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viernes, 20 de diciembre de 2019

Festival de Cine Cristiano de Virginia: drama musical "La historia de Xiaozhen" recoge nueve premios


La mejor música cristiana | "Cuando abres tu corazón a Dios" Viendo el amor de Dios

I

Cuando no entiendes a Dios, ni conoces Su carácter,
no podrá abrirse tu corazón de verdad a Dios.
Cuando entiendas a tu Dios,
entenderás qué hay en Su corazón,
y probarás lo que hay en Él con toda atención y fe.
Cuando pruebes el corazón de Dios, poco a poco, día a día,
cuando pruebes lo que hay en Su corazón,
abrirás tu corazón a Él.

II

Si tu corazón le abres de verdad,
si tu corazón le abres de verdad,
verás el desprecio
verás la vergüenza de tu extravagante y egoísta petición.
Si tu corazón le abres de verdad,
si tu corazón le abres de verdad,
verás un mundo infinito en Su corazón,
y en un reino asombroso estarás.
En este reino no hay engaño,
ni trampa, ni oscuridad, ni maldad.
Sólo hay sinceridad y fe; sólo justicia y luz.

III

Él es amor, Él es cuidado, compasión infinita.
En tu vida gozo habrá, cuando a Dios abras tu corazón.
El reino infinito está lleno de Su poder y sabiduría,
también Su autoridad y amor.
Podrás ver lo que Dios tiene y es,
lo que le da gozo y aflicción,
qué le entristece y enoja, todos lo podrán ver,
cuando a Dios abras tu corazón y le invites a entrar.

De “La Palabra manifestada en carne”

