domingo, 1 de julio de 2018

La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre

    Vosotros debéis llegar a conocer la visión de la obra de Dios y captar la dirección general de Su obra. Esta es la entrada de una manera positiva. Cuando domines con precisión las verdades de la visión, tu entrada estará segura; no importa cómo cambie Su obra, vas a permanecer firme en tu corazón, estarás seguro de la visión y tendrás una meta para tu entrada y tu búsqueda. De esta manera, toda la experiencia y el conocimiento que haya dentro de ti irán profundizando más y se volverán más refinados. Una vez que hayas captado el panorama general en su totalidad, no sufrirás pérdida en la vida y ni te perderás. Si no llegas a conocer estos pasos de la obra, sufrirás pérdida en cada uno de ellos. No podrás dar la vuelta en pocos días, y no podrás emprender el camino correcto ni siquiera en unas cuantas semanas. ¿No te está retrasando esto? Mucho hay acerca de la entrada de una manera positiva y de esas prácticas que debéis dominar, y también debes captar varios puntos de la visión de Su obra, tales como la relevancia de Su obra de conquista, el camino para ser perfeccionado en el futuro, lo que se debe alcanzar a través de la experiencia de las pruebas y las tribulaciones, la relevancia del juicio y del castigo, los principios de la obra del Espíritu Santo, y los principios de la perfección y de la conquista. Todas estas son las verdades de la visión. El resto son las tres etapas de la obra de la Era de la Ley, la Era de la Gracia y la Era del Reino, así como el testimonio futuro. Estas también son las verdades que pertenecen a la visión y que son las más fundamentales así como las más cruciales. En el presente, hay demasiado que debéis entrar y practicar. Y ahora está más detallado y más estratificado. Si no tienes conocimiento de estas verdades, es prueba de que todavía no has entrado. La mayor parte del tiempo, el conocimiento que el hombre tiene de la verdad es demasiado hueco; el hombre no puede poner en práctica ciertas verdades básicas y no sabe cómo manejar hasta los asuntos triviales. La razón de que el hombre no pueda practicar la verdad es por causa de su carácter de rebeldía, y porque su conocimiento de la obra de la actualidad es demasiado superficial y unilateral. Así, no es una tarea fácil para el hombre ser perfeccionado. Tu rebeldía es demasiado grande y retienes demasiado de tu antiguo yo; no puedes permanecer del lado de la verdad y no puedes practicar ni siquiera la más evidente de las verdades. Tales hombres no pueden ser salvados y son los que no han sido conquistados. Si tu entrada no tiene ni detalles ni objetivos, el crecimiento te llegará lento. Si tu entrada no tiene lo más mínimo de la realidad, entonces tu búsqueda será en vano. Si no eres consciente de la esencia de la verdad, permanecerás sin cambios. El crecimiento en la vida del hombre y los cambios en su carácter se logran entrando en la realidad y, además, entrando en las experiencias detalladas. Si tienes muchas experiencias detalladas durante tu entrada, y tienes mucho conocimiento y entrada reales, tu carácter cambiará con rapidez. Incluso si en el presente no estás muy iluminado en la práctica, debes por lo menos ser iluminado acerca de la visión de la obra. Si no, no podrás entrar, y no podrás hacerlo así a menos que primero tengas el conocimiento de la verdad. Sólo si el Espíritu Santo te esclarece en tu experiencia obtendrás una comprensión más profunda de la verdad y entrarás más profundamente. Debéis llegar a conocer la obra de Dios.

    Después de la creación de la humanidad en el principio, fueron los israelitas los que sirvieron como la base de la obra, y todo Israel fue la base de la obra que Jehová hizo en la tierra. La obra de Jehová fue dirigir y pastorear de una manera directa al hombre por medio de presentar las leyes para que el hombre pudiera vivir una vida normal y adorar a Jehová de una manera normal en la tierra. Dios, en la Era de la Ley, era alguien que el hombre no podía ver ni tocar. Él sólo estaba guiando a los primeros hombres que Satanás corrompió y estaba ahí para instruir y pastorear a estos hombres, así que las palabras que habló fueron sólo estatutos, ordenanzas y un conocimiento común para vivir la vida como un hombre, y de ninguna forma las verdades que suplen la vida del hombre. Los israelitas bajo Su liderazgo no fueron los que antes Satanás había corrompido profundamente. Su obra de la ley era sólo la primera etapa de la obra de salvación, el mismo principio de la obra de salvación, y prácticamente no tenía nada que ver con los cambios en el carácter de la vida del hombre. Por lo tanto, al principio de la obra de salvación no había necesidad de que Él asumiera una carne para hacer Su obra en Israel. Es por esto que Él necesitaba un medio, es decir, una herramienta por medio de la cual tener contacto con el hombre. Así surgieron entre los seres creados los que hablaban y obraban en nombre de Jehová, y es así como los hijos de los hombres y los profetas llegaron a obrar entre los hombres. Los hijos de los hombres obraban entre los hombres en nombre de Jehová. Que Él los llamara así quiere decir que esos hombres expusieron las leyes en nombre de Jehová y también fueron sacerdotes entre el pueblo de Israel; tales hombres eran sacerdotes que Jehová vigilaba y protegía, y obraban por el Espíritu de Jehová; eran líderes entre el pueblo y servían directamente a Jehová. Los profetas, por el otro lado, eran los que se dedicaban a hablar, en nombre de Jehová, a los hombres de todas las naciones y tribus. También eran los que profetizaban la obra de Jehová. Ya fueran los hijos de los hombres o los profetas, a todos el Espíritu de Jehová los levantaba personalmente y tenían en ellos la obra de Jehová. Entre el pueblo, ellos eran los que directamente representaban a Jehová; eran los que obraban sólo porque Jehová los había levantado y no porque fueran la carne en la que se encarnó el mismo Espíritu Santo. Por lo tanto, aunque de manera similar hablaban y obraban en nombre de Dios, esos hijos de los hombres y profetas en la Era de la Ley no eran la carne del Dios encarnado. Esto fue precisamente lo opuesto en la Era de la Gracia y en la última etapa, porque la obra de salvación y el juicio de los hombres, ambos los hizo Dios encarnado y, por lo tanto, no hubo necesidad de otra vez levantar a los profetas e hijos de los hombres para obrar en Su nombre. A los ojos del hombre, no hay diferencias sustanciales entre la esencia y los medios de su obra. Y es por esta razón que el hombre siempre confunde la obra del Dios encarnado con la de los profetas y los hijos de los hombres. La apariencia del Dios encarnado fue básicamente la misma que la de los profetas y los hijos de los hombres. Y el Dios encarnado era todavía más ordinario y más real que los profetas. Por consiguiente, el hombre es completamente incapaz de distinguir entre ellos. El hombre sólo se enfoca en las apariencias, y es completamente inconsciente de que, aunque ambos obran y hablan, hay una diferencia sustancial. Como la habilidad de discernimiento del hombre es muy pobre, el hombre no puede discernir las cuestiones básicas y todavía es menos capaz de distinguir algo tan complejo. Las palabras y la obra de los profetas y los que el Espíritu Santo usaba estaban cumpliendo con el deber del hombre, llevando a cabo su función como un ser creado y haciendo lo que el hombre debe hacer. Sin embargo, las palabras y la obra de Dios encarnado fueron para llevar a cabo Su ministerio. Aunque Su forma externa era la de un ser creado, Su obra no era llevar a cabo Su función sino Su ministerio. El término “deber” se usa con relación a los seres creados, mientras que “ministerio” se usa con relación a la carne de Dios encarnado. Hay una diferencia esencial entre los dos, y los dos no son intercambiables. La obra del hombre sólo es cumplir con su deber, mientras que la obra de Dios es gestionar y llevar a cabo Su ministerio. Por lo tanto, aunque el Espíritu Santo usó a muchos apóstoles y muchos profetas fueron llenos de Él, su obra y palabras fueron sólo para cumplir con su deber como seres creados. Aunque sus profecías pudieran ser mayores que el camino de vida del que habló el Dios encarnado, y que incluso su humanidad fuera más trascendente que la del Dios encarnado, seguían cumpliendo su deber y no cumpliendo su ministerio. El deber del hombre se refiere a la función del hombre, y es algo que el hombre puede alcanzar. Sin embargo, el ministerio que llevó a cabo el Dios encarnado se relaciona con Su gestión y es inalcanzable para el hombre. Ya sea que el Dios encarnado hable, obre, o manifieste maravillas, está haciendo la gran obra dentro de Su gestión, y tal obra no la puede hacer el hombre en Su lugar. La obra del hombre sólo es cumplir con su deber como un ser creado en una etapa dada de la obra de gestión de Dios. Sin tal gestión, es decir, si el ministerio de Dios encarnado se pierde, también se pierde el deber de un ser creado. La obra de Dios en cumplir con Su ministerio es gestionar al hombre, mientras que el hombre cumpliendo con su deber es el desempeño de sus propias obligaciones para cumplir las demandas del Creador, y de ninguna manera se puede considerar que está cumpliendo con el ministerio de alguien. Para la esencia inherente de Dios, es decir, el Espíritu, la obra de Dios es Su gestión, pero para Dios encarnado, usando la forma externa de un ser creado, Su obra es el cumplimiento de Su ministerio. Cualquiera que sea la obra que Él haga, es la de cumplir con Su ministerio, y el hombre sólo puede hacer lo mejor que pueda dentro del campo de acción de Su gestión y bajo Su liderazgo.

    El hombre cumpliendo con su deber es, en la realidad, el logro de todo lo que es inherente dentro del hombre, es decir, lo que es posible para el hombre. Es entonces que su deber se cumple. Los defectos del hombre durante el servicio del hombre se reducen gradualmente a través de la experiencia progresiva y del proceso de su experiencia del juicio; no obstaculizan ni afectan el deber del hombre. Los que dejan de servir o ceden y retroceden por temor a los defectos que puedan existir en el servicio son los más cobardes de todos los hombres. Si el hombre no puede expresar lo que debe expresar durante el servicio, o lograr lo que por naturaleza es posible para él, y en cambio se hace el tonto y lo hace mecánicamente sin mostrar ningún interés, ha perdido la función que un ser creado debe tener. Esta clase de hombre se considera un mediocre cero a la izquierda y un inútil desperdicio de espacio; ¿cómo puede alguien así ser dignificado con el título de un ser creado? ¿No son entes de corrupción que brillan por fuera pero que están podridos por dentro? Si un hombre se llama a sí mismo Dios, pero no es capaz de expresar el ser de la divinidad, ni hacer la obra de Dios mismo, ni representar a Dios, sin duda no es Dios, porque no tiene la esencia de Dios, y lo que Dios puede por Su naturaleza lograr no existe dentro de él. Si el hombre pierde lo que por su naturaleza es alcanzable, ya no se puede considerar un hombre, y no es digno de permanecer como un ser creado o de venir delante de Dios y servirlo. Además, no es digno de recibir la gracia de Dios ni de que Dios lo cuide, lo proteja y lo perfeccione. Muchos que han perdido la confianza de Dios pasan a perder la gracia de Dios. No sólo no desprecian sus fechorías, sino que con descaro propagan la idea de que el camino de Dios no es correcto. Y esos rebeldes incluso niegan la existencia de Dios; ¿cómo puede esa clase de hombre con tal rebeldía tener el privilegio de gozar la gracia de Dios? Los hombres que no han cumplido su deber han sido muy rebeldes contra Dios y le deben mucho a Él, pero se dan la vuelta y critican severamente que Dios está equivocado. ¿Cómo podría esa clase de hombre ser digno de ser perfeccionado? ¿No es esto el precursor para que sean eliminados y castigados? Un hombre que no cumple con su deber delante de Dios ya es culpable de los crímenes más atroces para los que hasta la muerte es un castigo insuficiente, pero el hombre tiene el descaro de discutir con Dios y enfrentarse a Él. ¿Cuál es el valor de perfeccionar a esa clase de hombre? Si el hombre no cumple su deber, se debe sentir culpable y en deuda; debe despreciar su debilidad e inutilidad, su rebelión y corrupción, y también debe sacrificar su vida y sangre para Dios. Sólo entonces será un ser creado que verdaderamente ama a Dios, y sólo esa clase de hombre es digno de disfrutar las bendiciones y la promesa de Dios y de que Él lo perfeccione. ¿Y qué pasa con la mayoría de vosotros? ¿Cómo tratáis al Dios que vive entre vosotros? ¿Cómo habéis cumplido vuestro deber delante de Él? ¿Habéis hecho todo lo que fuisteis llamados a hacer, incluso a expensas de vuestra propia vida? ¿Qué habéis sacrificado? ¿No habéis recibido mucho de Mí? ¿Podéis hacer la distinción? ¿Qué tan leales me sois? ¿Cómo me habéis servido? ¿Y qué pasa con todo lo que os he otorgado y he hecho por vosotros? ¿Habéis tomado medida de todo esto? ¿Habéis juzgado y comparado esto con la poca conciencia que tenéis dentro de vosotros? ¿A quién podéis hacer el bien con vuestras palabras y acciones? ¿Podría ser que ese minúsculo sacrificio vuestro es digno de todo lo que os he otorgado? No tengo otra opción y me he dedicado a vosotros con todo el corazón, pero albergáis malvados recelos contra Mí y sois indiferentes. Este es el alcance de vuestro deber, vuestra única función. ¿No es así? ¿No sabéis que para nada habéis cumplido el deber de un ser creado? ¿Cómo podéis ser considerados un ser creado? ¿No sabéis con claridad qué es lo que estáis expresando y viviendo? No habéis cumplido con vuestro deber, pero buscáis obtener la misericordia y la gracia abundante de Dios. Esa gracia no ha sido preparada para unos tan inútiles y viles como vosotros, sino para los que no piden nada y se sacrifican con gusto. Tales hombres como vosotros, tales mediocres ceros a la izquierda, para nada sois dignos de disfrutar la gracia del cielo. ¡Sólo las dificultades y el interminable castigo acompañarán vuestros días! Si no me podéis ser fieles, vuestro destino será uno de sufrimiento. Si no podéis ser responsables ante Mis palabras y Mi obra, vuestra suerte será una de castigo. Ninguna gracia, bendiciones y vida maravillosa en el reino tendrán nada que ver con vosotros. ¡Este es el fin que merecéis y una consecuencia de vuestro propio esfuerzo! Esos hombres necios y arrogantes no sólo no han hecho su mejor esfuerzo o no han cumplido con su deber, sino que en cambio tienen las manos extendidas para recibir la gracia como si merecieran lo que piden. Y si no obtienen lo que piden, cada vez se hacen más infieles. ¿Cómo pueden esos hombres ser considerados sensatos? Sois de bajo calibre y estáis desprovistos de la razón, completamente incapaces de cumplir el deber que debéis cumplir durante la obra de gestión. Vuestro valor ya ha caído precipitosamente. Vuestro fracaso en recompensarme por mostraros ese favor ya es un acto de extrema rebeldía, suficiente para condenaros y demostrar vuestra cobardía, incompetencia, vileza e indignidad. ¿Cómo podríais todavía estar calificados para mantener vuestras manos extendidas? No sois capaces de ser de la menor ayuda a Mi obra, no sois capaces de comprometeros con vuestra fe ni de dar testimonio de Mí. Estas ya son vuestras fechorías y fracasos, pero en cambio me atacáis, decís mentiras de Mí y os quejáis de que soy injusto. ¿Es esto lo que contribuye a vuestra lealtad? ¿Es esto lo que constituye a vuestro amor? ¿Qué otra obra podéis hacer más allá de esta? ¿Cómo habéis contribuido a toda la obra que se ha hecho? ¿Qué tanto habéis gastado? Ya es un acto de gran misericordia que no ponga ninguna culpa sobre vosotros, pero vosotros todavía con desvergüenza me dais excusas y os quejáis de Mí en privado. ¿Tenéis un mínimo tinte de humanidad? Aunque el deber del hombre esté manchado por la mente del hombre y sus nociones, debes cumplir con tu deber y comprometerte con tu fe. Las impurezas en la obra del hombre son un problema de su calibre, mientras que, si el hombre no cumple con su deber, ello muestra su rebeldía. No hay correlación entre el deber del hombre y si es bendito o maldito. El deber es lo que el hombre debe cumplir; es su deber ineludible y no debe depender de las recompensas, condiciones o razones. Sólo entonces eso es cumplir con su deber. Un hombre que es bendito goza de bondad tras ser perfeccionado después del juicio. Un hombre que es maldito recibe el castigo cuando su carácter no cambia después del castigo y el juicio, es decir, no ha sido perfeccionado. Como un ser creado, el hombre debe cumplir su deber, hacer lo que debe hacer, y hacer lo que es capaz de hacer, independientemente de si será bendecido o maldecido. Esta es la condición más básica para el hombre, como de uno que está en busca de Dios. No debes cumplir con tu deber sólo para ser bendecido y no te debes negar a actuar por temor a ser maldecido. Dejadme deciros una cosa: Si el hombre es capaz de cumplir con su deber, esto quiere decir que desempeña lo que debe hacer. Si el hombre no es capaz de cumplir con su deber, esto muestra la rebeldía del hombre. Siempre es por medio del proceso de cumplir con su deber que el hombre es cambiado gradualmente, y es por medio de este proceso que demuestra su lealtad. Como tal, entre más puedas cumplir con tu deber, más verdades recibirás y así también tu expresión se volverá más real. Los que sólo cumplen con su deber por inercia y no buscan la verdad, al final serán eliminados, porque tales hombres no cumplen con su deber en la práctica de la verdad, y no practican la verdad en el cumplimiento de su deber. Tales hombres son los que permanecen sin cambios y van a ser malditos. No sólo sus expresiones son impuras, sino que lo que expresan no es otra cosa que maldad.

