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martes, 5 de noviembre de 2019

2. ¿Qué es la encarnación? ¿Cuál es la esencia de la encarnación?

   

¿Qué es la encarnación? ¿Cuál es la esencia de la encarnación?

Versículos bíblicos como referencia:
En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios (Juan 1:1).
Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14).
Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo he estado con vosotros, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que hace las obras. Creedme que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí; y si no, creed por las obras mismas (Juan 14:9-11).
Yo y el Padre somos uno (Juan 10:30).
Palabras relevantes de Dios:
El significado de la encarnación es que Dios aparece en la carne y Él viene a obrar en medio del hombre de Su creación bajo una imagen de carne. Por tanto, para que Dios se encarne, primero debe ser carne, una carne con una humanidad normal; esto, como mínimo, debe ser verdad. De hecho, la implicación de la encarnación de Dios es que Él vive y obra en la carne; Dios se hace carne en Su misma esencia, se hace hombre.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”
El Cristo con humanidad normal es una carne en la que el Espíritu se materializa, que posee una humanidad, un sentido y un pensamiento normales. “Materializarse” significa que Dios se hace hombre, que el Espíritu se hace carne; dicho claramente, es cuando Dios mismo habita en la carne con una humanidad normal y expresa Su obra divina a través de ello. Esto es lo que significa materializarse o encarnarse.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne
El significado de la encarnación es que un hombre ordinario y normal lleve a cabo la obra de Dios mismo; es decir, que Dios lleva a cabo Su obra divina en la humanidad y vence de este modo a Satanás. La encarnación significa que el Espíritu de Dios se hace carne, es decir, que Dios se hace carne; la obra que Él realiza en la carne es la obra del Espíritu, la cual se materializa en la carne y es expresada por la carne. Nadie, excepto la carne de Dios, puede cumplir con el ministerio del Dios encarnado; es decir, que sólo la carne encarnada de Dios, esta humanidad normal —y nadie más— puede expresar la obra divina. Si durante Su primera venida Dios no hubiera tenido una humanidad normal antes de los veintinueve años de edad, si al nacer Él hubiera podido obrar milagros, si nada más aprender a hablar Él hubiera podido hablar el lenguaje del cielo, si al momento en que puso Su pie sobre la tierra por primera vez Él hubiera podido comprender todos los asuntos mundanos, discernir todos los pensamientos y las intenciones de cada persona, entonces no se le habría podido haber llamado un hombre normal y Su carne no podría haberse llamado carne humana. Si este hubiera sido el caso con Cristo, entonces el sentido y la esencia de la encarnación de Dios se habrían perdido. Que poseyera una humanidad normal demuestra que Él era Dios encarnado en la carne; que pasase por un proceso de crecimiento humano normal demuestra aún más que Él era una carne normal y, además, Su obra es prueba suficiente de que Él era la Palabra de Dios, el Espíritu de Dios hecho carne. Dios se hace carne por las necesidades de la obra; en otras palabras, esta etapa de la obra debe hacerse en la carne, en una humanidad normal. Este es el requisito previo para que “el Verbo se haga carne”, para que “la Palabra aparezca en la carne”, y es la verdadera historia detrás de las dos encarnaciones de Dios.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”
Su vida y Su obra encarnadas pueden dividirse en dos etapas. Primero es la vida que vive antes de desempeñar Su ministerio. Él vive en una familia humana ordinaria, en una humanidad totalmente normal, obedeciendo la moral y las leyes normales de la vida humana, con necesidades humanas normales (comida, vestido, refugio, descanso), debilidades humanas normales y emociones humanas normales. En otras palabras, durante esta primera etapa Él vive en una humanidad no divina y completamente normal, y se involucra en todas las actividades humanas normales. La segunda etapa es la vida que vive después de empezar a desarrollar Su ministerio. Sigue morando en la humanidad ordinaria con un caparazón humano normal, sin mostrar señal externa alguna de lo sobrenatural. No obstante, Él vive puramente por el bien de Su ministerio y durante este tiempo Su humanidad normal existe enteramente al servicio de la obra normal de Su divinidad; y es que, para entonces, Su humanidad normal ha madurado hasta el punto de ser capaz de desempeñar Su ministerio. Por tanto, la segunda etapa de Su vida consiste en llevar a cabo Su ministerio en Su humanidad normal; es una vida tanto de humanidad normal como de divinidad completa. La razón por la que durante la primera etapa de Su vida Él vive en una humanidad completamente ordinaria es que Su humanidad no equivale aún a la totalidad de la obra divina, todavía no está madura; sólo después de que Su humanidad madura y es capaz de cargar con Su ministerio, es cuando Él puede ponerse a realizarlo. Como Él, siendo carne, necesita crecer y madurar, la primera etapa de Su vida es la de una humanidad normal, mientras que en la segunda, al ser capaz Su humanidad de acometer Su obra y llevar a cabo Su ministerio, la vida que el Dios encarnado vive durante ese periodo es una tanto de humanidad como de divinidad completa. Si el Dios encarnado hubiera comenzado Su ministerio formal desde el momento de Su nacimiento, realizando señales sobrenaturales y maravillas, entonces Él no tendría una esencia corpórea. Por tanto, Su humanidad existe por el bien de Su esencia corpórea; no puede haber carne sin humanidad y una persona sin humanidad no es un ser humano. De esta forma, la humanidad de la carne de Dios es una propiedad intrínseca de la carne encarnada de Dios. Decir que “cuando Dios se hace carne es totalmente divino, no es en absoluto humano”, es una blasfemia, porque esta es una postura imposible de adoptar y que viola el principio de la encarnación. Incluso después de empezar a llevar a cabo Su ministerio, Su divinidad sigue habitando Su caparazón humano externo cuando Él realiza Su obra; sólo que en ese momento, Su humanidad tiene el único propósito de permitirle a Su divinidad desempeñar la obra en la carne normal. Así pues, el agente de la obra es la divinidad habitando en Su humanidad. Es Su divinidad, no Su humanidad, la que obra, pero es una divinidad escondida dentro de Su humanidad; Su divinidad completa, no Su humanidad, es la que, en esencia, lleva a cabo Su obra. Pero el actor de la obra es Su carne. Se podría decir que Él es un hombre, pero que también es Dios, porque Dios se convierte en un Dios que vive en la carne, con un caparazón y una esencia humanos, pero también con la esencia de Dios.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”
[…] el Hijo del Hombre quien, encarnado, expresaba la divinidad de Dios a través de Su humanidad y le transmitía Su voluntad a la humanidad. A través de la expresión de la voluntad y del carácter de Dios, también le reveló al Dios que no puede verse ni tocarse en la esfera espiritual. Lo que las personas vieron era Dios mismo, tangible y de carne y hueso. Así, el Hijo del Hombre encarnado concretizó y humanizó cosas como la identidad, el estatus, la imagen, el carácter de Dios, y lo que Él tiene y es. Aunque Su aspecto externo tenía algunas limitaciones respecto a la imagen de Dios, Su esencia y lo que Él tiene y es, eran totalmente capaces de representar Su propia identidad y estatus; sencillamente existían algunas diferencias en la forma de expresión. Independientemente de la humanidad del Hijo del Hombre o de Su divinidad, no podemos negar que Él representaba la identidad y el estatus de Dios. Sin embargo, durante este tiempo, Dios obró a través de la carne, habló desde esa perspectiva, y se presentó ante la humanidad con la identidad y el estatus del Hijo del Hombre, y esto les proporcionó a las personas la oportunidad de encontrar y experimentar las palabras y la obra prácticas de Dios en medio de la humanidad. También les permitió tener una perspectiva de Su divinidad y de Su grandeza en medio de la humildad, así como obtener un entendimiento y una definición preliminares de la autenticidad y la realidad de Dios.
