. Toma a Jesús como ejemplo. Él vivió en la carne por treinta y tres años y medio. En términos de la duración de la vida de un cuerpo humano, Él no debió haber muerto a esa edad, y no debió partir. Pero el Espíritu de Dios no se interesó en nada de eso. Cuando Su obra fue terminada, el cuerpo fue arrebatado, desapareciendo con el Espíritu. Este es el principio sobre el cual trabaja Dios en la carne. Así que, en sentido estricto, el Dios encarnado carece de humanidad normal. Para reiterar, Él no viene a la tierra para vivir la vida de un ser humano normal. Él no establece primero una vida humana normal para luego comenzar a obrar. Más bien, en la medida en que Él nazca dentro de una familia humana normal, Él puede llevar a cabo la obra divina. Él está libre de la más mínima intención del hombre; Él no es carnal, y con toda certeza no adopta las conductas de la sociedad ni se involucra en los pensamientos o nociones del hombre, mucho menos se conecta con las filosofías de vida del hombre. Esta es la obra que el Dios encarnado quiere llevar a cabo y el significado práctico de Su encarnación. Dios entra en la carne primordialmente para cumplir con una etapa del trabajo que hay que hacer en la carne. Él no lleva a cabo ningún otro proceso trivial, y no experimenta las experiencias del hombre normal. El trabajo que la carne de Dios encarnado necesita hacer no incluye las experiencias humanas normales. Así que Dios entra en la carne sólo para llevar a cabo la obra que Él necesita cumplir en la carne. El resto no tiene nada que ver con Él. Él no pasa por esos procesos triviales. Una vez que Su trabajo esté hecho, el significado de Su encarnación termina. Terminar esta etapa significa que la obra que tiene que hacer en la carne ha concluido, el ministerio de Su carne se ha completado. Pero Él no puede seguir trabajando indefinidamente en la carne. Él tiene que ir a trabajar en otro lugar, en un lugar fuera de la carne. Sólo de esta manera es que Él puede lograr plenamente Su obra y expandirla mejor. Dios trabaja de acuerdo a Su plan original. Él conoce como la palma de Su mano lo que tiene que hacer y lo que ha concluido. Dios guía a cada individuo por un camino que Él ya ha predeterminado. Nadie puede escapar de esto. Sólo aquellos que siguen las instrucciones del Espíritu de Dios serán capaces de entrar en el descanso. Puede ser que, en la obra posterior, no sea Dios quien guíe al hombre Su hablar en la carne, sino un Espíritu tangible el que guíe la vida del hombre. Sólo entonces podrá el hombre tocar concretamente a Dios, ver a Dios, y entrar más plenamente dentro de la realidad que Dios requiere, con el fin de ser perfeccionado por el Dios práctico. Esta es la obra que Dios quiere lograr, lo que ha planificado desde hace mucho tiempo. ¡A partir de esto, todos vosotros debéis ver el camino que debéis seguir!

La creencia en Dios se debería enfocar en la realidad, no en los rituales religiosos

    ¿Cuántas costumbres religiosas cumples? ¿Cuántas veces te has rebelado contra la palabra de Dios y te has ido por tu propio camino? ¿Cuántas veces has puesto en práctica la palabra de Dios porque eres verdaderamente considerado con Sus cargas y buscas cumplir Su deseo? Entiende la palabra de Dios y ponla en acción. Sé una persona de principios en tus acciones y hechos; esto no es acatar reglas o hacerlo de mala gana sólo para alardear. Más bien, esta es la práctica de la verdad y vivir por la palabra de Dios. Sólo una práctica como esta satisface a Dios. Cualquier costumbre que le agrade a Dios no es una regla sino la práctica de la verdad.

    Algunos hombres tienen una inclinación por atraer la atención a sí mismos. En la presencia de sus hermanos y hermanas, dice que está en deuda con Dios, pero a sus espaldas, no practica la verdad y hace exactamente lo contrario. ¿No es como aquellos fariseos religiosos? Un hombre que verdaderamente ama a Dios y que tiene la verdad, es uno que es leal a Dios, pero que no lo revela en el exterior. Está dispuesto a practicar la verdad cuando surgen los problemas, y no habla o actúa de una forma que vaya en contra de su conciencia. Demuestra sabiduría cuando los problemas surgen y es una persona de principios en sus hechos, sin importar las circunstancias. Un hombre como este es uno que realmente sirve. Hay algunos que a menudo prestan un servicio de labios para afuera a su deuda con Dios. Pasan sus días con el ceño fruncido por la preocupación, ponen un aire fingido y aparentan un rostro desdichado. ¡Qué despreciables! Y si le preguntaras, “¿De qué maneras estás en deuda con Dios? ¡Por favor dime!” Se quedaría sin palabras. Si eres leal a Dios, entonces no hables de esto en público, sino que usa tu práctica real para mostrar tu amor por Dios, y ora a Él con un corazón sincero. ¡Todos aquellos que sólo usan palabras para tratar con Dios son todos hipócritas! Algunos hablan de su deuda con Dios en cada oración, y comienzan a llorar siempre que oran, incluso sin que el Espíritu Santo los mueva. Hombres como estos son poseídos por los rituales; viven por esos rituales e ideas, siempre creyendo que tales acciones le agradan a Dios, y que la piedad superficial o las lágrimas de tristeza son lo que Dios favorece. ¿Qué bien puede venir de los que son así de absurdos? Con el fin de demostrar su humildad, algunos fingen gentileza cuando hablan en presencia de los demás. Algunos son deliberadamente serviles en la presencia de otros, como un cordero sin ninguna fuerza en absoluto. ¿Es esta la actitud del pueblo del reino? El pueblo del reino debe ser alegre y libre, inocente y abierta, honesta y amorosa, y que viva en un estado de libertad. Tiene carácter y dignidad, y puede dar testimonio dondequiera que vaya; es amada tanto por Dios como por el hombre. Aquellos quienes son novatos en la fe tienen demasiadas prácticas externas; primero deben someterse a un período de tratar y romper. Aquellos que tienen fe en Dios en sus corazones no se distinguen externamente de los demás, pero sus acciones y hechos son encomiables ante los demás. Sólo tales hombres se pueden considerar que están viviendo la palabra de Dios. Si tú predicas el evangelio todos los días a esta persona y a aquella, llevándolas a la salvación, pero al final, todavía sigues viviendo en reglas y doctrinas, entonces no puedes darle gloria a Dios. Tal clase de hombres son personas religiosas y también hipócritas.

    Siempre que esas personas religiosas se congregan, preguntan, “Hermana, ¿cómo has estado estos días?” Ella contesta, “Me siento en deuda con Dios y no soy capaz de cumplir los deseos de Su corazón”. Otro dice, “Yo también estoy en deuda con Dios y no soy capaz de satisfacerlo”. Estas pocas frases y palabras por sí solas expresan las cosas viles que hay en lo profundo de sus corazones. Tales palabras son sumamente detestables y en extremo repugnantes. La naturaleza de tales hombres se opone a Dios. Aquellos que se enfocan en la realidad comunican lo que sea que haya en sus corazones y abren sus corazones en comunicación. No hay una sola acción falsa, no hay cortesías o cumplidos vacíos. Siempre son francos y no observan reglas terrenales. Están aquellos que tienen una inclinación por la exhibición externa, incluso sin ningún sentido. Cuando otro canta, él comienza a bailar sin siquiera darse cuenta que el arroz en su cazuela ya se quemó. Tal clase de hombre no es piadoso ni honorable, y es demasiado frívolo. ¡Todas estas son manifestaciones de la falta de realidad! Algunos se reúnen para platicar sobre los asuntos de la vida en el espíritu, y aunque no hablan de estar en deuda con Dios, retienen un amor verdadero por Él dentro de sus corazones. Tu deuda con Dios no tiene nada que ver con los demás; estás en deuda con Dios, no con el hombre. Así que, ¿de qué te sirve hablar constantemente de esto con los demás? Te debe importar entrar en la realidad, no en el celo externo o en el alarde.

    ¿Qué representan los buenos hechos superficiales del hombre? Representan la carne, e incluso lo mejor de las prácticas externas no representan la vida, sólo tu propio temperamento individual. Las prácticas externas del hombre no pueden cumplir el deseo de Dios. Constantemente hablas de tu deuda con Dios, sin embargo, no puedes proveer la vida a los demás o provocar que otros amen a Dios. ¿Crees que tales acciones van a satisfacer a Dios? ¡Crees que esto es el deseo del corazón de Dios, que esto es del espíritu, pero en realidad esto es absurdo! Crees que lo que te agrada a ti y lo que deseas es en lo que Dios se deleita. ¿Puede lo que te agrada a ti representar lo de Dios? ¿Puede el carácter del hombre representar a Dios? Lo que te agrada a ti es precisamente lo que Dios aborrece, y tus hábitos son aborrecidos y rechazados por Dios. Si te sientes en deuda, entonces ve y ora ante Dios. No hay necesidad de hablar de esto con los demás. Si no oras ante Dios, y en su lugar constantemente llamas la atención hacia ti mismo en la presencia de los demás, ¿puede esto cumplir el deseo del corazón de Dios? Si tus acciones siempre son sólo en apariencia, esto quiere decir que tú eres el más banal de todos los hombres. ¿Qué clase de hombre es aquel que sólo tiene buenas obras superficiales pero está desprovisto de realidad? ¡Tales hombres son fariseos hipócritas y gente religiosa! Si no podéis abandonar vuestras prácticas externas y no podéis hacer transformaciones, entonces los elementos de la hipocresía en vosotros crecerán aún más. Entre mayores sean los elementos de la hipocresía, más resistencia habrá a Dios y, al final, ¡tal clase de hombres, con toda seguridad, serán echados fuera!

Sólo los que conocen la obra de Dios hoy pueden servir a Dios

    Para rendir testimonio de Dios y avergonzar al gran dragón rojo, tú debes tener un principio y una condición: en vuestro corazón debes amar a Dios, y debes entrar en las palabras de Dios. Si no te introduces dentro de las palabras de Dios, entonces no tendrás forma de avergonzar a Satanás. A lo largo de vuestro crecimiento en la vida, renuncias al gran dragón rojo y traes humillación sobre él, y sólo entonces será el gran dragón rojo verdaderamente avergonzado. Cuanto más estés dispuesto a poner las palabras de Dios en práctica, mayores serán la prueba de tu amor hacia Dios y tu aborrecimiento hacia el gran dragón rojo; cuanto más obedezcas las palabras de Dios, mayor será la prueba de que anhelas la verdad. Las personas que no anhelan las palabras de Dios son personas que no tienen vida. Son las personas que están fuera de las palabras de Dios, y que pertenecen a la religión. Las personas que realmente creen en Dios tienen un conocimiento más profundo de las palabras de Dios gracias a que comen y beben de las palabras de Dios. Si no anhelas las palabras de Dios, entonces no puedes en verdad comer y beber de las palabras de Dios, y si no obtienes conocimiento de las palabras de Dios, entonces no tienes forma de dar testimonio de Dios, o de satisfacer a Dios.

