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martes, 21 de enero de 2020

Danza de adoración a Dios | “Dios ha traído Su gloria al Este” Dios ha venido


 Danza de adoración a Dios | “Dios ha traído Su gloria al Este” Dios ha venido
I
Dios dio Su gloria a Israel, y luego la sacó de allí,
trajo los israelitas y todos los hombres al Este.
Dios los guió hacia la luz para que se reúnan de nuevo junto a la luz,
y no la tengan que buscar, buscar a la luz.
Dios permitirá a quien busque la luz que pueda verla otra vez,
y la gloria que tuvo en Israel,
Él descendió con una nube blanca entre los hombres,
verán las nubes blancas, verán racimos de fruta,
más aún verán a Jehová, Dios de Israel,
II
verán al Maestro de los judíos, verán al esperado Mesías,
verán toda la apariencia de Dios perseguido por reyes desde siempre.
Dios hará la obra de todo el universo y hará una gran obra,
mostrará toda Su gloria y Sus obras al hombre en los últimos días.
Dios mostrará Su rostro de gloria
a aquellos que lo han esperado por muchos años,
a los que han anhelado verle venir sobre una nube blanca,
a Israel que ha anhelado que Él aparezca una vez más,
a la humanidad que le persigue,
para que sepan que hace mucho tiempo Dios se llevó Su gloria,
se la llevó al Este. ¡No está en Judea, porque los últimos días han llegado!