de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”
Aunque el aspecto del Dios encarnado sea exactamente igual al de un ser humano, Él aprende el conocimiento humano, habla el lenguaje humano y, en ocasiones, hasta expresa Sus ideas a través de los medios o las expresiones del hombre, Su modo de ver a los seres humanos y la esencia de las cosas es absolutamente distinto a como las personas corruptas ven estas mismas cosas. Su perspectiva y la altura en la que se halla es algo inalcanzable para una persona corrupta. Esto se debe a que Dios es la verdad, Su carne también posee la esencia de Dios, y Sus pensamientos así como lo que expresa Su humanidad también son la verdad. […] Independientemente de lo corriente, normal y humilde que sea la carne del Dios encarnado, o de la cantidad de desprecio con que lo mire la gente, Sus pensamientos y Su actitud hacia la humanidad son cosas que ningún hombre podría poseer ni imitar. Él siempre observará a la humanidad desde la perspectiva de la divinidad, desde la altura de Su posición como Creador. Siempre la contemplará a través de la esencia y de la mentalidad de Dios. No puede verla en absoluto desde la altura de una persona normal ni desde la perspectiva de una corrupta. Cuando las personas miran a la humanidad, lo hacen con una visión humana, y usan cosas como el conocimiento, las normas y las teorías humanos como punto de referencia. Esto se halla dentro del ámbito de lo que las personas pueden ver con sus ojos, de lo que unos seres corruptos pueden lograr. Cuando Dios mira a la humanidad, lo hace con visión divina; usa como medida Su esencia y lo que Él tiene y es. Este ámbito incluye cosas que las personas no pueden ver, y en esto es en lo que Dios encarnado y los humanos corruptos son totalmente diferentes. Esta divergencia viene determinada por la esencia de los seres humanos que es distinta a la de Dios y que determina las identidades y las posiciones, así como la perspectiva y la altura desde la que ven las cosas.
de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”
Al ser un hombre con la esencia de Dios, Él está por encima de cualquiera de los humanos creados y de cualquier hombre que pueda desarrollar la obra de Dios. Por tanto, entre todos los que tienen un caparazón humano como el suyo, entre todos los que poseen humanidad, sólo Él es el Dios mismo encarnado, todos los demás son humanos creados. Aunque todos poseen humanidad, los humanos creados no son sino humanos, mientras que Dios encarnado es diferente. En Su carne, no sólo tiene humanidad sino que, más importante aún, también tiene divinidad. Su humanidad puede verse en la apariencia externa de Su carne y en Su vida cotidiana, pero Su divinidad es difícil de percibir. Como Su divinidad se expresa únicamente cuando Él tiene humanidad y no es tan sobrenatural como las personas lo imaginan, verla es extremadamente difícil para las personas. Incluso hoy es muy difícil que la gente pueda comprender la verdadera esencia del Dios encarnado. De hecho, incluso después de haber hablado tanto sobre ello, supongo que sigue siendo un misterio para la mayoría de vosotros. Este asunto es muy simple: como Dios se hace carne, Su esencia es una combinación de humanidad y divinidad. Esta combinación se llama Dios mismo, Dios mismo en la tierra.
de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”
El Dios encarnado se llama Cristo y Cristo es la carne que se viste con el Espíritu de Dios. Esta carne es diferente de cualquier hombre que es de la carne. La diferencia es porque Cristo no es de carne y sangre, sino que es la personificación del Espíritu. Tiene tanto una humanidad normal como una divinidad completa. Su divinidad no la posee ningún hombre. Su humanidad normal sustenta todas Sus actividades normales en la carne mientras que Su divinidad lleva a cabo la obra de Dios mismo. Sea Su humanidad o Su divinidad, ambas se someten a la voluntad del Padre celestial. La esencia de Cristo es el Espíritu, es decir, la divinidad. Por lo tanto, Su esencia es la de Dios mismo; esta esencia no interrumpirá Su propia obra y Él no podría hacer nada que destruyera Su propia obra ni tampoco pronunciaría ninguna palabra que fuera en contra de Su propia voluntad. Por lo tanto, el Dios encarnado nunca haría alguna obra que interrumpiera Su propia gestión. Esto es lo que todos los hombres deben entender. La esencia de la obra del Espíritu Santo es salvar al hombre y es por el bien de la propia gestión de Dios. De manera similar, la obra de Cristo es salvar a los hombres, y lo es por causa de la voluntad de Dios. Dado que Dios se hace carne, Él realiza Su esencia dentro de Su carne de tal manera que Su carne es suficiente para emprender Su obra. Por lo tanto, toda la obra del Espíritu de Dios la reemplaza la obra de Cristo durante el tiempo de la encarnación y en el corazón de toda la obra a través del tiempo de la encarnación está la obra de Cristo. No se puede mezclar con la obra de ninguna otra era. Y ya que Dios se hace carne, obra en la identidad de Su carne; ya que viene en la carne, entonces termina en la carne la obra que debía hacer. Ya sea el Espíritu de Dios o Cristo, ambos son Dios mismo y hace la obra que debe hacer y desempeña el ministerio que debe desempeñar.
La esencia de Dios en sí misma ejerce autoridad, pero es capaz de someterse por completo a la autoridad que proviene de Él. Sea la obra del Espíritu o la obra de la carne, ninguna entra en conflicto con la otra. El Espíritu de Dios es la autoridad sobre toda la creación. La carne con la esencia de Dios también posee autoridad, pero Dios en la carne puede hacer toda la obra que obedece la voluntad del Padre celestial. Esto no lo puede alcanzar o concebir ningún hombre. Dios mismo es la autoridad, pero Su carne puede someterse a Su autoridad. Este es el significado interno de las palabras: “Cristo obedece la voluntad de Dios el Padre”. Dios es un Espíritu y puede hacer la obra de salvación, de la misma manera que lo puede hacer Dios hecho hombre. De cualquier manera, Dios mismo hace Su propia obra; Él ni interrumpe ni interfiere, mucho menos lleva a cabo una obra que sea mutuamente contradictoria, porque la esencia de la obra que hace el Espíritu y la carne son iguales. Sea el Espíritu o la carne, ambos obran para cumplir una voluntad y para gestionar la misma obra. Aunque el Espíritu y la carne tienen dos cualidades dispares, sus esencias son las mismas; ambas tienen la esencia de Dios mismo y la identidad de Dios mismo.
de ‘La esencia de Cristo es la obediencia a la voluntad del Padre celestial’ en “La Palabra manifestada en carne”
La carne vestida por el Espíritu de Dios es la propia carne de Dios. El Espíritu de Dios es supremo; Él es todopoderoso, santo y justo. Así, de igual forma, Su carne también es suprema, todopoderosa, santa y justa. Carne como esa sólo es capaz de hacer lo que es justo y beneficioso para la humanidad, lo que es santo, glorioso y poderoso, y es incapaz de hacer cualquier cosa que viole la verdad o la moralidad y la justicia, mucho menos cualquier cosa que traicione al Espíritu de Dios.
de ‘Un problema muy serio: la traición (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”
Esta carne es hombre y también es Dios, es un hombre que posee una humanidad normal y también es Dios que posee una divinidad completa. Y entonces, aunque esta carne no es el Espíritu de Dios, y difiere grandemente del Espíritu, todavía es el mismo Dios encarnado que salva a los hombres, que es el Espíritu y también la carne. No importa cómo se le llame, al final de cuentas es todavía Dios mismo que salva a la humanidad. Porque el Espíritu de Dios es indivisible de la carne y la obra de la carne también es la obra del Espíritu de Dios; es sólo que esta obra no se hace usando la identidad del Espíritu sino que se hace usando la identidad de la carne.
de ‘La humanidad corrupta está más necesitada de la salvación del Dios hecho carne’ en “La Palabra manifestada en carne”