    En vuestra creencia en Dios, ¿cómo debes conocer a Dios? Debes lograr el conocimiento de Dios con base en las palabras y la obra de Dios en la actualidad, sin desviación o error, y, ante todo, debes conocer la obra de Dios. Estas son las bases para conocer a Dios. Todas esas diversas falacias que carecen de una aceptación pura de las palabras de Dios son nociones religiosas, son una aceptación desviada y errónea. La mayor habilidad de las figuras religiosas es agarrar las palabras de Dios que fueron aceptadas en el pasado y verificarlas frente a las palabras de Dios de hoy. Si al servir al Dios de hoy te aferras a las cosas esclarecidas por el Espíritu Santo en el pasado, entonces tu servicio causará una interrupción, y tu práctica será anticuada y nada más que una ceremonia religiosa. Si crees que los que sirven a Dios deben ser extrovertidamente humildes y pacientes… y si pones este tipo de conocimiento en práctica en el día de hoy, entonces es del tipo de conocimiento que es noción religiosa, y este tipo de práctica se ha vuelto una actuación hipócrita. Las “nociones religiosas” se refieren a cosas que son anticuadas y obsoletas (incluyendo la aceptación de las palabras previamente habladas por Dios y la luz directamente revelada por el Espíritu Santo), y si las pones en práctica hoy en día, entonces son una interrupción de la obra de Dios, y no benefician al hombre de ninguna manera. Si el hombre es incapaz de purgar las cosas dentro de él que pertenecen a las nociones religiosas, entonces van a convertirse en un gran obstáculo para el servicio del hombre a Dios. Las personas con nociones religiosas no tienen manera de mantenerse al paso con los pasos de la obra del Espíritu Santo, permaneciendo un paso atrás, y luego dos, porque estas nociones religiosas hacen que el hombre se vuelva extremadamente santurrón y arrogante. Dios no siente nostalgia por lo que Él habló e hizo en el pasado; si es obsoleto, entonces Él lo elimina. ¿No es acaso cierto que puedes desapegarte de tus nociones? Si te aferras a las palabras que habló Dios en el pasado, ¿acaso eso prueba que conoces la obra de Dios? Si eres incapaz de aceptar la luz del Espíritu Santo hoy, y en cambio te aferras a la luz del pasado, ¿cómo podrá esto ser prueba de que sigues los pasos de Dios? ¿Continúas siendo incapaz de desapegarte de las nociones religiosas? Si ese es el caso, entonces te conviertes en alguien que se opone a Dios.

    Si el hombre puede desapegarse de las nociones religiosas, entonces no usará su mente para medir las palabras y la obra de Dios del presente, sino que obedecerá directamente. A pesar de que hoy en día la obra de Dios es manifiestamente diferente a la del pasado, eres capaz de desprenderte de las percepciones del pasado y con franqueza obedecer la obra de Dios en la actualidad. Si eres capaz de un conocimiento tal que le dé un lugar de honor a la obra de Dios del presente sin importar cómo fue Su trabajo en el pasado, entonces eres alguien que se ha desprendido de sus nociones, que obedece a Dios, que es capaz de obedecer la obra y las palabras de Dios, y que sigue los pasos de Dios. En esto, serás una persona que en verdad obedece a Dios. No analizas ni estudias la obra de Dios; es como si Dios hubiera olvidado Su obra anterior, y como si tú también la hubieras olvidado. El presente es el presente y el pasado es el pasado, y ya que hoy Dios ha puesto a un lado lo que Él hizo en el pasado, no debes permanecer ahí. Sólo entonces serás alguien que obedece completamente a Dios y que se ha desapegado por completo de sus nociones religiosas.

    Debido a que hay continuamente nuevos avances en la obra de Dios, siempre hay un nuevo trabajo, y por tanto también hay trabajo que se vuelve obsoleto y viejo. Esta obra antigua y nueva no son contradictorias, sino que se complementan; cada paso es consecuencia del anterior. Debido a que surge nuevo trabajo, las cosas viejas, por supuesto, deben ser eliminadas. Por ejemplo, algunas de las prolongadas prácticas establecidas y dichos habituales del hombre, conjuntamente con muchos años de experiencia y enseñanzas del hombre, han formado toda clase de nociones en la mente del hombre. Sin embargo, más propicio para la formación de tales nociones por parte del hombre es que Dios aún no ha revelado plenamente al hombre Su verdadero rostro y Su carácter inherente, combinado con la difusión, durante muchos años, de las teorías tradicionales de la antigüedad. Es justo decir que, durante el transcurso de la creencia del hombre en Dios, la influencia de diversas nociones ha llevado a la formación y evolución continua de un conocimiento en el hombre en el que se ha hecho de todo tipo de nociones sobre Dios, con el resultado de que muchas personas religiosas que sirven a Dios se han convertido en Sus enemigos. Por consiguiente, mientras más arraigadas sean las nociones religiosas de la gente, más se opondrán a Dios, y más se vuelven enemigos de Dios. La obra de Dios es siempre nueva y nunca vieja, y nunca forma doctrinas, y es, en cambio, están cambiando y renovándose continuamente en mayor o menor grado. Este trabajo es la expresión del carácter inherente de Dios mismo. Es también el principio inherente de la obra de Dios, y uno de los medios por los cuales Dios logra Su gestión. Si Dios no trabajara de esta manera, el hombre no cambiaría ni sería capaz de conocer a Dios, y Satanás no sería derrotado. Por tanto, en Su obra ocurren cambios continuos que pueden parecer erráticos, pero que en realidad son periódicos. Sin embargo, la manera en la que el hombre cree en Dios es bastante diferente: él se aferra a viejos sistemas y doctrinas que le son familiares, y cuanto más viejas sean, más apetecibles son para él. ¿Cómo podría la mente necia del hombre, una mente que es tan intransigente como la piedra, aceptar una nueva obra y unas palabras de Dios tan insondables? El hombre aborrece al Dios que es siempre nuevo y nunca viejo; a él sólo le gusta el anticuado viejo Dios de pelo blanco e inmóvil. Por ende, debido a que Dios y el hombre tiene individualmente sus propios gustos, el hombre se ha convertido en el enemigo de Dios. Muchas de estas contradicciones todavía persisten hoy en día, en tiempos en que Dios ha estado llevando a cabo una nueva obra durante casi seis mil años. Entonces, no tienen remedio. Tal vez se deba a la terquedad del hombre, o a lo inviolable por parte de cualquier hombre de los decretos administrativos de Dios, mas esos clérigos y mujeres todavía se aferran a viejos y mohosos libros y papeles, mientras que Dios continúa adelante con Su incompleto trabajo de gestión como si no tuviera a nadie a Su lado. A pesar de que estas contradicciones hacen que Dios y el hombre sean enemigos, al punto de llegar a ser irreconciliables, Dios no les presta atención, como si estuvieran allí y no estuvieran. El hombre, sin embargo, todavía se apega a sus creencias y conceptos, y nunca se desprende de ellos. Sin embargo, una cosa es evidente: a pesar de que el hombre no se desvía de su postura, los pies de Dios están siempre en movimiento y siempre está cambiando su postura de acuerdo con el entorno, y al final, es el hombre quien será vencido sin luchar. Dios, por su parte, es el mayor enemigo de todos Sus enemigos que han sido derrotados, y es también el campeón de aquellos de entre la humanidad que han sido vencidos, y de aquellos que aun serán derrotados. ¿Quién puede competir con Dios y salir victorioso? Las nociones del hombre parecen venir de Dios, porque muchas de ellas nacieron con el despertar de la obra de Dios. Sin embargo, Dios no perdona al hombre a causa de ellos, ni, menos aún, derramará alabanzas sobre el hombre por producir lote tras lote de productos “para Dios” que están fuera de la obra de Dios. Por el contrario, Él está sumamente disgustado por las nociones del hombre, y por sus viejas y piadosas creencias, e incluso ignora la fecha en las que tales nociones surgieron por primera vez. Él no acepta en absoluto que estas nociones procedan de Su obra, ya que las nociones del hombre son esparcidas por el hombre; su fuente es el pensamiento y la mente del hombre, y no vienen de Dios, sino de Satanás. La intención de Dios siempre ha sido que Su obra sea nueva y viva, no vieja y muerta, y aquello en lo que Él hace que el hombre se mantenga firme varía con la era y la época y no es eterno ni inmutable. Esto es debido a que Él es un Dios que lleva al hombre a vivir y ser nuevo, en vez de un diablo que lleva al hombre a la muerte y a ser viejo. ¿Aún no comprendéis esto? Tú tienes nociones sobre Dios y eres incapaz de desprenderte de ellas, porque eres de mente cerrada. No es porque la obra de Dios tenga poco sentido, o porque la obra de Dios sea inhumana, ni, menos aún, se debe a que Dios sea siempre negligente con Sus deberes. Que no seas capaz de desprenderte de tus nociones se debe a que eres demasiado carente de obediencia, y porque no tienes la más mínima semejanza a una criatura de Dios, y no porque Dios esté haciendo las cosas difíciles para ti. Todo esto ha sido causado por ti mismo, y no tiene nada que ver con Dios; todo el sufrimiento y la desgracia son causados por el hombre. Las intenciones de Dios son siempre buenas: Él no desea causarte que elabores nociones, sino que desea que tú cambies y seas renovado a medida pasan las eras. Sin embargo, no puedes diferenciar el huevo de la castaña, y siempre estás estudiando o analizando. No es que Dios haga las cosas difíciles para ti, sino que no tienes veneración por Dios, y tu desobediencia es demasiado grande. Una pequeña criatura se atreve a tomar un pedazo trivial de lo que antes fue dado por Dios, y lo voltea para atacar a Dios. ¿Acaso no es esto la desobediencia del hombre? Es justo decir que el hombre no está en lo absoluto calificado para expresar sus puntos de vista ante Dios, ni mucho menos está calificado para idearse máxima alguna que le venga en ganas, inútiles, malolientes y podridas como son, por no hablar de lo mohosas de otras nociones. ¿Acaso no son aún más despreciables?

    Alguien que realmente sirve a Dios es alguien que es conforme al corazón de Dios y que está apto para ser usado por Dios, y que es capaz de desprenderse de sus nociones religiosas. Si quieres que el comer y beber de las palabras de Dios sea fructífero, entonces debes desprenderte de tus nociones religiosas. Si deseas servir a Dios, entonces es aún más necesario que primero te desprendas de tus nociones religiosas, y que obedezcas las palabras de Dios en todo lo que hagas. Esto es lo que debe poseer la persona que sirve a Dios. Si careces de este conocimiento, tan pronto como hagas algún servicio, vas a causar interrupciones y perturbaciones, y si te mantienes aferrado a tus nociones, entonces inevitablemente serás golpeado por Dios, y nunca más podrás levantarte de nuevo. Veamos el presente, por ejemplo. Una gran cantidad de las declaraciones y de la obra actual son incompatibles con la Biblia, e incompatibles con la obra previamente realizada por Dios, y si no tienes ningún deseo de obedecer, entonces caerás en cualquier momento. Si deseas servir de acuerdo con la voluntad de Dios, entonces primero debes desprenderte de tus nociones religiosas y rectificar tus propios puntos de vista. Mucho de lo que se dice en el futuro será incompatible con lo que se dijo en el pasado, y si actualmente careces de voluntad para obedecer, estarás incapacitado para recorrer el camino que yace frente a ti. Si uno de los métodos de trabajo de Dios ha echado raíces dentro de ti y nunca te desprendes de él, entonces dicho método se convertirá en tu noción religiosa. Si lo que Dios es, ha echado raíces en tu interior, entonces habrás ganado la verdad, y si las palabras y la verdad de Dios son capaces de convertirse en tu vida, entonces ya no tendrás nociones acerca de Dios. Aquellos que poseen un verdadero conocimiento de Dios no tendrán nociones, y no se atienen a la doctrina.

