Wenzhong, Pekín
11 de agosto de 2012
La noche del 21 de julio de 2012, hubo una gran inundación aquí, algo que raramente sucede. Me gustaría contarles a todos aquellos que tienen sed de Dios lo que realmente experimenté y vi en ese momento.
Ese día mi esposo y yo cuidábamos del corral de mi hermana. No paró de caer una fuerte lluvia durante la noche y nos fuimos a dormir muy temprano. A las 3:45 de la madrugada, mi cuñado llamó y dijo: “¡Van a abrir la represa! ¡Se va a inundar todo! ¡Tenemos que levantarnos rápido!”. Al escuchar esto, me quedé conmocionada y lo único que pude hacer fue decirle a Dios en mi corazón lo siguiente: “¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios!”. Lo único que sabía era que tenía que proteger mi ciclomotor eléctrico y el reproductor MP5 y la tarjeta de memoria que utilizaba para escuchar los himnos y sermones. Con gran ansiedad, fui al almacén a sacar el ciclomotor eléctrico y conduje con la intención de ir a casa a ver si seguían bien mis libros sobre la palabra de Dios y porque también estaba preocupada por mi suegra y mis hijos.