miércoles, 25 de diciembre de 2019

 El camino a la purificación

Por Christopher, Filipinas
Me llamo Christopher y soy pastor de una iglesia clandestina en Filipinas. En 1987, fui bautizado y me acerqué al Señor Jesús y, luego, por la gracia del Señor, en 1996 pasé a ser pastor de la iglesia local. En ese tiempo, además de obrar y predicar en muchos lugares de Filipinas, también predicaba en sitios como Hong Kong y Malasia. Gracias a la obra y la guía del Espíritu Santo, yo sentía que tenía una energía inagotable en mi obra para el Señor y una inspiración interminable en mis sermones. A menudo apoyaba a los hermanos y hermanas cuando estaban negativos y débiles. En ocasiones, cuando ciertos miembros de su familia que no eran creyentes se mostraban hostiles conmigo, yo de todos modos podía ser tolerante y paciente, no perdía la fe en el Señor y creía que Él podía cambiarlos. Así que sentía que yo había cambiado mucho desde que me convertí en creyente. Sin embargo, a partir de 2011, dejé de sentir la obra del Espíritu Santo tan fuertemente como antes. Poco a poco, dejé de tener nuevo esclarecimiento para mis sermones y fuerza para liberarme de vivir en pecado. No podía evitar enfadarme con mi esposa y mi hija ni darles una lección a través de mi mal genio cuando veía que no hacían lo que yo quería. Sabía que esto no era acorde con la voluntad del Señor, pero muchas veces no podía hacer nada para evitarlo. Me sentía particularmente angustiado por esto. Con el fin de liberarme de una vida de pecado y confesión, me esforcé más en leer la Biblia, ayunar y orar. También recurrí a pastores espirituales por todas partes para buscar y explorar esto juntos. Sin embargo, todos mis esfuerzos fueron inútiles y no marcaron ninguna diferencia en mi vida de pecado ni en la oscuridad de mi alma.
Entonces, una noche de primavera en 2016, mi esposa me preguntó: “Christopher, me he dado cuenta de que has estado muy preocupado últimamente. ¿Qué te sucede?”. Le dije lo que me estaba preocupando: “Me he estado preguntando estos últimos años por qué no puedo liberarme de vivir en pecado a pesar de ser pastor y haber creído en el Señor durante muchos años. Ya no logro sentir al Señor. Es como si Él me hubiera abandonado. Aunque predico por todas partes, en cuanto tengo un momento para mí, especialmente en mitad de la noche, siempre siento una especie de vacío y ansiedad y este sentimiento se vuelve cada vez más fuerte. Pienso en que he creído en el Señor durante muchos años, he leído mucho la Biblia, he escuchado muchos sermones del Señor y a menudo me he decidido a cargar la cruz y conquistarme a mí mismo, pero siempre estoy atado al pecado. Soy capaz de decir mentiras para proteger mis propios intereses y mi prestigio y no logro atenerme a las palabras ‘En su boca no fue hallado engaño’ (Apocalipsis 14:5). Cuando me enfrento a tribulaciones y refinamiento, aunque sé que ocurren con el consentimiento del Señor, aún no puedo dejar de quejarme de Él y malinterpretarlo y soy completamente incapaz de negarme a mí mismo voluntariamente. ¡Temo que, cuando el Señor vuelva, no podré entrar en el reino de los cielos por vivir en pecado de esta manera!”
Al oír esto, mi esposa me dijo: “Christopher, ¿cómo puedes pensar así? Debes tener fe; ¡eres pastor! Aunque vivamos en pecado y no nos hayamos librado de las ataduras del pecado, la Biblia dice ‘Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo’ (Romanos 10:9). ‘Porque: Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo’ (Romanos 10:13). Mientras persistamos en leer la Biblia, reunirnos, orar al Señor, llevar la cruz y seguirlo siempre hasta Su segunda venida, podremos entrar en el reino de los cielos y recibir la bendición del Señor”.
Entonces le dije a mi esposa: “Yo pensaba así antes, pero 1 Pedro 1:16 dice: ‘Porque escrito está: Sed santos, porque Yo soy santo’. He creído en el Señor durante treinta años, pero no puedo guardar el camino del Señor y, viviendo en pecado, a menudo aún soy capaz de resistirme a Él. No cumplo en lo más mínimo con los requisitos del Señor. ¡Uf! Cuántas veces me decidí a obedecer las enseñanzas del Señor, pero no pude practicar Sus palabras. ¿Cómo iba yo a ser digno de entrar en el reino de los cielos de esa manera? El Señor Jesús dijo: ‘No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos’ (Mateo 7:21). Según las palabras del Señor, entrar en el reino de los cielos no es tan simple como pensamos. El Señor es santo, así que ¿cómo pueden ser arrebatadas al reino de los cielos las personas que no pueden practicar Su palabra y que se resisten a Él a menudo? ¡Sólo quienes han cambiado y acatan la voluntad de Dios pueden entrar en el reino de los cielos!”.
Mi esposa pensó durante un momento y me dijo: “Lo que estás diciendo tiene sentido. El Señor es santo y aún somos pecadores. No somos dignos de entrar al reino de Dios. Es sólo que… de pronto recordé… ¿El pastor Liu no invitó a un pastor coreano llamado Kim a la iglesia? ¿Por qué no le consultamos acerca de este asunto?”. Le respondí: “Sí, buena idea. El Señor Jesús dijo: ‘Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá’ (Mateo 7:7). Mientras busquemos, creo que el Señor nos guiará. Como pastor, debo considerar la vida de los hermanos y hermanas. Si soy displicente en mi fe, flaco favor les haré a ellos y a mí mismo. Así que esperemos hasta que llegue el pastor Kim y consultémosle en relación con este asunto”.
Como yo quería consultar con el pastor Kim, quise conocer un poco sobre sus antecedentes. Así que investigué en internet sobre la iglesia coreana a la que él pertenecía. En las páginas que saltaron, vi la web https://www.holyspiritspeaks.org. La abrí y estas palabras me atrajeron: “El hombre recibió mucha gracia, como la paz y la felicidad de la carne, la bendición de toda la familia sobre la fe de uno, la curación de las enfermedades, etc. El resto era las buenas obras del hombre y su apariencia piadosa; si este podía vivir en base a eso, se le consideraba un buen creyente. Sólo tales creyentes podrían entrar en el cielo tras la muerte, lo que significa que fueron salvos. Pero durante su vida, no entendieron en absoluto el camino de la vida. Simplemente cometían pecados y después confesaban, en un ciclo continuo sin camino alguno hacia un carácter cambiado; así era la condición del hombre en la Era de la Gracia. ¿Ha recibido el hombre la salvación completa? ¡No!” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Estas palabras estaban tan bien expresadas que no pude evitar seguir leyendo: “Por tanto, después de completarse esa etapa, aún queda la obra de juicio y castigo. Esta etapa hace al hombre puro por medio de la palabra al darle una senda que seguir. La misma no sería fructífera ni tendría sentido si continuase con la expulsión de demonios, porque la naturaleza pecaminosa del hombre no sería abandonada y el hombre sólo se detendría tras el perdón de los pecados. A través de la ofrenda por el pecado, estos se le han perdonado al hombre, porque la obra de la crucifixión ya ha llegado a su fin y Dios ha vencido a Satanás. Pero el carácter corrupto del hombre sigue en él y este todavía puede pecar y resistir a Dios; Dios no ha ganado a la humanidad. Esa es la razón por la que en esta etapa de la obra Dios usa la palabra para revelar el carácter corrupto del hombre y pide a este que practique de acuerdo con el camino adecuado. Esta etapa es más significativa que la anterior y también más fructífera, porque, ahora, la palabra es la que provee directamente la vida del hombre, y permite que su carácter sea completamente renovado; es una etapa de obra más concienzuda” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Al leer esto, me entusiasmé muchísimo. Aunque no entendía completamente estas palabras y algunas de ellas incluso me desconcertaban, me dieron algo de esperanza. Sentía que ahí podía encontrar una forma de purificarme y cambiar. Di gracias a Dios desde el fondo de mi corazón por escuchar mi oración. Al continuar leyendo, sentí que eran unas palabras maravillosas que regaban y pastoreaban mi alma sedienta. En el sitio web vi esto: “Si no puedes encontrar la Línea del Evangelio en tu país o región, por favor déjanos un mensaje y contactaremos contigo lo más pronto posible”. Miré rápidamente, pero no había una Línea del Evangelio de Filipinas y, por tanto, dejé inmediatamente un mensaje y no dudé en escribir mi número de contacto y mi dirección de correo electrónico.