Despiértate respondiendo a las siguientes preguntas:

1. ¿Interfiere el conocimiento interno que tienes con tu servicio a Dios?

2. ¿Cuántas prácticas religiosas existen en tu vida diaria? Si sólo eres capaz de dar una apariencia de piedad, ¿significa eso que tu vida ha crecido y madurado?

3. Cuando comes y bebes de las palabras de Dios, ¿eres capaz de desprenderte de tus nociones religiosas?

4. Cuando oras, ¿eres capaz de deshacerte de la ceremonia religiosa?

5. ¿Eres una persona apta para ser usada por Dios?

6. ¿Cuánto de tu conocimiento de Dios contiene nociones religiosas?

sábado, 23 de junio de 2018

La Era del Reino es la Era de la Palabra

    En la Era del Reino, Dios usa la palabra para iniciar una nueva era, para cambiar los medios de Su obra, y para realizar la obra de la era entera. Este es el principio por el cual Dios obra durante la Era de la Palabra. Él se hizo carne para hablar desde diferentes perspectivas, permitiendo que el hombre pueda en verdad ver a Dios, quien es la Palabra manifestada en la carne, y Su sabiduría y maravilla. Este tipo de obra se realiza para lograr mejor los objetivos de conquistar al hombre, perfeccionar al hombre y eliminar al hombre. Este es el verdadero significado del uso de la palabra para llevar a cabo el trabajo en la Era de la Palabra. A través de la palabra, el hombre llega a conocer la obra de Dios, el carácter de Dios, la esencia del hombre, y a qué debe el hombre entrar. A través de la palabra, toda la obra que Dios quiere realizar en la Era de la Palabra es lograda. A través de la palabra, el hombre es revelado, eliminado y probado. El hombre ha visto la palabra, oído la palabra, y ha tomado conciencia de la existencia de la palabra. Como resultado, el hombre cree en la existencia de Dios; el hombre cree en la omnipotencia y en la sabiduría de Dios, así como en un corazón de Dios lleno de amor hacia el hombre y Su deseo de salvarlo. Aunque la palabra “palabra” es simple y ordinaria, la palabra procedente de la boca de Dios encarnado, sacude todo el universo; Su palabra transforma el corazón del hombre, las nociones y el antiguo carácter del hombre, y la antigua apariencia del mundo entero. A través de las edades, sólo el Dios de hoy en día obra de tal manera, y sólo Él habla y salva al hombre de ese modo. A partir de este momento, el hombre vive bajo la guía de la palabra, pastoreado y provisto de la palabra; vive en el mundo de la palabra, vive entre las maldiciones y bendiciones de la palabra de Dios, y aún más personas, viven bajo el juicio y el castigo de la palabra. Estas palabras y estas obras son todas por causa de la salvación del hombre, cumpliéndose así la voluntad de Dios, y cambiando el aspecto original del mundo de la antigua creación. Dios creó el mundo con la palabra, guía a los hombres de todo universo con la palabra, los conquista y los salva con la palabra. Al final, Él utilizará la palabra para llevar al conjunto del viejo mundo a su fin. Sólo entonces será que el plan de gestión se complete enteramente. A lo largo de la Era del Reino, Dios usa la palabra para llevar a cabo Su obra y lograr los resultados de Su obra; Él no realiza maravillas ni hace milagros; Él simplemente hace Su obra a través de la palabra. A causa de la palabra, el hombre es nutrido y provisto; a causa de la palabra, el hombre adquiere el conocimiento y la experiencia verdadera. En la Era de la Palabra el hombre ha recibido bendiciones verdaderamente excepcionales. Los hombres no sufren ningún dolor de la carne y simplemente disfrutan de la abundante provisión de la palabra de Dios; no es necesario que busquen o viajen, y ven la aparición de Dios en la comodidad, lo escuchan hablar personalmente, reciben Su provisión, y lo ven personalmente realizando Su obra. En épocas pasadas, el hombre no era capaz de disfrutar de tales cosas, y estas son bendiciones que nunca podía recibir.
    Dios está decidido a hacer completo al hombre. Cualquiera que sea la perspectiva desde la que habla, todo lo hace en aras de perfeccionar a esta gente. Las palabras pronunciadas desde la perspectiva del Espíritu son difíciles de entender para el hombre, y el hombre es incapaz de encontrar un camino para la práctica, ya que el hombre tiene una limitada capacidad para recibir. La obra de Dios logra efectos diferentes, y cada paso de la obra tiene su propósito. Por otra parte, Él debe hablar desde diferentes perspectivas para perfeccionar al hombre. Si Él sólo emitiera Su voz desde la perspectiva del Espíritu, esta etapa de la obra de Dios no se pudiera completar. Por el tono de Su voz, puedes apreciar que Él está decidido a formar este grupo de personas. Como alguien que desea ser perfeccionado por Dios, ¿cuál es el primer paso que debes tomar? Lo primero es llegar a conocer la obra de Dios. Debido a que se utilizan nuevos medios y se ha ido cambiando de una era a la otra, los medios por los cuales Dios obra también han cambiado, al igual que la forma en que Dios habla. Ahora, no sólo los medios que usa para Su obra han cambiado, también lo ha hecho la era. Previamente se trataba de la Era del Reino, una etapa de la obra en la que se amaba a Dios. Ahora, es la Era del Reino Milenario —la Era de la Palabra— es decir, una era en la que Dios usa muchas formas de hablar para perfeccionar al hombre, y habla desde diversas perspectivas para proveer al hombre. Tan pronto como los tiempos pasaron ​​a la Era del Reino Milenario, Dios comenzó a usar la palabra para hacer al hombre perfecto, permitiendo que el hombre entrara en la realidad de la vida y guiando al hombre hacia el camino correcto. El hombre ha experimentado tantas etapas de Su obra y ha visto que la obra de Dios no permanece inmutable. Más bien, está en constante evolución y profundización. Después de haber vivido tanto tiempo de experiencia, la obra ha dado un vuelco y cambiado una y otra vez; pero sin importar cuáles sean los cambios, nunca se ha desviado del objetivo de Dios de hacer al hombre. Incluso después de diez mil cambios, su propósito original nunca ha cambiado, y nunca se ha desviado de la verdad o la vida. Los cambios de los medios por los cuales se realiza la obra no son más que cambios en el formato del trabajo y en la perspectiva del discurso, mas no ha habido cambios en el objetivo central de Su obra. Los cambios en el tono de la voz y de los medios de trabajo se hacen para lograr un efecto. Un cambio en el tono de la voz no significa un cambio en el propósito o en el principio del trabajo. La esencia del hombre de creer en Dios es la búsqueda de la vida. ¡Si crees en Dios mas no buscas la vida o la verdad o el conocimiento de Dios, entonces no existe creencia en Dios! ¿Es realista que todavía busques entrar en el reino para ser rey? Sólo es realidad el logro del verdadero amor por Dios a través de la búsqueda de la vida; la búsqueda y la práctica de la verdad son todas realidad. Experimentad las palabras de Dios al leer Sus palabras; de esta manera, captarás el conocimiento de Dios por medio de la experiencia práctica. Esta es una búsqueda verdadera.

    En la Era del Reino Milenario, lo que determina si has entrado en esta nueva era es el hecho de si has entrado en la realidad de las palabras de Dios, y si Sus palabras te sirven como realidad en tu vida. La palabra de Dios se da a conocer a todos, para que, al final, todos los hombres vivan en el mundo de la palabra, y la palabra de Dios esclarece e ilumina el interior de cada hombre. Si durante este período de tiempo, eres apresurado y descuidado en la lectura de la palabra de Dios, y no tienes ningún interés en Su palabra, demuestras que algo anda mal en tu estado. Si eres incapaz de entrar en la Era de la Palabra, entonces el Espíritu Santo no hará Su obra en ti; si has entrado en esta era, entonces Él llevará a cabo Su obra. ¿Qué puedes hacer en este momento, al comienzo de la Era de la Palabra, para ganar la obra del Espíritu Santo? En esta era, Dios hará que sea un hecho entre vosotros que cada hombre viva la palabra de Dios, sea capaz de poner en práctica la verdad, y ame a Dios fervientemente; que todos los hombres usen la palabra de Dios como su fundamento y realidad, y que tengan corazones llenos de veneración hacia Dios; y que, a través de la práctica de la palabra de Dios, el hombre pueda entonces gobernar conjuntamente con Dios. Esta es la obra que Dios va a lograr. ¿Puedes continuar sin leer la palabra de Dios? En estos momentos hay muchos que sienten que no pueden vivir ni un solo día o dos sin leer la palabra de Dios. Ellos deben leer Su palabra todos los días, y si el tiempo no lo permite, les basta con escuchar Su palabra. Este es el sentimiento que el Espíritu Santo da al hombre y la manera en la que comienza a mover al hombre. Es decir, Él gobierna al hombre a través de palabras para que el hombre pueda entrar en la realidad de la palabra de Dios. Si sientes oscuridad y sed después de apenas un solo día sin comer y beber la palabra de Dios, y te resulta inaceptable, esto es muestra de que has sido movido por el Espíritu Santo, y de que Él no se ha apartado de ti. Por ende, te conviertes en uno que está dentro de esta corriente. Sin embargo, si no tienes percepción alguna o no sientes sed después de uno o dos días sin comer y beber la palabra de Dios, y no te sientes movido, esto es muestra de que el Espíritu Santo se ha alejado de ti. Entonces esto significa que tu estado interior no está bien; no has entrado en la Era de la Palabra, y eres uno de los que se ha quedado atrás. Dios usa la palabra para gobernar al hombre; te sientes bien si comes y bebes la palabra de Dios, y si no lo haces, no tendrás un camino a seguir. La palabra de Dios se convierte en el alimento del hombre y en la fuerza que lo impulsa. La Biblia dice que “el hombre no vivirá solo de pan pero de cada palabra que salga de la boca de Dios”. Esta es la obra que Dios llevará a cabo en este día. Él realizará esta verdad en vosotros. ¿Cómo es que el hombre en el pasado podía pasar muchos días sin leer la palabra de Dios y seguir comiendo y trabajando? ¿Y por qué este no es el caso en el presente? En esta era, Dios usa primordialmente la palabra para gobernar a todos. A través de la palabra de Dios, el hombre es juzgado y perfeccionado, y finalmente es llevado al reino. Sólo la palabra de Dios puede proveer la vida del hombre, y sólo la palabra de Dios puede dar la luz al hombre e indicarle el camino de la práctica, especialmente durante la Era del Reino. Mientras comas y bebas a diario Su palabra, y no abandones la realidad de la palabra de Dios, Dios podrá hacerte perfecto.