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso

miércoles, 25 de septiembre de 2019

15 Caminando por la senda luminosa de la vida

Caminando por la senda luminosa de la vidaXie Li, Estados Unidos

Solía ser alguien que perseguía las tendencias del mundo, quería rendirme a una vida de placer y sólo me importaban los placeres de la carne. A menudo pasaba toda la noche en el karaoke con mis amigos, me escapaba en mitad de la noche, salía al océano a pescar y viajaba por todas partes en busca de buena comida. Veía a quienes me rodeaban; ellos también se esforzaban por comer bien, llevar ropa bonita y disfrutar de las cosas buenas. Sentía que estas eran las cosas por las que uno debe trabajar en la vida, que por eso debes trabajar duro para ganar dinero, que este es el objetivo que todos deberían tener en la vida. Sólo con estas cosas la vida no sería en vano. Para obtenerlas, no me importaba la distancia que tuviera que recorrer, así que crucé el océano para venir a Estados Unidos y, después de esforzarme durante varios años, abrí mi propio negocio. Tenía mi propio auto y mi propia casa. Estaba viviendo la vida bendita con la que había soñado. Todos los días comía, bebía y buscaba placeres hasta saciarme y hasta que mi corazón estuviera satisfecho. Pensaba que la vida sólo tenía sentido viviendo de esta manera, y así fue hasta que recibí la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días. Sólo después de experimentar el juicio y el castigo de Dios me di cuenta de qué es una vida verdaderamente significativa y luego empecé a caminar por la senda luminosa de la vida.
En mayo de 2016, mi esposa me legó el evangelio del reino de Dios Todopoderoso. Leyendo Su palabra, tomé conciencia del plan de gestión de Dios de seis mil años para salvar a la humanidad y también llegué a entender que Dios Todopoderoso es el Jehová Dios que condujo a los israelitas fuera de Egipto, que Él también es el Señor Jesús que redimió a la humanidad siendo crucificado y que ahora Él ha regresado en la carne para expresar la verdad y llevar a cabo la obra de juzgar, purificar y salvar al hombre… En poco tiempo, empecé a participar en la vida de la iglesia en la Iglesia de Dios Todopoderoso y allí entré en contacto con los hermanos y hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Vi que todos eran muy sinceros, no había fingimiento ni cortesías vacías en las palabras que decían, y estar en contacto con ellos me dio una sensación de liberación que antes nunca había sentido.
Cuando empecé a asistir a las congregaciones de la iglesia me sentí fresco y quería reunirme con los hermanos y hermanas, buscar la verdad adecuadamente y buscar un cambio en mi carácter de vida. Pero, puesto que hasta este momento había codiciado las comodidades de la carne y buscado los placeres de la vida, no podía evitarlo aunque tenía el deseo de congregarme y buscar la verdad. Una vez, cuando un amigo me invitó a cenar, era a la vez que una congregación de la iglesia, lo cual me hizo sentir un gran conflicto interno. ¿Debía ir o no? Pensé para mis adentros en esta pregunta: “Ha pasado mucho tiempo desde que salí a divertirme. No es fácil para mi amigo invitarme hoy, así que debería ir. Después de todo, mis amigos no me invitan a salir todos los días y simplemente puedo ir a la congregación de la iglesia la próxima vez”. Así que aseguré que tenía algo que hacer y descarté mi plan de ir a la congregación de la iglesia y, en lugar de eso, salí a cenar. Comimos, bebimos y fuimos al karaoke, pero en el camino de vuelta a casa no sentía nada de felicidad en mi interior. En lo profundo de mi corazón, sentía una especie de vacío indescriptible y también tenía sentimientos de culpa. Recordé el pasado. Cuando estaba en la comida con amigos y otros aldeanos, todos fueron muy cordiales conmigo en la mesa, pero a mis espaldas se estaban devanando los sesos, maquinando, intentando encontrar la forma de estafarme. Tratar con todos ellos hizo que me sintiera muy cansado. Simplemente no pude encontrar a nadie con quien hablar de las cosas que me importaban. Aquel día salí, comí y bebí tanto como quise y también satisfice a mis amigos, pero ¿qué gané realmente? Me sentía vacío e indefenso, sentía que había decepcionado a Dios y lo lamentaba por mis hermanos y hermanas.
Sin embargo, este vacío en mi espíritu, este sentimiento de culpa aún no podía liberarme de las tentaciones del mundo de los placeres sensuales. En mi corazón todavía anhelaba rendirme a una vida de placer, a cosas que pertenecen a la carne, pero Dios arregló las cosas y estableció un ambiente de manera práctica para cambiar estos puntos de vista erróneos sobre la búsqueda. Con la llegada del Día Nacional, mi esposa me sugirió: “Hagamos una celebración sencilla y, luego, con el tiempo que nos sobre, podemos leer un poco más de la palabra de Dios y mirar algunos vídeos de la familia de Dios para poder equiparnos con más verdad y entender la gracia de la salvación de Dios”. Pero en realidad no me tomé en serio las palabras de mi esposa y, en cambio, empecé a hacer preparativos de cómo iba a celebrar las fiestas. Elegí cuidadosamente la ruta que iba a seguir, fui al mercado y compré toda la comida y otras cosas que necesitaría. Decidí ir a la playa con mi esposa y hacer una pequeña barbacoa. Entonces, cuando llegó el Día Nacional, me llevé a mi esposa y salimos felizmente en el auto. Sin embargo, no todo iba según lo previsto; hubo atasco durante todo el trayecto y, a mitad de camino, nos dimos cuenta de que el GPS no funcionaba correctamente, así que íbamos por el camino equivocado. No fue fácil llegar a nuestro destino y, al final, cuando llegamos a la playa hacía mucho viento, por lo que nos resultó imposible hacer nuestra barbacoa. Así que mi esposa me pidió que diera media vuelta y volviera a casa, pero yo no estaba dispuesto a hacerlo. Insistí en que siguiéramos conduciendo en busca de un parque cercano donde pudiéramos hacer nuestra barbacoa, pero los tres parques a los que fuimos estaban llenos de gente y ni siquiera había dónde aparcar. Sólo después de todo esto di media vuelta a regañadientes para volver a casa. Camino de casa, había tanto tráfico como antes. Originalmente, nos habíamos propuesto hacer una barbacoa para almorzar, pero ya eran más de las cuatro de la tarde y todavía no habíamos cocinado nada. Estábamos hambrientos. Generalmente siento que estoy en lo correcto y tengo plena confianza en mí mismo y en aquel momento no estaba de humor ni quería decir nada. Simplemente me quedé callado y conduje de vuelta sintiéndome descontento. Fue en ese momento cuando el auto que tenía delante frenó de repente, así que yo tuve que frenar rápidamente. Aunque no golpeé el auto que estaba delante, el auto que había detrás de mí me golpeó por detrás. Afortunadamente, nadie resultó herido y sólo se abolló un poco la superficie del auto. Sabía que Dios había permitido aquel suceso, no estaba buscando culpar al otro conductor, así que simplemente me fui. Pensé para mis adentros: “Eh, todos los planes cuidadosos que hice para las vacaciones fueron un esfuerzo desperdiciado; es verdad que los planes nunca pueden seguir el ritmo de los cambios y que Dios lo dispone todo. Realmente no debería haber salido hoy para rendirme a los placeres de la vida. ¡No debería haber confiado en mi propio estado de ánimo!”.
Cuando llegamos a casa, mi esposa y yo leímos juntos varios pasajes de la palabra de Dios: “Más y más personas tratan los relatos de la obra de Dios y Sus palabras durante la era Antiguo Testamento como mitos y leyendas. En sus corazones, las personas se vuelven indiferentes a la dignidad y a la grandeza de Dios, al principio de que Él existe y que domina todas las cosas. La supervivencia de la humanidad y el destino de países y naciones ya no son importantes para ellas. El hombre vive en un mundo vacío, que se preocupa sólo con comer, beber, y buscar el placer… Pocas personas asumen el buscar dónde lleva a cabo Dios Su obra hoy, o cómo preside y organiza el destino del hombre” (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Un mundo que se está volviendo uno de regocijo y esplendor cada vez más. Cuando las personas consideran el mundo, su corazón se siente atraído por él y muchas son incapaces de librarse de él […]. Si no te esfuerzas por progresar, y no tienes ideales, esta ola pecaminosa te arrastrará” (‘Práctica (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios Todopoderoso hacen muy clara y evidente la esencia de las tendencias del mundo, que sólo son Satanás seduciendo al hombre y convirtiéndolo en un depravado. Sólo son trucos y maquinaciones con el propósito de devorar al hombre. Satanás sólo utiliza el comer, el beber, la búsqueda del placer y otras cosas que se ajustan a la carne para engañar al hombre y atarlo. Cuando el corazón del hombre es poseído por estas cosas que pertenecen a la carne, el hombre ya no estará inclinado a buscar cosas positivas y se distanciará de Dios cada vez más, lo cual provocará que sea devorado y capturado por Satanás. Por medio de la lectura de la palabra de Dios me di cuenta de que mis puntos de vista sobre la búsqueda eran completamente erróneos. Independientemente de lo que me preocupa, ya sea comer, beber, buscar placeres de la carne o buscar una vida en la que estoy por encima de los demás, todas estas cosas son el resultado de que Satanás corrompa a la raza humana. He confirmado a través de mis propias experiencias que, cuando uno busca estas cosas que pertenecen a Satanás, sólo se vuelve cada vez más depravado, disoluto y libertino. Sólo conseguirá que aumente su codicia, su egoísmo, su maldad y su traición. Vivirá en pecado y carecerá de una humanidad normal. Aunque el hombre disfrute cada vez más de estas cosas, aunque obtenga más y más de las mismas, al final seguirá estando en un espacio vacío. Si el hombre poseyera todas estas cosas pero no viniera ante Dios, la vida seguiría siendo en vano y carecería de importancia o valor. El hombre sólo irá por la senda de vivir una vida correcta viniendo ante Dios, creyendo en Él y adorándolo, y sólo entonces se liberará de una vida de vacío y maldad. Por eso, decidí cambiar la forma en que vivo mi vida y caminar por la senda correcta de la vida.
Cuando vi a mis hermanos y hermanas dedicándose activamente a Dios, cuando vi su devoción en el desempeño de sus deberes y su búsqueda de vidas significativas, yo también sentí el deseo de buscar estas cosas y de vivir el camino que viven las personas auténticas como lo requiere Dios. Así que, además de las congregaciones habituales, también quería hacer tiempo para desempeñar mis propios deberes. Fue en aquel momento cuando la iglesia arregló algunos deberes para mí. Querían que manejara un auto para llevar a dos de nuestras hermanas a algún sitio y que las recogiera la semana siguiente. La primera vez que se me encomendó este deber, yo accedí felizmente. Pero cuando se fueron los hermanos y hermanas que me asignaron esta tarea, empecé a pensarlo dos veces e incluso me arrepentí un poco: “Vaya, hombre, se supone que el día en que debo llevar a estas hermanas es mi día libre y la semana siguiente tengo que ir a recogerlas. Tendré que levantarme muy temprano esos dos días. No importa lo largo que sea el viaje, lo importante es que es muy fácil que esa carretera se congestione con el tráfico. Es mejor ir temprano en la mañana porque luego hay menos autos, pero ¿quién sabe cuánto tiempo me quedaré atascado en el tráfico en el camino de regreso? Todo mi tiempo se desperdiciará sentado en el atasco y no tendré mi día libre…”. Cuando mi esposa me oyó quejándome así, me dijo: “Desempeñar tus deberes no es tan sencillo como habías imaginado. Definitivamente supondrá que pongas la verdad en práctica. Practicar la verdad es abandonar la carne y significa que sufrirás dificultades y pagarás un precio. Piénsalo, solías salir y beber, comer y buscar placeres, y aunque en realidad no te divirtieras después de un día agotador, nunca te quejabas. Pero ahora te han asignado una tarea y tienes que dedicarle parte de tu tiempo, ir por una senda que tiene dificultades, pero en tu corazón no quieres hacerlo. Aunque por fuera este deber parece algo dispuesto por tus hermanos y hermanas para ti, en realidad no estás desempeñando este deber para una persona en particular, sino para satisfacer a Dios y devolver Su amor. Este deber se te ha asignado hoy, este es Dios elevándote y este es el amor de Dios que desciende sobre ti. Deberías apreciarlo. No te quedes con remordimientos con tu primer deber”. Después de decir esto, me leyó un pasaje de la palabra de Dios: “Todo lo que haces requiere que pagues un determinado precio en tus esfuerzos. Sin dificultades reales no puedes satisfacer a Dios, ni siquiera te acercas a ello, ¡y sólo estás diciendo eslóganes vacíos! ¿Pueden estos eslóganes vacíos satisfacer a Dios? Cuando Él y Satanás luchan en el ámbito espiritual, ¿cómo deberías satisfacer a Dios? ¿Y cómo deberías mantenerte firme en tu testimonio de Él? Deberías saber que todo lo que te ocurre es una gran prueba y el momento en que Dios necesita que des testimonio. Externamente podrían no parecer mucho, pero cuando estas cosas ocurren muestran si amas o no a Dios. Si lo haces, serás capaz de mantenerte firme en tu testimonio de Él, y si no has puesto en práctica el amor a Dios, esto muestra que no eres alguien que pone en práctica la verdad, que no la tienes ni tienes vida, ¡que eres paja! Todo lo que acontece a las personas tiene lugar cuando Dios necesita que se mantengan firmes en su testimonio de Él. No te ha ocurrido nada importante por el momento, y no das un gran testimonio, pero cada detalle de tu vida diaria tiene relación con el testimonio de Dios” (‘Sólo amar a Dios es realmente creer en Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).
Cuando terminé de leer la palabra de Dios Todopoderoso, cuando terminé de escuchar las palabras de mi esposa, me di cuenta de que al encomendarme este deber, Dios estaba haciéndome una prueba real para ver si podía satisfacer a Dios y sufrir dificultades o no. Pero lo que revelé era que yo sólo tenía en cuenta los intereses de mi propia carne, que sólo tenía en cuenta mis beneficios y pérdidas personales, que no estaba dispuesto a sufrir ni a pagar un precio y que, en cambio, estaba quejándome de las cosas. Vi que estaba siendo extremadamente egoísta, que los deleites carnales, como beber, comer y otros placeres, ya habían superado el estatus de Dios en mi corazón. Estaba perfectamente feliz de gastarme todo lo que tenía, de pagar cualquier precio para comer, beber y buscar placer, pero cuando se me encomendó un deber que requería que dedicara mi tiempo a Dios empecé a calcular mis propios beneficios y pérdidas y no estaba dispuesto a practicar la verdad para satisfacer a Dios. Estos pensamientos y acciones míos harían que Satanás se riera de mí y no me permitirían ser testimonio ante Dios. Cuando llegué a entender estas cosas vine ante Dios rápidamente y oré que me diera la voluntad para asegurarme de poder abandonar mi carne y dejar de seguir a Satanás, ¡para poder ser testimonio ante Dios y derrotar a Satanás en la lucha espiritual en la que me encontraba! Después de cambiar de actitud en cuanto a mi deber, en mi cooperación práctica, vi en efecto la bendición de Dios. No importaba si era cuando llevaba a las hermanas al lugar donde iban o volvía a recogerlas, en ninguna dirección me encontraba grandes atascos. Había excedido mi imaginación por completo y mis concepciones fueron verdaderamente contrarrestadas. Experimenté por primera vez la sensación de paz y felicidad que me traía el desempeño de mi deber y también vi que cuando las personas abandonan la carne y practican el satisfacer a Dios, Él no sólo les allanará el camino, sino que también les permitirá entender la verdad y ver Sus actos. De pronto sentía que esto me hacía más feliz que ir de vacaciones o comer comidas extravagantes. Resulta que hacer esto durante un día de descanso verdaderamente no es una pérdida de tiempo. ¡De hecho es bastante significativo!
Dentro de estas experiencias prácticas, pude conocer por mí mismo el dulce sabor de abandonar mi carne y desempeñar mi deber para satisfacer a Dios. Vi que todo lo que Dios hace es para salvarme de la oscura influencia de Satanás, para que un día, muy pronto, pueda caminar por la senda correcta de buscar la verdad. Estas cosas son todo el amor y la salvación de Dios. Pasaron unos cuantos días y luego recibí una llamada de un hermano. Me preguntó si estaba dispuesto a ir a otro estado para recoger a algunos hermanos y hermanas o no y acepté sin la menor vacilación. Después de acceder a esto, no sentí quejas. Estaba perfectamente dispuesto a hacer lo que se suponía que debía hacer y feliz por ello, y todo el viaje transcurrió sin obstáculos. Después de llevar a los hermanos y hermanas a su destino a salvo, me sentí muy orgulloso de mí mismo porque era la primera vez que desempeñaba mi deber de buena gana, sin impurezas. Esto también me enseñó que desempeñar el deber que debe cumplir una criatura realmente es lo más significativo que puede hacer uno. Ya no quería comer, beber y buscar placeres, ya no quería buscar los placeres de la carne y lo único que quería hacer era buscar la verdad, aceptarla y practicarla para poder convertirme algún día, pronto, en alguien que verdaderamente ame a Dios. Estas pequeñas cosas en mi vida han llegado a cambiarme de formas de las que no soy consciente. Mi vida ya no está podrida y depravada como en el pasado. He empezado a cambiar y a trabajar activamente por las cosas. Es como si hubiera comenzado un nuevo capítulo de mi vida. En mi corazón siento una dulzura y placer que antes nunca había experimentado y estoy agradecido a Dios Todopoderoso por guiarme por la senda luminosa de la vida. ¡Gloria a Dios Todopoderoso!

sábado, 21 de septiembre de 2019

Qué punto de vista deberían tener los creyentes


Qué punto de vista deberían tener los creyentes 



  Dios Todopoderoso dice: ¿Qué es lo que el hombre ha recibido desde que empezó a creer en Dios? ¿Qué has conocido acerca de Él? ¿Cuánto has cambiado debido a tu creencia en Él? Ahora, todos sabéis que la creencia del hombre en Dios no es sólo para la salvación del alma y el bienestar de la carne ni para enriquecer su vida a través del amor de Dios, y así sucesivamente. Hoy por hoy, si amas a Dios por el bienestar de la carne o el placer momentáneo, aunque al final tu amor por Él alcance su plenitud y no pidas nada, este amor que buscas sigue siendo impuro y no es agradable a Dios. Aquellos que usan su amor por Dios para enriquecer sus vidas apagadas y llenar un vacío en su corazón son los que buscan vivir en la comodidad, no quienes buscan sinceramente amar a Dios. Este tipo de amor va en contra de la voluntad de uno, persigue el placer emocional, y Dios no lo necesita. ¿Qué clase de amor es entonces el tuyo? ¿Para qué amas a Dios? ¿Cuánto amor verdadero sientes por Él ahora? El amor de la mayoría de vosotros es como el mencionado anteriormente. Esta clase de amor sólo puede mantener su situación actual; no puede alcanzar una constancia eterna, ni arraigarse en el hombre. Este tipo de amor es el de una flor que no lleva fruto después de florecer, y se seca. En otras palabras, después de que hayas amado a Dios una vez de esa forma y nadie te guíe en la senda que tienes por delante, caerás. Si sólo puedes amar a Dios en la época de amar a Dios y no haces cambios después en tu carácter de vida, entonces seguirás estando envuelto en la influencia de las tinieblas, incapaz de escapar y seguirás sin poder librarte de ser atado y engañado por Satanás. Ningún hombre así puede ser ganado plenamente por Dios; al final, su espíritu, alma y cuerpo seguirán perteneciendo a Satanás. Esto es incuestionable. Todos aquellos a los que Dios no puede ganar de un modo total volverán a su lugar original, esto es, de regreso a Satanás, y descenderán al lago que arde con fuego y azufre para aceptar el siguiente paso del castigo de Dios. Los ganados por Él son los que se rebelan contra Satanás y escapan de su campo de acción. Tales hombres serán contados oficialmente entre el pueblo del reino. Así es como llegan a ser las personas del reino. ¿Estás dispuesto a ser esta clase de persona? ¿Estás dispuesto a ser ganado por Dios? ¿Estás dispuesto a escapar del campo de acción de Satanás y volver a Dios? ¿Perteneces ahora a Satanás o formas parte del pueblo del reino? Tales cosas deberían estar todas claras y no requerir más explicación. 