    En la Era de la Gracia, Jesús también habló mucho y trabajó mucho. ¿En qué fue diferente de Isaías? ¿En qué fue diferente de Daniel? ¿Fue un profeta? ¿Por qué se dice que Él es Cristo? ¿Cuáles son las diferencias entre ellos? Todos fueron hombres que hablaron palabras y sus palabras les parecían más o menos iguales a los hombres. Todos hablaron y obraron. Los profetas del Antiguo Testamento hicieron profecías y, de manera similar, también Jesús. ¿Por qué es así? La distinción aquí se basa en la naturaleza de la obra. Con el fin de discernir este asunto, no puedes considerar la naturaleza de la carne y no debes considerar la profundidad o la superficialidad de las palabras de alguien. Siempre debes considerar primero su obra y los resultados que su obra logra en el hombre. Las profecías de las que habló Isaías en ese tiempo no suplían la vida del hombre, y los mensajes que recibían aquellos como Daniel eran sólo profecías y no el camino de vida. Si no fuera por la revelación directa de Jehová, nadie hubiera hecho esa obra porque es imposible para los mortales. Jesús también habló mucho, pero esas palabras eran el camino de vida del cual el hombre podía encontrar una vía a la práctica. Es decir, en primer lugar, Él podía suplir la vida del hombre porque Jesús es vida; en segundo lugar, Él podía revertir las desviaciones del hombre; en tercer lugar, Su obra podía suceder a la de Jehová con el fin de seguir adelante con la era; en cuarto lugar, podía captar las necesidades internas del hombre y entender lo que al hombre le falta; en quinto lugar, podía marcar el comienzo de una nueva era y dar por terminada la vieja. Es por esto que se llama Dios y Cristo; no sólo es diferente de Isaías, sino que también de todos los otros profetas. Considera a Isaías como una comparación de la obra de los profetas. En primer lugar, no podía suplir la vida del hombre; en segundo, no podía marcar el comienzo de una nueva época. Estaba trabajando bajo el liderazgo de Jehová y no para marcar el comienzo de una nueva época. Tercero, lo que habló estaba más allá de su comprensión. Estaba recibiendo revelaciones directamente del Espíritu de Dios y los demás no entenderían incluso si las hubieran escuchado. Sólo estas cuantas cosas son suficientes para probar que sus palabras no eran más que profecías, no más que un aspecto de la obra hecha en lugar de Jehová. Sin embargo, no podía representar complemente a Jehová. Era el siervo de Jehová, un instrumento en la obra de Jehová. Sólo estaba haciendo la obra dentro de la Era de la Ley y dentro del campo de acción de la obra de Jehová; no obró más allá de la Era de la Ley. Por el contrario, la obra de Jesús era distinta. Él superó el campo de acción de la obra de Jehová; obró como el Dios encarnado y padeció la crucifixión con el fin de redimir a toda la humanidad. Es decir, llevó a cabo una nueva obra fuera de la obra que Jehová había hecho. Esto marcó el comienzo de una nueva era. Otra condición es que podía hablar de lo que el hombre no podía lograr. Su obra fue una obra dentro de la gestión de Dios e involucraba a toda la humanidad. No obró en sólo unos cuantos hombres, ni Su obra fue guiar a un número limitado de hombres. En cuanto a cómo Dios se hizo carne para ser un hombre, cómo el Espíritu dio las revelaciones en aquel momento, y cómo el Espíritu descendió sobre un hombre para hacer la obra, estos son asuntos que el hombre no puede ver o tocar. Es completamente imposible que estas verdades sirvan como una prueba de que Él es el Dios encarnado. Como tal, sólo se puede hacer distinción en las palabras y la obra de Dios, que son tangibles para el hombre. Sólo esto es real. Esto es así porque los asuntos del Espíritu no son visibles para ti y sólo Dios mismo los sabe con claridad, y ni siquiera la carne encarnada de Dios lo sabe todo; sólo puedes verificar si Él es Dios[a] por la obra que ha hecho. De Su obra se puede ver que, en primer lugar, Él puede abrir una nueva era; segundo, puede suplir la vida del hombre y mostrarle al hombre el camino a seguir. Esto es suficiente para establecer que Él es Dios mismo. Por lo menos, la obra que Él hace puede representar completamente al Espíritu de Dios, y de tal obra se puede ver que el Espíritu de Dios está dentro de Él. Ya que la obra que hizo el Dios encarnado fue principalmente para marcar el comienzo de una nueva era, guiar una nueva obra, inaugurar nuevas circunstancias, estas cuantas condiciones por sí solas son suficientes para establecer que Él es Dios mismo. Esto lo diferencia de Isaías, Daniel y los otros grandes profetas. Isaías, Daniel y todos los demás eran de una clase de hombres muy educados y cultos; fueron hombres extraordinarios bajo el liderazgo de Jehová. La carne de Dios encarnado también tenía conocimiento y no carecía de intelecto, pero Su humanidad era particularmente normal. Él era un hombre ordinario y a simple vista no se podía discernir ninguna humanidad especial acerca de Él o detectar nada en Su humanidad que fuera diferente a la de los demás. Él no era sobrenatural o único, y no poseía ninguna alta educación, conocimiento o teoría superior. La vida de la que habló y el camino que guio no se ganaron por medio de la teoría, por medio del conocimiento, por medio de la experiencia de la vida o por medio de la educación familiar. Más bien, fueron la obra directa del Espíritu y de la carne. Esto se debe a que el hombre tiene grandes nociones de Dios, y particularmente porque estas nociones constan de muchos elementos de vaguedad y de lo sobrenatural que, a los ojos del hombre, un Dios ordinario con debilidad humana, que no puede obrar señales y prodigios, seguramente no es Dios. ¿No son estas las nociones erróneas del hombre? Si la carne de Dios encarnado no era un hombre normal, ¿entonces cómo se podía decir que se hizo carne? Ser de la carne es ser un hombre ordinario y normal; si hubiera sido un ser trascendente, entonces no hubiera sido de la carne. Para probar que Él es de la carne, Dios encarnado tenía que poseer una carne normal. Esto era sólo para completar la relevancia de la encarnación. Sin embargo, este no fue el caso para los profetas y los hijos de los hombres. Fueron hombres dotados y que el Espíritu Santo usó; a los ojos del hombre, su humanidad era particularmente grandiosa y desempeñaban muchos actos que superaban la humanidad normal. Por esta razón, el hombre los veía como Dios. Ahora todos vosotros debéis ver esto con claridad, porque ha sido el tema que con mayor facilidad han confundido todos los hombres en las épocas pasadas. Además, la encarnación es la más misteriosa de todas las cosas y lo más difícil que el hombre puede aceptar es Dios encarnado. Lo que digo es propicio para cumplir vuestra función y vuestro entendimiento del misterio de la encarnación. Todo esto se relaciona con la gestión de Dios, con la visión. Vuestra comprensión de esto va a ser más beneficiosa para obtener conocimiento de la visión, es decir, la obra de gestión. De esta manera, también obtendréis mucha comprensión del deber que las diferentes clases de hombre deben desempeñar. Aunque estas palabras no os muestran directamente el camino, siguen siendo de gran ayuda para vuestra entrada, porque a vuestras vidas al presente les falta mucha visión, y esto se volverá un obstáculo importante que impida vuestra entrada. Si no habéis podido entender estas cuestiones, entonces no habrá ninguna motivación que conduzca vuestra entrada. ¿Y cómo puede dicha búsqueda permitiros cumplir mejor vuestro deber?

Nota al pie:

a. El texto original omite “si Él es Dios”.

¿Cómo reciben las vírgenes prudentes al novio?


    ¡Hola, hermanos y hermanas! Ahora que se aproxima el final de los últimos días, el Señor se aparecerá para llevar a cabo Su obra. Todos esperamos recibir al esposo como las vírgenes prudentes. En cierta ocasión, el Señor Jesús profetizó: "Pero a medianoche se oyó un clamor: '¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo'" (Mateo 25:6). Así pues, ¿cómo reciben las vírgenes prudentes al esposo? ¿Y de qué modo son llevadas al trono de Dios? El programa de hoy os ayudará a buscar las huellas de Dios y a recibir el regreso del Señor. Por favor, estad muy atentos.
Scripture quotations taken from http://www.LBLA.com
Lista de programas:
1 Himno de la palabra de Dios: Cómo buscar las huellas de Dios
2 Clip de película evangélica: Esperando (I) - ¿Cómo debemos “vigilar y esperar” la segunda venida del Señor?
3 Clip de película evangélica: “Desde el trono fluye el agua de la vida” (III) - Investigar el regreso del Señor deber escuchar la voz de Dios
4 Lectura de la palabra de Dios: ¿Sabes? Dios ha hecho algo grande entre los hombres
5 Himno de la palabra de Dios: Dios llega calladamente entre nosotros
6 Clip de película evangélica: “El momento de la transformación” (I) - ¿Cómo son arrebatadas las vírgenes prudentes?
7 Clip de película evangélica: "El despertar del sueño" (IV) - Aceptar al Cristo de los últimos días y ser arrebatado al reino de los cielos
8 Himno de la palabra de Dios: Dos mil años de espera·

Música alabanza y adoración | "Testimonio de vida" Los cristianos aman a Dios hasta la muerte


    El PCCh podría perseguirme y detenerme cualquier día,
pero ese sufrimiento es en aras de la justicia, que bien conozco en mi corazón.
Si mi vida se apaga como una chispa en un abrir y cerrar de ojos,
seguiré afirmando orgulloso que he aceptado a Cristo de los últimos días.
Si no puedo ver el gran acontecimiento de la expansión del evangelio del reino,
seguiré ofreciendo los deseos más hermosos.
Si no puedo presenciar el día en que el reino se lleve a cabo,
pero puedo avergonzar hoy a Satanás, entonces mi corazón se llenará de paz y gozo.
Las palabras de Dios se expanden por el mundo entero, la luz ha aparecido entre los hombres.
El reino de Cristo surge y se establece entre tanta adversidad.
La oscuridad está a punto de desaparecer; un amanecer justo ha llegado.
El tiempo y la realidad han dado testimonio de Dios.