Al volver a casa esa noche, le conté sobre esto a mi esposa y, cuando ella oyó lo que dije, estuvo dispuesta a buscar también. Doy realmente gracias a Dios de que respondieran a mi mensaje el día siguiente y planearan hablar con nosotros online esa misma tarde. Esa tarde, hablamos con la hermana Liu y la hermana Su. Durante la conversación, sentía que hablaban con simpleza, destreza y perspicacia. Mi esposa estaba incluso más nerviosa que yo y les dijo: “Me gustaría preguntaros algo. ¿Está bien?”. Ellas respondieron con entusiasmo: “Por supuesto”. Mi esposa dijo: “En la web de vuestra iglesia dice: ‘Dios de los últimos días ha llevado a cabo una etapa de la obra de juicio y castigo’. Mi marido y yo sabemos que, sin santidad, nadie verá al Señor porque Él es santo, pero Romanos dice: ‘Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo’ (Romanos 10:9). ‘Porque: Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo’ (Romanos 10:13). Si creemos en el Señor Jesús entonces ya estamos salvados y podemos entrar en el reino de los cielos, así que ¿por qué emprende Dios de los últimos días una etapa de la obra de juicio y castigo? No entiendo este asunto y espero que podáis hablar acerca de ello”.
La hermana Liu contestó: “¡Gracias a Dios! Hablemos y dejemos que Dios nos guíe. Echemos un vistazo primero a lo que ‘ser salvado’ significa aquí. En el último período de la Era de la Ley, todas las personas se habían apartado de Dios y ya no tenían temor de Dios en el corazón. Se volvieron cada vez más pecadoras y llegaron incluso al punto de ofrecer ganado y palomos ciegos, cojos y enfermos para los sacrificios. Las personas de esa era ya no guardaban la ley y todas ellas estaban en peligro de ser condenadas a muerte por quebrantar la ley. Bajo tales circunstancias, con el fin de salvar de una muerte segura a las personas que estaban bajo la ley, Dios se encarnó personalmente, emprendió la obra de redención y fue finalmente crucificado para redimir a toda la humanidad del pecado. Los pecados de las personas podían ser perdonados por creer en el Señor Jesús, convirtiéndose así en aptas para presentarse ante Dios por medio de la oración y disfrutar de las bendiciones y la gracia de Dios. Este es el verdadero significado de ‘ser salvado’ en la Era de la Gracia. En otras palabras, ‘ser salvado’ es simplemente un perdón de los pecados del hombre. Esto es, Dios ya no considera que las personas estén manchadas por el pecado, aunque esto no significa que no tengan una esencia pecaminosa. Por tanto, ser salvado no significa que seamos completamente purificados y que hayamos logrado la salvación plena. Si queremos ser purificados, tenemos que aceptar la obra de juicio de Dios de los últimos días”.
Al oír su comunicación, mi esposa y yo finalmente entendimos que “ser salvado”, tal como se habla de ello en la epístola a los Romanos, se refería a la aceptación de la salvación del Señor Jesús y a no ser ya condenado a muerte por quebrantar la ley. No era como habíamos imaginado: que “ser salvado” significa ser totalmente purificado. Lo que ellos decían tenía sentido. Esa explicación de “ser salvado” coincide con nuestra situación de vivir en el estado de cometer pecados y luego confesarlos. Por tanto, lo que el Señor Jesús llevó a cabo era simplemente la obra redentora, no la de purificar y salvar completamente al hombre. Aunque cuando las personas creen en el Señor son salvadas, esto no significa que hayan sido totalmente purificadas. Al escuchar su comunicación, sentí que había verdad a buscar en ella, así que expresé mi disposición a escuchar más. Dije: “¡Gracias al Señor! Lo que decís es maravilloso. Hablando así con vosotras, entendemos el verdadero significado de ‘ser salvado’. Por favor continuad con vuestra comunicación y que el Señor nos guíe”. La hermana Su prosiguió diciendo: “Bien, leamos algunos pasajes de la palabra de Dios Todopoderoso y todo quedará más claro. Dios Todopoderoso dijo: ‘En ese momento, la obra de Jesús era la redención de toda la humanidad. Los pecados de todos los que creían en Él eran perdonados; mientras creyeras en Él, Él te redimiría; si creías en Él, dejabas de ser un pecador y eras liberado de tus pecados. Esto es lo que significaba ser salvo y ser justificado por fe. Sin embargo, seguía habiendo en quienes creían algo rebelde y opuesto a Dios, y que había que seguir quitando lentamente. La salvación no significaba que el hombre hubiera sido ganado por completo por Jesús, sino que ya no pertenecía al pecado, que sus pecados habían sido perdonados: si creías, ya no pertenecías al pecado’ (‘La visión de la obra de Dios (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”). ‘La obra en los últimos días es pronunciar palabras. Estas pueden dar lugar a grandes cambios en el hombre. Los cambios efectuados ahora en estas personas al aceptar estas palabras son mucho mayores que los de las personas en la Era de la Gracia al aceptar aquellas señales y maravillas. Porque, en la Era de la Gracia, los demonios salían del hombre con la imposición de manos y la oración, pero los caracteres corruptos del hombre permanecían. El hombre fue curado de su enfermedad y se le perdonaron sus pecados, pero no se hizo en él la obra para poder expulsar los caracteres satánicos corruptos. El hombre sólo fue salvo y se le perdonaron sus pecados por su fe, pero su naturaleza pecaminosa no le fue quitada y permaneció en él. Los pecados del hombre fueron perdonados a través del Dios encarnado, pero eso no significa que el hombre no tenga pecado en él. Los pecados del hombre podían ser perdonados por medio de una ofrenda por el pecado, pero el hombre ha sido incapaz de resolver el problema de cómo no pecar más y cómo poder desechar completamente su naturaleza pecaminosa y ser transformado. Los pecados del hombre fueron perdonados gracias a la obra de la crucifixión de Dios, pero el hombre siguió viviendo en el viejo carácter satánico y corrupto. Así pues, el hombre debe ser completamente salvo de este carácter satánico corrupto para que la naturaleza pecadora del hombre sea del todo desechada y no se desarrolle más, permitiendo así que el carácter del hombre cambie. Esto requiere que el hombre entienda la senda del crecimiento en la vida, el camino de la vida, y el camino del cambio de su carácter. También necesita que el hombre actúe de acuerdo con esa senda, de forma que su carácter pueda ser cambiado gradualmente y él pueda vivir bajo el brillo de la luz y que pueda hacer todas las cosas de acuerdo con la voluntad de Dios, desechar el carácter satánico corrupto, y liberarse de la influencia satánica de las tinieblas, aflorando de este modo totalmente del pecado. Sólo entonces recibirá el hombre la salvación completa’ (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). ‘Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad, se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre, pero no lo libró de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió a Jesús cargar con los pecados del hombre como la ofrenda por el pecado, sino también que Dios realizara una obra mayor para librar completamente al hombre de su carácter, que ha sido corrompido por Satanás. Y así, después de que los pecados del hombre fueron perdonados, Dios volvió a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio, que llevó al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida’ (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). Podemos ver en las palabras de Dios Todopoderoso que si sólo respetamos la obra redentora de Dios de la Era de la Gracia y no aceptamos Su obra de juicio de los últimos días, entonces el problema del origen de nuestro pecado no se resolverá. Dios Todopoderoso de los últimos días ha llegado y está llevando a cabo una etapa de la obra sobre la base de la obra de redención, juzgando y purificando al hombre. Él está declarando verdades para revelar la verdad de la corrupción del hombre, juzgando la naturaleza satánica del hombre. Él ha venido a cambiar el carácter satánico de las personas y a liberarlas completamente de la influencia de Satanás para que puedan alcanzar la salvación plena. Es evidente que la obra de juicio de Dios Todopoderoso de los últimos días es la más crítica y fundamental para purificar, salvar y perfeccionar a las personas. Así pues, sólo aceptando la obra de juicio de Dios Todopoderoso de los últimos días podemos tener un verdadero entendimiento de nuestra propia esencia corrupta y del carácter justo de Dios, liberarnos completamente de la influencia de Satanás, ser plenamente salvados por Dios y convertirnos en personas que obedecen a Dios, lo adoran y son compatibles con Él”.