    Uno no puede estar de prisa para lograr el éxito en la búsqueda de la vida; el crecimiento en la vida no ocurre en sólo uno o dos días. La obra de Dios es normal y práctica, y tiene que someterse a un proceso necesario. Le llevó a Jesús hacerse carne un proceso de 33,5 años a fin de completar Su obra de crucifixión, ¡sin contar la vida del hombre! Asimismo, no es tarea fácil hacer que un hombre normal manifieste a Dios. Esto es particularmente cierto para las personas de la nación del gran dragón rojo. Ellos son de bajo calibre y necesitan un largo período con la palabra y la obra de Dios. Así que no te apures en ver resultados. Debes ser proactivo en comer y beber las palabras de Dios, y debes poner mayor esfuerzo en las palabras de Dios. Después de leer Sus palabras, debes ser capaz de ponerlas en práctica en la realidad, y en las palabras de Dios, podrás entonces obtener conocimiento, perspicacia, discernimiento y sabiduría. Al hacerlo, cambiarás sin darte cuenta. Si eres capaz de tomar como tus principios el comer y beber la palabra de Dios, leer Su palabra, conocerla, experimentarla y practicarla, crecerás sin darte cuenta. Algunos dicen que no son capaces de poner la palabra de Dios en práctica ¡incluso después de leerla! ¿Cuál es tu prisa? Cuando alcances cierta estatura, serás capaz de poner en práctica Su palabra. ¿Diría un niño de cuatro o cinco años de edad, que él no es capaz de apoyar u honrar a sus padres? A estas alturas ya debes conocer cuál es tu estatura, poner en práctica lo que puedas, y no ser de aquellos que interrumpen la gestión de Dios. Simplemente come y bebe las palabras de Dios, y de ahora en adelante, asume esto como tu principio. No te preocupes por ahora acerca de si Dios puede hacerte completo. No profundices todavía en esos asuntos. Simplemente come y bebe las palabras de Dios a medida que las vayas encontrando, y eso te asegurará de que Dios será capaz de hacerte completo. Sin embargo, hay un principio por el cual debes comer y beber Su palabra. No lo hagas a ciegas. Más bien, busca las palabras que debes llegar a conocer, es decir, aquellas relacionadas con la visión. Otro aspecto que debes buscar son los referentes a la práctica real, es decir, aquellos con los que debes entrar. Un aspecto se refiere al conocimiento, y el otro se refiere al entrar. Una vez encuentres ambos, es decir, cuando captes lo que debes conocer y lo que debes practicar, sabrás cómo comer y beber la palabra de Dios.

    De cara al futuro, hablar de la palabra de Dios es el principio por el cual hablas. Cuando vosotros os reunáis, debéis comunicar sobre la palabra de Dios y usarla como vuestro tema; hablad acerca de lo que sabéis de la palabra de Dios, cómo la ponéis en práctica, y cómo obra el Espíritu Santo. Si comunicas sobre la palabra de Dios, el Espíritu Santo te iluminará. El hombre también debe cooperar si esto ha de convertirse en un mundo que gire en torno a la palabra de Dios. Si no te introduces en esto, Dios no puede realizar Su obra. Si no hablas sobre Su palabra, Él no puede iluminarte. Cada vez que estés libre, habla de la palabra de Dios. ¡No hables con descuido! Deja que tu vida se llene de la palabra de Dios; entonces serás un creyente devoto. Incluso si tu comunicar es superficial, está bien. Sin lo superficial, no habría ninguna profundidad. Hay un proceso que debe llevarse a cabo. Por medio de tu práctica, obtienes comprensión sobre la iluminación del Espíritu Santo sobre ti, y sobre cómo comer y beber la palabra de Dios eficazmente. Después de un período de una exploración como esta, entrarás en la realidad de la palabra de Dios. Sólo si tienes la determinación de cooperar, será que recibirás la obra del Espíritu Santo.

    Hay dos aspectos relacionados con el principio de comer y beber la palabra de Dios: uno se relaciona con el conocimiento, y el otro con la entrada. ¿Qué palabras debes llegar a conocer? Debes llegar a conocer las palabras relacionadas con la visión (a saber, en cuál era ha entrado Dios ahora, qué es lo que Dios desea alcanzar ahora, qué es la encarnación, y así sucesivamente; todas estas están relacionadas con la visión). ¿Cuál es el camino en lo que el hombre debe entrar? Esto se refiere a las palabras de Dios que el hombre debería practicar y en las que debe entrar. Esos son los dos aspectos relacionados con comer y beber la palabra de Dios. A partir de ahora, come y bebe la palabra de Dios de esta manera. Si tienes una clara comprensión de las palabras relacionadas con la visión, entonces no hay necesidad de leer más. De importancia primordial es comer y beber más las palabras relacionadas con entrar, como por ejemplo, cómo dirigir tu corazón hacia Dios, cómo aquietar tu corazón en presencia de Dios, y cómo renunciar a la carne. Eso es lo que deberías poner en práctica. Sin saber cómo comer y beber la palabra de Dios, la verdadera comunión no es posible. Una vez que sepas cómo comer y beber Su palabra, y que hayas comprendido lo que es esencial, la comunión se volverá libre. Cualesquiera sean los problemas que se planteen, serás capaz de comunicar en comunión sobre ellos y captarás la realidad. El comunicar en torno a la palabra de Dios en ausencia de la realidad, significa que eres incapaz de captar lo que es clave, y esto es señal de que no sabes cómo comer y beber Su palabra. Algunos sienten cansancio al leer la palabra de Dios. Tal estado no es normal. De hecho, lo que es normal es que nunca te canses de leer la palabra de Dios, siempre tener sed de ella, y siempre pensar que la palabra de Dios es buena. Así es cómo uno que en verdad ha entrado, come y bebe la palabra de Dios. Cuando sientas que la palabra de Dios es verdaderamente práctica y que es exactamente con lo que el hombre debe involucrarse; cuando sientas que Su palabra es enormemente útil y beneficiosa para el hombre, y que ella es la que provee la vida del hombre, este sentimiento te es otorgado por el Espíritu Santo, a través de haber sido movido por el Espíritu Santo. Esto demuestra que el Espíritu Santo está trabajando en ti, y que Dios no se ha apartado de ti. Al ver que Dios siempre está hablando, algunos llegan a sentirse cansados de Sus palabras y piensan que no tiene ninguna consecuencia leer o no Sus palabras. Eso no es un estado normal. Sus corazones no tienen sed de entrar en la realidad, y tales hombres no tienen ni sed de ser perfeccionados ni le dan importancia a ello. Cada vez que te des cuenta de que no tienes sed de la palabra de Dios, es señal de que tu estado no es normal. En el pasado, el hecho de que Dios se apartase de ti lo determinaba si sentías paz interior y experimentabas gozo. Ahora la clave es si tienes sed de la palabra de Dios, si Su palabra es tu realidad, si eres fiel, y si eres capaz de hacer lo que puedas hacer por Dios. En otras palabras, el hombre es juzgado por la realidad de la palabra de Dios. Dios dirige Su palabra a todas las personas. Si estás dispuesto a leerla, Él te esclarecerá, pero si no es así, Él no lo hará. Dios esclarece a los que tienen hambre y sed de justicia, y a los que lo buscan. Algunos dicen que Dios no los esclareció incluso después de haber leído Su palabra. ¿Cómo fueron leídas las palabras? Si leyeras Su palabra como si otearas flores a lomos de un caballo* y no le dieras importancia a la realidad, ¿cómo podría esclarecerte Dios? ¿Cómo puede alguien que no atesora la palabra de Dios ser perfeccionado por Él? Si no atesoras la palabra de Dios, entonces no poseerás la verdad ni la realidad. Si atesoras Su palabra, entonces serás capaz de practicar la verdad; es entonces cuando tendrás la realidad. Así que tienes que comer y beber la palabra de Dios sea cual sea la situación, sea que estés ocupado o no, sea que las circunstancias te sean adversas o no, y sea que estés siendo probado o no. Dentro de todo, la palabra de Dios es el fundamento de la existencia del hombre. Nadie puede alejarse de Su palabra y debe comer de Su palabra como si fueran las tres comidas del día. ¿Podría ser un asunto tan simple el ser perfeccionado y ganado por Dios? Bien sea que comprendas o no en el presente, o si has percibido algo referente a la obra de Dios, debes comer y beber más la palabra de Dios. Esto es entrar de una manera proactiva. Después de leer la palabra de Dios, apresúrate en poner en práctica aquello en lo que puedas entrar, y deja a un lado momentáneamente lo que no puedas. Puede haber mucho de la palabra de Dios que no entiendas al principio, pero después de dos o tres meses, e incluso quizá hasta en un año, lo harás. ¿Por qué es esto así? Esto se debe a que Dios no puede hacer completo al hombre en un día o dos. La mayoría de las veces, cuando lees Su palabra, puede que no la entiendas en ese momento. En ese instante, puede parecerte que no es más que simple texto; sólo a través de un período de experiencia es que eres capaz de entenderla. Dios ha hablado mucho, y por tanto debes hacer todo lo posible por comer y beber Su palabra. Sin darte cuenta, llegarás a entender, y el Espíritu Santo te esclarecerá. Cuando el Espíritu Santo esclarece al hombre, a menudo sucede sin que el hombre se dé cuenta. Él te esclarece y te guía cuando tienes sed y buscas. El principio a través del cual obra el Espíritu Santo se centra en la palabra de Dios la que comes y bebes. Todos aquellos que no dan ninguna importancia a la palabra de Dios y siempre tienen otra actitud hacia Su palabra, una de descuido y la creencia de que no hace ninguna diferencia si leen o no Su palabra, son aquellos que no tienen realidad. Ni la obra del Espíritu Santo, ni Su esclarecimiento pueden ser percibidos en ellos. Tales personas meramente caminan de un lado para otro, y son impostores sin verdaderas cualificaciones, como el señor Nanguo de la parábola.[a]

    Sin la palabra de Dios como tu realidad, no tienes estatura real. Cuando llegue el momento de ser probado, con certeza caerás, y entonces tu verdadera estatura se mostrará. Pero en ese momento, aquellos que regularmente buscan entrar en la realidad, comprenderán el propósito de la obra de Dios. Aquel que posee conciencia y tiene sed de Dios debe tomar acciones prácticas para retribuir a Dios por Su amor. Los que no tienen realidad no pueden mantenerse firmes frente a las cosas más triviales. Simplemente existe una diferencia entre los que tienen una estatura real y los que carecen de ella. ¿Por qué es que ambos comen y beben la palabra de Dios, pero algunos son capaces de mantenerse firmes durante sus pruebas, mientras que otros huyen de ellas? La diferencia obvia es que estos carecen de estatura real; no tienen la palabra de Dios como su realidad, y Su palabra no ha echado raíces dentro de ellos. Tan pronto como son sometidos a una prueba, se quedan sin rumbo. ¿Por qué, entonces, pueden otros mantenerse firmes en este sentido? Porque tienen una gran visión, o la palabra de Dios se ha convertido en su experiencia interior, y lo que han visto en la realidad se ha convertido en el fundamento de su existencia. Por tanto son capaces de mantenerse firmes durante las pruebas. Esto es la estatura real, y esta es también la vida. Hay también algunos que leen la palabra de Dios, pero luego nunca la ponen en práctica o no la toman en serio. Los que no son sinceros no le dan importancia a la práctica. Los que no tienen la palabra de Dios como su realidad son los que no tienen la estatura real. Tales personas no pueden mantenerse firmes en las pruebas.