    Si me convierto en un mártir y ya no puedo dar testimonio de Dios,
el evangelio del reino se seguirá extendiendo como el fuego gracias a innumerables creyentes.
Aunque desconozco hasta dónde llegaré en este accidentado camino,
seguiré ofreciendo mi gran amor hacia Dios.
Dar testimonio de Su obra de los últimos días y llevar a cabo Su voluntad en la tierra
es un honor al que nos entregamos para difundir la verdad.
Impertérritos ante la adversidad, como oro puro forjado en el horno,
de la influencia de Satanás emerge un grupo de soldados victoriosos.
Las palabras de Dios se expanden por el mundo entero, la luz ha aparecido entre los hombres.
El reino de Cristo surge y se establece entre tanta adversidad.
La oscuridad está a punto de desaparecer; un amanecer justo ha llegado.
El tiempo y la realidad han dado testimonio de Dios.
Las palabras de Dios se expanden por el mundo entero, la luz ha aparecido entre los hombres.
El reino de Cristo surge y se establece entre tanta adversidad.
La oscuridad está a punto de desaparecer; un amanecer justo ha llegado.
El tiempo y la realidad han dado testimonio de Dios.
Las palabras de Dios se expanden por el mundo entero, la luz ha aparecido entre los hombres.
El reino de Cristo surge y se establece entre tanta adversidad.
La oscuridad está a punto de desaparecer; un amanecer justo ha llegado.
El tiempo y la realidad han dado testimonio de Dios.
El tiempo y la realidad han dado testimonio de Dios.
De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

Música cristiana 2018 | Alabanza y adoración "El amor de Dios nos une"


    A pesar de los innumerables mares y montañas que nos separan,
somos un solo pueblo, sin fronteras entre nosotros,
con diferentes colores de piel y diferentes lenguas.
Las palabras de Dios Todopoderoso nos invocan,
por eso somos elevados ante el trono de Dios.
A pesar de los innumerables mares y montañas que nos separan,
somos un solo pueblo, sin fronteras entre nosotros,
con diferentes colores de piel y diferentes lenguas.
Las palabras de Dios Todopoderoso nos invocan,
por eso somos elevados ante el trono de Dios.
Hay ancianos de pelo cano,
y jóvenes alegres y radiantes.
Todos de la mano, hombro con hombro,
caminamos juntos contra viento y marea, nos animamos mutuamente en la adversidad.
Con un mismo pensamiento, cumplimos nuestro deber.
Nuestros corazones están unidos, confiamos en la vida.
El amor de Dios nos une.
Las palabras de Dios son el manantial de agua viva.
Al gozar de las palabras de Dios, nuestros corazones se colman de dulzura.
El castigo de Sus palabras, el juicio de Sus palabras,
purifican nuestro carácter corrupto.
Sólo mediante la poda y el trato adoptamos apariencia humana.
Ante la negatividad y la debilidad, nos apoyamos los unos a los otros.
Estamos juntos ante la adversidad.
Somos testimonio y derrotamos a Satanás.
Escapamos de la oscuridad y vivimos en la luz.
Fieles y obedientes, somos la manifestación de la gloria de Dios.
Conocemos la justicia y belleza de Dios.
Experimentamos las innumerables maneras en que Dios nos ama.
Acurrucados en el regazo de Dios, nuestras vidas en la tierra son como en el cielo.
Sólo con Dios existe el amor, sólo con amor existe la familia.
Todos los que aman a Dios son una familia.
El amor de Dios nos une.
Las palabras de Dios nos acompañan mientras crecemos.
Al vivir en el hermoso reino,
alabamos a Dios Todopoderoso por siempre.
La la la … La la la … La la la …
La la la … La la la … La la la …
Sólo con Dios existe el amor, sólo con amor existe la familia.
Todos los que aman a Dios son una familia.
El amor de Dios nos une.
Las palabras de Dios nos acompañan mientras crecemos.
Al vivir en el hermoso reino,
alabamos a Dios Todopoderoso por siempre.
alabamos a Dios Todopoderoso por siempre.
alabamos a Dios Todopoderoso por siempre.
De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

sábado, 30 de junio de 2018

Sólo los que conocen a Dios y Su obra pueden satisfacer a Dios

    La obra de Dios encarnado incluye dos partes. La primera vez que Él se hizo carne, la gente no creía en Él, ni lo conocían, y clavaron a Jesús en la cruz. De igual manera, la segunda vez la gente tampoco creyó en Él, y mucho menos lo conocieron, y una vez más clavaron a Cristo en la cruz. ¿No es acaso el hombre el enemigo de Dios? Si el hombre no lo conoce, ¿cómo puede el hombre ser íntimo con Dios? ¿Y cómo podría estar calificado para dar testimonio de Dios? Amar a Dios, servir a Dios, glorificar a Dios, ¿no son estas mentiras engañosas? Si tú dedicas tu vida a estas cosas poco prácticas e irrealistas, ¿acaso no estarás trabajando en vano? ¿Cómo puedes ser un íntimo de Dios cuando ni siquiera sabes quién es Dios? ¿Acaso no es tal búsqueda vaga y abstracta? ¿Acaso no es engañosa? ¿Cómo puede ser alguien un íntimo de Dios? ¿Cuál es el significado práctico de ser un íntimo de Dios? ¿Puedes ser un íntimo del Espíritu de Dios? ¿Puedes ver cuán grande y exaltado es el Espíritu? Ser el íntimo de un Dios invisible e intangible, ¿no es eso algo vago y abstracto? ¿Cuál es el significado práctico de dicha búsqueda? ¿No son todas mentiras engañosas? Lo que tú persigues es convertirte en un íntimo de Dios, mas, de hecho, eres el perro faldero de Satanás ya que no conoces a Dios, y buscas a un inexistente “Dios de todas las cosas”, que es invisible, intangible y de acuerdo a tus propias nociones. Hablando vagamente, un “Dios” como este es Satanás, y prácticamente hablando, eres tú mismo. Buscas ser tu propio íntimo y aun así insistes en que buscas ser el íntimo de Dios, ¿acaso no es esto blasfemia? ¿Cuál es el valor de dicha búsqueda? Si el Espíritu de Dios no se hace carne, entonces la esencia de Dios no es más que un Espíritu invisible, intangible de la vida, sin forma y amorfo, algo no material, inaccesible e incomprensible para el hombre. ¿Cómo podría ser el hombre íntimo de un espíritu incorpóreo, asombroso, insondable como este? ¿Acaso no es esto un chiste? Tal razonamiento es inválido e impráctico. El hombre creado es inherentemente de una especie diferente a la del Espíritu de Dios, entonces ¿cómo podrían ambos ser íntimos? Si el Espíritu de Dios no se hubiese manifestado en la carne, si Dios no se hubiese convertido en carne y se hubiese humillado al convertirse en una criatura, el hombre creado no tendría ni calificación ni capacitación para ser Su íntimo, y aparte de esos devotos creyentes que podrían tener la oportunidad de ser íntimos de Dios después de que sus almas hayan entrado al cielo, la mayoría de la gente sería incapaz de convertirse en íntimos del Espíritu de Dios. Y si el hombre desea convertirse en íntimo de Dios en el cielo bajo la guía de Dios encarnado, ¿acaso no es un no humano asombrosamente necio? El hombre simplemente busca la “fidelidad” a un Dios invisible, y no presta la más mínima atención al Dios que se puede ver, debido a que es tan fácil buscar a un Dios invisible, el hombre puede hacerlo de la forma que quiera. Pero la búsqueda del Dios visible no es tan fácil. El hombre que busca un Dios difuso es absolutamente incapaz de ganar a Dios, porque las cosas que son difusas y abstractas son todas imaginadas por el hombre, e incapaces de ser adquirida por el hombre. Si el Dios que vino entre vosotros fuese un Dios elevado y exaltado que fuese inaccesible para vosotros, entonces, ¿cómo podéis buscar Su voluntad? ¿Y cómo podéis conocerlo y comprenderlo? Si Él sólo hubiese realizado Su obra, y no hubiese tenido ningún contacto normal con el hombre, o hubiese estado poseído de una humanidad fuera de lo normal y hubiese sido inaccesible para los meros mortales, entonces aun cuando Él hiciera mucho trabajo por vosotros, pero vosotros no tuvieseis contacto con Él, y no lo hubieseis podido ver, ¿cómo podéis saber quién es Él? Si no fuera por esta carne poseída de la humanidad normal, el hombre no tuviese manera de conocer a Dios; es sólo gracias a la encarnación de Dios que el hombre está calificado para ser el íntimo de este Dios en la carne. El hombre se vuelve íntimo de Dios, porque el hombre entra en contacto con Él, porque el hombre vive junto a Él y lo acompaña, y así poco a poco llega a conocerlo. Si no fuera así, ¿no sería la búsqueda del hombre en vano? Es decir, no es a causa de la obra de Dios que el hombre es capaz de volverse íntimo de Dios, sino por la realidad y la normalidad de Dios encarnado. Es sólo porque Dios se hace carne que el hombre tiene la oportunidad de cumplir con su deber, y la oportunidad de adorar al Dios verdadero. ¿Acaso no es esta la más actual y práctica verdad? Ahora bien, ¿todavía deseas ser un íntimo de Dios en el cielo? Sólo cuando Dios se humilla hasta cierto punto, es decir, sólo cuando Dios se hace carne, el hombre puede ser Su íntimo y confidente. Dios es del Espíritu: ¿Cómo es el hombre calificado para ser el íntimo de este Espíritu, que es tan elevado e insondable? Sólo cuando el Espíritu de Dios desciende en la carne y se convierte en una criatura con la misma apariencia externa del hombre, es cuando el hombre podrá entender Su voluntad y de hecho ser ganado por Él. Él habla y obra en la carne, comparte en las alegrías, penurias y tribulaciones del hombre, vive en el mismo mundo que el hombre, protege al hombre y lo guía, y a través de esto Él purifica al hombre, y permite al hombre obtener Su salvación y Su bendición. Habiendo obtenido todas estas cosas, el hombre en verdad llega a comprender la voluntad de Dios, y sólo entonces puede ser un íntimo de Dios. Sólo esto es práctico. Si Dios fuera invisible e intangible para el hombre, ¿cómo podría el hombre ser Su íntimo? ¿No es esto acaso doctrina vacía?

    En su creencia en Dios hoy en día, muchas personas todavía persiguen lo que es vago y abstracto. No tienen ninguna comprensión de la realidad de la obra de Dios en el presente, y aún viven entre letras y doctrinas. Más aún, la mayoría todavía tienen que entrar en la realidad de las nuevas frases tales como: la “nueva generación de los que aman a Dios”, el “íntimo de Dios”, el “ejemplar y modelo del amor de Dios”, el “estilo de Pedro”; en cambio, su búsqueda sigue siendo vaga y abstracta, todavía deambulan a tientas en torno a la doctrina, y no tienen la comprensión de la realidad de estas palabras. Cuando el Espíritu de Dios se hace carne, tú puedes ver y tocar Su obra en la carne. Sin embargo, si continúas siendo incapaz de convertirte en Su íntimo, si aún eres incapaz de ser Su confidente, entonces, ¿cómo podrías ser el confidente del Espíritu de Dios? Si no conoces al Dios de hoy, ¿cómo puedes pertenecer a la nueva generación de los que aman a Dios? ¿Acaso no son estas las letras y doctrinas vacías? ¿Eres capaz de ver el Espíritu y presentir Su voluntad? ¿No son estas palabras vacías? No es suficiente para ti el que sencillamente pronuncies estas frases y términos, ni tampoco puedes lograr la satisfacción de Dios sólo por medio de la resolución. Te sientes satisfecho sólo con pronunciar estas palabras, y lo haces para satisfacer tus propios deseos, para satisfacer tus propios ideales irrealistas, y para satisfacer tus propias nociones y forma de pensar. Si no conoces al Dios de hoy, entonces, independientemente de lo que hagas, no serás capaz de satisfacer el deseo del corazón de Dios. ¿Qué significa ser confidente de Dios? ¿Todavía no entiendes esto? En vista de que el íntimo de Dios es el hombre, así Dios es también hombre, es decir, Dios se ha hecho carne, se ha convertido en hombre. Sólo aquellos que son de la misma especie pueden llamarse confidentes los unos a los otros, sólo entonces podrán ser considerados íntimos. Si Dios fuera del Espíritu, ¿cómo podría el hombre creado ser Su íntimo?

    Tu creencia en Dios, tu búsqueda de la verdad, e incluso la forma en que te comportas, todo ello debe basarse en la actualidad: todo lo que haces debe ser práctico, y no debes buscar cosas ilusorias y fantasiosas. No hay ningún valor en comportarse de esta manera, y, por otra parte, una vida así no tiene significado alguno. Debido a que tu búsqueda y tu vida la gastas en nada más que la mentira y el engaño, y que no buscas las cosas que tienen valor y significado, lo único que obtienes es un razonamiento absurdo y una doctrina absurda que no provienen de la verdad. Este tipo de cosas no guardan relación con el significado y el valor de tu existencia, y sólo puede llevaros a un mundo hueco. De esta manera, toda tu vida no tendría ningún valor o significado, y si no buscas una vida significativa, entonces podrás vivir cien años y todo no te serviría para nada. ¿Cómo podría eso llamarse una vida humana? ¿Acaso no es esa en realidad la vida de un animal? Del mismo modo, si vosotros intentáis seguir el camino de la creencia en Dios, pero no intentáis encontrar al Dios que puede ser visto, y en su lugar adoráis a un Dios invisible e intangible, entonces ¿no sería tal búsqueda aún más inútil? Al final, tu búsqueda se volvería un montón de ruinas. ¿Qué provecho te brindaría tal búsqueda? El mayor problema del hombre es que a él sólo le gustan las cosas que no puede ver ni tocar, las cosas que son supremamente misteriosas y asombrosas, que son inimaginables por el hombre y que son inalcanzables por simples mortales. Cuanto más irrealistas sean estas cosas, más las analiza el hombre, que incluso las persigue haciendo caso omiso de todo lo demás, y se engaña a sí mismo pensando que es capaz de obtenerlas. Cuanto más irrealista sean estas, más las somete a escrutinio y las analiza el hombre, incluso yendo tan lejos como crear sus propias exhaustivas ideas sobre ellas. Por el contrario, mientras más realistas sean las cosas, más las desdeña el hombre; simplemente las mira con altivez, y hasta es despectivo hacia ellas. ¿No es esta precisamente vuestra actitud hacia el trabajo realista que Yo realizo hoy? Mientras más realistas sean las cosas, más prejuiciosos sois contra de ellas. Vosotros no escatimáis tiempo en examinarlas, sino que sencillamente las ignoráis; miráis con altivez estos requisitos realistas y claros, e incluso albergáis numerosas nociones acerca de este Dios que es muy práctico, y simplemente sois incapaces de aceptar Su realidad y normalidad. De esta manera, ¿no giran vuestras creencias en torno a la vaguedad? Vosotros mantenéis una creencia inquebrantable en el Dios vago de los tiempos pasados, y no tenéis interés en el Dios práctico de hoy. ¿No se debe esto a que el Dios de ayer y el Dios de hoy corresponden a dos épocas diferentes? ¿No es también debido a que el Dios de ayer es el Dios exaltado de los cielos, mientras que el Dios de hoy es un hombre pequeño en la tierra? ¿No es, por otra parte, porque el Dios adorado por el hombre es producto de sus nociones, mientras que el Dios de hoy es verdadera carne hecha sobre la tierra? Cuando todo esté dicho y hecho, ¿no lo será porque el Dios de hoy es tan real que el hombre no lo busca? Porque lo que el Dios de hoy pide del hombre es precisamente lo que el hombre está menos dispuesto a hacer, y que le produce vergüenza. ¿No es esto hacer las cosas más difíciles para el hombre? ¿No pone esto en evidencia sus cicatrices? De esta manera, muchos de los que no buscan la actualidad se vuelven enemigos de Dios encarnado, se convierten en anticristos. ¿No es esto un hecho evidente? En el pasado, cuando Dios aún no se había hecho carne, quizá vosotros erais una figura religiosa, o un creyente devoto. Después que Dios se hizo carne, muchos de estos devotos creyentes, sin saberlo, se convirtieron en anticristos. ¿Sabes tú lo que está pasando aquí? En tu creencia en Dios, no te concentras en la actualidad o en la búsqueda de la verdad, sino que en cambio te obsesionas con falsedades. ¿No es esto la fuente más clara de tu enemistad con Dios encarnado? Dios encarnado es llamado Cristo, así que ¿no son todos los que no creen en Dios encarnado, anticristos? ¿Y ese en el cual crees y al cual amas el verdadero Dios hecho carne? ¿Es en verdad ese el Dios vivo que respira y que es muy actual y extraordinariamente normal? ¿Cuál es exactamente el objetivo de tu búsqueda? ¿Está en el cielo o en la tierra? ¿Es una noción o es la verdad? ¿Es Dios o es un ser sobrenatural? De hecho, la verdad es el más real de los aforismos de la vida, y el más alto de tales aforismos en toda la humanidad. Debido a que es el requisito que Dios hace al hombre, y es la obra realizada personalmente por Dios, que esta es la razón por la que se llama el aforismo de la vida. No es un aforismo que se resume de algo, ni tampoco es una famosa cita de una gran figura; sino que es la declaración del Soberano de los cielos y la tierra y de todas las cosas, a la humanidad, y no algunas palabras resumidas por el hombre, sino que es la vida inherente de Dios. Y por ello es que se le llama el más alto de los aforismos de la vida. La búsqueda del hombre por llevar a la práctica la verdad, es el desempeño de su deber, es decir, la búsqueda de la satisfacción de los requerimientos de Dios. La esencia de este requisito es la más actual de todas las verdades, en lugar de una doctrina vacía alcanzable por ningún hombre. Si tu búsqueda no es más que la doctrina y no contiene ninguna realidad, ¿no te estás acaso rebelando contra la verdad? ¿No eres alguien que ataca a la verdad? ¿Cómo puede una persona así buscar amar a Dios? ¡Las personas que no tienen una realidad son las que traicionan la verdad, y son inherentemente rebeldes!

