lunes, 30 de septiembre de 2019

Una juventud que no se lamenta

Xiaowen    Ciudad de Chongqing


“‘El amor’ se refiere a una emoción pura e inmaculada, usáis vuestros corazones para amar, sentir y ser considerados. En el amor no hay condiciones, barreras ni distancias. En el amor no hay sospechas, no hay engaños, no hay negociaciones ni especulaciones. En el amor no hay opción ni nada impuro” (‘Amor puro e inmaculado’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Este himno de la palabra de Dios alguna vez me ayudó a sobrellevar el dolor de un largo período de mi vida en prisión que duró siete años y cuatro meses. Aunque el gobierno del Partido Comunista Chino me privó de los años más hermosos de mi juventud, obtuve la verdad más preciada y verdadera de Dios Todopoderoso y, por lo tanto, no tengo quejas ni lamentos.

En 1996, recibí la exaltación de Dios y acepté la salvación de Dios Todopoderoso de los últimos días. Por medio de la lectura de las palabras de Dios y de encuentros de enseñanza, resolví que todo lo que había dicho Dios era la verdad, lo que se contrapone completamente con todo el conocimiento y las teorías de este mundo maligno. La palabra de Dios Todopoderoso es la regla más elevada para la vida. Lo que más me emocionó fue que podía ser simple y abierta y que podía hablar libremente sobre cualquier tema con los hermanos y hermanas. No tuve la mínima necesidad de protegerme contra cuestionamientos o ante las posibles burlas de las personas que interactuaban conmigo. Sentí un consuelo y una felicidad que nunca había sentido antes. Realmente me gustaba esta familia. No obstante, no pasó mucho tiempo hasta que me enteré de que el país no permitía que la gente creyera en Dios Todopoderoso. Esta situación hizo que no supiera qué hacer, porque Su palabra les permitía a las personas adorar a Dios y andar por el camino correcto de la vida. Les permitía a las personas ser sinceras. Si todos creyeran en Dios Todopoderoso, el mundo estaría en paz. Realmente, no lo comprendía: creer en Dios era la tarea más justa. ¿Por qué el gobierno del Partido Comunista quería perseguir y oponerse a quienes creían en Dios Todopoderoso hasta el punto en que arrestaba a Sus creyentes? Pensé: ¡no importa cómo nos persiga el gobierno ni la envergadura de la opinión pública, he decidido que este es el camino correcto de la vida y que por cierto lo transitaré hasta el final!

Después, comencé a hacer mi deber en la iglesia, que consistía en distribuir libros que contenían la palabra de Dios. Sabía que hacer este deber en un país que se resistía a Dios era muy peligroso y que podían arrestarme en cualquier momento. Pero también sabía que, como parte de toda la creación, mi misión en la vida era darlo todo por Dios y hacer mi deber. Era una responsabilidad que no podía eludir. Justo cuando estaba comenzando a cooperar con Dios con confianza, un día de septiembre de 2003, iba camino a entregarles libros de la palabra de Dios a algunos hermanos y hermanas y fui arrestada por personas de la Dirección de Seguridad Nacional de la ciudad.

En la Dirección de Seguridad Nacional, fui interrogada una y otra vez, sin saber qué responder. Con urgencia, clamé a Dios: “Oh, Dios Todopoderoso, te pido que me brindes Tu sabiduría y que me otorgues las palabras que debo decir para no traicionarte y para poder dar testimonio de Ti”. Durante ese lapso, clamaba a Dios a diario, no me atrevía a abandonarlo, sólo le pedía que me otorgara la inteligencia y la sabiduría para poder tratar con la policía malvada. Alabado sea Dios por cuidarme y protegerme; todas las veces que me interrogaban, escupía, o tenía un hipo incesante y no podía hablar. Al ver la obra maravillosa de Dios, resolví firmemente: ¡No diré nada! ¡Pueden llevarse mi cabeza, pueden tomar mi vida, pero de ninguna manera me harán traicionar a Dios! Cuando tomé la determinación de que preferiría arriesgar mi vida antes de traicionar a Dios como lo hizo Judas, Dios me dio “luz verde” en todos los aspectos: cada vez que me interrogaban, Dios me protegía y me permitía atravesar el calvario en paz. Si bien yo no dije nada, el gobierno me acusó de “usar un culto maléfico para destruir la implementación de la ley” ¡y me sentenció a nueve años de prisión! Cuando oí la sentencia del tribunal, no me puse triste gracias a la protección de Dios, ni tampoco les tuve miedo. En cambio, los desprecié. Cuando esas personas pronunciaron la sentencia, dije en voz baja: “¡Esta es la prueba de que el gobierno está contra Dios!”. Posteriormente, los oficiales de seguridad pública vinieron a espiar cuál era mi actitud y yo les dije con calma: “¿qué son nueve años? Cuando llegue el momento de salir en libertad, seguiré siendo miembro de la Iglesia de Dios Todopoderoso; si no me creéis, ¡esperad y veréis! ¡Pero debéis recordar que este caso estuvo una vez en vuestras manos!”. Mi actitud realmente los sorprendió. Levantaron sus pulgares y dijeron repetidas veces: “¡Cuán admirable! ¡Eres más la Hermana Jiang que la propia Hermana Jiang! ¡Cuando salgas en libertad, nos volveremos a encontrar y tú serás nuestra invitada!”. En ese momento, sentí que Dios había obtenido la gloria y mi corazón se alegró. Cuando fui sentenciada, sólo tenía treinta y un años.

Las cárceles de China son el infierno en la tierra, y la vida de muchos años en prisión me hizo ver, en su totalidad, la falta de humanidad de Satanás y su esencia diabólica que se ha convertido en enemiga de Dios. La policía china no sigue la norma de la ley, sino la de la maldad. En la prisión, la policía no trata personalmente con las personas, sino que incita a los prisioneros a la violencia hacia los demás reclusos. La policía malvada también utiliza todo tipo de métodos para reprimir los pensamientos de las personas; por ejemplo, cada persona que ingresa debe vestir los mismos uniformes de prisionero con un número de serie especial, debe cortarse el cabello de acuerdo a los requisitos de la cárcel, debe usar zapatos aprobados por la prisión, debe caminar a lo largo de los senderos permitidos por ellos y debe marchar al ritmo que le ordenan. Ya fuera primavera, verano, otoño o invierno, si llovía o estaba soleado, o si era un día sumamente frío, todos los prisioneros debían hacer tal como se les ordenaba sin poder elegir. Cada día, se nos exigía que nos reuniéramos durante por lo menos quince veces para contarnos y cantar cinco veces alabanzas al gobierno comunista. También teníamos tareas políticas, es decir, nos hacían estudiar las leyes de la prisión y la Constitución, y teníamos que dar un examen cada seis meses. El objetivo era lavarnos el cerebro. También comprobaban de manera aleatoria nuestro conocimiento de las disciplinas y las normas de la prisión. La policía carcelaria no sólo nos perseguía mentalmente, sino que también nos atacaba físicamente de manera salvaje con una total falta de humanidad. Tenía que hacer trabajos forzados durante más de diez horas por día, en medio de una multitud de varios cientos de otras personas en una fábrica angosta realizando labores manuales. Puesto que había tanta gente en un espacio tan pequeño, y debido a que el fuerte ruido de la maquinaria se oía en todas partes, sin importar cuán sana estaba una persona, sus cuerpos sufrían graves discapacidades si permanecían allí durante un tiempo. Detrás de mí había una máquina de hacer ojales y todos los días funcionaba sin cesar. El sonido retumbante que transmitía era insoportable y al cabo de varios años, sufrí una seria pérdida de la audición. Incluso hasta ahora no me he recuperado. Lo que era aún más dañino era el polvo y la contaminación en la fábrica. Luego de ser examinadas, se descubrió que muchas personas habían contraído tuberculosis y faringitis. Además, debido a los largos períodos en que permanecíamos sentadas allí haciendo trabajos manuales, era imposible salir y muchas personas presentaron casos serios de hemorroides. El gobierno del Partido Comunista trataba a los prisioneros como máquinas para fabricar dinero. No tenían el mínimo interés por si alguien vivía o moría. Hacían que la gente trabajara desde temprano en la mañana hasta tarde por la noche. Yo estaba con frecuencia tan agotada que mi físico no daba más. Y no era solamente eso. También debía exponerme a todo tipo de exámenes aleatorios además de mis tareas políticas semanales, mi trabajo manual, mis tareas públicas, etc. Por lo tanto, cada día sentía un elevado grado de ansiedad. Mi estado mental era el de estar constantemente bajo tensión, y me sentía sumamente nerviosa, tanto que no podía ponerme al día si me atrasaba, y entonces la policía carcelaria me castigaba. En ese tipo de ambiente, llegar al fin del día sana y salva no era algo fácil de lograr.

Cuando acababa de comenzar a cumplir mi sentencia, no podía manejar este tipo de trato cruel y devastador por parte de la policía de la prisión. Todo tipo de trabajo manual intenso y de presión ideológica hacía que me costara respirar, sin mencionar que tenía que tener todo tipo de contacto con las prisioneras. También debía soportar el mal trato y los insultos de la diabólica policía de la prisión y de las prisioneras… Con frecuencia me persiguieron y me pusieron entre la espada y la pared. Varias veces, me hundí en la desesperación, especialmente cuando pensaba en cuán larga era mi sentencia de nueve años. Sentí una gran desolación y un enorme desamparo y no sabía cuántas veces había llorado, hasta el punto en que pensé en el suicidio para liberarme del dolor que sentía. Cada vez que me hundía en una angustia terrible y no podía brindarme apoyo a mí misma, oraba y clamaba a Dios con urgencia y Dios me esclarecía y me guiaba: “No puedes morir aún. Debes apretar los puños y continuar viviendo resueltamente; debes vivir una vida para Dios. Cuando las personas poseen la verdad en ellas tienen esta resolución y nunca más desean morir; cuando la muerte te amenace, dirás: ‘Oh Dios, no estoy dispuesto a morir; sigo sin conocerte. Aún no he devuelto Tu amor. […] Debo dar buen testimonio de Dios. Debo devolver Su amor. Después de eso, no importa cómo muera. Entonces habré vivido una vida satisfactoria. Independientemente de quién más esté muriendo, no moriré ahora; debo seguir viviendo con tenacidad’” (‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Las palabras de Dios fueron como la tierna y agradable visión de mi madre aplacando mi solitario corazón. También fueron como mi padre usando ambas manos para suave y delicadamente secar las lágrimas de mi rostro. De inmediato, sentí una corriente cálida y un poder que recorría mi corazón. Aunque estaba sufriendo físicamente en la prisión oscura, intentar suicidarme no era la voluntad de Dios. No iba a poder dar testimonio de Él y hubiera formado parte de los chistes de Satanás. Sería un testimonio si lograba salir viva de esta prisión demoníaca al cabo de nueve años. Las palabras de Dios me dieron la valentía para seguir con vida y tomé una determinación en mi corazón: sin importar qué dificultades me esperen en el futuro, seguiré viviendo diligentemente, viviré con valentía y fuerza y por cierto daré testimonio para la satisfacción de Dios.