miércoles, 25 de septiembre de 2019

15 Caminando por la senda luminosa de la vida

Caminando por la senda luminosa de la vidaXie Li, Estados Unidos

Solía ser alguien que perseguía las tendencias del mundo, quería rendirme a una vida de placer y sólo me importaban los placeres de la carne. A menudo pasaba toda la noche en el karaoke con mis amigos, me escapaba en mitad de la noche, salía al océano a pescar y viajaba por todas partes en busca de buena comida. Veía a quienes me rodeaban; ellos también se esforzaban por comer bien, llevar ropa bonita y disfrutar de las cosas buenas. Sentía que estas eran las cosas por las que uno debe trabajar en la vida, que por eso debes trabajar duro para ganar dinero, que este es el objetivo que todos deberían tener en la vida. Sólo con estas cosas la vida no sería en vano. Para obtenerlas, no me importaba la distancia que tuviera que recorrer, así que crucé el océano para venir a Estados Unidos y, después de esforzarme durante varios años, abrí mi propio negocio. Tenía mi propio auto y mi propia casa. Estaba viviendo la vida bendita con la que había soñado. Todos los días comía, bebía y buscaba placeres hasta saciarme y hasta que mi corazón estuviera satisfecho. Pensaba que la vida sólo tenía sentido viviendo de esta manera, y así fue hasta que recibí la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días. Sólo después de experimentar el juicio y el castigo de Dios me di cuenta de qué es una vida verdaderamente significativa y luego empecé a caminar por la senda luminosa de la vida.
En mayo de 2016, mi esposa me legó el evangelio del reino de Dios Todopoderoso. Leyendo Su palabra, tomé conciencia del plan de gestión de Dios de seis mil años para salvar a la humanidad y también llegué a entender que Dios Todopoderoso es el Jehová Dios que condujo a los israelitas fuera de Egipto, que Él también es el Señor Jesús que redimió a la humanidad siendo crucificado y que ahora Él ha regresado en la carne para expresar la verdad y llevar a cabo la obra de juzgar, purificar y salvar al hombre… En poco tiempo, empecé a participar en la vida de la iglesia en la Iglesia de Dios Todopoderoso y allí entré en contacto con los hermanos y hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Vi que todos eran muy sinceros, no había fingimiento ni cortesías vacías en las palabras que decían, y estar en contacto con ellos me dio una sensación de liberación que antes nunca había sentido.
Cuando empecé a asistir a las congregaciones de la iglesia me sentí fresco y quería reunirme con los hermanos y hermanas, buscar la verdad adecuadamente y buscar un cambio en mi carácter de vida. Pero, puesto que hasta este momento había codiciado las comodidades de la carne y buscado los placeres de la vida, no podía evitarlo aunque tenía el deseo de congregarme y buscar la verdad. Una vez, cuando un amigo me invitó a cenar, era a la vez que una congregación de la iglesia, lo cual me hizo sentir un gran conflicto interno. ¿Debía ir o no? Pensé para mis adentros en esta pregunta: “Ha pasado mucho tiempo desde que salí a divertirme. No es fácil para mi amigo invitarme hoy, así que debería ir. Después de todo, mis amigos no me invitan a salir todos los días y simplemente puedo ir a la congregación de la iglesia la próxima vez”. Así que aseguré que tenía algo que hacer y descarté mi plan de ir a la congregación de la iglesia y, en lugar de eso, salí a cenar. Comimos, bebimos y fuimos al karaoke, pero en el camino de vuelta a casa no sentía nada de felicidad en mi interior. En lo profundo de mi corazón, sentía una especie de vacío indescriptible y también tenía sentimientos de culpa. Recordé el pasado. Cuando estaba en la comida con amigos y otros aldeanos, todos fueron muy cordiales conmigo en la mesa, pero a mis espaldas se estaban devanando los sesos, maquinando, intentando encontrar la forma de estafarme. Tratar con todos ellos hizo que me sintiera muy cansado. Simplemente no pude encontrar a nadie con quien hablar de las cosas que me importaban. Aquel día salí, comí y bebí tanto como quise y también satisfice a mis amigos, pero ¿qué gané realmente? Me sentía vacío e indefenso, sentía que había decepcionado a Dios y lo lamentaba por mis hermanos y hermanas.
Sin embargo, este vacío en mi espíritu, este sentimiento de culpa aún no podía liberarme de las tentaciones del mundo de los placeres sensuales. En mi corazón todavía anhelaba rendirme a una vida de placer, a cosas que pertenecen a la carne, pero Dios arregló las cosas y estableció un ambiente de manera práctica para cambiar estos puntos de vista erróneos sobre la búsqueda. Con la llegada del Día Nacional, mi esposa me sugirió: “Hagamos una celebración sencilla y, luego, con el tiempo que nos sobre, podemos leer un poco más de la palabra de Dios y mirar algunos vídeos de la familia de Dios para poder equiparnos con más verdad y entender la gracia de la salvación de Dios”. Pero en realidad no me tomé en serio las palabras de mi esposa y, en cambio, empecé a hacer preparativos de cómo iba a celebrar las fiestas. Elegí cuidadosamente la ruta que iba a seguir, fui al mercado y compré toda la comida y otras cosas que necesitaría. Decidí ir a la playa con mi esposa y hacer una pequeña barbacoa. Entonces, cuando llegó el Día Nacional, me llevé a mi esposa y salimos felizmente en el auto. Sin embargo, no todo iba según lo previsto; hubo atasco durante todo el trayecto y, a mitad de camino, nos dimos cuenta de que el GPS no funcionaba correctamente, así que íbamos por el camino equivocado. No fue fácil llegar a nuestro destino y, al final, cuando llegamos a la playa hacía mucho viento, por lo que nos resultó imposible hacer nuestra barbacoa. Así que mi esposa me pidió que diera media vuelta y volviera a casa, pero yo no estaba dispuesto a hacerlo. Insistí en que siguiéramos conduciendo en busca de un parque cercano donde pudiéramos hacer nuestra barbacoa, pero los tres parques a los que fuimos estaban llenos de gente y ni siquiera había dónde aparcar. Sólo después de todo esto di media vuelta a regañadientes para volver a casa. Camino de casa, había tanto tráfico como antes. Originalmente, nos habíamos propuesto hacer una barbacoa para almorzar, pero ya eran más de las cuatro de la tarde y todavía no habíamos cocinado nada. Estábamos hambrientos. Generalmente siento que estoy en lo correcto y tengo plena confianza en mí mismo y en aquel momento no estaba de humor ni quería decir nada. Simplemente me quedé callado y conduje de vuelta sintiéndome descontento. Fue en ese momento cuando el auto que tenía delante frenó de repente, así que yo tuve que frenar rápidamente. Aunque no golpeé el auto que estaba delante, el auto que había detrás de mí me golpeó por detrás. Afortunadamente, nadie resultó herido y sólo se abolló un poco la superficie del auto. Sabía que Dios había permitido aquel suceso, no estaba buscando culpar al otro conductor, así que simplemente me fui. Pensé para mis adentros: “Eh, todos los planes cuidadosos que hice para las vacaciones fueron un esfuerzo desperdiciado; es verdad que los planes nunca pueden seguir el ritmo de los cambios y que Dios lo dispone todo. Realmente no debería haber salido hoy para rendirme a los placeres de la vida. ¡No debería haber confiado en mi propio estado de ánimo!”.
Cuando llegamos a casa, mi esposa y yo leímos juntos varios pasajes de la palabra de Dios: “Más y más personas tratan los relatos de la obra de Dios y Sus palabras durante la era Antiguo Testamento como mitos y leyendas. En sus corazones, las personas se vuelven indiferentes a la dignidad y a la grandeza de Dios, al principio de que Él existe y que domina todas las cosas. La supervivencia de la humanidad y el destino de países y naciones ya no son importantes para ellas. El hombre vive en un mundo vacío, que se preocupa sólo con comer, beber, y buscar el placer… Pocas personas asumen el buscar dónde lleva a cabo Dios Su obra hoy, o cómo preside y organiza el destino del hombre” (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Un mundo que se está volviendo uno de regocijo y esplendor cada vez más. Cuando las personas consideran el mundo, su corazón se siente atraído por él y muchas son incapaces de librarse de él […]. Si no te esfuerzas por progresar, y no tienes ideales, esta ola pecaminosa te arrastrará” (‘Práctica (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios Todopoderoso hacen muy clara y evidente la esencia de las tendencias del mundo, que sólo son Satanás seduciendo al hombre y convirtiéndolo en un depravado. Sólo son trucos y maquinaciones con el propósito de devorar al hombre. Satanás sólo utiliza el comer, el beber, la búsqueda del placer y otras cosas que se ajustan a la carne para engañar al hombre y atarlo. Cuando el corazón del hombre es poseído por estas cosas que pertenecen a la carne, el hombre ya no estará inclinado a buscar cosas positivas y se distanciará de Dios cada vez más, lo cual provocará que sea devorado y capturado por Satanás. Por medio de la lectura de la palabra de Dios me di cuenta de que mis puntos de vista sobre la búsqueda eran completamente erróneos. Independientemente de lo que me preocupa, ya sea comer, beber, buscar placeres de la carne o buscar una vida en la que estoy por encima de los demás, todas estas cosas son el resultado de que Satanás corrompa a la raza humana. He confirmado a través de mis propias experiencias que, cuando uno busca estas cosas que pertenecen a Satanás, sólo se vuelve cada vez más depravado, disoluto y libertino. Sólo conseguirá que aumente su codicia, su egoísmo, su maldad y su traición. Vivirá en pecado y carecerá de una humanidad normal. Aunque el hombre disfrute cada vez más de estas cosas, aunque obtenga más y más de las mismas, al final seguirá estando en un espacio vacío. Si el hombre poseyera todas estas cosas pero no viniera ante Dios, la vida seguiría siendo en vano y carecería de importancia o valor. El hombre sólo irá por la senda de vivir una vida correcta viniendo ante Dios, creyendo en Él y adorándolo, y sólo entonces se liberará de una vida de vacío y maldad. Por eso, decidí cambiar la forma en que vivo mi vida y caminar por la senda correcta de la vida.