    Independientemente de cómo haces tú búsqueda, debes, sobre todo, comprender la obra que Dios hace en la actualidad, y debes conocer el significado de este trabajo. Debes entender y saber qué trabajo es el que Dios traerá cuando Él venga en los últimos días, qué carácter Él tendrá, y lo que se perfeccionará en el hombre. Si tú no conoces o no comprendes el trabajo que Él ha venido a hacer en la carne, entonces ¿cómo puedes buscar Su voluntad, y cómo puedes llegar a ser Su íntimo? De hecho, ser íntimo de Dios no es complicado, pero tampoco es sencillo. Si el hombre puede percibir, entonces él puede implementar, por lo que no es complicado; si el hombre no puede percibir, entonces es mucho más difícil, y, más aún, el hombre se vuelve propenso a buscar en medio de la vaguedad. Si, en la búsqueda de Dios, el hombre no tiene su propia postura que defender, y no sabe cuál es la verdad a la que debe apegarse, entonces significa que no tiene bases, por lo que no le será fácil mantenerse firme. Actualmente hay muchos que no entienden la verdad, que no pueden distinguir entre el bien y el mal o saber lo que deben amar u odiar. Tales personas apenas pueden mantenerse firmes. Clave en la creencia en Dios es ser capaz de poner en práctica la verdad, preocuparse por la voluntad de Dios, conocer la obra de Dios en el hombre cuando Él venga en la carne y los principios por los que Él habla; no sigas a las masas, y debes tener principios en cuanto a en qué debes entrar, y debes apegarte a ellos. Manteniéndote firme a esas cosas dentro de ti esclarecido por Dios, será de ayuda para ti. Si no lo haces, hoy vas a desviarte hacia un camino, mañana te desviarás hacia otro, y nunca obtendrás nada verdadero. Ser así no beneficiará tu propia vida. Aquellos que no entienden la verdad siempre siguen a los demás: si la gente dice que esta es la obra del Espíritu Santo, entonces, también tú dirás que es la obra del Espíritu Santo; si la gente dice que es la obra de un espíritu maligno, entonces, también te volverás dudoso, o también dirás que es la obra de un espíritu maligno. Siempre repetirás como loro las palabras de los demás, y serás incapaz de distinguir nada por ti mismo, ni serás capaz de pensar por ti mismo. Esto sería alguien sin una posición, que es incapaz de diferenciar, ¡tal persona es un ser despreciable sin valor! Esta clase de personas siempre repiten las palabras de los demás: hoy se dice que esta es la obra del Espíritu Santo, pero es probable que un día alguien diga que no es la obra del Espíritu Santo, sino nada más que obras del hombre, sin embargo, tú no puedes ver a través de esto, y cuando eres testigo de que otros lo dicen, tú repites lo mismo. En realidad, es la obra del Espíritu Santo, pero tú dices que es la obra del hombre; ¿acaso no te has convertido en uno de los que blasfeman contra la obra del Espíritu Santo? Y al hacerlo, ¿acaso no te opones a Dios porque no eres capaz de diferenciar? Quién sabe, quizás algún día aparezca algún imbécil que diga que “este es el trabajo de un espíritu maligno”, y cuando escuches estas palabras te habrás confundido, y una vez más estarás atado por las palabras de otros. Cada vez que alguien crea perturbación eres incapaz de defender tu posición, y esto es todo debido a que no posees la verdad. Creer en Dios y buscar el conocimiento de Dios no es un asunto sencillo. Esto no puede lograrse simplemente reuniéndose y escuchando prédicas, y tú no puedes ser perfeccionado sólo por la pasión. Debes experimentar y conocer, y tener principios en tus acciones, y debes obtener la obra del Espíritu Santo. Cuando hayas sufrido experiencias, serás capaz de diferenciar muchas cosas, serás capaz de distinguir entre el bien y el mal, entre la rectitud y la maldad, entre lo que es de carne y hueso y lo que es de la verdad. Tú debes ser capaz de distinguir entre todas estas cosas, y al hacerlo, sin importar las circunstancias, nunca te perderás. Sólo esto es tu verdadera estatura. El conocimiento de la obra de Dios no es una cuestión simple: debes tener estándares y un objetivo de tu búsqueda, debes saber cómo se busca el camino verdadero, cómo medir si es o no es el camino verdadero, y si es o no es la obra de Dios. ¿Cuál es el principio más fundamental en la búsqueda del camino verdadero? Tienes que ver si es o no la obra del Espíritu Santo, si estas palabras son la expresión de la verdad, a quién han sido testificadas, y lo que pueden traerte. Distinguir entre el camino verdadero y el falso requiere de varios aspectos de los conocimientos fundamentales, el más fundamental de los cuales es decir si existe o no la obra del Espíritu Santo. Porque la esencia de la creencia del hombre en Dios es la creencia en el Espíritu de Dios, e incluso su creencia en Dios encarnado se debe a que esta carne es la personificación del Espíritu de Dios, lo que significa que tal creencia sigue siendo la creencia en el Espíritu. Existen diferencias entre el espíritu y la carne, pero debido a que esta carne proviene del Espíritu, y es la Palabra hecha carne, entonces en lo que el hombre cree sigue siendo la esencia inherente de Dios. Y, por ende, al diferenciar si este es o no el camino verdadero, por sobre todo se tiene que observar si es o no la obra del Espíritu Santo, después de lo cual se debe ver si existe o no verdad en este camino. Esta verdad es el carácter de vida de la humanidad normal, es decir, lo que fue requerido del hombre cuando Dios lo creó en el principio, a saber: toda la humanidad normal (incluyendo el sentido humano, la percepción, la sabiduría y el conocimiento básico de ser hombre). Es decir, se necesita analizar si este camino lleva o no al hombre a una vida de humanidad normal, si la verdad dicha es o no requerida de acuerdo con la realidad de la humanidad normal, si esta verdad es o no práctica y actual, y si es o no es muy oportuna. Si existe verdad en ello, entonces será capaz de llevar al hombre a experiencias normales y prácticas; el hombre, por otra parte, se hace cada vez más normal, el sentido humano del hombre se vuelve cada vez más completo, la vida del hombre en la carne y la vida espiritual se vuelven cada vez más ordenadas, y las emociones del hombre se hacen cada vez más normales. Este es el segundo principio. Hay otro principio, que se refiere a si el hombre tiene o no un conocimiento cada vez mayor de Dios, si el que experimente este tipo de obra y verdad puede inspirar el amor de Dios en él y acercarlo cada vez más a Dios. En esto se puede medir si este es o no el camino verdadero. Lo más fundamental es si este camino es más realista que sobrenatural, y si es o no capaz de proporcionar vida al hombre. Si se ajusta a estos principios, puede llegarse a la conclusión de que este camino es el camino verdadero. Digo estas palabras no para obligaros a aceptar otras formas en vuestras futuras experiencias, ni tampoco como una predicción de que habrá el trabajo de otra nueva era en el futuro. Yo las digo para que vosotros podáis estar seguros de que el camino de hoy es el camino verdadero, de modo que vosotros no sólo estéis medio-seguros en cuanto a vuestras creencias sobre el trabajo de hoy y seáis incapaces de profundizar en él. Incluso hay muchos que, a pesar de sentirse seguros, aún son seguidores en confusión; tal certeza no contiene un principio, y debe ser eliminada tarde o temprano. Incluso aquellos que son especialmente ardientes seguidores, son tres partes seguros y cinco partes inseguros, lo que demuestra que no tienen ningunas bases. Debido a que vuestro calibre es demasiado pobre y vuestra base demasiado superficial, vosotros no tenéis ninguna comprensión de la diferenciación. Dios no repite Su obra, Él no hace trabajos que no sean realistas, Él no hace exigencias excesivas al hombre, y Él no hace el trabajo que vaya más allá del sentido del hombre. Todo el trabajo que hace está dentro del ámbito del sentido normal del hombre, y no supera el sentido de la humanidad normal, y Su obra está de acuerdo a las necesidades normales del hombre. Si se trata de la obra del Espíritu Santo, el hombre se hace cada vez más normal, y su humanidad se vuelve cada vez más normal. El hombre tiene un conocimiento cada vez mayor de su carácter, que ha sido corrompido por Satanás, y de la esencia del hombre, y él tiene un anhelo cada vez creciente por la verdad. Es decir, la vida del hombre crece y crece, y el carácter corrupto del hombre llega a ser capaz de más y más cambios, todo lo cual es el significado de Dios que se convierte en la vida del hombre. Si un camino es incapaz de revelar aquellas cosas que son la esencia del hombre, es incapaz de cambiar el carácter del hombre y, más aún, es incapaz de traerlo a Dios o de proporcionarle una verdadera comprensión de Dios, e incluso hace que su humanidad se vuelva cada vez más precaria y su sentido cada vez más anormal, entonces este no debe ser el camino verdadero, y puede que sea obra de un espíritu maligno, o de la manera antigua. En pocas palabras, no puede pertenecer a la presente obra del Espíritu Santo. Vosotros habéis creído en Dios por todos estos años, sin embargo, no tenéis la menor idea de los principios para diferenciar entre el camino verdadero y el camino falso o de buscar el camino verdadero. La mayoría de las personas ni siquiera están interesadas ​​en estos asuntos; ellos simplemente van donde la mayoría va, y repiten lo que la mayoría dice. ¿Cómo puede ser esta una persona que busca el camino verdadero? ¿Y cómo pueden estas personas encontrar el camino verdadero? Si captas estos principios clave, entonces no importa lo que pase, no serás engañado. En la actualidad es crucial que el hombre sea capaz de hacer distinciones; esto es lo que debe ser poseído por la humanidad normal y lo que el hombre debe poseer en su experiencia. Si, aún hoy en día, el hombre continúa sin distinguir nada como seguidor, y su sentido humano todavía no ha crecido, entonces el hombre es demasiado necio, y su búsqueda es equivocada y desviada. No existe la más mínima diferencia en tu búsqueda actual, y si bien es cierto, como tú dices, que has encontrado el camino verdadero, ¿lo has ganado? ¿Has sido capaz de distinguir algo? ¿Cuál es la esencia del camino verdadero? En el camino verdadero, no has adquirido el camino verdadero, no has ganado nada de la verdad, lo que quiere decir que no has logrado lo que Dios requiere de ti, y por tanto no ha habido ningún cambio en tu corrupción. Si continúas tu búsqueda por este camino, finalmente serás eliminado. Después de haber seguido hasta el día de hoy, debes estar seguro de que el camino que has tomado es el camino correcto, y no deberías tener más dudas. Muchas personas son siempre inciertas y dejan de buscar la verdad a causa de algunos asuntos insignificantes. Tales personas son los que no tienen conocimiento de la obra de Dios, son los que siguen a Dios en confusión. Las personas que no conocen la obra de Dios no son capaces de ser Sus íntimos, o de dar testimonio de Él. Aconsejo a los que sólo buscan bendiciones y a quienes buscan solamente lo que es vago y abstracto, que busquen la verdad tan pronto como sea posible, para que su vida pueda tener significado. ¡Ya no te engañes más!

¿Cómo puede el hombre que ha definido a Dios en sus conceptos recibir Sus revelaciones?

    La obra de Dios sigue avanzando, y aunque el propósito de la misma no cambia, los medios por los cuales Él la realiza lo hacen continuamente, y de este modo también los que siguen a Dios. Cuanto más obra de Dios hay, más exhaustivamente llega el hombre a conocer a Dios, y su carácter cambia en consecuencia junto a Su obra. Sin embargo, como la obra de Dios siempre cambia, los que no conocen la obra del Espíritu Santo y esos hombres absurdos que no conocen la verdad, pasan a ser oponentes de Dios. Su obra nunca se conforma a las nociones del hombre, porque la misma siempre es nueva y nunca vieja. Él nunca repite obra antigua sino que sigue adelante con otra nunca realizada anteriormente. Como Dios no repite Su obra y el hombre la juzga invariablemente en base a Su obra del pasado, es extremadamente difícil llevar a cabo cada etapa de la obra de la nueva era. ¡El hombre presenta demasiados impedimentos! ¡Su pensamiento es demasiado rígido! Ningún hombre conoce la obra de Dios, pero todos la definen. Lejos de Dios, el hombre pierde la vida, la verdad, y Sus bendiciones, pero no acepta la vida ni la verdad, y mucho menos las grandes bendiciones que Dios concede a la humanidad. Todos los hombres desean tener a Dios, pero son incapaces de tolerar algún cambio en Su obra. Los que no aceptan la nueva obra de Dios creen que esta es inmutable, y que siempre permanece estancada. En su creencia, todo lo que se necesita para obtener la salvación eterna de Dios es guardar la ley, y si se arrepienten y confiesan sus pecados, el corazón de Dios estará satisfecho para siempre. Opinan que Dios sólo puede ser el Dios bajo la ley y el que fue clavado en la cruz por el hombre; piensan asimismo, que Dios no debería, no puede, sobrepasar la Biblia. Son precisamente estas opiniones las que los han encadenado firmemente a la antigua ley y los han mantenido coartados por rígidas regulaciones. Además, muchos más creen que cualquiera que sea la nueva obra de Dios, esta debe corroborarse con profecías, y que en cada etapa de la misma, todos los que le siguen con un corazón sincero también deben recibir revelaciones, o de lo contrario esa obra no podría ser de Dios. Ya no es una tarea fácil que el hombre llegue a conocer a Dios. Sumado a su absurdo corazón y a su naturaleza rebelde de prepotencia y engreimiento, le resulta muy difícil aceptar la nueva obra de Dios. No la estudia con detenimiento ni la acepta con humildad, sino que adopta una actitud de desprecio, esperando las revelaciones y la guía de Dios. ¿No es esta la conducta de un hombre que se rebela contra Dios y se opone a Él? ¿Cómo pueden obtener esos hombres la aprobación de Dios?