Año tras año, la sobrecarga de trabajo hizo que mi cuerpo se debilitara progresivamente. Después de estar sentada durante largos períodos en la fábrica comencé a transpirar profusamente y mis hemorroides sangraban volviéndose cada vez más severas. Debido a mi anemia grave, me mareaba con frecuencia. Pero en la prisión, consultar al médico no era algo sencillo. Si la policía carcelaria estaba de buen humor, me daban algún medicamento barato. Si no lo estaba, decían que estaba simulando estar enferma para no trabajar. Tuve que soportar el tormento de esta enfermedad y tragarme las lágrimas. Después de un día de trabajo, terminaba completamente exhausta. Arrastraba mi cuerpo agotado a mi celda y quería descansar un poco, pero no podía conciliar el sueño: o me llamaba la policía de la prisión en medio de la noche o bien me despertaba el ruido tremendo que hacían… Con frecuencia se divertían conmigo y sufría más allá de las palabras. Además, debía tolerar un tratamiento inhumano por parte de la policía carcelaria. Era como una refugiada que dormía en el piso o en los corredores, o incluso cerca del baño. La ropa que lavaba no se secaba, sino que se juntaba con las otras prisioneras para secarse. Lavar ropa en invierno era especialmente frustrante y muchas personas sufrían de artritis por usar ropa húmeda durante períodos prolongados. En la prisión, no se requería demasiado tiempo para que las personas sanas se volvieran apagadas y lentas, físicamente débiles o enfermas. Con frecuencia comíamos verduras viejas y secas de fuera de temporada. Si uno quería comer algo mejor, debía comprar alimentos caros en la prisión. Aunque a las personas se les hacía estudiar leyes en la cárcel, allí la ley no existía. La policía de la prisión era la ley y si alguien hacía algo que no les gustaba, encontraban un motivo para castigarla, incluso hasta el punto de que podían hacerlo sin motivo alguno. Aún más despreciable era el hecho de que consideraban que los creyentes en Dios Todopoderoso eran delincuentes políticos, y decían que nuestros delitos eran más graves que el homicidio y el incendio intencional. Por lo tanto, me odiaban particularmente, me controlaban estrictamente, y me perseguían con mayor salvajismo. ¡Este tipo de comportamiento maligno es una prueba férrea de la conducta perversa de los dictadores, de su oposición al Cielo, y de su enemistad con Dios! Habiendo soportado el tormento cruel de la prisión, mi corazón a menudo se llenaba de una indignación justa: ¿Qué ley viola el hecho de creer y adorar a Dios? ¿Qué delito consiste en seguir a Dios y andar por el sendero correcto de la vida? Los seres humanos fueron creados por las manos de Dios y creer en Dios y adorarlo es la ley del cielo y de la tierra; ¿qué motivo tiene el gobierno del Partido Comunista para reprimirlos y perseguirlos violentamente? Claramente se debe a su conducta perversa y a su oposición al Cielo. Se está oponiendo a Dios en todos los aspectos, les pone una etiqueta de reaccionarios a los creyentes en Dios Todopoderoso y nos persigue y devasta severamente. Intenta eliminar a todos los creyentes en Dios Todopoderoso de un plumazo. ¿No es esto cambiar negro por blanco y ser profundamente reaccionario? Se resiste frenéticamente al Cielo y es hostil con Dios: ¡al final deberá sufrir el justo castigo de Dios! En todas partes donde hay corrupción, debe haber juicio: en todas partes donde hay pecado, debe haber castigo. Esta es la ley predestinada del cielo, nadie puede escapar a ella. Los maléficos crímenes del gobierno del Partido Comunista han llegado hasta el cielo, y ellos sufrirán la destrucción de Dios. Tal como dijo Dios: “Hace mucho que Dios aborrece a esta oscura sociedad con todas Sus fuerzas. Rechina los dientes, desesperado por plantar Sus pies sobre esta perversa y odiosa serpiente antigua, para que nunca más se levante y no vuelva a maltratar más al hombre. No disculpará sus actos del pasado, no tolerará que engañe al hombre, ajustará cuentas por cada uno de sus pecados a lo largo de los siglos; Dios no será benévolo en lo más mínimo hacia este cabecilla de todo mal;[1] lo destruirá por completo” (‘Obra y entrada (8)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En esta prisión demoníaca, yo era menos que un perro vagabundo ante los ojos de la malvada policía; no sólo me golpeaban y me reprimían, sino que con frecuencia y repentinamente entraban a empujones y deshacían mi cama y desordenaban todas mis pertenencias. Además, cada vez que sucedía algún tipo de revuelta en el mundo exterior, la gente de la prisión a cargo de los asuntos políticos me buscaba y trataba de averiguar mis opiniones respecto de estos eventos y me gritaba constantemente por qué caminaba por el sendero de creer en Dios. Cada vez que me sometía a este tipo de interrogatorio, tenía el corazón en la boca, porque no sabía qué plan malvado tenían en mente para mí. Mi corazón siempre le oraba con urgencia a Dios y yo lloraba pidiéndole ayuda y guía para atravesar esta crisis. Día tras día, año tras año, el maltrato, la explotación y la represión me atormentaron con un sufrimiento indescriptible: cada día estaba sobrecargada de trabajo manual y de responsabilidades políticas aburridas y tediosas. También me atormentaba mi enfermedad, y, para colmo, estaba deprimida mentalmente. Esto me llevó al borde del colapso. Especialmente cuando vi a una prisionera de mediana edad que se colgó de la ventana en medio de la noche porque ya no podía soportar el tormento inhumano de la malvada policía, y a otra prisionera morir debido a la demora en el tratamiento de su enfermedad. Entonces me hundí en la misma asfixiante situación desesperada y nuevamente comencé a pensar en el suicidio. Creía que la muerte era el mejor alivio. Pero sabía que eso sería traicionar a Dios y que no podía hacerlo. No tenía otra opción que soportar todo el dolor y someterme a los designios de Dios. Pero tan pronto como pensaba en mi larga sentencia, y me daba cuenta de cuánto faltaba para quedar libre, sentía que no había palabras que pudieran describir mi dolor y mi desesperación. Pensaba que no podía continuar soportando eso y que no sabía cuánto más podría seguir así. ¿Cuántas veces más podría no hacer otra cosa que cubrirme con mi cobija al caer la noche y llorar, orando y suplicándole a Dios Todopoderoso, contándole acerca de todo el pesar que había en mi mente? En el momento de mi mayor dolor y desamparo, pensé: estoy sufriendo hoy para poder separarme de la corrupción y recibir la salvación de Dios. Estas dificultades son lo que debo padecer, y lo que tengo que sufrir. Tan pronto como pensé en esto, ya no sentí más amargura; en cambio, sentí que estaba obligada a estar presa debido a mi creencia en Dios, y que sufrir dificultades para ir en busca de la salvación era lo que tenía mayor valor y relevancia; ¡que este sufrimiento era muy valioso! Inesperadamente, la angustia de mi corazón se transformó en gozo y no pude contener mis emociones: comencé a canturrear un himno de experiencia que era conocido para mi corazón llamado “No vivir en vano”: “no vivir en vano, a pesar de las dificultades, hay un significado; no vivir en vano, no retrocederé ante las dificultades; no vivir en vano, obtenemos oportunidades para conocer a Dios; no vivir en vano, nos entregamos por el Dios Altísimo. ¿Quién es más bendecido que nosotros? ¿Quién es más afortunado que nosotros? Lo que Dios nos ha dado supera a todas las generaciones pasadas; debemos vivir para Dios, debemos devolverle Su gran amor”. Repetí el himno en mi corazón, y cuanto más lo cantaba, más me alentaba; cuanto más lo cantaba, más poder y gozo sentía. No pude evitar hacer un juramento ante la presencia de Dios: “Oh, Dios Todopoderoso, te agradezco por Tu consuelo y Tu aliento que me ha hecho, una vez más, tener la fe y la valentía para seguir viviendo. Tú me has permitido sentir que de hecho eres el Señor y el poder de mi vida. Aunque estoy presa en este agujero del infierno, no estoy sola, porque siempre has estado conmigo en todos estos días oscuros; Tú me has dado fe una y otra vez y me has brindado la motivación para continuar. Oh Dios, si algún día puedo salir de aquí y vivir en libertad, haré mis tareas y ya no lastimaré Tu corazón ni haré planes para mí misma. ¡Oh Dios, sin importar cuán arduos o difíciles sean los días por venir, estoy dispuesta a confiar en Ti para seguir viviendo con fortaleza!”.

En prisión, recordaba con frecuencia los días que pasé con mis hermanos y hermanas, ¡había sido una época tan hermosa! Todos vitoreaban y reían, y también teníamos discusiones, pero todas se convirtieron en buenos recuerdos. Cada vez que pensaba en las épocas en que hacía mis deberes con indiferencia, me sentía sumamente culpable y en deuda. Pensaba en las discusiones que tuve con los hermanos y hermanas debido a mi carácter arrogante. Me sentía especialmente incómoda y llena de remordimientos. Cada vez que sucedía esto, rompía en llanto y cantaba en silencio dentro de mi corazón un himno que me era conocido. “Lamento verdaderamente cuántos buenos momentos se perdieron, el tiempo se fue y no volverá, todo lo que queda es remordimiento. […] Compensaré mis fallas del pasado, llena de fe y lista para comenzar de nuevo; Dios me concede oportunidades y me vuelve a perdonar. Estoy dispuesta a optar de nuevo. Valorar el hoy, sacrificarlo todo, satisfaré a Dios por última vez. Dios está ansioso. Dios está esperando, no puedo volver a fallar a Dios” (‘Me arrepiento de verdad’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). En mi dolor y auto-culpa, con frecuencia oré a Dios en mi corazón: “¡Oh Dios! Realmente no estuve muchas veces a Tu altura; si me lo permites, estoy dispuesta a buscar amarte. ¡Cuando salga en libertad, seguiré deseando hacer mis deberes y querré comenzar de nuevo! ¡Compensaré mis faltas del pasado!”. Durante el tiempo que estuve en prisión, extrañé en especial a aquellos hermanos y hermanas con los que estuve en contacto mañana y noche. Realmente quería verlos, pero en esta cárcel demoníaca en la que me mantenían cautiva, este deseo era un imposible. Sin embargo, con frecuencia los veía en sueños. Soñaba que estábamos leyendo juntos la palabra de Dios y comunicando la verdad juntos. Éramos felices y estábamos contentos.