    Cuando Dios habla, debes recibir inmediatamente Sus palabras para comer de ellas. No importa la medida de lo que entiendas, apégate a la idea de que sólo te centrarás en alimentarte de Su palabra, llegar a conocerla, y practicarla. Esto es algo que debes hacer. No te preocupes sobre cuán grande puede llegar a ser tu estatura; simplemente céntrate en alimentarte de Su palabra. Así es cómo el hombre debe cooperar. Tu vida espiritual es principalmente para entrar en la realidad donde comas y bebas las palabras de Dios y las pongas en práctica. No debes enfocarte en nada más. Los líderes de la iglesia deben ser capaces de guiar a todos los hermanos y hermanas en cuanto a saber cómo comer y beber las palabras de Dios. Esta es la responsabilidad de todos los líderes de la iglesia. Ya sean jóvenes o viejos, todos deben considerar el comer y beber las palabras de Dios con la debida importancia y mantener Sus palabras en sus corazones. Si entras dentro de esta realidad, habrás entrado en la Era del Reino. Hoy en día, la mayoría siente que no pueden vivir sin comer y beber la palabra de Dios, y cualquiera que sea el momento, sienten que Su palabra es novedosa. Seguidamente, el hombre comienza a ubicarse en la senda correcta. Dios usa la palabra para obrar y proveer al hombre. Cuando todos tengan hambre y sed de la palabra de Dios, van a entrar en un mundo de Su palabra.

    Dios ha hablado mucho. ¿Cuánto conocimiento tienes de ello? ¿En cuánto has entrado? Si un líder de la iglesia no ha guiado a los hermanos y hermanas a la realidad de la palabra de Dios, ¡han sido negligentes en su deber y han incumplido sus responsabilidades! Cualquiera que sea la profundidad de tu comer y beber, o cuánto puedas recibir, deberás saber cómo comer y beber Su palabra; deberás tratar Su palabra con la debida importancia y comprender la importancia y necesidad que tiene tal comer y beber. Dios ha hablado tanto. Si no comes y bebes Su palabra, ni buscas o pones en práctica Su palabra, no se puede considerar que crees en Dios. Puesto que tú crees en Dios, debes comer y beber Su palabra, experimentar Su palabra, y vivir Su palabra. ¡Sólo esto es creer en Dios! Si dices que crees en Dios, mas no eres capaz de expresar ninguna de Sus palabras ni ponerlas en práctica, no eres considerado un creyente en Dios. Esto es “buscar pan para saciar el hambre”. Hablar únicamente de testimonios triviales, asuntos inútiles, y cuestiones superficiales, y no tener ni siquiera un mínimo de realidad, no constituye creencia en Dios. Por ende,[b] no has captado la manera correcta de creer en Dios. ¿Por qué debes comer y beber más las palabras de Dios? ¿Se considera creencia si no comes ni bebes Sus palabras y sólo buscas ascender al cielo? ¿Cuál es el primer paso para el que cree en Dios? ¿Por cuál camino Dios perfecciona al hombre? ¿Puedes ser perfeccionado sin comer ni beber la palabra de Dios? ¿Puedes ser considerado el pueblo del reino sin que la palabra de Dios sea tu realidad? ¿Qué significa exactamente creer en Dios? Los creyentes en Dios deberían estar poseídos externamente de buena conducta, por lo menos, y es de suma importancia tener la palabra de Dios. No importa lo que suceda, nunca se puede dar la espalda a Su palabra. Tu conocimiento de Dios y el cumplimiento de Su voluntad se logran cabalmente a través de Su palabra. Todas las naciones, sectas, denominaciones, y sectores serán conquistados en el futuro a través de la palabra. Dios hablará directamente, y toda la gente sostendrá la palabra de Dios en sus manos; por medio de esto las personas serán perfeccionadas. La palabra de Dios lo impregna todo: la gente habla de la palabra de Dios y practica de acuerdo a la palabra de Dios, mientras que guardada dentro sigue estando la palabra de Dios. Tanto por dentro como por fuera, están inmersos en la palabra de Dios, y así son perfeccionados. Aquellos que cumplen la voluntad de Dios y son capaces de ser Sus testigos, son los que tienen la palabra de Dios como realidad.

    Entrando en la Era de la Palabra, es decir, en la Era del Reino Milenario, es la obra que se está completando actualmente. A partir de ahora, practicad la comunión en torno a la palabra de Dios. Sólo a través de comer y beber Su palabra, y de experimentarla, podrás exhibir la palabra de Dios. Sólo a través de tus palabras de experiencia podrás convencer a otros. Si no tienes la palabra de Dios, ¡no podrás convencer a nadie! Todos los que son usados por Dios son capaces de hablar la palabra de Dios. Si no puedes, ello es señal de que el Espíritu Santo no ha obrado dentro de ti, y que no has sido perfeccionado. Esta es la importancia de la palabra de Dios. ¿Tienes un corazón sediento de la palabra de Dios? Los que tienen sed de la palabra de Dios están sedientos por la verdad, y sólo tales hombres son bendecidos por Dios. En el futuro, hay muchas más palabras que Dios dirá a todas las denominaciones y todas las sectas. Él, primero habla y pronuncia Su voz en medio de vosotros, y os completa, antes de pasar a hablar y expresar Su voz a los gentiles y conquistarlos. A través de la palabra, todos serán sincera y totalmente convencidos. A través de la palabra de Dios y de Sus revelaciones, el carácter corrupto del hombre ha disminuido. Todos tienen la apariencia del hombre, y el carácter rebelde del hombre también ha disminuido. La palabra obra con autoridad sobre el hombre, y conquista al hombre dentro de la luz de Dios. La obra que Dios llevará a cabo en la era actual, así como los momentos decisivos de Su obra, todo puede encontrarse dentro de Su palabra. Si no lees Su palabra, no entenderás nada. Por medio de tu propio comer y beber Su palabra, comunicando con hermanos y hermanas, y por medio de tus experiencias reales, tu conocimiento de la palabra de Dios llegará a ser completo. Sólo así podrás verdaderamente vivirla en la realidad.

Notas al pie:

a. El texto original omite “de la parábola”.

b. El texto original omite “Por ende”.

*. Este es un modismo chino. Indica que si leyeras Su palabra por encima.

Sólo amar a Dios es realmente creer en Dios

    Hoy, cuando buscáis amar y conocer a Dios, en un aspecto debéis soportar dificultad y refinamiento, y en otro, pagar un precio. Ninguna lección es más profunda que la de amar a Dios, y puede decirse que la lección que las personas aprenden de una vida de creencia es cómo amar a Dios. Es decir, si crees en Dios debes amarlo. Si sólo crees en Él pero no lo amas, no has alcanzado el conocimiento de Él, y nunca lo has amado con un amor verdadero que procede de tu corazón, entonces tu creencia en Él es fútil; si, en tu creencia en Dios, no lo amas, vives en vano, y tu vida al completo es la más inferior de todas. Si, a lo largo de toda tu vida, nunca has amado o satisfecho a Dios, ¿cuál es, pues, el sentido de que vivas? ¿Y cuál es el sentido de tu creencia en Dios? ¿No es esto un esfuerzo desperdiciado? Es decir, si las personas van a creer y a amar a Dios, deben pagar un precio. En lugar de actuar de una determinada forma externamente, deberían buscar la verdadera percepción en lo profundo de sus corazones. Si te entusiasma cantar y bailar, pero eres incapaz de poner en práctica la verdad, ¿podría decirse de ti que amas a Dios? Amar a Dios requiere buscar Su voluntad en todas las cosas, que explores en lo profundo de tu ser cuando te ocurra algo y trates de comprender la voluntad de Dios, que procures ver cuál voluntad de Dios está en este asunto, qué desea Él que consigas y cómo debes ser consciente de Su voluntad. Por ejemplo: ocurre algo que requiere que soportes dificultades, momento en el cual debes entender cuál es la voluntad de Dios y cómo debes ser consciente de Su voluntad. No debes satisfacerte a ti mismo: primero ponte a un lado. Nada es más abyecto que la carne. Debes buscar satisfacer a Dios y cumplir con tu deber. Con tales pensamientos, Dios te traerá un esclarecimiento especial en este asunto, y tu corazón también encontrará alivio. Sea pequeño o grande, cuando te ocurre algo debes ponerte primero a un lado y considerar la carne como la más inferior de todas las cosas. Mientras más la satisfaces, más libertades se toma; si la satisfaces esta vez, la próxima pedirá más, y cuando esto tiene lugar, llegas a amarla aún más. La carne siempre tiene deseos extravagantes, siempre pide que la satisfagas, y que la gratifiques, con las cosas que comes, con lo que vistes, perdiendo los estribos, o complaciendo a tu propia debilidad y pereza… Mientras más satisfaces a la carne, mayores se vuelven sus deseos, y más disoluta se vuelve ella, hasta llegar al punto de albergar incluso los conceptos más profundos, desobedecer a Dios, exaltarse y dudar de la obra de Dios. Mientras más satisfaces a la carne, mayores son sus debilidades; sentirás continuamente que nadie se compadece de tus debilidades, creerás que Dios ha ido demasiado lejos, y dirás: ¿cómo pudo Dios ser tan duro? ¿Por qué no daría un respiro a las personas? Cuando los seres humanos son demasiado indulgentes con la carne y la valoran demasiado, se abandonan. Si amas realmente a Dios, y no satisfaces a la carne, verás que todo lo que Él hace es correcto y muy bueno, y que Su maldición de tu rebeldía y el juicio de tu impiedad son justificados. Habrá momentos en los que Dios te castigue y discipline, y produzca un entorno para templarte, obligándote a venir delante de Él. Siempre sentirás que lo que Dios está haciendo es maravilloso. Por tanto, te parecerá que no hay tanto dolor, y que Dios es maravilloso. Si complaces las debilidades de la carne y dices que Dios va demasiado lejos, siempre sentirás dolor, estarás deprimido, confundido respecto a toda la obra de Dios, y parecerá que Él no se compadece en absoluto de las debilidades del hombre ni es consciente de sus dificultades. Por tanto, te sentirás miserable y solo, como si hubieras sufrido una gran injusticia, y esta vez comenzarás a quejarte. Cuanto más complaces las debilidades de la carne de esta forma, más sentirás que Dios va demasiado lejos, hasta que las cosas empeoran tanto que niegas Su obra, comienzas a oponerte a Él, y te llenas de desobediencia. Así pues, debes rebelarte contra la carne y no complacerla: tu esposo, tu esposa, tus hijos, tus planes, tu matrimonio, tu familia, ¡nada de eso importa! Tienes que tomar esta determinación: “En mi corazón sólo está Dios, y debo hacer todo lo posible para satisfacerlo, y no a la carne”. Si siempre posees tal determinación, cuando pongas en práctica la verdad, y te apartes a un lado, serás capaz de hacerlo con muy poco esfuerzo. Se dice que una vez hubo un campesino que vio una serpiente congelada en la carretera. La recogió y la sostuvo contra su pecho, y después de revivir esta le mordió mortalmente. La carne del hombre es como la serpiente: su esencia es hacer daño a su vida, y cuando se mueve completamente a su antojo, tu vida se pierde. La carne pertenece a Satanás. Dentro de ella hay deseos extravagantes, sólo piensa en sí misma, quiere disfrutar de comodidades, deleitarse en el ocio, y regodearse en la pereza y la holgazanería. Una vez que la hayas satisfecho hasta un determinado punto, te comerá finalmente. Es decir, si la satisfaces esta vez, la próxima vez vendrá pidiendo más. Siempre tiene deseos extravagantes y nuevas exigencias, y se aprovecha de que la complazcas para hacer que la valores aún más y vivas entre sus comodidades, y si no la vences, te perderás a ti mismo finalmente. Que puedas o no obtener vida delante de Dios, y cuál sea tu final definitivo, depende de cómo lleves a cabo tu rebelión contra la carne. Dios te ha salvado, escogido y predestinado, pero si hoy no estás dispuesto a satisfacerle, a poner en práctica la verdad, a rebelarte contra tu propia carne con un corazón que le ame de verdad, te destruirás finalmente, y sufrirás un dolor extremo. Si siempre complaces a la carne, Satanás te devorará gradualmente por dentro, y te dejará sin vida o sin el toque del Espíritu, hasta que llegue el día en que te encuentres totalmente en tinieblas en tu interior. Cuando vivas en la oscuridad, Satanás te habrá llevado cautivo; ya no tendrás más a Dios, y en ese momento negarás Su existencia y lo abandonarás. Por tanto, si deseas amar a Dios, debes pagar el precio del dolor y soportar las dificultades. No hay necesidad de fervor y dificultades externas, de leer y corretear más, más bien deberías poner de lado las cosas que hay dentro de ti: los pensamientos extravagantes, los intereses personales, y tus propias consideraciones, conceptos y motivaciones. Esa es la voluntad de Dios.