Al leer estas comunicaciones, mi corazón se alegró y yo sentía que las confusiones que tenía desde mucho tiempo atrás finalmente se habían resuelto. Dios simplemente llevaba a cabo la obra de redención en la Era de la Gracia, no la de librar a las personas de su carácter satánico corrupto. La obra de juicio de Dios de revelar la verdad a través de Su encarnación en los últimos días es la obra de purificación y salvación total de la humanidad. Por tanto, ¿cómo purifica y cambia Dios a las personas y las salva completamente? Yo estaba ansioso por saber la respuesta a esta pregunta. Así que no pude esperar a preguntar: “Entendí lo que acabáis de hablar y ahora sé que solo podemos alcanzar la purificación por medio del Señor retornado que lleva a cabo la etapa de la obra de juicio. Esto es realmente lo que he anhelado durante mucho tiempo. Lo que quiero saber realmente ahora es cómo Dios Todopoderoso lleva a cabo la obra de juicio para purificar y salvar a las personas. Por favor compartid vuestra comunicación”.
La hermana Su prosiguió diciendo: “La pregunta de cómo Dios Todopoderoso lleva a cabo la obra de juicio para purificar y salvar a las personas es particularmente importante para cualquiera que quiera lograr el cambio y la purificación. Las palabras de Dios Todopoderoso aportan una claridad particular sobre este aspecto de la verdad. Te las enviaré. Hermano, ¡por favor léelas!”.
Leí con entusiasmo las palabras de Dios Todopoderoso: “En los últimos días Cristo usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la esencia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tal como: el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como también la sabiduría y el carácter de Dios, y así sucesivamente. Todas estas palabras son dirigidas a la esencia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios con relación a cómo el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra de juicio, Dios no deja simplemente en claro la naturaleza del hombre con sólo unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Estos métodos de exposición, de trato y poda, no pueden ser sustituidos con palabras ordinarias, sino con la verdad que el hombre no posee en absoluto. Sólo los métodos de este tipo se consideran juicio; sólo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido de la sumisión a Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra de juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra de juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra de juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).
Cuando terminé de leer las palabras de Dios, la hermana Su continuó con su comunicación: “Las palabras de Dios Todopoderoso explican muy claramente cómo Dios juzga y purifica a las personas. Dios en los últimos días está principalmente declarando verdades con respecto al carácter corrupto del hombre y la naturaleza satánica de resistirse a Dios, con el fin de juzgar, purificar y salvar a la humanidad. Dios Todopoderoso ha declarado verdades sobre muchos aspectos: cómo Satanás corrompe a las personas, cómo Dios salva a las personas, qué es seguir al hombre y qué es obedecer a Dios, qué puntos de vista debemos tener en nuestra fe, qué es el cambio del carácter, qué es temer a Dios y apartarse del mal, qué es ofender el carácter de Dios, cómo ser una persona honesta, etc. Todas estas verdades tienen autoridad y poder y pueden proveer sustento para la vida de las personas. Son la senda a la vida eterna que Dios ha concedido a la humanidad. Mientras las personas acepten y practiquen la palabra de Dios, pueden alcanzar la purificación y la salvación. Tras experimentar algunos años de la obra de juicio de Dios Todopoderoso, hemos tenido una experiencia personal de todo esto. Cuando leemos las palabras de Dios Todopoderoso de juicio, de castigo y de exposición del hombre, sentimos que son como una espada de dos filos, que revela nuestra rebeldía, corrupción, resistencia, intenciones incorrectas, nociones e imaginaciones, e incluso las toxinas de Satanás ocultas en lo profundo de nuestro corazón. Nos hacen ver que de verdad estamos muy profundamente corrompidos por Satanás y que estamos plagados de caracteres satánicos, como ser arrogantes y santurrones, deshonestos y astutos, egoístas y miserables y ciegos ante todo lo que no sean nuestros intereses, sin temor alguno de Dios. Vemos que estamos llenos de inmundicia y corrupción en nuestros actos, nuestro corazón y nuestra mente, sin ninguna semejanza humana. Nos da demasiada vergüenza mostrar nuestro rostro y somos conscientes de que si seguimos viviendo según nuestro carácter satánico corrupto, siempre seremos personas que repugnan a Dios, nunca seremos capaces de obtener Su elogio y estaremos destinados a la eliminación y el castigo. El juicio de las palabras de Dios Todopoderoso y lo que ellas revelan nos hacen reconocer el carácter majestuoso, iracundo y justo de Dios, así como desarrollar gradualmente un corazón temeroso de Dios y un arrepentimiento verdadero para poder cambiar. Ahora parece como si estuviéramos viviendo ligeramente en la semejanza humana y vemos que hemos alcanzado realmente la gran salvación de Dios. Si el juicio de Dios no hubiera recaído sobre nosotros, no habríamos tenido la oportunidad de conocer el carácter justo de Dios que no tolera las ofensas del hombre y Su esencia santa y benevolente. No podríamos llegar a odiar nuestra propia rebeldía y corrupción ni podríamos dejar a un lado nuestra corrupción y ser purificados. Por tanto, ¡cuanto más experimentamos el juicio y el castigo de Dios, más vemos que son nuestra mejor protección, la bendición más grande para nosotros y la salvación más real!”.
La hermana Liu también comunicó: “La obra de juicio y castigo de Dios Todopoderoso de los últimos días es la de purificar, salvar y perfeccionar totalmente a las personas. Si no aceptamos el juicio ante el trono de Cristo de los últimos días, no podremos lograr la purificación ni cambios en nuestro carácter vital. El resultado será sin duda el rechazo y la eliminación por parte de Dios, con lo que sufriremos la perdición y pereceremos. Nunca tendremos una oportunidad de recibir la salvación ni de entrar en el reino de los cielos. Esto es incuestionable”.
Yo dije con alegría: “¡Gracias a Dios! Se me alegró el corazón después de escuchar vuestra comunicación. He creído en el Señor durante muchos años pero realmente he vivido en el pecado y he sido incapaz de liberarme. Ahora entiendo que si no experimento el juicio y el castigo de Dios en los últimos días no podré liberarme de la esclavitud y la limitación del pecado. Ahora he encontrado la senda hacia la purificación y la salvación plena”. Después de varios días de comunicación, mi esposa y yo entendimos algunas verdades y aceptamos la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días.
¡Doy gracias a Dios Todopoderoso por amarme y salvarme! Como pastor, tengo la responsabilidad y la obligación de llevar ante Dios a todos los demás pastores y los hermanos y hermanas que conozco. Tras trabajar con estos hermanos y hermanas durante un tiempo, no sólo aceptaron a Dios Todopoderoso docenas de hermanos y hermanas de la iglesia que asistían a menudo a las reuniones, sino que también traje a la familia de Dios a otro pastor de una iglesia clandestina y la mayoría de los hermanos y hermanas de su iglesia también se volvieron hacia Dios. Yo estaba encantado de ver que esos hermanos y hermanas habían aceptado la salvación de Dios de los últimos días y habían sido elevados ante el trono de Dios. Todo esto es el fruto de la obra de Dios Todopoderoso. ¡Sea toda la gloria para Dios Todopoderoso!