Cuando vi a mis hermanos y hermanas dedicándose activamente a Dios, cuando vi su devoción en el desempeño de sus deberes y su búsqueda de vidas significativas, yo también sentí el deseo de buscar estas cosas y de vivir el camino que viven las personas auténticas como lo requiere Dios. Así que, además de las congregaciones habituales, también quería hacer tiempo para desempeñar mis propios deberes. Fue en aquel momento cuando la iglesia arregló algunos deberes para mí. Querían que manejara un auto para llevar a dos de nuestras hermanas a algún sitio y que las recogiera la semana siguiente. La primera vez que se me encomendó este deber, yo accedí felizmente. Pero cuando se fueron los hermanos y hermanas que me asignaron esta tarea, empecé a pensarlo dos veces e incluso me arrepentí un poco: “Vaya, hombre, se supone que el día en que debo llevar a estas hermanas es mi día libre y la semana siguiente tengo que ir a recogerlas. Tendré que levantarme muy temprano esos dos días. No importa lo largo que sea el viaje, lo importante es que es muy fácil que esa carretera se congestione con el tráfico. Es mejor ir temprano en la mañana porque luego hay menos autos, pero ¿quién sabe cuánto tiempo me quedaré atascado en el tráfico en el camino de regreso? Todo mi tiempo se desperdiciará sentado en el atasco y no tendré mi día libre…”. Cuando mi esposa me oyó quejándome así, me dijo: “Desempeñar tus deberes no es tan sencillo como habías imaginado. Definitivamente supondrá que pongas la verdad en práctica. Practicar la verdad es abandonar la carne y significa que sufrirás dificultades y pagarás un precio. Piénsalo, solías salir y beber, comer y buscar placeres, y aunque en realidad no te divirtieras después de un día agotador, nunca te quejabas. Pero ahora te han asignado una tarea y tienes que dedicarle parte de tu tiempo, ir por una senda que tiene dificultades, pero en tu corazón no quieres hacerlo. Aunque por fuera este deber parece algo dispuesto por tus hermanos y hermanas para ti, en realidad no estás desempeñando este deber para una persona en particular, sino para satisfacer a Dios y devolver Su amor. Este deber se te ha asignado hoy, este es Dios elevándote y este es el amor de Dios que desciende sobre ti. Deberías apreciarlo. No te quedes con remordimientos con tu primer deber”. Después de decir esto, me leyó un pasaje de la palabra de Dios: “Todo lo que haces requiere que pagues un determinado precio en tus esfuerzos. Sin dificultades reales no puedes satisfacer a Dios, ni siquiera te acercas a ello, ¡y sólo estás diciendo eslóganes vacíos! ¿Pueden estos eslóganes vacíos satisfacer a Dios? Cuando Él y Satanás luchan en el ámbito espiritual, ¿cómo deberías satisfacer a Dios? ¿Y cómo deberías mantenerte firme en tu testimonio de Él? Deberías saber que todo lo que te ocurre es una gran prueba y el momento en que Dios necesita que des testimonio. Externamente podrían no parecer mucho, pero cuando estas cosas ocurren muestran si amas o no a Dios. Si lo haces, serás capaz de mantenerte firme en tu testimonio de Él, y si no has puesto en práctica el amor a Dios, esto muestra que no eres alguien que pone en práctica la verdad, que no la tienes ni tienes vida, ¡que eres paja! Todo lo que acontece a las personas tiene lugar cuando Dios necesita que se mantengan firmes en su testimonio de Él. No te ha ocurrido nada importante por el momento, y no das un gran testimonio, pero cada detalle de tu vida diaria tiene relación con el testimonio de Dios” (‘Sólo amar a Dios es realmente creer en Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).
Cuando terminé de leer la palabra de Dios Todopoderoso, cuando terminé de escuchar las palabras de mi esposa, me di cuenta de que al encomendarme este deber, Dios estaba haciéndome una prueba real para ver si podía satisfacer a Dios y sufrir dificultades o no. Pero lo que revelé era que yo sólo tenía en cuenta los intereses de mi propia carne, que sólo tenía en cuenta mis beneficios y pérdidas personales, que no estaba dispuesto a sufrir ni a pagar un precio y que, en cambio, estaba quejándome de las cosas. Vi que estaba siendo extremadamente egoísta, que los deleites carnales, como beber, comer y otros placeres, ya habían superado el estatus de Dios en mi corazón. Estaba perfectamente feliz de gastarme todo lo que tenía, de pagar cualquier precio para comer, beber y buscar placer, pero cuando se me encomendó un deber que requería que dedicara mi tiempo a Dios empecé a calcular mis propios beneficios y pérdidas y no estaba dispuesto a practicar la verdad para satisfacer a Dios. Estos pensamientos y acciones míos harían que Satanás se riera de mí y no me permitirían ser testimonio ante Dios. Cuando llegué a entender estas cosas vine ante Dios rápidamente y oré que me diera la voluntad para asegurarme de poder abandonar mi carne y dejar de seguir a Satanás, ¡para poder ser testimonio ante Dios y derrotar a Satanás en la lucha espiritual en la que me encontraba! Después de cambiar de actitud en cuanto a mi deber, en mi cooperación práctica, vi en efecto la bendición de Dios. No importaba si era cuando llevaba a las hermanas al lugar donde iban o volvía a recogerlas, en ninguna dirección me encontraba grandes atascos. Había excedido mi imaginación por completo y mis concepciones fueron verdaderamente contrarrestadas. Experimenté por primera vez la sensación de paz y felicidad que me traía el desempeño de mi deber y también vi que cuando las personas abandonan la carne y practican el satisfacer a Dios, Él no sólo les allanará el camino, sino que también les permitirá entender la verdad y ver Sus actos. De pronto sentía que esto me hacía más feliz que ir de vacaciones o comer comidas extravagantes. Resulta que hacer esto durante un día de descanso verdaderamente no es una pérdida de tiempo. ¡De hecho es bastante significativo!
Dentro de estas experiencias prácticas, pude conocer por mí mismo el dulce sabor de abandonar mi carne y desempeñar mi deber para satisfacer a Dios. Vi que todo lo que Dios hace es para salvarme de la oscura influencia de Satanás, para que un día, muy pronto, pueda caminar por la senda correcta de buscar la verdad. Estas cosas son todo el amor y la salvación de Dios. Pasaron unos cuantos días y luego recibí una llamada de un hermano. Me preguntó si estaba dispuesto a ir a otro estado para recoger a algunos hermanos y hermanas o no y acepté sin la menor vacilación. Después de acceder a esto, no sentí quejas. Estaba perfectamente dispuesto a hacer lo que se suponía que debía hacer y feliz por ello, y todo el viaje transcurrió sin obstáculos. Después de llevar a los hermanos y hermanas a su destino a salvo, me sentí muy orgulloso de mí mismo porque era la primera vez que desempeñaba mi deber de buena gana, sin impurezas. Esto también me enseñó que desempeñar el deber que debe cumplir una criatura realmente es lo más significativo que puede hacer uno. Ya no quería comer, beber y buscar placeres, ya no quería buscar los placeres de la carne y lo único que quería hacer era buscar la verdad, aceptarla y practicarla para poder convertirme algún día, pronto, en alguien que verdaderamente ame a Dios. Estas pequeñas cosas en mi vida han llegado a cambiarme de formas de las que no soy consciente. Mi vida ya no está podrida y depravada como en el pasado. He empezado a cambiar y a trabajar activamente por las cosas. Es como si hubiera comenzado un nuevo capítulo de mi vida. En mi corazón siento una dulzura y placer que antes nunca había experimentado y estoy agradecido a Dios Todopoderoso por guiarme por la senda luminosa de la vida. ¡Gloria a Dios Todopoderoso!