Durante el gran terremoto de Wenchuan de 2008, la prisión en la que estábamos encerradas fue sacudida y yo fui la última persona en ser evacuada. En esos días hubo réplicas continuas. Tanto las prisioneras como la policía carcelaria estaban tan alarmadas y ansiosas que no daban más. Pero mi corazón estaba especialmente imperturbable y firme, porque sabía que esta era la palabra de Dios cumplida, era la llegada de la ira feroz de Dios. Durante ese terremoto, que fue el único en cien años, la palabra de Dios protegió mi corazón. Creo que la vida y la muerte del hombre están en manos de Dios. Independientemente de cómo lo hace Dios, estoy dispuesta a someterme a Sus designios. Sin embargo, lo único que me entristecía era que si moría, ya no iba a tener la oportunidad de hacer mi deber para el Señor de las creaciones, que ya no iba a tener la oportunidad de devolverle amor a Dios, y que ya no podría ver a mis hermanos y hermanas. Pero, mi ansiedad era superflua; Dios estaba siempre conmigo y me daba la máxima protección, ¡la que me permitió sobrevivir al terremoto y atravesarlo en paz!

En enero de 2011, fui liberada antes de cumplir mi sentencia, lo que significó el fin de mi vida de esclavitud en la cárcel. Al obtener mi libertad, me sentí profundamente emocionada: ¡puedo regresar a la iglesia! ¡Puedo estar con mis hermanos y mis hermanas! No había palabras para describir mi espíritu y mis emociones. Lo que no esperaba era que después de regresar a casa, mi hija me ignorara y que mi familia y mis amigos me miraran de modo peculiar. Todos se alejaron de mí y no interactuaban conmigo. Las personas que me rodeaban no me comprendían ni me aceptaban. En ese momento, aunque ya no estaba en prisión, maltratada y atormentada, las miradas frías, las expresiones de desdén y el abandono me resultaban difíciles de soportar. Me volví débil y negativa. No pude evitar recordar los días pasados y reflexionar sobre ellos: cuando sucedió el hecho, tenía solamente treinta y un años. Cuando salí de la cárcel habían transcurrido ocho inviernos y siete veranos. ¿Cuántas veces en mi soledad y desamparo Dios había arreglado a las personas, los asuntos y las cosas para que me ayudaran? ¿Cuántas veces en mi dolor y mi desesperación me consolaron las palabras de Dios? ¿Cuántas veces, cuando quería morir, Dios me otorgó el poder para tener la valentía de seguir viviendo?… Durante esos largos y penosos años, fue Dios el que me condujo paso a paso fuera del valle de sombra de muerte para seguir viviendo con tenacidad. Al enfrentar ahora este momento difícil, me volví negativa y débil y entristecía Dios. ¡Era una persona cobarde e incompetente que había mordido la mano de quién me daba de comer! Al pensar en esto, mi corazón fue firmemente condenado. No pude evitar pensar en el juramento que había hecho a Dios mientras estaba en prisión: “si algún día puedo salir de aquí y vivir en libertad, haré mis tareas y ya no lastimaré el corazón de Dios ni haré planes para mí misma”. Medité sobre este juramento y reflexioné sobre la circunstancia en la que me encontraba cuando presté este juramento a Dios. Las lágrimas nublaron mis ojos y lentamente canté un himno de la palabra de Dios: “‘He ido en busca de Dios y lo he seguido por mi propia voluntad. Ahora, si Dios desea expulsarme, de todos modos lo seguiré. Independientemente de que Dios me quiera o no, aún buscaré amarlo; al final deberé obtenerlo y ofrecer la energía de mi vida a Dios. Deseo que la voluntad de Dios triunfe, deseo ofrecer mi corazón a Dios. Sin importar qué haga Él, lo seguiré toda mi vida y nunca cejaré hasta que obtenga a Dios’. Si quieres mantenerte firme en el futuro, y poner todo de tu parte para satisfacer a Dios, y poder seguirlo hasta el final del camino, debes crear ahora una base firme, debes poner en práctica la verdad en todo para satisfacer a Dios y ser considerado con el corazón de Dios. Al poner en práctica continuamente de esta manera, habrá un fundamento interior; Dios provocará tu corazón para que lo ames. Un día, cuando se produzcan las pruebas, podrías aceptar algunas dificultades, podrías sentirte acongojado hasta cierto punto, y podrías experimentar angustia y pesar. Querrás dar la vida en aras de amar a Dios; sin importar a qué pruebas te someta Él, no considerarás tu propia vida, estarás dispuesto a dejar todo de lado por Dios, y a soportar todo por Él” (‘Nunca me rendiré hasta obtener a Dios’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”).

Luego de un período de devociones espirituales y de adaptación, rápidamente salí de mi estado de negatividad bajo el esclarecimiento de Dios y volví a hacer mis deberes.

Si bien los mejores años de mi juventud los pasé en prisión, durante esos siete años y cuatro meses sufrí mucho debido a mi creencia en Dios. Pero no tengo quejas ni lamentos, porque comprendo algo de la verdad y he experimentado el amor de Dios. Siento que hay un significado y valor en mi sufrimiento, que esta es una excepción de exaltación y gracia que Dios ha hecho por mí. ¡Este es mi privilegio! Aunque mi familia y mis amigos no me comprendan, e incluso mi hija me ignore, ninguna persona, ningún asunto ni cosa podrá separarme de mi relación con Dios. Incluso si muero, no podré abandonar a Dios.

Amor puro e inmaculado es el himno que más me gustaba cantar en la cárcel. ¡Ahora, quiero usar mis acciones reales para ofrecer el amor más puro a Dios! 

viernes, 27 de septiembre de 2019

Dios no quiso dejarme caer en el inframundo

Dios no quiso dejarme caer en el inframundo

Cómo una comisaría local del Departamento de Seguridad Pública fue conquistada por las palabras de Dios