martes, 17 de diciembre de 2019

Palabra de vida eterna | Dios mismo, el único (I) La autoridad de Dios (I) Parte 1


 Palabra de vida eterna | Dios mismo, el único (I) La autoridad de Dios (I) Parte 1
Las palabras de Dios del vídeo son del libro “La Palabra manifestada en carne”.
El contenido del vídeo: En el primer día, el día y la noche de la humanidad nacen y permanecen gracias a la autoridad de Dios
En el segundo día, la autoridad de Dios organiza las aguas, hace el firmamento, y aparece un espacio para la supervivencia humana más básica
En el tercer día, las palabras de Dios dan origen a la tierra y los mares, y la autoridad de Dios provoca que el mundo rebose de vida


martes, 5 de noviembre de 2019

2. ¿Qué es la encarnación? ¿Cuál es la esencia de la encarnación?

   

¿Qué es la encarnación? ¿Cuál es la esencia de la encarnación?

Versículos bíblicos como referencia:
En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios (Juan 1:1).
Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14).
Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo he estado con vosotros, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que hace las obras. Creedme que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí; y si no, creed por las obras mismas (Juan 14:9-11).
Yo y el Padre somos uno (Juan 10:30).
Palabras relevantes de Dios:
El significado de la encarnación es que Dios aparece en la carne y Él viene a obrar en medio del hombre de Su creación bajo una imagen de carne. Por tanto, para que Dios se encarne, primero debe ser carne, una carne con una humanidad normal; esto, como mínimo, debe ser verdad. De hecho, la implicación de la encarnación de Dios es que Él vive y obra en la carne; Dios se hace carne en Su misma esencia, se hace hombre.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”
El Cristo con humanidad normal es una carne en la que el Espíritu se materializa, que posee una humanidad, un sentido y un pensamiento normales. “Materializarse” significa que Dios se hace hombre, que el Espíritu se hace carne; dicho claramente, es cuando Dios mismo habita en la carne con una humanidad normal y expresa Su obra divina a través de ello. Esto es lo que significa materializarse o encarnarse.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne
El significado de la encarnación es que un hombre ordinario y normal lleve a cabo la obra de Dios mismo; es decir, que Dios lleva a cabo Su obra divina en la humanidad y vence de este modo a Satanás. La encarnación significa que el Espíritu de Dios se hace carne, es decir, que Dios se hace carne; la obra que Él realiza en la carne es la obra del Espíritu, la cual se materializa en la carne y es expresada por la carne. Nadie, excepto la carne de Dios, puede cumplir con el ministerio del Dios encarnado; es decir, que sólo la carne encarnada de Dios, esta humanidad normal —y nadie más— puede expresar la obra divina. Si durante Su primera venida Dios no hubiera tenido una humanidad normal antes de los veintinueve años de edad, si al nacer Él hubiera podido obrar milagros, si nada más aprender a hablar Él hubiera podido hablar el lenguaje del cielo, si al momento en que puso Su pie sobre la tierra por primera vez Él hubiera podido comprender todos los asuntos mundanos, discernir todos los pensamientos y las intenciones de cada persona, entonces no se le habría podido haber llamado un hombre normal y Su carne no podría haberse llamado carne humana. Si este hubiera sido el caso con Cristo, entonces el sentido y la esencia de la encarnación de Dios se habrían perdido. Que poseyera una humanidad normal demuestra que Él era Dios encarnado en la carne; que pasase por un proceso de crecimiento humano normal demuestra aún más que Él era una carne normal y, además, Su obra es prueba suficiente de que Él era la Palabra de Dios, el Espíritu de Dios hecho carne. Dios se hace carne por las necesidades de la obra; en otras palabras, esta etapa de la obra debe hacerse en la carne, en una humanidad normal. Este es el requisito previo para que “el Verbo se haga carne”, para que “la Palabra aparezca en la carne”, y es la verdadera historia detrás de las dos encarnaciones de Dios.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”
Su vida y Su obra encarnadas pueden dividirse en dos etapas. Primero es la vida que vive antes de desempeñar Su ministerio. Él vive en una familia humana ordinaria, en una humanidad totalmente normal, obedeciendo la moral y las leyes normales de la vida humana, con necesidades humanas normales (comida, vestido, refugio, descanso), debilidades humanas normales y emociones humanas normales. En otras palabras, durante esta primera etapa Él vive en una humanidad no divina y completamente normal, y se involucra en todas las actividades humanas normales. La segunda etapa es la vida que vive después de empezar a desarrollar Su ministerio. Sigue morando en la humanidad ordinaria con un caparazón humano normal, sin mostrar señal externa alguna de lo sobrenatural. No obstante, Él vive puramente por el bien de Su ministerio y durante este tiempo Su humanidad normal existe enteramente al servicio de la obra normal de Su divinidad; y es que, para entonces, Su humanidad normal ha madurado hasta el punto de ser capaz de desempeñar Su ministerio. Por tanto, la segunda etapa de Su vida consiste en llevar a cabo Su ministerio en Su humanidad normal; es una vida tanto de humanidad normal como de divinidad completa. La razón por la que durante la primera etapa de Su vida Él vive en una humanidad completamente ordinaria es que Su humanidad no equivale aún a la totalidad de la obra divina, todavía no está madura; sólo después de que Su humanidad madura y es capaz de cargar con Su ministerio, es cuando Él puede ponerse a realizarlo. Como Él, siendo carne, necesita crecer y madurar, la primera etapa de Su vida es la de una humanidad normal, mientras que en la segunda, al ser capaz Su humanidad de acometer Su obra y llevar a cabo Su ministerio, la vida que el Dios encarnado vive durante ese periodo es una tanto de humanidad como de divinidad completa. Si el Dios encarnado hubiera comenzado Su ministerio formal desde el momento de Su nacimiento, realizando señales sobrenaturales y maravillas, entonces Él no tendría una esencia corpórea. Por tanto, Su humanidad existe por el bien de Su esencia corpórea; no puede haber carne sin humanidad y una persona sin humanidad no es un ser humano. De esta forma, la humanidad de la carne de Dios es una propiedad intrínseca de la carne encarnada de Dios. Decir que “cuando Dios se hace carne es totalmente divino, no es en absoluto humano”, es una blasfemia, porque esta es una postura imposible de adoptar y que viola el principio de la encarnación. Incluso después de empezar a llevar a cabo Su ministerio, Su divinidad sigue habitando Su caparazón humano externo cuando Él realiza Su obra; sólo que en ese momento, Su humanidad tiene el único propósito de permitirle a Su divinidad desempeñar la obra en la carne normal. Así pues, el agente de la obra es la divinidad habitando en Su humanidad. Es Su divinidad, no Su humanidad, la que obra, pero es una divinidad escondida dentro de Su humanidad; Su divinidad completa, no Su humanidad, es la que, en esencia, lleva a cabo Su obra. Pero el actor de la obra es Su carne. Se podría decir que Él es un hombre, pero que también es Dios, porque Dios se convierte en un Dios que vive en la carne, con un caparazón y una esencia humanos, pero también con la esencia de Dios.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”
[…] el Hijo del Hombre quien, encarnado, expresaba la divinidad de Dios a través de Su humanidad y le transmitía Su voluntad a la humanidad. A través de la expresión de la voluntad y del carácter de Dios, también le reveló al Dios que no puede verse ni tocarse en la esfera espiritual. Lo que las personas vieron era Dios mismo, tangible y de carne y hueso. Así, el Hijo del Hombre encarnado concretizó y humanizó cosas como la identidad, el estatus, la imagen, el carácter de Dios, y lo que Él tiene y es. Aunque Su aspecto externo tenía algunas limitaciones respecto a la imagen de Dios, Su esencia y lo que Él tiene y es, eran totalmente capaces de representar Su propia identidad y estatus; sencillamente existían algunas diferencias en la forma de expresión. Independientemente de la humanidad del Hijo del Hombre o de Su divinidad, no podemos negar que Él representaba la identidad y el estatus de Dios. Sin embargo, durante este tiempo, Dios obró a través de la carne, habló desde esa perspectiva, y se presentó ante la humanidad con la identidad y el estatus del Hijo del Hombre, y esto les proporcionó a las personas la oportunidad de encontrar y experimentar las palabras y la obra prácticas de Dios en medio de la humanidad. También les permitió tener una perspectiva de Su divinidad y de Su grandeza en medio de la humildad, así como obtener un entendimiento y una definición preliminares de la autenticidad y la realidad de Dios.