 En tiempos pasados, muchos buscaron con la ambición y las nociones del hombre y en aras de las esperanzas del hombre. Estos asuntos no se expondrán ahora. La clave es encontrar una forma de práctica que permita a cada uno de vosotros mantener una condición normal delante de Dios y liberaros gradualmente de los grilletes de la influencia de Satanás, de forma que podáis ser ganados por Dios, y vivir en la tierra lo que Él pide de vosotros. Sólo esto puede satisfacer el deseo de Dios. Muchos creen en Él, pero no saben qué es lo que Él desea ni lo que Satanás desea. Creen de forma insensata y siguen ciegamente a otros, y por tanto nunca tienen una vida cristiana normal; no tienen relaciones personales normales, mucho menos una relación normal que el hombre tiene con Dios. De esto se desprende que son muchos los problemas y los fallos del hombre, así como otros factores que pueden frustrar la voluntad de Dios son muchos. Esto es suficiente para demostrar que el hombre no se ha colocado en la senda correcta ni ha experimentado la vida real. ¿Y qué es entonces colocarse en la senda correcta? Significa que puedes calmar tu corazón delante de Dios en todo momento y tener comunión con Él de forma normal, llegando gradualmente a conocer lo que falta en el hombre y obteniendo lentamente un conocimiento más profundo de Dios. A través de esto, adquieres diariamente visión y esclarecimiento nuevos en tu espíritu; anhelas más y más buscar entrar en la verdad. Cada día hay nueva luz y nuevo entendimiento. A través de esta senda, te liberas gradualmente de la influencia de Satanás, y tu vida crece más. Un hombre así se ha colocado en la senda correcta. Evalúa tus propias experiencias reales y examina la senda que has tomado en tu creencia en Dios frente a lo anterior. ¿Te has colocado en la senda correcta? ¿En qué asuntos te has liberado de los grilletes de Satanás y de su influencia? Si aún tienes que colocarte en la senda correcta, tus ataduras con Satanás aún deben cortarse. Entonces, ¿puede esta búsqueda del amor por Dios resultar en un amor auténtico, dedicado y puro? Puedes decir que tu amor por Dios es firme y sincero, pero aún no te has liberado de los grilletes de Satanás. ¿No estás haciendo a Dios insensato? Si deseas alcanzar un amor puro por Él, que Él te gane totalmente, y que te cuente entre el pueblo del reino, entonces debes colocarte primero en la senda correcta.