    El tratamiento del carácter externo de las personas por parte de Dios es también una parte de Su obra; ocuparse de la humanidad externa, anormal, por ejemplo, o de sus estilos de vida y hábitos, sus maneras y costumbres, así como de sus prácticas externas y su fervor. Pero cuando Él pide que las personas pongan en práctica la verdad y cambien su carácter, lo que primordialmente está siendo tratado son las motivaciones y los conceptos en su interior. Tratar solamente con tu carácter externo no es difícil; es como pedirte que no comas las cosas que te gustan, lo cual es fácil. Sin embargo, no es fácil dejar lo que concierne a los conceptos en tu interior: requiere que te rebeles contra la carne, que pagues un precio, y que sufras delante de Dios. Esto es particularmente así con las motivaciones de las personas. Desde el momento de su creencia en Dios hasta hoy, las personas han albergado muchas motivaciones incorrectas. Cuando no estás poniendo en práctica la verdad, sientes que todas tus motivaciones son correctas, pero, cuando te ocurra algo, verás que hay muchas incorrectas dentro de ti. Así pues, cuando Dios hace perfectas a las personas, provoca que se den cuenta de los muchos conceptos que hay en ellas y que están obstruyendo su conocimiento de Dios. Cuando reconoces que tus motivaciones son erróneas, si eres capaz de dejar de practicar de acuerdo a tus conceptos y motivaciones, de dar testimonio de Dios y de mantenerte firme en tu posición en todo lo que te acontece, esto demuestra que te has rebelado contra la carne. Cuando lo has hecho, se produce inevitablemente una batalla en tu interior. Satanás intentará y hará que le sigas, que sigas los conceptos de la carne y mantengas sus intereses, pero las palabras de Dios te esclarecerán e iluminarán en tu interior, y en ese momento está en ti seguir a Dios o a Satanás. Dios pide a las personas que pongan en práctica la verdad principalmente para ocuparse de las cosas de su interior, de sus pensamientos, de sus conceptos que no son según Su corazón. El Espíritu Santo toca a las personas en su interior, y lleva a cabo Su obra dentro de ellas; por tanto, existe una batalla detrás de todo lo que acontece: cada vez que las personas ponen en práctica la verdad, o el amor a Dios, se desencadena una gran batalla, y aunque todo pueda parecer estar bien con su carne, en lo profundo de sus corazones se estará desarrollando de hecho una batalla a vida o muerte. Sólo después de esta intensa lucha, después de una tremenda cantidad de reflexión, puede decidirse la victoria o la derrota. Uno no sabe si reír o llorar. Como muchas de las motivaciones internas de las personas son erróneas, o como gran parte de la obra de Dios entra en conflicto con sus conceptos, cuando las personas ponen en práctica la verdad, se libra una gran batalla entre bambalinas. Una vez puesta en práctica esta verdad, las personas derramarán detrás del escenario innumerables lágrimas de tristeza antes de decidirse a satisfacer a Dios. Es gracias a esta batalla que las personas soportan el sufrimiento y el refinamiento; esto es sufrimiento real. Cuando la batalla llegue a ti, si eres capaz de ponerte verdaderamente en el lado de Dios, podrás satisfacerle. Sufrir en el transcurso de la práctica de la verdad es inevitable; si, cuando pusieran en práctica la verdad, todo estuviese bien en su interior, no necesitarían que Dios los perfeccionase ni habría batalla, y no sufrirían. Por la gran cantidad de cosas no adecuadas en las personas para el uso de Dios, y por mucho del carácter rebelde de la carne, los seres humanos deben aprender de un modo más profundo la lección de rebelarse contra la carne. Esto es lo que Dios llama sufrimiento y es lo que le pidió al hombre que pasara junto a Él. Cuando encuentres dificultades, date prisa y ora a Dios: ¡Oh Dios! Deseo satisfacerte, deseo soportar la dificultad final para satisfacer Tu corazón, e independientemente de lo grandes que sean los reveses que sufra, seguiré satisfaciéndote. Aunque tenga que entregar toda mi vida, ¡seguiré satisfaciéndote! Con esta determinación, cuando ores así serás capaz de mantenerte firme en tu testimonio. Cada vez que ponen en práctica la verdad, cada vez que pasan por refinamientos, cada vez que son probadas, y cada vez que la obra de Dios viene sobre ellas, las personas soportan un dolor extremo. Todo esto es una prueba para ellas y, por tanto, dentro de todas ellas hay una batalla. Este es el precio real que pagan. Leer más de las palabras de Dios y correr más de un lado a otro es un poco de precio. Es lo que las personas deberían hacer, es su deber y la responsabilidad que deberían cumplir, pero tienen que dejar de lado lo que es necesario dejar de lado. Si no lo haces, por muy grande que sea tu sufrimiento externo, y por mucho que corretees, ¡todo será en vano! Es decir, sólo los cambios en tu interior pueden determinar si tus dificultades externas tienen valor. Cuando tu carácter interno ha cambiado y has puesto en práctica la verdad, todo tu sufrimiento externo obtendrá la aprobación de Dios; si no ha habido cambio en tu carácter interno, no importa cuánto sufrimiento soportes o cuánto corretees en el exterior, no habrá aprobación de Dios y las dificultades no confirmadas por Dios son en vano. Por consiguiente, que el precio que hayas pagado cuente, está determinado por si se ha producido un cambio en ti o no, y por si pones o no la verdad en práctica y te rebelas contra tus propias motivaciones y conceptos para alcanzar la satisfacción de la voluntad de Dios, el conocimiento de Dios y la lealtad a Dios. No importa cuánto corretees, si nunca te has rebelado contra tus propias motivaciones, si sólo buscas acciones y fervor externos y no prestas atención a tu vida, tus dificultades habrán sido en vano. Si, en un entorno determinado tienes algo que quieres decir, pero en tu interior no sientes que sea correcto ni que beneficie a tus hermanos y hermanas, sino que puede herirlos, entonces no lo dirás, prefiriendo quedarte internamente adolorido, porque estas palabras son incapaces de satisfacer la voluntad de Dios. En ese momento, habrá una batalla en tu interior, pero estarás dispuesto a padecer dolor y entregar lo que amas, a soportar esta dificultad para satisfacer a Dios; y aunque tendrás dolor por dentro, no complacerás a la carne, y el corazón de Dios habrá sido satisfecho; por tanto, tú también te sentirás consolado por dentro. Esto es realmente pagar un precio, y es el que Dios desea. Si practicas de esta manera, Él te bendecirá sin duda; si no puedes lograrlo, no importa cuánto entiendas ni lo bien que puedas hablar, ¡no servirá para nada! Si, en el camino hacia el amor a Dios, eres capaz de ponerte de Su lado cuando lucha con Satanás, y no acudes a este, habrás conseguido ese amor, y te habrás mantenido firme en tu testimonio.

    En cada paso de la obra que Dios hace en el interior de las personas, externamente parece que se producen interacciones entre las personas, como nacidas de disposiciones humanas, o de la interferencia humana. Sin embargo, entre bambalinas, cada etapa de la obra, y todo lo que acontece, es una apuesta hecha por Satanás delante de Dios, y exige que las personas se mantengan firmes en su testimonio de Dios. Mira cuando Job fue probado, por ejemplo: detrás de la escena, Satanás estaba haciendo una apuesta con Dios, y lo que aconteció a Job fue obra de los hombres, y la interferencia de estos. Detrás de cada paso que Dios da en vosotros está la apuesta de Satanás con Él, detrás de todo ello hay una batalla. Por ejemplo, si tienes prejuicios hacia tus hermanos y hermanas, tendrás palabras que querrás decir —palabras que sientes que pueden ser desagradables para Dios—, pero será duro para ti en tu interior, y en ese momento, una batalla comenzará dentro de ti: ¿hablo o no hablo? Esta es la batalla. Por tanto, en todo hay una batalla, y cuando se produce una dentro de ti, gracias a tu cooperación y tus sufrimientos reales, Dios obra en ti. En última instancia, dentro de ti eres capaz de poner el asunto a un lado y el enojo se extingue de forma natural. Ese es el efecto de tu cooperación con Dios. Todo lo que haces requiere que pagues un determinado precio en tus esfuerzos. Sin dificultades reales no puedes satisfacer a Dios, ni siquiera te acercas a ello, ¡y sólo estás diciendo eslóganes vacíos! ¿Pueden estos eslóganes vacíos satisfacer a Dios? Cuando Él y Satanás luchan en el ámbito espiritual, ¿cómo deberías satisfacer a Dios? ¿Y cómo deberías mantenerte firme en tu testimonio de Él? Deberías saber que todo lo que te ocurre es una gran prueba y el momento en que Dios necesita que des testimonio. Externamente podrían no parecer mucho, pero cuando estas cosas ocurren muestran si amas o no a Dios. Si lo haces, serás capaz de mantenerte firme en tu testimonio de Él, y si no has puesto en práctica el amor a Dios, esto muestra que no eres alguien que pone en práctica la verdad, que no la tienes ni tienes vida, ¡que eres paja! Todo lo que acontece a las personas tiene lugar cuando Dios necesita que se mantengan firmes en su testimonio de Él. No te ha ocurrido nada importante por el momento, y no das un gran testimonio, pero cada detalle de tu vida tiene relación con el testimonio de Dios. Si puedes obtener la admiración de tus hermanos y hermanas, tus familiares, y todos a tu alrededor; si un día llegan los incrédulos, y admiran todo lo que haces, y ven que todo lo que Dios hace es maravilloso, habrás dado testimonio. Aunque no tengas percepción y tu calibre sea pobre, por medio de tu perfeccionamiento por parte de Dios, podrás satisfacerlo y ser consciente de Su voluntad. Otros verán qué gran obra ha hecho Él en personas del calibre más pobre. Las personas llegan a conocer a Dios, se vuelven vencedoras delante de Satanás y leales a Dios hasta cierto punto. Por tanto, nadie tendrá más agallas que este grupo de personas. Este será el mayor testimonio. Aunque eres incapaz de hacer una gran obra, puedes satisfacer a Dios. Otros no pueden poner a un lado sus conceptos, pero tú sí; otros no pueden dar testimonio de Dios durante sus experiencias reales, pero tú puedes usar tu estatura y tus acciones reales para compensar Su amor y dar un testimonio rotundo de Él. Sólo esto puede considerarse amar realmente a Dios. Si eres incapaz de esto, no das testimonio entre tus familiares, entre tus hermanos y hermanas ni delante de las personas del mundo. Si no puedes dar testimonio delante de Satanás, este se reirá de ti, se burlará de ti, te tratará como un juguete, te pondrá frecuentemente en ridículo, y te volverá loco. En el futuro, pueden sobrevenirte grandes pruebas; pero hoy, si amas a Dios con un corazón sincero, e independientemente de cuán grandes sean las pruebas por delante, de lo que te acontezca, puedes mantenerte firme en tu testimonio, puedes satisfacer a Dios, y después tu corazón será consolado, y no tendrás miedo por muy grandes que sean las pruebas que te encuentres en el futuro. No podéis ver qué pasará en el futuro; sólo podéis satisfacer a Dios durante las circunstancias presentes. Sois incapaces de hacer cualquier gran obra, y deberíais centraros en satisfacer a Dios experimentando Sus palabras en la vida práctica, y dando un testimonio sólido y rotundo que avergüence a Satanás. Aunque tu carne permanezca insatisfecha y haya sufrido, habrás satisfecho a Dios y avergonzado a Satanás. Si siempre practicas de esta forma, Dios abrirá una senda delante de ti. Cuando, un día, venga una gran prueba, otros caerán, pero seguirás siendo capaz de mantenerte firme: debido al precio que has pagado, Dios te protegerá de forma que puedas mantenerte firme y no caer. Si, por lo general, eres capaz de poner en práctica la verdad y satisfacer a Dios con un corazón que lo ama de verdad, Dios te protegerá sin duda durante las pruebas futuras. Aunque eres necio, de una estatura pequeña y un pobre calibre, Dios no te discriminará. Depende de que tus motivaciones sean correctas. Hoy eres capaz de satisfacer a Dios, y por ello estás atento al detalle más pequeño, lo haces en todas las cosas, tienes un corazón que lo ama sinceramente, le entregas tu corazón sincero, y aunque existen algunas cosas que no puedes entender, puedes venir delante de Él para rectificar tus motivaciones, y buscar Su voluntad; haces todo lo necesario para satisfacerle. Quizás tus hermanos y hermanas te abandonarán, pero tu corazón será satisfactorio para Dios, y no codiciarás los placeres de la carne. Si siempre practicas de esta forma, estarás protegido cuando vengan sobre ti las grandes pruebas.