de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”
Aunque el aspecto del Dios encarnado sea exactamente igual al de un ser humano, Él aprende el conocimiento humano, habla el lenguaje humano y, en ocasiones, hasta expresa Sus ideas a través de los medios o las expresiones del hombre, Su modo de ver a los seres humanos y la esencia de las cosas es absolutamente distinto a como las personas corruptas ven estas mismas cosas. Su perspectiva y la altura en la que se halla es algo inalcanzable para una persona corrupta. Esto se debe a que Dios es la verdad, Su carne también posee la esencia de Dios, y Sus pensamientos así como lo que expresa Su humanidad también son la verdad. […] Independientemente de lo corriente, normal y humilde que sea la carne del Dios encarnado, o de la cantidad de desprecio con que lo mire la gente, Sus pensamientos y Su actitud hacia la humanidad son cosas que ningún hombre podría poseer ni imitar. Él siempre observará a la humanidad desde la perspectiva de la divinidad, desde la altura de Su posición como Creador. Siempre la contemplará a través de la esencia y de la mentalidad de Dios. No puede verla en absoluto desde la altura de una persona normal ni desde la perspectiva de una corrupta. Cuando las personas miran a la humanidad, lo hacen con una visión humana, y usan cosas como el conocimiento, las normas y las teorías humanos como punto de referencia. Esto se halla dentro del ámbito de lo que las personas pueden ver con sus ojos, de lo que unos seres corruptos pueden lograr. Cuando Dios mira a la humanidad, lo hace con visión divina; usa como medida Su esencia y lo que Él tiene y es. Este ámbito incluye cosas que las personas no pueden ver, y en esto es en lo que Dios encarnado y los humanos corruptos son totalmente diferentes. Esta divergencia viene determinada por la esencia de los seres humanos que es distinta a la de Dios y que determina las identidades y las posiciones, así como la perspectiva y la altura desde la que ven las cosas.
de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”
Al ser un hombre con la esencia de Dios, Él está por encima de cualquiera de los humanos creados y de cualquier hombre que pueda desarrollar la obra de Dios. Por tanto, entre todos los que tienen un caparazón humano como el suyo, entre todos los que poseen humanidad, sólo Él es el Dios mismo encarnado, todos los demás son humanos creados. Aunque todos poseen humanidad, los humanos creados no son sino humanos, mientras que Dios encarnado es diferente. En Su carne, no sólo tiene humanidad sino que, más importante aún, también tiene divinidad. Su humanidad puede verse en la apariencia externa de Su carne y en Su vida cotidiana, pero Su divinidad es difícil de percibir. Como Su divinidad se expresa únicamente cuando Él tiene humanidad y no es tan sobrenatural como las personas lo imaginan, verla es extremadamente difícil para las personas. Incluso hoy es muy difícil que la gente pueda comprender la verdadera esencia del Dios encarnado. De hecho, incluso después de haber hablado tanto sobre ello, supongo que sigue siendo un misterio para la mayoría de vosotros. Este asunto es muy simple: como Dios se hace carne, Su esencia es una combinación de humanidad y divinidad. Esta combinación se llama Dios mismo, Dios mismo en la tierra.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”
El Dios encarnado se llama Cristo y Cristo es la carne que se viste con el Espíritu de Dios. Esta carne es diferente de cualquier hombre que es de la carne. La diferencia es porque Cristo no es de carne y sangre, sino que es la personificación del Espíritu. Tiene tanto una humanidad normal como una divinidad completa. Su divinidad no la posee ningún hombre. Su humanidad normal sustenta todas Sus actividades normales en la carne mientras que Su divinidad lleva a cabo la obra de Dios mismo. Sea Su humanidad o Su divinidad, ambas se someten a la voluntad del Padre celestial. La esencia de Cristo es el Espíritu, es decir, la divinidad. Por lo tanto, Su esencia es la de Dios mismo; esta esencia no interrumpirá Su propia obra y Él no podría hacer nada que destruyera Su propia obra ni tampoco pronunciaría ninguna palabra que fuera en contra de Su propia voluntad. Por lo tanto, el Dios encarnado nunca haría alguna obra que interrumpiera Su propia gestión. Esto es lo que todos los hombres deben entender. La esencia de la obra del Espíritu Santo es salvar al hombre y es por el bien de la propia gestión de Dios. De manera similar, la obra de Cristo es salvar a los hombres, y lo es por causa de la voluntad de Dios. Dado que Dios se hace carne, Él realiza Su esencia dentro de Su carne de tal manera que Su carne es suficiente para emprender Su obra. Por lo tanto, toda la obra del Espíritu de Dios la reemplaza la obra de Cristo durante el tiempo de la encarnación y en el corazón de toda la obra a través del tiempo de la encarnación está la obra de Cristo. No se puede mezclar con la obra de ninguna otra era. Y ya que Dios se hace carne, obra en la identidad de Su carne; ya que viene en la carne, entonces termina en la carne la obra que debía hacer. Ya sea el Espíritu de Dios o Cristo, ambos son Dios mismo y hace la obra que debe hacer y desempeña el ministerio que debe desempeñar.
La esencia de Dios en sí misma ejerce autoridad, pero es capaz de someterse por completo a la autoridad que proviene de Él. Sea la obra del Espíritu o la obra de la carne, ninguna entra en conflicto con la otra. El Espíritu de Dios es la autoridad sobre toda la creación. La carne con la esencia de Dios también posee autoridad, pero Dios en la carne puede hacer toda la obra que obedece la voluntad del Padre celestial. Esto no lo puede alcanzar o concebir ningún hombre. Dios mismo es la autoridad, pero Su carne puede someterse a Su autoridad. Este es el significado interno de las palabras: “Cristo obedece la voluntad de Dios el Padre”. Dios es un Espíritu y puede hacer la obra de salvación, de la misma manera que lo puede hacer Dios hecho hombre. De cualquier manera, Dios mismo hace Su propia obra; Él ni interrumpe ni interfiere, mucho menos lleva a cabo una obra que sea mutuamente contradictoria, porque la esencia de la obra que hace el Espíritu y la carne son iguales. Sea el Espíritu o la carne, ambos obran para cumplir una voluntad y para gestionar la misma obra. Aunque el Espíritu y la carne tienen dos cualidades dispares, sus esencias son las mismas; ambas tienen la esencia de Dios mismo y la identidad de Dios mismo.
de ‘La esencia de Cristo es la obediencia a la voluntad del Padre celestial’ en “La Palabra manifestada en carne”
La carne vestida por el Espíritu de Dios es la propia carne de Dios. El Espíritu de Dios es supremo; Él es todopoderoso, santo y justo. Así, de igual forma, Su carne también es suprema, todopoderosa, santa y justa. Carne como esa sólo es capaz de hacer lo que es justo y beneficioso para la humanidad, lo que es santo, glorioso y poderoso, y es incapaz de hacer cualquier cosa que viole la verdad o la moralidad y la justicia, mucho menos cualquier cosa que traicione al Espíritu de Dios.
de ‘Un problema muy serio: la traición (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”
Esta carne es hombre y también es Dios, es un hombre que posee una humanidad normal y también es Dios que posee una divinidad completa. Y entonces, aunque esta carne no es el Espíritu de Dios, y difiere grandemente del Espíritu, todavía es el mismo Dios encarnado que salva a los hombres, que es el Espíritu y también la carne. No importa cómo se le llame, al final de cuentas es todavía Dios mismo que salva a la humanidad. Porque el Espíritu de Dios es indivisible de la carne y la obra de la carne también es la obra del Espíritu de Dios; es sólo que esta obra no se hace usando la identidad del Espíritu sino que se hace usando la identidad de la carne.
de ‘La humanidad corrupta está más necesitada de la salvación del Dios hecho carne’ en “La Palabra manifestada en carne”