viernes, 16 de agosto de 2019

Cómo Pedro llegó a conocer a Jesús

Pedro, Jesús, Iglesia de Dios Todopoderoso

Cómo Pedro llegó a conocer a Jesús

En el tiempo que Pedro pasó con Jesús, vio muchas características encantadoras en Jesús, muchos aspectos dignos de emulación y muchos que lo alimentaron. Aunque Pedro vio el ser de Dios en Jesús de muchas maneras, y vio muchas cualidades encantadoras, al principio no conocía a Jesús. Pedro comenzó a seguir a Jesús cuando tenía 20 años de edad y siguió haciéndolo durante seis años. Durante ese tiempo, nunca llegó a conocer a Jesús, pero estuvo dispuesto a seguirlo sólo por la admiración que sentía por Él. Cuando Jesús lo llamó a las orillas del Mar de Galilea, le preguntó: “Simón, hijo de Jonás, ¿me seguirás?”. Pedro le dijo: “Debo seguir a aquel a quien el Padre celestial ha enviado. Debo reconocer al que el Espíritu Santo ha escogido. Te seguiré”. En aquel entonces, Pedro había escuchado hablar de un hombre llamado Jesús, el más grande de los profetas, el Hijo amado de Dios, y Pedro constantemente esperaba encontrarlo, esperando una oportunidad para verlo (porque así fue como el Espíritu Santo lo guio). Aunque nunca le había visto y sólo había escuchado rumores acerca de Él, poco a poco en su corazón creció un anhelo y una adoración por Jesús y frecuentemente anhelaba mirar a Jesús algún día. ¿Y cómo llamó Jesús a Pedro? Él también había escuchado hablar de un hombre llamado Pedro y no fue porque el Espíritu Santo lo instruyera: “Ve al Mar de Galilea donde hay uno llamado Simón, hijo de Jonás”. Jesús escuchó que alguien decía que había uno llamado Simón, hijo de Jonás, y que la gente había escuchado su sermón, que él también predicaba el evangelio del reino de los cielos y que la gente que lo escuchaba se conmovía hasta el llanto. Después de escuchar esto, Jesús siguió a esa persona y partió rumbo al Mar de Galilea; cuando Pedro aceptó el llamado de Jesús, lo siguió.
Durante el tiempo en el que siguió a Jesús, Pedro tuvo muchas opiniones acerca de Él y siempre lo juzgaba desde su propia perspectiva. Aunque tenía un cierto grado de comprensión del Espíritu, Pedro no era muy iluminado, de ahí sus palabras cuando dijo: “Debo seguir a aquel a quien el Padre celestial ha enviado. Debo reconocer al que el Espíritu Santo ha escogido”. No entendía las cosas que Jesús hizo y no recibió la iluminación acerca de ellas. Después de seguirlo por algún tiempo se interesó más en lo que Él hacía y decía y en Jesús mismo. Llegó a sentir que Jesús inspiraba tanto afecto como respeto; le gustaba asociarse con Él y estar a Su lado y escuchar las palabras de Jesús le daba alimento y ayuda. En el tiempo en que siguió a Jesús, Pedro observó y llevó a su corazón todo acerca de Su vida: Sus acciones, palabras, movimientos y expresiones. Adquirió un entendimiento profundo de que Jesús no era como los hombres ordinarios. Aunque Su apariencia humana era muy ordinaria, estaba lleno de amor, compasión y tolerancia hacia el hombre. Todo lo que hacía y decía era de mucha ayuda para los demás y a Su lado Pedro vio y aprendió cosas que nunca antes había visto o tenido. Vio que aunque Jesús no tenía una gran estatura ni una humanidad inusual, tenía un aire verdaderamente extraordinario y poco común. Aunque Pedro no podía explicarlo plenamente, podía ver que Jesús actuaba diferente a todos los demás, porque hacía cosas muy diferentes a las que hacía el hombre ordinario. Del tiempo que estuvo en contacto con Jesús, Pedro también se dio cuenta de que Su personalidad era diferente a la de un hombre común. Siempre actuaba con firmeza y nunca con prisa; nunca exageraba ni le restaba importancia a un tema y conducía Su vida de una forma que era tanto normal como admirable. En la conversación, Jesús era elegante y grácil; era abierto y alegre pero sereno, y nunca perdía Su dignidad al llevar a cabo Su obra. Pedro vio que Jesús algunas veces era taciturno pero que, otras, hablaba sin cesar. A veces estaba tan contento que se volvía ágil y vivaz como una paloma y, sin embargo, otras veces estaba tan triste que no hablaba para nada, como una madre abatida por el tiempo. A veces estaba lleno de ira como un soldado valiente que sale corriendo para matar a los enemigos y otras veces, incluso, como un león rugiente. Algunas veces reía; otras veces oraba y lloraba. No importa cómo actuara Jesús, Pedro llegó a tener un amor y respeto sin límites por Él. La risa de Jesús lo llenaba de alegría, Su tristeza lo hundía en la pena y Su ira lo atemorizaba, mientras que Su misericordia, perdón y severidad lo hacían llegar a amar a Jesús de verdad, llegando a tener verdadera veneración y verdadero anhelo por Él. Por supuesto, Pedro sólo llegó a darse cuenta de todo esto gradualmente, una vez que ya había vivido junto a Jesús durante algunos años.
Pedro era un hombre particularmente razonable, dotado con una inteligencia natural; sin embargo, había hecho muchas cosas insensatas cuando seguía a Jesús. Al principio tenía algunas nociones acerca de Jesús. Le preguntó: “La gente dice que Tú eres un profeta; entonces, cuando tenías ocho años y eras lo suficientemente grande para entender las cosas, ¿sabías que eras Dios? ¿Sabías que fuiste concebido por el Espíritu Santo?”. Jesús le contestó: “No, no lo sabía. ¿No te parezco una persona muy ordinaria? Soy igual que cualquier otro. La persona que el Padre envía es una persona normal, no una extraordinaria. Y aunque la obra que Yo hago representa a Mi Padre celestial, Mi imagen, Mi persona y Mi carne no pueden representar completamente a Mi Padre celestial; sólo una parte de Él. Aunque vengo del Espíritu, sigo siendo una persona normal y Mi Padre me envió a la tierra como una persona normal, no como una extraordinaria”. Sólo cuando Pedro escuchó esto logró tener un ligero entendimiento de Jesús. Y fue sólo después de haber pasado por incontables horas de la obra de Jesús, de Su enseñanza, de Su pastoreo y de Su sustento, que alcanzó un entendimiento mucho más profundo. En Su trigésimo año, Jesús le habló a Pedro de Su próxima crucifixión, que había venido a hacer la obra de la crucifixión para redimir a toda la humanidad. También le dijo que tres días después de la crucifixión, el Hijo del Hombre resucitaría y una vez resucitado aparecería a las personas durante 40 días. Al escuchar estas palabras, llevó Sus palabras a su corazón; desde entonces, cada vez se acercó más a Jesús. Después de experimentar durante algún tiempo, Pedro llegó a darse cuenta de que todo lo que Jesús hacía era del ser de Dios y llegó a pensar que Jesús era excepcionalmente encantador. Sólo cuando logró tener esta comprensión, el Espíritu Santo lo esclareció desde dentro. Después Jesús se volvió a Sus discípulos y a otros seguidores y les preguntó: “Juan, ¿quién dices tú que soy Yo?”. Juan le contestó: “Tú eres Moisés”. Se volvió a Lucas: “Y tú, Lucas, ¿quién dices tú que soy Yo?”. Lucas le contestó: “Eres el más grande de los profetas”. Después le preguntó a una hermana, y le contestó: “Tú eres el más grande de los profetas que hablas muchas palabras desde siempre y para siempre. Las profecías de ninguno son tan grandes como las tuyas ni la sabiduría de ninguno es más profunda; Tú eres un profeta”. Después Jesús se volvió a Pedro y le preguntó: “Pedro, ¿quién dices tú que soy Yo?”. Pedro le contestó: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Tú vienes del cielo, Tú no eres de la tierra, Tú no eres igual que la creación de Dios. Nosotros estamos en la tierra y Tú estás aquí con nosotros, pero Tú eres del cielo, Tú no eres del mundo y Tú no eres de la tierra”. Fue a través de su experiencia que el Espíritu Santo lo esclareció y lo cual le permitió llegar a este entendimiento. Después de este esclarecimiento, admiró aún más todo lo que Jesús había hecho, pensó que Él incluso era aún más encantador, y en su corazón siempre estaba renuente a separarse de Jesús. Así que la primera vez que Jesús se reveló a Pedro después de que fue crucificado y resucitado, Pedro clamó con felicidad excepcional: “¡Señor! ¡Has resucitado!”. Después, llorando, pescó un pez extremadamente grande, lo cocinó y se lo sirvió a Jesús. Jesús sonrió pero no habló. Aunque Pedro sabía que Jesús había resucitado no entendía el misterio de esto. Cuando le dio a Jesús el pez para que lo comiera, Jesús no se negó y tampoco habló o se sentó a comer, sino que en lugar de eso de repente desapareció. Este fue un enorme susto para Pedro y sólo entonces entendió que el Jesús resucitado era diferente al Jesús de antes. Una vez que se dio cuenta de esto, Pedro se entristeció, pero también obtuvo consuelo al saber que el Señor había completado Su obra. Sabía que Jesús había completado Su obra, que Su tiempo de estar con el hombre había acabado y que el hombre tendría que caminar su propio camino a partir de entonces. Jesús le había dicho una vez: “Tú también debes tomar de la copa amarga que Yo he bebido (esto es lo que Él le dijo después de la resurrección), tú también debes caminar el camino que Yo he caminado y debes dar tu vida por Mí”. A diferencia de hoy, la obra en ese tiempo no tomaba la forma de una conversación cara a cara. Durante la Era de la Gracia, la obra del Espíritu Santo estaba muy escondida y Pedro sufrió muchas dificultades y algunas veces llegó al punto de exclamar: “¡Dios! No tengo nada más que esta vida. Aunque para Ti no es muy valiosa, yo deseo dedicártela a Ti. Aunque los hombres son indignos de amarte, y su amor y su corazón son insignificantes, yo creo que puedes ver las intenciones en el corazón de los hombres. Y aunque el cuerpo de los hombres no cuenta con Tu aceptación, yo deseo que Tú aceptes mi corazón”. Después de pronunciar estas oraciones se sentía animado, sobre todo cuando oraba: “Estoy dispuesto a dedicar por completo mi corazón a Dios. Aunque soy incapaz de hacer algo por Dios, estoy dispuesto a satisfacer lealmente a Dios y me voy a consagrar a Él con todo el corazón. Creo que Dios debe mirar mi corazón”. Él dijo: “No pido nada para mi vida; sólo que mis pensamientos de amor por Dios y el deseo de mi corazón sean aceptados por Dios. Estuve con el Señor Jesús por mucho tiempo, pero nunca lo amé; esta es mi mayor deuda. Aunque me quedé con Él, no lo conocí y hasta hablé palabras irreverentes a Sus espaldas. Pensar en esas cosas me hace sentir aún más en deuda con el Señor Jesús”. Él siempre oró de esta manera. Dijo: “Soy menos que el polvo. No puedo hacer nada sino dedicar este leal corazón a Dios”.
Hubo un clímax en las experiencias de Pedro, cuando su cuerpo estaba casi totalmente quebrado, pero Jesús lo alentó desde dentro. Y se le apareció una vez. Cuando Pedro estaba en un sufrimiento tremendo y su corazón estaba roto, Jesús lo instruyó: “Estuviste conmigo en la tierra y Yo estuve aquí contigo. Y aunque antes estuvimos juntos en el cielo, esto pertenece, después de todo, al mundo espiritual. Ahora Yo he regresado al mundo espiritual y tú estás en la tierra. Porque Yo no soy de la tierra y aunque tú tampoco eres de la tierra, has de cumplir tu función en la tierra. Ya que eres un siervo, debes cumplir tu deber en la mejor medida de tu capacidad”. Pedro se consoló al escuchar que podía regresar al lado de Dios. Cuando Pedro estaba en semejante agonía que estaba casi postrado en cama, sintió remordimiento hasta el punto de decir: “Soy tan pervertido, no soy capaz de satisfacer a Dios”. Jesús se le apareció y le dijo: “Pedro, ¿puede ser que hayas olvidado la decisión que una vez tomaste ante Mí? ¿Realmente has olvidado todo lo que dije? ¿Has olvidado el compromiso que me hiciste?”. Pedro vio que era Jesús y se levantó de la cama y Jesús lo consoló: “Yo no soy de la tierra, ya te lo he dicho, esto debes entender pero, ¿has olvidado algo más que te dije? ‘Tú tampoco eres de la tierra ni del mundo’. Justo ahora hay una obra que necesitas hacer, no puedes estar así de apenado, no puedes sufrir así. Aunque los hombres y Dios no pueden coexistir en el mismo mundo, Yo tengo Mi obra y tú tienes la tuya, y un día cuando tu labor esté terminada, estaremos juntos en un reino y Yo te voy a guiar para que estés conmigo para siempre”. Pedro se consoló y se tranquilizó después de escuchar estas palabras. Sabía que este sufrimiento era algo que tenía que soportar y experimentar y se inspiró a partir de entonces. Jesús se le apareció de manera especial a él en cada momento clave, dándole un esclarecimiento y un guiamiento especiales y haciendo mucha obra en él. ¿Y qué es lo que más lamentaba Pedro? Jesús le hizo otra pregunta a Pedro (aunque no está registrada en la Biblia de esta manera) no mucho después de que Pedro había dicho, “Tú eres el Hijo del Dios viviente”, y esa pregunta fue: “¡Pedro! ¿Alguna vez me has amado?”