Zhang Jun, provincia de Sichuan
Dios Todopoderoso dice: “Echa un vistazo a la época del arca de Noé: la humanidad era profundamente corrupta, se había desviado de la bendición de Dios, Él ya no cuidaba más de ella, y había perdido Sus promesas. Vivía en las tinieblas, sin la luz de Dios. Así pues, los hombres se volvieron licenciosos por naturaleza, abandonados a sí mismos a una depravación horrible. Tales hombres ya no podían recibir la promesa de Dios; no eran dignos de ver el rostro de Dios, ni de oír Su voz, porque lo habían abandonado, habían dejado de lado todo lo que Él les había concedido, y se habían olvidado de las enseñanzas de Dios. Su corazón se apartaba más y más de Dios, y conforme lo hacía, se volvieron depravados más allá de toda razón y humanidad, y cada vez más malvados. Así pues, cada vez se acercaron más a la muerte, y cayeron bajo la ira y el castigo de Dios. Sólo Noé adoró a Dios y se apartó del mal, y por eso fue capaz de oír Su voz, y Sus instrucciones. Él construyó el arca siguiendo las instrucciones de la palabra de Dios, y reunió a toda forma de criaturas vivientes. Y de esta manera, una vez que todo se había preparado, Dios desató Su destrucción sobre el mundo. Sólo Noé y los siete miembros de su familia sobrevivieron a la destrucción, porque Noé adoró a Jehová y se apartó del mal” (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después de leer este pasaje de las palabras de Dios, caí en un estado de profunda contemplación…
Mis padres son ambos cristianos y yo fui bautizado y hecho seguidor del Señor Jesús a una edad muy temprana. En ese momento, mi espíritu siempre se volvía hacia la alegría y la bondad. Cuando la Revolución Cultural golpeó a China, mi padre fue enviado a un lugar remoto en las montañas para “reformarse por medio del trabajo” y después de eso nunca más tuvimos noticias de él. Mi madre fue catalogada como uno de los “cuatro elementos malos” y, como también era cristiana, fue catalogada como “contrarrevolucionaria”. Yo tampoco pude escapar del daño causado a mi familia: cuando llegué a la edad escolar, no hubo ninguna escuela dispuesta a aceptar al hijo de una “contrarrevolucionaria” y, cuando tuve edad de trabajar, ninguna unidad de trabajo quería contratarme. No pude conseguir un trabajo hasta que tuve 20 años. Había sufrido opresión durante mucho tiempo y estaba harto del dolor y el sufrimiento, así que cuando empecé a trabajar, me decidí a hacerlo tan duro como pudiera y a confiar sólo en mí mismo. Hubo algunos momentos en los que tuve que esforzarme muchísimo, pero finalmente ascendí de oficial de policía común a jefe de la comisaría local del Departamento de Seguridad Pública (DSP).
En ese tiempo, me congratulaba en secreto de haber ascendido en el escalafón y nunca me imaginé, ni por un sólo momento, que detrás de esta buena fortuna, se escondía una terrible oscuridad que iba a engullirme. Era como si un par de manos oscuras y sin forma me arrastraran a las profundidades del pecado. Para ser honestos, poco después de convertirme en oficial de policía, comencé a sentir que los policías no éramos muy distintos de los bandidos o ladrones. Nuestro trabajo no era capturar criminales o mantener la ley y el orden: era ganar dinero bajo cuerda. Incluso ordenábamos a prostitutas que fueran y sedujeran a hombres, de forma que pudiéramos arrestarlos en el acto e imponerles una multa. Siempre que arrestábamos a alguien, intentábamos extorsionarlo a través de la mentira, las lisonjas o la estafa. Hay innumerables ejemplos de este tipo de conducta, una conducta extendida por todas las fuerzas policiales. Clubes nocturnos, salones de baile, etc., todos tenían que darnos discretamente algunos miles de yuanes o más cada mes en “honorarios por protección”, o de lo contrario les haríamos la vida difícil. Estábamos listos para tomar medidas severas contra ellos en cualquier momento. Las prostitutas que trabajaban en las casas de citas nos tenían mucho miedo y no sólo se lanzaban a nuestros brazos, sino que incluso nos daban dinero. Había un chico en nuestra comisaría que, con el pretexto de ser su novio, se las arregló para obtener fraudulentamente dinero y sexo de más de cien mujeres. Yo no conocía a un solo oficial de policía que no estuviera involucrado con prostitutas y yo también quedé tan profundamente atrapado en ese mundo que no podía liberarme, aunque quería hacerlo.
Como oficiales de policía, teníamos muchas oportunidades de ganar dinero y lo único que necesitábamos para conseguirlo era un poco de picardía. Por ejemplo, si una compañía o agencia de construcción quería construir algunas casas, dejábamos que los mafiosos locales pusieran barricadas junto a los lugares de construcción. Naturalmente, los constructores nos llamaban y nos presentábamos para resolver engañosamente el asunto echando a los “gamberros”. Las compañías o agencias de construcción —sin ser conscientes del engaño— estaban por supuesto muy agradecidas a nosotros y felizmente dispuestas a darnos algo de dinero cada mes. Pero este dinero era sólo una pequeña parte. Lo que queríamos conseguir realmente al causar problemas a los hombres de negocios era obtener lotes de participaciones gratuitas en sus compañías. Con este fin, llevábamos a cabo comprobaciones de los antecedentes del jefe de la compañía seleccionada y si él no satisfacía nuestras exigencias, hacíamos nuestro movimiento. En el caso de los jefes mujeriegos, enviábamos prostitutas para que los sedujeran. Después, los seguíamos hasta el motel o a donde fueran para sorprenderlos en el acto y coaccionarlos. En el caso de los jefes a quienes les gustaba el juego, hacíamos que pagaran grandes multas. Si alguno de ellos no cooperaba, enviábamos a los mafiosos para que los obligaran a dejar el negocio y marcharse de nuestro territorio. Los ciudadanos de a pie decían a menudo cosas como: “los policías y los ladrones son simplemente una gran familia” o “los policías y los mafiosos son tan íntimos como los peces y el agua”, y lo que dicen es cierto. Cuando empecé a hacer estos actos malvados, siempre me sentía incómodo con el pensamiento de estar ganando dinero sucio a través de medios injustos. Pero, cada vez que mis colegas me enganchaban en ello, me sentía incapaz de negarme, y después de algunos años ya no sentía el menor remordimiento. Estaba atascado en un agujero oscuro y no podía salir de él; pero no me importaba, mientras hubiera dinero por ganar. Me duele mucho recordar las veces en que eché por la fuerza de sus casas a ciudadanos de a pie para que las mismas pudieran ser derribadas en favor de proyectos de reurbanización. Eran situaciones llenas de corrupción, engaño, fraude y toda clase de malicia. Los oficiales del Departamento de Tierra y Recursos, y las unidades locales de demolición unían sus fuerzas para engañar y acosar a los residentes locales con el único fin de ganar dinero. Por ejemplo, los constructores contaban las casas que había en la zona que querían reurbanizar y le daban al gobierno local una estimación de la compensación que podían dar a los residentes por demoler sus casas y reubicarlos. Si la compensación era de un millón de yuanes por casa, los oficiales del gobierno local trabajaban con los del DSP para coaccionar a los residentes con el fin de que aceptaran una compensación menor y quedarse ellos con la diferencia. En general, el gobierno local quería proteger su imagen en tales casos, por lo que no trataba directamente con los residentes, sino que se lo encomendaba al DSP. En cuanto a esos residentes que se negaban a aceptar la compensación que se les ofrecía, la policía tenía numerosas formas diferentes de tratar con ellos: algunos eran detenidos por la fuerza; a otros se les notificaba simplemente que debían marcharse, se les demolía la casa y no recibían ninguna compensación; algunas casas se calificaban como construcciones ilegales no elegibles para la compensación; otras simplemente se demolían inmediatamente con retroexcavadoras; a algunos residentes se les daba un poco de dinero; a otros simplemente se les hacía una promesa de pago que nunca se cumplía. En resumen, usábamos cada sucia artimaña del repertorio para sacar dinero a las personas. Recuerdo una ocasión en la que estábamos bebiendo con un oficial del DSP de otro municipio. Él alardeaba de que una vez había demolido una casa de tres pisos, pero sólo había compensado al dueño por dos, aduciendo que el tercer piso era ilegal. El día de la demolición, el dueño se negó a salir y armó un gran escándalo, así que la policía llamó a sus amigos mafiosos, que —ante una multitud de personas— sacaron sus navajas y le cortaron los tendones de Aquiles. Fue algo terrible de ver y muchas personas de la multitud tomaron fotografías con sus teléfonos móviles, los cuales fueron inmediatamente confiscados por los oficiales de policía presentes. Alguien de la multitud también comenzó a gritar sobre la injusticia que se estaba cometiendo con el dueño de la casa. Lo invitaron amablemente a declarar en la comisaría. Una vez ahí, fue apresado. Incluso hubo un incidente en una zona rural cuando el dueño de una casa se negó a cooperar durante una demolición. El jefe de la compañía constructora consultó el asunto con la policía y después indicó al conductor de la excavadora que lo atropellara. Todos los demás granjeros se enfurecieron cuando vieron a uno de sus vecinos morir aplastado, agarraron al conductor de la excavadora y comenzaron a golpearlo. Entonces la policía rodeó a los 20 o 30 granjeros y se los llevó a la comisaría del DSP. Una vez allí, los golpearon y encerraron y, a los más reacios les inyectaron una droga que estimula el sistema nervioso central. Los que recibieron la droga manifestaron los mismos síntomas que alguien con una conmoción cerebral. Parecían aturdidos y aterrorizados, y no se atrevían a hablar. Ante fuerzas de seguridad como estas, las personas comunes no podían recurrir a la justicia independientemente de a quién apelasen. Para los ciudadanos que desgraciadamente tenían que enfrentarse al Gobierno o al DSP era como lanzar huevos contra una roca. De hecho, muchos de los formalismos usados en la expropiación de tierra y la demolición eran ilegales. Todos se apoyaban en una ocupación forzosa de la tierra, demoliciones y mudanzas forzosas, y en muchos lugares se usaban políticas obsoletas del gobierno como pretexto para engañar y confundir a los residentes locales con el fin de sacarles la mayor cantidad de dinero posible. Otro método era expropiar más tierra de la aprobada oficialmente. Por ejemplo, el nivel superior del Gobierno podía autorizar la expropiación de 8 hectáreas para la construcción de un puente y después el gobierno local usaría medios ilegales para apropiarse de otras 16. Las 16 hectáreas después se dividían entre los oficiales del gobierno local, oficiales de policía y mafiosos para venderlo a desarrolladores urbanos obteniendo inmensos beneficios. ¡Incluso escuché una vez que el jefe de una comisaría ganó más de 10 millones de yuanes al vender una parcela de tierra obtenida ilegalmente!
Al haber cometido estos actos malvados, totalmente desprovistos de humanidad (aunque en algunos de ellos no fui más que un participante pasivo), sentía que me había vuelto tóxico, cruel y despiadado. La oscuridad estaba extendiéndose por mi corazón y me estaba apartando de todo lo que era luminoso y bueno. Mi vida familiar iba de mal en peor: mi esposa pasaba sus días jugando al mahjong —ganaba o perdía miles de yuanes diariamente y llegaba tarde a casa—, nadie cuidaba de los niños y las tareas de la casa no se hacían. Mi casa era un caos y mi relación con mi mujer también. Empezamos a odiarnos el uno al otro, discutíamos airadamente con frecuencia y nos amenazamos con el divorcio en muchas ocasiones. Al final, simplemente dejamos que el otro tuviera lo que quería: mi mujer tenía su mahjong y yo mis devaneos amorosos con otras mujeres. Empecé a gastar dinero como si fuera agua, bebía y cantaba en los bares todas las noches, siempre acompañado por mujeres. Mi esposa se convirtió en una extraña para mí y nuestra familia era una sombra de lo que había sido. Fue ahí donde empecé a sentir que, aunque estaba ganando mucho dinero, mi vida era miserable. Yo era como un zombi, incapaz de tener un pensamiento racional y carecía de alma. Estaba permitiendo que Satanás corrompiera mi carne y viviendo una vida maldita.