martes, 22 de octubre de 2019

Dios es el Señor de toda la creación

Dios es el Señor de toda la creación

Una etapa de la obra de las dos eras anteriores tuvo lugar en Israel; la otra en Judea. En general, ninguna etapa de esta obra abandonó Israel; fueron las etapas de la obra llevadas a cabo entre el pueblo escogido inicial. Así pues, en la opinión de los israelitas, Jehová Dios sólo es el Dios de los israelitas. Debido a la obra de Jesús en Judea, y debido a Su terminación de la obra de la crucifixión, desde la perspectiva de los judíos, Jesús es el Redentor del pueblo judío. Él es únicamente el Rey de los judíos y de ningún otro pueblo; Él no es el Señor que redime a los ingleses, o a los americanos, sino el que redime a los israelitas, y en Israel redime a los judíos. Realmente, Dios es el Señor de todas las cosas. Él es el Dios de toda creación. No es tan sólo el Dios de los israelitas ni el de los judíos; es el Dios de toda la creación. Las dos etapas anteriores de Su obra tuvieron lugar en Israel y, por ello, las personas han dado forma a ciertos conceptos. Algunos piensan que Jehová estuvo obrando en Israel y que Jesús mismo llevó a cabo Su obra en Judea, adicionalmente, fue por medio de la encarnación que obró en Judea, y cualquiera que sea el caso, esta obra no se extendió más allá de Israel. Él no obró con los egipcios; no obró con los indios; sólo lo hizo con los israelitas. Las personas se forman así diversos conceptos; además, planifican la obra de Dios con una perspectiva determinada. Dicen que cuando Dios está obrando, debe hacerlo en medio del pueblo escogido y en Israel; salvo los israelitas, Dios no tiene otros destinatarios para Su obra, ni tiene ningún otro alcance para la misma; son particularmente estrictos al “disciplinar” al Dios encarnado, no permitiéndole moverse más allá del ámbito de Israel. ¿No son todos estos conceptos humanos? Dios hizo los cielos, la tierra y todas las cosas, toda la creación; ¿cómo podía limitar Su obra únicamente a Israel? En ese caso, ¿qué uso tendría para Él hacer la totalidad de Su creación? Él creó el mundo entero; ha llevado a cabo Su plan de gestión de seis mil años no sólo en Israel sino también en cada persona del universo. Independientemente de si vive en China, los Estados Unidos, el Reino Unido o Rusia, cada persona es un descendiente de Adán; Dios las ha hecho a todas. Ni una sola persona puede escaparse del ámbito de la creación de Dios, y ninguna puede quitarse la etiqueta de “descendiente de Adán”. Todas son la creación de Dios, y todas son descendientes de Adán; también son los descendientes corruptos de Adán y Eva. No sólo los israelitas son la creación de Dios, sino todas las personas; sin embargo, entre esa creación, algunos han sido maldecidos, y otros bendecidos. Hay muchas cosas deseables acerca de los israelitas; Dios obró inicialmente con ellos porque eran el pueblo menos corrupto. Los chinos palidecen en comparación con ellos, y ni siquiera pueden esperar equipararse a ellos; así pues, Dios obró inicialmente entre el pueblo de Israel, y la segunda etapa de Su obra sólo se llevó a cabo en Judea. Como consecuencia de esto, las personas se forman muchos conceptos y normas. Realmente, si Él tuviera que actuar de acuerdo a conceptos humanos, Dios sólo sería el Dios de los israelitas; de esta forma sería incapaz de expandir Su obra en las naciones gentiles, porque sólo sería el Dios de los israelitas en lugar del Dios de toda la creación. Las profecías dijeron que el nombre de Jehová sería grande en las naciones gentiles y que se difundiría en ellas, ¿por qué dirían esto? Si Dios fuera sólo el Dios de los israelitas, sólo obraría en Israel. Además, no expandiría esta obra, y no haría esta profecía. Como la hizo, necesitaría extender Su obra a las naciones gentiles y a cada nación y lugar. Como afirmó esto, lo haría por tanto así. Este es Su plan, porque Él es el Señor que creó los cielos y la tierra y todas las cosas, y el Dios de toda creación. Independientemente de si está obrando con los israelitas o en toda Judea, la obra que hace es la de todo el universo y toda la humanidad. La obra que hace hoy en la nación del gran dragón rojo —en una nación gentil— sigue siendo la de toda la humanidad. Israel puede ser la base para Su obra en la tierra; de igual forma, China puede también serla para Su obra entre las naciones gentiles. ¿No ha cumplido ahora la profecía de que “el nombre de Jehová será grande en las naciones gentiles”? El primer paso de Su obra entre las naciones gentiles se refiere a esta obra que Él está haciendo en la nación del gran dragón rojo. Que el Dios encarnado esté obrando en esta tierra y entre estas personas malditas contradice particularmente los conceptos humanos; estas personas son las más humildes y no valen nada. Son todas personas a las que Jehová abandonó inicialmente. Las personas pueden ser abandonadas por otras personas, pero si lo son por Dios, no tendrán estatus, y tendrán el menor valor. Como parte de la creación, estar ocupado por Satanás o ser abandonado por otras personas son cosas dolorosas, pero si una parte de la creación lo es por el Señor de la creación, esto significa que su estatus es absolutamente bajo. Los descendientes de Moab fueron maldecidos y nacieron en ese país subdesarrollado; sin duda, los descendientes de Moab son las personas con el estatus más bajo, bajo la influencia de las tinieblas. Como estas personas poseían el estatus más bajo en el pasado, la obra realizada entre ellas es muy capaz de destruir los conceptos humanos, y es también la obra más beneficiosa para todo este plan de gestión de seis mil años. Que Él obre entre estas personas es la acción más capaz de destruir conceptos humanos; con esto Él lanza una era; con esto destruye todas las nociones humanas; con esto termina la obra de toda la Era de la Gracia. Su obra inicial se llevó a cabo en Judea, dentro del ámbito de Israel; en las naciones gentiles no hizo en absoluto ninguna obra de lanzamiento de una era. La etapa final de Su obra no sólo se lleva a cabo entre el pueblo de las naciones gentiles; más aún, se realiza entre esas personas malditas. Este punto es la evidencia más capaz de humillar a Satanás; así pues, Dios “se vuelve” el Dios de toda la creación en el universo y el Señor de todas las cosas, el objeto de adoración para todo lo que tenga vida.