. Pedro entendió lo que Él quería decir y le dijo: “¡Señor! Una vez amé al Padre que está en el cielo, pero admito que nunca te he amado a Ti”. Jesús entonces le dijo: “Si la gente no ama al Padre que está en el cielo, ¿cómo puede amar al Hijo que está en la tierra? Y si la gente no ama al Hijo que envió Dios el Padre, ¿cómo puede amar al Padre que está en el cielo? Si la gente verdaderamente ama al Hijo que está en la tierra, entonces en verdad ama al Padre que está en el cielo”. Cuando Pedro escuchó estas palabras se dio cuenta de su carencia. Siempre sintió remordimiento hasta el punto del llanto por sus palabras, “Una vez amé al Padre que está en el cielo, pero nunca te he amado a Ti”. Después de la resurrección y ascensión de Jesús sintió aún más remordimiento y dolor por ellas. Al recordar su obra pasada y su estatura presente, a menudo iba a Jesús en oración, siempre sintiendo pesar y una deuda debido a que no había satisfecho el deseo de Dios y no había estado a la altura de los estándares de Dios. Estos problemas se convirtieron en su mayor carga. Él dijo: “Un día voy a dedicarte todo lo que tengo y todo lo que soy, te voy a dar lo que sea más valioso”. Él dijo: “¡Dios! Sólo tengo una fe y sólo tengo un amor. Mi vida no vale nada y mi cuerpo no vale nada. Sólo tengo una fe y sólo tengo un amor. En mi mente tengo fe en Ti y amor por Ti en mi corazón; sólo tengo estas dos cosas para darte y nada más”. Las palabras de Jesús alentaron mucho a Pedro, porque antes de que Jesús fuera crucificado, Él le había dicho: “No soy de este mundo y tú tampoco eres de este mundo”. Después, cuando Pedro llegó a un punto de gran dolor, Jesús le recordó: “Pedro, ¿lo has olvidado? Yo no soy del mundo y sólo fue por Mi obra que me fui antes. Tú tampoco eres del mundo, ¿lo has olvidado? Te lo he dicho dos veces, ¿no lo recuerdas?”. Pedro lo escuchó y dijo: “¡No lo he olvidado!”. Entonces Jesús le dijo: “Una vez pasaste un tiempo feliz junto a Mí en el cielo y un periodo de tiempo a Mi lado. Me extrañas y Yo te extraño. Aunque las criaturas no son dignas de mencionarse a Mis ojos, ¿cómo puedo no amar a uno que es inocente y encantador? ¿Has olvidado Mi promesa? Debes aceptar Mi comisión en la tierra; debes cumplir la tarea que te encomendé. Un día sin duda te llevaré para que estés a Mi lado”. Después de escuchar esto, Pedro se alentó todavía más y recibió una inspiración todavía mayor, tal que cuando estaba en la cruz pudo decir: “¡Dios! ¡No te puedo amar lo suficiente! Incluso si me pidieras que muriera, ¡todavía no te puedo amar lo suficiente! A donde quiera que envíes mi alma, cumplas o no Tus promesas, lo que sea que hagas después, te amo y creo en Ti”. A lo que se aferró fue a su fe y a su amor verdadero.
Una noche, varios de los discípulos, incluyendo Pedro, estaban en el bote pesquero. Todos estaban juntos con Jesús y Pedro le hizo a Jesús una pregunta muy ingenua: “¡Señor! Hay una pregunta que por mucho tiempo he querido hacerte”. Jesús le contestó: “Entonces, ¡por favor pregunta!”. Pedro entonces le preguntó: “¿La obra hecha durante la Era de la Ley fue Tu labor?”. Jesús sonrió, como si estuviera diciendo, “Este niño, ¡qué ingenuo es!”. Luego continuó con el propósito: “No era mía, era la labor de Jehová y de Moisés”. Pedro escuchó esto y exclamó: “¡Oh! Así que no era Tu labor”. Cuando Pedro dijo esto, Jesús ya no habló. Pedro pensó dentro de sí: “No fuiste Tú quien la hiciste así que no es de extrañar que hayas venido a destruir la ley, ya que no fue Tu obra”. Su corazón también se calmó. Luego, Jesús se dio cuenta de que Pedro era bastante ingenuo, pero porque no tenía ningún conocimiento en ese momento, Jesús no dijo nada más ni lo refutó directamente. Una vez que Jesús dio un sermón en una sinagoga en la que muchas personas estuvieron presentes, incluyendo Pedro. Jesús dijo: “Aquel que vendrá desde siempre y para siempre, hará la obra de redención durante la Era de la Gracia, para redimir a toda la humanidad del pecado, pero no se verá limitado por ninguna regla para sacar al hombre del pecado. Él abandonará la ley y entrará a la Era de la Gracia. Redimirá a toda la humanidad. Avanzará a pasos agigantados de la Era de la Ley a la de la Gracia, sin embargo, nadie lo conocerá, a Él que vino de Jehová. La obra que Moisés hizo, fue concedida por Jehová; Moisés redactó la ley gracias a la obra que Jehová había hecho”. Una vez que esto se dijo, Él prosiguió: “Aquellos que abolen los mandamientos de la Era de la Gracia durante la Era de la Gracia se encontrarán con la calamidad. Deben estar en el templo y recibir la destrucción de Dios y el fuego vendrá sobre ellos”. Cuando Pedro había terminado de escuchar esto, tuvo algún tipo de reacción y durante un periodo de su experiencia, Jesús pastoreó y nutrió a Pedro, hablando de corazón a corazón con él, lo que le permitió a Pedro tener una comprensión un poco mejor de Jesús. Mientras Pedro pensaba en la predicación de Jesús de aquel día y luego en la pregunta que le había hecho cuando estaban en el bote y la respuesta que Jesús le había dado, así como la forma en la que Él se había reído, fue que entendió todo. Más tarde, el Espíritu Santo esclareció a Pedro y sólo a través de esto entendió que Jesús era el Hijo del Dios viviente. La comprensión de Pedro vino del esclarecimiento del Espíritu Santo, pero hubo un proceso para su entendimiento. Fue por medio de hacer preguntas, escuchar predicar a Jesús, después a través de recibir la enseñanza especial de Jesús y Su pastoreo especial, fue que Pedro llegó a darse cuenta de que Jesús era el Hijo del Dios viviente. Esto no se logró de un día para otro; fue un proceso, y esto se convirtió en una ayuda para él en sus experiencias posteriores. ¿Por qué Jesús no hizo la obra de perfección en otras personas sino sólo en Pedro? Porque sólo Pedro entendió que Jesús era el Hijo del Dios viviente y ningún otro lo sabía. Aunque había muchos discípulos que sabían mucho en el tiempo en que siguieron a Jesús, su conocimiento era superficial. Este es el porqué Jesús escogió a Pedro como el ejemplo para ser perfeccionado. Lo que Jesús le dijo a Pedro en ese entonces es lo que Él les dice a las personas hoy, cuyo conocimiento y entrada de vida deben alcanzar los de Pedro. Es de acuerdo con este requisito y esta senda que Dios va a perfeccionar a todos. ¿Por qué a las personas el día de hoy se les exige tener una fe real y un amor verdadero? Lo que Pedro experimentó vosotros también lo debéis experimentar, los frutos que Pedro ganó de sus experiencias también deben ser manifiestos en vosotros y el dolor que Pedro sufrió, con toda seguridad vosotros también lo debéis sufrir. El camino que camináis es el mismo que Pedro caminó. El dolor que sufrís es el dolor que Pedro sufrió. Cuando recibáis la gloria y cuando viváis una vida real, entonces viváis la imagen de Pedro. La senda es la misma y, de acuerdo con esto, uno es perfeccionado. Sin embargo, vuestro calibre es un poco deficiente en comparación con el de Pedro, porque los tiempos se han transformado, y también lo ha hecho el grado de perversión. Y también por Judea que era un reino de mucho tiempo atrás con una cultura antigua. Así que debéis tratar de mejorar vuestro calibre.
Pedro era una persona muy razonable, astuto en todo lo que hacía y también era extremadamente honesto. Sufrió muchos reveses. Entró en contacto con la sociedad a la edad de 14 años, al ir a la escuela, y además, a menudo también a la sinagoga. Tenía mucho entusiasmo y siempre estaba dispuesto a asistir a las reuniones. En ese tiempo, Jesús no había todavía comenzado de manera oficial Su obra; esto era sólo el inicio de la Era de la Gracia. Pedro comenzó a entrar en contacto con las figuras religiosas cuando tenía 14 años; para cuando tenía 18, estaba en contacto con la élite religiosa, pero después de haber visto el caos religioso tras de escenas, se fue. Al ver qué taimados, astutos y forjados por los conflictos eran estas personas, se disgustó en extremo (así fue como el Espíritu Santo obraba en ese tiempo, para perfeccionarlo. Él lo movió de manera especial e hizo una obra especial en él) y así él se retiró de la sinagoga a la edad de 18 años. Sus padres lo persiguieron y no lo dejaban creer (ellos le pertenecían al diablo y no tenían fe). Por último, Pedro dejó su hogar y viajó a voluntad, pescando y predicando por dos años, tiempo durante el cual también guio a bastantes personas. Ahora deberías poder ver con claridad el camino que Pedro tomó. Si has visto esto con claridad, entonces habrás determinado la obra que se está haciendo hoy en día, y no te quejes o seas pasivo o anheles algo. Debes experimentar el ánimo de Pedro en ese momento: la tristeza lo golpeó; ya no pedía por un futuro ni ninguna bendición. No buscaba el lucro, la felicidad, la fama o la fortuna del mundo, sólo buscaba vivir una vida con un mayor significado, el cual era para retribuir el amor de Dios y dedicar lo más precioso que tenía a Dios. Entonces estaría satisfecho en su corazón. Muchas veces oró a Jesús con las palabras: “Señor Jesucristo, una vez te amé, pero no te amé sinceramente. Aunque dije que tenía fe en Ti, nunca te amé con un corazón sincero. Sólo alzaba la vista a Ti, te adoraba y te extrañaba, pero nunca te amé o tuve verdadera fe en Ti”. Él siempre oró para tomar su decisión firme, las palabras de Jesús[a] constantemente lo alentaban y las convertía en motivación. Más tarde, después de un periodo de experiencia, Jesús lo probó, provocándolo a que lo anhelara más. Él dijo: “¡Señor Jesucristo! Cuánto te extraño, y cuánto anhelo verte. Tengo muchas carencias y no puedo compensar Tu amor. Te suplico que me lleves pronto. ¿Cuándo me necesitarás? ¿Cuándo me llevarás? ¿Cuándo veré otra vez Tu rostro? Ya no deseo vivir más en este cuerpo, seguir volviéndome perverso, y tampoco quiero rebelarme más. Estoy listo para dedicarte todo lo que tengo tan pronto como pueda y ya no te quiero entristecer más”. Así es cómo él oraba, pero en ese momento no sabía lo que Jesús perfeccionaría en él. Durante la agonía de su prueba, Jesús se le apareció otra vez y le dijo: “Pedro, deseo hacerte perfecto, de tal manera que te conviertas en una pieza del fruto, uno que es la cristalización de Mi perfección en ti y de la cual gozaré. ¿Puedes realmente dar testimonio por Mí? ¿Has hecho lo que te pedí que hicieras? ¿Has vivido las palabras que he hablado? Una vez me amaste, pero aunque me amaste, ¿me has vivido? ¿Qué has hecho por Mí? Reconoces que no eres digno de Mi amor pero, ¿qué has hecho por Mí?”. Pedro vio que no había hecho nada por Jesús y recordó su promesa anterior de dar su vida por Dios. Y de esta manera, ya no se quejó y sus oraciones después prosperaron mucho mejor. Oró diciendo: “¡Señor Jesucristo! Una vez te dejé y Tú también una vez me dejaste. Hemos pasado tiempo separados y tiempo juntos en compañía. Sin embargo, me amas más que a todo lo demás. En repetidas ocasiones me he rebelado en contra tuya y en repetidas ocasiones te he afligido. ¿Cómo puedo olvidar tales cosas? Siempre tengo en mente la obra que has hecho en mí y lo que me has confiado, nunca lo olvido. Con la obra que has hecho en mí, he hecho mi mejor esfuerzo. Sabes lo que puedo hacer y también sabes qué papel puedo desempeñar. Tu deseo es mi orden y voy a dedicarte todo lo que tengo. Sólo Tú sabes lo que puedo hacer por Ti. Aunque Satanás me engañó tanto y me rebelé contra Ti, creo que Tú no te acuerdas de mí por esas transgresiones, que Tú no me tratas basándote en ellas. Deseo dedicarte toda mi vida. No pido nada y tampoco tengo otras esperanzas o planes; sólo deseo actuar de acuerdo a Tu designio y hacer Tu voluntad. Beberé de Tu amarga copa y estoy a Tus órdenes”.
Vosotros debéis tener claro la senda que camináis; debéis tener claro la senda que tomaréis en el futuro, qué es lo que Dios perfeccionará y qué os ha sido confiado. Un día, tal vez, seréis probado y si entonces sois capaces de que las experiencias de Pedro os inspiren, esto mostrará que verdaderamente estáis caminando la senda de Pedro. Dios elogió a Pedro por su fe y amor verdaderos y por su lealtad a Dios. Y fue por su honestidad y su deseo de Dios en su corazón que Dios lo perfeccionó. Si tú verdaderamente tienes el mismo amor y fe que Pedro, entonces Jesús con toda seguridad te perfeccionará.
Nota al pie:
a. El texto original dice “por estas palabras”.