jueves, 19 de septiembre de 2019

La Palabra de Dios | La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo (II) Parte 6



 La Palabra de Dios | La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo (II) Parte 6Las palabras de Dios del vídeo son del libro “La Palabra manifestada en carne”.


Dios Todopoderoso dice: “Si os digo ahora que Job es un hombre encantador, quizás no seáis capaces de apreciar el sentido subyacente a estas palabras ni de comprender el sentimiento que respalda la razón por la que he hablado todas estas cosas; pero esperad hasta el día cuando hayáis experimentado las mismas pruebas que Job o parecidas, cuando hayáis pasado por la adversidad, cuando hayáis experimentado pruebas dispuestas personalmente por Dios para vosotros; cuando des todo tu ser, y soportes la humillación y las dificultades a fin de prevalecer sobre Satanás y dar testimonio de Dios en medio de las tentaciones, entonces podrás apreciar la relevancia de estas palabras que pronuncio. En ese momento, te sentirás infinitamente inferior a Job, sentirás lo encantador que es y lo digno de ser emulado; cuando llegue ese tiempo, te darás cuenta de la importancia de estas palabras clásicas proferidas por Job para quien sea corrupto y viva en estos tiempos, así como de lo difícil que les resulta a las personas de hoy conseguir lo que Job logró. Cuando te parezca difícil, apreciarás cuán angustiado y preocupado está el corazón de Dios, cuán alto es el precio pagado por Él para ganar a esas personas, y cuán precioso es lo que Él hizo e invirtió por la humanidad. Ahora que habéis oído estas palabras, ¿tenéis un entendimiento preciso y una valoración correcta de Job? A vuestros ojos, ¿era Job un hombre verdaderamente perfecto y recto que temía a Dios y se apartaba del mal? Creo que la mayoría de las personas dirán sin duda que sí. Y es que las realidades del comportamiento de Job y lo que este reveló son innegables para cualquier hombre y para Satanás. Son la prueba más poderosa de su triunfo sobre este. La prueba se produjo en Job, y fue el primer testimonio que Dios recibió. Por consiguiente, cuando triunfó en las tentaciones de Satanás y dio testimonio de Él, Dios vio esperanza en Job, y esto consoló Su corazón. Desde la creación hasta él, fue la primera vez que Dios experimentó lo que era el consuelo, y lo que significaba ser reconfortado por el hombre, y era la primera vez que veía y obtenía un testimonio verdadero sobre Él”.

De "La Palabra manifestada en carne"



lunes, 16 de septiembre de 2019

La palabra de Dios | La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo (I) Parte 4

 

  

La palabra de Dios | La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo (I) Parte 4


Dios Todopoderoso dice: “Aunque Dios hizo un pacto con la humanidad por medio del arco iris, nunca le dijo a nadie por qué lo hizo, por qué lo estableció, y esto significa que nunca le contó a nadie Sus pensamientos reales. Esto se debe a que nadie puede comprender la profundidad del amor que Dios tiene por la humanidad que Él creó con Sus propias manos, como tampoco hay nadie que pueda apreciar cuánto dolor sufrió Su corazón cuando destruyó a la humanidad. Por tanto, aunque Él le diga a las personas cómo se siente, ellas no pueden hacerse cargo de esta confianza. A pesar de estar dolido, prosigue con el siguiente paso de Su obra. Dios siempre da Su mejor lado y las mejores cosas a la humanidad, mientras Él soporta en silencio todo el sufrimiento en solitario. Dios nunca revela abiertamente estos sufrimientos, sino que los soporta y espera en silencio. La durabilidad de Dios no es fría, insensible o indefensa, ni tampoco es una señal de debilidad. Es que el amor y la esencia de Dios siempre han sido abnegados. Esta es una revelación natural de Su esencia y carácter, y una representación genuina de la identidad de Dios como verdadero Creador”.

 Recomendación:  Palabra del evangelio



viernes, 13 de septiembre de 2019

Reflexiones cristianas | "La visita de Año Nuevo de la policía" (Sketch)

  Reflexiones cristianas | "La visita de Año Nuevo de la policía" (Sketch)



Zheng Xinming, un anciano de casi 70 años, es un cristiano devoto. Debido a su fe en el Señor, fue detenido, encarcelado y condenado a ocho años de prisión. Tras su puesta en libertad, seguía en la lista de la policía comunista china como objetivo de vigilancia. En concreto, después de que el anciano aceptara la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, la policía iba casi todos los días a aterrorizarlo, intimidarlo e inquietarlo. Era imposible que Zheng Xinming leyera la palabra de Dios con normalidad en su casa e incluso sus familiares compartían su ansiedad. Ahora es Nochevieja y el anciano está en casa leyendo la palabra de Dios, sin saber qué puede ocurrir…

miércoles, 7 de agosto de 2019

La Palabra de Dios | La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo (III) Parte 2

  

La Palabra de Dios | La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo (III) Parte 2


Dios Todopoderoso dice: “No existe prohibición en Su obra, y no se verá obligado por ningún hombre, cosa u objeto, y esta no será alterada por ninguna fuerza hostil. En Su nueva obra, Él es el Rey siempre victorioso y pisotea bajo Su escabel, cualquier fuerza hostil y todas las herejías y las falacias de la humanidad. Independientemente de la nueva etapa de Su obra que esté llevando a cabo, debe desarrollarse y expandirse en medio de la humanidad, y debe llevarse a cabo sin estorbo en todo el universo, hasta que Su gran obra haya concluido. Este es la omnipotencia y la sabiduría de Dios, Su autoridad y Su poder”.

Ver más:Himno cristiano 2019 | Dios trata al hombre como a Su predilecto



sábado, 22 de junio de 2019

Revelación del misterio del arrebatamiento al reino de los cielos


¡Hola, hermanos y hermanas! Hoy estudiaremos un tema que nos preocupa a todos nosotros: el arrebatamiento al reino de los cielos. El Señor Jesús prometió a Sus seguidores: “voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros” (Juan 14:2–3). Por ello, generaciones de creyentes han seguido esperando y orando para ser arrebatados a los cielos y así reunirse con el Señor y entrar en el reino de los cielos cuando Él venga. Entonces, ¿qué es el arrebatamiento? ¿Está el reino en la tierra o en el cielo? ¿Cómo podemos entrar en él? Este programa os revelará el misterio del arrebatamiento al reino de los cielos. ¡Disfrutadlo! 

1 Vídeo de himnos de la palabra de Dios: Dios ha traído Su gloria al Este
2 Escena de película evangélica: ¿Está el reino de los cielos en el cielo o en la tierra?
3 Escena de película evangélica: ¿Dónde está el lugar que el Señor ha preparado para nosotros?
4 Vídeo de himnos de la palabra de Dios: Dios busca a aquellos que anhelan Su aparición
5 Escena de película evangélica: ¿Quién será raptado primero cuando el Señor venga?
6 Escena de película evangélica: ¿Está el Reino de Dios en el cielo o en la tierra?
7 himno de la iglesia: La felicidad en la buena tierra de Canaán
8 Escena de película evangélica: Aceptar al Cristo de los últimos días y ser arrebatado al reino de los cielos

Scripture quotations taken from LBLA . Copyright by The Lockman Foundation.