    En aquel momento, Jesús declaró que la obra de Jehová había quedado atrás en la Era de la Gracia, del mismo modo que hoy Yo digo que la obra de Jesús ha quedado atrás. Si sólo se hubiera producido la Era de la Ley y no la de la Gracia, Jesús no habría podido ser crucificado ni habría podido redimir a toda la humanidad; si sólo se hubiera producido la Era de la Ley, ¿habría podido desarrollarse la humanidad hasta este día? La historia avanza; ¿no es la historia la ley natural de la obra de Dios? ¿No es una representación de Su gestión del hombre dentro de todo el universo? La historia progresa, también lo hace la obra de Dios, y Su voluntad cambia continuamente. No sería práctico para Dios mantener una sola etapa de la obra durante seis mil años, porque el hombre sabe que Él es siempre nuevo y nunca viejo. Él no podría seguir manteniendo una obra como la crucifixión, y ser clavado en la cruz una vez, dos veces, tres veces… Esta es la percepción de un hombre absurdo. Dios no mantiene la misma obra; esta siempre cambia y siempre es nueva, del mismo modo que hoy os hablo nuevas palabras y realizo una obra nueva. Esta es la obra que realizo, la clave de la cual reside en las palabras “nueva” y “maravillosa”. “Dios es inmutable, y Dios siempre será Dios”; este dicho es realmente cierto. La esencia de Dios no cambia, Él es siempre Dios, y nunca podría volverse Satanás; pero estas cosas no demuestran que Su obra sea tan constante e invariable como Su esencia. Declaras que Dios es así, ¿pero cómo puedes explicar, pues, que Él es siempre nuevo y nunca viejo? La obra de Dios se extiende de continuo y cambia de forma constante, y Su voluntad se manifiesta y se da a conocer todo el tiempo al hombre. Cuando este experimenta la obra de Dios, su carácter y su conocimiento cambian de manera incesante. ¿De dónde surge, pues, este cambio? ¿No es de la obra siempre cambiante de Dios? Si el carácter del hombre puede cambiar, ¿por qué no puede permitir el hombre que Mi obra y Mis palabras también cambien continuamente? ¿Debo someterme a sus restricciones? ¿No estás simplemente recurriendo al sofisma?

    Después de Su resurrección, Jesús se apareció a los discípulos y dijo: “Y, ved, Yo mando la promesa de Mi Padre a vosotros, pero quedaos en la ciudad de Jerusalén, hasta que hayáis sido investidos con el poder de lo alto”. ¿Sabes cómo se explican estas palabras? ¿Estás revestido ahora con Su poder? ¿Has entendido ahora lo que se llama poder? Jesús proclamó que el Espíritu de verdad se concedería al hombre en los últimos días. Ahora estamos en los últimos días; ¿poseéis el Espíritu de verdad? ¿Dónde está el Espíritu de verdad? ¿Son esos espíritus inmundos y espíritus malignos el Espíritu de verdad? No tienen justicia, y mucho menos la provisión de vida; mantienen las leyes antiguas sin hacer la más mínima obra nueva. ¿Son ellos el Espíritu de verdad? ¿Tienen la vida, la verdad, y el camino? ¿Emergieron del mundo por separado? Aquellos de vosotros que se ciñen obstinadamente a la Biblia y se aferran con fuerza a Jesús, ¿habéis seguido la obra de Jesús y Sus palabras? ¿En qué medida sois fieles a Jesús? El gran libro de profecía de Isaías en el Antiguo Testamento nunca mencionó que un niño llamado Jesús fuera a nacer en la era del Nuevo Testamento, sino simplemente que un niño varón nacería con el nombre de Emanuel. ¿Por qué no especificó el nombre de Jesús? En ninguna parte del Antiguo Testamento aparece este nombre, así que ¿por qué sigues entonces creyendo en Jesús? ¿Seguro que no viste a Jesús con tus propios ojos antes de llegar a creer en Él? ¿O empezaste a creer tras recibir una revelación? ¿Te daría realmente Dios esa gracia? ¿Te concedería esa gran bendición? ¿Sobre qué base crees en Jesús? ¿Por qué no crees entonces que Dios se ha hecho carne en este día? ¿Por qué dices que la ausencia de una revelación para ti de parte de Dios demuestra que Él no se ha hecho carne? ¿Debe decírselo Dios al hombre antes de comenzar Su obra? ¿Debe recibir primero la aprobación del hombre? Isaías sólo proclamó que un niño varón nacería en un pesebre pero nunca profetizó que María daría a luz a Jesús. ¿Por qué crees entonces en Jesús, a quien María dio a luz? ¡Desde luego, lo crees sin ninguna duda ni confusión!, ¿eh? Algunos dicen que el nombre de Dios no cambia, ¿por qué pasó entonces a ser Jesús el nombre de Jehová? Se profetizó la venida del Mesías, ¿por qué vino entonces un hombre con el nombre de Jesús? ¿Por qué cambió el nombre de Dios? ¿No se llevó a cabo esa obra hace mucho tiempo? ¿No puede realizar Dios una nueva obra este día? La obra de ayer puede alterarse, y la de Jesús puede seguir a la de Jehová. ¿No puede entonces la obra de Jesús ser sucedida por otra obra? Si el nombre de Jehová puede cambiarse por el de Jesús, ¿no puede cambiarse este también? Esto no es extraño, y las personas piensan así[a] debido a su simpleza. Dios siempre será Dios. Independientemente de los cambios de Su obra y Su nombre, Su carácter y sabiduría se mantienen siempre inmutables. Si crees que sólo se puede llamar a Dios por el nombre de Jesús, entonces sabes muy poco. ¿Te atreves a afirmar que Jesús es el nombre de Dios para siempre, que a Dios eternamente y para siempre se le llamará por el nombre de Jesús, y que esto nunca cambiará? ¿Te atreves a afirmar con certeza que el nombre de Jesús es el que concluyó la Era de la Ley y también concluye la era final? ¿Quién puede decir que la gracia de Jesús puede concluir la era? Si ahora no puedes saber estas verdades claramente, no sólo serás incapaz de predicar el evangelio, sino que incluso tú mismo no podrás mantenerte en pie. Cuando llegue el día en que resuelvas todas las dificultades de esas personas religiosas y refutes todas sus falacias, eso será la prueba de que estás completamente seguro de esta etapa de la obra y no tienes la más mínima duda. Si eres incapaz de refutar sus falacias, te entramparán y difamarán. ¿No es esto vergonzoso?

    Los judíos de la época leían todos el Antiguo Testamento y conocían la profecía de Isaías de que un niño varón nacería en un pesebre. ¿Por qué, entonces, con este conocimiento, siguieron persiguiendo a Jesús? ¿No fue por su naturaleza rebelde y su ignorancia de la obra del Espíritu Santo? En ese momento, los fariseos creían que la obra de Jesús era diferente de lo que sabían del niño varón profetizado; el hombre actual rechaza a Dios porque la obra del Dios encarnado no se conforma a la Biblia. ¿No es la esencia de su rebeldía contra Dios la misma? ¿Puedes ser tal que aceptes sin cuestionarla toda la obra del Espíritu Santo? Si es la obra del Espíritu Santo, entonces es la corriente correcta. Deberías aceptarla sin los más mínimos recelos, en lugar de andarte con remilgos con lo que aceptas. Si adquieres algún conocimiento de Dios y ejerces alguna precaución en Su contra, ¿no es este un acto verdaderamente superfluo? Lo que deberías hacer es aceptar, sin la necesidad de más justificación bíblica, cualquier obra mientras esta sea del Espíritu Santo, porque crees en Dios para seguirlo, no debes investigarlo. No deberías buscar más pruebas para que Yo muestre que soy tu Dios. En su lugar, deberías discernir si soy beneficioso para ti; esa es la clave. Incluso si has encontrado muchas pruebas irrefutables en la Biblia, eso no puede llevarte totalmente delante de Mí. Eres alguien que vive dentro de los confines de la Biblia, y no delante de Mí; la Biblia no puede ayudarte a conocerme, ni puede profundizar tu amor por Mí. Aunque la Biblia profetizó que nacería un niño varón, nadie pudo saber cómo tendría lugar la profecía, porque el hombre no conocía la obra de Dios, y esto es lo que provocó que los fariseos se levantaran contra Jesús. Algunos saben que Mi obra es por el bien de los intereses del hombre, pero siguen creyendo que Jesús y Yo somos dos seres totalmente independientes que son mutuamente incompatibles. En su momento, Jesús sólo habló a Sus discípulos una serie de sermones en la Era de la Gracia, relativos a cómo practicar, cómo reunirse, cómo pedir en oración, cómo tratar a los demás, etc. La obra que llevó a cabo fue la de la Era de la Gracia, y sólo expuso cómo debían practicar los discípulos y los que le seguían. Él realizó únicamente la obra de la Era de la Gracia y ninguna de los últimos días. Cuando Jehová estableció la ley del Antiguo Testamento en la Era de la Ley, ¿por qué no realizó entonces la obra de la Era de la Gracia? ¿Por qué no dejó clara de antemano la obra de la Era de la Gracia? ¿No habría sido esto beneficioso para la aceptación del hombre? Él sólo profetizó que un niño varón nacería y asumiría el poder, pero no llevó a cabo de antemano la obra de la Era de la Gracia. La obra de Dios en cada era tiene límites claros; Él sólo realiza la obra de la era presente y nunca la de la siguiente etapa de antemano. Sólo de esta forma puede Su obra representativa de cada era ponerse de manifiesto. Jesús sólo había hablado de las señales de los últimos días, de cómo ser paciente y cómo ser salvo, de cómo arrepentirse y confesar, y de cómo cargar la cruz y soportar el sufrimiento; Él nunca habló de a qué el hombre debería entrar en los últimos días o de cómo buscar satisfacer la voluntad de Dios. Por tanto, ¿no sería un acto absurdo buscar en la Biblia la obra de Dios de los últimos días? ¿Qué puedes discernir simplemente sosteniendo la Biblia en tus manos? Ya sea un intérprete de la misma o un predicador, ¿quién puede conocer de antemano la obra de hoy?

    “El que puede oír, que oiga lo que el Espíritu dijo a las iglesias”. ¿Habéis oído ahora las palabras del Espíritu Santo? Las palabras de Dios han venido sobre vosotros. ¿Las oís? Dios realiza la obra de la palabra en los últimos días, y tales palabras son las del Espíritu Santo, porque Dios es el Espíritu Santo y también puede hacerse carne; por tanto, las palabras del Espíritu Santo, tal como se hablaron en el pasado, son las palabras del Dios encarnado hoy. Hay muchos hombres absurdos que creen que las palabras del Espíritu Santo deberían descender de los cielos a los oídos del hombre. Cualquiera que piense de esta forma no conoce la obra de Dios. En verdad, las declaraciones habladas por el Espíritu Santo son las habladas por Dios hecho carne. El Espíritu Santo no puede hablar directamente al hombre, y Jehová tampoco habló directamente a todo el pueblo, ni siquiera en la Era de la Ley. ¿No sería bastante menos probable que lo hiciera en esta era actual? Para que Dios haga declaraciones para llevar a cabo la obra, debe hacerse carne, o de lo contrario Su obra no conseguirá Su objetivo. Los que rechazan a Dios hecho carne son los que no conocen el Espíritu ni los principios por los que Dios obra. Los que creen que ahora es la era del Espíritu Santo pero no aceptan Su nueva obra son aquellos que viven en una fe confusa. Ese tipo de hombres nunca recibirá la obra del Espíritu Santo. Los que sólo desean que el Espíritu Santo hable directamente y realice Su obra, pero no aceptan las palabras o la obra del Dios encarnado, ¡nunca serán capaces de entrar en la nueva era ni de recibir la salvación completa de Dios!

Nota al pie:

a. El texto original dice “que es”.

Acerca de los apelativos y la identidad

    Si deseas ser apto para que Dios te use, debes conocer la obra de Dios; debes conocer la obra que Él hizo anteriormente (en el Nuevo y Antiguo Testamento) y, además, debes conocer Su obra actual. Es decir, debes conocer las tres etapas de la obra de Dios a lo largo de los 6.000 años. Si se te pide que difundas el evangelio, no serás capaz de hacerlo sin conocer la obra de Dios. Las personas te preguntarán todo sobre la Biblia, el Antiguo Testamento y lo que Jesús dijo e hizo en esa época. Dirán: “¿No os ha contado nada de esto vuestro Dios? Si Él (Dios) no puede decirlo que está pasando realmente en la Biblia, entonces no es Dios; si Él puede hacerlo, entonces estamos convencidos”. Al principio, Jesús hablaba mucho del Antiguo Testamento con Sus discípulos. Todo lo que leían era del Antiguo Testamento; el Nuevo Testamento sólo fue escrito varias décadas después de que Jesús fuera crucificado. Para difundir el evangelio deberíais comprender principalmente la verdad interna de la Biblia y la obra de Dios en Israel; es decir, la obra llevada a cabo por Jehová. Y también deberíais entender la obra realizada por Jesús. Estos son los asuntos que más preocupan a las personas y ellas no poseen un entendimiento de[a] estas dos etapas de la obra. Cuando difundáis el evangelio, dejad primero de lado el hablar de la obra actual del Espíritu Santo. Esta etapa de la obra está fuera del alcance de las personas, porque lo que buscáis es lo más elevado de todo: un conocimiento de Dios y de la obra del Espíritu Santo, y nada es más excelso que estas dos cosas. Si habláis primero de lo que es elevado, será mucho para ellas, porque ninguna de ellas ha experimentado esa obra por el Espíritu Santo; no tiene precedente y no es fácil que ellas la acepten. Sus experiencias son cosas viejas del pasado, con alguna obra ocasional del Espíritu Santo. Lo que experimentan no es la obra actual del Espíritu Santo o la voluntad de Dios hoy. Siguen actuando de acuerdo a las viejas prácticas, sin una nueva luz o nuevas cosas.