Hay actualmente algunas personas que siguen sin entender qué tipo de obra nueva ha lanzado Dios. Él ha hecho un nuevo comienzo en las naciones gentiles y ha empezado otra era y lanzado otra obra, y está obrando entre los descendientes de Moab. ¿No es esta Su obra más nueva? Nadie ha experimentado esta obra a lo largo de las eras, ni nadie ha oído de ella, mucho menos la ha apreciado. La sabiduría, lo maravilloso, lo insondable, la grandeza, la santidad de Dios se apoyan en esta etapa de la obra en los últimos días, para emerger claramente. ¿No es esto una obra nueva que está destruyendo los conceptos humanos? Siguen estando los que piensan así: “Si Dios maldijo a Moab y dijo que abandonaría a sus descendientes, ¿cómo podría salvarlos ahora?”. Son aquellas personas de las naciones gentiles que fueron malditas y expulsadas de Israel; los israelitas las llamaban “perros gentiles”. En la opinión de todos, no son sólo perros gentiles, sino aun peor, los hijos de destrucción; en otras palabras, no son el pueblo escogido de Dios. Aunque nacieron originalmente dentro del ámbito de Israel, no forman parte de su pueblo; también fueron expulsados a naciones gentiles. Son las personas más bajas. Precisamente porque son los más bajos entre la humanidad, Dios lleva a cabo Su obra de lanzar una nueva era entre ellos, pues ellos representan a la humanidad corrupta. La obra de Dios no carece de selectividad o propósito, la obra que Él lleva a cabo entre estas personas hoy es también obra realizada en medio de la creación. Noé fue parte de la creación, así como sus descendientes. Cualquiera en el mundo con carne y sangre es parte de la misma. La obra de Dios va dirigida a toda la creación; no se lleva a cabo de acuerdo a si uno ha sido maldito después de haber sido creado. Su obra de gestión se dirige a toda la creación, no a esas personas escogidas que no han sido malditas. Como Dios desea llevar a cabo Su obra en medio de Su creación, Él lo hará sin duda hasta su terminación exitosa; Él obrará entre esas personas que son beneficiosas para Su obra. Por tanto, destruye todas las convenciones al obrar entre personas; ¡para Él, las palabras “maldito”, “castigado” y “bendito” no tienen sentido! El pueblo judío es bastante bueno, y el pueblo escogido de Israel tampoco es malo; son personas de un buen calibre y humanidad. Jehová lanzó inicialmente Su obra entre ellos y llevó a cabo Su obra inicial, pero no tendría sentido que fuera a usarlos como destinatarios de Su obra de conquista actual. Aunque también forman parte de la creación y tienen muchos aspectos positivos, no tendría sentido llevar a cabo esta etapa de la obra entre ellos. Él sería incapaz de conquistar a alguien, ni podría convencer a toda la creación. Este es el sentido de la transferencia de Su obra a estas personas de la nación del gran dragón rojo. El sentido más profundo aquí está en Su lanzamiento de una era, en Su destrucción de todas las normas y todos los conceptos humanos y también en Su finalización de la obra de toda la Era de la Gracia. Si Su obra actual se llevara a cabo entre los israelitas, cuando Su plan de gestión de seis mil años llegara a su fin, todos creerían que Dios es sólo el Dios de los israelitas, que sólo estos son el pueblo escogido de Dios, que sólo ellos merecen heredar la bendición y la promesa de Dios. Durante los últimos días, Dios se hace carne en la nación gentil del gran dragón rojo; Él ha cumplido Su obra de Dios como el Dios de toda la creación; ha completado toda Su obra de gestión, y acabará la parte central de Su obra en la nación del gran dragón rojo. El núcleo de estas tres etapas de obra es la salvación del hombre, concretamente, hacer que toda la creación adore al Señor de la misma. Por tanto, cada etapa de esta obra tiene mucho sentido; Dios no hará nada en absoluto sin sentido o valor. Por un lado, esta etapa de la obra consiste en lanzar una era y terminar las dos anteriores; por otro, consiste en destruir todos los conceptos humanos y todas las viejas formas de creencia y conocimiento humanos. La obra de las dos eras anteriores se llevó a cabo de acuerdo a conceptos humanos diferentes; esta etapa, sin embargo, elimina completamente los mismos, conquistando de esta forma totalmente a la humanidad. Usando la conquista de los descendientes de Moab y la obra llevada a cabo entre ellos, Dios conquistará a toda la humanidad en todo el universo. Este es el sentido más profundo de esta etapa de Su obra, y el aspecto más valioso de la misma. Aunque sepas que tu propia condición es baja y que vales poco, seguirás sintiendo que te has encontrado con la cosa más gozosa: has heredado una gran bendición, obtenido una gran promesa, puedes completar esta gran obra de Dios, puedes ver Su verdadero rostro, conocer Su carácter inherente, y hacer Su voluntad. Las dos etapas anteriores de la obra de Dios se llevaron a cabo en Israel. Si esta etapa de Su obra durante los últimos días siguiera llevándose a cabo entre los israelitas, no sólo toda la creación creería que sólo estos eran el pueblo escogido de Dios, sino que todo el plan de gestión de Dios tampoco alcanzaría su efecto deseado. Durante el período en el que las dos etapas de Su obra se llevaron a cabo en Israel, no se realizó ninguna obra nueva ni ningún lanzamiento de era por parte de Dios en las naciones gentiles. Esta etapa de obra de lanzamiento de una era se lleva a cabo primero en las naciones gentiles, y adicionalmente, se realiza primero entre los descendientes de Moab; esto ha lanzado toda la era. Dios ha destruido cualquier conocimiento contenido en los conceptos humanos y no ha permitido que ninguno de ellos siga existiendo. En Su obra de conquista ha destruido los conceptos humanos, esas formas viejas y anteriores de conocimiento humano. Deja que las personas vean que con Dios no hay reglas, que no hay nada viejo en Él, que la obra que hace está totalmente liberada, es totalmente libre, que Él acierta en todo lo que hace. Debes someterte completamente a cualquier obra que Él haga en medio de la creación. Cualquier obra que haga tiene significado y se hace de acuerdo a Su propia voluntad y sabiduría, y no según las elecciones y los conceptos humanos. Él hace aquello que es beneficioso para Su obra; si algo no lo es, no lo hará, ¡por muy bueno que sea! Él obra y selecciona el destinatario y el lugar para Su obra de acuerdo al sentido y el propósito de Su obra. Él no se ciñe a normas pasadas, ni sigue viejas fórmulas; en su lugar, planifica Su obra según el significado de la misma; al final quiere alcanzar su verdadero efecto y su propósito anticipado. Si no entiendes estas cosas ahora, esta obra no tendrá ningún efecto sobre ti.