Sin embargo, había una cosa que nunca olvidé: soy cristiano y no debo ofender a Dios. Hace unos diez años, el PCCh había emitido un importante edicto cuya principal declaración era que todos los creyentes en Dios debían ser arrestados y detenidos durante 15 días bajo la acusación de “alterar el orden público”. En realidad, la razón para arrestar a los creyentes era conseguir dinero multándolos y, por tanto, se nos ordenó arrestar únicamente a los que tuvieran dinero, porque nadie pagaría por la manutención de los creyentes pobres mientras estuvieran detenidos. No obstante, cada vez que un cristiano era detenido, yo me quedaba en un segundo plano porque sabía que eso era una ofensa a Dios y que cualquiera que ofendiera a Dios sufriría un castigo. Personalmente, vi a muchos de mis colegas que detuvieron y golpearon cruelmente a cristianos, llegar a sufrir el castigo de Dios. Algunos de ellos tuvieron una muerte dolorosa o trágica.
Sin embargo, frente a esas fuerzas oscuras, yo era incapaz de resistirme o de marcar alguna diferencia significativa como individuo. Lo único que podía hacer era seguir la corriente. Con el fin de aliviar un poco del sufrimiento de mi espíritu, empecé a asistir regularmente a la iglesia; pero descubrí que los pastores de mi iglesia ya no eran creyentes verdaderamente piadosos. En realidad, todos se habían convertido simplemente en oficiales más corruptos: el presidente del Comité del Movimiento Patriótico de las Tres Autonomías vendió todas las casas pertenecientes a la iglesia y se quedó con la mayor parte del dinero; el director de la Administración para Asuntos Religiosos, Li X, se confabuló con el presidente del Comité del Movimiento Patriótico de las Tres Autonomías (Wang XX) para usar los donativos de los creyentes como capital para su negocio de venta de automóviles y ambos fueron despedidos del oficio tras ser descubiertos; el siguiente presidente del mismo comité, Hao XX, malversó dinero de la iglesia que debía usarse para comprar muebles y también fue despedido. Después estaba el pastor Zhang, que usó una casa perteneciente a la iglesia como aval para pedir prestada una gran cantidad de dinero con la cual compró un automóvil para él y otro para el director de la Administración para Asuntos Religiosos. También mantenía relaciones sexuales con una monja y fue finalmente condenado a tres años de cárcel. No obstante, el director de la Administración para Asuntos Religiosos intentó exonerarlo de su responsabilidad diciendo a los feligreses: “El pastor Zhang se ha marchado a los Estados Unidos a estudiar durante tres años”. Yo veía que la comunidad religiosa estaba tan corrompida como mi mundo y supe que cada uno de esos falsos pastores fue finalmente castigado por Dios. Me ponía enfermo saber lo que estaba ocurriendo detrás de la oscura cortina en esos casos y me impactó descubrir que la corrupción y la oscuridad estaban desenfrenadas en todos los niveles de la sociedad de China. No podía encontrar ni un rayo de luz, por lo que perdí toda esperanza y me deprimí tanto que dejé la iglesia.
En 2001, unos amigos de mi ciudad natal me hablaron de la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días; pero en ese momento yo era extremadamente arrogante y no les mostré el respeto ni les presté la atención que merecían. Durante ese período me trasladaban a menudo a otros lugares como parte de mi trabajo, pero en cada lugar al que iba siempre había alguien preparado para compartir conmigo la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Sin embargo, siempre me negaba a profundizar en ello (ahora sé que todo eso formaba parte de los arreglos de Dios) porque simplemente no creía que Dios hubiera vuelto. No supe sino hasta 2005 que muchos de los amigos de la iglesia de mi madre habían aceptado la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Entonces empecé a tener mi primera percepción de la verdad cuando comencé a pensar: “¿Ha vuelto Dios realmente?”. No mucho después, mi esposa también aceptó la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días y, cuando ella compartió el evangelio conmigo, decidí leer algunos de los libros de las palabras de Dios para tratar de comprender todo a fondo. Sin embargo, en las reuniones de los meses siguientes, mi corazón seguía estando lleno de dudas sobre Dios. También solía estar muy cansado al tener que trabajar horas extra, por lo que dormitaba a menudo durante las reuniones. Como consecuencia, incluso después de algunos meses de reuniones, seguía sin entender nada, por lo que decidí buscar una excusa para escaparme de la iglesia y seguir ganando dinero.
Yo estaba planeando aceptar un puesto en Chongqing y, al oírlo, uno de los hermanos me pidió: “Hagas lo que hagas, no dejes a Dios. ¡Y no andes persiguiendo riquezas ilícitas o de lo contrario, por muchas riquezas que consigas, a partir de ahora las perderás todas!”. No creí una sola palabra de lo que él dijo y a los pocos días de llegar a Chongqing ya había ganado 30.000 yuanes. Al mismo tiempo, un colega me habló sobre un coche robado que estaba a la venta por sólo 28.000 yuanes. Decidimos capturar al ladrón; pero, si el coche estaba en buenas condiciones, lo compraríamos y revenderíamos para ganar más dinero. El automóvil estaba casi nuevo y tenía un valor nominal de más de 300.000 yuanes, por lo que decidí comprarlo allí mismo. Transferí 28.000 yuanes a la cuenta bancaria que el ladrón de coches indicó; pero tan pronto como el dinero llegó a su cuenta negó que me lo había vendido. Me acusó de habérselo robado e incluso me denunció a la policía. Así que acabamos todos en la comisaría de policía, donde el ladrón de coches recibió una fuerte paliza. Sin embargo, seguía sin admitir su crimen y dijo que quería hablar primero con su jefe. Hizo una llamada y poco después ocho tipos fornidos y con la cabeza rapada llegaron a la comisaría con todos los documentos para demostrar que el coche era un taxi. No tuvimos otra opción que dejar ir al delincuente. Más adelante llegué a sentir que Dios me había quitado realmente mis ganancias ilícitas. Estaba un poco aturdido y pensé: “¡Este es realmente el Dios verdadero!”. Después de ese incidente, siempre que no estaba trabajando, iba a las reuniones de la iglesia. Sin embargo, no tenía realmente mucha entrada en la vida, ya que seguía prefiriendo mantenerme a la deriva en el mundo de la maldad. Aún no había lugar para Dios en mi corazón, pero afortunadamente Dios no había renunciado a mi salvación.
En otoño, un colega y yo teníamos que ir a otro lugar a localizar un dinero que era parte del caso en que estábamos trabajando. Aunque seguía sin haber empezado a buscar la verdad desde que creía en Dios Todopoderoso, me mantenía lejos de las tentaciones porque sabía que la promiscuidad era uno de los vicios que Dios más odiaba. No obstante, mi colega insistía en que fuéramos a que nos dieran un masaje y fui incapaz de resistir la tentación. Después de recibir nuestros masajes, aún eran sólo las 2:00 de la tarde y, por tanto, decidimos ir a un motel. Mi colega llamó a dos señoritas de compañía, estudiantes, para que se unieran a nosotros; pero antes de que empezáramos a hacer algo, sonó el teléfono. Era mi mujer: “Acaban de darte un masaje y ahora te vas a un motel. ¡Estás cometiendo un error y Dios va a castigarte!”. Yo estaba estupefacto, ¿cómo lo supo? Toda una serie de dudas y sospechas surgió en mi mente e hizo que me sintiera incómodo. Le dije a mi colega que yo creía en Dios y que Él podía verlo todo, por lo que no me atrevía a hacer nada con las chicas. Él no me creía y me quitó el teléfono móvil. Mi mujer habló con él y también lo reprendió con dureza. Entonces mi colega me dijo repetidamente: “Tu Dios debe de ser realmente Dios para ser tan asombroso. El equipo de seguimiento que nosotros los policías usamos, sólo funciona cuando hay un dispositivo de localización en la ropa del sospechoso; sin embargo, aquí estamos sentados desnudos en este motel. Por lo visto, la tecnología de vuestro Dios es mucho más avanzada que la nuestra”. Más tarde, cuando fui a hacer una llamada telefónica, descubrí que sin darme cuenta el teléfono le había marcado a mi mujer tres horas antes de que ella me llamara. En otras palabras, todo el tiempo que estuvimos en el salón de masaje y después en el motel, ella pudo escuchar nuestras conversaciones. Sin embargo, lo que me desconcertaba totalmente era que mi teléfono estaba configurado para bloquearse automáticamente cuando no lo estaba usando. ¿Pudo haber sido Dios el causante de que mi teléfono hiciera esa llamada? Empecé a sentirme muy incómodo y mi colega y yo decidimos despedir mejor a las dos señoritas de compañía. No obstante, las dos chicas se negaron a marcharse y no nos dejarían solos. De repente, el lado derecho del pecho empezó a dolerme y mi colega tuvo un dolor terrible en la parte superior de la frente. Ambos sentíamos que esto no era una buena señal, pero seguíamos siendo incapaces de resistirnos a la seducción de las dos chicas. Después de que se fueron, mi colega dijo: “Nos quedan algunos días más con el caso por aquí. ¿Por qué no buscamos un par de chicas para que nos acompañen? No creo que eso nos pueda hacer daño”. Yo tenía un lío en la cabeza, así que simplemente me fui con él y encontró rápidamente otras dos chicas. Alrededor de las 6:00 de la tarde, los cuatro íbamos en la carretera y, mientras mi colega conducía, me quedé dormido. Dos veces soñé que el coche se quedaba sin dirección y frenos. Como consecuencia, mi colega casi se había estrellado una vez empezado el viaje y después estuvimos a punto de caer por un barranco. Yo estaba muy nervioso, así que decidí ponerme al volante. Cuando estábamos atravesando una zona montañosa de Guizhou y llegamos a una curva cerrada (con un gran barranco por delante) sentí de repente que era justo como la escena de mi pesadilla y que el coche no tenía dirección ni frenos. De repente, un rayo de luz brilló sobre mí y vi que íbamos directos al barranco. Giré el volante bruscamente y chocamos contra una gran piedra. El impacto fue violento y quedé inconsciente. Cuando recuperé gradualmente la conciencia, vi que un policía de tráfico estaba cortando el volante, que me presionaba con fuerza el lado derecho del pecho y me tenía sujeto al asiento. Desperté totalmente y fui consciente del intenso dolor en el lado derecho de mi pecho, tan atroz que pensaba que me iba a morir cada vez que respiraba. Levanté la cabeza y vi que mi colega había salido despedido del coche y que yacía varios metros delante de mí, sobre una gran piedra. Estaba de cara a mí y pude ver una gran herida que se extendía por toda la parte superior de su frente y su rostro estaba cubierto de sangre. Pensé que estaba muerto y toda la escena hizo que me estremeciera. Entonces giré la cabeza y vi a las dos chicas bañadas en sangre en el asiento trasero. Tampoco se movían y el hecho de que el policía estuviera tratando de salvarme a mí, me hizo pensar que probablemente también estaban muertas. Cuando me levantaron sobre la camilla, caí nuevamente inconsciente y recuperé la conciencia a la hora del almuerzo del día siguiente. Mi esposa estaba sentada a mi lado y le pregunté inmediatamente por los otros tres. Me dijo que todos seguían vivos. Me emocioné mucho y empecé a llorar. Cuando lloraba, oré a Dios: “¡Oh, gracias, gracias Dios! ¡Tú me salvaste! ¡De no ser por ti habría muerto hace mucho tiempo! Esta es Tu forma de castigarme y también es Tu amor. A partir de ahora, no haré nunca más estas cosas malvadas. ¡Sé que me he equivocado!”. En una fecha posterior, leí estas palabras de Dios: “Como no sabéis cómo llevar una vida o cómo vivir, vivís en este lugar libertino y pecador, y sois diablos libertinos e inmundos, Él no soporta dejar que os volváis aún más depravados; tampoco soporta veros vivir en un lugar inmundo como este, pisoteados por Satanás a su antojo, o para dejaros caer en el Hades. Él sólo quiere ganar a este grupo de vosotros y salvaros totalmente. Este es el propósito principal de hacer la obra de conquista en vosotros, es sólo para salvación” (‘La verdad interna de la obra de conquista (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me ayudaron a entender Sus propósitos: aunque el accidente de tráfico pareció ser algo malo a simple vista, estaba claro que oculto en él se encontraba el esfuerzo de Dios por salvarme. Él había empleado un método muy poco habitual para salvarme del borde de la destrucción y apartarme del rastreo de Satanás, de forma que pudiera obtener Su cuidado y protección. Yo podía sentir realmente el amor de Dios y este fue el acontecimiento que me hizo estar seguro de Dios.