    En la era de Jesús, el Espíritu Santo principalmente llevó a cabo Su obra en Jesús, mientras los que servían a Jehová vistiendo túnicas sacerdotales en el templo lo hacían con una lealtad inquebrantable. También ellos tenían la obra del Espíritu Santo, pero eran incapaces de sentir la voluntad presente de Dios y simplemente se mantenían fieles a Jehová de acuerdo con las viejas prácticas, sin una nueva guía. Jesús vino y trajo una nueva obra. Esas personas en el templo no tenían una nueva guía ni una nueva obra. Sirviendo en el templo simplemente podían mantener las viejas prácticas; sin abandonar el templo, no podían tener una nueva entrada. Jesús trajo la nueva obra y Él no entró en el templo para llevarla a cabo. Él sólo realizó Su obra fuera del templo, porque el alcance de la obra de Dios había cambiado mucho antes. Él no obró dentro del templo y cuando el hombre le servía allí sólo podía mantener las cosas como estaban sin poder traer ninguna obra nueva. De igual forma, las personas religiosas siguen adorando a la Biblia en la actualidad. Si les difundes el evangelio, ellas discutirán contigo sobre la Biblia; y si, cuando ellas hablan de la Biblia, te faltan las palabras, no tienes nada que decir, entonces pensarán que eres un insensato en vuestra fe, que ni siquiera conoces la Biblia, la Palabra de Dios, y que ¿cómo puedes decir que crees en Dios? Después ellas te menospreciarán y dirán: si aquel en quien creéis es Dios, ¿por qué no os lo cuenta todo acerca del Antiguo y el Nuevo Testamento? Dado que Él ha traído Su gloria desde Israel hasta Oriente, ¿por qué no conoce Él la obra realizada en Israel? ¿Por qué no conoce Él la obra de Jesús? Si no lo sabéis, eso demuestra que Él no os lo ha dicho; si Él es la segunda encarnación de Jesús, ¿cómo no iba a saber estas cosas? Jesús conocía la obra realizada por Jehová; ¿cómo no iba a conocerla Él? Cuando llegue el momento, todas esas personas te harán estas preguntas. Sus cabezas están llenas de tales cosas; ¿cómo no iban a preguntar? Las personas que están dentro de esta corriente no se centran en la Biblia, porque vosotros os habéis mantenido al corriente de la obra paso a paso realizada por Dios hoy, habéis sido testigos con vuestros propios ojos de esta obra paso a paso, habéis observado claramente las tres etapas de la obra y por eso habéis tenido que dejarla Biblia y cesar de estudiarla. Pero ellas no pueden dejar de estudiarla, porque no tienen conocimiento de esta obra paso a paso. Algunas personas preguntarán: “¿Cuál es la diferencia entre la obra llevada a cabo por Dios encarnado y la de los profetas y apóstoles del pasado?”. A David también lo llamaban el Señor, como también a Jesús; aunque las obras que ellos realizaron fueron diferentes, los llamaron igual. ¿Por qué dices tú que sus identidades no eran la misma? Lo que Juan presenció fue una visión, una que también vino del Espíritu Santo, y él fue capaz de decir las palabras que el Espíritu Santo pretendía decir; ¿por qué es la identidad de Juan diferente de la de Jesús? Las palabras habladas por Jesús eran capaces de representar totalmente a Dios y representaban totalmente la obra de Dios. Lo que Juan vio era una visión y él fue incapaz de representar completamente la obra de Dios. ¿Por qué es que Juan, Pedro y Pablo hablaron muchas palabras —tal como lo hizo Jesús— pero no tienen la misma identidad que Jesús? Esto se debe principalmente a que la obra que realizaron era diferente. Jesús representaba al Espíritu de Dios y era el Espíritu de Dios obrando directamente. Él llevó a cabo la obra de la nueva era, la que nadie había realizado antes. Él abrió un nuevo camino, representó a Jehová y representó a Dios mismo. Mientras que Pedro, Pablo y David, independientemente de cómo se les llamara, sólo representaban la identidad de una criatura de Dios, o fueron enviados por Jesús o Jehová. Así pues, no importa cuánta obra ellos llevaran a cabo ni cuán grandes los milagros que hicieran, seguían siendo sólo criaturas de Dios, incapaces de representar al Espíritu de Dios. Obraban en el nombre de Dios o después de que Él los enviase; además, obraban en las eras comenzadas por Jesús o Jehová y la obra que realizaron no era independiente. Después de todo, ellos eran simplemente criaturas de Dios. En el Antiguo Testamento muchas personas hablaron predicciones o escribieron libros de profecía. Nadie dijo que fueran Dios, pero tan pronto como Jesús apareció, antes de que hubiera pronunciado palabra alguna, el Espíritu de Dios dio testimonio de Él como Dios. ¿Por qué ocurre esto? ¡A estas alturas ya deberíais saberlo! Antes, los apóstoles y los profetas escribieron diversas epístolas e hicieron muchas profecías. Más adelante, las personas escogieron algunas de ellas para incluirlas en la Biblia y otras se perdieron. Ya que hay personas que dicen que todo lo que esos apóstoles y profetas dijeron vino del Espíritu Santo, ¿por qué una parte de ello se considera bueno, y otra parte malo? ¿Y por qué se escogieron algunas y otras no? Si fueran realmente las palabras habladas por el Espíritu Santo, ¿sería necesario que las personas las seleccionaran? ¿Por qué son diferentes los relatos de las palabras habladas por Jesús así como la obra que Él realizó en cada uno de los Cuatro Evangelios? ¿No es eso culpa de aquellos que los registraron? Algunas personas preguntarán: “Como las epístolas escritas por Pablo y los demás autores del Nuevo Testamento, y la obra que ellos realizaron, vinieron en parte de la voluntad del hombre y se mezclaron con los conceptos del hombre, ¿no hay entonces impureza humana en las palabras que Tú (Dios) hablas hoy? ¿Acaso no contienen ellas realmente ninguno de los conceptos del hombre?”. Esta etapa de la obra realizada por Dios es completamente diferente de la realizada por Pablo y los muchos apóstoles y profetas. No sólo existe una diferencia en identidad, sino, principalmente, en la obra que se lleva a cabo. Después de que Pablo fuera derribado y cayera delante del Señor, el Espíritu Santo lo guio para que obrara y pasó a ser un enviado. Y por eso escribió epístolas a las iglesias que seguían las enseñanzas de Jesús. El Señor envió a Pablo a obrar en el nombre del Señor Jesús, pero cuando Dios mismo vino, no obró en ningún nombre, y sólo representó al Espíritu de Dios en Su obra. Dios vino a realizar Su obra directamente: no fue perfeccionado por el hombre y Su obra no se llevó a cabo de acuerdo a las enseñanzas de ningún hombre. En esta etapa de la obra Dios no guía hablando de Sus experiencias personales, sino que lleva a cabo Su obra de forma directa en su lugar, de acuerdo a lo que Él tiene. Por ejemplo, Él realiza la obra de los hacedores de servicio, de los tiempos de castigo, la obra de la muerte, de amar a Dios… Todo esto es una obra que nunca se ha hecho antes y es una obra de la era presente, en lugar de experiencias del hombre. En las palabras que Yo he hablado, ¿cuáles son las experiencias del hombre? ¿No vienen todas directamente del Espíritu y no es este quien las expresa? ¡Es sólo que tu calibre es tan pobre que eres incapaz de ver la verdad a través de ellas! El camino de vida práctico del que hablo es guiar la senda, y nadie ha hablado de ello antes, ni nunca antes ha experimentado nadie esta senda, ni ha sabido de esta realidad. Antes de que Yo pronunciara estas palabras, nadie las había hablado. Nadie había hablado nunca de tales experiencias, ni de tales detalles y, además, nadie había señalado nunca esos estados para revelar estas cosas. Nadie había guiado nunca la senda que Yo guío hoy, y si fuese guiada por el hombre, entonces no sería un nuevo camino. Tomemos a Pablo y a Pedro como ejemplo. Ellos no tuvieron sus propias experiencias personales antes de caminar por[b] la senda guiada por Jesús. Fue sólo después de que Jesús guiara el camino, cuando ellos experimentaron las palabras pronunciadas por Jesús y la senda guiada por Él; a partir de esto Pablo y Pedro adquirieron muchas experiencias y escribieron las epístolas. Y así, las experiencias del hombre no son lo mismo que la obra de Dios, y la obra de Dios no es lo mismo que el conocimiento descrito por los conceptos y las experiencias del hombre. He dicho una y otra vez, que hoy estoy guiando una nueva senda y llevando a cabo una nueva obra, y Mi obra y Mis declaraciones son diferentes de las de Juan y todos los demás profetas. Nunca adquiero primero las experiencias y después os hablo de ellas, este no es en absoluto el caso. Si lo fuera, ¿no os habría retrasado eso hace mucho? En el pasado, el conocimiento del que muchos hablaban también era excelso, pero todas sus palabras solamente se hablaron en base a las de las llamadas figuras espirituales. Esas palabras no guiaban el camino, sino que venían de sus experiencias, de lo que ellas habían visto y de su conocimiento. Algunas eran sus nociones y otras eran experiencias que habían resumido. Hoy, la naturaleza de Mi obra es totalmente diferente a la suya. Yo no he experimentado ser guiado por otros, ni he aceptado ser perfeccionado por otros. Además, todo lo que he hablado y enseñado es diferente a lo de cualquier otra persona y nadie más lo ha hablado nunca. Hoy, independientemente de quiénes seáis, vuestra obra se lleva a cabo sobre la base de las palabras que Yo hablo. Sin estas declaraciones y esta obra, ¿quién podría experimentar estas cosas (la prueba de[c] los hacedores de servicios, los tiempos de castigo…) y quién podría hablar de tal conocimiento? ¿Eres realmente incapaz de ver esto? Independientemente del paso de la obra, tan pronto como Mis palabras son dichas, comenzáis a comunicarlas de acuerdo a ellas y a obrar según ellas, y no es un camino en el que cualquiera de vosotros hayáis pensado. Habiendo llegado tan lejos, ¿eres incapaz de ver una cuestión tan clara y simple? No es un camino que a nadie se le haya ocurrido ni está basado en el de ninguna figura espiritual. Es una nueva senda, e incluso muchas de las palabras habladas alguna vez por Jesús ya no aplican. De lo que hablo es de la obra de abrir una nueva época y es una obra independiente; la obra que llevo a cabo y las palabras que hablo, son todas nuevas. ¿No es esta la nueva obra de hoy? La obra de Jesús también fue así. Su obra fue diferente de la de las personas en el templo, y también se diferenció de la de los fariseos, ni tampoco tuvo parecido alguno con la realizada por todo el pueblo de Israel. Después de ser testigos de ella, las personas no podían decidir: ¿fue realmente realizada por Dios? Jesús no se sujetó a la ley de Jehová; cuando Él vino a enseñar al hombre, todo lo que habló era nuevo y diferente de lo dicho por los santos y profetas antiguos del Antiguo Testamento, y debido a esto, las personas tenían dudas. Esto es lo que hace que sea tan difícil tratar con el hombre. Antes de aceptar esta nueva etapa de la obra, la senda que la mayoría de vosotros caminaba era practicar y entrar sobre el fundamento de aquellas figuras espirituales. Pero hoy, la obra que Yo llevo a cabo es en gran manera diferente, y por eso sois incapaces de decidir si es correcta o no. No me importa qué senda hayas caminado antes, ni me interesa el alimento de quién comías, ni a quién considerabas tu “padre”. Como Yo he venido y he traído una nueva obra para guiar al hombre, todos los que me sigan deben actuar de acuerdo a lo que Yo digo. No importa de qué “familia” provengas, debes seguirme, no debes actuar según tus antiguas prácticas; tu “padre adoptivo” debería retirarse y tú deberías venir delante de tu Dios para buscar tu legítima porción. La totalidad de ti está en Mis manos, y no deberías dedicar demasiada creencia ciega a tu padre adoptivo; él no puede controlarte completamente. La obra de hoy es independiente. Todo lo que digo hoy no está obviamente basado en un fundamento del pasado; es un nuevo comienzo y si dices que ha sido creado por la mano del hombre, ¡entonces eres alguien cuya ceguera no se puede curar con nada!