De "La Palabra manifestada en carne"

domingo, 28 de julio de 2019

Danza cristiana 2019 | La vida de iglesia trae tanta alegría



Danza cristiana 2019 | La vida de iglesia trae tanta alegría

I Hermanos y hermanas, estamos ante Dios.
No le importa cuánta verdad veamos si somos sinceros.
¡Qué alegría comer y beber Sus palabras! Compartimos experiencias,
vemos nuestra corrupción.
de la mano avanzamos, nos apoyamos. Entendemos la verdad, reflexionamos, Oramos como sentimos,
Hemos probado el amor de Dios.
le hablamos a Dios desde el corazón. Al compartir Sus palabras, más entendemos Su verdad y palabras.
Quien ama a Dios siempre lo alabará.
La vida de iglesia trae tanta alegría y nuestras vidas crecen poco a poco. El reino de Cristo es nuestro hogar.
Cuando compartimos las palabras de Dios,
¡Gloria a Dios Todopoderoso! II Hermanos y hermanas, estamos ante Dios. ¡Qué alegría comer y beber Sus palabras!
y nuestras vidas crecen poco a poco.
todo lo que hemos aprendido, nos ilumina el Espíritu Santo. Sobre nosotros brilla Su luz. La vida de iglesia trae tanta alegría
así nos ayuda a perfeccionarnos.
El reino de Cristo es nuestro hogar. Quien ama a Dios siempre lo alabará. ¡Gloria a Dios Todopoderoso! III Dios dispone todo para nosotros,
La vida de iglesia trae tanta alegría
Ya conocemos Su voluntad y Su corazón, todo es para que obtengamos la verdad. Practicando Sus palabras y Su verdad, obtenemos más verdad, más realidad.
El reino de Cristo es nuestro hogar.
y nuestras vidas crecen poco a poco. El reino de Cristo es nuestro hogar. Quien ama a Dios siempre lo alabará. ¡Gloria a Dios Todopoderoso! Y nuestras vidas crecen poco a poco.
De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”
Quien ama a Dios siempre lo alabará. ¡Gloria a Dios Todopoderoso! Hacer nuestro deber con lealtad,
dar testimonio para cumplir Su voluntad.


miércoles, 24 de julio de 2019

Himno cristiano 2019 | Dios ha dado todo Su amor a la humanidad



Himno cristiano 2019 | Dios ha dado todo Su amor a la humanidad

I Ya sea mostrando Su justicia, Su majestad o ira, Dios lleva a cabo Su gestión y salva al hombre por amor. Hay quien pregunta, ¿cuánto amor? Pero la respuesta no es cuánto, el amor de Dios es 100% amor. Porque si Su amor fuese menos, la gente no se salvaría. Por la humanidad Dios dio todo Su amor. Dios da todo Su amor. Dios da todo Su amor. Dios da todo Su amor. Dios da todo Su amor. Dios da todo Su amor a la humanidad. Él da todo Su amor. Él da Su amor. II ¿Por qué Dios se ha encarnado? Para salvar al hombre no escatima en nada. Su encarnación contiene todo Su amor. El hombre muestra sus extremos contra Dios. El hombre ya ha pasado el punto de Su salvación. Entonces Dios debe encarnarse para sacrificarse por el hombre. Dios da todo Su amor. Dios da todo Su amor. Dios da todo Su amor. Dios da todo Su amor. Dios da todo Su amor a la humanidad. Él da todo Su amor. Él da Su amor. III Dios no se encarnaría si no amase al hombre. Dios podría enviar rayos del cielo, y podría desatar Su ira. La humanidad así colapsaría y no habría necesidad de que Dios sufriese el humillante costo de hacerse carne, no. Se sacrificó por la humanidad, dio Su amor por la humanidad. Se sacrificó por la humanidad, dio Su amor por la humanidad. Dios prefirió sufrir el dolor y la opresión, la humillación y el rechazo. Aún con todo esto, salvó a la humanidad. La misma definición del amor. Dios da todo Su amor. Dios da todo Su amor. Dios da todo Su amor. Dios da todo Su amor. Dios da todo Su amor a la humanidad. Él da todo Su amor. Él da Su amor. Él da todo Su amor. Él da Su amor. Él da Su amor. De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