Conforme pasaba el tiempo, empecé a aprender más sobre el carácter justo de Dios. En el pasado gané mucho dinero de forma ilícita, lo cual me había proporcionado un estilo de vida lujoso y muchos placeres materiales. Sin embargo, yo había cometido tantísimos pecados y crímenes que estaba viviendo en un estado de ansiedad permanente y me encontraba con un infortunio tras otro, o problemas en el hogar o una variedad de accidentes y contratiempos. Vivía todos los días con un gran nerviosismo y sabía que la mayoría de mis colegas también sufrían con frecuencia diversos infortunios. En ese momento leí estas palabras de Dios: “Los malvados deben ser castigados” y ahí fue donde entendí que ningún hombre o mujer puede ofender el carácter de Dios. ¡Si hacemos algo malo, sufriremos retribución por ello! A partir de ahí, decidí que no haría nada que fuera en contra de mi conciencia y que sólo recibiría mi salario y me contentaría con él. Aunque mis ingresos decrecieron mucho, sentía mucha más paz y alivio. En ese momento, me preocupaba no ganar suficiente dinero y caer finalmente en la pobreza. Sin embargo, las experiencias me mostraban una y otra vez que Dios lo gobierna todo y que lo único que tenemos que hacer es someternos a Él de forma sincera y seremos bien recompensados con Sus bendiciones. Para ser honesto, cuando dejé de hacer cosas malas, la economía de la familia se vio gravemente afectada. En una ocasión, mis hijos necesitaban 12.000 yuanes para pagar las tasas escolares. Iba a intentar pedir prestado el dinero a alguien, pero simplemente no era capaz de preguntar, lo cual me dejó preocupado durante un tiempo. Quién hubiera pensado que, por la mañana temprano del día siguiente, una de mis vecinas llamaría a mi puerta para decirme que su marido me conocía y que ella tenía una casa que había estado tratando de vender sin éxito durante un tiempo. Resultó que la noche anterior ella había tenido un sueño y la persona que aparecía en el mismo le dijo que yo podía ayudarla a vender la casa y que yo era la única persona que podía hacerlo. En consecuencia, me dijo que tenía que ayudarla, ¡sí o sí! No podía negarme, así que salí de mi bloque de apartamentos, busqué a un agente inmobiliario cercano y le di todos los detalles necesarios. Por alguna extraña coincidencia, justo en ese momento había un comprador potencial en la oficina del agente y en dos días la casa estaba vendida. El agente me dio 10.000 yuanes de comisión y la vecina otros 2.000, lo cual solucionaba el problema de la matrícula de mis hijos. Al ayudarme a resolver este problema urgente, Dios me mostró cómo obra Él. En otra ocasión, otra persona me pidió ayuda para vender una casa y como la misma se vendió por un buen precio, pude ganar decenas de miles de yuanes en un mes o así. Después de experimentar hechos maravillosos de Dios, llegué a entender que mientras cumpliera las exigencias de Dios, Él siempre abriría un camino delante de mí. Saber que las manos de Dios lo arreglan todo me permitió dejar de buscar dinero turbio, el cual era fuente de una gran ansiedad para mí. También pude ver claramente todas las bendiciones que Dios había concedido a mi familia: después de creer en Dios, mi esposa pudo vencer su adicción de diez años de jugar al mahjong y su enfermedad estomacal, así como su reumatismo graves desaparecieron como por arte de magia, dejándola con un aspecto y sintiéndose muchos años más joven; y yo me sentía libre y con más energía después abandonar los actos malvados. Nuestra relación se volvió amable y armoniosa. Por primera vez, sentí verdadera alegría.
Después de experimentar el amor y la salvación de Dios, a la par que disfrutaba de una paz y un alivio espirituales recién encontrados, descubrí que cada vez más luz estaba llegando a los recovecos más profundos de mi corazón. Era como si hubiera redescubierto la fe y la confianza en Dios que había tenido de niño. Ya no estaba dispuesto a cometer ningún pecado y, por tanto, después de mucho pensarlo, decidí renunciar a mi trabajo y no volver nunca al trabajo policial. Sin embargo, tan pronto como me decidí a dejar atrás el pecado, Satanás empezó a ponerme a prueba de nuevo: mi jefe me dijo que quería ascenderme y no sólo me prometió un aumento de sueldo, sino que también me iba a asignar un Audi para mis desplazamientos. El pensamiento de conseguir esos beneficios me entusiasmó de nuevo y no dormí nada esa noche. Así que oré a Dios: “Oh Dios, realmente no sé si renunciar o no a este trabajo. Me encantan los Audis. He querido uno desde que era niño”. Justo cuando estaba vacilando así, recibí una llamada inesperada de mi mujer: “¿Cómo es que no estás aún en casa?”. Le dije la razón y ella contestó: “¿No quieres renunciar a ese trabajo? ¡Entonces morirás en un Audi!”. Ahí fue cuando me di cuenta de que la llamada repentina de mi mujer formaba parte de los arreglos de Dios y por tanto decidí en ese mismo momento dejar mi trabajo. Un mes después, el 12 de mayo de 2008, tuvo lugar el primer y devastador terremoto de Sichuan. El día después del temblor, recibí una llamada de la mujer de un antiguo subordinado: “Tienes que venir a Wenchuan tan pronto como puedas. ¡Mi marido ha muerto!” (él iba conduciendo por Wenchuan, el epicentro del seísmo, camino de una reunión). Cuando llegué, vi que el Audi en el que se encontraba mi antiguo colega había sido aplastado por una roca gigante y tanto él como los otros pasajeros habían muerto. Sólo su mujer había sobrevivido porque había salido anteriormente del coche para ir al baño. Cuando vi la forma tan horrible en que mi antiguo colega había muerto dentro de ese Audi, lloré intensamente; pero también hice una oración de agradecimiento a Dios: “Gracias, Dios. Gracias por salvarme de nuevo. ¡Yo debía ser uno de los que murieron en ese Audi!”. Más tarde, su esposa me preguntó: “¿Por qué renunciaste? Mi marido quiso tu trabajo durante mucho tiempo. Tú lo tratabas bien, ¡pero él sólo quería hacerte caer tan pronto como pudiera!”. Le dije: “Renuncié porque ahora creo en Dios Todopoderoso”. Y también le conté todas las cosas que habían ocurrido desde que empecé a creer en Dios. Y así, ella también llegó a aceptar a Dios Todopoderoso más adelante.
Las palabras de Dios dicen: “Echa un vistazo a la época del arca de Noé: la humanidad era profundamente corrupta, se había desviado de la bendición de Dios, Él ya no cuidaba más de ella, y había perdido Sus promesas. Vivía en las tinieblas, sin la luz de Dios. Así pues, los hombres se volvieron licenciosos por naturaleza, abandonados a sí mismos a una depravación horrible. Tales hombres ya no podían recibir la promesa de Dios; no eran dignos de ver el rostro de Dios, ni de oír Su voz, porque lo habían abandonado, habían dejado de lado todo lo que Él les había concedido, y se habían olvidado de las enseñanzas de Dios. Su corazón se apartaba más y más de Dios, y conforme lo hacía, se volvieron depravados más allá de toda razón y humanidad, y cada vez más malvados. Así pues, cada vez se acercaron más a la muerte, y cayeron bajo la ira y el castigo de Dios” (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me conmovieron mucho. Recordé que convertirme en oficial de la administración del PCCh fue como caer en un gran contenedor de pecado y hundirme cada vez a más profundidad con cada paso que daba. Recordé todas las trampas que utilizaba para ganar dinero, cómo usé mi posición para enriquecerme, la buena vida y las comidas exquisitas, así como cuán degradado y degenerado llegué a ser. Estaba viviendo una existencia infrahumana y todo eso sucedió porque me aparté de Dios y me relacioné con demonios malvados. Mi aprieto había sido totalmente una consecuencia de mi relación con Satanás y los demonios, y si Dios no me hubiera salvado, mi destino habría sido el mismo que el de esas personas que traicionaron a Dios en la época de Noé: ¡la ira y el castigo de Dios me habrían sobrevenido y yo habría muerto como mi colega! Hoy en día, Dios se ha encarnado en forma humana para expresar verdades con el fin de purificar y salvar a las personas. Ha venido para despertar nuestros corazones y espíritus, para ayudarnos a dejar atrás el pecado y obtener Su cuidado y protección. La obra de Dios es extremadamente práctica y Su amor extremadamente real. Cuando me volví a Dios y empecé a vivir mi vida conforme a Sus palabras, Él no sólo me salvó del pecado y me bendijo, ¡también me salvó la vida! Eso me hizo entender a qué se refería Dios cuando dijo: “Sólo Noé adoró a Dios y se apartó del mal, y por eso fue capaz de oír Su voz, y Sus instrucciones. Él construyó el arca siguiendo las instrucciones de la palabra de Dios, y reunió a toda forma de criaturas vivientes. Y de esta manera, una vez que todo se había preparado, Dios desató Su destrucción sobre el mundo. Sólo Noé y los siete miembros de su familia sobrevivieron a la destrucción, porque Noé adoró a Jehová y se apartó del mal”. Dios nos está diciendo que Noé obtuvo las bendiciones de Dios y sobrevivió porque escuchó a Dios, lo hizo todo conforme a las palabras de Dios, adoró a Dios y se mantuvo apartado del pecado. En estos tiempos modernos, nosotros también debemos llevar nuestra vida conforme a las palabras de Dios. Por muy malos o corruptos que hayamos sido, mientras podamos aceptar verdades, arrepentirnos verdaderamente y poner en práctica las palabras de Dios, también obtendremos la salvación y la gracia de Dios. ¡Estoy seguro de que cualquiera que oiga cómo obró Dios en mí, podrá entender que Él emplea todos los medios cuando se trata de salvar a las personas y que no dejará que una sola alma inocente caiga en el inframundo!
A todos mis hermanos de armas en las fuerzas policiales del DSP que llegan a todos, les digo que todas las palabras anteriores proceden directamente de mi corazón. Sé que todos han tenido muchas experiencias amargas de las que les resulta difícil hablar y que deben hacer muchas cosas que no quieren hacer; pero hagan lo que hagan no se dejen engañar por el PCCh ni luchen más contra Dios Todopoderoso. Los invito a todos a que se concedan a sí mismos algún espacio para retroceder o de lo contrario se verán en el camino a la condenación. ¡Tan pronto como alguien hace algo que ofende a Dios, está fuera de la redención porque blasfemar o resistirse a Dios es un pecado que no puede perdonarse en esta vida ni en el más allá! Justo como Ren Changxia, una jefa de policía de la provincia de Henan que usó su posición para tomar medidas drásticas contra la Iglesia de Dios Todopoderoso y arrestar a sus miembros: sufrió una muerte terrible en un accidente de tráfico. Eso confirma completamente lo que Dios Todopoderoso ha dicho: “Los malvados deben ser castigados”. “Quien resiste la obra de Dios será enviado al infierno”. ¿Cómo pueden luchar contra Dios los mortales comunes? Asimismo, mi propia experiencia debe de ser suficiente para mostrales cómo Dios no lleva la cuenta de nuestras transgresiones, así que, mientras renuncien a sus caminos malvados y empiecen a hacer el bien, se arrepientan ante Dios y vuelvan a Él, ¡ustedes también podrán disfrutar de la paz y la felicidad!