    Isaías, Ezequiel, Moisés, David, Abraham y Daniel fueron líderes o profetas entre el pueblo escogido de Israel. ¿Por qué no se les llamó Dios? ¿Por qué no dio testimonio de ellos el Espíritu Santo? ¿Por qué dio testimonio de Jesús el Espíritu Santo tan pronto como comenzó Su obra y empezó a hablar Sus palabras? ¿Y por qué no dio testimonio de otros el Espíritu Santo? Ellos, los hombres que eran de carne, fueron todos llamados “Señor”. Independientemente de cómo los llamaran, su obra representa su ser y su esencia, que a su vez representan su identidad. Su esencia no está relacionada con sus apelativos; está representada por lo que ellos expresaban, y por lo que vivían. En el Antiguo Testamento, no era nada extraordinario el ser llamado Señor, y una persona podía ser llamada de cualquier forma, pero su esencia y su identidad inherente eran inmutables. Entre esos falsos cristos, falsos profetas, y engañadores, ¿no están también esos a los que llaman Dios? ¿Y por qué no son Dios? Porque son incapaces de llevar a cabo la obra de Dios. Son hombres en su origen, engañadores de personas, no son Dios y, por tanto, no tienen la identidad de Dios. ¿No llamaban también Señor a David entre las doce tribus? A Jesús también lo llamaban Señor; ¿por qué llamaron Dios encarnado sólo a Jesús? ¿No se conocía también a Jeremías como el Hijo del Hombre? ¿Y no se conocía a Jesús como el Hijo del Hombre? ¿Por qué fue Jesús crucificado en nombre de Dios? ¿Acaso no fue porque Su esencia era diferente? ¿Acaso no fue porque la obra que realizó era diferente? ¿Importa un título? Aunque Jesús también fue llamado el Hijo del Hombre, Él fue la primera encarnación de Dios; había venido a asumir el poder y a cumplir la obra de la redención. Esto demuestra que la identidad y la esencia de Jesús eran diferentes de las de los otros que también eran llamados el Hijo del Hombre. Hoy, ¿quién de vosotros se atreve a decir que todas las palabras habladas por aquellos que el Espíritu Santo usó vinieron del Espíritu Santo? ¿Se atreve alguien a decir tales cosas? Si dices tales cosas, ¿por qué se descartó entonces el libro de profecía de Esdras y por qué se hizo lo mismo con los libros de esos antiguos santos y profetas? Si todos vinieron del Espíritu Santo, ¿por qué os atrevéis entonces a hacer esas elecciones caprichosas? ¿Estás cualificado para escoger la obra del Espíritu Santo? Muchas historias de Israel también se descartaron. Y si crees que estos escritos del pasado vinieron todos del Espíritu Santo, ¿por qué se descartaron entonces algunos de los libros? Si todos vinieron del Espíritu Santo, deberían mantenerse, y enviarse a los hermanos y hermanas de las iglesias para que los lean. No deberían escogerse o descartarse por voluntad humana; es erróneo hacerlo. Decir que las experiencias de Pablo y Juan se mezclaron con sus percepciones personales no significa que sus experiencias y su conocimiento viniesen de Satanás, sino sólo que tuvieron cosas procedentes de sus experiencias y percepciones personales. Su conocimiento fue acorde con el trasfondo de las experiencias reales de la época, y ¿quién puede decir con toda confianza que todo ello venía del Espíritu Santo? Si los Cuatro Evangelios vinieron todos del Espíritu Santo, entonces ¿por qué dicen Mateo, Marcos, Lucas y Juan cosas diferentes sobre la obra de Jesús? Si no creéis esto, mirad entonces los relatos de la Biblia de cómo Pedro negó a Jesús tres veces: son todos diferentes y cada uno tiene sus propias características. Muchos ignorantes dicen que Dios encarnado también era un hombre, así que ¿podían venir entonces del Espíritu Santo todas las palabras que Él habló? Si las palabras de Pablo y Juan estaban mezcladas con la voluntad humana, ¿no estaban entonces las palabras que Él habló realmente mezcladas con la voluntad humana? ¡Las personas que dicen esas cosas están ciegas y son ignorantes! Leed detenidamente los Cuatro Evangelios; leed lo que registraron acerca de las cosas que Jesús hizo y las palabras que habló. Cada relato era, simplemente, diferente y cada uno de ellos tenía su propia perspectiva. Si lo escrito por los autores de estos libros vino todo del Espíritu Santo, entonces tendrían que ser todos iguales y coherentes. Entonces ¿por qué existen discrepancias? ¿No es el hombre extremadamente insensato, al ser incapaz de ver esto? Si se te pidiera que dieras testimonio de Dios, ¿qué tipo de testimonio puedes dar? ¿Puede esa forma de conocer a Dios dar testimonio de Él? Si otros te preguntan: “Si los relatos de Juan y Lucas estaban mezclados con la voluntad humana, ¿no están, entonces, las palabras de vuestro Dios mezcladas con la voluntad humana?”, ¿serías capaz de dar una respuesta clara? Después de que Lucas y Mateo hubieran oído las palabras de Jesús y visto Su obra, hablaron desde su propio conocimiento en forma de reminiscencias que detallaban algunos de los hechos llevados a cabo por Jesús. ¿Puedes decir que su conocimiento fue revelado completamente por el Espíritu Santo? Fuera de la Biblia, existieron muchas figuras espirituales con un conocimiento mayor que el de ellos; ¿por qué no han sido tomadas sus palabras por las generaciones posteriores? ¿Acaso no fueron ellos usados también por el Espíritu Santo? Debes saber que en la obra de hoy, no estoy hablando de Mi propia percepción en base al fundamento de la obra de Jesús, ni estoy hablando de Mi propio conocimiento frente al trasfondo de la obra de Jesús. ¿Qué obra llevó a cabo Jesús en esa época? ¿Y qué obra estoy llevando a cabo Yo hoy? Lo que hago y digo no tiene precedente. La senda que camino hoy nunca ha sido pisada antes, ni las personas de eras y generaciones pasadas anduvieron por ella. Hoy, se ha abierto, y ¿no es esta la obra del Espíritu? Aunque era la obra del Espíritu Santo, los líderes del pasado llevaron a cabo su obra sobre el fundamento de otros. Pero la obra de Dios mismo es diferente, como lo fue la etapa de la obra de Jesús: Él abrió un nuevo camino. Cuando Él vino, predicó el evangelio del reino del cielo y dijo que el hombre debía arrepentirse y confesar. Después de que Jesús completase Su obra, Pedro, Pablo y otros comenzaron a seguir con la obra de Jesús. Después de que Jesús fuera clavado en la cruz y ascendiera al cielo, el Espíritu los envió a difundir el camino de la cruz. Aunque las palabras de Pablo fueron excelsas, también se basaron en el fundamento establecido por Jesús, como la paciencia, el amor, el sufrimiento, el cubrirse la cabeza, el bautismo u otras doctrinas que debían seguirse. Todo esto se basaba en el fundamento de las palabras de Jesús. Ellos no pudieron abrir un nuevo camino porque fueron todos hombres usados por Dios.

    Las declaraciones y la obra de Jesús en esa época no se sujetaron a doctrina, y Él no llevó a cabo Su obra de acuerdo a la obra de la ley del Antiguo Testamento. La realizó según la obra que debía realizarse en la Era de la Gracia. Trabajó de acuerdo a la obra que Él mismo había establecido, según Su propio plan y según Su ministerio; Él no obró de acuerdo a la ley del Antiguo Testamento. Nada de lo que hizo fue según la ley del Antiguo Testamento, y Él no vino a obrar para cumplir las palabras de los profetas. Cada etapa de la obra de Dios no tenía lugar expresamente con el fin de cumplir las predicciones de los antiguos profetas y Él no vino para atenerse a la doctrina o para hacer realidad deliberadamente las predicciones de los antiguos profetas. Sin embargo, Sus acciones no alteraron dichas predicciones ni perturbaron la obra que Él realizó anteriormente. La idea sobresaliente de Su obra no era ceñirse a ninguna doctrina, sino llevar a cabo la obra que Él mismo debía realizar. No era un profeta o un vidente, sino un hacedor que vino realmente a llevar a cabo la obra que tenía que realizar, y vino a abrir Su nueva era y a llevar a cabo Su nueva obra. Por supuesto, cuando Jesús vino a realizar Su obra, también cumplió muchas de las palabras habladas por los antiguos profetas en el Antiguo Testamento. De la misma forma, la obra de hoy también cumplió las predicciones de los antiguos profetas del Antiguo Testamento. Simplemente no me ciño a ese “viejo almanaque amarillento”, eso es todo. Porque hay más obra que debo llevar a cabo, más palabras que debo hablaros, y esta obra y estas palabras tienen mucha más importancia que explicar pasajes de la Biblia, porque una obra como esa no tiene gran significado ni valor para vosotros, y no puede ayudaros ni cambiaros. Yo pretendo hacer una nueva obra y no lo hago en aras de cumplir ningún pasaje de la Biblia. Si Dios sólo vino a la tierra para cumplir las palabras de los antiguos profetas de la Biblia, ¿quién es mayor entonces, Dios encarnado o esos antiguos profetas? Después de todo, ¿están los profetas a cargo de Dios, o está Dios a cargo de los profetas? ¿Cómo explicas estas palabras?

    Al principio, cuando Jesús aún tenía que desarrollar oficialmente Su ministerio, como los discípulos que lo siguieron, en ocasiones asistió a reuniones, cantó himnos, alabó y leyó el Antiguo Testamento en el templo. Después de ser bautizado y levantarse, el Espíritu descendió oficialmente sobre Él y comenzó a obrar, revelando Su identidad y el ministerio que iba a emprender. Antes de esto, nadie conocía Su identidad, excepto María. Ni siquiera Juan la conocía. Jesús tenía 29 años cuando fue bautizado. Después de Su bautismo, los cielos se abrieron y una voz dijo: “Este es Mi Hijo amado, en quién me regocijo grandemente”. Una vez que Jesús había sido bautizado, el Espíritu Santo comenzó a dar testimonio de Él de esta forma. Antes de ser bautizado a la edad de 29, Él había vivido la vida de una persona ordinaria, comiendo cuando tenía que comer, durmiendo y vistiéndose normalmente, y nada de Él era diferente de los demás. Por supuesto esto sólo era así para los ojos carnales del hombre. En algunas ocasiones Él también fue débil y, en otras, no pudo discernir cosas, tal como está escrito en la Biblia: “Su inteligencia crecía a la par de su edad”. Estas palabras muestran simplemente que Él tuvo una humanidad ordinaria y normal, y no era especialmente diferente de otras personas comunes. También había crecido como una persona normal y no había nada especial en Él. No obstante, Él estaba bajo el cuidado y la protección de Dios. Después de ser bautizado, empezó a ser tentado, tras lo cual Él comenzó a desarrollar Su ministerio y a obrar, y poseyó poder, sabiduría y autoridad. Esto no quiere decir que el Espíritu Santo no obrara en Él o que no estuviera en Él antes de Su bautismo. Antes del mismo, el Espíritu Santo también moraba en Él, pero no había empezado a obrar oficialmente, porque existen límites sobre el momento en que Dios lleva a cabo Su obra y, además, las personas normales pasan por un proceso normal de crecimiento. El Espíritu Santo siempre había vivido en Él. Cuando Jesús nació, era diferente de los demás, y apareció una estrella de la mañana; antes de Su nacimiento, un ángel se apareció a José en un sueño y le dijo que María iba a dar a luz a un niño varón, concebido por el Espíritu Santo. No fue hasta justo después del bautismo de Jesús, que también fue cuando el Espíritu Santo comenzó oficialmente Su obra, que este descendió sobre Él. Decir que el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma de paloma es una referencia al comienzo oficial de Su ministerio. El Espíritu de Dios había estado en Él desde antes, pero no había empezado a obrar, porque la hora no había llegado y el Espíritu no comenzó a obrar precipitadamente. El Espíritu dio testimonio de Él a través del bautismo. Cuando Él salió del agua, el Espíritu empezó a obrar oficialmente en Él, lo que significaba que la carne encarnada de Dios había comenzado a cumplir Su ministerio y había empezado la obra de redención, es decir, la Era de la Gracia había iniciado oficialmente. Así pues, existe un tiempo para la obra de Dios, no importa cuál sea la obra que Él realice. Después de Su bautismo, no se produjeron cambios particulares en Jesús; Él seguía estando en Su carne original. Simplemente, comenzó Su obra y reveló Su identidad, y se llenó de autoridad y poder. A este respecto, era diferente que antes. Su identidad era diferente, lo que quiere decir que se produjo un cambio significativo en Su estatus; este era el testimonio del Espíritu Santo y no la obra hecha por el hombre. Al principio, las personas no sabían y sólo llegaron a saber un poco una vez que el Espíritu Santo dio testimonio de Jesús de esa forma. Si Jesús hubiera hecho una gran obra antes de que el Espíritu Santo diera testimonio de Él, pero sin el testimonio de Dios mismo, entonces independientemente de lo grande que fuera Su obra, las personas nunca habrían conocido Su identidad, porque el ojo humano habría sido incapaz de verlo. Sin el paso del testimonio del Espíritu Santo, nadie lo habría reconocido como Dios encarnado. Si, después de que el Espíritu Santo hubiera dado testimonio de Él, Jesús hubiera continuado obrando de la misma forma sin ninguna diferencia, entonces no habría tenido ese efecto. Y en esto también se demuestra principalmente la obra del Espíritu Santo. Después de que el Espíritu Santo diera testimonio, tuvo que mostrarse Él mismo, para que pudieras observar claramente que Él era Dios, que el Espíritu de Dios estaba en Él; el testimonio de Dios no estaba equivocado y esto podía demostrar que Su testimonio era correcto. Si la obra de antes y después hubiesen sido iguales, entonces Su ministerio encarnado y la obra del Espíritu Santo, no se habrían acentuado y, por tanto, el hombre habría sido incapaz de reconocer la obra del Espíritu Santo, porque no había una diferencia clara. Después de dar testimonio, el Espíritu Santo debía mantenerlo y tuvo, por tanto, que manifestar Su sabiduría y autoridad en Jesús, que era diferente de la de tiempos pasados. Por supuesto, este no fue el efecto del bautismo; el bautismo es una simple ceremonia, pero era la forma de mostrar que había llegado el momento de desempeñar Su ministerio. Esa obra tenía como fin dejar claro el gran poder de Dios, dejar claro el testimonio del Espíritu Santo, quien asumiría la responsabilidad de dicho testimonio hasta el final. Antes de desarrollar Su ministerio, Jesús también escuchó sermones, predicó y difundió el evangelio en diversos lugares. No realizó ninguna gran obra porque aún no había llegado el momento para que Él desempeñara Su ministerio, y también porque Dios mismo se escondió humildemente en la carne y no llevó a cabo ninguna obra hasta que llegara el momento. Él no realizó ninguna obra antes del bautismo por dos razones: en primer lugar, porque el Espíritu Santo no había descendido oficialmente sobre Él para que obrara (es decir, el Espíritu Santo aún no había concedido a Jesús el poder y la autoridad para llevar a cabo esa obra), e incluso si Él hubiera conocido Su propia identidad, Jesús habría sido incapaz de realizar la obra que pretendió hacer más adelante y tendría que haber esperado hasta el día de Su bautismo. Este era el tiempo de Dios, y nadie podía contravenirlo, ni siquiera el propio Jesús; Jesús mismo no podía interrumpir Su propia obra. Por supuesto, esta era la humildad de Dios y también la ley de la obra de Dios; si el Espíritu de Dios no obrase, nadie podría realizar Su obra. En segundo lugar, antes de ser bautizado, era sólo un hombre muy común y ordinario, nada diferente de otras personas normales y ordinarias; este es un aspecto del hecho de que Dios encarnado no era sobrenatural. Dios encarnado no contravino las disposiciones del Espíritu de Dios; Él obró de una forma ordenada y con toda normalidad. Fue sólo después del bautismo que Su obra tuvo autoridad y poder. Es decir, aunque Él era Dios encarnado, no llevó a cabo ningún acto sobrenatural, y creció de la misma forma que las demás personas normales. Si Jesús ya hubiera conocido Su propia identidad, ya hubiera realizado una gran obra sobre toda la tierra antes de Su bautismo y hubiera sido diferente de las personas normales, mostrando ser extraordinario, entonces no sólo le habría sido imposible a Juan realizar su obra, sino que tampoco habría habido forma para que Dios empezara el siguiente paso de Su obra. Y así, esto habría demostrado que lo que Dios había hecho había salido mal, y para el hombre habría parecido que el Espíritu de Dios y Su carne encarnada no venían de la misma fuente. Por tanto, la obra de Jesús registrada en la Biblia es obra llevada a cabo después de Su bautismo, obra realizada durante el transcurso de tres años. La Biblia no registra lo que Él hizo antes de ser bautizado porque Él no hizo Su obra antes de ser bautizado. Él era simplemente un hombre ordinario y era lo que representaba; antes de que Jesús comenzase a desarrollar Su ministerio, no era diferente de las personas ordinarias, y los demás no podían ver diferencia en Él. Fue sólo después de alcanzar los 29 años de edad cuando Jesús supo que había venido a completar una etapa de la obra de Dios; antes, Él mismo no lo sabía, porque la obra realizada por Dios no fue sobrenatural. Cuando asistió a una reunión en la sinagoga a la edad de doce años, María lo estaba buscando, y Él sólo dijo una frase de la misma forma que cualquier otro niño: “¡Madre! ¿Acaso no sabes que debo anteponer la voluntad de Mi Padre sobre todas las cosas?”. Por supuesto, como el Espíritu Santo lo había concebido, ¿no podía ser Jesús especial de alguna manera? Esa cualidad de especial no significaba que fuera sobrenatural, sino simplemente que Él amaba a Dios más que cualquier otro niño. Aunque Él era humano en apariencia, Su esencia seguía siendo especial y diferente a la de los demás. Sin embargo, fue sólo después del bautismo cuando sintió realmente al Espíritu Santo obrando en Él y sintió que Él era Dios mismo. Cuando alcanzó la edad de 33 años fue cuando tomó verdadera consciencia de que el Espíritu Santo pretendía llevar a cabo la obra de la crucifixión por medio de Él. A la edad de 32 años, había llegado a conocer algunas verdades internas, tal y como está escrito en el Evangelio de Mateo: “Y Simón Pedro respondió y dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. […] Desde ese momento, Jesús comenzó a enseñar a Sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas debido a los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas; que Él debía ser matado y que resucitaría al tercer día”. Él no sabía de antemano la obra que iba a realizar, sino en el momento específico. Él no lo supo en cuanto nació; el Espíritu Santo obró gradualmente en Él, y hubo un proceso en esta obra. Si Él hubiera sabido desde el principio que era Dios, que era Cristo, que era el Hijo del Hombre encarnado, y que Él iba a cumplir la obra de la crucifixión, entonces ¿por qué no obró antes? ¿Por qué no fue hasta después de hablar a Sus discípulos acerca de Su ministerio cuando Jesús sintió tristeza, y oró intensamente por esto? ¿Por qué abrió Juan el camino para Él y lo bautizó antes de que Él entendiese muchas cosas que no había entendido? Lo que esto demuestra es que era la obra de Dios encarnado, y que había un proceso para que Él entendiera y lograra, porque Él era la carne encarnada de Dios, cuya obra era diferente de la realizada directamente por el Espíritu.