Recomendación:Coro cristiano

martes, 18 de junio de 2019

Una juventud que no se lamenta

Xiaowen    Ciudad de Chongqing
‘El amor’ se refiere a una emoción pura e inmaculada, usáis vuestros corazones para amar, sentir y ser considerados. En el amor no hay condiciones, barreras ni distancias. En el amor no hay sospechas, no hay engaños, no hay negociaciones ni especulaciones. En el amor no hay opción ni nada impuro” (‘Amor puro e inmaculado’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Este himno de la palabra de Dios alguna vez me ayudó a sobrellevar el dolor de un largo período de mi vida en prisión que duró siete años y cuatro meses. Aunque el gobierno del Partido Comunista Chino me privó de los años más hermosos de mi juventud, obtuve la verdad más preciada y verdadera de Dios Todopoderoso y, por lo tanto, no tengo quejas ni lamentos.
En 1996, recibí la exaltación de Dios y acepté la salvación de Dios Todopoderoso de los últimos días. Por medio de la lectura de las palabras de Dios y de encuentros de enseñanza, resolví que todo lo que había dicho Dios era la verdad, lo que se contrapone completamente con todo el conocimiento y las teorías de este mundo maligno. La palabra de Dios Todopoderoso es la regla más elevada para la vida. Lo que más me emocionó fue que podía ser simple y abierta y que podía hablar libremente sobre cualquier tema con los hermanos y hermanas. No tuve la mínima necesidad de protegerme contra cuestionamientos o ante las posibles burlas de las personas que interactuaban conmigo. Sentí un consuelo y una felicidad que nunca había sentido antes. Realmente me gustaba esta familia. No obstante, no pasó mucho tiempo hasta que me enteré de que el país no permitía que la gente creyera en Dios Todopoderoso. Esta situación hizo que no supiera qué hacer, porque Su palabra les permitía a las personas adorar a Dios y andar por el camino correcto de la vida. Les permitía a las personas ser sinceras. Si todos creyeran en Dios Todopoderoso, el mundo estaría en paz. Realmente, no lo comprendía: creer en Dios era la tarea más justa. ¿Por qué el gobierno del Partido Comunista quería perseguir y oponerse a quienes creían en Dios Todopoderoso hasta el punto en que arrestaba a Sus creyentes? Pensé: ¡no importa cómo nos persiga el gobierno ni la envergadura de la opinión pública, he decidido que este es el camino correcto de la vida y que por cierto lo transitaré hasta el final!
Después, comencé a hacer mi deber en la iglesia, que consistía en distribuir libros que contenían la palabra de Dios. Sabía que hacer este deber en un país que se resistía a Dios era muy peligroso y que podían arrestarme en cualquier momento. Pero también sabía que, como parte de toda la creación, mi misión en la vida era darlo todo por Dios y hacer mi deber. Era una responsabilidad que no podía eludir. Justo cuando estaba comenzando a cooperar con Dios con confianza, un día de septiembre de 2003, iba camino a entregarles libros de la palabra de Dios a algunos hermanos y hermanas y fui arrestada por personas de la Dirección de Seguridad Nacional de la ciudad.
En la Dirección de Seguridad Nacional, fui interrogada una y otra vez, sin saber qué responder. Con urgencia, clamé a Dios: “Oh, Dios Todopoderoso, te pido que me brindes Tu sabiduría y que me otorgues las palabras que debo decir para no traicionarte y para poder dar testimonio de Ti”. Durante ese lapso, clamaba a Dios a diario, no me atrevía a abandonarlo, sólo le pedía que me otorgara la inteligencia y la sabiduría para poder tratar con la policía malvada. Alabado sea Dios por cuidarme y protegerme; todas las veces que me interrogaban, escupía, o tenía un hipo incesante y no podía hablar. Al ver la obra maravillosa de Dios, resolví firmemente: ¡No diré nada! ¡Pueden llevarse mi cabeza, pueden tomar mi vida, pero de ninguna manera me harán traicionar a Dios! Cuando tomé la determinación de que preferiría arriesgar mi vida antes de traicionar a Dios como lo hizo Judas, Dios me dio “luz verde” en todos los aspectos: cada vez que me interrogaban, Dios me protegía y me permitía atravesar el calvario en paz. Si bien yo no dije nada, el gobierno me acusó de “usar un culto maléfico para destruir la implementación de la ley” ¡y me sentenció a nueve años de prisión! Cuando oí la sentencia del tribunal, no me puse triste gracias a la protección de Dios, ni tampoco les tuve miedo. En cambio, los desprecié. Cuando esas personas pronunciaron la sentencia, dije en voz baja: “¡Esta es la prueba de que el gobierno está contra Dios!”. Posteriormente, los oficiales de seguridad pública vinieron a espiar cuál era mi actitud y yo les dije con calma: “¿qué son nueve años? Cuando llegue el momento de salir en libertad, seguiré siendo miembro de la Iglesia de Dios Todopoderoso; si no me creéis, ¡esperad y veréis! ¡Pero debéis recordar que este caso estuvo una vez en vuestras manos!”. Mi actitud realmente los sorprendió. Levantaron sus pulgares y dijeron repetidas veces: “¡Cuán admirable! ¡Eres más la Hermana Jiang que la propia Hermana Jiang! ¡Cuando salgas en libertad, nos volveremos a encontrar y tú serás nuestra invitada!”. En ese momento, sentí que Dios había obtenido la gloria y mi corazón se alegró. Cuando fui sentenciada, sólo tenía treinta y un años.
Las cárceles de China son el infierno en la tierra, y la vida de muchos años en prisión me hizo ver, en su totalidad, la falta de humanidad de Satanás y su esencia diabólica que se ha convertido en enemiga de Dios. La policía china no sigue la norma de la ley, sino la de la maldad. En la prisión, la policía no trata personalmente con las personas, sino que incita a los prisioneros a la violencia hacia los demás reclusos. La policía malvada también utiliza todo tipo de métodos para reprimir los pensamientos de las personas; por ejemplo, cada persona que ingresa debe vestir los mismos uniformes de prisionero con un número de serie especial, debe cortarse el cabello de acuerdo a los requisitos de la cárcel, debe usar zapatos aprobados por la prisión, debe caminar a lo largo de los senderos permitidos por ellos y debe marchar al ritmo que le ordenan. Ya fuera primavera, verano, otoño o invierno, si llovía o estaba soleado, o si era un día sumamente frío, todos los prisioneros debían hacer tal como se les ordenaba sin poder elegir. Cada día, se nos exigía que nos reuniéramos durante por lo menos quince veces para contarnos y cantar cinco veces alabanzas al gobierno comunista. También teníamos tareas políticas, es decir, nos hacían estudiar las leyes de la prisión y la Constitución, y teníamos que dar un examen cada seis meses. El objetivo era lavarnos el cerebro. También comprobaban de manera aleatoria nuestro conocimiento de las disciplinas y las normas de la prisión. La policía carcelaria no sólo nos perseguía mentalmente, sino que también nos atacaba físicamente de manera salvaje con una total falta de humanidad. Tenía que hacer trabajos forzados durante más de diez horas por día, en medio de una multitud de varios cientos de otras personas en una fábrica angosta realizando labores manuales. Puesto que había tanta gente en un espacio tan pequeño, y debido a que el fuerte ruido de la maquinaria se oía en todas partes, sin importar cuán sana estaba una persona, sus cuerpos sufrían graves discapacidades si permanecían allí durante un tiempo. Detrás de mí había una máquina de hacer ojales y todos los días funcionaba sin cesar. El sonido retumbante que transmitía era insoportable y al cabo de varios años, sufrí una seria pérdida de la audición. Incluso hasta ahora no me he recuperado. Lo que era aún más dañino era el polvo y la contaminación en la fábrica. Luego de ser examinadas, se descubrió que muchas personas habían contraído tuberculosis y faringitis. Además, debido a los largos períodos en que permanecíamos sentadas allí haciendo trabajos manuales, era imposible salir y muchas personas presentaron casos serios de hemorroides. El gobierno del Partido Comunista trataba a los prisioneros como máquinas para fabricar dinero. No tenían el mínimo interés por si alguien vivía o moría. Hacían que la gente trabajara desde temprano en la mañana hasta tarde por la noche. Yo estaba con frecuencia tan agotada que mi físico no daba más. Y no era solamente eso. También debía exponerme a todo tipo de exámenes aleatorios además de mis tareas políticas semanales, mi trabajo manual, mis tareas públicas, etc. Por lo tanto, cada día sentía un elevado grado de ansiedad. Mi estado mental era el de estar constantemente bajo tensión, y me sentía sumamente nerviosa, tanto que no podía ponerme al día si me atrasaba, y entonces la policía carcelaria me castigaba. En ese tipo de ambiente, llegar al fin del día sana y salva no era algo fácil de lograr.
Cuando acababa de comenzar a cumplir mi sentencia, no podía manejar este tipo de trato cruel y devastador por parte de la policía de la prisión. Todo tipo de trabajo manual intenso y de presión ideológica hacía que me costara respirar, sin mencionar que tenía que tener todo tipo de contacto con las prisioneras. También debía soportar el mal trato y los insultos de la diabólica policía de la prisión y de las prisioneras… Con frecuencia me persiguieron y me pusieron entre la espada y la pared. Varias veces, me hundí en la desesperación, especialmente cuando pensaba en cuán larga era mi sentencia de nueve años. Sentí una gran desolación y un enorme desamparo y no sabía cuántas veces había llorado, hasta el punto en que pensé en el suicidio para liberarme del dolor que sentía. Cada vez que me hundía en una angustia terrible y no podía brindarme apoyo a mí misma, oraba y clamaba a Dios con urgencia y Dios me esclarecía y me guiaba: “No puedes morir aún. Debes apretar los puños y continuar viviendo resueltamente; debes vivir una vida para Dios. Cuando las personas poseen la verdad en ellas tienen esta resolución y nunca más desean morir; cuando la muerte te amenace, dirás: ‘Oh Dios, no estoy dispuesto a morir; sigo sin conocerte. Aún no he devuelto Tu amor. […] Debo dar buen testimonio de Dios. Debo devolver Su amor. Después de eso, no importa cómo muera. Entonces habré vivido una vida satisfactoria. Independientemente de quién más esté muriendo, no moriré ahora; debo seguir viviendo con tenacidad’” (‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Las palabras de Dios fueron como la tierna y agradable visión de mi madre aplacando mi solitario corazón. También fueron como mi padre usando ambas manos para suave y delicadamente secar las lágrimas de mi rostro. De inmediato, sentí una corriente cálida y un poder que recorría mi corazón. Aunque estaba sufriendo físicamente en la prisión oscura, intentar suicidarme no era la voluntad de Dios. No iba a poder dar testimonio de Él y hubiera formado parte de los chistes de Satanás. Sería un testimonio si lograba salir viva de esta prisión demoníaca al cabo de nueve años. Las palabras de Dios me dieron la valentía para seguir con vida y tomé una determinación en mi corazón: sin importar qué dificultades me esperen en el futuro, seguiré viviendo diligentemente, viviré con valentía y fuerza y por cierto daré testimonio para la satisfacción de Dios.
Año tras año, la sobrecarga de trabajo hizo que mi cuerpo se debilitara progresivamente. Después de estar sentada durante largos períodos en la fábrica comencé a transpirar profusamente y mis hemorroides sangraban volviéndose cada vez más severas. Debido a mi anemia grave, me mareaba con frecuencia. Pero en la prisión, consultar al médico no era algo sencillo. Si la policía carcelaria estaba de buen humor, me daban algún medicamento barato. Si no lo estaba, decían que estaba simulando estar enferma para no trabajar. Tuve que soportar el tormento de esta enfermedad y tragarme las lágrimas. Después de un día de trabajo, terminaba completamente exhausta. Arrastraba mi cuerpo agotado a mi celda y quería descansar un poco, pero no podía conciliar el sueño: o me llamaba la policía de la prisión en medio de la noche o bien me despertaba el ruido tremendo que hacían… Con frecuencia se divertían conmigo y sufría más allá de las palabras. Además, debía tolerar un tratamiento inhumano por parte de la policía carcelaria. Era como una refugiada que dormía en el piso o en los corredores, o incluso cerca del baño. La ropa que lavaba no se secaba, sino que se juntaba con las otras prisioneras para secarse. Lavar ropa en invierno era especialmente frustrante y muchas personas sufrían de artritis por usar ropa húmeda durante períodos prolongados. En la prisión, no se requería demasiado tiempo para que las personas sanas se volvieran apagadas y lentas, físicamente débiles o enfermas. Con frecuencia comíamos verduras viejas y secas de fuera de temporada. Si uno quería comer algo mejor, debía comprar alimentos caros en la prisión. Aunque a las personas se les hacía estudiar leyes en la cárcel, allí la ley no existía. La policía de la prisión era la ley y si alguien hacía algo que no les gustaba, encontraban un motivo para castigarla, incluso hasta el punto de que podían hacerlo sin motivo alguno. Aún más despreciable era el hecho de que consideraban que los creyentes en Dios Todopoderoso eran delincuentes políticos, y decían que nuestros delitos eran más graves que el homicidio y el incendio intencional. Por lo tanto, me odiaban particularmente, me controlaban estrictamente, y me perseguían con mayor salvajismo. ¡Este tipo de comportamiento maligno es una prueba férrea de la conducta perversa de los dictadores, de su oposición al Cielo, y de su enemistad con Dios! Habiendo soportado el tormento cruel de la prisión, mi corazón a menudo se llenaba de una indignación justa: ¿Qué ley viola el hecho de creer y adorar a Dios? ¿Qué delito consiste en seguir a Dios y andar por el sendero correcto de la vida? Los seres humanos fueron creados por las manos de Dios y creer en Dios y adorarlo es la ley del cielo y de la tierra; ¿qué motivo tiene el gobierno del Partido Comunista para reprimirlos y perseguirlos violentamente? Claramente se debe a su conducta perversa y a su oposición al Cielo. Se está oponiendo a Dios en todos los aspectos, les pone una etiqueta de reaccionarios a los creyentes en Dios Todopoderoso y nos persigue y devasta severamente. Intenta eliminar a todos los creyentes en Dios Todopoderoso de un plumazo. ¿No es esto cambiar negro por blanco y ser profundamente reaccionario? Se resiste frenéticamente al Cielo y es hostil con Dios: ¡al final deberá sufrir el justo castigo de Dios! En todas partes donde hay corrupción, debe haber juicio: en todas partes donde hay pecado, debe haber castigo. Esta es la ley predestinada del cielo, nadie puede escapar a ella. Los maléficos crímenes del gobierno del Partido Comunista han llegado hasta el cielo, y ellos sufrirán la destrucción de Dios. Tal como dijo Dios: “Hace mucho que Dios aborrece a esta oscura sociedad con todas Sus fuerzas. Rechina los dientes, desesperado por plantar Sus pies sobre esta perversa y odiosa serpiente antigua, para que nunca más se levante y no vuelva a maltratar más al hombre. No disculpará sus actos del pasado, no tolerará que engañe al hombre, ajustará cuentas por cada uno de sus pecados a lo largo de los siglos; Dios no será benévolo en lo más mínimo hacia este cabecilla de todo mal;[1] lo destruirá por completo” (‘Obra y entrada (8)’ en “La Palabra manifestada en carne”).