    ¿A qué estado interno de las personas van dirigidas estas pruebas? Apuntan al carácter rebelde en los seres humanos que es incapaz de satisfacer a Dios. Hay mucha impureza dentro de las personas, y mucha hipocresía; por tanto, Dios las somete a pruebas con el fin de purificarlas. Pero si hoy eres capaz de satisfacerle, las pruebas del futuro serán un perfeccionamiento para ti. Si hoy eres incapaz de satisfacerle, las pruebas del futuro te tentarán, y caerás inconscientemente; en ese momento serás incapaz de ayudarte, porque no puedes estar a la altura de la obra de Dios ni posees una estatura práctica. Así pues, si deseas ser capaz de mantenerte firme en el futuro, satisfacer mejor a Dios, y seguirle hasta el final, hoy debes edificar un fundamento sólido, debes satisfacer a Dios poniendo en práctica la verdad en todas las cosas, y ser consciente de Su voluntad. Si practicas siempre de esta forma, habrá un fundamento en ti, y Dios inspirará en ti un corazón que le ame, y te dará fe. Un día, cuando una prueba te sobrevenga realmente, es posible que puedas sufrir algún daño y sentirte agraviado hasta cierto punto, sufrir un pesar devastador como si hubieras muerto; sin embargo, tu amor a Dios no cambiará y pasará a ser incluso más profundo. Esas son las bendiciones de Dios. Si hoy eres capaz de aceptar todo lo que Él dice y hace, con un corazón obediente, Él te bendecirá sin duda, y por tanto serás alguien bendecido por Dios, que recibe Su promesa. Si hoy no practicas, cuando las pruebas te sobrevengan un día no tendrás fe ni un corazón amoroso, y en ese momento la prueba se convertirá en tentación; serás sumergido en la tentación de Satanás y no tendrás forma de escapar. Hoy puedes ser capaz de mantenerte firme cuando te venga una pequeña prueba, pero no podrás hacerlo necesariamente cuando una prueba mayor te suceda algún día. Algunas personas son engreídas y se creen ya casi perfectas. Si no profundizas más en esos momentos, y permaneces complaciente, estarás en peligro. Hoy, Dios no hace la obra de las pruebas mayores; se diría que todo parece ir bien, pero cuando Él te pruebe, descubrirás que eres demasiado deficiente, porque tu estatura es demasiado pequeña, y eres incapaz de soportar pruebas mayores. Si hoy no sigues adelante, si te quedas en el mismo lugar, caerás cuando llegue el gran viento. Deberíais considerar a menudo cuán pequeña es vuestra estatura; sólo así progresaréis. Si sólo ves que tu estatura es demasiado pequeña durante las pruebas, que tu fuerza de voluntad es muy débil, que hay muy poca realidad dentro de ti, y que no eres adecuado para la voluntad de Dios; si sólo eres consciente de estas cosas en ese momento, será demasiado tarde.

    Si no conoces el carácter de Dios, caerás inevitablemente durante las pruebas, porque no sabes cómo perfecciona Él a las personas ni por qué medios lo hace; y cuando Sus pruebas te sobrevengan y no concuerden con tus conceptos, serás incapaz de mantenerte firme. El amor verdadero de Dios es todo Su carácter, y cuando este se te muestra, ¿qué proporciona esto a tu carne? Cuando se te muestre el carácter justo de Dios, tu carne sufrirá inevitablemente mucho dolor. Si no lo padeces, Dios no puede perfeccionarte ni serás capaz de dedicarle amor sincero. Si Dios te perfecciona, te mostrará sin duda todo Su carácter. Desde el momento de la creación hasta hoy, Él nunca ha mostrado todo Su carácter; sin embargo, durante los últimos días se lo revelará a este grupo de personas a las que ha predestinado y seleccionado. Perfeccionando a las personas deja al descubierto Su carácter, por medio de esto completa a un grupo de personas. Ese es el amor verdadero de Dios por las personas. Experimentar el verdadero amor de Dios por ellas requiere que los seres humanos soporten un dolor extremo, y paguen un alto precio. Sólo después de esto las ganará Dios y serán capaces de devolverle su amor sincero; sólo entonces quedará satisfecho el corazón de Dios. Si las personas desean que Dios las perfeccione, cumplir Su voluntad y darle todo su amor sincero, deben experimentar mucho sufrimiento y muchos tormentos en las diversas circunstancias, sufrir un dolor peor que la muerte y, en última instancia, se verán obligados a devolverle a Dios su corazón sincero. Durante las dificultades y el refinamiento se revela si alguien ama a Dios con sinceridad o no. Dios purifica el amor de las personas, y esto también se logra en medio de los sufrimientos y el refinamiento.

Todos los que no conocen a Dios son los que se oponen a Él

    Para comprender el propósito de la obra de Dios, el efecto que debe lograr en el hombre, y la voluntad de Dios hacia el hombre, esto es lo que cada hombre que sigue a Dios debería conseguir. Ahora lo que les falta a todos los hombres es el conocimiento de la obra de Dios. El hombre no comprende ni entiende exactamente qué constituyen los hechos de Dios en el hombre, toda Su obra, y Su voluntad desde la creación del mundo. Esta deficiencia no se ve simplemente a lo largo del mundo religioso, sino además en todos los creyentes de Dios. Cuando llegue el día en que contemples verdaderamente la sabiduría de Dios y seas consciente de ella; cuando veas todos los hechos de Dios y reconozcas qué es y tiene Él; cuando veas Su abundancia, sabiduría, maravilla, y toda Su obra en el hombre, entonces es cuando habrás alcanzado la fe exitosa en Dios. Cuando se dice que Él lo engloba todo y en abundante en gran manera, ¿qué quiere decirse con que lo engloba todo? ¿Y con la abundancia? Si no entiendes esto, entonces no se te puede considerar un creyente de Dios. ¿Por qué digo que los del mundo religioso no creen en Dios y son hacedores de maldad, que son de la misma clase que el diablo? Cuando digo que son hacedores de maldad, es porque no entienden la voluntad de Dios ni ven Su sabiduría. Dios nunca les revela Su obra; son hombres ciegos, que no ven los hechos de Dios. Son los abandonados por Él y que no poseen Su cuidado y Su protección, mucho menos la obra del Espíritu Santo. Los que no tienen la obra de Dios son hacedores de maldad y se oponen a Dios. Los que digo que se oponen a Él son los que no lo conocen, los que lo reconocen con palabras vacías pero no lo conocen, los que siguen a Dios pero no le obedecen, y los que se deleitan en la gracia de Dios pero no pueden ser testigos suyos. Sin un entendimiento del propósito de la obra de Dios y de esta en el hombre, este no puede ser conforme al corazón de Dios, y no puede ser testigo suyo. La razón por la que el hombre se opone a Dios brota, por un lado, del carácter corrupto del hombre, y por otro, de la ignorancia de Él y la falta de entendimiento de los principios de Su obra y Su voluntad hacia el hombre. Estos dos aspectos se combinan en una historia de la resistencia del hombre a Dios. Los nuevos en la fe se oponen a Dios porque tal oposición reside en su naturaleza, mientras la oposición contra Dios de aquellos con muchos años en la fe resulta de su ignorancia de Dios, además de su carácter corrupto. En la época anterior a que Dios se hiciera carne, la medida de si un hombre se oponía a Dios era si guardaba los decretos establecidos por Dios en el cielo. Por ejemplo, en la Era de la Ley, cualquiera que no guardara las leyes de Jehová se oponía a Él; y cualquiera que robara las ofrendas a Jehová, y resistiera a los favorecidos por Jehová también lo hacía, y sería apedreado hasta la muerte; cualquiera que no respetara a su padre y a su madre, y cualquiera que golpeara o maldijera a otro no guardaba las leyes. Y todos los que no guardaran las leyes de Jehová estaban contra Él. Esto ya no fue así en la Era de la Gracia, cuando cualquiera que estuviera contra Jesús estaba contra Dios, y cualquiera que no obedeciera las palabras pronunciadas por Jesús estaba contra Dios. En esta era, la determinación de la “oposición a Dios” se volvió más claramente definida y más real. En la época en la que Dios no se había hecho carne, la medida de si un hombre se oponía a Él se basaba en si lo adoraba o no, y en si miraba o no al Dios invisible en el cielo. La definición de “oposición a Dios” en esa época no era tan real, porque entonces el hombre no podía ver a Dios ni conocer Su imagen, ni saber cómo obraba y hablaba. El hombre no tenía noción alguna de Dios y creía en Él en la vaguedad, porque Él no se había aparecido al hombre. Por tanto, como el hombre creía en Dios en sus imaginaciones, Él no lo condenaba ni le pedía mucho, porque el hombre no podía verlo en absoluto. Cuando Dios se hace carne y viene a obrar entre los hombres, todos lo miran y oyen Sus palabras, y todos ven Sus hechos en la carne. En ese momento, todos los conceptos del hombre quedan reducidos a espuma. Y para aquellos que ven al Dios que aparece en la carne, todos los que tienen obediencia en sus corazones no serán condenados, mientras que los que están contra Él intencionadamente se considerarán oponentes de Dios. Tales hombres son anticristos y enemigos que están deliberadamente contra Él. Los que tienen nociones relativas a Dios pero obedecen alegremente no serán condenados. Él condena al hombre sobre la base a sus propósitos y acciones, nunca por sus pensamientos e ideas. Si el hombre fuera condenado sobre esa base, nadie podría entonces escapar de las manos iracundas de Dios. Los que están voluntariamente contra el Dios encarnado serán castigados por su desobediencia. Su oposición voluntaria a Dios brota de sus conceptos sobre Él, que resultan en su interrupción de la obra de Dios. Tales hombres resisten y destruyen la misma a sabiendas. No sólo tienen conceptos sobre Él, sino que hacen aquello que interrumpe Su obra, y es por esta razón que ese tipo de hombres será condenado. Los que no se involucran en la interrupción voluntaria de la obra no serán condenados como pecadores, porque son capaces de obedecer deliberadamente y no causar trastornos ni interrupciones. Tales hombres no serán condenados. Sin embargo, cuando los hombres han experimentado muchos años de la obra de Dios, si siguen albergando sus conceptos de Él y siguen siendo incapaces de conocer la obra del Dios encarnado, y a pesar de muchos años de experiencia, continúan aferrándose a muchos conceptos sobre Dios y siguen siendo incapaces de llegar a conocerlo, aunque no causan problemas con tantos conceptos de Dios en sus corazones, e incluso si tales conceptos no se revelan, esos hombres no sirven para la obra de Dios. Son incapaces de predicar el evangelio o dar testimonio de Dios; no sirven para nada y son imbéciles. Como no conocen a Dios y son incapaces de desechar sus conceptos de Él, están condenados. Puede decirse así: no es poco común para los nuevos en la fe tener conceptos de Dios o no conocer nada de Él, pero es anormal que aquellos que han creído durante muchos años y experimentado mucho de la obra de Dios tengan tales conceptos, y mucho más que no tengan un conocimiento de Él. Que tales hombres sean condenados es una consecuencia de semejante estado anormal. Esos hombres anormales no sirven para nada; son los que más se oponen a Dios y han disfrutado de Su gracia en vano. ¡Todos esos hombres serán eliminados al final!