    Cada paso de la obra de Dios sigue una misma corriente, y así en el plan de gestión de seis mil años de Dios, a cada uno de los pasos le ha seguido estrechamente el siguiente, desde la fundación del mundo hasta el presente. De no haber nadie que allane el camino, entonces no habrá nadie que venga después; así como existen los que vienen detrás, están los que allanan el camino. De esta manera, la obra ha sido legada, paso a paso. Un paso sigue al otro y sin alguien que abra el camino, sería imposible empezar la obra y Dios no tendría manera de llevar adelante Su obra. Ningún paso contradice al otro y cada uno sigue al anterior en una secuencia que forma una corriente; todo esto es realizado por el mismo Espíritu. Pero, independientemente de si alguien abre el camino o sigue la obra de otro, esto no determina su identidad. ¿No es así? Juan abrió el camino, y Jesús siguió su obra, ¿demuestra esto, pues, que la identidad de Jesús sea inferior a la de Juan? Jehová llevó a cabo Su obra antes que Jesús, ¿puedes decir, entonces, que Jehová es más grande que Jesús? Que allanaran el camino o siguieran la obra de otros no es lo importante; lo que más importa es la esencia de su obra y la identidad que esta representa. ¿No es esto correcto? Como Dios pretendía obrar entre el hombre, tenía que levantar a aquellos que pudieran realizar la obra de allanar el camino. Cuando Juan comenzó a predicar, dijo: “Preparad el camino del Señor, enderezad Sus caminos. Arrepentíos, porque el reino de los cielos se acerca”. Él dijo esto desde el principio, ¿y por qué podía él decir estas palabras? En términos del orden en el que se pronunciaron estas palabras, Juan fue el primero que habló el evangelio del reino de los cielos, y Jesús lo hizo después. De acuerdo con las nociones del hombre, Juan fue quien abrió la nueva senda y, por supuesto, Juan fue más grande que Jesús. Pero Juan no afirmó que Él era el Cristo ni Dios dio testimonio de él como Su Hijo amado; simplemente lo usó para abrir y preparar el camino del Señor. Él abrió el camino para Jesús, pero no podía obrar en Su nombre. El Espíritu Santo también mantuvo toda la obra del hombre.

    En la época del Antiguo Testamento, fue Jehová quien abrió el camino, y Su obra representó toda la era del Antiguo Testamento y toda la obra realizada en Israel. Moisés se limitó a mantener esta obra en la tierra, y sus esfuerzos cuentan como la cooperación provista por el hombre. En esa época, fue Jehová quien habló, llamó a Moisés, y lo levantó entre el pueblo de Israel, e hizo que fuera él quien lo guiara por el desierto hacia Canaán. Esta no fue la obra de Moisés mismo, sino lo que Jehová le ordenó personalmente y, por tanto, no se puede llamar Dios a Moisés. Moisés también estableció la ley, pero fue Jehová quien la decretó personalmente, quien hizo que Moisés la hablara. Jesús también dictó mandamientos, abolió la ley del Antiguo Testamento y estableció los mandamientos para la nueva era. ¿Por qué es Jesús Dios mismo? Porque estas no son las mismas cosas. En ese momento, la obra realizada por Moisés no representaba a la era ni abría un nuevo camino; Jehová lo dirigía de antemano y él era tan sólo una persona usada por Dios. Cuando Jesús vino, Juan había llevado a cabo un paso de la obra de allanamiento del camino, y había comenzado a difundir el evangelio del reino de los cielos (el Espíritu Santo lo había iniciado). Cuando Jesús apareció, Él llevó a cabo directamente Su propia obra, pero existía una gran diferencia entre Su obra y la obra y las declaraciones de Moisés. Isaías también habló muchas profecías, pero ¿por qué no era él Dios mismo? Jesús no habló tantas profecías, ¿por qué Él sí era Dios mismo? Nadie se atreve a decir que toda la obra de Jesús en esa época viniera del Espíritu Santo ni tampoco se atreven a decir que toda ella procediera de la voluntad del hombre o que fuera totalmente la obra de Dios mismo. El hombre no tiene forma de analizar tales cosas. Puede decirse que Isaías hizo esa obra y que habló esas profecías, y que todas ellas vinieron del Espíritu Santo; no vinieron directamente del propio Isaías, sino que fueron revelaciones de Jehová. Jesús no realizó una gran cantidad de obra ni habló muchas palabras, ni tampoco habló muchas profecías. Para el hombre, Su predicación no parecía excesivamente excelsa, pero Él era Dios mismo, y esto es inexplicable para el hombre. Nadie ha creído nunca en Juan, en Isaías o en David, ni nunca nadie los han llamado Dios; David el Dios o Juan el Dios; nadie ha hablado nunca así y sólo Jesús ha sido llamado Cristo. Esta clasificación se hace según el testimonio de Dios, según la obra que Él emprendió y según el ministerio que Él desarrolló. En cuanto a los grandes hombres de la Biblia: Abraham, David, Josué, Daniel, Isaías, Juan y Jesús, a través de la obra que realizaron puedes decir quién es Dios mismo, qué clase de personas son profetas y cuáles apóstoles. La esencia y el tipo de obra que realizaron determinan a aquellos a los que Dios usó y quién fue Dios mismo. Si eres incapaz de diferenciarlo, esto demuestra que no sabes lo que significa creer en Dios. Jesús es Dios, porque habló muchas palabras y realizó muchas obras, en particular Su demostración de muchos milagros. Igualmente, Juan también llevó a cabo muchas obras y pronunció muchas palabras, al igual que Moisés; ¿por qué no se les llamó Dios a ellos? Dios creó directamente a Adán, ¿por qué no se le llamó Dios, en lugar de ser llamado una criatura? Si alguien te dice: “Hoy, Dios ha hecho muchas obras y ha dicho muchas palabras; Él es Dios mismo. Entonces, como Moisés pronunció muchas palabras, ¡él también debe ser Dios mismo!”, deberías preguntarle a modo de respuesta: “En esa época, ¿por qué dio testimonio Dios de Jesús y no de Juan, como de Dios mismo? ¿Acaso no vino Juan antes que Jesús? ¿Cuál fue más grande, la obra de Juan o la de Jesús? Para el hombre, Juan parece más grande que Jesús, pero ¿por qué el Espíritu Santo dio testimonio de Jesús y no de Juan?”. ¡Lo mismo está ocurriendo hoy! Al principio, cuando Moisés guio al pueblo de Israel, Jehová le habló desde las nubes. Moisés no habló directamente, sino que Jehová lo guio de forma directa. Esta fue la obra del Israel del Antiguo Testamento. El Espíritu no estaba en Moisés ni tampoco el ser de Dios. Él no podía llevar a cabo esa obra y por eso existe una gran diferencia entre lo que realizaron él y Jesús. ¡Y eso se debe a que la obra que ellos llevaron a cabo es diferente! Por la naturaleza de su obra se puede discernir si Dios usa a alguien, si es un profeta, un apóstol o Dios mismo, y esto pondrá fin a tus dudas. En la Biblia está escrito que sólo el Cordero puede abrir los siete sellos. A lo largo de las eras, entre todas esas grandes figuras, muchos han sido los expositores de las escrituras; ¿podrías decirte, pues, que todos ellos son el Cordero? ¿Podrías afirmar que sus explicaciones vienen todas de Dios? Son meros expositores; no tienen la identidad del Cordero. ¿Cómo podrían ser ellos dignos de abrir los siete sellos? Es verdad que “sólo el Cordero puede abrir los siete sellos”, pero Él no viene a hacer tan sólo eso; no hay necesidad de esta obra, se lleva a cabo accidentalmente. Él es perfectamente claro respecto a Su propia obra; ¿es necesario para Él pasar mucho tiempo interpretando las escrituras? ¿Debe añadirse “la era del Cordero interpretando las escrituras” a los seis mil años de la obra? Él viene a llevar a cabo una nueva obra, pero también provee algunas revelaciones sobre las realizadas en tiempos pasados, haciendo que las personas entiendan la verdad de seis mil años de obra. No hay necesidad de explicar demasiados pasajes de la Biblia; la obra de hoy es la clave, es la importante. Debes saber que Dios no viene especialmente a abrir los siete sellos, sino a llevar a cabo la obra de salvación.

    Tú sólo sabes que Jesús descenderá durante los últimos días, pero ¿cómo lo hará exactamente? Un pecador como alguno de vosotros, que acaba de ser redimido y que no ha sido cambiado o perfeccionado por Dios, ¿puedes ser conforme al corazón de Dios? Para ti, que aún eres del viejo ser, es cierto que Jesús te salvó y que no perteneces al pecado gracias a la salvación de Dios, pero esto no demuestra que no seas pecador ni impuro. ¿Cómo puedes ser santo si no has sido cambiado? En tu interior, estás cercado por la impureza, egoísta y miserable, pero sigues deseando descender con Jesús; ¡tendrías que tener tanta suerte! Te has saltado un paso en tu creencia en Dios: simplemente has sido redimido, pero no has sido cambiado. Para que seas conforme al corazón de Dios, Él debe realizar personalmente la obra de cambiarte y purificarte; si sólo eres redimido, serás incapaz de alcanzar la santidad. De esta forma no serás apto para participar en las buenas bendiciones de Dios, porque te has saltado un paso en la obra de Dios de gestionar al hombre, que es el paso clave del cambio y el perfeccionamiento. Y así, tú, un pecador que acaba de ser redimido, no puedes heredar directamente la herencia de Dios.

    Sin el inicio de esta nueva etapa de la obra, ¡quién sabe cuán lejos podéis llegar vosotros los evangelistas, los predicadores, los expositores y los así llamados grandes hombres espirituales! Sin el comienzo de esta nueva etapa de la obra, ¡estáis hablando de algo obsoleto! Se trata de ascender al trono o de preparar la estatura para convertirse en rey; de negar el propio ser o de someter el propio cuerpo; de ser paciente o de aprender lecciones de todas las cosas; de humildad o de amor. ¿Acaso no es esto cantar la misma vieja melodía? ¡Tan sólo se trata de darle un nombre distinto a una misma cosa! Se trata de cubrirse la cabeza y partir el pan o de imponer las manos y orar, sanar a los enfermos y echar fuera los demonios. ¿Podría haber alguna obra nueva? ¿Podría haber alguna perspectiva de desarrollo? Si sigues guiando de esta manera, seguirás ciegamente la doctrina o te atendrás a las convenciones. Creéis que vuestra obra es muy elevada, ¿pero no sabéis que esos “hombres viejos” de la antigüedad lo transmitieron y enseñaron? ¿No son todas las cosas que decís y hacéis, las últimas palabras de esos viejos hombres? ¿No es el encargo que dejaron estos viejos hombres antes de morir? ¿Pensáis que vuestras acciones superan a las de los apóstoles y profetas de generaciones pasadas, e incluso a todas las cosas? El principio de esta etapa de la obra ha puesto fin a vuestra adoración de la obra de Witness Lee de buscar convertirse en un rey y ascender al trono, y ha detenido vuestra arrogancia y bravuconería, de manera que sois incapaces de inmiscuiros en esta etapa de la obra. Sin esta, os hundiríais aún más en la imposibilidad de ser redimidos. ¡Hay demasiado de lo antiguo entre vosotros! Afortunadamente, la obra de hoy os ha traído de vuelta; de lo contrario, ¡quién sabe qué dirección tomaríais! Ya que Dios es un Dios que siempre es nuevo y nunca antiguo, ¿por qué no buscas las cosas nuevas? ¿Por qué te apegas siempre a las viejas? Así pues, ¡conocer la obra del Espíritu Santo hoy es de la mayor importancia!

Notas al pie:

a. El texto original omite “un entendimiento de”.

b. El texto original omite “caminar por”.


c. El texto original omite “la prueba de”.