martes, 18 de junio de 2019

Una juventud que no se lamenta

Xiaowen    Ciudad de Chongqing
‘El amor’ se refiere a una emoción pura e inmaculada, usáis vuestros corazones para amar, sentir y ser considerados. En el amor no hay condiciones, barreras ni distancias. En el amor no hay sospechas, no hay engaños, no hay negociaciones ni especulaciones. En el amor no hay opción ni nada impuro” (‘Amor puro e inmaculado’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Este himno de la palabra de Dios alguna vez me ayudó a sobrellevar el dolor de un largo período de mi vida en prisión que duró siete años y cuatro meses. Aunque el gobierno del Partido Comunista Chino me privó de los años más hermosos de mi juventud, obtuve la verdad más preciada y verdadera de Dios Todopoderoso y, por lo tanto, no tengo quejas ni lamentos.
En 1996, recibí la exaltación de Dios y acepté la salvación de Dios Todopoderoso de los últimos días. Por medio de la lectura de las palabras de Dios y de encuentros de enseñanza, resolví que todo lo que había dicho Dios era la verdad, lo que se contrapone completamente con todo el conocimiento y las teorías de este mundo maligno. La palabra de Dios Todopoderoso es la regla más elevada para la vida. Lo que más me emocionó fue que podía ser simple y abierta y que podía hablar libremente sobre cualquier tema con los hermanos y hermanas. No tuve la mínima necesidad de protegerme contra cuestionamientos o ante las posibles burlas de las personas que interactuaban conmigo. Sentí un consuelo y una felicidad que nunca había sentido antes. Realmente me gustaba esta familia. No obstante, no pasó mucho tiempo hasta que me enteré de que el país no permitía que la gente creyera en Dios Todopoderoso. Esta situación hizo que no supiera qué hacer, porque Su palabra les permitía a las personas adorar a Dios y andar por el camino correcto de la vida. Les permitía a las personas ser sinceras. Si todos creyeran en Dios Todopoderoso, el mundo estaría en paz. Realmente, no lo comprendía: creer en Dios era la tarea más justa. ¿Por qué el gobierno del Partido Comunista quería perseguir y oponerse a quienes creían en Dios Todopoderoso hasta el punto en que arrestaba a Sus creyentes? Pensé: ¡no importa cómo nos persiga el gobierno ni la envergadura de la opinión pública, he decidido que este es el camino correcto de la vida y que por cierto lo transitaré hasta el final!
Después, comencé a hacer mi deber en la iglesia, que consistía en distribuir libros que contenían la palabra de Dios. Sabía que hacer este deber en un país que se resistía a Dios era muy peligroso y que podían arrestarme en cualquier momento. Pero también sabía que, como parte de toda la creación, mi misión en la vida era darlo todo por Dios y hacer mi deber. Era una responsabilidad que no podía eludir. Justo cuando estaba comenzando a cooperar con Dios con confianza, un día de septiembre de 2003, iba camino a entregarles libros de la palabra de Dios a algunos hermanos y hermanas y fui arrestada por personas de la Dirección de Seguridad Nacional de la ciudad.
En la Dirección de Seguridad Nacional, fui interrogada una y otra vez, sin saber qué responder. Con urgencia, clamé a Dios: “Oh, Dios Todopoderoso, te pido que me brindes Tu sabiduría y que me otorgues las palabras que debo decir para no traicionarte y para poder dar testimonio de Ti”. Durante ese lapso, clamaba a Dios a diario, no me atrevía a abandonarlo, sólo le pedía que me otorgara la inteligencia y la sabiduría para poder tratar con la policía malvada. Alabado sea Dios por cuidarme y protegerme; todas las veces que me interrogaban, escupía, o tenía un hipo incesante y no podía hablar. Al ver la obra maravillosa de Dios, resolví firmemente: ¡No diré nada! ¡Pueden llevarse mi cabeza, pueden tomar mi vida, pero de ninguna manera me harán traicionar a Dios! Cuando tomé la determinación de que preferiría arriesgar mi vida antes de traicionar a Dios como lo hizo Judas, Dios me dio “luz verde” en todos los aspectos: cada vez que me interrogaban, Dios me protegía y me permitía atravesar el calvario en paz. Si bien yo no dije nada, el gobierno me acusó de “usar un culto maléfico para destruir la implementación de la ley” ¡y me sentenció a nueve años de prisión! Cuando oí la sentencia del tribunal, no me puse triste gracias a la protección de Dios, ni tampoco les tuve miedo. En cambio, los desprecié. Cuando esas personas pronunciaron la sentencia, dije en voz baja: “¡Esta es la prueba de que el gobierno está contra Dios!”. Posteriormente, los oficiales de seguridad pública vinieron a espiar cuál era mi actitud y yo les dije con calma: “¿qué son nueve años? Cuando llegue el momento de salir en libertad, seguiré siendo miembro de la Iglesia de Dios Todopoderoso; si no me creéis, ¡esperad y veréis! ¡Pero debéis recordar que este caso estuvo una vez en vuestras manos!”. Mi actitud realmente los sorprendió. Levantaron sus pulgares y dijeron repetidas veces: “¡Cuán admirable! ¡Eres más la Hermana Jiang que la propia Hermana Jiang! ¡Cuando salgas en libertad, nos volveremos a encontrar y tú serás nuestra invitada!”. En ese momento, sentí que Dios había obtenido la gloria y mi corazón se alegró. Cuando fui sentenciada, sólo tenía treinta y un años.
Las cárceles de China son el infierno en la tierra, y la vida de muchos años en prisión me hizo ver, en su totalidad, la falta de humanidad de Satanás y su esencia diabólica que se ha convertido en enemiga de Dios. La policía china no sigue la norma de la ley, sino la de la maldad. En la prisión, la policía no trata personalmente con las personas, sino que incita a los prisioneros a la violencia hacia los demás reclusos. La policía malvada también utiliza todo tipo de métodos para reprimir los pensamientos de las personas; por ejemplo, cada persona que ingresa debe vestir los mismos uniformes de prisionero con un número de serie especial, debe cortarse el cabello de acuerdo a los requisitos de la cárcel, debe usar zapatos aprobados por la prisión, debe caminar a lo largo de los senderos permitidos por ellos y debe marchar al ritmo que le ordenan. Ya fuera primavera, verano, otoño o invierno, si llovía o estaba soleado, o si era un día sumamente frío, todos los prisioneros debían hacer tal como se les ordenaba sin poder elegir. Cada día, se nos exigía que nos reuniéramos durante por lo menos quince veces para contarnos y cantar cinco veces alabanzas al gobierno comunista. También teníamos tareas políticas, es decir, nos hacían estudiar las leyes de la prisión y la Constitución, y teníamos que dar un examen cada seis meses. El objetivo era lavarnos el cerebro. También comprobaban de manera aleatoria nuestro conocimiento de las disciplinas y las normas de la prisión. La policía carcelaria no sólo nos perseguía mentalmente, sino que también nos atacaba físicamente de manera salvaje con una total falta de humanidad. Tenía que hacer trabajos forzados durante más de diez horas por día, en medio de una multitud de varios cientos de otras personas en una fábrica angosta realizando labores manuales. Puesto que había tanta gente en un espacio tan pequeño, y debido a que el fuerte ruido de la maquinaria se oía en todas partes, sin importar cuán sana estaba una persona, sus cuerpos sufrían graves discapacidades si permanecían allí durante un tiempo. Detrás de mí había una máquina de hacer ojales y todos los días funcionaba sin cesar. El sonido retumbante que transmitía era insoportable y al cabo de varios años, sufrí una seria pérdida de la audición. Incluso hasta ahora no me he recuperado. Lo que era aún más dañino era el polvo y la contaminación en la fábrica. Luego de ser examinadas, se descubrió que muchas personas habían contraído tuberculosis y faringitis. Además, debido a los largos períodos en que permanecíamos sentadas allí haciendo trabajos manuales, era imposible salir y muchas personas presentaron casos serios de hemorroides. El gobierno del Partido Comunista trataba a los prisioneros como máquinas para fabricar dinero. No tenían el mínimo interés por si alguien vivía o moría. Hacían que la gente trabajara desde temprano en la mañana hasta tarde por la noche. Yo estaba con frecuencia tan agotada que mi físico no daba más. Y no era solamente eso. También debía exponerme a todo tipo de exámenes aleatorios además de mis tareas políticas semanales, mi trabajo manual, mis tareas públicas, etc. Por lo tanto, cada día sentía un elevado grado de ansiedad. Mi estado mental era el de estar constantemente bajo tensión, y me sentía sumamente nerviosa, tanto que no podía ponerme al día si me atrasaba, y entonces la policía carcelaria me castigaba. En ese tipo de ambiente, llegar al fin del día sana y salva no era algo fácil de lograr.