jueves, 26 de septiembre de 2019

Película cristiana en español | "Rompe las cadenas y corre" El Señor es mi pastor y mi fuerza"

   


  Película cristiana en español | "Rompe las cadenas y corre" El Señor es mi pastor y mi fuerza


Lee Chungmin era anciano de una iglesia de Seúl (Corea del Sur). Durante más de veinte años, sirvió fervientemente al Señor y se concentró por completo en el estudio bíblico. Siguiendo el ejemplo de sus líderes religiosos, pensaba que creer en el Señor era creer en la Biblia y que tener fe en la Biblia era precisamente lo mismo que tener fe en el Señor. Creía que, mientras se aferrara a la Biblia, podría ser arrebatado al reino de los cielos. Estas concepciones lo limitaban como unas cadenas y le impedían creer en Dios y seguir Sus pasos. Como consecuencia, Lee Chungmin nunca pensó en investigar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días...

Un día, por pura casualidad, vio unos vídeos de himnos en la web de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Sus emotivas letras y sus elegantes melodías lo conmovieron profundamente y lo inspiraron a investigar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Tras una serie de debates sobre la verdad, comprendió la verdad interna de la Biblia gracias a las palabras de Dios Todopoderoso, y entendió claramente los verdaderos hechos de la situación: los fariseos del mundo religioso se oponen a la aparición de Dios, la condenan y obran bajo el pretexto de que exaltan la Biblia. Al final, logró liberarse del control y las limitaciones de los fariseos religiosos y seguir las huellas de Dios...

miércoles, 25 de septiembre de 2019

15 Caminando por la senda luminosa de la vida

Caminando por la senda luminosa de la vidaXie Li, Estados Unidos

Solía ser alguien que perseguía las tendencias del mundo, quería rendirme a una vida de placer y sólo me importaban los placeres de la carne. A menudo pasaba toda la noche en el karaoke con mis amigos, me escapaba en mitad de la noche, salía al océano a pescar y viajaba por todas partes en busca de buena comida. Veía a quienes me rodeaban; ellos también se esforzaban por comer bien, llevar ropa bonita y disfrutar de las cosas buenas. Sentía que estas eran las cosas por las que uno debe trabajar en la vida, que por eso debes trabajar duro para ganar dinero, que este es el objetivo que todos deberían tener en la vida. Sólo con estas cosas la vida no sería en vano. Para obtenerlas, no me importaba la distancia que tuviera que recorrer, así que crucé el océano para venir a Estados Unidos y, después de esforzarme durante varios años, abrí mi propio negocio. Tenía mi propio auto y mi propia casa. Estaba viviendo la vida bendita con la que había soñado. Todos los días comía, bebía y buscaba placeres hasta saciarme y hasta que mi corazón estuviera satisfecho. Pensaba que la vida sólo tenía sentido viviendo de esta manera, y así fue hasta que recibí la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días. Sólo después de experimentar el juicio y el castigo de Dios me di cuenta de qué es una vida verdaderamente significativa y luego empecé a caminar por la senda luminosa de la vida.
En mayo de 2016, mi esposa me legó el evangelio del reino de Dios Todopoderoso. Leyendo Su palabra, tomé conciencia del plan de gestión de Dios de seis mil años para salvar a la humanidad y también llegué a entender que Dios Todopoderoso es el Jehová Dios que condujo a los israelitas fuera de Egipto, que Él también es el Señor Jesús que redimió a la humanidad siendo crucificado y que ahora Él ha regresado en la carne para expresar la verdad y llevar a cabo la obra de juzgar, purificar y salvar al hombre… En poco tiempo, empecé a participar en la vida de la iglesia en la Iglesia de Dios Todopoderoso y allí entré en contacto con los hermanos y hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Vi que todos eran muy sinceros, no había fingimiento ni cortesías vacías en las palabras que decían, y estar en contacto con ellos me dio una sensación de liberación que antes nunca había sentido.
Cuando empecé a asistir a las congregaciones de la iglesia me sentí fresco y quería reunirme con los hermanos y hermanas, buscar la verdad adecuadamente y buscar un cambio en mi carácter de vida. Pero, puesto que hasta este momento había codiciado las comodidades de la carne y buscado los placeres de la vida, no podía evitarlo aunque tenía el deseo de congregarme y buscar la verdad. Una vez, cuando un amigo me invitó a cenar, era a la vez que una congregación de la iglesia, lo cual me hizo sentir un gran conflicto interno. ¿Debía ir o no? Pensé para mis adentros en esta pregunta: “Ha pasado mucho tiempo desde que salí a divertirme. No es fácil para mi amigo invitarme hoy, así que debería ir. Después de todo, mis amigos no me invitan a salir todos los días y simplemente puedo ir a la congregación de la iglesia la próxima vez”. Así que aseguré que tenía algo que hacer y descarté mi plan de ir a la congregación de la iglesia y, en lugar de eso, salí a cenar. Comimos, bebimos y fuimos al karaoke, pero en el camino de vuelta a casa no sentía nada de felicidad en mi interior. En lo profundo de mi corazón, sentía una especie de vacío indescriptible y también tenía sentimientos de culpa. Recordé el pasado. Cuando estaba en la comida con amigos y otros aldeanos, todos fueron muy cordiales conmigo en la mesa, pero a mis espaldas se estaban devanando los sesos, maquinando, intentando encontrar la forma de estafarme. Tratar con todos ellos hizo que me sintiera muy cansado. Simplemente no pude encontrar a nadie con quien hablar de las cosas que me importaban. Aquel día salí, comí y bebí tanto como quise y también satisfice a mis amigos, pero ¿qué gané realmente? Me sentía vacío e indefenso, sentía que había decepcionado a Dios y lo lamentaba por mis hermanos y hermanas.
Sin embargo, este vacío en mi espíritu, este sentimiento de culpa aún no podía liberarme de las tentaciones del mundo de los placeres sensuales. En mi corazón todavía anhelaba rendirme a una vida de placer, a cosas que pertenecen a la carne, pero Dios arregló las cosas y estableció un ambiente de manera práctica para cambiar estos puntos de vista erróneos sobre la búsqueda. Con la llegada del Día Nacional, mi esposa me sugirió: “Hagamos una celebración sencilla y, luego, con el tiempo que nos sobre, podemos leer un poco más de la palabra de Dios y mirar algunos vídeos de la familia de Dios para poder equiparnos con más verdad y entender la gracia de la salvación de Dios”. Pero en realidad no me tomé en serio las palabras de mi esposa y, en cambio, empecé a hacer preparativos de cómo iba a celebrar las fiestas. Elegí cuidadosamente la ruta que iba a seguir, fui al mercado y compré toda la comida y otras cosas que necesitaría. Decidí ir a la playa con mi esposa y hacer una pequeña barbacoa. Entonces, cuando llegó el Día Nacional, me llevé a mi esposa y salimos felizmente en el auto. Sin embargo, no todo iba según lo previsto; hubo atasco durante todo el trayecto y, a mitad de camino, nos dimos cuenta de que el GPS no funcionaba correctamente, así que íbamos por el camino equivocado. No fue fácil llegar a nuestro destino y, al final, cuando llegamos a la playa hacía mucho viento, por lo que nos resultó imposible hacer nuestra barbacoa. Así que mi esposa me pidió que diera media vuelta y volviera a casa, pero yo no estaba dispuesto a hacerlo. Insistí en que siguiéramos conduciendo en busca de un parque cercano donde pudiéramos hacer nuestra barbacoa, pero los tres parques a los que fuimos estaban llenos de gente y ni siquiera había dónde aparcar. Sólo después de todo esto di media vuelta a regañadientes para volver a casa. Camino de casa, había tanto tráfico como antes. Originalmente, nos habíamos propuesto hacer una barbacoa para almorzar, pero ya eran más de las cuatro de la tarde y todavía no habíamos cocinado nada. Estábamos hambrientos. Generalmente siento que estoy en lo correcto y tengo plena confianza en mí mismo y en aquel momento no estaba de humor ni quería decir nada. Simplemente me quedé callado y conduje de vuelta sintiéndome descontento. Fue en ese momento cuando el auto que tenía delante frenó de repente, así que yo tuve que frenar rápidamente. Aunque no golpeé el auto que estaba delante, el auto que había detrás de mí me golpeó por detrás. Afortunadamente, nadie resultó herido y sólo se abolló un poco la superficie del auto. Sabía que Dios había permitido aquel suceso, no estaba buscando culpar al otro conductor, así que simplemente me fui. Pensé para mis adentros: “Eh, todos los planes cuidadosos que hice para las vacaciones fueron un esfuerzo desperdiciado; es verdad que los planes nunca pueden seguir el ritmo de los cambios y que Dios lo dispone todo. Realmente no debería haber salido hoy para rendirme a los placeres de la vida. ¡No debería haber confiado en mi propio estado de ánimo!”.
Cuando llegamos a casa, mi esposa y yo leímos juntos varios pasajes de la palabra de Dios: “Más y más personas tratan los relatos de la obra de Dios y Sus palabras durante la era Antiguo Testamento como mitos y leyendas. En sus corazones, las personas se vuelven indiferentes a la dignidad y a la grandeza de Dios, al principio de que Él existe y que domina todas las cosas. La supervivencia de la humanidad y el destino de países y naciones ya no son importantes para ellas. El hombre vive en un mundo vacío, que se preocupa sólo con comer, beber, y buscar el placer… Pocas personas asumen el buscar dónde lleva a cabo Dios Su obra hoy, o cómo preside y organiza el destino del hombre” (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Un mundo que se está volviendo uno de regocijo y esplendor cada vez más. Cuando las personas consideran el mundo, su corazón se siente atraído por él y muchas son incapaces de librarse de él […]. Si no te esfuerzas por progresar, y no tienes ideales, esta ola pecaminosa te arrastrará” (‘Práctica (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios Todopoderoso hacen muy clara y evidente la esencia de las tendencias del mundo, que sólo son Satanás seduciendo al hombre y convirtiéndolo en un depravado. Sólo son trucos y maquinaciones con el propósito de devorar al hombre. Satanás sólo utiliza el comer, el beber, la búsqueda del placer y otras cosas que se ajustan a la carne para engañar al hombre y atarlo. Cuando el corazón del hombre es poseído por estas cosas que pertenecen a la carne, el hombre ya no estará inclinado a buscar cosas positivas y se distanciará de Dios cada vez más, lo cual provocará que sea devorado y capturado por Satanás. Por medio de la lectura de la palabra de Dios me di cuenta de que mis puntos de vista sobre la búsqueda eran completamente erróneos. Independientemente de lo que me preocupa, ya sea comer, beber, buscar placeres de la carne o buscar una vida en la que estoy por encima de los demás, todas estas cosas son el resultado de que Satanás corrompa a la raza humana. He confirmado a través de mis propias experiencias que, cuando uno busca estas cosas que pertenecen a Satanás, sólo se vuelve cada vez más depravado, disoluto y libertino. Sólo conseguirá que aumente su codicia, su egoísmo, su maldad y su traición. Vivirá en pecado y carecerá de una humanidad normal. Aunque el hombre disfrute cada vez más de estas cosas, aunque obtenga más y más de las mismas, al final seguirá estando en un espacio vacío. Si el hombre poseyera todas estas cosas pero no viniera ante Dios, la vida seguiría siendo en vano y carecería de importancia o valor. El hombre sólo irá por la senda de vivir una vida correcta viniendo ante Dios, creyendo en Él y adorándolo, y sólo entonces se liberará de una vida de vacío y maldad. Por eso, decidí cambiar la forma en que vivo mi vida y caminar por la senda correcta de la vida.
Cuando vi a mis hermanos y hermanas dedicándose activamente a Dios, cuando vi su devoción en el desempeño de sus deberes y su búsqueda de vidas significativas, yo también sentí el deseo de buscar estas cosas y de vivir el camino que viven las personas auténticas como lo requiere Dios. Así que, además de las congregaciones habituales, también quería hacer tiempo para desempeñar mis propios deberes. Fue en aquel momento cuando la iglesia arregló algunos deberes para mí. Querían que manejara un auto para llevar a dos de nuestras hermanas a algún sitio y que las recogiera la semana siguiente. La primera vez que se me encomendó este deber, yo accedí felizmente. Pero cuando se fueron los hermanos y hermanas que me asignaron esta tarea, empecé a pensarlo dos veces e incluso me arrepentí un poco: “Vaya, hombre, se supone que el día en que debo llevar a estas hermanas es mi día libre y la semana siguiente tengo que ir a recogerlas. Tendré que levantarme muy temprano esos dos días. No importa lo largo que sea el viaje, lo importante es que es muy fácil que esa carretera se congestione con el tráfico. Es mejor ir temprano en la mañana porque luego hay menos autos, pero ¿quién sabe cuánto tiempo me quedaré atascado en el tráfico en el camino de regreso? Todo mi tiempo se desperdiciará sentado en el atasco y no tendré mi día libre…”. Cuando mi esposa me oyó quejándome así, me dijo: “Desempeñar tus deberes no es tan sencillo como habías imaginado. Definitivamente supondrá que pongas la verdad en práctica. Practicar la verdad es abandonar la carne y significa que sufrirás dificultades y pagarás un precio. Piénsalo, solías salir y beber, comer y buscar placeres, y aunque en realidad no te divirtieras después de un día agotador, nunca te quejabas. Pero ahora te han asignado una tarea y tienes que dedicarle parte de tu tiempo, ir por una senda que tiene dificultades, pero en tu corazón no quieres hacerlo. Aunque por fuera este deber parece algo dispuesto por tus hermanos y hermanas para ti, en realidad no estás desempeñando este deber para una persona en particular, sino para satisfacer a Dios y devolver Su amor. Este deber se te ha asignado hoy, este es Dios elevándote y este es el amor de Dios que desciende sobre ti. Deberías apreciarlo. No te quedes con remordimientos con tu primer deber”. Después de decir esto, me leyó un pasaje de la palabra de Dios: “Todo lo que haces requiere que pagues un determinado precio en tus esfuerzos. Sin dificultades reales no puedes satisfacer a Dios, ni siquiera te acercas a ello, ¡y sólo estás diciendo eslóganes vacíos! ¿Pueden estos eslóganes vacíos satisfacer a Dios? Cuando Él y Satanás luchan en el ámbito espiritual, ¿cómo deberías satisfacer a Dios? ¿Y cómo deberías mantenerte firme en tu testimonio de Él? Deberías saber que todo lo que te ocurre es una gran prueba y el momento en que Dios necesita que des testimonio. Externamente podrían no parecer mucho, pero cuando estas cosas ocurren muestran si amas o no a Dios. Si lo haces, serás capaz de mantenerte firme en tu testimonio de Él, y si no has puesto en práctica el amor a Dios, esto muestra que no eres alguien que pone en práctica la verdad, que no la tienes ni tienes vida, ¡que eres paja! Todo lo que acontece a las personas tiene lugar cuando Dios necesita que se mantengan firmes en su testimonio de Él. No te ha ocurrido nada importante por el momento, y no das un gran testimonio, pero cada detalle de tu vida diaria tiene relación con el testimonio de Dios” (‘Sólo amar a Dios es realmente creer en Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).
Cuando terminé de leer la palabra de Dios Todopoderoso, cuando terminé de escuchar las palabras de mi esposa, me di cuenta de que al encomendarme este deber, Dios estaba haciéndome una prueba real para ver si podía satisfacer a Dios y sufrir dificultades o no. Pero lo que revelé era que yo sólo tenía en cuenta los intereses de mi propia carne, que sólo tenía en cuenta mis beneficios y pérdidas personales, que no estaba dispuesto a sufrir ni a pagar un precio y que, en cambio, estaba quejándome de las cosas. Vi que estaba siendo extremadamente egoísta, que los deleites carnales, como beber, comer y otros placeres, ya habían superado el estatus de Dios en mi corazón. Estaba perfectamente feliz de gastarme todo lo que tenía, de pagar cualquier precio para comer, beber y buscar placer, pero cuando se me encomendó un deber que requería que dedicara mi tiempo a Dios empecé a calcular mis propios beneficios y pérdidas y no estaba dispuesto a practicar la verdad para satisfacer a Dios. Estos pensamientos y acciones míos harían que Satanás se riera de mí y no me permitirían ser testimonio ante Dios. Cuando llegué a entender estas cosas vine ante Dios rápidamente y oré que me diera la voluntad para asegurarme de poder abandonar mi carne y dejar de seguir a Satanás, ¡para poder ser testimonio ante Dios y derrotar a Satanás en la lucha espiritual en la que me encontraba! Después de cambiar de actitud en cuanto a mi deber, en mi cooperación práctica, vi en efecto la bendición de Dios. No importaba si era cuando llevaba a las hermanas al lugar donde iban o volvía a recogerlas, en ninguna dirección me encontraba grandes atascos. Había excedido mi imaginación por completo y mis concepciones fueron verdaderamente contrarrestadas. Experimenté por primera vez la sensación de paz y felicidad que me traía el desempeño de mi deber y también vi que cuando las personas abandonan la carne y practican el satisfacer a Dios, Él no sólo les allanará el camino, sino que también les permitirá entender la verdad y ver Sus actos. De pronto sentía que esto me hacía más feliz que ir de vacaciones o comer comidas extravagantes. Resulta que hacer esto durante un día de descanso verdaderamente no es una pérdida de tiempo. ¡De hecho es bastante significativo!
Dentro de estas experiencias prácticas, pude conocer por mí mismo el dulce sabor de abandonar mi carne y desempeñar mi deber para satisfacer a Dios. Vi que todo lo que Dios hace es para salvarme de la oscura influencia de Satanás, para que un día, muy pronto, pueda caminar por la senda correcta de buscar la verdad. Estas cosas son todo el amor y la salvación de Dios. Pasaron unos cuantos días y luego recibí una llamada de un hermano. Me preguntó si estaba dispuesto a ir a otro estado para recoger a algunos hermanos y hermanas o no y acepté sin la menor vacilación. Después de acceder a esto, no sentí quejas. Estaba perfectamente dispuesto a hacer lo que se suponía que debía hacer y feliz por ello, y todo el viaje transcurrió sin obstáculos. Después de llevar a los hermanos y hermanas a su destino a salvo, me sentí muy orgulloso de mí mismo porque era la primera vez que desempeñaba mi deber de buena gana, sin impurezas. Esto también me enseñó que desempeñar el deber que debe cumplir una criatura realmente es lo más significativo que puede hacer uno. Ya no quería comer, beber y buscar placeres, ya no quería buscar los placeres de la carne y lo único que quería hacer era buscar la verdad, aceptarla y practicarla para poder convertirme algún día, pronto, en alguien que verdaderamente ame a Dios. Estas pequeñas cosas en mi vida han llegado a cambiarme de formas de las que no soy consciente. Mi vida ya no está podrida y depravada como en el pasado. He empezado a cambiar y a trabajar activamente por las cosas. Es como si hubiera comenzado un nuevo capítulo de mi vida. En mi corazón siento una dulzura y placer que antes nunca había experimentado y estoy agradecido a Dios Todopoderoso por guiarme por la senda luminosa de la vida. ¡Gloria a Dios Todopoderoso!