En esta prisión demoníaca, yo era menos que un perro vagabundo ante los ojos de la malvada policía; no sólo me golpeaban y me reprimían, sino que con frecuencia y repentinamente entraban a empujones y deshacían mi cama y desordenaban todas mis pertenencias. Además, cada vez que sucedía algún tipo de revuelta en el mundo exterior, la gente de la prisión a cargo de los asuntos políticos me buscaba y trataba de averiguar mis opiniones respecto de estos eventos y me gritaba constantemente por qué caminaba por el sendero de creer en Dios. Cada vez que me sometía a este tipo de interrogatorio, tenía el corazón en la boca, porque no sabía qué plan malvado tenían en mente para mí. Mi corazón siempre le oraba con urgencia a Dios y yo lloraba pidiéndole ayuda y guía para atravesar esta crisis. Día tras día, año tras año, el maltrato, la explotación y la represión me atormentaron con un sufrimiento indescriptible: cada día estaba sobrecargada de trabajo manual y de responsabilidades políticas aburridas y tediosas. También me atormentaba mi enfermedad, y, para colmo, estaba deprimida mentalmente. Esto me llevó al borde del colapso. Especialmente cuando vi a una prisionera de mediana edad que se colgó de la ventana en medio de la noche porque ya no podía soportar el tormento inhumano de la malvada policía, y a otra prisionera morir debido a la demora en el tratamiento de su enfermedad. Entonces me hundí en la misma asfixiante situación desesperada y nuevamente comencé a pensar en el suicidio. Creía que la muerte era el mejor alivio. Pero sabía que eso sería traicionar a Dios y que no podía hacerlo. No tenía otra opción que soportar todo el dolor y someterme a los designios de Dios. Pero tan pronto como pensaba en mi larga sentencia, y me daba cuenta de cuánto faltaba para quedar libre, sentía que no había palabras que pudieran describir mi dolor y mi desesperación. Pensaba que no podía continuar soportando eso y que no sabía cuánto más podría seguir así. ¿Cuántas veces más podría no hacer otra cosa que cubrirme con mi cobija al caer la noche y llorar, orando y suplicándole a Dios Todopoderoso, contándole acerca de todo el pesar que había en mi mente? En el momento de mi mayor dolor y desamparo, pensé: estoy sufriendo hoy para poder separarme de la corrupción y recibir la salvación de Dios. Estas dificultades son lo que debo padecer, y lo que tengo que sufrir. Tan pronto como pensé en esto, ya no sentí más amargura; en cambio, sentí que estaba obligada a estar presa debido a mi creencia en Dios, y que sufrir dificultades para ir en busca de la salvación era lo que tenía mayor valor y relevancia; ¡que este sufrimiento era muy valioso! Inesperadamente, la angustia de mi corazón se transformó en gozo y no pude contener mis emociones: comencé a canturrear un himno de experiencia que era conocido para mi corazón llamado “No vivir en vano”: “no vivir en vano, a pesar de las dificultades, hay un significado; no vivir en vano, no retrocederé ante las dificultades; no vivir en vano, obtenemos oportunidades para conocer a Dios; no vivir en vano, nos entregamos por el Dios Altísimo. ¿Quién es más bendecido que nosotros? ¿Quién es más afortunado que nosotros? Lo que Dios nos ha dado supera a todas las generaciones pasadas; debemos vivir para Dios, debemos devolverle Su gran amor”. Repetí el himno en mi corazón, y cuanto más lo cantaba, más me alentaba; cuanto más lo cantaba, más poder y gozo sentía. No pude evitar hacer un juramento ante la presencia de Dios: “Oh, Dios Todopoderoso, te agradezco por Tu consuelo y Tu aliento que me ha hecho, una vez más, tener la fe y la valentía para seguir viviendo. Tú me has permitido sentir que de hecho eres el Señor y el poder de mi vida. Aunque estoy presa en este agujero del infierno, no estoy sola, porque siempre has estado conmigo en todos estos días oscuros; Tú me has dado fe una y otra vez y me has brindado la motivación para continuar. Oh Dios, si algún día puedo salir de aquí y vivir en libertad, haré mis tareas y ya no lastimaré Tu corazón ni haré planes para mí misma. ¡Oh Dios, sin importar cuán arduos o difíciles sean los días por venir, estoy dispuesta a confiar en Ti para seguir viviendo con fortaleza!”.
En prisión, recordaba con frecuencia los días que pasé con mis hermanos y hermanas, ¡había sido una época tan hermosa! Todos vitoreaban y reían, y también teníamos discusiones, pero todas se convirtieron en buenos recuerdos. Cada vez que pensaba en las épocas en que hacía mis deberes con indiferencia, me sentía sumamente culpable y en deuda. Pensaba en las discusiones que tuve con los hermanos y hermanas debido a mi carácter arrogante. Me sentía especialmente incómoda y llena de remordimientos. Cada vez que sucedía esto, rompía en llanto y cantaba en silencio dentro de mi corazón un himno que me era conocido. “Lamento verdaderamente cuántos buenos momentos se perdieron, el tiempo se fue y no volverá, todo lo que queda es remordimiento. […] Compensaré mis fallas del pasado, llena de fe y lista para comenzar de nuevo; Dios me concede oportunidades y me vuelve a perdonar. Estoy dispuesta a optar de nuevo. Valorar el hoy, sacrificarlo todo, satisfaré a Dios por última vez. Dios está ansioso. Dios está esperando, no puedo volver a fallar a Dios” (‘Me arrepiento de verdad’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). En mi dolor y auto-culpa, con frecuencia oré a Dios en mi corazón: “¡Oh Dios! Realmente no estuve muchas veces a Tu altura; si me lo permites, estoy dispuesta a buscar amarte. ¡Cuando salga en libertad, seguiré deseando hacer mis deberes y querré comenzar de nuevo! ¡Compensaré mis faltas del pasado!”. Durante el tiempo que estuve en prisión, extrañé en especial a aquellos hermanos y hermanas con los que estuve en contacto mañana y noche. Realmente quería verlos, pero en esta cárcel demoníaca en la que me mantenían cautiva, este deseo era un imposible. Sin embargo, con frecuencia los veía en sueños. Soñaba que estábamos leyendo juntos la palabra de Dios y comunicando la verdad juntos. Éramos felices y estábamos contentos.
Durante el gran terremoto de Wenchuan de 2008, la prisión en la que estábamos encerradas fue sacudida y yo fui la última persona en ser evacuada. En esos días hubo réplicas continuas. Tanto las prisioneras como la policía carcelaria estaban tan alarmadas y ansiosas que no daban más. Pero mi corazón estaba especialmente imperturbable y firme, porque sabía que esta era la palabra de Dios cumplida, era la llegada de la ira feroz de Dios. Durante ese terremoto, que fue el único en cien años, la palabra de Dios protegió mi corazón. Creo que la vida y la muerte del hombre están en manos de Dios. Independientemente de cómo lo hace Dios, estoy dispuesta a someterme a Sus designios. Sin embargo, lo único que me entristecía era que si moría, ya no iba a tener la oportunidad de hacer mi deber para el Señor de las creaciones, que ya no iba a tener la oportunidad de devolverle amor a Dios, y que ya no podría ver a mis hermanos y hermanas. Pero, mi ansiedad era superflua; Dios estaba siempre conmigo y me daba la máxima protección, ¡la que me permitió sobrevivir al terremoto y atravesarlo en paz!
En enero de 2011, fui liberada antes de cumplir mi sentencia, lo que significó el fin de mi vida de esclavitud en la cárcel. Al obtener mi libertad, me sentí profundamente emocionada: ¡puedo regresar a la iglesia! ¡Puedo estar con mis hermanos y mis hermanas! No había palabras para describir mi espíritu y mis emociones. Lo que no esperaba era que después de regresar a casa, mi hija me ignorara y que mi familia y mis amigos me miraran de modo peculiar. Todos se alejaron de mí y no interactuaban conmigo. Las personas que me rodeaban no me comprendían ni me aceptaban. En ese momento, aunque ya no estaba en prisión, maltratada y atormentada, las miradas frías, las expresiones de desdén y el abandono me resultaban difíciles de soportar. Me volví débil y negativa. No pude evitar recordar los días pasados y reflexionar sobre ellos: cuando sucedió el hecho, tenía solamente treinta y un años. Cuando salí de la cárcel habían transcurrido ocho inviernos y siete veranos. ¿Cuántas veces en mi soledad y desamparo Dios había arreglado a las personas, los asuntos y las cosas para que me ayudaran? ¿Cuántas veces en mi dolor y mi desesperación me consolaron las palabras de Dios? ¿Cuántas veces, cuando quería morir, Dios me otorgó el poder para tener la valentía de seguir viviendo?… Durante esos largos y penosos años, fue Dios el que me condujo paso a paso fuera del valle de sombra de muerte para seguir viviendo con tenacidad. Al enfrentar ahora este momento difícil, me volví negativa y débil y entristecía Dios. ¡Era una persona cobarde e incompetente que había mordido la mano de quién me daba de comer! Al pensar en esto, mi corazón fue firmemente condenado. No pude evitar pensar en el juramento que había hecho a Dios mientras estaba en prisión: “si algún día puedo salir de aquí y vivir en libertad, haré mis tareas y ya no lastimaré el corazón de Dios ni haré planes para mí misma”. Medité sobre este juramento y reflexioné sobre la circunstancia en la que me encontraba cuando presté este juramento a Dios. Las lágrimas nublaron mis ojos y lentamente canté un himno de la palabra de Dios: “‘He ido en busca de Dios y lo he seguido por mi propia voluntad. Ahora, si Dios desea expulsarme, de todos modos lo seguiré. Independientemente de que Dios me quiera o no, aún buscaré amarlo; al final deberé obtenerlo y ofrecer la energía de mi vida a Dios. Deseo que la voluntad de Dios triunfe, deseo ofrecer mi corazón a Dios. Sin importar qué haga Él, lo seguiré toda mi vida y nunca cejaré hasta que obtenga a Dios’. Si quieres mantenerte firme en el futuro, y poner todo de tu parte para satisfacer a Dios, y poder seguirlo hasta el final del camino, debes crear ahora una base firme, debes poner en práctica la verdad en todo para satisfacer a Dios y ser considerado con el corazón de Dios. Al poner en práctica continuamente de esta manera, habrá un fundamento interior; Dios provocará tu corazón para que lo ames. Un día, cuando se produzcan las pruebas, podrías aceptar algunas dificultades, podrías sentirte acongojado hasta cierto punto, y podrías experimentar angustia y pesar. Querrás dar la vida en aras de amar a Dios; sin importar a qué pruebas te someta Él, no considerarás tu propia vida, estarás dispuesto a dejar todo de lado por Dios, y a soportar todo por Él” (‘Nunca me rendiré hasta obtener a Dios’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”).
Luego de un período de devociones espirituales y de adaptación, rápidamente salí de mi estado de negatividad bajo el esclarecimiento de Dios y volví a hacer mis deberes.
Si bien los mejores años de mi juventud los pasé en prisión, durante esos siete años y cuatro meses sufrí mucho debido a mi creencia en Dios. Pero no tengo quejas ni lamentos, porque comprendo algo de la verdad y he experimentado el amor de Dios. Siento que hay un significado y valor en mi sufrimiento, que esta es una excepción de exaltación y gracia que Dios ha hecho por mí. ¡Este es mi privilegio! Aunque mi familia y mis amigos no me comprendan, e incluso mi hija me ignore, ninguna persona, ningún asunto ni cosa podrá separarme de mi relación con Dios. Incluso si muero, no podré abandonar a Dios.
Amor puro e inmaculado es el himno que más me gustaba cantar en la cárcel. ¡Ahora, quiero usar mis acciones reales para ofrecer el amor más puro a Dios!
Nota al pie:
1. “Cabecilla de todo mal” se refiere al viejo diablo. Esta frase expresa una extremada aversión.