Cuando acababa de comenzar a cumplir mi sentencia, no podía manejar este tipo de trato cruel y devastador por parte de la policía de la prisión. Todo tipo de trabajo manual intenso y de presión ideológica hacía que me costara respirar, sin mencionar que tenía que tener todo tipo de contacto con las prisioneras. También debía soportar el mal trato y los insultos de la diabólica policía de la prisión y de las prisioneras… Con frecuencia me persiguieron y me pusieron entre la espada y la pared. Varias veces, me hundí en la desesperación, especialmente cuando pensaba en cuán larga era mi sentencia de nueve años. Sentí una gran desolación y un enorme desamparo y no sabía cuántas veces había llorado, hasta el punto en que pensé en el suicidio para liberarme del dolor que sentía. Cada vez que me hundía en una angustia terrible y no podía brindarme apoyo a mí misma, oraba y clamaba a Dios con urgencia y Dios me esclarecía y me guiaba: “No puedes morir aún. Debes apretar los puños y continuar viviendo resueltamente; debes vivir una vida para Dios. Cuando las personas poseen la verdad en ellas tienen esta resolución y nunca más desean morir; cuando la muerte te amenace, dirás: ‘Oh Dios, no estoy dispuesto a morir; sigo sin conocerte. Aún no he devuelto Tu amor. […] Debo dar buen testimonio de Dios. Debo devolver Su amor. Después de eso, no importa cómo muera. Entonces habré vivido una vida satisfactoria. Independientemente de quién más esté muriendo, no moriré ahora; debo seguir viviendo con tenacidad’” (‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Las palabras de Dios fueron como la tierna y agradable visión de mi madre aplacando mi solitario corazón. También fueron como mi padre usando ambas manos para suave y delicadamente secar las lágrimas de mi rostro. De inmediato, sentí una corriente cálida y un poder que recorría mi corazón. Aunque estaba sufriendo físicamente en la prisión oscura, intentar suicidarme no era la voluntad de Dios. No iba a poder dar testimonio de Él y hubiera formado parte de los chistes de Satanás. Sería un testimonio si lograba salir viva de esta prisión demoníaca al cabo de nueve años. Las palabras de Dios me dieron la valentía para seguir con vida y tomé una determinación en mi corazón: sin importar qué dificultades me esperen en el futuro, seguiré viviendo diligentemente, viviré con valentía y fuerza y por cierto daré testimonio para la satisfacción de Dios.
Año tras año, la sobrecarga de trabajo hizo que mi cuerpo se debilitara progresivamente. Después de estar sentada durante largos períodos en la fábrica comencé a transpirar profusamente y mis hemorroides sangraban volviéndose cada vez más severas. Debido a mi anemia grave, me mareaba con frecuencia. Pero en la prisión, consultar al médico no era algo sencillo. Si la policía carcelaria estaba de buen humor, me daban algún medicamento barato. Si no lo estaba, decían que estaba simulando estar enferma para no trabajar. Tuve que soportar el tormento de esta enfermedad y tragarme las lágrimas. Después de un día de trabajo, terminaba completamente exhausta. Arrastraba mi cuerpo agotado a mi celda y quería descansar un poco, pero no podía conciliar el sueño: o me llamaba la policía de la prisión en medio de la noche o bien me despertaba el ruido tremendo que hacían… Con frecuencia se divertían conmigo y sufría más allá de las palabras. Además, debía tolerar un tratamiento inhumano por parte de la policía carcelaria. Era como una refugiada que dormía en el piso o en los corredores, o incluso cerca del baño. La ropa que lavaba no se secaba, sino que se juntaba con las otras prisioneras para secarse. Lavar ropa en invierno era especialmente frustrante y muchas personas sufrían de artritis por usar ropa húmeda durante períodos prolongados. En la prisión, no se requería demasiado tiempo para que las personas sanas se volvieran apagadas y lentas, físicamente débiles o enfermas. Con frecuencia comíamos verduras viejas y secas de fuera de temporada. Si uno quería comer algo mejor, debía comprar alimentos caros en la prisión. Aunque a las personas se les hacía estudiar leyes en la cárcel, allí la ley no existía. La policía de la prisión era la ley y si alguien hacía algo que no les gustaba, encontraban un motivo para castigarla, incluso hasta el punto de que podían hacerlo sin motivo alguno. Aún más despreciable era el hecho de que consideraban que los creyentes en Dios Todopoderoso eran delincuentes políticos, y decían que nuestros delitos eran más graves que el homicidio y el incendio intencional. Por lo tanto, me odiaban particularmente, me controlaban estrictamente, y me perseguían con mayor salvajismo. ¡Este tipo de comportamiento maligno es una prueba férrea de la conducta perversa de los dictadores, de su oposición al Cielo, y de su enemistad con Dios! Habiendo soportado el tormento cruel de la prisión, mi corazón a menudo se llenaba de una indignación justa: ¿Qué ley viola el hecho de creer y adorar a Dios? ¿Qué delito consiste en seguir a Dios y andar por el sendero correcto de la vida? Los seres humanos fueron creados por las manos de Dios y creer en Dios y adorarlo es la ley del cielo y de la tierra; ¿qué motivo tiene el gobierno del Partido Comunista para reprimirlos y perseguirlos violentamente? Claramente se debe a su conducta perversa y a su oposición al Cielo. Se está oponiendo a Dios en todos los aspectos, les pone una etiqueta de reaccionarios a los creyentes en Dios Todopoderoso y nos persigue y devasta severamente. Intenta eliminar a todos los creyentes en Dios Todopoderoso de un plumazo. ¿No es esto cambiar negro por blanco y ser profundamente reaccionario? Se resiste frenéticamente al Cielo y es hostil con Dios: ¡al final deberá sufrir el justo castigo de Dios! En todas partes donde hay corrupción, debe haber juicio: en todas partes donde hay pecado, debe haber castigo. Esta es la ley predestinada del cielo, nadie puede escapar a ella. Los maléficos crímenes del gobierno del Partido Comunista han llegado hasta el cielo, y ellos sufrirán la destrucción de Dios. Tal como dijo Dios: “Hace mucho que Dios aborrece a esta oscura sociedad con todas Sus fuerzas. Rechina los dientes, desesperado por plantar Sus pies sobre esta perversa y odiosa serpiente antigua, para que nunca más se levante y no vuelva a maltratar más al hombre. No disculpará sus actos del pasado, no tolerará que engañe al hombre, ajustará cuentas por cada uno de sus pecados a lo largo de los siglos; Dios no será benévolo en lo más mínimo hacia este cabecilla de todo mal;[1] lo destruirá por completo” (‘Obra y entrada (8)’ en “La Palabra manifestada en carne”).
En esta prisión demoníaca, yo era menos que un perro vagabundo ante los ojos de la malvada policía; no sólo me golpeaban y me reprimían, sino que con frecuencia y repentinamente entraban a empujones y deshacían mi cama y desordenaban todas mis pertenencias. Además, cada vez que sucedía algún tipo de revuelta en el mundo exterior, la gente de la prisión a cargo de los asuntos políticos me buscaba y trataba de averiguar mis opiniones respecto de estos eventos y me gritaba constantemente por qué caminaba por el sendero de creer en Dios. Cada vez que me sometía a este tipo de interrogatorio, tenía el corazón en la boca, porque no sabía qué plan malvado tenían en mente para mí. Mi corazón siempre le oraba con urgencia a Dios y yo lloraba pidiéndole ayuda y guía para atravesar esta crisis. Día tras día, año tras año, el maltrato, la explotación y la represión me atormentaron con un sufrimiento indescriptible: cada día estaba sobrecargada de trabajo manual y de responsabilidades políticas aburridas y tediosas. También me atormentaba mi enfermedad, y, para colmo, estaba deprimida mentalmente. Esto me llevó al borde del colapso. Especialmente cuando vi a una prisionera de mediana edad que se colgó de la ventana en medio de la noche porque ya no podía soportar el tormento inhumano de la malvada policía, y a otra prisionera morir debido a la demora en el tratamiento de su enfermedad. Entonces me hundí en la misma asfixiante situación desesperada y nuevamente comencé a pensar en el suicidio. Creía que la muerte era el mejor alivio. Pero sabía que eso sería traicionar a Dios y que no podía hacerlo. No tenía otra opción que soportar todo el dolor y someterme a los designios de Dios. Pero tan pronto como pensaba en mi larga sentencia, y me daba cuenta de cuánto faltaba para quedar libre, sentía que no había palabras que pudieran describir mi dolor y mi desesperación. Pensaba que no podía continuar soportando eso y que no sabía cuánto más podría seguir así. ¿Cuántas veces más podría no hacer otra cosa que cubrirme con mi cobija al caer la noche y llorar, orando y suplicándole a Dios Todopoderoso, contándole acerca de todo el pesar que había en mi mente? En el momento de mi mayor dolor y desamparo, pensé: estoy sufriendo hoy para poder separarme de la corrupción y recibir la salvación de Dios. Estas dificultades son lo que debo padecer, y lo que tengo que sufrir. Tan pronto como pensé en esto, ya no sentí más amargura; en cambio, sentí que estaba obligada a estar presa debido a mi creencia en Dios, y que sufrir dificultades para ir en busca de la salvación era lo que tenía mayor