    Cualquiera que no entienda el propósito de la obra de Dios está contra Él, y aún más aquellos que conocen dicho propósito pero no buscan satisfacer a Dios. Los que leen la Biblia en grandes iglesias la recitan cada día, pero ninguno entiende el propósito de la obra de Dios. Ninguno es capaz de conocerlo; además, ninguno es conforme al corazón de Dios. Son todos hombres inútiles, viles, que se ponen en alto para enseñar a Dios. Aunque alardean del nombre de Dios, se oponen voluntariamente a Él. Aunque se etiquetan como creyentes en Dios, son los que comen la carne y beben la sangre del hombre. Todos esos hombres son diablos que devoran el alma del hombre, demonios que molestan deliberadamente a aquellos que tratan de entrar en el camino correcto, y piedras de tropiezo que obstaculizan la senda de los que buscan a Dios. Aunque son de “cuerpos robustos”, ¿cómo van a saber sus seguidores que son anticristos que llevan al hombre a oponerse a Dios? ¿Cómo van a saber que son diablos vivientes que buscan especialmente almas que devorar? Los que se honran a sí mismos delante de Dios son los más bajos entre los hombres, mientras que los que se humillan son los más honorables. Y aquellos que piensan de sí mismos que conocen la obra de Dios y la proclaman a otros a bombo y platillo mientras sus ojos están sobre Él, son los hombres más ignorantes. Tales hombres no tienen el testimonio de Dios, y son arrogantes y engreídos. Los que creen que tienen un conocimiento muy pequeño de Dios a pesar de su experiencia real y conocimiento práctico de Él, son los más amados por Él. Hombres como estos son los que tienen un testimonio verdadero y pueden realmente ser perfeccionados por Dios. Los que no entienden la voluntad de Dios son Sus oponentes; los que la entienden pero no practican la verdad son Sus oponentes; los que comen y beben las palabras de Dios, pero aun así van contra su esencia, son oponentes de Dios; los que tienen conceptos del Dios encarnado y se rebelan voluntariamente son oponentes de Dios; los que juzgan a Dios son Sus oponentes; y cualquiera que sea incapaz de conocer a Dios y dar testimonio de Él es Su oponente. Así pues, oíd Mi exhortación: si tenéis verdaderamente la fe para andar por esta senda, entonces continuad siguiéndola. Si sois incapaces de absteneros de oponeros a Dios, más vale que os alejéis de ese camino antes de que sea demasiado tarde. De lo contrario, los augurios son malos en lugar de buenos, porque vuestra naturaleza es demasiado corrupta. No tenéis la más mínima lealtad u obediencia ni un corazón sediento de justicia y verdad. Y tampoco tenéis la más mínima pizca de amor por Dios. Podría decirse que vuestra condición delante de Él es un desastre absoluto. No sois capaces de guardar o de hablar lo que deberíais. Sois incapaces de poner en práctica lo que deberíais, y de cumplir la función que deberíais. No tenéis la lealtad, la conciencia, la obediencia o la determinación que deberíais. No habéis soportado el sufrimiento que deberíais, y no tenéis la fe que deberíais. Estáis completamente desprovistos de cualquier mérito; ¿tenéis respeto por vosotros mismos para seguir viviendo? Os insto a que mejor cerréis vuestros ojos para el reposo eterno, liberando de esta forma a Dios de la preocupación por vosotros y de soportar el sufrimiento por vuestra causa. Creéis en Dios pero aún no conocéis Su voluntad; coméis y bebéis las palabras de Dios, pero sois incapaces de cumplir Sus exigencias. Creéis en Dios pero aún no lo conocéis, y vivís aunque no tenéis objetivo por el que luchar. No tenéis valores ni significado. Vivís como un hombre, pero no tenéis conciencia, integridad, o la más mínima credibilidad. ¿Cómo se os puede considerar un hombre? Creéis en Dios pero le engañáis. Además, tomáis Su dinero y coméis de Sus ofrendas, pero, al final, no mostráis consideración por Sus sentimientos o conciencia hacia Él. Ni siquiera podéis cumplir la más trivial de Sus exigencias. ¿Cómo se os puede considerar un hombre? Los alimentos que coméis y el aire que respiráis vienen de Dios, disfrutáis de Su gracia, pero al final, no tenéis el más mínimo conocimiento de Él. Todo lo contrario, os habéis convertido en unos inútiles que se oponen a Dios. ¿No sois entonces bestias peores que un perro? ¿Hay algún animal más malicioso que vosotros?

    Esos pastores y ancianos que se suben al púlpito elevado para enseñar al hombre son oponentes de Dios y aliados de Satanás; ¿no seríais los que no os subís al púlpito para enseñar al hombre incluso mayores oponentes de Dios? Además, ¿no estáis acaso confabulados con Satanás? Los que no entienden el propósito de la obra de Dios no saben cómo ser conforme al corazón de Dios. Sin duda, ¿no puede ser cierto para quienes entienden el propósito de Su obra? La obra de Dios nunca es un error; más bien, es la búsqueda del hombre la que falla. ¿No son esos degenerados que se oponen voluntariamente a Dios más siniestros y maliciosos que esos pastores y ancianos? Muchos son los que se oponen a Dios, y entre esos muchos hombres, existen diversos tipos de oposición contra Dios. Del mismo modo que hay toda forma de creyentes, también hay toda forma de aquellos que se oponen a Dios, cada una diferente de la otra. Ninguno de esos que no reconoce claramente el propósito de la obra de Dios puede salvarse. Independientemente de cómo se haya opuesto el hombre a Dios en el pasado, cuando llega a entender el propósito de Su obra y dedica sus esfuerzos a satisfacerle, Él limpiará sus pecados anteriores. Mientras el hombre busque la verdad y practique, Dios no se acordará de lo que hizo. Más bien, es en base a la práctica de la verdad por parte del hombre que Dios lo justifica. Esta es la justicia de Dios. Antes de que el hombre haya visto a Dios o experimentado Su obra, independientemente de cómo actúe hacia Él, Él no se acordará de ello. Sin embargo, una vez que el hombre ha visto a Dios y experimentado Su obra, Dios escribe todos sus hechos y acciones en los “anales”, porque el hombre ha visto a Dios y vivido en Su obra.

    Cuando el hombre ha visto verdaderamente lo que Dios tiene y es, ha visto Su supremacía, y ha llegado a conocer realmente la obra de Dios; además, cuando su carácter anterior ha cambiado, entonces habrá desechado completamente su carácter rebelde que se opone a Dios. Puede decirse que cada hombre se ha opuesto alguna vez a Dios y se ha rebelado alguna vez contra Él. Sin embargo, si estás resuelto a obedecer al Dios encarnado, y a partir de entonces satisfaces Su corazón con tu lealtad, practicas la verdad que deberías, cumples tu deber como deberías, y guardas las regulaciones que deberías, entonces eres alguien dispuesto a dejar de lado tu rebeldía para satisfacer a Dios y alguien que puede ser perfeccionado por Él. Si te niegas a darte cuenta de tus errores y no tienes un corazón arrepentido; si persistes en tus caminos rebeldes y no tienes en absoluto un corazón para trabajar con Dios y satisfacerle, un insensato obstinado como tú será sin duda castigado y nunca será perfeccionado por Dios. Como tal, eres Su enemigo hoy y mañana, y también lo seguirás siendo pasado mañana; siempre serás un oponente y el enemigo de Dios. ¿Cómo iba Dios a dejarte ir? La naturaleza del hombre es oponerse a Él, pero el hombre no puede buscar deliberadamente los “secretos” de la oposición a Dios, porque cambiar su naturaleza es una tarea insalvable. De ser ese el caso, mejor sería que te alejaras de eso antes de que sea demasiado tarde, no sea que tu castigo en el futuro sea más duro, y que tu naturaleza salvaje emerja y se vuelva ingobernable hasta que Dios acabe con tu cuerpo carnal al final. Crees en Dios para ser bendecido; si al final sólo te sobreviene la desgracia, no merecerá la pena. Os exhorto a que mejor elaboréis otro plan; cualquier otro ejercicio sería mejor que vuestra creencia en Dios. ¿Seguro que hay más sendas que esta? ¿No seguiríais viviendo igual sin buscar la verdad? ¿Por qué vivir en conflicto con Dios de esta manera?

Las vírgenes sabias asisten al banquete con el Señor "Libérate de la trampa" | Tráiler oficial


    Hace 2000 años, cuando el Señor Jesús realizó la obra de redención, sufrió la calumnia y condena airadas de la comunidad religiosa judía. Los líderes judíos se aliaron con el Gobierno romano y lo crucificaron. En los últimos días, Dios Todopoderoso, el Señor Jesús que ha regresado en la carne, ha venido a China a realizar la obra de juicio. De nuevo afronta la condena, la represión y la detención frenéticas, esta vez por parte del Gobierno comunista chino y el mundo religioso. Los rumores y engaños que se han extendido para juzgar y difamar a la Iglesia de Dios Todopoderoso son una especie de trampa invisible que envuelve y controla a un sinnúmero de creyentes. Se repite la tragedia histórica…