martes, 24 de septiembre de 2019

La mejor canción cristiana del mundo | Canción de los Vencedores




Canciones cristianas | Canción de los Vencedores


I
El reino crece en este mundo.
Se forma entre los hombres.
Se erige entre los hombres.
No hay fuerza que destruya el reino de Dios.
Él camina entre Su pueblo y vive con Su pueblo.
Todos los que aman a Dios, ¡qué benditos son!
¿Has aceptado las bendiciones de Dios
y buscado las promesas que Él dio?
Con Su luz guiándote te librarás de la oscuridad y te salvarás.
En el mundo sumido en la oscuridad,
no perderás la luz que te guía.
Serás un amo de toda la creación,
¡un vencedor ante Satanás!
II
Benditos son los que se entregan a Dios.
Vivirán en Su reino.
Benditos son los que lo conocen.
A ellos les dará poder del reino.
Benditos son los que lo buscan.
Se librarán de Satanás.
Para los que dejan todo atrás,
la riqueza del reino obtendrán.
¿Has aceptado las bendiciones de Dios
y buscado las promesas que Él dio?
Con Su luz guiándote te librarás de la oscuridad y te salvarás.
En el mundo sumido en la oscuridad,
no perderás la luz que te guía.
Serás un amo de toda la creación,
¡un vencedor ante Satanás!
III
Cuando caiga el gran dragón, tú estarás de pie,
y darás testimonio de la victoria de Dios.
En la tierra de Sinim, tú estarás firme de pie,
heredarás las bendiciones de Dios por tus sufrimientos.
¡El universo en ti verá la gran gloria de Dios!
¿Has aceptado las bendiciones de Dios
y buscado las promesas que Él dio?
Con Su luz guiándote te librarás de la oscuridad y te salvarás.
En el mundo sumido en la oscuridad,
no perderás la luz que te guía.
Serás un amo de toda la creación,
¡un vencedor ante Satanás!
¡Un vencedor ante Satanás!
¡Un vencedor ante Satanás!
¡Un vencedor ante Satanás!