valor y relevancia; ¡que este sufrimiento era muy valioso! Inesperadamente, la angustia de mi corazón se transformó en gozo y no pude contener mis emociones: comencé a canturrear un himno de experiencia que era conocido para mi corazón llamado “No vivir en vano”: “no vivir en vano, a pesar de las dificultades, hay un significado; no vivir en vano, no retrocederé ante las dificultades; no vivir en vano, obtenemos oportunidades para conocer a Dios; no vivir en vano, nos entregamos por el Dios Altísimo. ¿Quién es más bendecido que nosotros? ¿Quién es más afortunado que nosotros? Lo que Dios nos ha dado supera a todas las generaciones pasadas; debemos vivir para Dios, debemos devolverle Su gran amor”. Repetí el himno en mi corazón, y cuanto más lo cantaba, más me alentaba; cuanto más lo cantaba, más poder y gozo sentía. No pude evitar hacer un juramento ante la presencia de Dios: “Oh, Dios Todopoderoso, te agradezco por Tu consuelo y Tu aliento que me ha hecho, una vez más, tener la fe y la valentía para seguir viviendo. Tú me has permitido sentir que de hecho eres el Señor y el poder de mi vida. Aunque estoy presa en este agujero del infierno, no estoy sola, porque siempre has estado conmigo en todos estos días oscuros; Tú me has dado fe una y otra vez y me has brindado la motivación para continuar. Oh Dios, si algún día puedo salir de aquí y vivir en libertad, haré mis tareas y ya no lastimaré Tu corazón ni haré planes para mí misma. ¡Oh Dios, sin importar cuán arduos o difíciles sean los días por venir, estoy dispuesta a confiar en Ti para seguir viviendo con fortaleza!”.
En prisión, recordaba con frecuencia los días que pasé con mis hermanos y hermanas, ¡había sido una época tan hermosa! Todos vitoreaban y reían, y también teníamos discusiones, pero todas se convirtieron en buenos recuerdos. Cada vez que pensaba en las épocas en que hacía mis deberes con indiferencia, me sentía sumamente culpable y en deuda. Pensaba en las discusiones que tuve con los hermanos y hermanas debido a mi carácter arrogante. Me sentía especialmente incómoda y llena de remordimientos. Cada vez que sucedía esto, rompía en llanto y cantaba en silencio dentro de mi corazón un himno que me era conocido. “Lamento verdaderamente cuántos buenos momentos se perdieron, el tiempo se fue y no volverá, todo lo que queda es remordimiento. […] Compensaré mis fallas del pasado, llena de fe y lista para comenzar de nuevo; Dios me concede oportunidades y me vuelve a perdonar. Estoy dispuesta a optar de nuevo. Valorar el hoy, sacrificarlo todo, satisfaré a Dios por última vez. Dios está ansioso. Dios está esperando, no puedo volver a fallar a Dios” (‘Me arrepiento de verdad’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). En mi dolor y auto-culpa, con frecuencia oré a Dios en mi corazón: “¡Oh Dios! Realmente no estuve muchas veces a Tu altura; si me lo permites, estoy dispuesta a buscar amarte. ¡Cuando salga en libertad, seguiré deseando hacer mis deberes y querré comenzar de nuevo! ¡Compensaré mis faltas del pasado!”. Durante el tiempo que estuve en prisión, extrañé en especial a aquellos hermanos y hermanas con los que estuve en contacto mañana y noche. Realmente quería verlos, pero en esta cárcel demoníaca en la que me mantenían cautiva, este deseo era un imposible. Sin embargo, con frecuencia los veía en sueños. Soñaba que estábamos leyendo juntos la palabra de Dios y comunicando la verdad juntos. Éramos felices y estábamos contentos.
Durante el gran terremoto de Wenchuan de 2008, la prisión en la que estábamos encerradas fue sacudida y yo fui la última persona en ser evacuada. En esos días hubo réplicas continuas. Tanto las prisioneras como la policía carcelaria estaban tan alarmadas y ansiosas que no daban más. Pero mi corazón estaba especialmente imperturbable y firme, porque sabía que esta era la palabra de Dios cumplida, era la llegada de la ira feroz de Dios. Durante ese terremoto, que fue el único en cien años, la palabra de Dios protegió mi corazón. Creo que la vida y la muerte del hombre están en manos de Dios. Independientemente de cómo lo hace Dios, estoy dispuesta a someterme a Sus designios. Sin embargo, lo único que me entristecía era que si moría, ya no iba a tener la oportunidad de hacer mi deber para el Señor de las creaciones, que ya no iba a tener la oportunidad de devolverle amor a Dios, y que ya no podría ver a mis hermanos y hermanas. Pero, mi ansiedad era superflua; Dios estaba siempre conmigo y me daba la máxima protección, ¡la que me permitió sobrevivir al terremoto y atravesarlo en paz!
En enero de 2011, fui liberada antes de cumplir mi sentencia, lo que significó el fin de mi vida de esclavitud en la cárcel. Al obtener mi libertad, me sentí profundamente emocionada: ¡puedo regresar a la iglesia! ¡Puedo estar con mis hermanos y mis hermanas! No había palabras para describir mi espíritu y mis emociones. Lo que no esperaba era que después de regresar a casa, mi hija me ignorara y que mi familia y mis amigos me miraran de modo peculiar. Todos se alejaron de mí y no interactuaban conmigo. Las personas que me rodeaban no me comprendían ni me aceptaban. En ese momento, aunque ya no estaba en prisión, maltratada y atormentada, las miradas frías, las expresiones de desdén y el abandono me resultaban difíciles de soportar. Me volví débil y negativa. No pude evitar recordar los días pasados y reflexionar sobre ellos: cuando sucedió el hecho, tenía solamente treinta y un años. Cuando salí de la cárcel habían transcurrido ocho inviernos y siete veranos. ¿Cuántas veces en mi soledad y desamparo Dios había arreglado a las personas, los asuntos y las cosas para que me ayudaran? ¿Cuántas veces en mi dolor y mi desesperación me consolaron las palabras de Dios? ¿Cuántas veces, cuando quería morir, Dios me otorgó el poder para tener la valentía de seguir viviendo?… Durante esos largos y penosos años, fue Dios el que me condujo paso a paso fuera del valle de sombra de muerte para seguir viviendo con tenacidad. Al enfrentar ahora este momento difícil, me volví negativa y débil y entristecía Dios. ¡Era una persona cobarde e incompetente que había mordido la mano de quién me daba de comer! Al pensar en esto, mi corazón fue firmemente condenado. No pude evitar pensar en el juramento que había hecho a Dios mientras estaba en prisión: “si algún día puedo salir de aquí y vivir en libertad, haré mis tareas y ya no lastimaré el corazón de Dios ni haré planes para mí misma”. Medité sobre este juramento y reflexioné sobre la circunstancia en la que me encontraba cuando presté este juramento a Dios. Las lágrimas nublaron mis ojos y lentamente canté un himno de la palabra de Dios: “‘He ido en busca de Dios y lo he seguido por mi propia voluntad. Ahora, si Dios desea expulsarme, de todos modos lo seguiré. Independientemente de que Dios me quiera o no, aún buscaré amarlo; al final deberé obtenerlo y ofrecer la energía de mi vida a Dios. Deseo que la voluntad de Dios triunfe, deseo ofrecer mi corazón a Dios. Sin importar qué haga Él, lo seguiré toda mi vida y nunca cejaré hasta que obtenga a Dios’. Si quieres mantenerte firme en el futuro, y poner todo de tu parte para satisfacer a Dios, y poder seguirlo hasta el final del camino, debes crear ahora una base firme, debes poner en práctica la verdad en todo para satisfacer a Dios y ser considerado con el corazón de Dios. Al poner en práctica continuamente de esta manera, habrá un fundamento interior; Dios provocará tu corazón para que lo ames. Un día, cuando se produzcan las pruebas, podrías aceptar algunas dificultades, podrías sentirte acongojado hasta cierto punto, y podrías experimentar angustia y pesar. Querrás dar la vida en aras de amar a Dios; sin importar a qué pruebas te someta Él, no considerarás tu propia vida, estarás dispuesto a dejar todo de lado por Dios, y a soportar todo por Él” (‘Nunca me rendiré hasta obtener a Dios’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”).
Luego de un período de devociones espirituales y de adaptación, rápidamente salí de mi estado de negatividad bajo el esclarecimiento de Dios y volví a hacer mis deberes.
Si bien los mejores años de mi juventud los pasé en prisión, durante esos siete años y cuatro meses sufrí mucho debido a mi creencia en Dios. Pero no tengo quejas ni lamentos, porque comprendo algo de la verdad y he experimentado el amor de Dios. Siento que hay un significado y valor en mi sufrimiento, que esta es una excepción de exaltación y gracia que Dios ha hecho por mí. ¡Este es mi privilegio! Aunque mi familia y mis amigos no me comprendan, e incluso mi hija me ignore, ninguna persona, ningún asunto ni cosa podrá separarme de mi relación con Dios. Incluso si muero, no podré abandonar a Dios.
Amor puro e inmaculado es el himno que más me gustaba cantar en la cárcel. ¡Ahora, quiero usar mis acciones reales para ofrecer el amor más puro a Dios!
Nota al pie:
1. “Cabecilla de todo mal” se refiere al viejo diablo. Esta frase expresa una extremada aversión.